Todos los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad de su autor y sólo los tomé prestados un momentito para escribir esto…

CICATRICES.

Por: NaryMont

Capítulo 16: Hasta en el infierno.

Yumi despertó sobre una suave y mullida superficie, se revolvió un poco, sentía todo su cuerpo mallugado y apenas tomar total conciencia, un dolor lacerante en su mano izquierda la hizo que un gesto desfigurara sus delicados rasgos. Levantó su mano hasta sus ojos, estaba perfectamente vendada, cada dedo envuelto con suaves lienzos blancos, aunque en la punta de su dedo anular e índice se adivinaba una mancha rosada, al parecer todavía no dejaban de sangrarle del todo. A su mente llegaron los recuerdos de la tortura que había vivido, la angustia, el terror, el miedo, el punzante dolor, los gritos de los yakuzas, sus risas y burlas. Todo se conjunto y comenzó a sollozar sin poderse detener.

Luego su mente recordó cómo Shishio había llegado hasta ella y literalmente había destrozado con la espada a los hombres que la habían estado torturando, la sangre de aquellos malditos salpicó su cara y ropa, luego la liberó y en ese momento sus fuerzas habían llegado a sus límite, perdió la conciencia cuando sintió que él la abrazaba.

Shishio… se había sorprendido al verlo, sabía que estaba a salvo con él, al sentir sus fuertes brazos apretándola contra su pecho el mundo simplemente se había apagado para ella. Por qué con tan sólo tenerlo cerca creía que todo se arreglaba, que todo estaba bien aunque no fuera así.

Se incorporó en la cama, volteando a su alrededor, preguntándose dónde podía estar, el diseño de las paredes de la habitación se le hacían ligeramente conocidas, luego de unos segundos supuso acertadamente que se encontraba en la fortaleza del monte Hiei, más específicamente en la habitación de Makoto Shishio ya que podía ver sus ropas colgadas en los percheros y la decoración era parecida a la que había en la mansión. Además podía jurar que la yukata verde que llevaba olía a él.

Algo llamó su atención, en otro perchero una hilera de kimonos femeninos y más allá, en una pequeña mesa, maquillajes y un perfume, la realidad se sintió como una cubeta de agua fría. Estaba en el cuarto que él se compartía con su nueva amante. Sabía que esa fortaleza tenía muchas más habitaciones, ¿por qué humillarla de aquella manera? ¿Por qué llevarla precisamente ahí?

De pronto sintió que la cama en la que estaba le quemaba la piel y aunque débil y sin demasiadas fuerzas se levantó de ahí. En efecto llevaba la yukata de Shishio, lo comprobó al ver lo largo de la prenda y además le quedaba más holgada que de costumbre, como era normal la suave tela se escurrió de sus hombros sin poderlo evitar.

Apretó su puño sano, quería salir de ahí de inmediato, aquella habitación la ahogaba. Con la mirada buscó su kimono y al no encontrarlo desistió de ponerse alguno de los que estaban ahí, jamás usaría la ropa de aquella mujer. Se dijo que antes salía desnuda que hacer tal cosa. Abrió la puerta que la guió a un largo y desierto pasillo, trató de exprimir de sus recuerdos la ruta para salir de aquel lugar.

Sentía las piernas temblorosas, así que con su mano sana se detuvo de la pared para poder caminar sin tambalearse. Se sentía muy débil, no recordaba cuándo había comido por última vez. Pero ya no le importaba nada, no quería estar ahí, no quería siquiera existir. Sintió que se le doblaban las piernas y no intentó meter sus manos para evitar la caída, pero su cuerpo jamás tocó el suelo, porque ya unos brazos vendados la levantaban cual pluma y la sostuvieron con suma facilidad. El rostro de él cercano al suyo, sus ojos atravesándola, dedicándole una de sus insondables miradas. Y ahí estaba su maldito corazón traidor latiendo con fuerza sólo por tenerlo cerca. Su piel erizándose sólo con tocarla de aquella manera y su voluntad de nuevo rota porque de pronto ya no quería separarse de él. Pero Shishio ya no era suyo y nada de lo que sentía debía ser.

Nunca había sido suyo ¿o sí?

- ¿A dónde ibas? Ni siquiera deberías estar levantada, estás muy débil – la reprendió suavemente él, en sus labios el amago de una sonrisa, Shishio parecía muy feliz. Luego la sorprendió al apretarla contra él, colocar su rostro en su cuello y suspirar con alivio. – Me alegro que hayas despertado, ya llevabas muchas horas inconsciente.

Deseaba con toda el alma abrazarlo de vuelta, pero no debía hacerlo, así que con una fuerza de voluntad que desconocía que poseyera, ni siquiera se movió.

- ¡Bájeme, suélteme! – le demandó con un tono que pretendía tener fuerza, pero que sonó más como una súplica. Ya no iba a permitir que jugara con ella.

- No – contestó firmemente él y se encaminó a la habitación de donde había escapado – Te puedes caer. Vamos tienes que comer, estás tan delgada que… duele – usó aquella palabra porque no encontró otra que expresara lo que verla tan desmejorada provocaba en él.

- Por favor, Shishio-Sama, ya no juegue conmigo, no me haga esto más difícil – rogó ella cuando la colocó de nuevo sobre la cama.

- No estoy jugando, debes comer, pediré algo de inmediato – se encaminó hacia la puerta pero las palabras de ella lo detuvieron.

- No quiero estar aquí – dijo molesta intentando levantarse de la cama.

Shishio la miró ¿qué le sucedía? Su comportamiento era extraño, parecía que no se alegraba de verlo, era como si le incomodara su presencia; seguramente le guardaba rencor porque por su culpa, por haberla abandonado, había sufrido toda esa terrible experiencia. Había cometido un enorme y maldito error.

- ¿Qué ocurre Yumi? – le preguntó tomando su cara con las manos, tratando de leer en sus ojos negros si el rencor era tan grande para que ya lo hubiera olvidado, o peor, que lo odiara, pero en esos ojos sólo podía encontrar un profundo dolor.

- No quiero estar en esta habitación – murmuró ella con tristeza soltando su cara de las manos vendadas que la sujetaban.

- ¿Te incomoda algo? – le preguntó con desconcierto, ella evadiendo su mirada, volteando hacia un lado. Si no le gustaba algo del lugar lo cambiaría de inmediato.

- Ella puede venir y… yo no… no… ¡quiero verla siquiera!- gritó esto último con todas sus escasas fuerzas. No quería ponerle rostro a su rival, no quería que sus pesadillas se completaran al ver a la mujer, aquella mucho mejor que ella, que ahora estaba al lado de Shishio.

Shihio se quedó callado, tratando de entender de lo que Yumi hablaba, "¿ella?", tal vez era que todavía estaba conmocionada por todo lo que había pasado. Aun así no quiso quedarse con la duda.

- ¿De quién estás hablando? – preguntó él totalmente confuso.

Yumi lo miró, las lágrimas amenazando sus ojos y con cierto resentimiento.

- D-de su… mujer – dijo con dificultad esas palabras, agachó el rostro y Shishio pudo observar que sus hombros temblaban ligeramente.

"¿Su mujer?" ahora sí que Yumi se había vuelto loca, la miró preocupado, la única persona que podía considerar 'Su mujer' estaba frente a él y por Kamisama que agradecía haberla podido recuperar.

- La única mujer en toda la fortaleza eres tú – dijo Shishio volviendo a tomar su delgado rostro entre las manos – La única mujer que puede entrar en mi… - se trabó, maldita sea no pudo decir "corazón", no quería apresurar las cosas, no quería que ella se sintiera obligada con él. – Estás confundida. La única mujer que dejaría estar aquí es a ti, porque has sido parte de todo esto, conoces muchas cosas de la organización, más que incluso yo mismo.

- No estoy confundida, Hyobe me lo dijo, usted me reemplazó apenas no estuve a su lado – murmuró ella con la voz totalmente melancólica – No lo culpo, lo entiendo, simplemente no quiero darle molestias, le agradezco que me haya rescatado – Hablaba calmada, pero parecía que en cualquier momento se iba a echar a llorar - Pero usted ya lo dijo antes, nuestros caminos se separaron…

Shishio abrió la boca, se había quedado sin palabras, ¿cómo podía pensar eso? ¡Maldita sea! Nunca había estado tanto tiempo al lado de una mujer, ni tampoco ninguna otra lo había hecho sentir, ni una mínima parte lo que Yumi despertaba en él. ¿Cómo iba a reemplazar algo irremplazable?

Buena parte de su vida había visto a las mujeres cómo meros objetos de placer, cuando adolescente le encantaba admirar su belleza y apenas abrirse a la sexualidad, ellas se convirtieron en una especie de vicio. Cuando su época de asesino, su segunda cosa favorita, luego de matar, fue terminar en una buena casa de té, entre las piernas de la mujer más hermosa que pudiera pagar. Luego había llegado la época de su caída, ahí las mujeres no significaron nada debido a que otras cosas llenaban su mente: volver a levantarse al costo que fuera, la venganza, hacerse más fuerte y tener el poder eran algunas de sus prioridades antes que una mujer, claro que tenía necesidades, pero las ignoraba.

Ya cuando logró hacerse de fortuna y poder en el bajo mundo de Kioto, volvió a las andadas, por eso siempre contrataba prostitutas muy jóvenes, como si ellas pudieran volverlo a la época en que su cuerpo estaba a plenitud; pero no fueron pocas las ocasiones que apenas tenerlas bajo él, a su merced y disposición, notaba cómo ellas se estremecían de miedo o de asco, eso le bajaba el libido en la mayoría de las veces. En otras ocasiones ignorando su repulsión las tomaba de forma mecánica, como sólo si se tratara de un objeto desechable y sin importancia, así había vivido por mucho tiempo.

Y de pronto, una noche cualquiera, aparece una geisha misteriosa, con una danza fascinante, una mirada retadora y un cuerpo de tentación que lo sedujeron; además esa mujer no se estremecía de asco, ni temía su presencia.

Cómo demonios no caer en sus hechizos, cuando gemía su nombre de aquella manera al tocarla y al poseerla; cómo ignorar aquella humedad deliciosa, esos jadeos y sus estremecimientos de placer que guardaba para él cuando la tomaba, eran la prueba inequívoca, que deseaba y disfrutaba entregarle su cuerpo.

Pero es que no sólo era el hecho de su entendimiento en la cama, ni la pasión que ambos compartían, resultaba que ella se preocupaba por él en otros aspectos también, lo cuidaba, lo escuchaba y él se había acostumbrado demasiado pronto a su presencia, a sus sonrisas, a sus besos furtivos; además de hermosa era inteligente y eso era una combinación que lo atraía enormemente.

Yumi había despertado muchos sentimientos en un corazón, que antes sólo había pulsado para la venganza y por ambición. Supo entonces que su corazón podía latir a diferentes ritmos, suave cuando compartían el tiempo aunque fuera sin hablar, aun en completo silencio. Aprisa cuando la miraba sonreírle o cuando le brindaba sus cuidados, desbocado cuando las noches se llenaban de sus besos, su pasión y entrega; con rabia y celos cuando imaginaba que otro podía llevársela de su lado… y latía dolorosamente cuando estaba lastimada o se desangraba hasta casi morir frente a sus ojos.

Ese doloroso palpitar lo había instado a renunciar a ella, para evitar que sufriera, lo había llevado a desistir de su presencia, pero había sucedido, que después de todo prefería aquel dulce dolor a la angustia irrefrenable de que no estuviera para él. Algo superior a su lógica y voluntad lo hacían querer protegerla. Aunque había fallado varias veces ya en su propósito.

- Yo no te he reemplazado – dijo Shishio con voz serena luego de un momento de estar en silencio.

Yumi lo miró parecía sincero, pero aun cuando eso fuera cierto y no existiera otra mujer ocupando su lugar, tenía miedo de que volviera abandonarla. Él pareció leer la duda en la actitud de la muchacha.

- ¡Con un demonio, Yumi! ¡Ese hijo de puta de Hyobe te mintió! – esto último dicho con una clara desesperación. Yumi abrió los ojos significativamente.

- Pero ¿y eso? – preguntó Yumi señalando los kimonos y maquillajes de la habitación.

- Recuerda que esta iba a ser nuestra habitación cuando volviéramos de viaje, mandé traer ropa y maquillajes para ti. Puedes comprobar que los kimonos son nuevos, nunca han sido usados. Comenzó a caminar por la habitación, como si pensara la solución de un problema muy grave.

- Shishio-sama – murmuró Yumi se quedó sin palabras, sin saber qué responder, él había dejado la habitación así todo ese tiempo, aun cuando habían estado separados.

Shishio se acercó de nuevo a ella, volvió a acariciar su rostro y en esta ocasión ella no se separó, al contrario enfocó su mirada en la de él. Cómo podía amarlo tanto, cómo podía sentirse desfallecer con sólo tenerlo cerca, cómo podía controlar su sangre que se aceleraba cuando la miraba de esa manera.

- Yumi, fui un imbécil al dejarte ese día, ojalá puedas perdonarme – Ella lo miró y no pudo evitar que una lagrima bajara por su mejilla. De nuevo aquella sensación cálida inundándola por dentro y aquel peso de su corazón, que oprimía fuertemente desde que se habían separado, se fue aligerando poco a poco.

- Shishio-sama… – empezó pero no pudo continuar. Él la había tomado de los hombros e inesperadamente la apretó contra su pecho, presionándola tal vez más de lo necesario, cortándole la respiración, pero Yumi se sintió que volvía a su hogar después de mucho tiempo, el frío que sintiera aquellas noches sola, se borraban mágicamente con ese tibio abrazo, porque con aquel gesto Shishio parecía que le decía "te necesito".

Luego de un rato, que a Yumi le pareció un segundo, la separó de él, y como si se tratara de un hambriento que mágicamente encuentra un banquete frente a él, devoró aquella boca que extrañara tanto todos esos días. Un ronco gemido salió de los labios masculinos, al degustar de nuevo el sabor en esos labios. Su corazón se aceleró al sentir que le permitía la entrada y ambos se estremecieron al acariciar sus lenguas lentamente.

Pero de pronto el corazón de Yumi se agitó, tenía miedo, mucho miedo de caer en su seducción y después ser abandonada. Con toda la fuerza que el miedo al abandono le dio, se separó de Shishio y bajó la cara, evitando mirarlo, evitando continuar la caricia, la palma de su mano sobre el pecho vendado de él.

Un claro gesto de mantenerlo a distancia, lejos de ella. Shishio sintió que su corazón, por un segundo, se detuvo dolorosamente. Entendió el mensaje a la perfección, tenía que volver a ganarse su confianza y lo cierto es que no sabía cómo.

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Yumi comía lentamente, sentía la mirada de Shishio sobre cada uno de sus movimientos, pero no se atrevía a mirarlo a la cara, luego de que lo había literalmente rechazado, salió dejándola sola, volviendo poco después con comida para ambos, como tratando de retomar sus rutinas anteriores al comer juntos.

No es que lo odiara, o sintiera rencor contra él, era todo lo contrario, lo amaba más y más a cada momento. Era que simplemente tenía mucho dolor y miedo, la había abandonado sin que ella lo viera venir, tan sólo le había dicho adiós con frialdad y ella simplemente no sabía lidiar con todos los confusos sentimientos que se revolvían en su interior, no lo entendía, no se entendía a sí misma. Necesitaba algo de tiempo.

Sin pensarlo, apretó el tazón de arroz que con dificultad sostenía con su mano lastimada, sin poderlo evitar un quejido salió de sus labios y un gesto de dolor la hizo cerrar los ojos. Dolía mucho cualquier movimiento con su mano izquierda.

Casi al instante sintió que Shishio le quitaba el cuenco de arroz y los palillos de las manos. Un nudo se instaló en su garganta al verlo a él, al poderoso y temido Makoto Shishio, ofreciéndole la comida en la boca. Le parecía una imagen surreal, porque aquel hombre que con cuidado le acercaba a los labios un bocado de arroz, había destrozado con furia a dos hombres frente a sus ojos.

Muy sorprendida abrió la boca recibiendo el bocado, luego vino algo de pescado; la dejaba masticar y volvía a repetir todo, así hasta que terminó con los alimentos que le llevara.

- Muchas gracias, Shishio-sama – murmuró Yumi totalmente sorprendida y en cierto grado apenada, pero muy conmovida. Nunca nadie, después de su madre, la había cuidado así; no estaba acostumbrada a ser tratada de esa manera.

- Evita mover mucho la mano, al menos durante unos días, si duele demasiado dime para hacerte traer medicinas, ahora trata de dormir – ordeno él – Debes de recuperar fuerzas, no me gusta verte así.

- Shishio-sama… necesito pedirle algo – Yumi titubeó un poco, pero necesitaba ese favor.

- Dime, ¿Qué quieres Yumi?

- Podría avisarle de alguna forma a Yasu-San que estoy bien, ella… ella me ayudó mucho cuando estuve sola en Kioto, debe estar preocupada por mí, simplemente desaparecí.

Shishio la miró directo a los ojos, ligeramente recordaba a la mujer que era su empleada en la mansión, pensó que había muerto durante el enfrentamiento con la policía. ¿Así que ella había ayudado a Yumi cuando él la había abandonado?

Desde que Yumi despertara quería decirle muchas cosas y preguntarle otras tantas, pero no había tenido oportunidad. Sobre todo, necesitaba saber acerca de la traición de Hyobe, ese maldito que todavía no daba señales de vida. Por suerte su petición le abría la puerta para poder aclarar sus dudas.

- ¿Ella te ayudó? – inquirió él sentándose frente a Yumi, a los pies de la cama.

- Sí, la encontré por casualidad y me consiguió empleo en el restaurante donde ella trabaja.

- ¿Trabajaste en un restaurante? – preguntó y él que pensó que ella volvería a las casas de té, se reprendió a sí mismo, dándose cuenta del poco mérito que le había dado a Yumi.

- Sí, atendía las mesas, era un trabajo agradable – Yumi suspiró – me quedaba en una pequeña posada en las afueras del mismo distrito.

- Yumi… ¿Por qué no tomaste el dinero que dejé para ti?

- Usted dijo que era una compensación por mis servicios. Si se refería a estar con usted… - ella hizo una pausa como pensando las palabras que diría – Yo hace mucho tiempo que no cobro por mis "servicios" – terminó en un tono irónico.

- No quise decir eso… - Las palabras de Yumi lo dejaron sin qué poder argumentar nada. Ella había entendido su deseo de dejarla protegida, por otras razones que ni siquiera habían pasado por su cabeza.

- Y si se refería al hecho de salvarle la vida – continuó la joven, esta vez mirándolo a los ojos – Se lo dije aquella vez, lo haría una y mil veces.

El corazón de Shishio se sobresaltó, ahí estaba de nuevo esa mirada llena de sinceridad, deseaba abrazarla, deseaba besarla, deseaba tantas cosas… Pero se contuvo, no quería incomodarla de nuevo.

- ¿Y Hyobe? – le preguntó Shishio sin romper el contacto con aquellos ojos oscuros como la noche, tratando de esa forma, calmar la imperiosa necesidad que ella despertaba en su cuerpo.

Lo percibió al instante, cómo una nube empañó su mirada llenándola de temor. Ella bajó los ojos y miró como su mano sana apretaba la manta que la cubría. La mente de él trabajando rápidamente imaginando muchas situaciones, una peor que la anterior, sobre todo cuando recordó las miradas lascivas y lujuriosas que su subalterno le dedicaba con frecuencia a Yumi.

- Cuéntamelo todo… - instó Shishio acariciando con suavidad ambas manos de la joven.

Luego de unos instantes, en que ella se debatía en cómo decirle todo lo acontecido con Hyobe, comenzó su narración. Le dijo de su encuentro en el restaurante y de sus palabras soeces, luego cómo esa misma noche la había arrastrado a aquel callejón oscuro y le propuso su asqueroso trato diciéndole que Shishio ya la había reemplazado. Cuando le contó sobre el intento de abuso y cómo ella había logrado escapar, la paciencia de Shishio había llegado a su límite. Se levantó y maldijo lleno de furia.

- ¡Ese maldito hijo de puta me las va a pagar todas! – exclamó para luego caminar encolerizado por la habitación. Aquel cabrón se había atrevido a ponerle las manos encima a Yumi… a su mujer.

- Hyobe nos espiaba – dijo lentamente Yumi – Nos espiaba cuando usted y yo estábamos juntos… en la intimidad.

- ¡¿Qué?! – Aquello era el colmo, aquel pervertido había llegado demasiado lejos.

- Él mismo me lo dijo – murmuró ella totalmente avergonzada.

- Cuando lo encuentre lo voy a matar muy lentamente – aseguró, pocas veces sentía tanta rabia como en esos momentos.

- ¿No sabe dónde está? – le preguntó claramente inquieta.

- No, pero Soujiro está buscándolo – Shishio detectó el semblante preocupado de Yumi.

- Debe encontrarlo lo más pronto posible – lo miró desesperada – él es un traidor, me entregó a los yakuzas, esos hombres estaban muy interesados en saber los motivos de los viajes que Hoji-San y Soujiro-kun han estado realizando… Por eso me torturaron.

Shishio la miró sorprendido, además de la razón personal de matar a Hyobe lo antes posible, estaba el hecho de que ese infeliz sabía demasiado acerca de la organización, por suerte, siempre había sido precavido y sus planes de conquista sólo los conocían Hoji, Soujiro y él mismo.

- Los hombres que usted mató cuando me rescató, no hacían más que preguntar a dónde había ido Hoji-San – Ella bajó la cabeza – Y-yo no pude soportarlo y les dije que él había ido a Shanghái, lo siento.

Shishio la miró sorprendido, estaba apenada por haber dado esa información, cuando otra persona en su lugar habría dicho mucho más, con todo lo que le habían hecho. Además eso no importaba ya, había enviado a esos bastardos al infierno.

- Fuiste muy valiente Yumi – le dijo tomándola de los hombros – Me alegro que no dijeras nada, no porque me importe que la información siga en secreto, pero de haber hablado antes, ellos te hubieran matado y yo no… - se le trababan las palabras – No hubiera estado ahí a tiempo.

Fue imposible no abrazarla, la posibilidad de encontrarla muerta, en lugar de herida, lo cimbró interiormente. Yumi se apretó contra su pecho y comenzó a llorar.

- Yo tenía mucho miedo, sentía mucho dolor, estaba aterrada y no quería morir… - murmuró entre sus sollozos y temblores – tenía miedo de morir y no volverlo a ver.

Shishio sintió una opresión en el pecho, esa opresión que con suavidad lo torturaba sin saber qué hacer con ese sentimiento. Sus palabras salieron casi sin pensarlo.

- Yumi… sé que no me crees, que en este momento desconfías de mí, pero te protegeré, de hoy en adelante no te separarás de mi lado, siempre estarás conmigo, siempre, tienes mi palabra.

Con su mano sana Yumi apretó la cintura de él. Deseaba creerle, necesitaba creerle, porque si él volvía a alejarla no lo soportaría.

- Le creo – dijo pausadamente, su voz todavía alterada por el llanto.

Shishio no lo evitó más, la tomó por los hombros y la recostó sobre la cama apretándola suavemente con su cuerpo, ella ahí tan pequeña e indefensa, la miró a los ojos como pidiendo su permiso, con aquella extraña conexión sin palabras que tenían, supo al verla que lo estaba dejando continuar, que también lo deseaba.

El aroma del cuerpo femenino lo invadía, su aliento tibio incitándolo, su mirada muy brillante por las lágrimas derramadas, sus labios entreabiertos; le había dolido verla tan pálida, pero ahora un suave tono rosado cubría su mejillas.

Algo superior lo instó a besarla, a comer esa boca de la que se volviera partidario desde la primera vez que la probara. De inmediato la sintió responder a su caricia con desesperación como un náufrago bebiendo de un manantial, su Yumi, su mujer había vuelto por fin y al parecer lo aceptaba de nuevo, a pesar de haberle fallado.

La acercó más hacía él, la delicada silueta de ella firmemente apretada a su cuerpo, sintiendo en el proceso todos sus montes y valles, una mano de él en su cara, la otra deslizándose por su cuello acariciando lentamente.

Sentían los pulmones sin oxígeno, pero se negaban a despegarse, sus lenguas despertando sensaciones deliciosas en ambos. Se separaron jadeando, la mano de Shishio acunó el rostro de Yumi mirándola, por poco la había perdido pensó de repente. Y luego ella habló y jamás creyó que dijera tal cosa.

- Lo… lo amo Shishio-Sama – confesó ella, mirándolo a los ojos valientemente, sin vergüenza, ni temor, con la más pura sinceridad reflejada en sus oscuras pupilas.

Yumi se sorprendió a sí misma por aquellas palabras, pero ya no podía retractarse, ya no podía negarle que estaba enamorada, nunca lo había estado en su vida, pero aquel sentimiento que la estaba consumiendo no podía ser ocultado por más tiempo. Por Kami, estaba enamorada y aunque él la alejara de nuevo, o en su momento se cansara de ella, estaría agradecida por siempre con el destino o con la fuerza superior que la había unido a Makoto Shishio, valía la pena haber nacido sólo por experimentar aquello que la llenaba de vida y la hacía sentirse así de plena.

No esperaba una confesión de amor de regreso, lo conocía bien a pesar del corto tiempo que habían convivido, no pensaba que era un hombre de aspectos románticos y no podía culparlo, su vida no había sido fácil, viviendo desde joven en la lucha para sobrevivir, viviendo la guerra, matando como medio de vida. Sabía de la necesidad imperiosa de poder en su interior, sabía de la traición que había sufrido de parte de aquellos a los que sirvió para reconstruir el país, conocía de antemano su filosofía de la sobrevivencia del más fuerte.

Él era así, muy fuerte, renaciendo de las cenizas a las que lo habían condenado sus propios líderes, conocía su frustración de luchador que lo limitaba a poder pelear. Conocía sus debilidades y limitaciones físicas y eso hacía que lo admirara todavía más.

Ante sus ojos él era todo, ya no había más, sabía desde ese preciso momento que no quería estar en un mundo donde no existiera él.

No le avergonzaba que él lo supiera, no le apenaba sentirse frágil ante él, toda su vida había sido una mujer débil y vulnerable, que importaba si la persona que amaba conocía sus sentimientos, eso le daba valor, al menos una vez en su vida habría sido valiente.

Shishio se había quedado de piedra, ante las tres sencillas palabras que habían salido con seguridad de aquellos labios, la miraba intensamente, con los ojos muy abiertos, la boca con una clara mueca de sorpresa. Él se incorporó de la cama, Yumi también lo hizo; de repente ella se sintió inquieta, tal vez se había molestado. Su corazón golpeaba con violencia contra su pecho. Estaba sentado sobre la orilla de la cama, de repente se volteó mirando a la nada, Yumi hubiera dado cualquier cosa por saber qué pensaba.

Pero no decía nada, sólo miraba enfrente.

Shishio, todavía no podía dar crédito a las palabras que había escuchado, era increíble que ella hubiera dicho tal cosa. Sus pensamientos iban a mil por hora, nada era coherente, ninguna frase podía salir de su boca. Aquella sencilla confesión lo sacaba totalmente de contexto. Esa hermosa mujer junto a él lo amaba, ¡a él! a un hombre que nadie podría amar; temer tal vez, respetar quizás, odiar por supuesto, ¿pero amar?

- Lo siento, Shishio-Sama, yo… no debí… - Yumi se interrumpió, no sabía cómo arreglar lo que había dicho, era mejor haberse quedado callada.

- Yumi… tú… ¿no estás confundida? – preguntó por fin él, se giró a mirarla buscando sus ojos y de nuevo en ellos sólo sinceridad y franqueza.

- No, es la verdad.

- ¿Desde cuándo tú…?

- Casi desde que lo conozco… Yo lo entiendo si usted no… no se preocupe…

La calló con un beso urgente, demandante y luego fue bajando la intensidad, como si los labios femeninos fueran calmando sus ansias y permitiendo poner en orden sus pensamientos y principalmente asentando sus sentimientos. Porque era clara una cosa, él también amaba a esa mujer. Ahora podía comprender el porqué de sus angustias al no tenerla, porqué su tranquilidad al compartir con ella, porque su pasión desbordante al tocarla y poseerla. Nunca había sentido eso por nadie, y por Kami, estaba seguro que nunca en lo que le quedara de vida podría experimentarlo por alguien más.

- Yumi yo… quiero tenerte conmigo – la miró directo a los ojos para que ella entendiera sus palabras y creyera lo que estaba por decirle – comparte esta vida conmigo y… cuando vaya al maldito infierno también te quiero ahí para mí… ¿entiendes?

Una sonrisa curvo los labios de ella, era una declaración de amor por todas las de la ley, muy al estilo de Shishio pero ahí estaba, se sintió completa y feliz.

- Si muero primero, con gusto lo esperaré en el mismo infierno, Shishio-Sama – contestó ella tomando su mano. Shishio se permitió una sonrisa, una sonrisa genuina, una sonrisa que sólo le mostraría a esa mujer frente a él.

- Entonces este es nuestro pacto, estaremos juntos hasta en el infierno – declaró él y volvió a buscar esa boca, la encontró a medio camino porque ella ya se acercaba a sus labios también…

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Nota 26/06/2016: ¡Hola! ¡Hola! Sí, sí, miel escurriendo por mi teclado, ¿medio cursi? Tal vez pero soy una romántica empedernida así que ¿por qué no? Después de todo ya los habíamos hecho sufrir bastante ¿qué no? En fin, tal vez piensen que Yumi lo perdonó muy pronto, pero yo pienso que no, cuando se está enamorada a veces uno es demasiado blando, además después de todo, Shishio cometió un error y también sufrió las consecuencias, como ven este capítulo los dejé a ellos solitos, no quise meter más nada porque para eso estarán los demás episodios. A este fic no le queda demasiado 3 caps más como mucho y un EPÍLOGO que es el que tengo imaginado desde antes de terminar de escribir el capítulo 1, cuando publique el fin de esta historia irá junto con el epílogo.

Por cierto les informo que tal vez tarde un poco en actualizar ya que se viene una semana súper difícil de trabajo (es la última y está llena de eventos y graduaciones) y estoy segura que no tendré tiempo de escribir, por eso es que los dejé con un buen sabor de boca al fin del capítulo (no soy tan cruel ya ven ^^)

Más de 100 reviews! NO LO PUEDO CREER! T_T Lloró de emoción! Cuando empecé con este proyecto nunca imaginé que a tanta gente le pudiera interesar, ya que creía que no eran muchos los que podrían seguir a la pareja de Shihio y Yumi, así que fue una grata sorpresa darme cuenta que estaba equivocada.

baavira, shishiyu, Enny , Emilyyy, Lupita31, Guest, AzureyesDragon, Blankaoru, Pajaritoazul., gracias, gracias por tener el tiempo de escribir, se los diré mil veces, me alegro que les guste este fic y me emocionó mucho al leer sus comentarios!

SiaE: Gracias por tu inbox, me encantó!

Besos y abrazos digitales y Hasta la próxima! … Nary^^ : "Prefiero mil veces un mal anime que una buena telenovela"