Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida, sin ningún interés de lucro de por medio ni nada por el estilo.

Desde ya disculpen la falta ortográfica :)


Chapter: 5

El Mercenario

La miró fijamente al sostenerla aun con una mano en el mentón de la joven y la otra en uno de sus hombros para que no se le viniera encima, sonrió al ver su rostro… era solo una niña, eso lo pudo notar fácilmente.

—Oye Renkotsu, esta chica… —el calvo hombre se tensó al oír la despreocupada voz de su jefe— supongo que no notaste que es solo una mocosa.

—Lo siento Bankotsu… yo… ella dijo que… —el moreno lo interrumpió.

—No me importa lo que ella te haya dicho —giro su rostro para verlo—, me importan tus actos… tú estabas a cargo de este trabajo —dijo de manera seria—. Dijiste que esta vez lo harías bien.

—Bueno, sí, pero yo… te puedo explicar todo—titubeo un par de veces al querer justificarse.

—Claro que lo harás —dijo confiado, se puso de pie y tomo a la inconsciente chica entre sus brazos.

—Bankotsu, permíteme llevarla por ti —pidió rápidamente.

—Mph… no es necesario —hizo una sonrisa torcida—, estas chicas no son nada más que una inversión para mí —le dejo en claro.

Frunció levemente el ceño al sentirse recostada sobre un colchón bastante cómodo. Abrió lentamente sus ojos y miro directo al techo, pues estaba acostada boca arriba, movió sus ojos hacia los alrededores, y se maravilló de sobremanera al ver una habitación todo lo contrario al cuarto donde había estado anteriormente; se sentó ignorando por completo las presencias en ese lugar. Llevo una de sus manos hacia su cien.

—Tal vez… todo fue una pesadilla… pero entonces, ¿Qué lugar es este? —murmuro con la mirada fija en su sucio pantalón blanco.

—El mismo lugar al que llegaste ayer —levanto rápidamente la mirada al oír la voz del calvo hombre que la había tenido encerrada.

—No… —dijo con la voz quebrada—…por favor.

—Nada que por favor —dijo apretando sus dientes, esa chiquilla de verdad le estaba complicando las cosas.

—Pero… —quiso decir algo más pero otra voz la interrumpió.

—Ya basta —alzo levemente molesto la voz. Kagome solo veía su espalda, pues estaba sentado en un sofá mirando hacia el amplio ventanal de la habitación—. Renkotsu… déjanos solos.

—Pero Bankotsu… —le sorprendió el pedido de su jefe.

—He dicho que salgas. —ordeno poniéndose de pie. Renkotsu asintió y silenciosamente salió cerrando la puerta tras el de igual manera.

—Así que tú eres la caníbal del grupo —dijo sonriendo de medio lado mientras observaba de manera analítica su rostro.

Kagome estaba muy nerviosa pues no había visto a ese sujeto anteriormente, no supo cómo pero tuvo el valor de mirarlo fijamente, en ese momento sintió tener un deja vú mental, pues recordó haber oído su voz en el cuarto donde yacía hace unos momentos.

—Mph… además de caníbal… eres muda —menciono con sorna.

—No soy ninguna caníbal —trato de tener firmeza en sus palabras.

—Entonces… si no eres una maldita caníbal, ¡¿Por qué diablos mordiste a uno de mis mejores clientes?! —se puso serio al hacerle la pregunta. Kagome se asustó y guardo silencio por unos largos segundos antes de responder.

—Yo… —bajo la mirada— yo no dejare… que alguien que no conozco venga a ponerme una mano encima—oyó los pasos del joven dirigirse a la cama donde ella seguía sentada.

—Resulta… —lo escucho decir y lo vio apoyando sus manos sobre está para poder verle el rostro— que las reglas del juego no las pones tú. Ya están hechas —alzo una de sus cejas—, así que solo te toca acatarlas.

—Aun así. —dijo nerviosa.

—Levanta la mirada —ordeno molesto de que escondiera su rostro bajo su flequillo. Kagome lo miro con poca seguridad.

—Ustedes son unos monstruos al hacer esto, ¿acaso no ven el sufrimiento de las chicas? ¿Acaso no les importa? —no supo de donde saco el valor para hacerle esas preguntas, pero necesitaba decirlo… quería saberlo.

Bankotsu sonrió de manera arrogante, "esta chica de verdad que es estúpida" pensó de manera interna al oír las absurdas preguntas que le estaba haciendo.

—Llevo muchos años metido en este negocio —sonrió maliciosamente—, ¿eso responde tus preguntas? —quiso dejarle en claro que no le importaba en lo más mínimo el opinión de chicas como ella.

—Eres el ser más despreciable que he conocido en mi vida —dijo Kagome con los ojos cristalinos.

—Y tú serás la peor hija o hermana que haya existido, ya que si decides escapar o decir algo… tu familia pagara las consecuencias de las cosas que hagas o digas aquí de ahora en adelante —la amenazo y sonrió triunfante al ver el rostro de angustia de la joven.

Se incorporó de pie y se dirigió a la puerta para dejarla sola, cuando estaba a un par de metros de la puerta sintió como la chica se arrodillo en el suelo pescando una de sus piernas. Volteó a verla molesto.

— ¿Qué mierda crees que haces? —Pregunto al verla hacia abajo.

—Por favor… te lo suplico —pidió a sollozos, pues tenía mucho miedo— deja que me vaya… por favor, no diré nada… te lo suplico.

Sintió una molestia en su interior al verla en ese estado, una molestia que ignoro rápidamente. La pesco de manera brusca de los brazos y la puso de pie, se agacho levemente para verla directo al rostro debido a las diferencias de estaturas.

—No hagas eso… —pidió frunciendo el ceño en señal de molestia— nunca te arrodilles ante un hombre que no pretende escucharte. —pues ese patético estado le recordaba la imagen de su madre, quien hace mucho tiempo le había pedido de esa manera las cosas… con palabras que él jamás escucho.

Kagome tenía la mirada fija en el suelo, de verdad le temía a ese hombre. Su voz, su físico, su forma de ser tan confiada… la hacía sentirse intimidada.

—Yo… por favor… —levanto la mirada para encontrarse con unos serios ojos azules… los cuales no tenían señal de haberse conmovido ante sus suplicas— yo… m-me voy a casar —fue lo único que se le ocurrió decir, quizás, si él hombre frente a ella conociese lo que es enamorarse la podría entender. El moreno solo hizo media sonrisa con sus labios al oír la ridiculez que le decía.

—Bueno… espero que tenga harta paciencia al esperarte en el altar —dijo con una mueca de burla sin soltarla aun de los brazos. Kagome lloro con más fuerzas.

Golpearon de manera delicada la puerta, Bankotsu soltó el agarre que tenía en la azabache haciendo que esta cayera débilmente hasta el suelo. El joven se dirigió a la puerta, dejando pasar a una chica.

—Permiso —dijo una joven de cabello castaño al entrar.

—Encárgate de ella, que coma algo, y prepárala para verla más tarde —ordeno sin siquiera voltear a ver a la azabache. Luego de dar las indicaciones salió de ahí.

La chica de largo cabello castaño observo a Kagome aun parada cerca de la puerta, y al oírla sollozar dejo la bandeja que traía con alimentos para la muchacha y se acercó lentamente a ella. Sintió una gran conmoción al verla en ese estado.

—Oye… —menciono al hincarse en el suelo, Kagome seguía con su mirada fija en esté. La castaña intento acariciar su cabello.

—No me toques —levanto su mirada aun con lágrimas en su rostro—. Tú debes de ser igual a todos los de este horrible lugar.

—No… no soy igual a ellos —se puso de pies—. Ven, párate —le tendió la mano. Kagome la miro por un momento y la tomo pues no tenía más opciones.

Una vez ambas de pie la chica fue directo a la mesita donde había dejado la bandeja con los alimentos anteriormente. Se dirigió hacia la cama.

— ¿Cómo te llamas? —Pregunto la castaña intentando forjar una conversación para que la muchacha se sintiera más cómoda.

—Kagome —le respondió, sobando uno de sus brazos pues el desagradable muchacho había hecho mucha presión sobre este—, ¿y cuál es tu nombre?

—Sango —dijo con nostalgia de lo que solía ser.

—Es… un bonito nombre —Kagome noto el deje de tristeza en su rostro.

—Ven, necesitas comer algo —pidió sentándose. Kagome la siguió.

— ¿Tú y él… son algo? —pregunto tomando un sándwich que la muchacha le había pasado mientras secaba sus lágrimas con su otra mano.

— ¿Qué si somos pareja? —Kagome asintió—, no como se te ocurre.

—Ya veo… —comió del pan que tenía en su mano pues la verdad moría de hambre— ¿llevas mucho tiempo en este lugar? Digo, porque no te ves tan… ¿mal? —entrecerró los ojos al no encontrar una palabras para definir. Sango solo sonrió al oírla.

—Llevo el tiempo suficiente… —respiro hondo— como para acostumbrarme a este estilo de vida —sonrió de manera melancólica.

—Cuando él dijo que me preparara, ¿a qué se refería exactamente?— Sango se puso de pie en dirección a uno de los cuartos, esté estaba repleto de atuendos.

—Él las quiere observar —dijo buscando algo.

— ¿Nos quiere observar? ¿Cómo? —se puso de pie y fue donde la castaña estaba.

— ¡Aquí esta! —se dijo, ignorando por completo la presencia de la azabache.

— ¿Qué cosa…? Sango, ¿Qué estás buscando?—pregunto de manera curiosa.

—Creo que esto te quedara perfecto —dijo la castaña enseñándole un pequeño conjunto de color perla; la parte superior era muy similar a un corsé, pero esta tenía pequeñas piedritas color calipso sobresaliendo. La parte inferior era del mismo color y con las mismas perlas pero era una pantaleta y a sus costados tenía transparencias y pequeños detalles de encajes.

— ¿Q-quieres que use esto? —cuestiono frunciendo el ceño.

—Yo no. Él lo quiere, pero sí… debes usarlo —le dijo Sango. Sabía muy bien que le costaría trabajo convencer a Kagome pues era igual de terca cuando ella llego por primera vez.

—Yo no usare esto —dijo firmemente cruzándose de brazos.

—Escucha Kagome… —respiro hondo, dejando las pequeñas prendas encima de la cama—…a él le dicen el mercenario y es el amo y señor de toda esta red de explotación sexual. —la azabache la miraba con atención mientras Sango buscaba algo en unos cajones. Luego la vio venir hacia ella— No seas atrevida con él, porque o si no… pagaras muy caro las consecuencias.

—Pero… —quiso decir pero Sango la interrumpió.

—Toma —dijo entregándole unos portaligas blancos con unas medias pantis del mismo color pero con encajes en la parte superior.

—Yo… no sé —dijo dudosa de tomarlos.

—Kagome los tendrás que usar sí o sí. —le informo haciéndole entender que no tenía opción.

—P-pero… yo no quiero —dijo mirándola con sus ojos ya cristalinos — yo me quiero ir.

—Sé que es muy difícil la primera vez… pero es mejor que te aliste yo, a que venga Kikyo o Kagura a ayudarte con esto —dijo mirando las prendas en la cama. Kagome trato de regular la respiración debido a lo alterada que estaba.

—Está bien —dijo en un profundo suspiro.

Sango le lleno la bañera del baño que había en la habitación para que la azabache se relajara un momento, pues estaba muy tensa y sucia al haber pasado la noche anterior en ese horrible cuarto. Le aviso que iría a entregarles los atuendos a las demás chicas que habían llegado con ella, y la dejo sola por unos momentos para que se diera el tiempo de asimilar bien la situación.

Hundió su cuerpo completo por unos segundos bajo el agua. De verdad le estaba costando mucho trabajo aceptar… y la verdad era no quería asumir todo lo que estaba pasando a su alrededor, y se asustaba de sobre manera el pensar que un hombre completamente desconocido a ella la viniera a tocar.

—Maldición InuYasha —dijo con la voz quebrada golpeando el agua—, ¿Por qué no vienes por mí?

No había hablado con Kagome desde el día de su discusión, trato de comunicarse con ella a su móvil pero este marcaba apagado; pensó que tal vez ella aún estaba molesta pero ese ya era el segundo día en que no hablaban y se comenzaba a desesperar.

—Ya veo… ¿Y no sabe dónde fue? —dijo con la voz claramente afligida.

—No hijo… anoche hable con Ayumi y me dijo que Kagome se quedaría en su casa, pero hoy se vendrá. Aunque ya son las cinco de la tarde… —le conto Naomi mirando su reloj de mano— ya debería de haber llegado.

—Bien… cuando llegue puede decirle que la estuve llamando —dijo con un cabizbajo tono de voz.

—InuYasha… ustedes, ¿están molestos? —pregunto un poco incomoda de entrometerse en la relación de su hija.

—No señora Naomi —sonó seguro—. Solo tuvimos un pequeño desacuerdo con Kagome, pero nada que no se pueda solucionar.

—Me alegra que no sea nada grave. —suspiro aliviada.

—Bien, esperare su llamada para cuando Kagome llegue.

—Sí hijo, yo te avisare apenas este aca en casa.

Luego de hablar con la madre de ella se quedó un poco más tranquilo pero aun así seguía con una rara angustia en su pecho, pues había estado tratando de comunicarse durante todo el día a su móvil sin obtener respuesta o señal de vida de la joven portadora de su preocupación. Ignoro por completo que fuera algo malo; pesco su chaqueta, las llaves de la habitación en la que se estaba quedando y salió a juntarse con su amigo de infancia.

—InuYasha —le gritaron desde un café haciéndole señas un joven de ojos azules y pequeña coleta.

—Miroku, tanto tiempo —ambos se dieron un fuerte abrazo, dándose pequeñas palmaditas en la espalda.

—Sí, bastante tiempo, —dijo mientras ambos tomaban asiento— y cuéntame, ¿Cómo has estado? ¿Cómo está tu mamá?

—Bien amigo, ella está muy bien, sigue tan trabajólica como siempre —dijo tratando de actuar normal.

—Ahh que bien —ambos leyeron las carta del café para hacer sus pedidos; hicieron una seña a la garzona quien se retiró rápidamente con el pedido del par de jóvenes— pero tú… —InuYasha lo miro— no te ves muy bien amigo.

— ¿Tanto se me nota? —Miroku asintió e InuYasha sonrió de manera cansada— No sabes cuánto me gustaría decirte que las cosas están bien con Kagome.

— ¿Kagome?, te refieres a la chica con la que estas saliendo. La que me habías contado hace un par de meses… ¿es la misma o me equivoco?

—Sí, es la misma… pero ahora es mi prometida —corrigió a su amigo.

—Wou, cómo cambian las cosas amigo —en eso llego la chica con los pedidos de ambos.

—Que les entre en provecho —dijo la muchacha al marcharse.

—Gracias —le respondieron ambos jóvenes.

— ¡Te vas a casar! —dijo mientras se echaba azúcar a su taza— deberías estar contento por eso —InuYasha lo observo— digo por el rostro que tienes… pues no pareces muy seguro.

— ¿De qué hablas Miroku? —frunció el ceño— Kagome es la mujer ideal para mí… es solo que…

— ¿Solo que qué?

—Solo que la siento extraña… el otro día —tomo un sorbo de su café— me mintió.

—Ay amigo, no seas machista, que mujer no miente hoy en día —trato de ser equitativo.

—Si Miroku, eso lo sé muy bien… es solo que el otro día fue a una agencia… —dijo sin nada de ánimos— esas de modelaje.

— ¿Modelaje? —pregunto Miroku frunciendo levemente el ceño.

—Sí, pues veras a Kagome siempre le han gustado esas cosas… desde que era una niña —dijo recordando la niñez junto a la azabache.

— ¿Y tienes idea de cómo le fue? o ¿Cómo se llamaba la agencia? o ¿Las personas que estaban a cargo? —pregunto más interesado.

—No sé, la verdad estaba muy molesto ese día con ella, así que ni siquiera le pregunte como le fue… nada de eso.

Miroku le hizo un par de preguntas más a InuYasha, tratando de ser lo más discreto posible para que el peliplata no notara el casi interrogatorio que le hacía. Luego de tener respuestas a sus preguntas entablaron otro tipo de conversación.

— ¿Estas lista? —pregunto Sango, pues Kagome llevaba varios minutos dentro del vestidor.

Se puso el ajustado corsé el cual cubría unos dos dedos más arriba de su pezón, exponiendo casi la gran parte de su pecho, las pequeñas pantaletas que cubrían menos de la mitad de su trasero cumpliendo la misma función de un colaless, se puso las portaligas encajándolas en las medias pantis que cubrían la mitad de sus muslos, y finalmente se puso unos altos tacones blancos. Se puso de pie y se dirigió al amplio espejo del cuarto, se miró de pies a cabeza pues el espejo era de cuerpo completo. Sus ojos se cristalizaron al verse vestida así, pues ese tipo de atuendos los debería usar después de su matrimonio, y debería ser para su InuYasha para nadie más. Cayó derrotada al suelo, empuñando sus manos sobre este. Sentía rabia con todos, por tenerla ahí, en ese lugar. Por InuYasha de no salir a buscarla. Y más aún por ese maldito sujeto que la esperaba.

—Kagome, ¿Por qué demoras tanto? —pregunto Sango al entrar, pues la demora era mucha. Al entrar y ver a la chiquilla en tales condiciones guardo silencio y se acercó lentamente a ella— Kagome… ¿Qué pasa?

—Sango… —dijo con la voz notablemente quebrada— yo…yo debería lucir así para mi prometido —sus lágrimas eran gruesas por la impotencia que sentía. Sango se hinco para verla directamente—. No para ese hombre —hizo una pequeña mueca con su rostro.

—Tú, ¿te ibas a casar? —la azabache asintió.

— ¡Sango, ¿ya está lista?! —entro interrumpiendo la mujer de ojos carmín a la habitación sin siquiera tocar.

—Si Kagura —le respondió desde el vestidor. La delgada mujer se dirigió hacia donde oía a la castaña.

—Entonces, ¿Por qué demoras tanto? —dijo al llegar al lugar.

—Kagura, ella no está lista —dijo Sango poniéndose de pie.

—Ahh… ¿no me digas? —cuestiono sonriendo con evidente sarcasmo —, siento decepcionarte pero él ya está esperando. La ultima chica acaba de pasar —dirigió su mirada a la chica en el suelo—. Solo falta ella.

—Y si yo hablo con él, ¿crees que quizás le dé u… —trato de buscar una solución Sango pero fue interrumpida por Kagura, quien ya se estaba molestando.

—Basta Sango —dijo seriamente cruzándose de brazos—, ¿acaso piensas perder todos los beneficios que te ha dado Bankotsu… por una chica a quien ni siquiera conoces? —Kagome frunció el ceño al oír eso.

—No es eso Kagura, es solo que… —sabia de lo que hablaba pero también sentía mucha empatía por la recién llegada.

—Es solo que nada—la corrigió—, anda maquíllala rápidamente… —le ordeno fijando su mirada en Kagome— antes de que sea él mismo quien la venga a buscar. —la azabache se tensó al oír esa advertencia y la vio salir de ahí.

—Ya oíste Kagome —la ayudo a ponerse de pies— es mejor que tu vayas a él antes de que él sea quien venga por ti, ya que si lo hace de seguro lo hará muy molesto, y créeme… no lo querrás ver de esa manera —la ayudo a sentarse en una silla junto a un lujoso mueble estilo toilette para comenzar a maquillarla.

— ¿C-cuáles son los beneficios que él te ha dado? —pregunto mientras Sango la peinaba. Ya había terminado de maquillarla.

—Yo comencé al igual que tu Kagome… a mí también me toco acostarme con hombres que nunca en mi vida había visto, tuve muchos problemas con todos en este lugar, incluyendo a Bankotsu —termino de peinar su cabello y le coloco un cintillo blanco para que luciera todo su rostro. Se hinco a sus pies—. Mira Kagome… acá tienes dos opciones, y son: obedecer todo lo que te digan… o ser llevada a tu idea y tener que pasar por cosas terribles que se pueden evitar.

—Tu solo te limitaste a obedecer las reglas, ¿cierto? —la castaña asintió— y, ¿Qué haces ahora?

—Eso te lo explicare en otro momento… ahora te voy a pedir que vayas donde él espera antes de que se ponga de mal humor.

La azabache tuvo que obedecer, fue acompañada por Sango. Caminaron por un largo y pálido pasillo hasta una puerta color gris. Sango se despidió de la nerviosa joven dejándola sola en el lugar; Kagome abrió temblorosamente la puerta y lo observo de manera detalla antes de entrar. Había un pequeño escenario no más de cinco metros y tenía un enorme fierro circular que iba desde el suelo hasta el techo. El lugar era iluminado por varias luces rojas oscuras. Entró lentamente cerrando la puerta tras ella.

— ¿Cuánto tiempo más debo esperarte? —Kagome dio un pequeño brinco al creer que estaba sola. El moreno puso de pie y se encamino lentamente hacia ella, pues había estado sentado en la parte menos luminosa de la habitación.

—Y-yo… yo lo siento mucho —dijo haciendo una leve reverencia.

—Bueno, solo espero… —se acercó descaradamente a su iodo— que la espera valga la pena. —dijo con voz ronca, pues notaba el miedo en el rostro de la muchacha.

Se sentó cerca de ese pequeño escenario y volteó a ver Kagome, quien aún seguía de pie junto a la puerta. Tembló al sentir los labios del moreno tan cerca de su rostro.

— ¿Qué esperas? —pregunto encendiendo un cigarrillo— Sube al escenario y quítate la bata. —le ordeno con voz firme.

Kagome camino a paso lento hasta el lugar señalado, subió de manera torpe los tres escalones que esté tenia, pues el nerviosismo era demasiado y este aumentó al ser iluminada por un foco que estaba sobre el escenario.

La vio quitarse lentamente la bata y la observo detalladamente de pies a cabeza; ese pequeño corsé que lucía le enseñaba la pequeña cintura que era portadora, haciendo sobresaltar sus anchas caderas, sus delgadas y bien formadas piernas, y más aun esos enormes pechos que amenazaba con salirse en cualquier momento… se veía sencillamente apetitosa. Pasó una de sus manos por su barbilla, "esta mocosa… para ser solo una niña es malditamente exquisita" pensó.

—Voltéate —ordeno para poder observar mejor su trasero. Kagome obedeció y de manera temblorosa se giró.

Trago duro, pues por ese pequeño escenario no había pasado mujer con cuerpo más perfecto que la que tenía frente a él en esos momentos… se puso de pie y se acercó a los pies del lugar; Kagome se volteó y se tensó al verlo tan cerca.

—Báilame —ordeno nuevamente cruzándose de brazos. Kagome no se movió ni un centímetro.

— ¿Acaso… q-quiere qué? —Bankotsu sonrió de medio lado y bajo la mirada por unos segundos y luego la volvió a fijar en la de la azabache.

— ¿Qué no es obvio? —le dijo alzando ambas cejas.

Ante la segura presencia del joven obedeció sin siquiera pronunciar ni una sola palabra. Se encamino hasta el "caño" y entrecerró los ojos al tocarlo con sus manos pues estaba muy frio. Trato de subirse, de moverse en el, de hacer algo pero no pudo ni supo cómo.

—Lo siento… yo, n-no sé cómo se hace esto —se justificó mirando el suelo.

El ojiazul camino a paso lento pero seguro hasta donde estaba la nerviosa muchacha que lo veía encaminarse directo hacia ella. Al estar ambos frente a frente sintió la calidez de su mano sobre su mentón.

—Eso lo pude deducir perfectamente antes de que te subieras a este escenario—le dijo de manera astuta— pero aquí estas para aprender.

Kagome tenía la mirada baja pero observaba disimuladamente los labios del moreno. Le levanto el rostro, y al ver ese rostro angelical y ese provocativo cuerpo sintió las enormes ganas de hacerla suya ahí mismo, no entendía porque su cuerpo reaccionaba de esa manera ante esa niña pero le estaba gustando sentir esa deliciosa sensación.

Ya eran más de las ocho de la noche y aun no recibía llamada de la madre de la azabache como lo había prometido, así que decidió ser él el que insistiera nuevamente en saber de Kagome ya que ella no se preocupaba de él y de verdad eso lo estaba molestando demasiado, y más que nada… ese comportamiento lo estaba decepcionando.

— ¿Bueno? —oyó la voz de Souta.

—Hola Souta, soy InuYasha… ¿Kagome ya está en casa?

—Hola cuñado, mi hermana aún no ha llegado así que mis padres fueron a buscarla a casa de Ayumi.

—Bien, ¿podrías marcarme cuando lleguen? De verdad te lo agradecería mucho Souta. —dijo con pesar en su voz.

—Tranquilo InuYasha, yo mismo te marcare en cuanto tenga noticias.

Después de eso finalizo la llamada pero aun así seguía con una mala corazonada. Un mal presentimiento que no lo había dejado tranquilo durante todo ese día.

Los padres de Kagome al notar que su hija nuevamente no pretendía llegar a casa se decidieron en ir a buscarla a casa de su amiga, la verdad les extrañaba ese comportamiento en ella.

—Ayumi, te buscan los padres de Kagome… —aviso la hermana de la jovencita. Ésta salió nerviosa al instante.

—Ayumi hija, ¿Kagome está aquí? —pregunto Sohin un poco preocupado.

—B-bueno… Kagome —se puso nerviosa, jamás se le paso por la cabeza que los padres de la azabache irían por ella a su casa.

— ¿Qué pasa aquí? —pregunto la madre de Ayumi al salir.

—Venimos a ver si Kagome está aquí —le respondió esperanzada Naomi en que no dijeran ninguna tragedia, pues al juzgar por el rostro de la amiga de su hija, muchas cosas pasaron por su cabeza.

—No… Kagome no ha venido el día de hoy —Ayumi bajo la mirada ante la respuesta de su madre.

— ¿Y tú no sabes nada sobre su paradero? —pregunto Sohin poniendo nerviosa a la joven.

—Bueno… ella —trato de tener credibilidad pero el nerviosismo ante el padre de la azabache la hacía perder el control que deseaba tener en la situación.

—Ella qué Ayumi —interrumpió la madre de ella.

—Ella… ella fue a Tokio.—dijo bajando la mirada.

Los padres de la azabache quedaron en completo silencio al oír lo que la jovencita decía, pues les costaba trabajo creer en sus palabras ya que Kagome jamás se había comportado de una manera tan rebelde como ella les decía.


Paso lentamente y de manera atrevida una de sus manos por el muslo de la azabache, rozándolo descaradamente. Ésta solo cerró los ojos al sentir tal contacto por su piel, pues el moreno frente a ella solo le producía asco.

— ¿Alguna vez… —Kagome levanto tímidamente la mirada— te han dicho cuan hermosa eres? —dijo con una voz cargada de lujuria.

Kagome se tensó ante tales palabras y más aun al ver el rostro del joven, pues conocía perfectamente esa mirada en los hombres.


Estaba dándose un baño pues la rabia que estaba comenzando a sentir era demasiada, cerró la ducha y oyó su móvil sonar. Corrió rápidamente hasta el.

— ¿Bueno?—pregunto un poco exigido.

—InuYasha eres una mierda… —oyó la molesta voz de su suegro al otro lado de la línea— jamás creí que hicieras algo como esto.

El peliplata estaba totalmente desconcertado con las acusaciones que le hacia el padre de su prometida, pues de verdad que no entendía nada de lo que le estaba diciendo.

—Disculpe señor Sohin… pero de verdad no entiendo de qué me está hablando —le dijo tratando de calmarlo.

— ¿Qué no entiendes? —hizo una pequeña carcajada—, no me hagas reír —se volvió a colocar serio—. También me vas a decir que kagome no está contigo.

InuYasha se sentó pesadamente en la cama, quedo boquiabierto ante la acusación que le estaban haciendo, pues no podía creer lo que el padre de la azabache le contaba.

— ¿C-cómo que Kagome está conmigo? —pregunto tratando de procesar tranquilamente la información.

—Basta InuYasha, sabemos perfectamente que Kagome partió a Tokio ayer en la mañana —dijo más molesto aun. "¿acaso pretendía burlarse?" eso sí que no se lo permitiría.

Pues cuando fueron a casa de Ayumi esta les confeso que Kagome había viajado a Tokio, pero jamás les dijo que era porque había ganado un casting para ser modelo, pues la azabache le había hecho prometer que no dijera nada de eso, y ella como buena amiga… lo cumpliría.

—Señor Sohin… —dijo de manera seria. El hombre se calló para escucharlo— Kagome no ha llegado acá.

El padre de la azabache sintió un enorme escalofrió recorrerle toda la espalda y se quedó en completo silencio al oír lo que InuYasha le decía, pues jamás pensó en esa probabilidad. Su hija completamente sola en otra ciudad.


Pesco de manera brusca el cabello azabache de la temblorosa chiquilla que estaba entre sus brazos. Tiro su cabello hacia atrás haciendo que la joven involuntariamente le expusiera todo su cuello, se adueñó de este, pasando su lengua de manera lasciva sin perder de vista sus enormes pechos. Kagome estaba muy nerviosa pero las palabras de Sango retumbaban fuertemente en su cabeza "no seas atrevida con él… sino pagaras muy caro las consecuencias" estaba tan tensa que su respiración comenzó a agitarse levemente.

Bankotsu no entendía porque estaba haciendo eso, solo sabía que tenía que probar a esa jovencita pues su cuerpo se lo pedía a gritos. Pasaba delicadamente su lengua por el cuello de ella, el movimiento en la respiración de la nerviosa muchacha hizo que le llamara una más la atención debido a que sus enormes pechos sobresalían del pequeño y ajustado corsé que traía puesto, sintió el molestoso tirón en su masculinidad haciéndole entender que estaba listo para adueñarse de ella. La apego completamente hacia su cuerpo.

— ¿Qué harás si te tomo ahora? —pregunto con una voz cargada de pasión. Kagome enderezo su cuello para verlo.

—N-no… no lo dejare… —puso ambas manos en su pecho para tratar de alejarlo, el moreno le sostuvo la mirada— no dejare… que un ser como usted v-venga a tocarme.—Bankotsu la pesco con una mano en la espalda y otra en la nuca, apegándola aún más a él.

El ojiazul frunció el ceño ya que nunca antes una mujer le había tenido el valor para decirle algo como eso, pues generalmente las tomaba a su antojo hasta satisfacer todo la calentura que sintiera para luego entregarlas como un vil objeto a sus clientes… pero algo había en esa mocosa que la hacía ser distinta a las demás.

—Lo que tu aun no entiendes… —Kagome tembló ante la seriedad de su varonil voz— es que aunque te lo pregunte, y me digas que no… —sonrió de medio lado— te lo haré de todas formas.

La azabache fue invadida por el miedo en la seguridad en las palabras de ese hombre "¿sería capaz de tomarla contra su voluntad?" Se preguntó preocupadamente para ella misma.


—Entonces si Kagome no está contigo… —trato de decir dudoso Sohin.

—Kagome… —InuYasha paso una mano por su frente, arrastrando frustrado todo su plateado cabello— está desaparecida. —completó con una opresión en su pecho.


—Decide… —le dijo de manera seria mientras acariciaba una de sus piernas— lo hacemos bajo tu voluntad y te hago disfrutar como nunca nadie te lo ha hecho, ni siquiera el imbécil de tu prometido… o contra ella y te hago sufrir de una manera que no siquiera imaginas —le doy esas dos opciones sonriendo de manera arrogante. Kagome guardo silencio con un doloroso nudo en su garganta, pues no veía escapatoria—. Aunque si fuera tú... —arqueo una de sus cejas— definitivamente escogería la primera —Kagome frunció el ceño, definitivamente, ese sujeto era un descarado de lo peor—. ¿Qué dices? —Lo oyó cuestionarle, y las palabras no lograron salir de los labios de la temblorosa azabache.


Bueno ya saben, si hay algún error en la historia como: punto, coma o alguna palabra mal tildada doy mis más sinceras y respectivas disculpas, pues estoy aprendiendo recién.

Este capitulo esta editado en la separación de tiempo gracias a los buenos consejos, como siempre, de AIDE. Muchísimas gracias también por la paciencia de explicarme el paso a paso PAULALUNATICA.

Saludos a todas!

¡CIRCULO MERCENARIO!

Desde ya muchas gracias.