Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.

Desde ya disculpen la falta ortográfica :)


Chapter: 11

Aclarando puntos.

Las cosas marchaban relativamente "normales" en la mansión Shikon. Bankotsu había salido por tres semanas de Tokio; debido a ciertas complicaciones en una de las casas de Hong Kong, pues escaseaban de mujeres, ya que algunas habían enfermado. Ese día volvería a Tokio con unos cuantos hombres a buscar nueva "mercadería" para la casa que escaseaba de esta. Llevaría aproximadamente unas diez chicas con él; incluyendo a Mizuki, Yuri y a Hikari... las que más cercanas habían sido a la azabache.

—Las extrañaré mucho —dejo ver Kagome con sus cristalinos ojos chocolates.

—Estaremos bien. —hablo Yuri dándole un cariñoso abrazo.

—Pero, quizás, ya no nos volveremos a ver —dijo la azabache mientras ponía unos mechones tras su oreja.

—Eso no importa, Kag... —la interrumpió Hikari—... lo importante es que tenemos que mantenernos fuerte.

—Eso yo lo sé… —repuso Kagome—… es solo que… estoy muy acostumbrada con ustedes.

—Nosotras también lo estamos —dijo Mizuki mientras acariciaba su cabello—, pero sabes que no estarás del todo sola —le dio una pequeña sonrisa—. Tienes a Sango contigo —le regalo una comprensiva sonrisa para calmar la inquietud de la joven, ésta se la devolvió, hasta que oyeron la seria voz de una mujer.

— ¿Ya están listas? —cuestiono Kikyo al entrar sin tocar, pues la puerta estaba abierta. Las chicas que pronto partirían rodaron los ojos fastidiadas ya que ni una de ellas la soportaban.

—Si lo estamos. —respondió de mala manera Mizuki mientras quitaba su mano sobre la negra cabellera de Kagome.

— ¿Qué pasa con ese tonito de hablar? —pregunto sonriente Kikyo con un tono de arrogancia en sus palabras. Mizuki no era de su agrado.

—Nada… nosotras bajamos en seguida señorita Kikyo —interfirió Hikari al notar que los ánimos se estaban volviendo algo pesados.

—Entonces dense prisa —ordeno de manera altanera—, ¿creen que tenemos mucho tiempo?

—Por supuesto que no, bajamos enseguida señorita Kikyo —respondió ahora Yuri en un cínico tono de amabilidad.

—Bien. —dijo Kikyo antes de salir.

Kagome solo era una simple espectadora de la conversación, pues Kikyo tenía razón y debían darse prisa antes de que llegara él.

—Chicas es mejor que bajemos —pidió Kagome mientras se dirigía al pesado equipaje de las muchachas.

—No me iré así como así —dijo con voz calmada Mizuki al ver que Kikyo salía de la habitación.

— ¿A qué te refieres con eso? —cuestiono la azabache quien torpemente ahora empuñaba dos maletas en sus manos y ya varios bolsones en su hombro.

—A que moleré el estúpido y perfecto rostro de porcelana que tiene esa perra antes de irme —respondió antes de salir.

Kagome se quedó con la boca abierta al oír las decididas palabras de la joven, mientras que Hikari y Yuri sonrieron satisfechas, pues Mizuki ya les había informado su plan la noche anterior y les pidió que no impidieran la golpiza que le daría... porque si interferían ella no respondería por los puños que le llegasen a cualquiera de las dos. La vieron salir segura de la habitación.

— ¡Oye Kikyo! —grito al verla caminar por el largo corredor. Ésta se volteó de mala gana.

— ¿Qué quieres ahora?, me imagino que ya debes de estar lista —dijo mirándola de pies a cabeza. Kikyo a veces solía ser muy despectiva.

—No, aun no —respondió Mizuki al cruzarse de brazos.

—Entonces hazlo de una vez —ordeno molesta—. No me vuelvas a hacer perder el tiempo. —dijo con intención de dar media vuelta para bajar las escaleras pero antes de hacerlo…

—Eres una perra de lo peor —dijo con burla Mizuki y sonrió al ver el evidente rostro molesto de la pálida mujer frente a ella.

— ¿Qué fue lo que dijiste? —pregunto para ratificar que tuviera el suficiente valor de repetirlo.

—Que eres una perra de lo peor. Nosotras somos putas por obligación… pero tú te comportas peor que todas nosotras juntas —volvió a decírselo esta vez poniendo ambas manos en sus anchas caderas.

—Así que eso es lo que piensas de mi —dijo sonriendo y acercándose a ella.

— ¿Qué otra cosa podría pensar de una persona como tú? —siguió sonriendo, pues no necesitaba que le respondiera.

—Ya veo… —Kikyo hizo una mueca de desagrado una vez que estuvo parada frente a la, para ella, altanera muchacha—... nunca te callas.

Apenas termino de pronunciar la última palabra le dio una fuerte bofetada en la blanca mejilla de la desafiante muchacha frente a ella. Mizuki sintió su cabeza voltear abruptamente después de verla terminar de hablar, empuño ambas manos y se abalanzo sobre la delgada mujer... cayendo sobre ella.

Ambas estaban en el suelo, Kikyo sobre la suave alfombra y Mizuki sobre ella, con ambas piernas a los costados de la pálida pelinegra. Le dio unos fuertes puños en la mejilla; mientras Kikyo trataba de pescarla inútilmente del cabello.

Kagome, Hikari y Yuri salieron apresuradas al pasillo. Se sorprendieron al encontrarse con tal escena en este, un verdadero ring de boxeo, obviamente, había una ganadora, y esa, no era Kikyo.

Mizuki daba puñetazo tras otro contra la mejilla ya colorada de Kikyo, mientras ésta ya a esas alturas hacia lo posible por proteger su rostro.

—Hay que separarlas… —menciono Kagome con intención de interferir.

—No lo hagas. —le dijo Hikari al pescar su brazo. Las tres siguieron observando... hasta que oyeron la voz que a todas les causaba escalofríos.

— ¿Qué diablos está pasando aquí? —cuestiono en un notable tono molesto.

Mizuki se quedó prácticamente petrificada al oír su voz, momento perfecto que Kikyo aprovecho para quitársela de un fuerte empujón de encima. Mizuki cayó a un lado sin hacer gestos ni articular palabra alguna.

—Bank… Bankotsu —menciono apenas Kikyo tratando de ponerse de pie; el moreno la ayudo a incorporarse.

—Mira ese rostro — susurro en tono bajo, pescando el mentón de la mujer y con su otra mano hacía a un lado su perfecto y bien cortado flequillo— ¿Qué fue lo que paso? —volvió a cuestionar observando ahora a las cuatro muchachas frente a él. Frunció el ceño al ver a la azabache entre ellas.

—B-bueno joven Bankotsu… —comenzó a hablar Hikari mientras pensaba que decir.

—Habla de una vez —interrumpió fastidiado de su titubeo, pues odiaba a los cobardes, y el titubeo, para él, era una clara muestra de cobardía y debilidad.

—Ellas no tienen nada que ver. —Mizuki fue quien hablo ahora al ponerse de pie.

—No eso no… —trato de interferir Yuri, ganándose casi una mirada fulminante de parte de su amiga.

—Felicito tu valor al dar la cara —sonrió para luego ponerse serio—. Pero las faltas de respeto se pagan, así que esto lo arreglaremos apenas lleguemos a Hong Kong.

Lo vieron dar media vuelta apoyando un brazo de Kikyo sobre su hombro en dirección a las escaleras.

— ¿Estas bien? —pregunto preocupada la azabache.

—Claro que si Kagome, ¿acaso ves a algún rasguño en mi rostro? —La azabache negó en silencio—, entonces…

—Lo decía por Bankotsu —dijo la azabache entrecerrando los ojos—, quizás, que te hará cuando lleguen a Hong Kong.

—Mph… —Mizuki acaricio de manera comprensiva el cabello de Kagome, mientras le regalaba una pequeña sonrisa. Kagome de verdad era niña muy preocupada de sus amistades—… tranquila, no me pasara nada malo.

La azabache bajo la mirada entendiendo a lo que se refería, pues Mizuki tenía razón, ya no le podían hacer nada más malo que todo lo que en esos casi cuatro meses había estado viviendo.

—Renkotsu ve a Kikyo —ordeno Bankotsu llegando a la torre donde ellos tenían sus habitaciones.

—Pero, ¿Qué le paso? —cuestiono Renkotsu; Bankotsu rodó los ojos en silencio y salió de la habitación sin siquiera responderle... dejándolos solos.

—Fue una de esas malditas putas —respondió Kikyo viendo como el calvo hombre sacaba elementos del botiquín de emergencia.

— ¿Quién?

—Mizuki. Esa maldita perra de cuarta —dijo entre dientes mientras Renkotsu aplicaba un poco de alcohol sobre una herida junto a su sien.

— ¿Qué hizo Bankotsu?

—No hizo nada. Dijo que arreglarían las cosas apenas llegasen a Hong Kong —le respondió frustrada.

—Mph… eso espero, aunque… —sonrió torcidamente.

— ¿Aunque qué? —insistió Kikyo para que prosiguiera.

—Aunque creo que si hubiese sido la mocosa eso la que te hizo eso… —Kikyo interrumpió.

— ¿Te refieres a Kagome? —Renkotsu asintió.

—Creo que nuestro joven jefecito tiene algo más que un simple interés de inversión sobre esa maldita mocosa —le dejo en claro a la pálida mujer frente a él.

— ¿Tú crees que Bankotsu… siente algo por ella? —le cuestiono arrugando la frente.

— ¿Qué no es evidente? O al menos es un capricho, pues han pasado ya casi cuatro meses y la maldita aun no trabaja como las demás joyas.

—Tienes razón Renkotsu, no me había percatado de ello. —respondió pensativa.

Las chicas que habían estado con Kagome anteriormente bajaron hasta la sala de la planta baja de la mansión a juntarse con las otras restantes. Mientras la azabache se dirigió a la cocina a prepararles algo para el camino, eso era lo único que sentía podía hacer en esos momentos

—Así que aquí estabas —oyó la voz de Bankotsu entrar por la puerta de la cocina.

—E-estaba preparando unos sándwiches para el camino… me refiero para las chicas —corrigió rápidamente.

— ¿Las escandalosas? —cuestiono sentándose en un alto taburete frente a la larga cocina americana.

—Ellas no son escandalosas, solo están… asustadas —dudo al decir la última palabra.

— ¿Asustadas? Ya veo… —movió su cabeza repetidas veces tratando de comprender la conclusión de Kagome— ¿acaso es un nuevo método de defensa? —la azabache frunció el ceño— Me refiero a golpear a alguien.

— ¿Acaso tú no haces lo mismo? —le sostuvo la mirada.

—Mph… no te equivoques Kagome —le respondió haciendo media sonrisa—. Yo lo hago cuando sé que tengo algo que ganar. Que por lo demás, son la mayoría de las veces, ¿pero Mizuki? Mizuki jamás ganara algo, ella está destinada a toda esta basura hasta el momento en que yo lo decida —le explico señalándose a sí mismo en un tono altanero.

— ¿Cómo puedes hablar de esa manera? —cuestiono molestándose— Eres una persona que ha vivido cosas demasiado duras en su vida como para no entenderla, ¿podrías ser un poquito más condescendiente no crees?

Bankotsu empuño su mano, ¿Quién mierda se creía ella para hablarle en ese tono? Estaba muy equivocada si creía estar confundiendo la confianza con lo que le contó una otra vez.

— ¿Quién demonios te crees? —cuestiono seriamente; Kagome se tensó—, si piensas que las cosas han cambiado en algo, déjame aclararte que estas muy equivocada. Tú sigues siendo una maldita puta más en este lugar —la azabache abrió desmesuradamente los ojos al oírlo tratarla de esa manera—. Que no se te olvide.

Cuando llego a la mansión se sintió ser el sujeto más estúpido al experimentar sentir algo así como: "ansiedad" por haber vuelto, un molestoso sentimiento amenazaba por verla nuevamente. Un sentimiento que él se empeñaría en bloquear.

—Así que después de todo… ¿es así cómo me ves? —le cuestiono en voz baja con un doloroso nudo en la garganta. No por la manera en la que precisamente él se refirió a ella, sino por la palabra que utilizo, ya que nunca nadie la describió de esa manera tan humillante y denigrante.

—Si Kagome, siempre te he visto de esa insignificante manera—reafirmo.

—Es bueno saberlo —trago duro—. Por qué yo te veo de la misma manera insignificante.

—Así... —alzo ambas cejas— ¿Cómo? —pregunto sonriendo de manera arrogante, quería saber que tanto valor tenía ella sobre él.

—Como un animal. Un ser de lo peor. Una persona que no respeta nada… —guardo silencio y respiro hondo— ¡una persona que a pagado todo el daño que ha causado con el sufrimiento de su familia... y la muerte de su madre! —se alteró a causa de sus palabras.

Sabía perfectamente que estaba mal lo que le había dicho, pero ella también estaba herida. Le dolió pronunciar cada una de las palabras refiriéndose a él y más aun a su familia, pero sintió la necesidad de lastimarlo igual o más de lo que ella lo estaba.

— ¿Qué mierda dices? —cuestionó poniendo dura su mandíbula, de verdad estaba molesto. Kagome se tensó al verlo ponerse de pie del alto taburete.

Se acercó y la pesco fuertemente de los hombros, azotándola bruscamente contra la pared, pues estaba realmente enojado y ella debió pensar mejor las cosas antes de abrir impulsivamente su enorme bocota. Se contuvo de pegarle la enorme bofetada que deseaba darle.

— ¿Q-qué haces? —le pregunto temerosa tratando de sostenerle la mirada.

— ¿Acaso estas asustada? —pregunto él, ignorando la de ella.

—N-no me harías daño. —respondió con la voz temblorosa.

—No te confíes Kagome —corrigió observándola de manera lasciva, a lo que la azabache se tensó por completo, pues su respiración se comenzaba a agitar a causa de lo intimidada que se sentía.

—Por favor. —bajo la mirada y pidió casi suplicando.

—Ahora respetas... ahora que te sientes vulnerable —dijo en un tono ronco de voz.

—Lo siento —se encontró con esos hermoso ojos azules que la observaban detalladamente. Bankotsu negó en silencio.

—Demasiado tarde —susurro apegando su cuerpo completamente al de ella.

Ambas miradas se encontraron, tanto la achocolatada como la azulina tenían un toque de deseo… una más que otra, era algo realmente extraño para ambos. El ojiazul llevaba semanas tratando de contener el enorme deseo que sentía por poseer a Kagome cuando la veía, pero también no quería retroceder pasos con ella, no quería perder su "confianza" por eso se sentía estúpido; y Kagome se sentía en similares condiciones, ya que tampoco sabía si en realidad le gustaba el chico ya que por lo demás le gustaba su compañía.

Bankotsu acaricio el rostro de Kagome delicadamente, mientras ésta solo cerró sus ojos al sentir el cálido tacto. Kagome sintió el agradable olor a menta fresca que salía de los labios del moreno, su piel se erizo al sentir los labios de él rozar los suyos. Sus piernas comenzaron a sentirse débiles y su respiración amenazo con agitarse aún más al sentir como Bankotsu delineaba sus bien formados labios, ahora, con su lengua. Estaba mal lo que estaba sintiendo, lo sabia muy bien, pero tampoco entendía porque su cuerpo amenazaba con despertar esas sensaciones ya conocidas para ella. Oyeron la tos forzada de alguien de pie junto a la puerta.

— ¿Interrumpo algo? —cuestiono Kagura con el ceño evidentemente fruncido.

Bankotsu volteó a verla aun con ambas manos en el rostro de Kagome; la azabache solo tenía su vista fija en la blanca cerámica del suelo de la cocina.

—Que no es obvio. —respondió el ojiazul con una media sonrisa formada en su rostro.

—Te he estado buscando por todas partes —le informo mientras miraba molesta a Kagome.

— ¿Para qué? —pregunto alzando ambas cejas.

—Es privado. —respondió mirando a Kagome nuevamente, ahora, de manera despectiva.

—Bien —rodó los ojos fastidiado—. Después retomaremos lo que dejamos pendiente. —dijo al mismo tiempo que le guiñaba el ojo a Kagome, antes de marcharse seguido por la mujer de ojos carmín.

La azabache se cargó por completo en la muralla, se dejó caer pesadamente al suelo, y se abrazó a sus piernas sintiéndose completamente mal. "que me está pasando… estuve a punto de besarlo"; pensó tratando de comprender su extraña actitud mientras tocaba sus labios, aquellos que fueron rozados por los de él.

— ¿Qué sucede Kagura? —pregunto a la vez que ambos entraban a su privada oficina; Kagura no respondió—, Mph… ¿es cosa mía o estas molesta? —volvió a cuestionarle mientras sacaba un habano del cajón de su escritorio.

Tomo asiento en su cómoda silla, cruzando ambas piernas sobre la fina madera de su escritorio, y con un movimiento de inclinación de su cabeza indico a Kagura a que lo imitara. Ésta entendió perfectamente y obedeció.

—No estoy molesta… es solo que… —observo como Bankotsu hacia un tipo de formas circulares con el humo del tabaco que botaba de la boca— ¡Dios! ¿Podrías tomarme en serio? —cuestiono alterándose levemente. Bankotsu soltó una carcajada burlesca.

— ¿Dios? —se preguntó en voz alta, sonriendo, mirando el rojizo cielo del atardecer a través del amplio ventanal de la oficina—, perdón, pero es evidente que Dios no visita estos tipos de lugares—la corrigió en un evidente tono de sarcasmo.

—Deja de burlarte… pareces idiota —dijo Kagura seriamente mientras cruzaba sus delgados brazos.

—Ay por "Dios" Kagura —suspiro y se rio nuevamente a carcajadas de él mismo al repetir "esa" palabra… o más bien nombre—. Ves las cosas que me haces decir... "Dios" —susurro sonriendo mientras rodaba los ojos.

—Por favor —pronuncio desganada mientras negaba con su cabeza.

—Bien —se sentó correctamente—. Déjame ver... —achico los ojos mientras rascaba la barbilla que le comenzaba a crecer—... estas celosa de Kagome, ¿no?

Kagura no se inmuto en ningún instante, pues sabía muy bien lo directo que podía a llegar hacer el moreno joven frente a ella.

—Por lo menos sigues recordando algo de mí —respondió haciendo una mueca con los labios. Bankotsu respiro cansado.

—Otra vez con lo mismo —dijo en un tono aburrido. Apago el habano y lo tiro al basurero— ¿No crees que ya ha pasado mucho tiempo?

—Claro que no. ¿Por qué no te pones en mi lugar un maldito instante? —pregunto tratando de que la comprendiera aunque sea por un pequeño momento.

—Nunca te prometí nada —le recordó tajante.

—Eso no viene al caso. Sabes muy bien todo lo que he sentido por ti en todos estos malditos años —su voz se quebró levemente—. No tienes un poquito de consideración por mí, o has pensado que siento cuando te veo coquetear con algunas de las joyas. Sin mencionar con todas con las que ya te has acostado. —Bankotsu solo escuchaba en silencio, después de todo, esa no era la primera que vez que tocaban ese tema o que ella le hacia una de esas patéticas, para él, escenitas de celos.

— ¿Terminaste? —pregunto el moreno alzando ambas cejas.

—No —le dejo claro—. Nunca voy dejar de comportarme así, tienes idea… o dimensionas cuanto es lo que te amo.

La vio ponerse de pie, encaminarse rápidamente hacia donde él estaba sentado y arrodillarse frente a sus piernas. Se aferró a su cintura, posando su cabeza en el fuerte pecho del moreno.

—Kagura… —pronuncio Bankotsu al notar sus intenciones.

—Por favor. —le suplico mientras comenzaba a desabrochar el cinturón de cuero que presionaba el pantalón del ojiazul.

Saco el miembro de Bankotsu y lo tomo entre sus manos, comenzó a masturbarlo lentamente para ponerlo más erecto de lo que estaba ya estaba, quizás, producto de su anterior encuentro con la azabache... no quiso pensar en ello.

Hecho su cabeza para atrás, apoyándola completamente sobre el cómodo asiento, pues sabía que no la detendría, dejo volar su cabeza y cerró sus ojos al sentir como su miembro era poseído por la cálida boca de la mujer de ojos carmín, sonrió, pues "imaginaria" que quien le hacía sentir esa deliciosa sensación era la jovencita que hace minutos atrás estuvo temblando entre sus brazos, se descargaría con Kagura, después de todo, Kagome lo había calentado solo con su temblorosa mirada y su agitada respiración. Necesitaba hacerlo.

Ya eran cerca de las ocho de la noche y las chicas estaban extrañadas del por qué aún no partían, pues tenían entendido de que lo harían apenas llegara Bankotsu con sus hombres. Todas esperaron en la sala.

— ¿No sabes a qué hora nos iremos? —le consulto Mizuki a Tsuikotsu mientras se sentaba en la barra.

—No tengo idea. Esas cosas siempre las decide Bankotsu.

—Pero... ¿crees que nos iremos hoy?

—Es lo más probable —dijo como si nada y vio el cabizbajo rostro de la chiquilla—. Así que golpeaste a Kikyo —menciono sonriendo. Ella asintió.

—Sí. La verdad ya me tenía harta y quería darme ese gustito antes de irme.

—Está bien —le respondió mientras se disponía a secar unos vasos—. A varios ya nos tiene hartos con sus aires de superioridad baratos. —ambos rieron por el irónico comentario.

Mientras tanto en la habitación de Sango…

—Así que estuvo a punto de besarte —medito la castaña; la azabache asintió—, ¿y que sentiste tú? —Kagome se recostó por completo en la cama mientras respiraba hondo.

—Es… complicado —respondió entrecerrando los ojos—. Por un momento… quise, desee que lo hiciera pero luego... —se sinceró.

— ¿Te gusta? —pregunto observándola de manera acosadora.

— ¡Ay Sango! —se cubrió el rostro con la almohada— no me mires así. Me pones nerviosa. —Sango se rio a carcajadas.

—De verdad te comportas como una niña —le quito la almohada del rostro.

— ¿Si verdad? —Sango asintió y Kagome se sentó correctamente.

—Bien veamos, principalmente, Bankotsu no es de los tipos que te vayan a decir: "te amo" "eres mi vida" "hermosa" ni mucho menos de esos que te vayan a pedir: "¿Kagome quieres ser mi novia?" —la azabache sonrió al oír como Sango trataba de imitar voz de varón—. Pero si analizamos bien la situación… —puso una mano en su mentón— aun no trabajas como las joyas, se ha preocupado por ti, te tiene trabajando en la cocina, no te deja tener acceso a la sala en las noches, mantiene conversaciones contigo en la cocina —decía mientras enumeraba las distintas situaciones con sus dedos—. Vaya son bastantes —dijo mirando su mano. Kagome solo sonrió negando en silencio—. Aunque la verdad… con Bankotsu nunca se sabe —puso su rostro serio—. Recuerda que también ordeno a que te mantuvieran encerrada en aquel cuarto donde casi moriste —le recordó mientras que Kagome solo bajo la mirada—. Lo importante es saber... ¿Qué sientes tú por él?

—Yo… yo no sé —suspiro hondo—. A veces pienso mucho en InuYasha, pienso que ya ha pasado mucho tiempo, y… quizás, él rehízo su vida, ya que al parecer no ha salido por mí.

—Espera Kagome, no seas egoísta, ¿acaso crees que somos tan poco importante como para que nuestras familias nos olviden así como así? —Kagome guardo silencio— Muchas llevamos años en esto. Una vez allanaron esta mansión y nos escondieron en el cuarto oculto, el cual tú conoces perfectamente. Esto es toda una mafia, antes de que allanen la mansión nosotras ya estaremos ocultas, porque hay gente detrás de esto que da las señales que la policía anda cerca.

—Lo sé, es solo que… me siento muy confundida —puso ambas manos sobre su cabeza.

—Tranquila —acaricio su cabello— ¿estas así por él? —pregunto refiriéndose al moreno. Kagome asintió.

—Tengo miedo Sango… tengo miedo de que mis sentimientos por InuYasha desaparezcan —sus ojos se cristalizaron.

—Tranquila Kagome —la abrazo—. Una vez yo también tuve una situación similar, bueno, antes de estar en este lugar, y mi abuela me aconsejo: "si estas confundida entre dos personas… quédate con el "otro" porque si hubieras estado enamorada de la primera persona no te hubieses confundido con la segunda" eso me sirvió y me hizo entender que tenía razón. Aunque la situación no amerita este tipo de consejos... ni siquiera lo conoces bien.

— ¿Tú crees que yo… me estoy enamorando de Bankotsu? —la miro a sus avellanas ojos.

—Eso solo tú lo sabes Kagome —tomo sus manos—. ¿Y tú anillo?

—Lo tiene él —respondió como si nada.

— ¿Y por qué?

—Pues creí que lo había perdido. Un día me pillo revoloteando las cosas en su habitación, me pregunto que qué demonios buscaba —sonrió al recordar su tono de hablar—, le conté y me dijo que él lo tenía.

— ¿Y por qué no te lo ha devuelto? —Sango frunció el ceño.

—Dijo que lo haría cuando lo estimara conveniente. —respondió como si esa respuesta fuese satisfactoria. Aunque que podría discutirle, sabia muy bien que solo tenia que acatar sus decisiones.

Sango la observo preocupada, ya que Kagome dormía con ella y fue testigo de las interminables noches en las que había llorado durante casi dos meses entero por InuYasha y que quería volver a su hogar y ahora se veía… "conforme" con su nuevo estilo de vida. Eso definitivamente no era algo normal.

Cerca de las diez de la noche todos se reunieron en la sala para despedir a sus compañeras y a escuchar atentamente las nuevas órdenes de Bankotsu. Todas las joyas se abrazaban y murmuraban entre ellas; guardaron silencio rápidamente al verlo entrar a la sala.

—Bien —observo como todos los presentes lo miraban atentamente, sonrió, sencillamente le gustaba eso—. Como saben me llevo a estas diez chicas conmigo, quedaran alrededor de cuatro joyas aquí.

—Bueno pero podríamos usar a Sango, Ruma y Amorís. Digo, como reservas —opino Kikyo.

—Mph —sonrió de medio lado—… ¿alguien me oyó pedir alguna sugerencia? —cuestiono observando a los presentes. Todas las joyas negaron en silencio.

—Disculpa la intromisión de Kikyo, ella no quiso interrumpir —interfirió por ella Renkotsu.

—Las cosas siguen tal como hasta ahora han funcionado —prosiguió el moreno—. Las cuatro joyas siguen trabajando como de costumbre. Sango y Ruma siguen con su trabajo… y Kagome —observo a la azabache— sigue haciendo su labor de siempre.

— ¿Cuándo volverás? —pregunto Kagura.

—Pronto… deje algo pendiente —miro de manera cómplice a la pelinegra, quien al entenderlo sus manos comenzaron a sudar rápidamente; mirada que no pasó desapercibida para Kagura.

— ¡Vamos chicas! —ordeno un robusto hombre que había viajado desde Hong Kong.

Al meter a todas las chicas a una van completamente poralizada el hombre robusto subió al asiento del chofer y los otros hombres a los asientos traseros. Metió la llave con intención de calentar el motor mientras esperaban a Bankotsu.

—Quedas a Cargo… como siempre —le ordeno al calvo, éste asintió—. Espero no encontrarme con sorpresas.

—Seguiré tus órdenes al pie de la letra Bankotsu.

—Eso espero… —se alejó y fue junto a Jacotsu—... sabes muy bien. —dijo en voz baja.

—Lo tengo muy claro —le respondió su afeminado amigo.

—Bien. —le dio unas palmaditas y se alejó. Pero antes de lograr subir al vehículo.

— ¡Bankotsu! —resoplo molesto al oír la voz de Kagura nuevamente.

— ¿Ahora qué? —preguntó fastidiado.

—No tardes —pidió evidentemente afligida.

—No confundas las cosas —hablo en un tono serio—. Solo fue sexo, las cosas no han cambiado en nada —le dejo en claro.

—Pero yo… creí que podríamos volver… que podríamos retomar la relación —propuso esperanzada.

— ¿Alguna vez hice la "relación" publica? —sonrió de medio lado al hacerle comillas a esa palabra. Kagura guardo silencio.

—Es solo que yo pensé… —logro pronunciar para ser interrumpida de manera abrupta por él.

—No Kagura. No pienses… —puso sus facciones duras— no pierdas el tiempo haciéndolo. Somos compañeros de trabajo, y tú eres mi mujer de confianza —le dijo poniendo una mano sobre su hombro, pues fue ella quien lo ayudo esa vez con el oficial de guardia en el hospital, para que él se deshiciera de Susan—. Nada más.

—Pero yo te amo —dijo con su voz quebrada, pues ella era muy dura pero cuando se trataba de él toda esa dureza se quebraba y se iba a la basura; llegando a sentirse la flor más vulnerable ante el frió invierno.

—Pero yo no… —le dijo en un tono firme— y si quieres permanecer a mi lado siendo leal como mi compañera —recalco la manera en como la veía—. Limítate a guardar esos absurdos sentimientos. Sabes muy bien que en el mundo en el que vivimos… no sirven.

La observo por un largo rato esperando que le dijera algo pero al ver que la delgada mujer no articulaba palabra alguna, subió a la van, dejándola sola parada en medio del enorme estacionamiento.

Empuño sus manos, pues sabía muy bien que algo se tramaba entre manos con la mocosa esa, solo esperaba que no fuese nada serio, quizás, solo era un capricho. Ella no desobedecería jamás una orden dada por él.

...


Muchas gracias por leer

¡CIRCULO MERCENARIO!

Saludos y bendiciones a todas X'D en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.