Capítulo 48: Un duro viaje
Maxi y sus hombres no descansaban.
Caminaban a velocidad constante en las direcciones que Yoshimitsu, que decía recordar con casi total exactitud el camino que hizo siguiendo a su padre, daba.
No se detenían para comer, sino que lo hacían mientras marchaban.
Sólo hacían altos para dormir, y rara vez duraban más de seis horas.
Maxi, Yoshimitsu y la tripulación más experimentada no tenían problemas en seguir el ritmo, pero los más novatos apenas podían resistir.
Tras dos semanas de viaje, uno de ellos se desmayó.
Esa fue la primera vez que pararon durante el día. El calor era agobiante, y no era extraño que hubiera ocurrido aquello.
Yoshimitsu opinaba que con darle un poco de agua debía bastar, pero Maxi se apiadó del joven y decidió que se quedarían un rato descansando.
Cuando el sol empezaba a ocultarse reanudaron la marcha.
El viaje no tuvo más incidentes hasta que entraron en el desierto en el que se encontraban las ruinas del templo, tras más de un mes.
El calor y escasez de agua del árido desierto fue fatal. Apenas podían avanzar, y un par de tripulantes perdieron el conocimiento para ya no volver a despertar.
Hasta a Maxi y Yoshimitsu, los más fuertes de entre todos ellos, les resultaba difícil aguantar.
Al fin, tras tres días en el desierto, vieron un edificio derruido a lo lejos.
Aquel era el lugar donde Astaroth y el resto de monstruos habían nacido, y donde su creador, el padre de Yoshimitsu, había muerto.
Los viajeros sonrieron aliviados al ver que habían llegado a su destino. Cabía la posibilidad de que el viaje hubiera sido en vano, pero algo les decía que allí encontrarían algo de valor.
Con decisión, todos se dirigieron hacia las ruinas, dispuestos a encontrarle sentido al largo viaje.
