Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.

Desde ya disculpen la falta ortográfica :)


Chapter: 8

¿Un nombre?

— ¿Cómo estas Bankotsu? —cuestiono su compañero rápidamente al verlo bajar las escaleras— ¿te siente bien? —éste solo rodó los ojos.

—Mph… por supuesto Renkotsu —respondió una vez que lo tuvo en frente—. ¿Has visto a Mukotsu? —pregunto mientras observaba con sus azules ojos el alrededor de la sala. Todo lucia impecable.

—Fue a comprar unos licores que le pidió Suikotsu. Creo que le faltaban algunos para los clientes de esta noche —ambos se quedaron en silencio por unos segundos. Pero la curiosidad nuevamente se adueño de Renkotsu— ¿Para qué lo necesitas?

—Eso no es asunto tuyo —respondió de manera cortante—. ¿Sabes dónde está Sango?

—Creo que está en su habitación. Subió hace un rato con Jakotsu. —respondió y lo vio dar media vuelta y subir nuevamente las escaleras sin decirle ni una sola palabra. Lo odiaba cuando se comportaba de esa manera tan misteriosa.

Se dirigió hasta la habitación de Sango dando un gran bostezo, pues después de su "visita" al hospital no había tenido muy buena noche. Además llegar a la mansión y encontrarse con todo revoloteado lo hacían ponerse de mal humor. Una vez en el segundo nivel se dirigió por un estrecho pasillo a la habitación de la castaña, y entro sin siquiera molestarse en tocar.

— ¡Banky! —grito emocionado Jakotsu apenas lo vio entrar— Creí que ya debía de comprar rosas para tu funeral —bromeo sonriente.

— ¿Mi funeral? ¿Y eso por qué? —pregunto tirándose a la cama de la castaña.

—Porque Renkotsu andaba como un verdadero loco llamando a tu hermano —respondió ahora Sango sin mirarlo ya que estaba concentrada en terminar de pintarle las uñas a Jakotsu.

—Mph… Renkotsu es un exagerado. —respondió fastidiado poniendo un par de almohadas tras su cabeza para sentirse más cómodo.

—Bueno... gracias a su exageración, pude ver al papacito perfecto y caballeroso de Koga —menciono casi idolatrándolo—. Él es todo un bombón… —miro ahora al moreno—… no como tú. ¿Estás seguro que son hermanos?

—Mph... —se cruzo de brazos con desgano ante lo que consideraba un absurdo comentario de parte de su afeminado compañero— ¿y tú sabias que eso que te hace Sango son cosas de mujeres? —dirigió su mirada a la variedad de esmaltes sobre una pequeña mesita blanca junto a la castaña.

—Bien ya no sigan —interrumpió antes de que ambos se picaran por los comentarios que se lanzaban—, ahora... ¿nos dirás a qué vino Koga? —cuestiono la castaña mientras lo miraba de manera inquisitiva— Porque es evidente que no estas enfermo. Mucho menos te estas muriendo.

—Largo Jakotsu —ordeno con indiferencia hacia el aludido.

—P-pero… —Bankotsu lo observo serio y alzo una ceja ¿acaso pensaba discutirle?—… Ash bien. —refunfuño, para luego salir de manera silenciosa dejando a solas a su par de compañeros.

—Bien ahora que estamos solos... ¿Qué paso? —pregunto apenas vio a su amigo cerrar la puerta.

—La chica está en mi habitación. —informo mientras observaba el desorden de la habitación. ¿Por qué todos eran tan desordenados?

— ¿Qué chica? ¿De quién hablamos? —cuestiono nuevamente al no entender a quien, específicamente, se refería.

—A la chica nueva —Sango aun no entendía, pues habían llegado varias chicas—. A la caníbal —la castaña alzo ambas cejas, seguía sin comprender. Bankotsu respiro hondo— A Kagome.

— ¿Kagome? ¿Qué hace Kagome en tu habitación? No me digas que tú… —dijo al pensar en varias posibilidades y rápidamente cubrió con ambas manos su boca.

—No seas idiota —respondió al suponer que clase de cosas podían estar pasando por su cabeza—. No le he tocado ni un solo cabello. —lo dejo claro.

—Entonces... ¿Qué paso? ¿Por qué llamaste a Koga?

—Como la chica llevaba semanas en el cuartucho ese... —explico e hizo una pequeña pausa—... creí que estaba… ya sabes… —se encogió de hombros y Sango abrió los ojos—… muerta. —menciono sencillamente. En realidad no era que fuera de su "importancia".

— ¿Y?

—Mph... vaya que andas lenta mujer —respondió fastidiado—, pero no. La chica está bien.

—Me alegro. —respiro con alivio, pues había creado un gran afecto hacia la joven azabache.

—Hoy comenzara a trabajar —se sentó correctamente sobre lo cama—, no me sirve de nada tenerla aquí sin crearme ningún tipo de ganancia.

—Bank… tú sabes que yo nunca te he pedido nada… —el moreno la interrumpió.

— ¿Nunca? —cuestiono alzando ambas cejas. Ella sabia muy bien que las cosas no eran así.

—Bueno los problemas que tuvimos fueron al comienzo, pero también debes reconocer que en este ultimo año me he comportado correctamente. He hecho lo que me han pedido. Y creo que... me he ganado algo de tu confianza… —el moreno respiro fastidiado.

— ¿Y? —la interrumpió— ¿sabes? Das muchos rodeos para pedir algo, así que: me lo dices ahora ya... o conseguirás que me aburra y me largue. —dijo señalando con su pulgar la blanca puerta, pues la paciencia no era su mejor virtud.

—Hazla que trabaje conmigo —pidió sin rodeos... como él se lo pidió. Bankotsu estallo en una carcajada, pues de verdad consideraba una perdida de tiempo lo que le estaba pidiendo Sango.

— ¿Qué trabaje contigo? —la castaña asintió— Si como no… y la próxima semana la podemos ascender a la barra y que le quite el puesto a Suikotsu. Luego que se tire a maquillar y le quite el puesto a Jakotsu. O a inspeccionar y que le quite el trabajo a Kikyo. —propuso con evidente sarcasmo en su tono de habla.

—No es lo que quise pedir Bankotsu —repuso Sango—. Es solo que…

—Solo que nada —interrumpió al incorporarse de pie—. Acá todos se ganan su puesto... —dijo molesto—... pero si tanto interés tienes en ayudarla... cámbiale el tuyo… pero tú tomaras el de ella. —le ofreció para hacerle recordar todo su esfuerzo por llegar donde estaba. No era algo genial a lo que Sango se dedicaba ahora, pero definitivamente, era mucho mejor que hacer el trabajo de una de las "joyas".

—Tienes razón —hizo una pequeña reverencia—. Lo siento.

—Bien. Ve a ayudarla a que se vista… aún sigue en mi habitación. —dijo antes de salir del cuarto de la castaña.

Cerca de las diez de la noche comenzaron a llegar importantes hombres de negocios: abogados, doctores, empresarios, deportistas… incluyendo a trabajadores de la justicia. Pues los clientes que rodeaban el rubro ligado a la prostitución en la mansión Shikon era muy reservado y cada uno de ellos vivían pendientes "del que dirán" ya que la mayoría tenían sus familias formadas; apesar de eso recurrían muchas veces a este lugar, ya sea por el sexo que se les negaba en casa, un poco de "afecto" demostrado de manera carnal o solo por el deseo de acostarse con una chiquilla varios años más joven... despertando sus dormidos instintos masculinos. Muy pocos sabían que era lo que de verdad se vivía ciertas noches dentro del privado recinto. Ya que las "fiestas" se realizaban solo cuando el moreno de ojos azules daba la orden.

—Quedaste hermosa —dijo la castaña al verla de pies a cabeza. Kagome se observo desanimada al amplio espejo del baño.

Lucia un conjunto muy parecido al de la vez pasada, solo que este vez era de color negro con pequeños detalles fucsias que sobresaltaban a la vista. Llevaba todo su cabello azabache amarrado en una alta coleta... ya todo estaba dicho y las cartas estaban echadas… solo quedaba esperar.

—Bien Kagome… debo ir a terminar de arreglarme —dijo mientras se acercaba a la puerta—. Por favor no hagas nada imprudente… —se volteó a pedirle—… esta vez hazme caso. —pidió recordando la imprudencia de la chiquilla la vez pasada; Kagome solo desvió su mirada. Sango salió en silencio de ahí, dejándola completamente sola. Mientras la azabache estaba sumergida en un mar lleno de confusiones... en el que se sentía ahogar cada vez más.

Apenas vio la puerta ser cerrada por la castaña se dirigió de manera decidida hasta el enorme ventanal; abrió ambas puertas de vidrio enmarcadas con fina madera de caoba que lo dividían con el interior de la cálida habitación. Camino unos cuantos metros y observo la distancia desde la altura del balcón hasta el suelo, definitivamente, era bastante (alrededor de doce a quince metros). Pues si no moría, probablemente quedaría con múltiples fracturas. Trago duro al pensar en eso pero si su cuerpo quedaba fracturado tendrían que llevarla al centro asistencial más cercano (era de suponerse)… con eso se consolaría esperanzada para apaciguar la angustia. "El dolor es psicológico" se convenció a sí misma.

De manera torpe subió a la ancha estructura de mármol con la que estaba diseñada la barandilla del balcón; una por los enormes tacones que llevaba puestos y, otra porque estaba presa de los nervios. Cerró los ojos y sonrió al sentir el frió aire fresco golpear suavemente su rostro... respiro hondo, y por ese diminuto instante... se sintió libre.

"Voy con ustedes… —pensó en su familia para calmar la tensión en sus piernas—… voy contigo InuYasha" —mantuvo el aire dispuesta a saltar pero…

—Pero que… —susurro para si mismo. Pues al entrar a la habitación y sentir la fría brisa concluyo que solo podía ser algo y se dirigió al amplio balcón... no se equivocaba. La vio seguro de querer dar un brinco.

Abrió sus ojos desmesuradamente al sentir la fuerza de una mano presionar su brazo... y más aún cuando la jalaron bruscamente al suelo haciendo que casi tropezara. La arrastraron y la azotaron contra la helada pared.

— ¡¿Qué mierda crees que hacías?! —le grito con la voz más severa que logro articular. Kagome no pudo pronunciar palabra alguna— ¡Responde! —volvió a gritar el ojiazul ante el largo silencio de la azabache, esta vez, zamarreándola— no me hagas perder la poca paciencia que tengo —amenazo retándola entre dientes.

—Y-yo… yo te dije… que prefería esto. —logro decir mientras miraba con sus ya cristalinos ojos la costosa estructura.

—Mph… ¿crees que eso hubiese sido la solución a tus problemas? —le debatió al seguir de reojo la mirada chocolate de la nerviosa muchacha.

—Hubiera sido lo mejor… —lo miro a los serios ojos azules que la observaban fijamente—… mejor que estar aquí. Mejor que oírlos a todos ustedes. Mejor que verte a ti —dijo lo ultimo con desprecio mientras intentaba seguir sosteniéndole la mirada—. Ustedes son unas personas malditas… que lo único que saben es ocasionar daño a otras personas, a sus familias —dio un gran suspiro—. Ustedes no miden consecuencias… deberían estar en el infierno. —finalizo, para ella, el pequeño y preciso monologo; guardo silencio para luego bajar la mirada.

Hizo una leve mueca con sus labios en señal de desagrado ante las palabras de la azabache, pues no le gustaba para nada ese tono tan prepotente que tenía al dirigirse a él. La observo detalladamente mientras ella tenía su mirada fija en el suelo… definitivamente la odiaba. La odiaba por hablarle así. La odiaba por nunca mantener su enorme bocota cerrada. La odiaba por no obedecer, y por sobre todo… la odiaba por desearla tanto, y por no poder tratarla como lo merecía su comportamiento.

—Mph… si eso es lo que piensas de personas como nosotros... —hizo una sonrisa torcida—... veremos que pensaras cuando te encuentres con los ejemplares sujetos importantes que vienen a gastar su dinero en mujeres como tú.

— ¡No bajare! —lo desafió con la mirada. Bankotsu resoplo frustrado.

—¡Tú no mandas! —frunció el ceño y de manera posesiva la apego a su cuerpo. Kagome respiro agitadamente por la manera tan agresiva en la que reaccionó; Bankotsu no pudo evitar ver como los senos de la azabache se agrandaban cada vez más al respirar de esa manera tan sobre-exigida, lo que seria, probablemente, por la preocupación que sentía— Parece que aun no te queda claro.

Kagome bajo la mirada cansada, pues trato de hacerle fuerza para alejarlo de su cuerpo y no logro moverlo ni un solo centímetro. Definitivamente lo odiaba con todas sus fuerzas.

—Creo que la primera vez que nos vimos te dije cómo funcionaban las cosas en este lugar —Kagome solo se limito a guardar silencio—. "Resulta que las reglas ya están hechas… a ti solo te toca acatarlas" —volvió a repetirle soltando el posesivo agarre en el que la había tenido envuelta—. Ahora vamos... que se hace tarde —ordeno al pescarla del codo y sacarla de la habitación—. Me imagino que no querrás llegar tarde a tu primer día de trabajo. —menciono haciendo media sonrisa torcida mientras la tironeaba por el largo pasillo hacia las escaleras. Kagome ya no dijo nada.

Kikyo estaba en la planta baja inspeccionando que todas las muchachas lucieran en perfectas condiciones (superficiales) para encantar a cada uno de los clientes que se disponían a asistir a la "fiesta" de esa noche. Bankotsu bajo las escaleras prácticamente tirando de la azabache quien inútilmente ponía resistencia. Llamando la atención de todos los presentes ligados al negocio.

—¡Oh! creí que ya estaba muerta a estas alturas —hablo Kikyo con su típico frió tono de voz.

—Mph… porque habríamos de perder semejante inversión. —bromeo Bankotsu y soltó de manera poca delicada el agarre que había mantenido en el delgado brazo de la muchacha al llegar a la sala.

— ¿Estás seguro de lo que haces Bank? —cuestiono Renkotsu al llegar a lado del moreno.

— ¿Por qué no habría de estarlo? —ahora fue el ojiazul quien cuestiono.

—Creo que nos dará problema —se cruzó de brazos—. Al igual como cuando llego y casi le arranca la oreja de un mordisco a Yukito —le recordó como si el ojiazul hubiese olvidado ese pequeño detalle.

—Yo también pienso eso Bankotsu —apoyo Kikyo el fundamento de Renkotsu.

—Mph… —poso dos de sus dedos en el puente de su nariz por unos segundo y se concentro en oír los murmuros del que parecían hacer las "joyas", acaso... ¿pretendían ridiculizarlo? Eso no lo permitiría, debía dejar las cosas claras y recordarles a todos quien estaba al mando. Levanto su seria mirada— ¡¿Quién mierda es el que esta al mando?! —alzo la voz endureciendo sus facciones faciales en señal de molestia mientras buscaba respuesta en el rostro de cada uno de los presentes— ¿o es que acaso me cambiaron y no me había enterado? —pregunto ahora en un tono armonioso de voz mientras sonreía de medio lado. Todos guardaron silencio ante su pasivo rostro. Esos abruptos cambios temperamentales a todos los presentes le ponían los pelos de puntas— Me lo imagine —finalizo y sonrió al sentirse satisfecho de que "sus compañeros" aún seguían siendo leales tal cual él les era a ellos, pues se ensuciaba las manos por dinero… y más aun por todos los que trabajaban con él.

—Aun no le has dado un nombre —interrumpió la mujer de ojos carmín quien recién llegaba.

— ¡Hasta que por fin apareces Kagura bella! —saludo de manera sonriente Jakotsu.

—Tienes razón —recordó Bankotsu sin darle mayor importancia—. Te daremos el honor de que escojas el nombre que mejor te acomode —hizo media sonrisa irónica al ver el confuso rostro de la azabache.

— ¿U-un nombre? —pregunto al no entender; Bankotsu rodó los ojos con fastidio.

—Sí, pues veras ellas tienen sus propios nombres "profesionales" —le explico Suikotsu haciendo señales de comillas con sus dedos—. Digamos que como todo artista.

—Ella es Rubí, Perla, Zafiro, Esmeralda… —Kikyo comenzó a nombrarlas mientras las señalaba de a una por una. Kagome guardo silencio con la mirada baja.

— ¿Qué nombre usaras? —cuestiono fastidiada la mujer de ojos carmín.

—Ash esta niña sí que es lenta —interrumpió Kikyo impaciente ante su silencio.

—A… Amorís —susurro al ver su sencillo anillo. Nadie la oyó bien.

— ¿Cómo? —cuestiono burlona Kagura. Kagome le sostuvo la mirada— Es que trata de hablar más fuerte niña porque nadie oyó lo que murmuraste —informo con un deje de aburrimiento.

—Amoris —dijo nuevamente pero esta vez con firmeza—. El nombre que usare será Amoris —Bankotsu quien oía atento frunció el ceño.

— ¿Amoris? —resoplo con sorna el ojiazul—, ¿Qué clase de patética joya es esa? —Kagome ni siquiera se molestó en mirarlo.

—Bankotsu los clientes vienen entrando —aviso Suikotsu al ver por el amplio ventanal de la sala, pues diferentes clases de costosos vehículos comenzaban a estacionarse en la amplia entrada.

—Bueno… —dijo Bankotsu y observo a la azabache de pies a cabeza, realmente estaba tensa, y eso le causo gracia—… que comience el juego.

Comenzaron a entrar distintos tipos de hombres bien vestidos, pues lucían costosos trajes y todos empuñaban su respectivo maletín donde deberían de traer las grandes sumas de dinero con que pagar esa noche el servicios de las costosas y bellas chiquillas.

Bankotsu se dirigió a la barra y se sentó a observar los detalles del comportamiento de cada una de las chiquillas en exposición, pues de ellas dependía cuanto aumentara su ganancia. Le pidió un whisky doble a Suikotsu quien ya comenzaba a prepararlos. Observo a la azabache quien solo estaba de pie prácticamente pegada a una de las murallas de la sala... sonrió de medio lado al verla tan intimidada.

—Aquí están todas las cosas que me pediste Suikotsu —oyó la voz que tanto deseaba el ojiazul. Se volteó a verlo.

— ¿Dónde habías estado Mukotsu? —cuestiono sin dejar de ver al coqueto grupo de muchachas.

—B- Bankotsu... —dijo sorprendido de verlo sentado ahí—... no esperaba verte tan pronto por acá.

— ¿Y por qué no habría de estarlo? —lo observo de reojo.

—B-bueno porque… —Bankotsu se giró completamente para verlo de manera seria—… lo siento solo me sorprendí de verlo. —bajo la mirada.

—Tranquilo Mukotsu —dijo mientras bebía un sorbo del fuerte trago—. ¿Sabes? Hazme un favor.

—Lo que usted me pida joven Bankotsu… usted solo mande.

—Búscame que significa esa mierda de... —movió su mano tratando de recordar la palabra. Mukotsu lo observaba atento y dio un pequeño brinco al oír los chasquidos de los dedos del moreno al recordar—... Amorís.

— ¿Amorís? —repitió al no quedarle del todo claro.

—Si esa mierda… búscala —ordeno.

—Inmediatamente joven. —hizo una leve reverencia y salió apresurado del lugar. Bankotsu lo vio salir sin decirle más... ya arreglaría las cosas con él pero no en ese momento... no con todos esos sujetos presentes.

— ¿Pasa algo malo? —cuestiono Suikotsu quien solo había guardado silencio al ver la conversación de su jefe y compañero.

—Nada —dijo volteándose a ver a las muchachas nuevamente—. Sírveme otro trago. —ordeno y Suikotsu se lo sirvió rápidamente.

Hizo una mueca y apretó los ojos al beberse al seco el segundo trago que le habia preparado su compañero. Cuando abrió los ojos pudo observar como Yukito se acercaba a Kagome quien aún seguía tensa e intimidada, pues eso se veía en su rostro. Los vio hablar y empuño su mano.

—Señorita caníbal —Kagome se sobresaltó al verlo tan cerca de ella debido a que había estado divagando en sus pensamientos—. Tranquila que esta vez no seré tan atrevido.

—Sabes muy bien de lo que soy capaz de hacer si vuelves a repetir lo que hiciste en aquella ocasión. —respondió la azabache en un tono amenazante.

—Está bien… —levanto ambas palmas de las manos—… esta vez vengo en son de paz.

—Eso lo dudo, pues si estuvieras en son de paz ayudarías a que chicas como yo, que estamos aquí contra nuestra voluntad seamos libres. No vendrías a buscar "servicio" —hizo un gesto de comillas en la última palabra.

—Yo no me meto en conflictos —se defendió a si mismo—. Además si aceptas que sea yo el que te alquile... te aseguro que no te ira nada mal, pues digamos que soy una persona pasiva —sonrió mostrando sus perfectos dientes blancos—. Te acariciare con delicadeza. Te hablare con ternura —se atrevió a acariciar su cabello azabache—. Y fingiré que el sexo por el que pagare… será con amor.

Se acercó a ella con una mirada llena de lujuria contenida, pues llevaba semanas deseando a la atrevida muchacha. Se apegó aun más ya que Kagome seguía apoyada en la muralla y eso le permitía apegar su cuerpo completamente al de ella. Su respiración se hizo más agitada debido a la excitación que trataba de contener, pues su miembro ya se había puesto erecto al tan solo oír su femenina y desafiante voz.

Kagome solo ladeo su rostro al sentirlo tan cerca y apretó con todas sus fuerzas sus parpados, pues el hombre estaba completamente apegado a ella y podía sentir perfectamente su dura masculinidad bajo su vientre. Solo podía sentir un tremendo asco al tenerlo tan cerca.

Ya no pudo contenerse, pues mientras pegaba su frente al rostro de la azabache tenía una perfecta visión hacia los grandes y redondos senos que amenazaban con salirse de ese pequeño y ajustado corsé que lucia. Bajo una de sus manos decidido a acariciar esas hermosas piernas que tenía la acorralada muchacha… pero una firme mano lo detuvo. Se giró dispuesto a discutir con quien interrumpía sus enormes deseos pero grande fue su sorpresa al reconocer al dueño de tan brusco agarre en su muñeca.

—Creí que sabias las reglas de la casa. —le recordó molesto; Kagome abrió los ojos desmesuradamente al conocer esa varonil voz ya familiar para sus oídos.

—Y-yo… Bankotsu… —el moreno lo soltó—… de verdad lo siento. Lo olvide —se disculpo mientras sobaba su adolorida muñeca.

El ojiazul pesco el codo de la azabache jalándola de golpe a su lado; pues había seguido apoyada en la muralla sin hacer gesto alguno... y ahora solo veía el rostro del incomodo hombre rubio ante la tensa situación.

—Nunca toques a una de mis joyas —Kagome se sorprendió al oírlo decir eso; Bankotsu observo a la azabache (lo noto), y luego observo molesto a su joven cliente—. No si no has pagado por hacerlo —corrigió para no dejar ver algo más.

—Bueno eso no es problema —dijo Yukito mientras sacaba su chequera del bolsillo interior de su saco—. Dime cuanto es... ¿Mil dólares? ¿Tres dólares? ¿Cinco mil dólares? —empezó a ofrecer distintas cifras.

—Vaya de verdad que debes estar muy interesado en esta mocosa —observo a Kagome de manera despectiva y ésta se molesto ¿mocosa? esa palabra no le agrado para nada— , digo, por la suma que estás dispuesto a pagar por un momento a solas con ella, ¿no? —cuestiono con una altanera sonrisa marcada en sus labios.

—Por supuesto. Solo... —observo de manera encantadora a la azabache y ésta se incomodo—... mira lo hermosa que es. —el moreno volteó a verla nuevamente.

—Mph... digamos que no es la gran cosa —contradijo haciendo que la azabache frunciera el ceño.

—Bien, entonces... ¿Cuánto me cobraras? —volvió a insistir un tanto impaciente.

—Nada. —le respondió sencillamente mientras se encogía de hombros.

— ¡Nada! — alzaron la voz ambos al unísono.

Yukito dibujo una sonrisa triunfante en su rostro ante la respuesta del moreno; pero a Kagome se le desfiguro el rostro producto de la indignación que la invadió. No era que deseara que pagaran una gran suma de dinero por ella, pero... ¿gratis?. Yukito tomo a Kagome de la cintura dispuesto a llevarla hacia el corredor donde estaban los cuartos que solían usar los clientes (pues se sabía el camino de memoria), pero antes de marcharse la chica se le fue arrebatada nuevamente de sus brazos.

—Creo que no entendiste —dijo Bankotsu con el codo de la azabache en su mano una vez más—. Cuando dije "nada" me refería a que no tomaras a ninguna de mis joyas —sonrió de medio lado—. No esta noche. —le dejo en claro.

—P-pero —trato de decir muy confundido Yukito, pero Bankotsu termino por interrumpirlo.

—Pero nada—soltó el agarre que sostenía en la azabache—. Kagome sube a la habitación ahora. —ordeno observándola de reojo; la azabache asintió y subió rápidamente por las escaleras. No desaprovecharía esa oportunidad que se le estaba dando.

—Si no te conociera creería que tienes otro tipo de interés en esa jovencita —menciono Yukito al ver como Kagome desaparecía por las largas escaleras.

—Mph… todo lo que sale de tu boca últimamente Yukito... es pura mierda, ¿no te lo habían dicho? —cuestiono con burla.

—Lo siento Bank, es solo que… —Bankotsu alzo ambas cejas—… esa pequeña me trae loco.

—Bueno será para otra vez. Y creo que es mejor que te largues porque no te quiero ver cerca de ninguna de mis chicas. —sentencio y cruzo los brazos al alejarse, pues no quería oírlo más.

Apenas subió a la habitación del moreno cerró de un fuerte portazo y se lanzó a la enorme cama; se cubrió con una pequeña frazada que había doblada a los pies de esta y se abrazó a sus piernas, pues el miedo que sintió apenas comenzaba a disiparse. Luego de varios minutos de silencio en los que logro calmarse por completo trato de meditar lo que había ocurrido.

"¿Acaso Bankotsu evito todo por ayudarme? o ¿será que las cosas aquí funcionan como él dice?" se cuestionó de manera interna "qué más da, parezco una idiota tratando de descifrar respuesta a su estúpido comportamiento. Él no hizo nada por mí. Él hace todo por bienestar propio… es una basura" se convenció de ello.

— ¿Y encontraste lo que te pedí? —cuestiono haciendo sobresaltar al pequeño hombre que yacía detrás de la amplia cocina americana.

—Joven Bankotsu… —dijo tratando de regular la respiración que se le había exigido producto del susto—… lo siento no lo esperaba.

— ¿Mmm? —menciono tomando asiento en un taburete junto a la pequeña mesa que Mukotsu utilizaba para picar las verduras—, dije que me buscaras algo, ¿no?

—No creí que lo querría ahora... —tenía la intención de justificar su acción pero Bankotsu lo interrumpió.

— ¿Y para cuando suponías tú? —pregunto mientras empuñaba un filoso cuchillo.

—Lo siento joven… es solo que como son más de las dos de la madrugada —decía nervioso mientras observaba como Bankotsu comenzaba a pelar una zanahoria que había sacado de un recipiente—, no creí que lo quisiera ahora, pues, pensé que estaría muy ocupado… —el moreno lo volvió a interrumpir.

—Estas muy nervioso, Mukotsu —dijo alzando ambas cejas mientras le daba un mordisco al vegetal en sus manos—, ¿o es cosa mía?

—No, no joven, ¿a qué se refiere con que estoy nervioso? —pregunto mientras una pequeña gota de sudor bajaba lentamente por su sien.

—Precisamente a eso —se incorporó de pie—. Nunca me habías llamado "joven" tantas veces seguidas —Mukotsu guardo silencio—. Como sea… —se dirigió a la puerta de la cocina—… mañana te quiero a primera hora en mi oficina. Y límpiate esas gotas de sudor de la frente —el pequeño hombre abrió aun más sus enormes ojos—. Es asqueroso. —dijo antes de salir.

Las visitas se habían marchado. Las joyas estaban todas dormidas al otro lado de la mansión donde estaban sus cuartos. Los socios del moreno también dormían, mientras él miraba la luna llena, apoyado del enorme balcón de su habitación, termino de fumar el habano que tenía en sus dedos y lo tiro.

"Hubiese sido una dolorosa caída" pensó al recordar lo sucedido horas antes. Negó en silencio.

Cerró ambas puertas de vidrio al entrar a la cálida habitación; se sentó en el sofá junto al ventanal y termino de leer el texto que tenía en su computadora.

—Mph… esto es sencillamente estúpido. —dijo con un deje de ironía en sus palabras.

Se puso de pie y se acercó a la azabache, pues cuando subió a su habitación se la encontró dormida, enrollada en la cálida frazada. La observo por largos minutos y pesco su mano izquierda.

Recordó cómo le rogó por libertad aquel día en que la conoció, con lágrimas, suplicas y como llego a arrodillarse implorando libertad, usando una estúpida escusa "Yo… por favor… yo m-me voy a casar". Sonrió de medio lado cuando esas palabras cruzaron por su cabeza, pues con él, eso sencillamente no funcionaria.

—Así que a ti se te debe el nombre de Amorís —murmuro con la pequeña argolla entre sus manos—, mph… es una baratija —se dijo de manera despectiva al ver lo mucho que dejaba de desear para ser un anillo de compromiso.

Lo lanzo al aire y volvió a cogerlo entre sus manos; dirigió su vista al tranquilo rostro de la azabache dormir, rodó los ojos y guardo el pequeño objeto en el bolsillo de su pantalón. ¿Que cara tendría la joven cuando note que no tiene el objeto que tanto aprecia entre sus manos?

Salió de la habitación de manera silenciosa, pues necesitaba ordenar unos documentos en su oficina... y mucho que pensar para darle un castigo al que ahora consideraba un vil traidor.


Muchas gracias por leer

¡CIRCULO MERCENARIO!

Saludos y bendiciones a todas X'D en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.