Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.
Gracias Ljubica por haber avisado en el grupo de Facebook mi actualización pasada :) Sabes que te aprecio un recontramegamontón ;)
Aclaración: Lo que esta en cursiva serán los pensamientos o recuerdos de los personajes.
Desde ya disculpen la falta ortográfica :)
Chapter: 14
El Comienzo de los Errores.
Un mes ya había transcurrido desde el último encuentro entre Bankotsu y Kagome; la azabache no había podido borrar completamente los recuerdos de su mente, tratando de bloquearlos cada vez que se daba un baño, pues recordaba muy bien las manos del moreno manosearla y estremecer su cuerpo, odiándose así por ello. Bankotsu volvió a los tres días después de su encuentro con Kagome a Hong Kong ya que no había estado en sus planes volver tan pronto a Tokio, así que se marchó sin dar mayor información, como era de costumbre.
Renkotsu llevaba de la mano a una joven chiquilla que no superaba los veinte años de edad, la hacía apresurarse rápidamente por las calles menos concurridas de Tokio hacia un hotel para un cliente que se lo había pedido. La chica caminaba torpemente por la ciudad y extremadamente temblorosa por no saber lo que le esperaba, pues en los dos años que estuvo cautiva nunca la habían sacado de la mansión Shikon.
Llegaron a un horrible hotel de mala muerte, y siendo apresurada por el calvo sujeto que le daba varios empujones subió las escaleras… entre sollozos y suplicas. Renkotsu la detuvo fuertemente del codo y le recordó nuevamente cómo era que funcionaban las cosas.
—Mira Saiko, las cosas son muy sencillas, si no haces lo que te estoy ordenando tu familia será la que pague muy caro las consecuencias de tu maldita resistencia —amenazo al señalarla.
La chica solo guardaba silencio ante la amenaza mencionada por el calvo sujeto que la miraba de manera despectiva; presiono de manera brusca su mandíbula para no dejar escapar el gemido a causa del llanto que dolorosamente intentaba contener.
— ¿Acaso quieres que la inútil de tu madre pague por tus errores? —cuestiono con malicia— Mira que por su estado de discapacidad no creo que sea muy difícil atraparla. A menos que su silla de ruedas tenga turbo o algo parecido —bromeó con burla ante su cruel comentario.
La chica solo guardo silencio por largos segundos sin poder contener las lágrimas que comenzaban a brotar de sus celestes ojos. Renkotsu al ver que la rendida chica ya no pondría resistencia alguna la pesco nuevamente del codo y la arrastro hacia una vieja puerta de una de las habitaciones del mal cuidado hotel.
Renkotsu golpeo un par de veces y la perilla de esta se giró con un poco de dificultad, quizás, debido a los años de antigüedad que tenía. De ahí salió un hombre enormemente robusto, de alrededor de unos ciento cincuenta kilogramos; la chica al ver al asqueroso sujeto abrió sus ojos a más no poder e intento contener las arcadas que sin querer hacia, pues podía intuir muy bien lo que se le vendría. Renkotsu tranzo unas pocas palabras con el gordo hombre y a cambio recibió una gran cantidad de dinero.
—Treinta minutos —índico antes de marcharse.
La delgada muchacha entró de manera tambaleante a la habitación, observando el alrededor de esta; las paredes eran forradas con un viejo papel tapiz que ya estaba rasgado en varias partes, el suelo era de madera y estaba todo apolillado, y el techo estaba manchado de color café claro con lo que parecía ser agua de lluvias anteriores. Salió de sus pensamientos al oír como el asqueroso sujeto comenzaba a desabrochar su cinturón para lo que seguramente esperaba, un satisfactorio sexo oral de parte de la delgada y temerosa chiquilla.
Las piernas de Saiko comenzaron a flaquear al verlo acercarse lentamente a ella… y ya no dudo, llevaba un par de años siendo sometida, tocada y abusada por extraños y ya no podía más… ya no quería más. Observo la única oportunidad de escape que vio, una pequeña ventana que había en la habitación, esta estaba forrada con distintos tamaños de pedazos de cartón, y sin pensarlo dos veces… corrió como sus piernas se lo permitieron y se lanzó.
El obeso hombre con todo su esfuerzo avanzo rápidamente a la ventana y vio el cuerpo de la chica prácticamente reventado contra la vereda de la calle. Ya que ellos habían estado en un quinto piso.
Renkotsu salía satisfecho del hotel guardando el dinero recién pagado por el regordete cliente quien disfrutaría probando a la chiquilla, pero grande fue su sorpresa al ver un montón de gente rodeando algo, de curioso se acercó a echar un vistazo y sus ojos se abrieron desmesuradamente al reconocer la presencia humana de quien se trataba semejante atención.
No se pudo quedar a oír lo que la gente comenzaba a murmurar y disimuladamente se retiró del curioso grupo de personas que señalaba de adonde había caído la chica, ahora sí que estaba en problemas ¿Qué le diría a Bankotsu? Pues Renkotsu estaba haciendo sus negocios por fuera hace ya un par de semanas, y ahora, con la muerte de la estúpida chiquilla esa se le vendría un enorme problema encima; no sabía cómo debería actuar, ni mucho menos que decir, sus manos comenzaban a sudar y su cabeza con mucha dificultad a tratar ya de inventar una estrategia para zafarse del que sería un enfurecido líder.
—Oficial Moushin hubo un accidente… llamaron los del servicio médico legal e informan que una chica se suicidó desde un quinto piso.
Miroku se puso de pie rápidamente al recibir la información dada por uno de sus compañeros de trabajo, pues había estado sentado toda la mañana en su escritorio releyendo una y otra vez los informes de cada uno de los sujetos que tenían archivados para asegurarse de que no se le estuviese pasando algún detalle.
— ¿Dónde es Hoyo? —pregunto mientras se ponía la chaqueta de la brigada.
—En la zona oscura de Tokio, tengo anotada la dirección ¿quiere que lo acompañe? —pregunto interesado en integrarse.
—Sí, vamos —respondió rápidamente Miroku al salir de la oficina de la brigada— ¿El comisario sabe de esto? —cuestiono mientras encendía el motor del jeep.
—Lo llame pero no contesta su móvil, y la oficial Kagura está de franco, así que no quise molestarla —informo un poco tímido, pues Hoyo era un oficial nuevo en el caso.
Al cabo de unos largos minutos se bajaron del jeep policial y se sorprendieron al ver una curiosa multitud cerca del que seguramente sería el fallecido cadáver, pues los detectives del servicio médico legal con dificultad los mantenían alejados mientras otros de ellos despejaba el perímetro con una cinta de prohibición.
—Buenas tardes —saludo tendiendo su mano— soy el oficial Miroku Moushin —se presentó.
—Buenas tardes —respondió al saludo—, soy el sub-comisario Shiro… esperaba ver a su superior.
—Él no contesta las llamadas —informo Hoyo.
—Bueno, es solo que había hablado con él ese día en el hospital, le dije que si sabíamos algo respecto al caso en el que están investigando lo mantendríamos informado.
—Pero estoy yo —Miroku dijo un poco molesto, pues sintió como si lo trataran como un inexperto—. Estamos en el mismo caso, así que creo que da igual si viene él… o yo. —finalizo el dialogo poniéndose unos guantes quirúrgicos para acercarse al fallecido cuerpo de la muchacha, empuño sus manos molesto al ver los leves hematomas en sus piernas, brazos y rostro, supuso, debido a antiguos golpes.
— ¿Crees que sea una de las chicas traficadas? O ¿Crees que pudo haber sido una prostituta por elección?—cuestiono Hoyo al llegar junto a Miroku.
—Sin documentación, ni dinero que haya ganado… no lo creo —negó rápidamente—. Estoy seguro que esta chica fue víctima del tráfico humano.
—El tráfico humano… —susurro Hoyo viendo el triste rostro de la fallecida muchacha aun en el suelo.
—Invertir tu dinero en kilos y kilos de droga es un buen negocio, la venderás y obtendrás tu ganancia, pero después de un tiempo debes volver a invertir y así sucesivamente. En cambio el tráfico humano… inviertes dinero para traer a una inocente mujer en busca de un nuevo sueño, o algo tan sencillo como un mejor trabajo; la diferencia entre el tráfico de drogas y el tráfico humano, es que a las personas las puedes hacer ejercer la prostitución cuantas veces se te venga en gana al día… todos los días —hablaba frustrado a la misma vez que quitaba unos mechones de cabellos sobre el demacrado rostro de la muchacha—, sin volver a invertir dinero en ellas… solo generando ganancias para esos putos bastardos. El tráfico humano es el sucio negocio del futuro… es por eso que me empeño todos los días en encontrar a esos malditos y hacerlos pagar de una buena vez. —finalizo al ponerse de pie para comenzar el trabajo.
Ya eran cerca de las siete de la tarde y el sol comenzaba a caer; Kagome veía el rojizo atardecer a través de la amplia ventana que estaba en la habitación de Sango.
—Últimamente me da miedo quedarme dormida —comentó la azabache al abrazarse a sus piernas.
— ¿Por qué?—pregunto Sango doblando la ropa que había lavado el día anterior.
—Estoy teniendo unas pesadillas muy extrañas —dijo desanimada.
—Solo son pesadillas… —sonrió la castaña al acercarse a Kagome y acariciar su cabello— no te pasara nada malo.
—Es que no entiendes, no es una simple pesadilla —explico al mirarla—. He tenido el mismo sueño durante toda una semana.
— Haber… —le presto más atención— ¿Qué es lo que sueñas? —cuestiono intrigada al ver el afligido rostro de la que consideraba su amiga.
—Sueño con InuYasha… sueño que está conmigo… que me abraza de una manera muy protectora, que por fin todo ha terminado, y cuando me siento completamente a salvo junto a él…—sus palmas comenzaron a sudar—… puedo sentir como una fuerte mano me jala de una manera muy brusca de su lado… despertando solo cuando escucho fuertes gritos.
—Pero… solo es un sueño —le hizo entender amablemente.
—Yo nunca había tenido una pesadilla así, Sango —le contó preocupada—. De verdad estoy asustada.
—Tranquila Kagome —dijo al darle un cálido abrazo.
Izayoi llegó a la atardecer para variar de su trabajo en el bufete de abogados, dejo su cartera sobre el desgastado sofá que tenia en la sala y se dirigió cansada a la cocina por un vaso de agua, pero antes de llegar su atención fue llamada por un sobre blanco de papel encima del pequeño comedor. Lo leyó rápidamente, respiro hondo y se dirigió a la habitación de su hijo.
—InuYasha… —menciono al tocar la puerta.
—Pasa mamá —dijo sin ánimos, recostado sobre su cama boca arriba y con ambos brazos doblados cubriendo su rostro.
— ¿Cómo es esto que reprobaste un ramo? —pregunto extrañada al enseñarle el papel en sus manos, pues InuYasha no era un chico de malas calificaciones.
— ¿Uhm? —vio a su madre por un par de segundos para luego volver a cubrir su rostro— Era eso.
— ¿Cómo qué era eso? —pregunto molesta— ¿Acaso piensas reprobar el semestre?
— ¡Ay mamá! —dijo fastidiado—. No porque haya reprobado un ramo significa que vaya a reprobar el semestre… o el año —Izayoi se acercó a su hijo tratando de contener su molestia.
—InuYasha… —éste no la miro— InuYasha Taisho te estoy hablando —dijo con voz autoritaria al quitar los brazos del rostro de su hijo.
— ¡¿Qué mamá?! —preguntó enojado sentándose correctamente sobre la cama con el ceño fruncido. Andaba idiota ya que se habían cumplido un poco más de cinco meses en que no tenía ni una sola pista del paradero de su querida Kagome.
—Ya es suficiente —dijo Izayoi poniéndose de pie.
— ¿Qué es lo suficiente? —cuestiono en un tono cansado pero aun molesto.
—Creo que es suficiente que sigas jodiendo tu futuro porque Kagome no está a tu lado —dijo segura de lo que decía, esta vez sería lo bastante clara para que su hijo reaccionara de una buena vez.
— ¿Qué me quieres decir con eso? —cuestiono serio— ¿Acaso quieres que de vuelta la página como si nada estuviera pasando? ¿Quieres que me olvide de ella así como así? —miró fijamente a su madre. Izayoi suspiro hondo.
—Sí, creo que es lo mejor que puedes hacer en estos momentos —el rostro de InuYasha se ensombreció e Izayoi se sintió mal por ello, haciéndose un breve e incómodo silencio para ambos en la habitación del peliplata.
—No me puedes pedir que la olvide así como así —dijo apretando sus dientes—. Kagome no es una de las tantas novias que he tenido… ella es diferente, es mi prometida, y la mujer que quiero en mi vida —le dejo claro a su madre.
— ¿Y tú crees que ella te querrá en un futuro en la suya? —cuestiono molesta de que InuYasha siguiera con la idea de que Kagome era única.
— ¿Y tú crees que no? —cuestiono molesto también ¿en qué momento su madre cambio el pensamiento que tenia de su relación con Kagome?
—Creo que no. Si Kagome te hubiese respetado como tú lo haces no hubiese hecho ese maldito casting —le reconoció molesta—. Y si te hubiese amado como tanto decía hacerlo te hubiese contado que había quedado seleccionada y que saldría de Sendai —dijo ya harta de guardar sus pensamientos.
—Es muy triste lo que piensas mamá —respiro hondo y un poco decepcionado.
—Ella solo tiene diecisiete años y tú pronto cumplirás los veintidós… Kagome aún es una niña —dijo por última vez tratando de que se hijo comprendiera de una vez por todas la situación en la que estaba. InuYasha se puso de pie y se detuvo a su lado.
—Es triste que pienses de esa manera madre —volvió a decirle y camino unos pasos tomando la perilla de la puerta con su mano—, pero Kagome es la mujer que elegí para mí y tendrás que aceptarlo… te guste o no —menciono cabizbajo antes de salir.
Izayoi se quedó de pie sola en medio de la sencilla habitación con un doloroso nudo en su garganta, pues a ella también le preocupaba lo que pasase con Kagome… pero InuYasha era su prioridad por sobre todas las cosas, y aunque quiso hacerle entender la realidad se sorprendió de la resistencia de los sentimientos de su hijo, ya que éste no dudo ni por un solo segundo de lo que sentía.
Bankotsu estaba sentado en una cómoda silla en el amplio balcón de una de las casas de, ahora, Yokohama… bebiendo como era de costumbre un fuerte trago que hiciera que su garganta ardiera al bajar lentamente el líquido por ella. Su móvil que yacía en la pequeña mesa de cristal comenzó a vibrar anunciando una llamada.
—Bueno… —dijo al presionar el botón para que la llamada entrara.
—Bankotsu…
— ¿Qué pasa ahora Naraku? —dijo al mismo tiempo que ponía unas gafas negras sobre sus azules ojos, pues el sol comenzaba a descender y golpeaba levemente contra estos— Últimamente cada vez que me llamas es para anunciarme un nuevo problema —se puso de pie y apoyo uno de sus brazos sobre la gruesa barandilla estilo rustica del balcón.
—Es que… nuevamente te quiero informar de un problema —dijo al tragar saliva.
—No creo que tenga algo que ver con esa mocosa fastidiosa nuevamente, ¿o me equivoco? —cuestiono sin darle ni una pizca de relevancia.
—No, no, no —menciono rápidamente— ella no ha vuelto a dar problemas —guardo silencio.
—Bien… ¿entonces qué pasó? —cuestiono nuevamente.
—El servicio médico legal llamo a la brigada de acá de Tokio —dijo nervioso— diciendo que encontraron a una chica.
— ¿Qué mierda dices? —su semblante se volvió serio.
—Que una de las joyas se te escapo Bankotsu. La encontraron muerta, no sé qué habrá pasado en realidad pero lo solucionare, te lo aseguro… tú solamente está tranquilo —dijo Naraku tratando de apaciguar la conversación.
—Mph… ¿Qué me quede tranquilo? —cuestiono con ironía.
—Averiguare todo lo que paso Bankotsu… confía en mi —pidió afligido pero el ojiazul ya no contesto nada, solo finalizo el llamado dándole a entender así su molestia.
Bankotsu respiro hondo y estiro su cabeza cansado hacia atrás alguien estaba detrás de toda esa situación de eso estaba más que seguro, pues era imposible que una de las joyas pudiese salir así como si nada de la mansión ya que desde el intento de escape de Kagome él mismo se había encargado de aumentar considerablemente la seguridad.
—Estoy rodeado de ineptos y buenos para nada —suspiro cerrando sus ojos al rascar su sien. Pondría un alto a las traiciones de una buena vez.
— ¿Qué pasa Renkotsu? —pregunto curiosa Kikyo al verlo entrar a su habitación con el rostro pálido y su calva brillante debido al sudor— ¿Dónde habías estado todo el día?
—Tenemos que irnos —informo al dirigirse al closet de la delgada mujer y empezar a sacar toda la ropa de ella.
— ¿Irnos? —cuestiono mirando como tiraba toda su costosa ropa sobre la cama.
—Si Kikyo, irnos —repitió nuevamente.
—Haber espera… —tomo una de sus manos para que se detuviera— ¿Irnos? ¿Irnos a dónde?
—Lejos, muy lejos —dijo al verla fijamente a los ojos.
— ¿Q-qué fue lo que hiciste? —se atrevió a preguntar, pues por algo huía.
—Escúchame atenta Kikyo —dijo al hacerla sentar a los pies de la cama y posar ambas manos sobre el fino rostro de la blanca mujer que tenia cautivado su corazón—. Hace un tiempo estoy haciendo mis negocios en privado, saco a las joyas y gano mi propio dinero con otros clientes —Kikyo lo observaba sin creerle lo que decía—. Hoy… hoy murió una de ellas.
— ¿Cómo que murió? —cuestiono al quitar de golpe las manos de él sobre su rostro.
—Se lanzó desde un quinto piso —contó mientras se hincaba y movía sus manos—, llego la policía… —dijo nervioso— en estos momentos Naraku ya debe de haberle contado todo a Bankotsu y el muy maldito debe estar enterado de todo.
Kikyo abrió los ojos desmesuradamente y su rostro se descoloco y palideció aún más; Renkotsu se preocupó al verla en ese estado y se acercó a ella.
— ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? Dime algo —insistió al ponerse de pie y sostenerla de los hombros.
—Debe estar asustada —dijo de manera desinteresada al estar apoyado sobre el marco de la puerta con ambos brazos cruzados.
—B-Bankot… su —logro apenas articular mientras pequeñas gotas de sudor caían lentamente por donde deberían de estar sus patillas.
— ¿Sabes? Venia pensando en qué pudo haber pasado con la chica y… —sonrió de medio lado mientras bajaba su mirada y negaba en silencio— justo cuando te andaba buscando oigo tu confesión —lo observo aun con la sonrisa en sus labios—, definitivamente, el dicho: "se pilla más rápido a un mentiroso que un ladrón" es muy cierto —dijo al encogerse de hombros.
—Bankotsu yo… —quiso decir pero fue interrumpido por el moreno al suponer lo que diría.
—Sí Renkotsu, claro que me lo explicaras —dijo al pararse correctamente— pero en mi oficina —ordeno al caminar para que lo siguiera.
Renkotsu trago duro la saliva que tenía contenida en su boca y tras dar una última mirada de preocupación que fue sostenida por la de Kikyo, siguió al moreno.
Bankotsu salió de la habitación de Kikyo y antes de dar vuelta por el pasillo que daba acceso hacia las escaleras para subir a la tercera planta, choco con una despistada persona.
—Deberías darte cuenta cómo caminas —dijo molesto.
La azabache apretó fuertemente los ojos al reconocer esa varonil voz, no entendió por qué sus manos comenzaron a sudar, y menos aún, por qué su corazón golpeo fuertemente contra su pecho.
—Y-yo lo siento —dijo al hacer una leve reverencia.
—Ya basta de estupideces —dijo fastidiado, no tenia ganas de oír tartamudeos, titubeos ni nada parecido. Comenzó a subir las escaleras y ella quiso seguir su camino—. Oye… —dijo y Kagome se detuvo abruptamente—… más rato te quiero en mi oficina.
La azabache se tensó ante su serio rostro y comentario ¿Acaso estaba enojado? ¿Ella había hecho algo mal? Miles de preguntas relacionadas invadieron su cabeza, para variar.
—Apenas te mande a llamar, subes… ¿quedo claro? —cuestiono al voltearla a ver. Kagome asintió y siguió su camino.
Antes de pasar por el corredor que llevaba a la torre donde estaban las habitaciones de las joyas vio como Renkotsu salía cabizbajo de la habitación de Kikyo siguiendo el mismo camino que el moreno había tomado anteriormente. Renkotsu la observo molesto y Kagome corrió hacia la habitación de Sango.
Toco dos veces la puerta antes de entrar, anunciándose a sí mismo.
—Pasa —dijo Bankotsu desde el interior.
—Permiso —dijo Renkotsu al cerrar la puerta tras él.
Bankotsu le hizo una seña con sus serios y azules ojos indicándole así, que tomara asiento.
—Jefe yo le puedo explicar todo —trato de justificar su comportamiento apenas se sentó.
— ¿Qué es lo que me vas a explicar? —cuestiono molesto— ¡Que sacaste a una de las putas importándote una mierda en todos los riesgos que pudiste habernos metido… a todos! —le grito, realmente estaba enojado.
—Lo sé, sé muy bien que fue una imprudencia de mi parte —dijo nervioso— pero tengo mis razones para hacer esto.
—Así… —dijo en un tono irónico— ¿Y cuáles serían esas razones?
—Me quería retirar de todo esto… quería empezar de cero… quería cambiar —Bankotsu soltó una enorme carcajada llena de burla.
— ¿Empezar de cero? ¿Cambiar? —alzo ambas cejas— ¿Hablas en serio? —para luego negar con la cabeza—. Nosotros no cambiamos, somos animales sin sentimientos y estamos acostumbrados a toda esta basura que nos rodea —dijo al alzar ambos brazos recordándole así donde era que pertenecían.
—Te equivocas —tuvo el valor de discutirle—, tú y yo somos muy diferentes.
—Obviamente, en eso no hay punto de comparación —su rostro se puso serio—, yo jamás traicionaría a uno de mis compañeros. Siempre he sido lo bastante leal a cada uno de ustedes.
—Pero jamás has tenido algo o más bien a alguien por quien preocuparte… o proteger —dijo tranquilamente.
— ¿Y tú si? —frunció el ceño molesto ¿alguien por quien preocuparse… o proteger? Eso definitivamente lo fastidio pues él era el sujeto más leal y correcto al mundo en el que estaban ligados, ya que había hecho muchas cosas por salvarle el trasero a cada uno de los que trabajaban a su alrededor. Ningún jefe ligado a ese rubro se había manchado tanto las manos con sangre como lo había y seguía haciendo él.
—Kikyo está embarazada —dio la razón por la que había hecho su imprudencia—. Quiero sacarla de este lugar, no quiero que mi hijo nazca rodeado de todo este mal vivir.
—Ya veo… —dijo Bankotsu al entrelazar sus dedos a la altura de su mentón— de todos modos es una lástima —dijo para luego ponerse de pie.
Renkotsu trago duro al sentirse intimidado por la segura postura del moreno, sabiendo lo que vendría.
—Vamos a finalizar esto de una buena vez —dijo al remangar las mangas de la negra camisa que traía puesta.
—Terminaremos esto de una vez por todas —se puso de pie desafiante.
Bankotsu hizo su cabeza a un lado al esquivar un golpe que Renkotsu le había lanzado, el calvo no tuvo oportunidad para reaccionar a la fuerte patada que Bankotsu le lanzo en pleno estómago, ocasionando que éste posara sus manos en el; Renkotsu respiro hondo y se lanzó contra el moreno lanzándolo con facilidad sobre la fina madera del escritorio (gracias a su altura), arrojando al suelo la variedad de adornos metálicos que estaban sobre este. Renkotsu aprovecho la posición para darle dos fuertes combos en ambas mejillas del ojiazul; y el moreno con la rabia que sintió logro sacárselo de encima con un fuerte empujón; el calvo quien cayó al suelo aprovecho para estirar su mano y tomar un puntiagudo elemento metálico (de los que habían caído anteriormente). Cuando Bankotsu se bajó del escritorio sintió como un duro objeto prácticamente se enterraba a un par de centímetros de uno de sus ojos, apretó estos para tratar de contener el dolor que rápidamente se convirtió en ira, se lanzó sobre él y le dio combo tras combo y cegado por la ira que había aumentado saco la pequeña daga que guardaba siempre en una de sus botas y sin dudarlo dos veces la enterró en su cuello, precisamente, en la parte más sensible de su ahora, ex-compañero.
Aun encima sobre quien consideraba un vil traidor logro verle el afligido rostro de dolor al tratar de apretar torpemente su cuello para detener la hemorragia, observo su pecho subir y bajar con desesperación al tratar de respirar y al cabo de unos cuantos segundos sus ojos se pusieron blancos. Salió de encima y se tiro a un lado de Renkotsu, aun sentado en el suelo apoyo su espalda en la parte del costado de la madera del escritorio. Observo el fallecido cuerpo de Renkotsu molesto y a la vez dolido, pues éste en años anteriores le había sido de mucha ayuda.
—Tú mismo fuiste quien cago todo —dijo al darle una patada aun ambos en el suelo—. Sabias muy bien que lo que nunca aceptare son los traidores —dijo presionando sus dientes. Pues esos tipos de "elementos" no servían de nada para su negocio, teniendo que desvincularlos rápidamente, no dejaría que sus demás compañeros fueran perjudicados por culpa de un cobarde traidor.
Se puso de pie y marco un número.
— ¿Bankotsu? —pregunto sorprendido Jakotsu al reconocer el número.
—Dile a Kagome que suba inmediatamente a mi oficina.
— ¿Estás aquí?
—Inmediatamente —volvió a repetir sin responder a su pregunta ¿Qué no era obvio?
Jakotsu entro a la habitación de Sango sin tocar, como era su costumbre.
— ¡Ay Jakotsu! —grito la azabache al cubrir su cuerpo rápidamente con una esponjosa toalla, pues había salido recién de la ducha.
—Bankotsu te llama —dijo sin siquiera inmutarse por la bochornosa situación, para ella, claramente.
—Pero mira cómo estoy —dijo al estar cubierta solo por la toalla.
—Kagome, de verdad que sonaba molesto —dijo entrecerrando los ojos al comprender la incomodidad para ella—. Por favor sube —le pidió de modo amable.
La azabache entendió y ya no quiso discutirle, pues estaba claro que Jakotsu no mentía debido a que lucía un rostro preocupado; además si estaba molesto no quería terminar por hacerlo enojar ella precisamente. Respiro hondo y subió avergonzada las escaleras. Toco antes de entrar.
—Entra —respondió Bankotsu desde el interior.
Kagome abrió desmesuradamente los ojos y cubrió su boca con sus manos al ver el estado del cuerpo de Renkotsu; estaba muerto tirado en el piso con sus ojos en blancos y un pequeño objeto enterrado en su cuello, lo más probable, el objeto que causo su muerte.
— ¿Acaso nunca habías visto a un muerto? —oyó su voz y quito su mirada para encontrarse a Bankotsu de espalda viendo hacia el exterior.
Kagome se limitó a guardar silencio.
—Toma asiento donde está el computador —índico sin voltear a verla. Kagome obedeció a torpes pasos pues casi se tropieza con el cuerpo de Renkotsu junto al escritorio.
La observo de reojo tomar asiento en silencio sin hacer ni un solo gesto o reclamo de desobediencia, eso le agrado bastante. Saco un habano de uno de los cajones de los estantes que adornaban su oficina y lo encendió. Por un largo momento estuvieron en silencio; Bankotsu observaba los delgados hombros de la azabache notando como por ellos se deslizaban pequeñas y delgadas gotas de agua debido a la humedad de su cabello.
—Y bueno… —dijo al botar humo de sus labios— ¿Cómo están las chicas? —quiso plantear una conversación sin siquiera incomodarse por el fallecido cuerpo del que alguna vez considero su amigo, su mano derecha. Kagome demoro en responderle.
—Todas han trabajado de día cuando ha venido algún cliente… y también todas las noches en la que usted ha dado órdenes de trabajar, se han ido turnando sin ninguna excepción… sin descanso —respondió conteniendo su molestia presencia.
—Bueno tú no tienes nada de que quejarte —dijo en tono burlesco— ya que aún nadie te ha hecho absolutamente nada.
Kagome apretó sus manos contra la húmeda toalla que cubría su desnudez ¿Qué no le habían hecho absolutamente nada? Si… claro, pensó molesta.
—Voy a enseñarte algo que podrías hacer, y de pasada, hacerme la vida un poquito más fácil —se acercó a la silla del escritorio donde estaba sentada ella; la azabache se quedó quieta al oír sus pasos acercarse.
Bankotsu se posesiono detrás de Kagome, pasando ambos brazos por los costados de la delgada muchacha, presiono unas cuantas teclas en su computador abriendo una planilla que enseñaba todos los ingresos y egresos que salían y entraban todos los días a las distintas casas que Bankotsu controlaba. La azabache quedo boquiabierta al ver semejantes sumas de dinero que eran registradas diariamente, de seguro, por él mismo.
—Aceleraría las cosas que tú te encargaras de las cuentas… ya que Renkotsu ya no puede hacerlo—dijo sonriendo con sarcasmo al quitarse detrás de ella, inclinándose para verle el rostro de medio lado—. Me fio de ti Kagome —ésta lo miro extrañada— ¿Y sabes por qué? —ella negó en silencio aun sin comprender— Porque sé muy bien lo que de verdad te importa.
Kagome no supo que decir ¿Por qué le decía eso? Bankotsu ante la desorientación de la joven volvió a presionar teclas abriendo un nuevo archivo, enseñando esta vez, fotos de su familia e InuYasha. Ella abrió los ojos desmesuradamente sorprendida, esas fotografías eran recientes, pues pudo ver como sus cuatro seres queridos pegaban distintos afiches con su rostro, su madre y padre se abrazaban, Souta rascaba sus ojos como si secara unas lágrimas… e InuYasha tenía su rostro completamente triste. Algo se remeció en su interior y se sintió la mujer más cruel del mundo… ella pasándose mil cosas por la cabeza relacionadas a Bankotsu. Mientras InuYasha la buscaba, al parecer, sin descanso alguno.
Bankotsu noto el ensombrecido rostro de Kagome al detener las imágenes en la fotografía en la que justamente se apreciaba el triste rostro del peliplata.
—Tú sabes lo que me importa a mí —dijo al recordarle por qué había sacado el tema, pues la chica tenía su mirada fija en la pantalla del computador— ¿Qué dices?
—Y-yo… yo lo hare —logro decir con el agudo dolor que sentía en su garganta—, solo enséñame que debo hacer precisamente… y aprenderé pero por favor que nadie toque a mi familia.
—Eso dependerá de ti —recalcó.
—Hare lo que sea… —su voz se quebró levemente.
Bankotsu observaba detalladamente como los ojos de Kagome miraban sin siquiera parpadear la imagen del triste peliplateado.
— ¿Tan importante es este sujeto para ti? —cuestiono un poco molesto, pero sin dejar demostrarlo.
—El hombre más importante en mi vida —respondió sosteniéndole la mirada y pudo notar como el ojo derecho de Bankotsu estaba pequeño a causa de una gran inflamación.
— ¿Q-qué fue lo te paso? —se preocupó sin siquiera notarlo.
—Nada de tu incumbencia —dijo cortante al pararse correctamente.
—Eso se hinchara y empeorara —manifestó al ponerse de pie. Bankotsu la observo de pies a cabeza.
—Ve a vestirte —ordeno ignorándola al salir de la oficina.
Kagome se quedó parada por unos segundos para luego caer en cuenta que estaba sola con el cadáver de Renkotsu, un escalofrío recorrió por su espalda y se dirigió rápidamente a la salida. Se había asustado.
Desde ese momento las cosas empezarían a cambiar en la mansión Shikon, pues por la ausencia de tantos viajes que hacia Bankotsu estaba descuidando sin querer una de las mayores inversiones que Tsunae le había dejado… la mansión.
Subió a su habitación cerrando de un fuerte golpe la puerta tras él, se quitó la camisa y la lanzo molesto contra el suelo; se dirigió al baño y mojo su rostro con la refrescante y helada agua que salía de la llave, cayendo esta por su desnudo y muy bien trabajado torso. Salió aun con el agua escurriendo por su morena piel y tomo así su móvil.
—Cambio de planes… —dijo al ser contestada su llamada— permaneceré un largo tiempo aquí en Tokio —fijo sus serios ojos azules en la luna que con dificultad comenzaba a notarse bajo las plomas nubes en el oscuro cielo.
…
No sé muy bien si se entendió pero algunas escenas estaban en algo así como "tiempo" paralelo :/ por si alguna se enredo, aunque no creo pero igual se los quería decir :)
Muchas gracias por leer
¡CIRCULO MERCENARIO!
Saludos y bendiciones a todas X'D en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.
