Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida, sin ningún interés de lucro de por medio ni nada por el estilo.
Desde ya disculpen la falta ortográfica :)
Chapter: 6
Sin Desobediencias.
Llevaba aproximadamente dos semanas sin hablar con alguien… sin poder ver la luz ni nada que fuese "civilizado" a su alrededor, pues el trato era de lo peor, ya que: le llevaban comida fría… lo que más bien parecían las sobras de los alimentos de los demás. Le llevaban apenas un balde con agua donde con suerte le alcanzaba para poder enjuagar su cuerpo. Se sentó en una de las esquinas de la oscura habitación y, recordó cómo estúpidamente fue que llego a esas instancias.
— He dicho… ¿que qué dices? —lo oyó decir nuevamente cerca de su oído.
Sentir su lujuriosa voz. Su respiración tan cerca de su rostro. Y sus manos aun en su nuca y espalda la hacían sentirse la mujer más sucia en esos momentos. Apretó fuertemente los ojos al sentir que una de las manos del moreno se deslizaba hacia unas de sus caderas, presionándola levemente.
Cuando sintió los labios del joven cerca de su mejilla no dudo ni un solo segundo en darle un fuerte rodillazo en la entrepiernas, haciendo que éste cayera de golpe al suelo; Kagome se asustó demasiado "ahora sí que estoy jodida" se dijo de manera interna al verlo hincado con una mano sobre cierta zona sensible para todo varón, y la otra empuñada sobre el suelo.
Seco sus lágrimas apenas levantando su puño, pues llevaba más de tres días sin comer nada… estaba muy débil, de verdad prefería morirse que seguir viviendo en esas condiciones. Botaba la comida en una de las oscuras esquinas del pequeño cuartucho, puesto que la oscuridad no permitiría que la notaran y mucho menos el olor a humedad combinados con otros olores ya que este era tan hediondo en el pequeño lugar que el mal olor de la comida pasaría desapercibido… o al menos eso ella creía.
—Fui una tonta… —susurro solo para ella abrazándose a sus piernas—… tonta… tonta… tonta. —golpeaba su cabeza delicadamente contra la muralla una y otra vez al repetir la misma palabra que sentía ahora la caracterizaba.
Dos semanas desde que no tenían señal de vida de Kagome. Dos semanas en que Naomi no paraba de llorar ni Sohin de contenerla. Dos semanas en que todo parecía cada vez más complicado.
Inuyasha apenas supo de la desaparición de su ahora prometida mando todo al diablo, y se dirigió en el primer vuelo a Sendai. No podía siquiera pensar que algo le pasase a su novia, pues el día en que Kagome ya no estuviera a su lado, sencillamente… él sería un muerto en vida.
— ¿Han sabido algo más sobre ella? —pregunto Miroku.
A los dos días en que Inuyasha volvió a su ciudad natal recibió una llamada de su amigo, pues habían quedado de acuerdo en juntarse el día anterior… obteniendo como resultado: Miroku solo en un bar. Le llamo la atención que Inuyasha no haya llegado, o que no le hubiese contestado ninguna de las llamadas que él le hizo durante esa noche. Al otro día en la mañana logro contactarse con el Peli-plata e InuYasha le contó todo a Miroku. Todo lo sucedido con la azabache y rogó por su ayuda.
—Nada Miroku —respondió InuYasha mientras pasaba de manera cansada una de sus manos por su rostro, pues no lograba conciliar ni un poco el sueño.
— ¿La amiga de Kagome ya declaro?
—Sí, si… Ayumi ya respondió todas las preguntas que la policía de investigaciones le hizo.
— ¿Siguen siendo las mismas características que me dijiste?
—Sí, las mismas. Los hombres eran tres: uno calvo, el otro bien fornido y alto, y el tercero medio afeminado. Y dos mujeres: una de piel muy pálida y pelo negro, y la otra media trigueña y de pelo rojizo oscuro.
—Ya veo… oye amigo —dijo al oír el silencio del peli-plata.
—Dime Miroku, aún estoy aquí.
—Hoy viajo a Sendai —le informo de manera seria.
— ¿Y cómo para qué? —cuestiono extrañado de que Miroku fuera a su ciudad.
—Eso no te lo puedo decir por teléfono —respiro hondo—. Estaré a las seis en Sendai.
—Bueno, entonces te esperare.
Finalizo la llamada sin dejar de pensar porque Miroku se tomaría la molestia de ir hasta allá para decirle algo. "seguro debe de ser importante" se dijo poniendo su móvil en la mesita de noche para poder hacer la cama de la azabache, ya que se había quedado a alojar en la casa de sus suegros debido a que la noche anterior habían recorrido varios lugares pegando carteles de "se busca".
Saco la almohada sin ganas y sacudió las frazadas dando un bostezo. Frunció el ceño al ver como dos papeles doblados caían lentamente al suelo, dejo todo lo que estaba haciendo… y los tomo entre sus manos.
— ¿Puedo llevarle el almuerzo yo? —pregunto Sango, pues no había visto a Kagome.
—No —dijo Renkotsu de manera seca—. Bankotsu dio la orden de que estuviera sola.
—Pero solo quiero ver como esta… aunque sea déjame acompañarte —pidió nuevamente.
—He dicho que no, Sango.
—Por lo menos… ¿sabes cuándo llega? —pregunto un poco molesta.
—Mph… no me hagas reír —hizo una pequeña carcajada cargada de sarcasmo—, ¿acaso alguna vez Bankotsu se ha tomado la molestia de avisar su regreso? —pregunto con una sonrisa en su rostro.
—Nunca. —respondió cansada la castaña, después de todo Renkotsu tenía razón.
—Entonces… —menciono esperando que Sango volviese a decirle algo, pero ésta ya no hablo.
Abrió bruscamente la puerta y Kagome se cubrió los ojos con ambas manos, pues aunque la luz de la linterna era poca hacia que sus ojos dolieran levemente de manera molestosa. Oyó como tiraron la bandeja con alimentos al suelo… como si ella fuese peor que cualquier animal callejero.
—Deberías ser considerada y agradecer que te estamos alimentando. Mira que si fuera por mí… ya te abría estrangulado hasta matarte… —"ese hombre calvo", se dijo la azabache, pues ya tenía su voz grabada en su mente—… ya que en este trabajo no estas siendo de mucha utilidad. —menciono de manera amenazante antes de salir.
Kagome quedo en la espesa oscuridad nuevamente… ni siquiera se inmuto en oler el alimento, pues a esas alturas su cuerpo no tenía fuerza ni voluntad de hacer nada.
—¿Cómo estuvo el viaje? —pregunto InuYasha cuando ya iban en el taxi rumbo a la ciudad.
—Estuvo bien. —respondió Miroku sin mostrar interés en planear una conversación.
—Entonces, ¿Qué es lo que querías…? —intento preguntar pero Miroku le hizo una seña para que guardara silencio.
Inuyasha entendió rápidamente y asintió. Una vez en la casa del peli-plata...
—Bueno, ¿Qué te parece si comienzas a decirme todo lo que no pudiste cuando hablamos por teléfono esta tarde? —cuestionó sin rodeo alguno el ojidorado.
—Bien tomemos asiento en el comedor —respondió Miroku y se encamino con su maletín en mano. Pues conocía muy bien la pequeña casa de los Taisho, ya que siempre se quedaba a alojar cuando era un niño. Las dimensiones de la casa seguían tal cual las recordaba.
Ambos se sentaron y a Inuyasha le llamo la atención cuando Miroku comenzó a abrir el maletín del cual no se había separado.
— ¿Qué tanto guardas ahí, Miroku? —pregunto realmente interesado.
—Mira InuYasha… —lo observo de manera seria— lo que traigo en este portafolio es información del caso en el que estoy… arriesgo mi puesto al haber sacado fotocopias y enseñártelas —InuYasha lo oía muy atento—. Esto solo debe quedar entre tú y yo.
—Claro que si Miroku, pero… ¿Qué es? —cuestionó totalmente intrigado, tanto misterio le ponía los pelos de puntas.
—Mira… —saco varias carpetas y le mostró cada una—… estas personas se dedican a "trata de blancas", ¿sabes a qué me refiero? —InuYasha tenía su mirada fija en cada página que iba hojeando—, puede haber una gran probabilidad de que Kagome haya sido traficada.
InuYasha mantuvo la vista observando fijamente la fotografía de un chico de ojos azules que tenía en sus manos. No quería creer eso, sabía que la posibilidad según los datos era muy grande… pero oírlo ahora de boca de Miroku hacia que esa probabilidad fuera casi certera. No dijo nada.
—Amigo sé que, quizás, esto deba ser muy doloroso para ti. Yo veo esto a diario.
—Si tienen a toda esta gente registrada, ¿Por qué diablos no los han arrestado aun? —pregunto molesto.
—Porque no tenemos pruebas. No tenemos evidencias certeras. No tenemos testigos, ya que las muchachas que han vuelto con sus familias no denuncian por miedo a represalias. Estos sujetos… —dijo señalando la carpeta—… controlan a sus víctimas aun cuando ellas están "libres" —hizo un gesto de comillas al pronunciar la última palabra.
Inuyasha miró detalladamente la fotografía del joven de ojos azules y piel morena, cabello negro y largo amarrado en una trenza, pues las fotos de casi todas las personas en dicha carpeta parecían ser tomadas desde un punto oculto. Empuño su mano lleno de rabia en tan solo pensar que un sujeto como el de la fotografía viniese a tocar a Kagome contra su voluntad.
Era cerca de la medianoche y la diversión para los hombres ricos comenzaba en la gran mansión Shikon. Kikyo conversaba con distintos hombres que llegaban. Kagura había vuelto a su trabajo en la brigada. Suikotsu estaba en la barra y preparaba distintos tipos de tragos. Jakotsu retocaba el maquillaje de las distintas muchachas que salían después de haber atendido al cliente que las haya "rentado". También había distintos guardias que custodiaban la casa desde afuera, por si a alguna chica se le ocurría escapar… o por si a alguien se le apetecía entrar sin autorización.
—Oye Renkotsu—se acercó un rubio hombre rico.
—Dime Yukito —respondió cruzado de brazos apoyado en una de las amplias murallas mientras inspeccionaban que las chicas nuevas hicieran bien su trabajo.
—Falta la princesita caníbal —noto rápidamente su ausencia al llegar, ya que llevaba días soñando oírla gemir bajo su cuerpo.
—Ella aún no está disponible —le respondió de manera seca y desinteresada.
—Va… ¿y eso por qué? —pregunto realmente interesado.
—Asuntos internos, no te puedo dar información.
—Ya veo… ¿sabes cuándo llega Bankotsu? —"ay otro más" se dijo Renkotsu fastidiado de que siempre le preguntaran precisamente a él. Respiro hondo para tratar de no sonar grosero.
—No sé Yukito… no tengo idea cuando es que vuelve.
—Bueno, entonces me tendré que divertir con las chicas que están disponibles. —dijo encogiéndose de hombros. Renkotsu hizo una mueca de desagrado, pues no toleraba a ese niñito rico, pero nada le llamaba más la atención que el encargo que le hizo el moreno antes de marcharse a otra de las ciudades donde tenía a sus "joyas"
— ¿Quieres que la castigue? —pregunto el calvo al ver a la inconsciente chica en el suelo. Víctima del pánico.
—No te atrevas —ordeno seriamente.
—Pero… B-Bankotsu —dijo realmente extrañado del comportamiento de su líder, pues ante la actitud de cualquier otra de la chicas estaba seguro la hubiese matado con sus propias manos.
—Renkotsu… es una orden —lo observo de manera desafiante hasta que el calvo bajo la mirada—. Sabes muy bien qué hacer.
—Como tú digas Bank. —dijo haciendo una pequeña reverencia al verlo salir de la habitación.
Ese extraño comportamiento en el moreno no dejaba de llamarle la atención "¿Qué clase de interés podrías tener en esa muchacha?" se preguntaba una y otra vez tratando de encontrar la respuesta, pues conocía a Bankotsu hace muchos años y nunca había actuado así por una mujer, y menos aún entendía porque no la había forzado a estar con él. Puesto que cada vez que una mujer lograba calentarlo se lo hacia una y otra vez hasta sentirse lo suficientemente saciado con ella, esta vez estaba siendo… ¿considerado? Se pregunto pensativo… o quizás solo es un capricho. Sí, se convenció de ello.
Una de las chicas más guapas de la casa de Yokohama bailaba sensualmente para esos ojos azules que la miraban concentrado de pies a cabeza. Contesto su móvil al sentirlo vibrar.
— Hola… así que te trajeron una nueva mercadería —saludo con cierta confianza.
— ¿Acaso no has ido a la mansión? —pregunto mientras bebía al seco un pequeño vaso de su costoso whisky "the macallan".
—No, no he podido ir... pues cuidarte la espalda lleva mucho tiempo —respondió haciendo una pequeña carcajada.
— ¿Cuidarme la espalda? —pregunto en un tono de evidente ironía—, no me hagas reír… por favor Naraku… tú no cuidas mi espalda, y si crees hacerlo es solo porque si caigo yo… tú y todos tus amigos policías corruptos caen conmigo, es por eso que el culo te transpirar como una vil zorra en celo. —le informo lo último empleando una sonrisa torcida en su rostro, pues de verdad creía que Naraku era el ser más traidor, sucio y cobarde que jamás conoció. Por eso no confiaba un cien por ciento en él.
— ¿Alguna chica exquisita? —pregunto cambiando de tema.
—Hay varias. —informo sin darle mucha importancia.
— ¿Podrías recomendarme a alguna?
—Tendrías que verlas tú mismo.
—Está bien, durante esta semana tratare de pegarme una vueltita por la mansión —sonrió—, últimamente estoy muy tenso.
Luego de hablar lo necesario finalizaron la llamada. Bankotsu siguió observando a la espectacular muchacha que le bailaba y no dejaba de sonreírle de manera coqueta… pero algo le faltaba a esa chica… algo que la "caníbal" del grupo había cautivado en él pero que se negaba a prestarle mayor atención.
Dos días más y Miroku volvió a Tokio, pues no podía ausentarse demasiado en el trabajo si quería ayudar a su amigo a encontrar a su novia… y desde Tokio se podía mantener en contacto de igual manera con los policías de Sendai.
—Dice que encontraron a una testigo y está dispuesta a declarar —informo a su superior la mujer de ojos carmín.
— ¿Cómo…? —pregunto un hombre más maduro frunciendo el ceño.
— ¿Quién es? —pregunto el joven de ojos azules y pequeña coleta.
—Una chica de unos veintitrés años de edad… —respondió leyendo los datos que había apuntado en una pequeña libreta—… apareció hoy en la estación de policía.
— ¿Tienes idea de cómo se llama? —pregunto Naraku mientras empuñaba disimuladamente el lápiz que yacía en su mano.
—No —respondió rápidamente—. La chica está en estado de shock y aún no ha dicho nada. —le informo rápidamente para que se quedara tranquilo.
— ¿Y dónde se encuentra la muchacha en estos momentos? —cuestiono su superior.
—La llevan camino a la posta central a constatar lesiones y también para que un medico la revise y trate de ver si puede hablar… o cuánto tiempo demorara en hacerlo. —corrigió algo preocupada la joven mujer alzando una de sus cejas… esperando que su superior tomara rápidamente cartas en el asunto.
—Gracias oficial Kagura por su información —dijo al tomar su teléfono—, lo siento debo hacer una llamada. —se disculpó al ponerse de pie.
—Comisario… —interrumpió su caminata. Este se volteó a verle—… ¿puedo ir a ver a la testigo?
—No Miroku —respondió de manera seria—. Déjame hacer una llamada a la estación de policía para corroborar unas cosas e iremos. Yo también necesito ver a esa testigo. —la última frase la dijo más para sí mismo.
A Miroku no le llamo la atención ni le pareció extraño que su superior quisiera corroborar información ya que en procedimientos así, esto se solía hacer. Lo que le llamo la atención fue no ir directo con la primera fuente.
—Estas muy interesado en ir a ver a la testigo, ¿no Miroku? —pregunto su compañera de trabajo tomando asiento en su escritorio.
—Por supuesto Kagura. Estoy muy atento en este caso de "trata de blancas" —respondió mirando la pantalla de su computador—. Solo espero que cada animal que esté involucrado en ese asqueroso trabajo… pague con su vida en un calabozo. —ni siquiera se inmuto al decir esas palabras.
—Así que eso es lo que piensas del "tráfico humano" — menciono encendía su computadora.
—Sí. ¿Qué más podría pensar?
—Interesante punto de vista —susurro para ella misma.
— ¿Bueno? —pregunto con voz dormilona.
—Bankotsu —le respondieron con una voz media alterada.
— ¿Qué pasa ahora Naraku? —cuestiono frunciendo el ceño mientras daba un bostezo.
—Hay una testigo… —dijo con la mirada fija en la puerta, pues estaba encerrado en su baño privado—… ¡por la mierda Bankotsu hay una maldita testigo!
— ¡Primero deja de hablarme de esa manera! —exclamo molesto al sentarse en su cama.
—Lo siento… es solo… que estoy un poco nervioso —se disculpó cayendo en cuenta con quien hablaba.
—Ahora explícame. —ordena fríamente.
—Hay una testigo… —respiro hondo—… hoy en la estación de policía apareció una chica, según hable con los oficiales que la atendieron es una de las chicas desaparecidas.
— ¿A dónde está ahora? —pregunto presionando su móvil.
—En el hospital… —respondió nervioso—… la enviaron al hospital.
—Bien Naraku.
—Bankotsu yo creo… —le iba a sugerir algo Naraku pero lo único que oyó fue un corto tono repetido. Le había cortado la llamada.
"Maldito imbécil…hora tendré que ir como si nada con esa estúpida testigo" murmuro a regañadientes dando un fuerte portazo tras él.
Bankotsu se quedó meditando la situación que Naraku le había informado. Estaba sentado sobre el blando colchón completamente desnudo, cubierto solo con unas delgadas sabanas de seda color tinto pensando lo que ahora tenía que hacer… pero fue sacado de sus pensamientos al sentir las delicadas manos de una mujer acariciar su espalda.
— ¿Qué pasa cielo que no vuelves a dormir? —pregunto con voz seductora.
— ¿Qué te pasa mujer? —cuestiono sin prestarle mayor atención— ¿acaso crees que soy uno de tus clientes?
—Obvio que no —justifico rápidamente—. Tú eres muchísimo más que cualquiera de ellos.
—Lárgate Yuka —pidió cansado con una de sus manos en su frente.
—Pero si aún es muy temprano —replico acariciando ahora su muy bien trabajado torso.
— ¡Por la mierda he dicho que te largues! —ordeno lanzando su costoso móvil contra la muralla. La chica pesco rápidamente la bata que había dejado tirada la noche anterior; se cubrió y salió corriendo antes de verlo más enfadado.
Apretó los ojos al oír el portazo de la asustada chica. Levanto la mirada y vio la puerta por unos segundos, luego cambio la mirada hacia su móvil, estaba completamente destrozado en el suelo. Respiro hondo y se estiro nuevamente a la cama con los brazos cruzados tras su nuca.
"Al parecer no quedan más opciones" se dijo con una sonrisa torcida en su rostro.
"Mamá, papá, Souta… qué pensarían ustedes si supiesen donde estoy" — se preguntaba mentalmente Kagome mientras oía como a esas alturas su estómago rugía fuerte y de manera dolorosa.
"Inuyasha, ¿me extrañaras tanto como yo te extraño a ti?"— a diario se hacia la misma pregunta.
Cerca de las tres de la tarde fueron a ver a la testigo.
— ¿La chica ya está consiente? —pregunto Naraku al oficial que custodiaba la puerta de la habitación.
—No, aun no comisario —le respondió el oficial—. Pero antes de que cayera inconsciente dijo que quería que todos pagaran.
— ¿Entonces está dispuesta a declarar? —pregunto esperanzado Miroku.
—Si —le respondió el oficial—. Ella está dispuesta a declarar. —recalco. Naraku y Kagura se miraron de manera disimulada pero cómplice.
—Bien, entrare a verla —aviso el comisario Naraku sin esperar respuesta de uno de sus "compañeros"
—Es muy joven —dijo Miroku al verla.
—Quizás que cosas atroces allá pasado… —interrumpió Kagura fingiendo preocupación—… pobre chica.
—Sí. —dijo Naraku.
—Comisario, ¿esperaremos que despierte o la dejaremos descansar? —cuestiono Miroku realmente interesado.
—El doctor dijo que estará sedada todo el día… así que creo que deberíamos dejarla descansar, y venir mañana a primera hora a interrogarla —le respondió Naraku con la mirada fija en la inconsciente muchacha.
—Como usted diga comisario —respondió Miroku y, así los tres oficiales se retiraron.
Frunció el ceño al abrir los ojos lentamente; todo era borroso y de a poco empezó a divisar el lugar, recorrió lentamente toda la blanca habitación… suspiro aliviada al reconocer que estaba en un hospital, pues la pequeña máquina que hacia ruido, los distintos sueros inyectados a sus venas y un pequeño objeto puesto en su dedo índice le daban credibilidad a lo que pensaba.
Sintió un fuerte escalofrió al sentir como una helada brisa se colaba por la ventana, pues esta estaba levemente abierta. Pero nada le causó más escalofríos al ver una negra silueta sentada en la esquina de la oscura habitación, ya que esta solo era iluminada por la claridad natural de la luna. Su respiración comenzó a agitarse cuando vio a lo que parecía ser un hombre ponerse de pie.
— ¿Cómo has estado Susan? —hablo una varonil voz. Definitivamente era un hombre, y peor aún, era…
—B-B-Bank… Bankot-su —dijo apenas audible… era su peor pesadilla.
— ¿Que has estado haciendo Susan? —volvió a cuestionar solo para intimidarla. La chica no respondió —, al ver tu rostro tan desfigurado imagino que no esperabas verme —sonrió acercándose a ella.
—Si… si me haces algo… j-juro que gritare —amenazo abriendo los ojos desmesuradamente.
—Hazlo —se cruzó de brazos con una sonrisa desafiante—, aunque dudo que alguien pueda oírte.
Pues fue lo bastante sigiloso al entrar por la ventana, y con ayuda de una mujer a la que le tenía mucha confianza logro sedar al policía de turno, pues si había alguien quién le era leal a él sin importar nada… era precisamente la mujer que estaba afuera cubriendo su espalda.
La chica comenzó a respirar agitadamente, pues el temor que le tenia a ese sujeto era demasiado, y más aún porque sabía muy bien de las atrocidades que era capaz de hacer.
— ¿Por qué escapaste? —le pregunto apoyando sus manos a los pies de la camilla.
—Tu sabias muy bien que tarde o temprano lo iba a hacer… sabias muy bien eso —se hizo el valor de enfrentarlo.
—Pero tú no pudiste haber escapado sola… —afirmo, pues él sabia mejor que nadie que para hacer eso necesitaría ayuda—… ahora quiero saber, ¿Quién te ayudo a hacerlo? —cuestiono seriamente y frunciendo el ceño.
La muchacha bajo la mirada asustada, sabía muy bien que no saldría de esta, y se sentía culpable al delatar a la persona que la ayudo, pero si callaba… solo haría que Bankotsu se molestara más de lo que estaba y, eso era lo que menos quería.
—F-fue… F-fue —tartamudeaba y sentía como sus ojos comenzaban a cristalizarse.
— ¡¿Quién fue?! —pregunto entre dientes golpeando la cama con uno de sus puños, pues estaba más molesto aun.
—Mukotsu… fue M-Mukotsu… por favor no me hagas daño —suplico a sollozos.
—Sabes Susan… —dijo en un tono tranquilo mientras se acomodaba los guantes negros que traía—… no hay nada más patético que un soplón —hizo una mueca de desagrado—. ¿Me pregunto si Mukotsu te hubiese ayudado si hubiese sabido que lo delatarías? —se acercó quedando frente a ella.
—Bankotsu… por favor.
—Tranquila Susan que él también pagara por su falta. —dijo tranquilamente como si esas palabras consolaran en algo a la muchacha.
Esas fueron las últimas palabras que logro oír antes de sentir como el moreno poso ambas manos en su delgado cuello... presionándolo. La estrangulo hasta que sintió como la muchacha dejo de luchar, viendo como sus delgadas manos caían soltando las de él; la chica dejo de respirar y sus ojos se fueron para atrás, quedando prácticamente en blancos. La soltó haciendo que la muchacha cayera pesadamente sobre la camilla.
—Todo esto es una lástima… —menciono cansado—… deberías haberte quedado al lado del mejor postor… pero lamentablemente toda desobediencia se paga. —dijo con sarcasmo observando la luna por la delgada cortina de la habitación. Se giró a observar por última vez el fallecido cuerpo de la chica, y se marchó de la misma manera en la que había entrado hace un momento atrás.
…
Bueno ya saben, si hay algún error en la historia como: punto, coma en algún lugar que no correspondía o alguna palabra mal tildada doy mis más sinceras y respectivas disculpas, pues estoy aprendiendo recién. :/
No dejare la historia... me justifico por la demora :/ ya que soy madre (joven), hija, dueña de casa, pareja y estudiante (esto es lo que me quita más tiempo -.-). Pero no abandonare el fic.
¡CIRCULO MERCENARIO!
Saludos y bendiciones a todas :3 en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.
