Capítulo 37: El plan

Raphael tenía un plan para escapar.

No sabía si podría llevarlo a cabo, pero era su única oportunidad.

Al cabo de poco tiempo, la extraña mujer volvió. Había ido a por el estoque de Raphael.

- Bueno, bueno, bueno... – dijo con tono malicioso. – Vamos a empezar a divertirnos.

Se acercó a él y, con la punta del estoque, empezó a rasgarle la tela del pantalón con una sonrisa picarona.

- Oh, casi lo olvido. Me llamo Tira.

Y sin más miramientos, lo besó en la boca.

Raphael quería quitársela de encima, pero si quería escapar, tenía que dejarse hacer.

La joven empezó a acariciar de nuevo el pecho de Raphael. Quería disfrutar de su presa antes de matarla.

Entonces Raphael empezó su plan.

Agarró a la chica por la cintura, a pesar de las cadenas que lo sujetaban, y correspondió su beso.

Ella sin duda no se lo esperaba, y su reacción fue soltar el estoque para poder agarrarlo con más fuerza y besarlo apasionadamente.

Raphael había conseguido lo que quería. Aprovechó su superior fuerza para darle la vuelta a la chica y agarrarla, no con pasión sino con furia, y le oprimió el cuello con una de las cadenas que lo

ataban.

- ¡Libérame! – gritó mientras la estrangulaba.

- ¡No...puedo! – gimió la chica.

- ¡Te mataré!

- Si lo hago...- intentó decir ella. - ...él lo hará.

Se refería, sin duda, a la armadura.

Raphael pensó con rapidez y dijo:

- Te llevaré conmigo si me sueltas. – dijo con voz suave, atenuando la presión que ejercía con la cadena.

La afirmación sorprendió a Tira.

- ¿Qué? – masculló.

- Te deseo tanto como tú a mí. – murmuró él con tono seductor. – Podemos huir juntos.

La chica sonrió.

- Está bien. Te liberaré.

Raphael soltó a Tira por completo. Ella sacó una pequeña llave de un bolsillo y la utilizó para abrir las cadenas que retenían a Raphael.

Lo primero que hizo éste al sentirse libre fue recoger su estoque.

- ¿Y adónde iremos? – preguntó ilusionada Tira.

Pero la única respuesta que recibió fue un rápido y fino corte en el cuello.

Tira quedó paralizada tras contemplar como Raphael la había degollado y, tras derramar su última lágrima, cayó sin vida al suelo del castillo.

Raphael entonces se dispuso a llevar a cabo su objetivo final.

Se dirigió hacia donde se encontraba Soul Edge, dispuesto a abrir el arcón y destruir la espada con la suya.

Pero antes de que pudiera abrirlo, el ojo de la espada lo miró directamente a los ojos a través de su transparente contenedor.

Raphael entonces sintió un dolor por todo el cuerpo más fuerte que cualquiera que hubiera sentido jamás.

Gritó con todas sus fuerzas, dejó caer su estoque y se desplomó, inconsciente.

Despertaría varias horas después...y la espada, así como los pedazos de armadura, ya habría desaparecido.