Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.

Aclaración: Lo que esta en cursiva serán los pensamientos, dialogo de terceros o recuerdos de los personajes.

Desde ya disculpen la falta ortográfica :)


Chapter:16

Un Beso Para Escapar de la Realidad.

Entró a la mansión dando un fuerte portazo tras él, estaba completamente frustrado, enojado, odiaba sentirse presionado por ese particular y desconocido escenario en el que ahora se encontraba. Suikotsu quien ordenaba las distintas botellas de los costosos licores que servirían esa noche, quedó sorprendido al ver a su jefe entrar de repente con esa explosiva actitud.

—Bankotsu… —lo nombró al salir de la barra con intención de acercarse y preguntarle qué sucedía.

El moreno hizo una seña con una de sus manos para que no avanzara, posiblemente, con lo temperamental que estaba podía cometer cualquier clase de locura, si alguien lo sacaba fácilmente de quicio. Suikotsu no se acercó, solo lo vio avanzar cansado hacia la sala y tomar asiento posando ambos codos sobre sus rodillas y la cabeza baja, algo muy malo debió de haber pasado para que su jefe luciera de esa manera tan extraña, diferentes ideas pasaban una y otra vez por su cabeza.

Unos cinco minutos después tocaron la puerta en una actitud discreta a pesar que los toques eran insistentes, una especie de bajos murmullos de reclamos se oían tras la amplia y blanca puerta de entrada; Bankotsu levanto la mirada dándole a entender que abriera la puerta. Suikotsu lo hizo rápidamente.

— ¡Ahora suéltame! —exigió molesto un pálido joven al jalonearse del brazo de uno de los guardias que custodiaban la entrada de la mansión.

— ¿Señor? —preguntó el guardia esperando una respuesta de Bankotsu, quien con un asentimiento dio la autorización para que lo dejaran pasar.

El guardia lo soltó y se marchó a su puesto de trabajo; Suikotsu saludó al conocido muchacho con un toque de manos y luego de eso, el albino se acercó hacia donde estaba su jefe.

— ¿Qué mierda fue lo que paso realmente, Hakudoshi? —cuestionó con su ceño fruncido una vez que el muchacho entro a la sala.

— ¿Qué que paso? —repitió la pregunta un tanto molesto, Hakudoshi era muy altanero pese a su pequeña estatura y rostro angelical.

—Es lo que acabo de preguntar —dijo fastidiado al recargarse completamente sobre el sofá.

—Había llegado hace poco menos de diez minutos con Sango —contó al encogerse de hombros—, cuando de repente entraron alrededor de unos diez oficiales de policía —posó sus ojos en Bankotsu, quién lo oía con atención— entre ellos Kagura; Naraku ni siquiera hizo acto de presencia.

—Naraku andaba conmigo —dijo rápidamente en un tono cortante.

—Ya veo… —Hakudoshi respiró hondo al tomar asiento frente a él.

— ¿Qué hay de todos los demás? —preguntó refiriéndose a las personas que trabajaban junto a él.

—Los otros tres escaparon, al igual que yo —informó al encogerse de hombros.

— ¿Y Sango? —cuestionó una vez más. Hakudoshi sonrió internamente, sabía que se molestaría.

—Se la llevaron… al igual que como todos los sucios animales callejeros que son atrapados por las perreras —dijo con una sonrisa torcida. Bankotsu lo observó serio ante su irónico comentario.

— ¿Cuál es la gracia? —cuestionó fijando sus serios ojos azules sobre el albino.

—Que no sé cómo es que saldremos de esta —respiro hondo recargándose sobre el cómodo sofá posando sus brazos tras su nuca.

—Saldremos… —afirmó Bankotsu al ponerse de pie— de alguna u otra forma lo haremos. —con eso dio por finalizada la conversación y subió las escaleras hacia su habitación.

Hakudoshi desvió sus ojos violetas hacia el amplio ventanal de la sala y respiro cansado. A él se le dificultaba pensar que fuese a resultar tan fácil, salir del problema en el que ahora estaban metidos, es más, estaba seguro que como iban las cosas, seguramente, solo se complicarían y empeorarían.

Las cosas en la comisaría no mejoraban mucho entre las joyas, pues la gran mayoría intentaba intimidar a Sango con distintos comentarios de advertencia que hicieran dudar a la joven, pues aunque ellas desearan salir, tenían más que perder que ganar. El sentimiento de perjudicar, sin intención alguna a sus familias, era más grande que la tan anhelada libertad, por eso preferían callar.

—Espero que lo pienses mil veces antes de abrir la boca —dijo preocupada una de las, ahora, ex-joyas.

Sango rodó los ojos cansada de escuchar tanto comentario cobarde; las habían tenido en la sección que los oficiales utilizaban para descansar por las noches. Esta contaba con una pequeña sala donde podían comer en una larga mesa, ver televisión en unos sofás que estaban junto al comedor y un par de camas que utilizaban para dormir de vez en cuando. Todo estaba junto, solo eran divididas las zonas por delgados muros de material ligero sin puertas.

—Cállate —dijo al cubrir su rostro con sus brazos—, no tengo ánimos de pelear contigo ni con nadie.

La ex-joya la miró fastidiada y volteó su vista hacia el oficial que se acercaba directo a ellas.

—Tu nuevo amiguito viene a visitarte… solo recuerda no decir algo que nos perjudique a todas. —le recordó la chica al marcharse de su lado. Sango se sentó correctamente sobre la pequeña cama para recibir al oficial.

—Señorita Taiji —saludo amablemente.

—Hola —devolvió el saludo un tanto dudosa, las palabras de la chica habían pesado en ella.

—Venga, necesito hablar con usted —dijo al hacer una seña con su cabeza para que lo siguiera; Sango respiró hondo y obedeció. Caminaron por un estrecho pasillo en dirección a una pequeña oficina que usaban de interrogatorio. Miroku abrió la puerta invitándola a pasar, la castaña quien estaba cruzada de brazos resopló y lo hizo. Ambos tomaron asiento frente a frente en la oscura habitación que solo era iluminada por una pequeña lámpara de baja potencia iluminadora sobre sus cabeza.

—Su familia ya está siendo resguardada por la policía sin que lo noten, tal como usted me lo pidió —contó al acomodarse en la dura silla.

— ¿Saben algo de mí?

—Aun no… pero esta noticia se hará pública. Todos los medios de comunicación han estado insistentemente haciendo preguntas sobre ustedes —contó al dar un suspiro—. Aunque hemos hecho nuestro mejor esfuerzo en resguardar sus identidades, la noticia saldrá al aire de todas maneras.

—Se… —apretó sus labios dudando en terminar la frase, Miroku alzo ambas cejas, dándole a entender que terminara su oración— Se lo agradezco —dijo tranquila.

—No hay nada que agradecer señorita Taiji —dijo Miroku en un tono suave—. Ahora… necesito saber qué es lo que realmente ha pasado con usted en estos años que ha estado lejos de su familia —Sango negó rápidamente—. ¿Hay algo que no pueda contarme?

La castaña presionó fuertemente sus labios y sus avellanas ojos se posaron disimuladamente en el oscuro vidrio de la habitación; acto que no pasó para nada desapercibido por Miroku.

—Hablaremos en otra parte —se puso de pie al guardar la carpeta dentro del maletín que llevaba—. Soy muy observador —susurro al indicarle que lo siguiera nuevamente. Sango agradeció por ello.

Caminaron hacia la azotea del edificio, vigilando que nadie los viera o los fuera a seguir. Miroku abrió la pesada puerta y la hizo salir hacia el exterior; Sango cerró sus ojos y suspiró hondo al sentir la fresca brisa que acariciaba suavemente su rostro y revoloteaba su largo cabello castaño. Miroku la observó y sonrió… como si una nueva emoción lo invadiera internamente, la emoción de la empatía; ambos se sentaron en el suelo, recargados sobre la muralla junto a la puerta mientras observaban en silencio el rojizo y hermoso atardecer que anunciaba el término del largo y agotador día.

—Ahora es libre —dijo al darle una sonrisa.

—No, oficial —dijo Sango con su rostro pasivo—. Nosotras nunca seremos libres del tráfico humano… no del todo.

—No diga eso —dijo en un tono positivo—. Nosotros nos encargaremos que cada una de esas bestias pague por todo el daño que les han causado en los años que las tuvieron cautivas… explotándolas.

—No es tan sencillo —le debatió—, hay muchísima gente ligada a ellos.

— ¿Usted se refiere a gente… que trabaja acá en la brigada? —preguntó en un tono serio pero poco seguro. Eso sería decepcionante.

—No puedo decirle eso —dijo al negar nuevamente.

—Se da cuenta que si rompe su silencio puede ayudar a muchas de sus compañeras… quizás, a muchas más que están siendo recluidas y sexualmente explotadas en estos momentos, sufriendo del mismo abuso que usted conoce —explicó tratando de convencerla.

—Usted nunca entenderá —dijo presionando sus dientes.

—Quizás… pero puedo tratar de hacerlo —pidió realmente interesado. Sango negó una vez más presionando sus dientes. Quizás estaba a la defensiva, pero estaba segura que nadie que no haya pasado por lo que ella pasó la entendería.

—Jamás, óigame bien —dijo al señalarlo—, jamás podrá entender lo que mujeres como yo pasamos —decía al mismo tiempo que sus ojos se volvían cristalinos— ¿Sabe lo que es ser tomada a la fuerza? ¿Sabe lo que es ser golpeada por no hacer algo que no quieres? ¿Sabe lo que es ser violada una y otra vez? ¿Sabe lo que es que te escupan en la cara o te orinen encima tratando de marcarte como su propiedad por el maldito tiempo que pagan por una? ¿Lo sabe? —cuestionó con un doloroso nudo en su garganta al recordar su largo camino.

Miroku trago duro al oírla y observar en silencio los dolorosos rasgos que Sango hacía con su rostro al mencionar cada una de las pregunta. Claro que no lo sabía, no podía ponerse en su lugar, mucho menos saber que se sentía.

—Lo siento… —dijo al entregarle un pañuelo para que secara las lágrimas que comenzaban a salir. Se hizo un largo e incómodo silencio.

—Sé que quiere ayudar —dijo una vez que se sintió más tranquila—, y juro que yo también lo haría… pero aun siendo libre… sigo y seguiré siendo víctima del tráfico humano gracias a mi silencio.

Miroku no dijo nada, ¿Qué más le podía discutir a una chiquilla que había pasado por tanto dolor y humillación? Ambos se quedaron en silencio mientras la brisa se ponía cada vez más fresca al llegar el anochecer.

—Siempre le decía eso a Kagome —mencionó al sonreír con nostalgia al recordar el positivismo de su joven amiga.

— ¿Kagome? —preguntó al fruncir el ceño. Sango lo observo extrañada— ¿Kagome…?

—No me sé su apellido… —respondió al suponer lo que le preguntaría— ¿conoce a una Kagome?

Su ceño se frunció al ver como el joven oficial comenzaba a revolotear en su maletín para luego sacar de ahí una carpeta. Saco lo que parecía ser una fotografía y se la enseño.

—Esta chiquilla es Kagome Higurashi, tiene diecisiete años —dijo mientras Sango tomaba la fotografía en sus manos—, y está desaparecida hace poco más de cinco meses… es la prometida de mi mejor amigo.

Sango observaba en silencio mientras unas extrañas sensaciones de nerviosismo invadían su estómago, ¿Qué podía hacer en un momento así? Si abría su boca para contar lo que sabía podría perjudicar a su familia, ya que de una u otra forma Bankotsu buscaría la manera de vengarse de ella, pues lo conocía perfectamente, y sabía muy bien que él no perdonaba a los traidores ni desleales. Dudó por un momento.

—La conozco… —dijo al apretar sus ojos— ella estuvo todo ese tiempo conmigo.

Miroku abrió sus ojos desmesuradamente al oír lo que la nerviosa jovencita afirmaba… Kagome estaba viva ¿Cómo se lo tomaría InuYasha?

— ¿Cómo está? ¿La han tratado muy mal? —preguntó un poco ansioso por saber la respuesta.

—No… —dijo al sonreírle a la fotografía— nadie la ha tocado… ni un solo cabello.

— ¿No la están explotando? —cuestionó confundido. Sango negó segura de lo que decía.

—No… él tiene un extraño… interés en ella —dijo al ver a Miroku.

— ¿Él? ¿Interés? —cuestionó al no entender a quién o a qué se refería con esas palabras.

—No le puedo dar mayor información… pero te puedo asegurar que no le han hecho daño.

— ¿Por qué ella no estaba contigo en esa juguetería?

—Porque a ella la tienen en otro lado —respondió tratando de no hablar demasiado.

— ¿Dónde está? ¿Dónde la tienen? —cuestionó ya fastidiado de tanto misterio.

—Eso no se lo puedo decir —respondió en un tono serio.

— ¿La tienen aquí en Tokio? —cuestionó intrigado. Sango respiró hondo.

—Mire… él es como una sombra, tiene ojos y oídos por todas partes —dijo al ponerse de pie, Miroku la imitó—. No confié en nadie… en nadie —aconsejo con una sincera mirada—. Si quiere saber quién está detrás de todo esto… —frunció el ceño al cerrar los ojos— revise de quien es legalmente la propiedad de la juguetería, averigüé los movimientos de dinero, será fácil notarlo ya que son sumas demasiado grandes… así llegara al culpable de todo… —se encogió de hombros con el rostro un poco angustiado— lo siento pero no le puedo decir más.

Miroku sonrió satisfecho, y sin darse cuenta le dio un fuerte abrazo de agradecimiento a la valiente y delgada castaña que tenía frente a él. Sango solo se dejó abrazar, quizás, en ese momento, necesitaba más que nunca un cálido y comprensivo abrazo.

Estaba sentado sobre su cama, todo estaría en completa oscuridad si no fuese por la débil luz de la luna que se colaba por las largas cortinas abiertas del amplio ventanal de la habitación. Respiró hondo, las cosas se estaban complicando más de la cuenta y comenzaba a dudar de las personas que tenía a su lado, aunque ahora no eran muchas con los que realmente podría contar. Levantó su mirada al oír un suave toque en la puerta.

— ¿Quién es? —preguntó sin intención de ponerse de pie a abrir.

—Ka-Kagome… —oyó la nerviosa voz de la azabache anunciarse.

Arrastró su mano por su flequillo y se puso de pie cansado a abrir la puerta.

Kagome se sintió incomoda al no recibir respuesta del interior ¿quizás está enojado? Pensó. Dio media vuelta con intención de regresar por donde había venido pero se detuvo abruptamente al oír la puerta de la habitación del moreno abrirse.

— ¿Qué sucede? —cuestionó desanimado.

—Eh… y-yo —dijo un poco avergonzada— te traía algo de comer, como no has bajado en todo el día, creí que tal vez tendrías hambre —le enseñó la bandeja con los alimentos.

—Pasa —invitó al abrir más la puerta y hacer un movimiento con su cabeza.

—Permiso… —dijo un poco nerviosa la ver todo oscuro— ¿quieres que encienda…? —quiso preguntar al señalar el interruptor de la luz.

—Déjalo así —interrumpió su pregunta al sentarse nuevamente sobre la cama. Kagome lo imito al dejar la bandeja en un pequeño mueble junto a esta, no sabía por qué pero se quedó ahí acompañándolo, no se sintió incomoda al hacerlo. Luego de un largo rato silencio se atrevió a preguntar qué era lo que en verdad sucedía.

— ¿Pasa algo malo? —cuestionó al verlo de soslayo.

— ¿Por qué lo preguntas? —cuestionó él al voltear a verla directamente.

—Porque te ves… ¿preocupado? —dijo al no encontrar palabra para definir su comportamiento—… no sé, pero no estas igual que siempre.

—Parece que se cumplirá tu deseo más anhelado, ¿no? —dijo en un tono irónico al alzar una de sus cejas.

— ¿De qué hablas? ¿Deseo? ¿Cuál deseo? —preguntó al no entenderlo.

—Si las cosas siguen como hasta ahora… —mencionó al pasar una mano por su barbilla— pronto podrás ser libre… y yo caeré como tanto deseas a prisión y pagare todo el daño que he causado.

Kagome evitó su mirada bajando levemente su rostro, entristeciendo sin razón alguna al oír lo que Bankotsu contaba ¿Por qué se sentía triste si era lo que él se merecía? ¿Quizás por la dura vida que había tras esa coraza impenetrable que usaba el moreno? Respiró hondo y no entendió por qué su estómago se revoloteó débilmente, acompañado de una extraña sensación… ¿Miedo? ¿Temor? ¿Preocupación? Trató de ignorar el desconocido sentimiento que amenazaba con angustiarla.

— ¿No dirás nada? —Bankotsu cuestionó al verle la cabeza baja.

—No tengo nada que decir… —dijo en voz baja.

—Mientes —dijo al sonreír de medio lado, quería incomodarla, molestarla.

—Y-yo… yo no miento —logro decir un poco nerviosa.

Su nerviosismo aumentó al sentir las fuertes manos de Bankotsu posarse sobre su delgada cintura y jalarla fácilmente sobre él, con ambas piernas abiertas rodeando el cuerpo del moreno; negándole así, la posibilidad de reaccionar ante la comprometedora posición.

—Sé muy bien que te importa lo que pase conmigo, no te hagas —aseguró—. ¿Crees que no he notado lo nerviosa que te pones cada vez que te miro? ¿Cómo tus mejillas se sonrojan cada vez que te digo algo sin importar lo estúpido que sea? —susurro cerca de los labios de la azabache— Niégalo… —la invitó a hacerlo. Mientras rozaba delicadamente el labio superior de Kagome con la punta de su lengua.

Se reprendió internamente a sí misma por sentir su cuerpo estremecer al leve roce que el moreno le daba en sus labios, el olor a menta que salía de su boca gracias a su respiración le era malditamente apetecible, mientras el olor del perfume masculino que emanaba de todo su cuerpo era sencillamente embriagante para ella. Experimentó una especie de debate interno entre su cuerpo y su conciencia.

Bankotsu podía ver a la perfección como aumentaba el nerviosismo en el rostro de Kagome gracias a la poca luz lunar que se colaba por el ventanal, sus manos se presionaron suavemente sobre las caderas de ella y comenzó a negar con su cabeza a modo de caricia, rosando así, su labio y nariz contra el fino rostro de la azabache.

Kagome sabía que estaba mal estar en esa situación, y aunque deseaba retirarse, su cuerpo se lo impedía. Se sentía extrañamente cómoda al estar en esa posición con él, aunque fuese precisamente con él… se sentía bien.

Bankotsu subió lentamente una de sus manos hasta llegar a la negra cabellera de la nerviosa joven sobre él. Ambas pupilas se dilataron al verse fijamente el uno al otro, sin siquiera notarlo sus labios comenzaban a acercarse cada vez más, chocando ambas cálidas respiraciones. El moreno abrió la boca comenzando a saborear los carnosos labios de Kagome, rozando su lengua contra la boca de ella, como si le pidiese permiso para poder entrar completamente como deseaba.

Kagome posó sus manos sobre el fuerte pecho de Bankotsu e inconscientemente cerró sus ojos al sentir la húmeda lengua del joven entrar a su boca, sin darse cuenta estaba cediendo a la tentación. Ambas lenguas chocaban suavemente una contra otra mezclando sus salivas en una suave y rítmica danza que les daba una deliciosa sensación. Kagome apretó sus manos contra la celeste polera del moreno.

El ojiazul posó su otra mano en la fina espalda de Kagome, apegándola posesivamente contra su cuerpo, haciendo que el beso se volviera más exigente y a la vez, apasionado. Se dejó llevar por los suaves roces que Kagome le regalaba contra su lengua, y también cerró sus ojos al dejarse llevar por ella.

Un largo momento de caricias en sus bocas fue lo que se regalaron ambos, y el beso fue terminado gracias al escaso aire natural del que necesitaban. Kagome bajó la mirada al caer en cuenta de lo que había hecho… había correspondido sin ser presionada. Se sintió mal por el apasionado beso y tuvo la intención de retirarse, pero los brazos de Bankotsu se lo impidieron nuevamente.

Sin siquiera darse cuenta la apegaba cada vez más a él en un posesivo abrazo; Kagome se dejó abrazar, haciéndose un largo silencio en la oscura habitación. Quizás, él necesitaba un momento diferente para olvidarse de lo que estaba pasando a su alrededor, y quizás ella, necesitaba olvidarse dónde estaba… no tanto con quién.

—Solucionaré todo —susurró en voz baja.

Kagome no dijo nada, solo se quedó en silencio en la posición en la que él la tenía abrazada, no se movería a menos que él le dijera que lo hiciera. Por un momento… estúpidamente deseo quedarse así.

Al otro día muy temprano en la brigada las cosas comenzaban a tomar otro curso, pues con las pequeñas pistas que le había dado Sango, Miroku se sentía más que conforme. Esa temprana mañana se reunirían con el fiscal a cargo de la investigación.

—La propiedad aparece en bienes raíces bajo el nombre titular de Bankotsu Henao —dijo uno de los compañeros de trabajo de Miroku que se dedicaba a la parte de información virtual en la brigada.

— ¿Qué pudiste averiguar? —cuestionó Miroku al sentarse frente a él.

—No tiene padre ni madre, tiene veintiocho años de edad, no tiene hijos, mucho menos esposa… pero tiene un hermano al que podríamos interrogar… o investigar —propuso al dar detalles de la información que se le arrojaba.

— ¿Cuál es el nombre del hermano? —preguntó interesado el fiscal llamado Mioga, quién estaba presente.

—Koga… Koga Wolf —respondió el oficial.

—Tienen diferentes apellidos —mencionó pensativo Miroku.

—Tienen que ser hermanos de padres diferentes —concluyó el fiscal.

Ambos oficiales asintieron al pensar que era lo más lógico en una situación así. Aunque eso no quitase que no supiera lo que "probablemente" estuviese metido su hermano mayor.

— ¿Hay algo más? —cuestionó Miroku interesado en guardar más información

—A los diecisiete años estuvo recluido en un internado para menores.

— ¿Y eso por qué? —preguntó el fiscal.

— ¡Ay!... es que esto sí que es gracioso —mencionó con una sonrisa el oficial de informática—. Le pego al padre de su hermano hasta dejarlo inconsciente en pleno centro de la ciudad.

— ¿Por qué lo hizo? —preguntó interesado Miroku.

—Por encontrar a su padrastro besándose con otra mujer.

—El tipo tiene mal genio —dijo el viejo fiscal al observar la fotografía del moreno en las grandes pantallas de la oficina.

—Eso no es todo… su madre sufría de sida y según aquí dice el informe del internado en el que estuvo; Bankotsu tuvo que pasarse casi toda su infancia trabajando para ayudar a su madre, pues no tenía los estudios completos como cualquier adolescente de su edad —informó al encontrar más información.

—Un buen pretexto para obligar a prostituir a mujeres y lidiar con la enfermedad de su madre —dijo Miroku al cruzarse de brazos.

— ¿Hay algo más sobre el sujeto que nos sirva de antecedentes? —preguntó el fiscal del caso nuevamente.

—El tipo es totalmente legal —informó a su superior al terminar de leer el registro de identidades—. Tiene unos cuantos cursos ligados a informática avanzada, paga todos sus impuestos a tiempo. En sus registros no hay nada que lo convierta en un sospechoso peligroso —dijo mientras sus dedos seguían presionando teclas.

—Ya, pero todo eso debe ser falso —contradijo Miroku al pararse de la silla en la que había estado sentado.

—Tal vez —hizo un asentimiento—, pero todos sus negocios son muy lucrativos, con la agencia de transportes que tiene y el servicio de citas de internet gana una fortuna…

—No más que con el tráfico —interrumpió Miroku seguro de lo que decía—. El hombre gana más que todos nosotros juntos, tras cada mes… eso me parece extraño —posó sus ojos ahora en el fiscal— ¿Qué tal el tráfico humano como ingreso extra, señor? —cuestionó en un tono irónico.

—El sujeto no tiene un pelo de tonto —concordó el fiscal—. Se ha sabido limpiar muy bien

—Debe tener burdeles de prostitución por todo nuestro país… y quizás, por todo el mundo —dijo Miroku con un deje de decepción en sus palabras, sabía muy bien que el trabajo no sería del todo fácil, pues el sujeto se veía muy astuto—. El negocio es muy grande y muy redondo, debe haber una fisura en alguna parte… debemos encontrarla —dijo angustiado mientras observaba a su compañero sentado tras el computador.

—Sí, señor —respondió el oficial al seguir trabajando.

Miroku se acercó hacia donde estaba el fiscal, quien observaba las diferentes fotografías del sospechoso en una amplia pantalla.

—No será un trabajo fácil —mencionó teniendo en claro a que se enfrentaban.

—Por supuesto que no —su superior estuvo de acuerdo—, pero con un buen equipo a cargo puede resultar más sencillo.

—Tiene razón fiscal, pero lo que me parece más extraño aun es que el comisario no se aparezca por la brigada… ni siquiera contesta los llamados —Miroku mencionó curioso, eso realmente le llamaba la atención.

—Es una gran falta la que ha cometido tu superior, y será sancionado por ello —informó al posar sus manos tras su espalda.

Miroku asintió.

Bankotsu muy temprano en la mañana se había puesto en contacto con un equipo de profesionales en tecnología para que le aislaran la mansión y por sobre todas las cosas… las llamadas que entraban y salían. Tenía la leve intuición de que ya lo estaban rastreando, así que no se arriesgaría. Oyó la puerta de la mansión cerrarse fuertemente gracias al viento que se coló.

— ¿Pero a ti que demonios te pasa? —cuestionó molesto al ver a Kagura entrar como si nada.

— ¿Qué? —cuestionó seria al hacer una mueca con sus labios y observar a los desconocidos sujetos guardar unos extraños implementos.

Bankotsu hizo una seña con su ceño para que guardara silencio, y posó su vista hacia el hombre a cargo del equipo de trabajadores.

—Está todo despejado —dijo haciéndole entender que ya todo estaba aislado, dicho esto, el moreno le dio una buena paga de dinero dando por finalizado el trabajo.

— ¿Cómo que se te ocurre aparecerte por aquí? —preguntó desde la barandilla del segundo piso—, ¿acaso no has visto a los policías rondar por fuera? ¿Olvidaste lo que paso ayer?

— ¿De ser así no habría venido? —preguntó desinteresada al comenzar a subir las escaleras en dirección a él.

Bankotsu solo rodó los ojos, restándole importancia. Subió las escaleras en dirección a su despacho seguido por Kagura. Tenía cosas que hablar y aclarar con ella.

—Esta vez no será tan sencillo —dijo fastidiado al tomar asiento en la cómoda silla de su oficina.

— ¿Y ahora es que lo notas? —Kagura cuestionó, seguía con su ironía. Bankotsu nunca la tomaba en serio.

— ¿Cómo esta Sango? ¿Ya abrió la boca? —cuestionó al encender un habano que tenía guardado en uno de los pequeños cajones de su fino escritorio.

—Realmente no sé si ha hablado —informó sin darle mayor interés—. El oficial que está muy pendiente del caso, me tiene algo así como… "congelada" —le hizo comillas a la palabra—, no me da mucha información… pero me da igual —se encogió de hombros. El moreno solo oía sus quejas.

— ¿Sospecha de ti? —cuestionó con su rostro serio.

—No lo sé… pero sabes muy bien que si sigo trabajando en la brigada… —lo observo tranquilamente— es porque de alguna u otra manera te mantengo informado de lo que pasa. Solo por eso lo hago.

Bankotsu respiró cansado, Kagura ya había empezado con sus empalagosas frases de enamorada. Esas cosas a él no le gustaban y siempre las ignoraba y se las dejaba pasar sin prestarle real atención.

— ¿Qué has sabido de Naraku? —la respuesta de su pregunta era lo que más le interesaba.

—El muy cobarde no ha asomado ni siquiera su nariz por la brigada… ni siquiera ha contestado las llamadas del fiscal —se cruzó de brazos un poco molesta—. No se da cuenta que con esa absurda actitud por librarse de todo solo está levantando sospechas. Sabes que no debes fiarte de él.

— ¿A qué has venido? —cuestionó cortante.

—Bueno… creí que con todo lo que está pasando, quizás, te sentirías un poquito solo —confesó en un tono coqueto.

—No molestes —dijo en seco.

Kagura se molestó un poco al oír el tono ligeramente agresivo con el que Bankotsu estaba acostumbrando a hablarle, últimamente, él estaba más cortante y distanciado de ella que otras veces. Se quedó en silencio por un momento, observando al moreno fumar el toxico cigarrillo mientras el humo salía pasiva y lentamente de sus labios.

—Quiero que Suikotsu, Jakotsu y tú se salgan del negocio—dijo serio, tomando por sorpresa a Kagura.

— ¿Qué cosas dices? ¿Qué pasara con la mansión? ¿Qué pasara contigo? ¿Cuándo vamos a verte? ¿Pretendes terminar con todo? —hizo varias preguntas al tomarle por sorpresa la que Bankotsu le ordenaba.

—No te preocupes por mi… yo seguiré aquí en Tokio, si me voy solo podría levantar más sospechas. Ahora hay que estar muy alerta. Intentaran lo que sea para atrapar a mis colaboradores y hacerlos hablar —informó sin mucha importancia.

—Pero nadie lo hará —dijo segura, ella no lo traicionaría.

—De eso ya no estoy tan seguro.

Kagura hizo un suspiro profundo, el tan solo pensar la idea de ver a Bankotsu tras las rejas la hacían desesperarse. Eso jamás lo permitiría

— ¿Tienes otro cigarrillo? —preguntó y Bankotsu asintió.

Se puso de pie lentamente en dirección a él, sentándose coquetamente encima del escritorio, dejando ver gran parte de sus piernas al llevar una corta y ajustada mini falda de color blanca, una camisa roja igual de ajustada, con varios botones desabrochados, dejando ver gran parte de sus redondos senos. Recibió el cigarrillo que Bankotsu le entregaba y se acercó provocadoramente a él cuando prendió el encendedor; se inclinó levemente queriendo provocarlo al mostrarle sus grandes senos.

—Puedo distraerte aunque sea un momento… —dijo al poner su mano en el cuello de la camisa de Bankotsu— sacar todas las cosas que están pasando por tu cabeza —quiso acariciar su cabello pero su muñeca fue detenida bruscamente por la mano del moreno.

—No estoy para juegos —dijo al verla fijamente.

—Sabes muy bien que nunca he jugado contigo —le aseguró con un deje de dolor en su rostro gracias al agarre que el moreno empleaba rudamente.

—No voy a conservar a nadie que se convierta en una carga para mí, ¿Te queda claro? —dijo serio al posar sus ojos en los carmines de ella.

Kagura asintió y casi cae del escritorio donde había estado sentada gracias al desprevenido empujón que Bankotsu le dio al soltarla. Acaricio su muñeca y lo vio salir del despacho, dejándola sola. Las cosas definitivamente habían cambiado mucho entre ellos, estaba más que segura que él quería otro tipo de "distracción".

Vio a Kagome bajar las escaleras con intención de dirigirse a la cocina como todas las mañanas. Sentía una extraña necesidad de mantenerse junto a ella, llamándolo. Quizás besarla no fue tan buen plan de distracción después de todo.

Entró a la cocina dando un pequeño bostezo, sus sentidos estaban alarmados, no quería toparse con Bankotsu. Después del confuso beso que se habían dado, se sentía realmente avergonzada, no sabía cómo actuar ahora. Vio cansada la olla que tanto trato de restregar por largos minutos la noche anterior, pero también agradeció haberla olvidado encendida, pues gracias al mal olor de comida quemada que había en ella fue que pudo salir corriendo de la habitación del moreno. Dio un pequeño brinco al escuchar la varonil voz de él entrar a la cocina.

— ¿Qué tanto piensas? —llevaba un pequeño momento observándola.

Kagome apretó sus ojos y sus manos sin razón aparente comenzaron a sudar, tal vez, gracias a su nerviosismo ¿Cómo no lo oyó entrar? Se preguntó.

—En... en nada —dijo sin voltear a verlo. El lavaplatos estaba ubicado en la pared contraría a la puerta de entrada a la cocina.

—A mí no me parecía que pensaras en nada —sintió como un cumulo de sangre explotó en sus mejillas, pues las sintió arder al mismo tiempo que las manos del moreno se posaron delicadamente sobre su plano vientre. Estaba tras ella, abrazándola.

—B-Bankotsu... lo de ayer —trató de decir.

—Lo de ayer, ¿qué? —la apresuró al voltearla para que lo viera.

—Lo de ayer… —volvió a intentar decir mientras Bankotsu la miraba analíticamente con sus brillosos ojos azules, como si no quisiera perder detalle de su nervioso rostro.

—Te gustó. — afirmó sonriendo arrogantemente.

—No… no es eso… —decía en voz baja, el apretado abrazo en el que la tenía rodeada y su fija mirada en ella, la hacían ponerse nerviosa y no lograba pensar con claridad.

— ¿Entonces qué? —susurró en su oído.

Kagome sintió como si sus piernas flaquearan débilmente al oír su varonil voz susurrar justo en su oído. Miles de mariposas revolotearon en su estómago, definitivamente, eso estaba mal; pero al igual que la vez pasada, no pudo forcejearle para eliminar el agarre en el que la tenía presa, dominada. Levantó su achocolatada mirada… y por ese pequeño momento… se perdió en él.

Podía sentir como los labios de Bankotsu se movían sobre los de ella, y ella, estúpidamente seguía el ritmo que él imponía. Sentía como la gran lengua de Bankotsu intentaba entrar aún más en su boca, moviéndola, saboreándola, haciéndola inconscientemente desear más.

No podía detener el beso, esa niña hacia que se perdiera de la realidad en la que ahora estaba, y malditamente… le estaba comenzando a gustar perderse con ella. Kagome le llamaba la atención, pues era muy diferente a las demás chicas con las que había estado, y aunque era solo una niña, por ser menor de edad, estaba más que seguro que con lo que llevaba conociéndola, ella tenía más carácter que todas las demás joyas juntas… eso la destacaba y diferenciaba de las demás. Su valentía al querer escapar. Su positivismo al oírla en varias ocasiones hablar con Sango. Su tristeza oculta tras una falsa y esforzada sonrisa, pero por sobre todo; su paciencia y personalidad para adaptarse a la difícil realidad en la que él la tenía sumergida, sin siquiera notarlo… lo estaban cautivando.

Ella abría su boca lo más que podía para no entorpecer el beso que Bankotsu le daba, un beso en el que se perdía cada vez más gracias al suave movimiento que él daba contra su pequeña lengua. Sin tomar conciencia lo estaba abrazando y él tenía una mano posada en su cabeza y la otra tras su espalda. Ninguno cayó en cuenta de lo que en realidad estaba pasando… y tampoco querían detenerse a pensarlo.

Bankotsu pensaba que Kagome era la mujer con la que cualquier hombre fácilmente se podría perder. Ella se adaptaba, Kagome se adaptaba al mundo en el que la pusieran, estaba seguro de eso, y se aseguraba, que al mismísimo infierno igual se adaptaría… y quizás, ahí era donde sin pensar la llevaría.


Muchas gracias por leer

¡CIRCULO MERCENARIO!

Saludos y bendiciones a todas X'D en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.