Capítulo 38: La decisión de Cervantes

- ¡Rock! – gritó uno de los lacayos de Cervantes.

Rock se encontraba fregando la cubierta, arrodillado. Dejó de hacerlo para levantarse y responder a la llamada.

- ¿Sí?

- El capitán te quiere en su camarote. ¡Ya!

Rock se sorprendió y asustó a partes iguales. Cervantes no lo había llamado a su camarote desde que estaba en el barco, pero tampoco a ninguno de sus compañeros. ¿Y si ya había decidido qué hacer con él?

No tenía más remedio que hacer lo que le ordenaban.

Con paso decidido, se dirigió hacia el camarote, donde Cervantes lo esperaba de pie, dándole la espalda.

- ¿Me llamaba, capitán?

- Sí.

- ¿Qué quiere?

- Tu periodo de prueba ha finalizado.

Esa frase aterrorizó a Rock.

- ¿Qué?

- Ya he decidido qué hacer contigo.

- ¿Y...y bien? – preguntó Rock con voz temblorosa.

- Sin duda puedes ser útil para mí. Te desempeñas bien en tus labores y tienes una forma física que podría ser útil en una batalla.

Rock no decía nada, simplemente esperaba la sentencia final.

- He decidido aceptarte en mi tripulación.

Rock no estaba seguro de si eso eran buenas noticias.

- Gracias, capitán. ¿Puedo...retirarme?

- Claro, claro. Márchate. – respondió Cervantes sin dejar de darle la espalda.

Rock ya se dirigía de vuelta a cubierta cuando escuchó un arma cargarse a su espalda.

Se agachó a tiempo para esquivar un disparo que perforó la puerta del camarote.

Su reacción fue inmediata.

Se abalanzó contra Cervantes, le sacó la espada de su vaina y se la clavó en el pecho.

La poca resistencia que el pirata opuso confirmó las sospechas de Rock: Sólo se lo podía matar destruyendo su fuente de vida, Soul Edge.

Rock no tuvo tiempo a hacer nada más cuando sintió el acero atravesándole las tripas.

Todo se quedó en negro.

...

Rock despertó en la cubierta del barco, pero había algo raro en él.

Se incorporó con pesadez.

Tenía ganas de vomitar, así que se dirigió hacia la borda para hacerlo en el mar.

Pero antes de que pudiera hacerlo, sintió que se le cortaba la respiración.

Lo que vio en el reflejo del agua lo provocó: Rock tenía la piel blanquecina y los ojos oscuros, sin brillo en ellos. Se había convertido en un zombi de la tripulación de Cervantes.