Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.

Aclaración: Lo que esta en cursiva serán los pensamientos, dialogo de terceros o recuerdos de los personajes.

Desde ya disculpen la falta ortográfica :)


Chapter:17

PIENSA ANTES DE ACTUAR.

Tres días ya habían pasado desde el exitoso operativo de rescate que idearon espontáneamente "como la llamada" los oficiales de la brigada, con Miroku de cabecera. Ahora comenzaban a trabajar en una nueva estrategia para acorralarlo, ya que contaban con nuevos antecedentes para poder citar a Bankotsu y así ponerlo en aprietos.

Naraku había hecho unas llamadas hacía un par de días atrás para justificar su inesperada y curiosa ausencia, pues, era el comisario, y como tal, debería de estar realmente interesado en mantenerse al tanto. Utilizó la escusa más barata y carente de ingenio que se le pudo haber ocurrido en un momento así: «Mi madre enfermó y, como vive sola en Yokohama, tuve que viajar de urgencia». El temor por ser descubierto era tan grande que ni siquiera pensó en que, quizás, sus palabras podrían jugarle en contra.

—Su modo de trabajar es sumamente diferente al de los demás, es demasiado limpio —dijo Miroku, releyendo los nuevos antecedentes que habían recabado.

—Tienes toda la razón —apoyó Hojo.

—El modo de actuar es, aparentemente, honrado ya que se muestra en público para hacer creer que es más inteligente que nosotros —continuó hablando Miroku al observar de manera cómplice a Hojo.

—Con esos antecedentes me parece que es posible encontrar un error en su trabajo… A menos que las chicas que rescatamos se armen de valor y quieran declarar —apoyó nuevamente lo que decía su compañero.

— ¿Qué es lo que realmente quieren? —preguntó interesado, el fiscal Miōga al notar sus cómplices miradas.

Esa temprana mañana, Miroku y Hōjo, habían pedido una cita a primera hora para hablar con el fiscal encargado del caso, pues, tenían un importante pedido que hacerle… y no podían esperar.

—Queremos traerlo aquí, señor —respondió Miroku, seguro de su petición.

— ¿Por qué? —cuestionó el fiscal a la vez que entrelazaba sus dedos poniéndole mayor atención al par de jóvenes y entusiastas oficiales.

—Porque las pruebas ligadas al tráfico humano apuntan directamente hacia él, además, tengo la leve sospecha que éste tipo también puede estar involucrado a otros crímenes… es un maldito corrupto —dijo Miroku, un poco molesto. El tan solo pensar en ese sucio personaje lo hacía hervir de rabia.

—Sabes que esa es una grave acusación si no tienes pruebas de lo que mencionas… te pondrían sancionar duramente por eso —aconsejó el fiscal.

—Lo siento, tiene razón, debería tener mis pruebas… —se disculpó Miroku— solo lo quiero probar.

— ¿Y qué es lo que quiere probar exactamente? —el fiscal cuestionó paciente.

—Que si no ha hecho nada malo dará la cara y contratara a un abogado como cualquier ciudadano e intentará defenderse. Pero también si comete un error será mucho más fácil poder atraparlo. —Miroku dio la razón de su temprana visita.

—Parece muy seguro de lo que dice — mencionó el viejo fiscal, ladeando ligeramente su cabeza al ser tomado por sorpresa ante la no tan descabellada propuesta.

—Estoy seguro que este es un caso muy importante. Deberíamos arriesgarnos para resolverlo —dijo ansioso Miroku.

—Tenemos algunos informes de sus manejos de dinero, será mucho más fácil ponerlo en aprietos —habló Hōjo quién solo había guardado silencio.

El fiscal Miōga respiró hondo… observando al par de oficiales que tenía sentado frente a su escritorio. Sonrió internamente… les daría la oportunidad de intentarlo.

—De acuerdo… encárguense de él —señaló a Miroku—. El sujeto es astuto, espero que estén a su altura —dijo con intención de recordarles que no sería tan fácil como ellos imaginaban.

Las cosas en la mansión marchaban particularmente calmadas, no habían hecho ni una sola de sus "fiestas" ya que en momentos así solo llamaría la atención el exceso de hombres en una casa que, seguramente, estaba siendo vigilada.

Suikotsu trataba de mantenerse distraído limpiando y ordenando el lujoso y amplio bar donde varios años se había mantenido preparando distintas clases de tragos.
Suspiró con nostalgia y algo preocupado de que todo se acabara, pues la mansión era su hogar, su trabajo, y su vida.

Jakotsu mataba el tiempo ordenando sus enormes cajas de maquillajes y distintas pinturas que utilizaba en las largas noches en las que realmente se divertía. El tiempo para él pasaba lentamente y su aburrimiento iba aumentando cada vez más.

En cambio Kikyo ordenaba a diario todas las habitaciones, por orden de Bankotsu, y, como ella no quería cargar con más problemas, no decía nada para contradecirlo… por ahora… Aunque pensándolo bien, prefería mil veces estar haciendo algo para matar el tiempo en lugar de quedarse esperando sentada y sin hacer nada.

Mientras que las joyas se mantenían expectante a qué era lo que pasaría de ahora en adelante, pues, habían oído que una de las casas de Tokio que manejaba su jefe había caído. Se mantenían en sus habitaciones para no molestar, pues, preferían estar encerradas pero tranquilas.

Sus esperanzas por ser libres de una vez por todas, crecían cada vez más. Aunque de vez en cuando se frustraban ante la lentitud de sus compañeras que habían logrado ser rescatadas, pues, por otro lado también entendían que no hablarían tan fácilmente, ya que todas sabían los riesgos que podían correr".

Hakudoshi no se había ido de la mansión, pues, Bankotsu tampoco le había ordenado que se marchara; así que trataba todo lo posible para mantenerse al margen de la situación y no estorbar a su jefe. Pasaba todo el día sentado en la sala, viendo televisión, buscando algún programa que lo mantuviese entretenido.

Kagome estaba en la habitación que solía compartir con Sango. A pesar de que la extrañaba demasiado y se sentía muy sola, también sentía una gran emoción por saber que ella estaba a salvo. Pues, si bien habían convivido el mismo infierno, ella jamás comprendería el dolor de ser explotada sexualmente; en cambio Sango, en algún momento, lo hicieron.

Observaba por la ventana de la habitación como la fuerte brisa del viento primaveral lograba agitar las verdes hojas del gran árbol sembrado en la parte trasera de la mansión. Siempre le había llamado la atención ese tipo de cosas tan sencillas.

Bankotsu se había dirigido a la cocina con intención de encontrarse con ella, pues, últimamente, sentir cerca la presencia de Kagome se le estaba haciendo una extraña costumbre. Se dirigió a la habitación donde ella dormía,ahora, sola.

Humedeció sus labios al verla apoyada en la ventana, pues, vestía un corto y ajustado short blanco, dejando ver así sus delgadas y largas piernas, también lucia una ajustada blusa celeste con mangas tres cuartos. La blusa era tan ajustada que dejaba ver a la perfección la pequeña cintura de la que era portadora la azabache. La observó sin hacer ruido por un breve momento.

— ¿Qué haces? —su respiración se agitó levemente gracias al nerviosismo que la invadió al oír la varonil voz de Bankotsu. Volteó y pudo ver que éste estaba recargado sobre el marco de la puerta.

—N-nada… —dijo al observarlo— Solo pensaba en Sango.

— ¿Tanto la extrañas? —cuestionó, un poco molesto, sintiéndose extraño al experimentar una desconocida sensación.

—Sí —respondió sinceramente—. Pero sé que está mejor.

—Hablas como si estar aquí fuera lo peor del mundo —dijo Bankotsu al pararse correctamente.

—No, no es lo que quise decir —habló nerviosa al verlo avanzar seguro hacia ella.

—Entonces… —posó una mano sobre el blanco marco de la ventana donde ella había estado apoyada, logrando acorralarla— ¿Qué quisiste decir? —cuestionó rozando la comisura de sus labios.

—Y-yo… —tartamudeó al posar sus achocolatados ojos sobre la sonrisa arrogante que adornaba los labios del moreno. Deseo besarlo pero el pudor no se lo permitió.

El movimiento de los ojos de Kagome no pasó para nada desapercibido por Bankotsu, quién sin pensarlo dos veces, la beso delicadamente. En esos pocos días las cosas habían cambiado entre ellos, pues. Si bien la comunicación no era muy amplia, el deseo que tenían era mutuo.

Bankotsu invadió la boca de Kagome, metiendo su gran lengua en la pequeña cavidad de ella, quién ya se estaba acostumbrando a seguirle el compás del movimiento que él imponía, pues, los besos que le daba siempre comenzaban delicados para luego volverse abruptamente apasionados y demandantes.

Apretó fuertemente sus ojos al sentir como Bankotsu posaba sus manos en su cintura, para luego guiarla hacia la cama. La recostó cuidadosamente, para que no se tensara, y de la misma manera se acomodó sobre ella.

—D-detente —pidió con voz débil al sentir la punta de sus dedos rozar suavemente contra su muslo.

Bankotsu la oía despacio, pues en verdad la deseaba y se sentía como un completo estúpido al tratar de contenerse, puesto que, comenzaba a perder el poco control que tenía.

—Ban-kotsu —nombró casi en una súplica. Mientras sentía como si los roces del moreno quemaran su blanca piel.

Logró abrir hábilmente las piernas de Kagome con una suya, tanta facilidad para hacerlo lo hacían pensar que ella compartía el mismo deseo que él, ya que, conociéndola, sabía muy bien que ya hubiese hecho un escándalo de los que tanto acostumbraba.

—Bankotsu… por favor —pidió nuevamente al sentirlo completamente encima de ella; él había apegado su sexo haciendo que ella se estremeciera al instante. Se tensó ligeramente al reconocer la masculina dureza que sutilmente comenzaba a emplear Bankotsu en un, ya, conocido movimiento para ella.

—Sé muy bien que también lo deseas… —logró decir jadeante— solo… déjate llevar —pidió para volver adueñarse de sus labios, comenzando a subir una de sus manos hasta uno de los grandes senos de Kagome.

No se dio cuenta en qué preciso momento fue que se perdió en él, respondiendo gustosa al beso que Bankotsu le daba nuevamente, sintió como la mano del moreno subía por debajo de su delgada blusa. Su piel se erizó por completo cuando el moreno presionó delicadamente su seno.

El masaje circular que le daba al gran seno de Kagome lo estaba volviendo loco al desear más contacto, más roce. Abrió aún más las piernas de la azabache con las suyas, logrando acomodarse entre ellas, ya que flexionó sus piernas sobre la cama para aumentar la cercanía de sus sexos. Se estaba embriagando de ella al besarla. Con poco esfuerzo abrió sus ojos levemente para verle el rostro aun en el profundo beso que compartían, los ojos de Kagome seguían cerrados y sus mejillas estaban completamente rojas debido a la pasión que los albergaba. Se sorprendió de sobre manera al sentir las delgadas piernas de la delgada azabache pegarlo aún más a ella, desesperándolo, se perdió por ello.

Se incomodó al sentir la mano de Bankotsu dejar de masajear su seno. Iba a abrir los ojos pero fue sorprendida al sentir las manos de él enrollarse en sus hombros e imponer un ritmo de embestidas más brusco. Eso la estaba excitando demasiado, más de lo que ya estaba, el sentir su enorme dureza rozarcada vez con más fuerza contra su, ya, sensible intimidad, la estaba impacientando.

—Maldita bruja —susurró contra sus labios.

Kagome se desconcertó al oír ese suave susurro. Abrió sus ojos lentamente y se encontró con la fija mirada de él sobre su rostro, las embestidas no se detenían. Ambas miradas se dilataron y sus cuerpos vibraron suavemente gracias al delirio de la excitación. Ambos seguían con sus prendas intactas… hasta ese momento.

La observó fijamente y pudo descifrar rápidamente el deseo de Kagome en sus ojos. Extrañamente no quería profanar su cuerpo sin su autorización. Quería una señal. Quería que de alguna manera le diera a entender que lo deseaba. Quería que le dijera que se lo hiciera de una vez… y él lo haría. Ya la había tocado. Ya la había visto desnuda. Y ahora, la tenía a su completa merced… pero por alguna asombrosa manera la observaba como si le pidiese permiso para continuar.

No supo si era por el miedo a que se enfadara al darle rechazo. No supo si era porque estaba ya muy excitada. No supo si era porque sin darse cuenta comenzaba a compartir el mismo deseo. En ese momento no quería pensar en nada… solo quería que pasara y sin timidez ni duda, posó sus delicadas manos sobre su rostro y alzó un poco su cabeza para adueñarse de sus labios.

Los ojos de Bankotsu se abrieron desmesuradamente al sentir los cálidos labios de Kagome sobre los de él. Apretó sus manos sobre los delgados hombros de ella aumentando considerablemente el, ahora, violento ritmo.

Kagome presionaba sus piernas aún más fuertes sobre el trasero del moreno, atrayendo así, su sexo completamente hacia ella.

La respiración de Bankotsu estaba cada vez más agitada, y sus movimientos eran cada vez más bruscos, nunca había deseado tanto penetrar a una mujer, quizás, Kagome lo volvía loco por ser una niña… una niña diez años menor que él con una personalidad valiente y desafiante.

La azabache se encontraba extasiada, olvidando todo lo que estaba a su alrededor, deseo más, deseo perderse… lo deseo a él.

—Ban-Kotsu… házmelo —pidió apenas en un débil gemido.

Al oírla decir eso Bankotsu no espero más y rápidamente se deshizo de su ajustada blusa, dejándola solo con su blanco sostén de encaje. Lamió uno de sus senos sobre la tela de la delgada prenda, sintiendo el duro pezón de la azabache bajo esta. Dejó la prenda completamente húmeda con su saliva al morder sutilmente el duro pezón que se traslucía por la delgada tela del sostén.

Kagome arqueo su espalda al sentir como Bankotsu mordía su erecto y rosa pezón, sintió que ya no podía más. Deseó que se lo hiciera. Deseó tenerlo dentro de ella. Sin darse cuenta estaba deseándolo a él y a cambio, entregándose por completo.

Quitó el sostén de la azabache y se encantó al encontrarse nuevamente con los hermosos y perfectos senos de ella. Se adueñó de uno de ellos y lo succionó bruscamente… se estaba nublado de excitación. Bajó su mano hasta su cinturón y comenzó a desabrocharlo aun con el seno de Kagome en su boca y dificultosamente, sin detener el vaivén para que ella no se retractara. Necesitaba mantenerla perdida en esa atmósfera que los estaba rodeando.

Su piel se erizó por completo al oír el sonido del cinturón de Bankotsu ser desabrochado, como si la hebilla de metal fuese un sonido ensordecedor y, a la vez, una agonizante espera que la estaba volviendo loca.

Presionó desesperadamente la cabeza del moreno hacia sus senos, para que hundiera su boca aún más en ella, la atrajo suavemente al enredar sus finos dedos en la negra cabellera de Bankotsu… estaba completamente nublada; siendo extremadamente irracional con lo que decía y con lo que en esos momentos hacía, al estar sumisa entre las manos del altanero joven de ojos azules.

El moreno, que fue tomado de sorpresa ante esa actitud tan salvaje de la joven azabache que tenía bajo él, sonrió internamente.

Comenzó a meter su mano lentamente sobre su jeans para poder sacar su enorme e hinchado miembro, ya que a esas alturas, estaría extremadamente delicado. Frunció el ceño al sentir el palpable dolor estremeciendo todo su cuerpo al rosarlo apenas con la punta de sus dedos… ya que su inquietante "amiguito" sobresalía de su negro bóxer, pues, estaba enorme producto del deseo y las caricias que Kagome le daba. No le importó, porque ella sabría calmar el dolor que su masculinidad le causaba.

Kagome no podía esperar más el momento en que Bankotsu la invadiera. Se sorprendió internamente al desear ser penetrada por él; lo deseaba dentro de ella y lo deseaba ya.

Ambos se observaron fijamente para estar seguros de lo que vendría, al menos él, no quería ver rastro de duda en su rostro. Y si ella se llegara arrepentir, lo lamentaría, pues no quedaría otra opción más que forzarla. Pues, ya lo había calentado extremadamente y sabía muy bien que no podría contener su cuerpo, aunque lo deseara; estaba seguro que su instinto era superior a cualquier pensamiento.

Ella lo observócon una mirada suplicante, como dándole a entender que no dudara… que ella lo recibiría acogedoramente… que lo hiciera de una vez.

Bankotsu comenzó a desabrochar el pequeño short de Kagome con intención de meter su mano y bajar hasta el botoncito que estaba seguro, la haría perder la cabeza por completo… aún más. Bajó lentamente por su suave y tersa piel. Pero antes de llegar a la zona deseada…

Una forzada tos logró llamar la atención de ambos amantes.

Bankotsu observó furioso al par de personas de pie junto al marco de la puerta, quiso hacerlos desaparecer de una vez por todas de su camino pero aún le eran necesarios.

—Creo que esa clase de cosas… —señaló la comprometedora posición en la que se encontraban, pues ni uno de los dos se había movido— se hacen con la puerta cerrada. —completó con una sonrisa falsa para ocultar su enorme molestia y sus desenfrenados celos.

— ¿Qué es lo que pasa? —cuestionó Bankotsu fastidiado sin salir de encima de Kagome, pues ella estaba semidesnuda.

—Te llegó esta carta… parece ser importante—dijo Hakudoshi al enseñarle un sobre blanco.

—Deberías venir para contarte qué es lo que está sucediendo —dijo la molesta mujer al posar sus ojos sobre la azabache—. Hay cosas más importante de las que deberías estar pendiente. —se cruzó de brazos para luego salir rápidamente de la habitación.

Hakudoshi observó a la delgada azabache recostada bajo el moreno, sus ojos violetas fueron posados sobre los enormes senos de Kagome que eran aplastados sutilmente por el fuerte torso de su jefe. Lo entendía perfectamente, pues la chica sencillamente era apetecible. Bankotsu notó lo que Hakudoshi observaba y se molestó por ello.

—Largo —ordenó observándolo seriamente. Hakudoshi asintió y salió al igual Kagura lo había hecho.

El moreno recargó su frente sobre la de Kagome y respiró hondo. Estuvo tan cerca de adueñarse de ella y maldecía a las inesperadas visitas que le arruinaron el anhelado momento.

Kagome había estado con la cabeza baja todo el momento desde que fueron interrumpidos, estaba nerviosa y avergonzada al haber sido encontrada en esa embarazosa situación. Al sentir la frente de Bankotsu recargarse sobre la suya cerró sus ojos, sentía como si su rostro ardiera de la vergüenza que tenía.

—Vístete —lo oyó decir quedamente al alejarse de ella.

La azabache bajo la mirada apenada, pues sus emociones le decían que era lo mejor en esos momentos. Mientras tanto su cuerpo se deprimía internamente, al ser embargados por la incómoda sensación de la excitación y deseos no cumplidos.

—Ten —levantó su mirada y se encontró con Bankotsu entregándole sus prendas.

—G-gracias —dijo recibiendo sus ropas cabizbaja, a la vez que se sentaba correctamente sobre la cama. Iba a ponerse el sostén cuando la mano de Bankotsu la detuvo.

Se hincó a los pies de la cama y tomó la mano de ella para que no se cubriera; rosó sutilmente la piel de Kagome y pudo comprobar cómo ésta se erizaba al instante, la observó por unos segundos y vio que el brillo del deseo aún seguía impregnado en su rostro.

—Va a pasar… —habló al tomar su mentón— tarde o temprano tendrás que ser mía —susurro en su oído para finalmente darle un fugaz beso sobre sus labios y salir de la habitación, cerrando la puerta tras él.

Kagome se quedó congelada presionando levemente la delgada blusa que mantenía en su mano. Su mente comenzó a darle miles de vueltas al pensar en la persona quién realmente debería de despertarle ese tipo de incontrolables sensaciones. Presionó la blusa contra su pecho con un poco más de fuerza y se dejó caer pesadamente sobre la acogedora cama donde solía dormir Sango. Pasó sus dedos por sus labios en un débil roce, recordando cómo fue que ella se acercó para besarlo. Presionó fuertemente sus ojos y se maldijo internamente al pensar lo que hubiese hecho por dejarse llevar por sus instintos femeninos, pues a pesar de todo, ella también tenía sus necesidades íntimas.

— ¡¿Qué mierda es lo que no puede esperar?! —cuestionó frustrado al abrir la puerta con poca delicadeza. Kagura y Hakudoshi lo habían estado esperando en su despacho.

—La policía anda detrás de ti —Kagura dijo realmente angustiada.

—Eso ya lo sabía… —respondió al sentarse en su cómoda silla y recargar sus piernas sobre la fina madera del escritorio, cruzándolas.

—Llegó esta carta hace un rato —Hakudoshi interrumpió un poco incómodo la pesada atmosfera que los estaba rodeando gracias a la molesta mirada que le daba Kagura a Bankotsu, el cual solo la observaba de manera burlesca.

Posó sus serios ojos azules en el blanco sobre que Hakudoshi le entregaba, lo tomó desganado y de la misma manera lo abrió. Su ceño comenzó a fruncirse cada vez más al leer atentamente la misteriosa hoja blanquecina que mantenía entre sus manos.

El rostro de Kagura fue adornado por una sonrisa torcida al acertar lo que pensaba, pues, las facciones de Bankotsu se endurecían cada vez más y más.

—Hakudoshi, déjanos solos —ordenó sin quitar la vista del blanco papel que leía.

El bajo chiquillo no dijo nada, solo se dirigió a la salida después de oír la seria orden dada por quién era su jefe. Ambos quedaron a solos en su oficina.

— ¿Sabías de esta mierda? —cuestionó al sentarse correctamente, enseñándole el papel y, a la vez, arrugándolo levemente.

—Claro que lo sabía —respondió sin cohibirse ante la molestia del moreno.

— ¡¿Y qué mierda esperabas para decírmelo?! —preguntó alterado.

Le habían mandado una citación para hacerle unas cuantas preguntas sobre un caso que extrañamente lo tenía ligado. La citación estaba hecha para el día siguiente a primera hora y, con la debida advertencia de que si no se presentaba, sería considerado como sospechoso.

—Porque no se me dio la gana —respondió al observarlo desafiante.

—Hmph… ¿tan grande es tu despecho? —sonrió de medio lado, con la intención de provocarla.

—Sabes muy bien qué lo que siento por ti no es despecho —le recordó al sentarse correctamente—. Es algo mucho más grande.

—Y vas a volver a empezar —habló cansado al mismo tiempo que recargaba su cabeza sobre la cabecera de su asiento.

— ¿Hasta cuándo pretendes seguir evitándome? —preguntó al ponerse de pie y posar ambas manos sobre el escritorio.

—Nadie te está evitando, Kagura —dijo en un tono lento para que se le metiera en la cabeza de una buena vez.

—Entonces… ¿Qué hacías con esa mocosa en su habitación? —exigió explicación.

—Así que se trata de eso —acertó en lo que hace un rato suponía.

—Bankotsu… es una niña —quiso hacerle entender—. Ubícate, la diferencia de edad entre ella y tú es demasiada.

— ¿Y eso qué? —preguntó molesto. Kagura a veces lo sacaba de quicio al ser tan insistente y sentirse con derechos sobre él.

— ¿Te gusta? —esperó paciente la respuesta de Bankotsu.

¿Te gusta? Oyó atento su pregunta. Su mente voló por un pequeño momento hacia el anterior encuentro de la azabache y él. La lengua de ambos chocando desesperadamente, bañándose con las salivas del otro, mientras ella lo apegaba con sus piernas cada vez más a su sexo, excitándolo cada vez más. Su enorme busto en su mano, el cual, no lo podía tomar por completo debido al tamaño. Sus rosados pezones completamente erectos y la suave piel que alcanzo a rosar antes de llegar completamente hacia su intimidad. Movió la cabeza para disipar los extraños recuerdos que comenzaban a invadir su mente ¿Por qué pensaba en eso?

—Me calienta… —dijo seguro— Me calienta más que cualquier otra mujer con la que me haya revolcado —sonrió arrogantemente.

Kagura tragó duro la saliva que mantuvo detenida por un momento en su garganta. Apretó sus puños; Bankotsu había golpeado su ego de mujer con ese, para ella, hiriente comentario.

— ¿Entonces solo es sexo? —cuestionó tratando de mantenerse digna y lo más serena posible— ¿Solo te la quieres follar?

— ¿Follar? —Repitió con sorna al soltar una pequeña risita— Pero sí, me quiero revolcar con ella hasta que me sacie por completo del hermoso cuerpo que tiene —dijo lo último con intención de fastidiarla.

—Nunca cambiaras —dijo al pescar su cartera con la intención de marcharse.

—No tengo el más mínimo interés de hacerlo —dejó en claro antes de que Kagura saliera.

—Solo… no te vayas a encaprichar más de la cuenta con esa mocosa, ya que no es más que una simple y sucia prostituta —dijo al voltear a verlo—. Porqué quieras o no… a eso la has traído aquí —sonrió de medio lado al pescar la perilla de la puerta y salir ahí.

Bankotsu suspiró cansado, mantener una conversación civilizada con Kagura era imposible, pues sus celos siempre salían a flote, sin importar el tema que tocaran.

"Solo… no te vayas a encaprichar más de la cuenta con ella, ya que no es más que una simple y sucia prostituta. Porqué quieras o no… a eso la has traído aquí". Presionó sus dientes al pasarle por la cabeza una vez más el venenoso comentario de Kagura. "Me calienta… Me calienta más que cualquier otra mujer con la que me haya revolcado" Las palabras que mencionó anteriormente se le cruzaron sin razón aparente, confundiéndolo "me quiero revolcar con ella hasta que me sacie por completo del hermoso cuerpo que tiene" Presionó sus manos contra su cabeza al recordarla bajo él, solo era sexo, estaba seguro que si se acostaba con ella se dispersarían todos los vagos pensamientos que ya comenzaban a volverse en una irritable molestia. La haría suya esa misma noche, y así, terminaría por satisfacer lo que él consideraba: solo una noche de revolcón con una de las tantas putas que le servían.

Mientras tanto en una humilde y sencilla casa en la ciudad de Sendai…

—Ya ha pasado medio año desde que Kagome desapareció —dijo Naomi con su vista fija en el televisor.

—Tranquila cielo —dijo Sohin al darle un abrazo—. Hoy es tu cumpleaños, deberías estar un poquito más feliz… aunque sea inténtalo por Sōta.

Naomi se volteó a verlo molesta ¿Acaso ya se había dado por vencido? ¿Pretendía que siguieran viviendo sin Kagome?

— ¡¿Qué esté feliz?! —Cuestionó enfurecida ante las palabras de su marido— ¡¿Cómo me puedes pedir algo así?!

Sōta e InuYasha, quienes habían estado en la cocina sirviendo los vasos con refrescos para poder comer el pastel con el cual celebrarían el cuadragésimo cumpleaños de la madre de la azabache, se espantaron al oír los gritos femeninos y avanzaron rápidamente el corto trayecto hacia la pequeña sala. Observaron cómo Naomi lloraba y gritaba al borde del colapso… colapso que no demoró en llegar.

— ¿Mi mamá se murió? —preguntó nervioso Sōta, con sus ojos completamente cristalinos.

—No, no, Sōta… mejor, ve a tu habitación. Yo enseguida subo —guío el joven de ojos ámbar al pequeño niño hacia las escaleras, indicándole que fuera a su cuarto.

InuYasha se quedó sentado en la sala de la casa de los Higurashi, mientras su suegro le daba unos tranquilizantes que le había recetado la psicóloga en una de las tantas sesiones que tuvieron que someterse por el bien de Sōta.

— ¿Sōta ya se durmió? —preguntó cansado el padre de la azabache al sentarse en el sofá junto a su joven yerno.

—Sí —dijo al poner el canal de las noticias de su región—. Le di un trozo de pastel y un vaso de jugo. Conversamos un rato para que se distrajera y no demoró en quedarse dormido.

—Lo siento… —pidió al posar ambos codos sobre sus rodillas y tomar su cabeza con sus manos— solo quería que Naomi y Sōta pasaran un rato agradable. Tampoco quería molestarte y terminaste haciéndote cargo de mi hijo.

—No se preocupe… para mí no es ni una molestia —habló InuYasha al apoyar su mano en el hombro de su suegro.

"Mientras tanto en la capital de Tokio cayó una de las casas ligadas a la trata de blancas o como algunos conocen… tráfico humano"

El rostro de InuYasha tanto como el de su suegro se pusieron pálidos al oír lo que la reportera del canal regional informaba. Posaron sus sentidos en cada palabra que salía de los labios de la mujer de las noticias.

"Tenemos un móvil en directo con la periodista Size Kinomoto allá en Tokio."

"Buenas noches Mei… sí, según se ha dicho por fuentes directas a la brigada de Tokio, es que han allanado una de las casa que se dedicaba a la trata de blancas" —informó la periodista.

"¿Tienen algún antecedente de los nombres de las chicas a las cuales prostituían o algo así?" —cuestionó la periodista regional.

"No. Los oficiales de la brigada han sido bien cautelosos al resguardar las identidades de las testigos y muy reservados al dar información".

"¿Tienes alguna idea de si ya tienen a algún sospechoso?"

"No. Pues la información con la que está trabajando la brigada ha sido de total confidencialidad"

"Bueno, entonces nos mantendrás informados de lo que está pasando allá en Tokio… buenas noches."

"Por supuesto… buenas noches." —finalizaron el móvil.

"Y en otra noticias…"

InuYasha y Sohin se quedaron petrificados por un instante al oír el reciente acontecimiento de Tokio. Ninguno decía nada, pues la noticia los tomó desprevenidos.

—InuYasha, ¿Oíste lo mismo que yo? —cuestionó Sohin al ver al desconcertado peliplateado en silencio. El joven sacó su celular molesto.

—Lo averiguaremos ahora mismo —habló al mismo tiempo que marcaba el número de su amigo.

—Ya verás que las cosas se solucionaran —dijo el oficial al darle una sonrisa a la joven castaña.

—Solo le pido que no mencionen mi nombre —pidió realmente afligida.

—Quédate tranquila que seremos lo bastante cuidadosos al interrogarlo.

—Yo solo quiero ayudar… pero también temo ser perjudicada o dañar sin intención a las demás chicas… o a sus familias.

—Sango… eres una chica muy valiente —dijo al tomar su mano sin darse cuenta.

—G-gracias —agradeció nerviosa al observar el agarre.

El móvil de Miroku comenzó a vibrar al anunciar una llamada entrante. Suspiró profundo al ver el nombre en la pequeña pantalla.

—Lo siento —dijo al soltar la delgada mano de la chica para retirarse a contestar lo que, seguramente, sería una larga llamada llena de quejas.

—Hola InuYasha… —quiso saludar en un tono efusivo.

— ¿Cómo me puedes saludar como si nada pasara? —cuestionó con su voz contenida en rabia.

—Ya veo que te enteraste… —dijo al rascar su cabeza.

—Eres muy mal amigo, Miroku —realmente estaba dolido—. Sabes muy bien lo desesperado que estoy por encontrar a Kagome y tú me ocultas una información tan importante como la que me acabo de enterar por las noticias —recriminó decepcionado.

—Amigo… lo siento… pero éste es mi trabajo —explicó para que lo entendiera.

—Lo entiendo, pero también somos como hermanos —dijo cobrando sentimientos—. Ni te imaginas lo angustiado que estoy por saber de Kagome.

—Lo sé muy bien… pero… —quiso decir pero fue interrumpido por InuYasha.

— ¡Pero nada! —alzó la voz al querer oírlo justificar, para él, una errada acción.

—Tranquilízate InuYasha, que así no se solucionara nada —dijo sereno para que su amigo se contuviera.

—Claro que se solucionará —dijo mientras movía su cabeza a modo de asentimiento—. Porque en este preciso momento iré a comprar un pasaje con el primer vuelo que salga a Tokio y me explicaras qué demonios es lo que realmente está pasando. —con esa última frase finalizó la llamada.

Sabía que había algo más, de eso estaba completamente seguro, pues de lo contrario, Miroku le hubiese dicho que se quedara tranquilo, que era una falsa alarma… o algo parecido. Pero no. No lo hizo, y esa… era una pequeña luz de esperanza que no dejaría pasar.

Ya era cerca de la medianoche y ya toda la mansión estaba en completa obscuridad, pues, todos se dormían temprano al no tener ya nada que más hacer.

Bankotsu se había mantenido en su habitación, pues, había estado ocupado haciendo un par de llamadas y presentarse así, sin problema alguno la temprana mañana dónde lo habían citado.

Cerró su computador quedando en oscuridad, sino fuese por el estrellado cielo que iluminaba tenuemente su amplio despacho, tenía la costumbre de nunca cerrar las cortinas, ya que de esa manera, recordaba a la habitación de su madre.

Ladeó su asiento y posó uno de sus codos en el escritorio; apoyando su cabeza sobre su mano. No podía sacarse la imagen de Kagome con el rostro lleno de placer. Se sentía completamente acalorado, sofocado, como si la sangre hirviera por dentro de todo su cuerpo, no aguantó más. Se puso de pie y fue por ella.

Desde que cumplió los diecisiete años acostumbró a dormir en ropa interior, y ahora que dormía sola en esa enorme habitación se podía permitir ser libre al lucir como quisiera, sin antes, cerrar con seguro la puerta del cuarto.

Cerró sus ojos… ese día había sido muy extraño para ella, lleno de emociones, sensaciones y confusiones que ya no quería trabajar en descifrar. Solo quería dormir y nada más.

Tomó decidido la perilla de la puerta para abrir y adueñarse de una vez por todas de ella, pero fue sorprendido al encontrar la puerta con seguro. "¿Acaso pretendía evitarlo? Pues, si era así… estaba muy equivocada." Pensó molesto. Saco de su bolsillo un objeto con varias llaves y logró abrirla sin dificultad alguna.

Cerró silenciosamente con seguro la blanca puerta tras él; se quitó los zapatos, los jeans y la ajustada camisa blanca que llevaba, dejó todo tirado por el suelo. Abrió las frazadas y sonrió de medio lado al observarla dormir en posición fetal, abrazándose a sí misma. Bajó su vista y se fascino al notar que su cuerpo solo era cubierto por un diminuto conjunto negro de ropa interior.

Kagome parecía estar durmiendo profundamente pero su sub-consciente podía sentir como unos sutiles roces lograban erizar su cuerpo. Quizás era un sueño. Quizás un deseo oculto, pero no quería despertar.

Bankotsu se apegó a ella aún más por la parte trasera, su miembro comenzaba a despertar poco a poco al acomodarse perfectamente sobre la delgada línea de división que separaba sus dos redondos glúteos. Pasó una mano por su delgada cadera, la presionó suavemente mientras comenzaba a besar su cuello al mismo tiempo que embestía con sutileza su, ya, hinchado miembro contra el hermoso trasero de ella. Los besos que le brindaba en el delgado cuello eran cada vez más demandantes. Sonrió de medio lado al sentir el trasero de Kagome pegarse a él. Estaba despertando gracias a sus posesivas caricias. Se sentía desesperado, quería perderse en ella y hacerla de él toda la maldita noche. Hizo los movimientos más marcados logrando ver sobre el hombro de Kagome como sus enormes senos revotaban al compás del movimiento que él imponía. Kagome lo volvía loco… solo por sexo, de eso no había, para él, ni un rastro de duda. Una vez que la tomara e hiciera lo que quisiera con ella en la cama, de seguro se olvidaría de los estúpidos pensamientos que de vez en cuando invadían su mente en momentos de soledad. Pero solo un susurro, una palabra, un nombre pronunciado por los labios de ella, bastó para que él mandara todo a la mierda.

—Inu… Yasha —susurró en un gemido inconsciente entre-sueño.

Detuvo abruptamente el movimiento y su mirada quedó desconcertada al oírla perfectamente susurrar el nombre de la persona que era su prometido. ¿Ella soñaba con otro mientras él le estaba dando placer? Se cuestionó molesto. Su irá comenzó aumentar, nunca en la vida se había sentido más imbécil que en ése preciso momento. La giró bruscamente, subiéndose sobre ella y presionando rudamente sus manos en cada una de las delgadas muñecas de ella.

— ¿Pero qué…? —quiso preguntar asustada al ser girada y despertada tan bruscamente.

— ¿Pero que qué…? —preguntó mirándola realmente molesto, aumentando el miedo de Kagome al ver su casi desfigurado rostro.

—Suéltame… —pidió asustada— ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? —cuestionó y lo vio acercarse lentamente a su oído.

—A… ti —susurró dejando caer su peso completamente sobre el delgado cuerpo de ella.

Los ojos de Kagome se abrieron desmesuradamente al oír sus bajas pero seguras palabras… ¿Por qué estaba haciéndole eso? Sintió como la boca de Bankotsu besaba su cuello, succionándolo con desesperación, con rabia… mostrando qué tan enfurecido estaba. Se removió lo que más pudo bajo él y, aun así, no logró quitárselo de encima.

—Serás mía… —susurró sobre sus labios al encontrarse ambas miradas.

Kagome abrió sus ojos con temor… ¿Acaso él pretendía…?


Muchas gracias por leer

MUCHÍSIMAS GRACIAS A LAS PERSONAS QUE SE TOMARON EL TIEMPO DE COMENTARME EL CAPÍTULO PASADO :) MÁS AÚN POR TAN BUENA ONDA

¡CIRCULO MERCENARIO!

Saludos y bendiciones a todas X'D en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.