Capítulo 39: Olcadan

Mi-na seguía cuidando de aquel búho herido. Yunsung había salido hacía casi dos horas y aún no había vuelto. Estaba empezando a preocuparse cuando escuchó una suave voz a su espalda.

- ¿Seong Mi-na?

Mi-na, sin soltar al búho de entre sus brazos, miró al que la llamaba. Era un hombre cubierto por una capucha.

- ¿Quién es usted?

- Si quieres seguir con vida, te recomiendo que abandones la búsqueda en la que te has metido. Esa espada sólo te traerá muerte y dolor. – dijo con un tono escalofriante.

- ¿Te ha enviado mi padre? ¿Es eso?

- Nadie me envía. Sólo es un consejo.

En ese momento, el hombre centró la vista (o eso parecía por la inclinación de su cabeza) en el búho que Mi-na llevaba en brazos.

- ¿Dónde has encontrado a ese búho?

- Estaba en el camino, herido. – respondió Mi-na extrañada por la pregunta.

- Déjamelo ver. – pidió el extraño.

- ¿Por qué? – preguntó Mi-na con desconfianza.

- Sé dónde hay un pueblo donde pueden curarlo. ¿Ves esa colina? – dijo señalando detrás de ella.

Mi-na miró hacia donde el hombre apuntaba. No había ninguna colina. Cuando se dio la vuelta, era demasiado tarde. El hombre la agarró con fuerza y le golpeó la cabeza contra un árbol.

Mi-na cayó al suelo, inconsciente.

El hombre recogió al búho con cuidado y miró sus ojos.

- ¿Olcadan? – preguntó. - ¿Eres tú?

El búho ululó levemente, en señal de afirmación.

El encapuchado miró a su alrededor y, al ver que no había nadie cerca, metió al búho entre su ropa y se marchó.