Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.
Aclaración: Lo que esta en cursiva serán los pensamientos o recuerdos de los personajes.
Desde ya disculpen la falta ortográfica :)
Chapter: 12
Los Corruptos.
—Ya estoy cansado de toda esta basura —reconoció frustrado el peliplata al salir de la estación de policías, pues no recibieron ni una sola noticia alentadora para calmar su diaria angustia.
—Tranquilo Inuyasha… debemos tener paciencia —menciono comprensivamente el padre de la azabache mientras le daba una pequeña palmadita en la espalda.
— ¡Ya son casi cuatro meses, maldita sea! —sin quererlo se alteró. Sohin no le respondió nada, después de todo, tenía sus razones para reaccionar de esa manera.
—Yo sé eso, hijo —quito la mano que había mantenido sobre el hombro de su yerno—. Estos meses han sido los más duros para mi familia y para mí. Los días son eternos… y las noches dolorosas… ¿y sabes por qué? —InuYasha solo oía en silencio… no sabía realmente que decir— Porque es el único momento en el que me permito desmoronar sin que Naomi o Souta lo noten… tengo que ser fuerte, por ellos, aunque mi alma se esté estrujando dolorosamente por dentro —limpio con su puño una rebelde lagrima que se atrevió a salir sin su permiso de uno de sus ojos—. Y si yo puedo cargar con toda esa presión… tú también puedes hacerlo —alentó al cabizbajo muchacho.
—Tal vez… tenga razón —hablo InuYasha tratando de dar su mejor sonrisa y convencerse en mantenerse firme, después de todo ¿Qué mas podía hacer? lo único que podía hacer a esas alturas era ser positivo… y esperar.
Hace cinco días que las amigas de Kagome habían partido. Las extrañaba pero por sobre todo les preocupaban demasiado como la estarían pasando, o más bien tratando. También sabía que tenia que seguir adelante, ser positiva y pensar que algún día… en algún momento saldría de ahí y volvería hacer libre, con su familia… e InuYasha. Esos eran los pensamientos que diariamente se adueñaban de su mente alentándola a soportar el día a día.
Estaba sentada debajo un árbol en el amplio patio de la mansión, últimamente se pasaba ahí las tardes. Pensaba en cómo serían las cosas si estuviese en casa… pero de golpe la imagen del arrogante líder se le aparecía en la cabeza. Sabía muy bien que él había hecho cosas atroces, según le había contado, pero también sabía todo lo que había sufrido como persona… y ese dolor era inmenso. Se odiaba a si misma por pensar en él sin siquiera darse cuenta.
— ¿Qué piensas tanto? —oyó la comprensiva voz de Sango. Kagome le sonrió al verla ir hacia ella.
—En nada —respondió negando con la cabeza.
— ¿En nada? ¿En serio? —cuestiono sonriente— Tu afligido rostro no dice que estés pensando precisamente en "nada" —Kagome apoyo su cabeza cansada sobre el tronco ¿tan mala era mintiendo?
—Solo extraño mucho a mi familia.
—Eso es muy normal Kagome, de hecho, a pesar de los años que yo llevo acá sigo haciéndolo… y lo seguiré haciendo eternamente —dijo apoyando su cabeza en el hombro de la azabache.
— ¿Crees que en algún momento seremos libres? ¿Qué saldremos de aquí? —pregunto convenciéndose en no recibir una respuesta muy alentadora.
—Las chicas que se han ido de acá… ha sido porque ya están viejas y los bastardos de los clientes no las alquilan, por ende, se vuelven en un gasto, en una carga… y ya no generan ganancias —explico lo que ella había estado viendo durante esos años.
—Bueno, entonces tendremos que esperar a envejecer para ser libres —bromeo la azabache.
—No creas que serás libre Kagome —corrigió la castaña— no libre del todo.
— ¿Por qué dices eso Sango? —la sonrisa que había adornado sus labios se borró de su rostro.
—Porque aunque algún día salgamos de este lugar, seguiremos siendo presas del tráfico humano —la azabache bajo la mirada—. Y más aún… del silencio. Porque quizás querrás salir de acá y hablar, contarles a las autoridades todas las atrocidades que viste y viviste. Querrás ayudar a cada una de las chicas que se queden en este maldito lugar, y más aun a las que amenacen con entrar… pero no lo podrás hacer… no podrás abrir la boca porque ellos serán tu sombra.
Kagome bajo la mirada, comenzaba a entender mejor el sucio lucro que sin quererlo formaba parte. Pues su silencio seria parte de ello.
—Pero ahí planes de protección para testigos según tengo entendido —recordó la esperanzada azabache.
—Ay Kagome —suspiro sonriente Sango al levantar su cabeza del hombro de la que consideraba su única amiga en el lugar—. Admiro tu forma de ser tan positiva… nunca cambies Kag —pidió mientras corría su flequillo a modo de caricia.
— ¿Qué hacen chicas? —ambas fueron distraídas por la chillona voz del afeminado compañero de la castaña.
—Jakotsu —saludo Sango— ¿De dónde vienes?
—Fui a hacer unas compras con Kikyo… anda con un humor insoportable —contó mientras se sentaba junto a las chicas.
— ¿Qué le pasa a la señorita Kikyo? —pregunto Kagome.
—No lo sé —se encogió de hombros— pero anda con humor terrible. Ya casi nadie la soporta.
Estuvieron el resto de la tarde escuchando la quejas de Jakotsu, quien las hacía reír demasiado imitando las voces y gestos de sus demás compañeros, definitivamente, Jakotsu hacia que las tardes fueran un poquito más tolerante para Kagome.
Kagura llegaba cansada a su departamento, pues llevaba aproximadamente cinco días trabajando sin parar en la brigada; cinco días de la partida de Bankotsu y sus duras palabras, necesitaba mantenerse ocupada para no pensar en ello pero cada vez que tenia un instante para descansar, sin quererlo, el ojiazul se adueñaba de sus pensamientos. Se sentó en la pequeña sala del que era su espacio y miro el alrededor del vacío lugar con decepción, tenía casi veintisiete años, y no había hecho absolutamente nada con su vida... nada de lo que ella quería, pues soñaba con formar una familia, tener hermosos hijos, una acogedora casa y una cariñosa mascota que la recibiera con ladridos de felicidad al llegar… y muy dentro en su interior, deseaba casarse de blanco con la persona que hace unos años se adueñaba de su corazón… pero lamentablemente ella no era la dueña de el de él, eso lo sabia perfectamente. Se puso de pie y se sirvió un pequeño vaso de vodka puro, y con el en mano se dirigió al balcón y observo el rojizo atardecer de la ciudad.
—Pudimos ser algo tan bello Bankotsu… —susurro con pesar—… pudimos ser algo maravilloso —cerró sus ojos con tristeza mientras una vida entera junto a él invadía nuevamente sus pensamientos, pues era su más grande anhelo.
Nuevamente la noche caía en la mansión Shikon. Renkotsu estaba sentado en la sala inspeccionando que todo estuviera en orden, ya que esta vez abrían menos joyas de las que acostumbraban a exhibir en las noches de ganancias para ellos. Estaba todo tranquilo hasta que su móvil comenzó a vibrar anunciando un llamado. Respiro hondo al ver el nombre en la pantalla del aparato.
—Hola Bankotsu —saludo fingiendo ánimo.
— ¿Cómo están las cosas allá? —cuestiono en su tono mandante.
—Está todo en orden, preparándonos para la noche —contesto el otro en un tono tranquilo.
—Eso espero. Te estaré llamando para que me informes que todo está en orden —informo. También le preocupaba que hubiese pocas chicas, pues nunca habían escaseado en la gran mansión como ahora.
—Muy bien Bankotsu —y el moreno finalizo la llamada.
Kagome estaba sentada en la cama del cuarto que compartía con Sango, no tenía que hacer… debido a que su trabajo estaba en la cocina incluyendo las noches en la que venían los clientes (estando Bankotsu presente), pero esta vez Jakotsu le había prohibido estrictamente bajar… sin darle razón alguna, y eso la ponía molesta.
— ¡Sango necesito mi caja de maquillajes! —grito al entrar el afeminado Jakotsu.
—Sango no está aquí —contesto la azabache sentada aun sobre la cama.
—Uhm… ¿Y dónde está? —cuestiono al ver los alrededores de la habitación y no encontrarla.
—Ya bajo… hace un rato —respondió mirándolo.
—Ay esa maldita —refunfuño dirigiéndose a la puerta para salir.
—Espera Jakotsu —pidió la azabache al ponerse de pie.
— ¿Qué pasa ahora Kagome? —cuestiono al voltear a verla.
— ¿Por qué no quieres que baje? —pregunto de manera directa, se sentía ahogada estando encerrada.
—Porque no puedes hacerlo… así de simple —respondió al cruzarse de brazos.
—Es que eso es precisamente lo que no entiendo —siguió insistiendo—, todas las noches que han venido esos sujetos he estado en la cocina y ahora me prohíbes bajar, así de la nada.
—No puedes hacerlo Kagome… por favor no insistas —pidió rascando con su dedo índice el costado de su ojo derecho, tratando de tenerle paciencia.
—Mira Jakotsu —dijo tratando de hacerlo entender— me tienen en este maldito lugar encerrada en contra de mi voluntad, por favor, no me obligues a estar encerrada también en esta habitación.
—Kagome deberías ser un poquito más considerada y agradecer que llevas algo así… —poso su dedo índice bajo su mentón a la vez que pensaba—… ¿Cómo cuatro meses? —pregunto— y nadie te ha tocado ni un solo cabello… aun —corrigió. Kagome desvió la mirada.
—Cuando él estaba podía bajar de lo más bien… no entiendo el cambio —hablo refiriéndose a Bankotsu.
—Es que precisamente ahí está el cambio Kagome, Bankotsu ahora no está —la azabache se quedó en silencio ¿acaso él…?—. Ahora por favor no me metas en problemas, ¿bien? —sonrió nervioso y salió rápidamente de la habitación al darse cuenta que había hablado demás.
"Ay yo con mi enorme bocota… ¿Por qué nunca te quedas callado Jakotsu? Se regañaba mentalmente a sí mismo.
Casi era medianoche e InuYasha salía recién de la ducha.
—Es sábado y no sé qué hacer para sacarte de mi cabeza aunque sea unos pocos minutos Kagome —susurro sentado en su cama mientras empuñaba un marco con una fotografía de él junto a su amada azabache; solo vestía la toalla con la que había salido del baño, mientras pequeñas gotas de agua caían lentamente de su largo cabello hacia su espalda.
—InuYasha… —golpeo la puerta Izayoi antes de entrar pero al no recibir respuesta abrió lentamente, encontrándose con la dolorosa imagen de su único hijo. Se acercó lentamente y se sentó en silencio junto a él— Se ve muy hermosa y feliz en esa fotografía —dijo al deducir el por qué del estado anímico de su hijo.
—Si —dijo mientras sonreía al recordar aquel día en que la tomaron.
…
Estaban en un parque cerca del colegio de la azabache; llevaban aproximadamente un mes saliendo a escondidas de sus padres.
— ¿No crees que es muy luego para esto? —pregunto la ruborizada azabache sentada junto a InuYasha sobre una banca.
—Por lo mismo, creo que no deberíamos perder más tiempo —respondió al tomarla de las manos.
—Bueno… —sonrió un poco nerviosa—… tienes razón.
— ¿Entonces…?
—Entonces si… si quiero ser tu novia InuYasha —respondió al abrazarlo.
—Te quiero Kag —le susurro en el oído al abrazarla de manera protectora.
—Y-yo también Inu…Yasha —cerró sus ojos como si fuese un sueño del que no quisiera nunca despertar.
—Mira tomémonos una fotografía —señalo entusiasmado el peliplata al ver una pequeña tiendita de fotos al instante.
—No... InuYasha, mira como ando —dijo refiriéndose a su uniforme escolar.
— ¿Y eso qué? Te ves hermosa —Kagome bajo la mirada avergonzada—… como siempre.
Ambos se dirigieron al pequeño sitio y sonrieron al ver encenderse el "flash" que indicaba la toma fotográfica.
—Salieron muy lindas —dijo Kagome al tenerlas ya en sus manos.
—Si… pero yo me quedare con esta —hablo sonriente al cortar con sus dedos la última fotografía.
—Bien… pues yo me quedare con todas estas —dijo Kagome con burla al guardarlas rápidamente en su cartera.
…
Tenía ese instante guardado en su memoria como si fuese sido ayer, le daba vueltas una y otra vez ¿Qué más podía hacer en esas circunstancias?
—Doy lastima, ¿no? —dijo sonriendo tristemente al notar como su madre lo observaba.
—No InuYasha, no das lastima —respondió acariciando el plateado cabello de su hijo.
—Como que no mamá… —sin darse cuenta presiono el marco que reguardaba la fotografía—… mira en el patético estado en el que me encuentro. Han pasado unos malditos cuatro meses y aun no hay pistas del paradero de Kagome —presiono sus dientes para contener la impotencia que sentía—. El solo pensar que esté sufriendo o que alguien la esté tocando… que un maldito bastardo este abusando de ella me hace perder el control —sin darse cuenta presiono tanto el marco de la fotografía ocasionando que esta se rompiera, y pequeños pedazos de vidrios se incrustaran en sus manos.
Izayoi se arrodillo rápidamente a los pies de su hijo y con mucho cuidado comenzó a retirarlos… uno por uno. InuYasha solo observaba a su madre y veía como al retirar cada pequeño pedazo una gota de sangre se delineaba por su mano.
Sangre… eso hacía que una sensación angustiosa invadiera su pecho.
Se puso unos jeans azules, una camiseta blanca de mangas tres cuarto y unos zapatillas bajas, tenía un plan y si quería que funcionara debería actuar… y rápido.
Bajo las escaleras y podía oír como esta vez habían menos hombres que ocasiones anteriores, pues las otras veces se oían los gritos de estos y sus grandes carcajadas al sentirse los seres más superiores del mundo. Paso sigilosamente hacia la cocina y saco las dosis que había encontrado la vez pasada en la habitación de Bankotsu. Recordó nerviosa como fue que las obtuvo.
…
Cuando salio de la ducha noto rápidamente la ausencia del objeto que la mantenía ligada a su amado InuYasha; se vistió rápidamente y sin dudarlo dos veces se dirigió a la habitación del moreno, con el debido cuidado que nadie la viera. Abrió la puerta y cerró tras ella para buscar más tranquila; busco bajo la cama, entremedio de las frazadas… pero nada. Busco en los cajones, en el bolsillo de las chaquetas que Bankotsu tenía ordenadas en su amplio closet, metió su mano a una chaqueta de mezclilla y sintió algo helado, al sacarlo pudo leer la escritura en el pequeño frasco.
— ¿Qué demonios haces acá? —su piel se heló por completo y su corazón latió desesperado al temer ser descubierta. Ella solo guardo silencio— ¿Qué estás buscando? —cambio la pregunta al ver su closet abierto, era obvio que la chica registraba en busca de algo.
—Ban… Bankotsu yo… —tartamudeo al sentirse acorralada.
— ¿Tu qué niña? —cuestiono apresurando su titubeo.
—Yo… yo solo buscaba mi anillo… creí que tal vez…
—Lo tengo yo —interrumpió abruptamente.
—M-me lo puedes devolver —pidió tímidamente.
—No. —dijo negando seguro.
— ¿Por qué?—pregunto frunciendo el ceño.
—Porque lo haré cuando lo estime conveniente.
Mejor sería no seguir discutiéndole, debía salir pronto de ahí y llevarse lo que había encontrado para usarlo en alguna ocasión en beneficio propio. Rezo para que no se diera cuenta.
—Bien… —dijo conforme con la respuesta del moreno, y en silencio se retiró.
Bankotsu la observo salir en silencio de la habitación y volvió su vista al closet, estaba seguro que algo faltaba. Se lo dejaría pasar solo por esta vez… solo ese momento para que ella se sintiera, o más bien, se creyera segura de lo que había hecho. Él tenia su sospecha.
…
Salió de la cocina y se dirigió a la barra donde pudo notar a un Suikotsu atareado con los tragos.
— ¿Mucho trabajo hoy? —pregunto al abrir la pequeña puerta que dividía la barra con el alrededor del lugar.
—Oh Kagome —saludo sorprendido de verla—, no creí verte por aquí.
—Es que como hay poca gente, creí que podría salir de la cocina un instante —dijo sonriente, necesitaba fingir conformidad.
—Si hay poca gente… pero beben como condenados. Y como es de costumbre en la mansión, siempre le damos un trago por cuenta de la casa —bromeo preparando unos vasos para servir los tragos que daría.
— ¿Si quieres te puedo ayudar? —pregunto con su mejor rostro para que le diera una respuesta positiva.
— ¿De verdad harías eso? —pregunto dudoso de su "amabilidad"
—Por supuesto, lo haría por ayudarte un poco con la carga.
—Bien, si insistes, tráeme ese jarro con jugo natural para aplicárselo al licor —pidió señalando tras él.
—bien. —dijo y se dirigió a la parte trasera de la barra donde estaban posados todos los vasos, este tenia un amplio espejo, así que podía ver perfectamente como Suikotsu estaba concentrado sirviendo ya el licor. Abrió los pequeños frascos de sedante que había encontrado hace ya un tiempo, los vertió todos en ese jugo que le había pedido, y se encargaría de que todos bebieran aunque sea un poco.
— ¿Lo encontraste Kagome? —pregunto Suikotsu ante la demora de la muchacha.
—Sí —respondió acercándose a el—. Aquí esta —se lo entrego y pudo ver como Suikotsu lo echaba de manera segura a los pequeños vasos de vidrio para los clientes, y por la cantidad de vasos, seguramente, también para ellos mismos.
— ¿Podrías llevar estos a esos tipos? —pregunto al pasarle una pequeña bandeja con los tragos.
— ¿A los que están allá? —cuestiono señalando la esquina de la sala. Había alrededor de cuatro hombres.
—Si, por favor —pidió amablemente y Kagome asintió.
Salió con la bandeja entre sus manos y se acercó a los asquerosos tipejos que la miraban de manera lasciva. Dejo los cuatro tragos para cada uno de ellos.
— ¿Y tú eres una nueva joya? —pregunto un hombre de pelo castaño de alrededor de unos treinta y seis años de edad. Kagome no respondió.
—Parece que es muda —bromeo otro de los que estaban ahí sentados.
—Que aburrido —resoplo otro de ellos— oírlas suplicar a gritos es lo que a mí me excita aun más.
—Si en eso tienes mucha razón —otro de los sujeto concordó.
—Kagome… —la azabache se volteó al llamado ignorando la conversación de los hombres frente a ella.
—Jakotsu —dijo al llegar a su lado.
— ¿Qué haces aquí? ¿Qué fue lo que te dije? —cuestiono cruzándose de brazos.
—Estoy ayudando, estoy cansada de que me traten como si me estuvieran haciendo un favor al no dejarme tocar por estos tipejos —respondió haciendo una mueca de desagrado al voltear a ver a los hombres que les había llevado sus tragos.
—Debes subir a tu habitación ahora mismo —ordeno Jakotsu en un tono poco autoritario. Aunque en realidad su voz era así.
—No lo haré —respondió desafiante.
—Vamos Kagome, por favor —pidió al tratar jalarla del brazo.
—Que no —dijo molesta al lograr zafarse.
— ¿Qué está pasando aquí? —cuestiono Renkotsu al llegar al que comenzaba a hacer un escandaloso par.
—Tengo ordenes de mantenerla encerrada en su habitación —respondió el afeminado chico.
—Mph... ¿Ordenes? —cuestiono con algo de sorna.
—Ordenes de Bankotsu —dijo tajante Jakotsu. Renkotsu rodó los ojos fastidiado.
— ¿Y tú qué quieres hacer? —pregunto observando a la azabache.
—Yo solo quiero ayudar a repartir estos tragos a Suikotsu —respondió nerviosa.
—Bueno si solo es eso… hazlo —dijo al cruzarse de brazos.
—Pero Bank dijo… —trato de decir Jakotsu.
—Ay Jakotsu no trabajara como joya… aun —respondió al mirarla de pies a cabeza—, no hasta que nuestro querido mercenario de la orden —hablo con un deje de ironía al usar el seudónimo que le daban a Bankotsu.
—A Bankotsu no le agradara que hayas pasado sobre sus órdenes —dijo Jakotsu al marcharse un poco molesto del lugar. Kagome solo guardo silencio.
—Si algo sale mal… —se acercó a su oído antes de pasar por su lado— quito la cabeza de tu cuerpo en un segundo —amenazo y siguió su camino.
Sango observaba todo desde la barra, pues ya había terminado la parte de su trabajo. Pudo ver como las tres personas hablaban y noto a Jakotsu marcharse algo enojado.
— ¿Qué paso? —pregunto una vez que la azabache llego a su lado.
—Nada Sango… —respondió cabizbaja—… ¿Quieres que entregue algo mas Suikotsu?
—Si Kagome, mira llévame estos tragos a la gente que está sentada en el sofá —indico al pasarle una nueva bandeja.
La azabache se acercó con los tragos y los entrego a las dos personas que estaban sentadas con unas chicas sobre sus piernas. Ninguno le tomo mayor atención pues las chicas sabían muy bien cómo mantenerlos entretenidos en ellas. Kagome se dirigía con intención de ir a la barra nuevamente, pero antes de hacerlo…
—Oye ¿Cuánto hay que esperar para que me sirvan un puto trago? —dijo prepotente uno de los clientes al pescarla bruscamente del codo. Éste era muy delgado, como si tuviese un tipo de adicción a alguna sustancia, pues su delgadez y ojeras daban para pensar en eso.
—Y-yo iré enseguida a buscárselo —respondió asustada.
— ¿Eres una nueva joya? —pregunto al mirarla con un deje de lujuria. Kagome guardo silencio y lo observo asqueada— Porque si es así pagare lo que sea por una hora contigo. —dijo al pegarla a su cuerpo.
—P-por favor… —tartamudeo sintiendo nauseas. Sango iba a ir a interferir pero Suikotsu la detuvo del brazo.
—Él lo hará —dijo haciendo un asentimiento de cabeza al señalar al hombre que se acercaba hacia donde la azabache estaba con el caliente hombre.
— ¿Por qué mejor no la dejas hacer su trabajo? —cuestiono molesto quitando de golpe las posesivas manos del hombre sobre el cuerpo de Kagome.
—No interfieras… —dijo con intenciones de lanzarse a golpear al hombre que interrumpió sus actos, pero éste presiono fuertemente su puño.
— ¿Querías golpearme? —pregunto con ironía el presionar con más fuerza el débil puño de su contrincante.
—Basta Naraku —pidió el afligido hombre delgado.
—Si vuelves a intentar golpearme, mandare a allanar tu casa y que encuentren toda la mierda que tienes guardada... maldito adicto —Kagome quedo en silencio a oír eso ¿acaso ese hombre era un policía?
—Lo siento, nunca más —hablo el hombre y volvió a tomar asiento.
Kagome se encamino a la barra con los ojos pegados en el suelo seguida por el alto hombre, mientras mil y una duda corrían por su mente.
—Hola Naraku, hace tiempo que no te veía por acá —saludo Suikotsu. Kagome solo los veía a hablar, ¿realmente el mundo era tan corrupto? ¿De verdad no se podía confiar en nadie? Distintas preguntas rondaban su cabeza al ver como esos dos hombres conversaban de una forma como si fuesen conocidos de años.
—Kagome… —la llamo Sango— ¿Qué te pasa?
—Él… él… ¿es policía? —cuestiono angustiada casi en un susurro.
—Si Kag, y no solo es policía —la corrigió—. Él es el jefe de la brigada de investigación… su nombre es Naraku, y es uno de los clientes VIP del lugar —contó y Kagome quedo boquiabierta—, además está a "cargo" del caso de nuestras desapariciones, al igual que Kagura —dijo sonriendo con sarcasmo.
Kagome no lo pudo creer, o más bien, se negaba a creer tal grado de corrupción que podía llegar a existir. Era decepcionante.
Eran ya cerca de la una de la madrugada y ya varios clientes comenzaban a caer víctimas del efecto del trago. Todos pensaban que quizás, era por la cantidad de tragos bebidos. Bajo Jakotsu quien aviso a Renkotsu que subiera a la habitación debido a que Kikyo se sentía mal y necesitaba que la cuidara; éste subió rápidamente. Naraku y Suikotsu seguían conversando de distintos temas, mientras Sango volvía a hacer su parte del trabajo y también Jakotsu.
Kagome vio la oportunidad perfecta para escapar, y sin avisarle a nadie a causa de la desesperación de perder su oportunidad de libertad, se dirigió hacia su habitación donde dormía con Sango. De manera segura lanzo las sabanas que había tenido preparadas antes de bajar a la sala, se subió a la ventana, y sin complicaciones comenzó a bajar, la altura no era tanta. Se subió a un muro de contención de alrededor de dos metros y camino sigilosamente por ahí, no se veía ni un guardia de los que custodiaban la entrada. Se bajó y atravesó el espacioso estacionamiento hasta llegar a las gruesas y altas rejas que la privaban de su libertad, se acercó casi temblando a la caseta donde, seguramente, estaba el botón que las abriría, respiro hondo al ver que el hombre que "supuestamente" debería de estar a cargo dormía. Con el mayor cuidado y respiración que pudo contener logro presionarlo y estas comenzaron a abrirse, lo que ella no tomo en cuenta fue que al abrir las rejas esta ocasionaría un fuerte ruido, despertando al guardia.
— ¿Pero qué demonios? —se preguntó al despertar de golpe a causa del ruido. Kagome abrió sus ojos desmesuradamente y corrió hacia las rejas.
El hombre era un poco robusto, por ende, no pudo correr tan rápido como quiso tras ella.
Las rejas se abrían lentamente, Kagome estaba desesperada, volteó atrás y pudo ver como Suikotsu y Naraku salían de la mansión. Las rejas llevaban abiertas alrededor de unos treinta centímetros y gracias a la delgadez de la chica pudo lograr salir.
— ¡¿Por qué mierda no la atrapaste?! —grito Naraku al pasar corriendo por al lado del guardia.
— ¡Lo siento! —fue lo único que pudo decir antes de verlo pasar rápidamente en frente de él.
Kagome corria lo más rápido que sus piernas se lo permitían, no quería mirar atrás porque estaba segura que la venían siguiendo, seguramente, si lo hacia solo la haría tropezarse y caer como muchas otras veces le había pasado al correr de InuYasha mientras jugueteaban. Solo veía arboles y amplias áreas verdes a los alrededores, su respiración comenzaba a agitarse cada vez más pero no se detendría; logro divisar un par de propiedades a unos cuantos metros.
— ¡Por favor ayuda! —grito mientras corría desesperada por la calle, estaba segura que aun la seguían— ¡Alguien que me ayude! ¡Por favor necesito ayuda! —gritaba desesperada mientras lagrimas comenzaban a brotar de sus ojos efecto del temor.
De ninguna de las casas a grandes distancias salía ni una sola persona. No sabia que hacer, trataría de seguir corriendo pero su falta de costumbre y su agitada respiración a causa de los fuertes gritos comenzaban a jugarle en contra.
— ¡Por favor! —suplico con la voz marcada en dolor.
Pudo divisar una nueva casa a unos cuantos metros, y esta vez, esta propiedad tenía las luces encendidas. "Por favor Dios… ayúdame" suplicaba mentalmente mientras corría.
— ¡Ayud…! —pero antes de poder dar su último grito de súplica sintió una fuerte mano golpear tras su espalda ocasionando que cayera de cara en seco contra el pavimento... todo se puso oscuro.
Abrió sus achocolatados ojos observando el alrededor, todo se volvió decepcionante al reconocer el lugar, entrecerró los ojos al sentir ardor en todo el costado de su mejilla, tenia todo ese lado del rostro rasmillado por la fuerte caída. Observo quien ocasionaba ese dolor y se encontró con el molesto rostro de Sango limpiándole la herida.
—S-Sango… —hablo con la voz quebrada. La castaña solo negó en silencio— Sango… yo…
—Tu nada Kagome —interrumpió molesta, ni una de las dos hablo por un largo momento— ¿En qué mierda estabas pensado?
—Y-yo solo quería irme.
— ¿Acaso crees que eres la primera en intentarlo? —cuestiono molesta. Kagome solo se fregaba las rodillas con sus manos, tal vez, por el nerviosismo.
—Yo no sé qué vas hacer ahora Kagome, todos están muy molestos.
— ¿Por Dios que voy hacer? No quiero estar acá, me quiero ir, me quiero ir —se decía a sí misma con la vista casi desorbitada.
—Kagome quieres controlarte, te dije ¿no? te dije que no hicieras nada indebido —Sango alzo la voz levemente molesta por lo preocupada que estaba por Kagome.
—Sango déjanos solos —ordeno Renkotsu al entrar acompañado por Naraku y el tipo que había estado de guardia.
— ¿Qué vas a pasar con…? —quiso preguntar.
—Sango vete —ordeno molesto ahora Naraku. Sango asintió y le dio una mirada de compasión a su amiga y subió las escaleras a su habitación.
— ¿Cómo fue que paso? —cuestiono posando una mano sobre su calva cabeza.
—Lo siento Renkotsu, de verdad te ruego que me perdones… solo... me dormí —trato de justificarse el sujeto que había estado de guardia.
—Sabes que en este negocio no hay lugar para los errores —dijo en un tono amenazante.
—Tú también has cometido los tuyos, ¿acaso no tengo derecho también a equivocarme? —pregunto molesto, pues era la primera vez que se equivocaba durante todos los años que llevaba trabajando en la mansión junto a Tsunae.
— ¡No te compares conmigo! —grito molesto el calvo.
—Te crees muy especial, muy importante, ¿no? —se puso de pie desafiante frente a él— ¡Solo eres una maldita marioneta más de Bankotsu!
El calvo no aguanto su insolencia y con la llave del vehículo que había querido utilizar para ir a buscar a la azabache, la enterró en el cuello del ahora, ex-guardia, quien comenzó a sentirse ahogado para luego caer al suelo ocasionando su muerte. Kagome quedo impactada cubriendo su boca con su temblorosa mano. Renkotsu se acercó a ella y pesco su rostro fuertemente con una de sus manos.
—Si vuelves a intentar una estupidez como la que hiciste hoy, estrangulo a tu papá, me violo a tu mamá y le quito los órganos a tu hermano vivo para que sufra a causa de las malditas acciones de la puta de su hermana… —las pupilas de Kagome temblaban debido al miedo—… ni siquiera te imaginas lo que le haría a tu prometido… porque lo torturare lentamente al ver cómo te violo una y otra vez frente a él.
Los ojos de Kagome se pusieron cristalinos, y las lágrimas brotaron; Renkotsu sonrió de manera maliciosa al verla tan intimidada y la soltó de golpe, haciendo que la cabeza de Kagome chocara con la cabecera del sofá.
— ¿Le avisaste? —cuestiono Renkotsu observando aun a Kagome.
—Si —respondió Naraku guardando su móvil—. Dijo que se viene inmediatamente.
—Debiste pensarlo mejor niña. Aun no conoces a Bankotsu enojado —volvió a sonreír al verla tan mal.
Kagome se quedó congelada ante las amenazas de Renkotsu y más aún ahora que venía en camino Bankotsu… ¿Qué haría?
...
Muchas gracias por leer
Quiero agradecerles a todas las que les a gustado como va el fic, en especial a mis hadas madrinas jajajaja así les puse ahora. Aidee & Rogue. :)
¡CIRCULO MERCENARIO!
Saludos y bendiciones a todas X'D en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.
