Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.
Aclaración: Lo que esta en cursiva serán los pensamientos, dialogo de terceros o recuerdos de los personajes.
Hola hermanas mercenarias! Bueno, primero disculparme por la desaparición, la casa de mis suegros la están construyendo entonces, el wifi esta malditamente inestable :/ otra cosa, no alcancé a mandarle el borrador a mi beta así que espero que no sean tan criticonas XD traté de hacer mi mejor esfuerzo -.-'
Desde ya disculpen la falta ortográfica :)
Chapter:18
CAYENDO EN SUS REDES
—¡Suéltame! —gritó desesperada al revolverse entre las suaves sabanas de seda y el imponente cuerpo de Bankotsu sobre ella.
El moreno disfrutó ver la combinación de resentimientos en su afligido rostro, una combinación entre: coraje y cierto temor mezclado que desprendía de sus achocolatados y grandes ojos. Sonrió complacido.
—Te dije que pasaría —le recordó al susurrar sobre su oído. Kagome se tensó por un momento al oír la varonil voz de Bankotsu, y la calidez del aire de sus labios golpear sutilmente contra su oído.
—¡Suéltame, déjame! —exigió apretando sus dientes, con su ceño completamente fruncido al recobrar su molestia.
—No me detendré, Kagome —aclaró con voz ronca al acariciar su labio inferior con su dedo pulgar.
—No… —logró pronunciar preocupada de lo que esta vez, estaba segura, vendría. Bankotsu negó en silencio al observarla a los ojos, y lentamente, descendió hasta su cuello, rozando la punta de su lengua de manera delicada contra el mismo.
Ella apretó los ojos, prohibiéndose así dejarse llevar por completo ante sus caricias. ¿Por qué él se estaba comportando de esa manera? Se cuestionaba para mantenerse distraída de lo que él comenzaba hacerle… y a provocarle.
Con una sola de sus manos apresó ambas delgadas muñecas de ella, mientras que con su mano libre comenzaba a masajear sin permiso, uno de los redondos senos. Kagome era sencillamente apetecible para él, y también tenía muy en claro que solo necesitaba quitarse las ganas con ella. "Solo es sexo" se repitió una vez más en su cabeza.
—D-detente —pidió al sentir como Bankotsu comenzaba a masajear uno de sus senos; senos que solo eran cubiertos por la delgada prenda superior de su sostén.
Bankotsu la ignoró por completo, y hábilmente, logró deshacerse del obstáculo que le impedía deleitarse nuevamente de los, para él, perfectos pechos de la azabache. Pasó su lengua por el duro pezón de la nerviosa chica, y su miembro comenzó a despertar… aún más.
—B-basta —pidió titubeante al sentir como el moreno comenzaba a succionar con mayor desespero su erecto pezón.
La oía quejarse, pero esos quejidos no eran del todo molestos, lo sabía, ella también quería estar con él. Comenzó a bajarle la semitransparente braga de encajes para poder ser uno con ella, ya no podía seguir esperando.
Los ojos de Kagome se abrieron desmesuradamente al sentir como Bankotsu se deshizo de su inferior prenda con un brusco movimiento; había roto su prenda interior, dejándola completamente expuesta y vulnerable ante él.
—Basta, Bankotsu… —pidió un poco dolida de como él se estaba tomando las cosas.
—Guarda silencio —pidió en voz baja al observar su femineidad. Kagome no entendía su nuevo comportamiento, quizás, ella quiso pensar que él era otra clase de persona, equivocándose por completo.
Rozó sus dedos sutilmente contra los pliegues que resguardaban la intimidad de la temblorosa azabache. Su cuerpo casi deliró al abrir con dos de sus dedos los húmedos pliegues de Kagome al rozarla con mayor intensidad.
—D-detente —volvió a pedir entre dientes al ver que éste la ignoraba.
— ¿Cómo pretendes que me detenga, Kagome? —cuestionó al posar sus azulinos ojos en ella, y Kagome, estúpidamente se estremeció ante su mirada —Sé que tú también lo quieres… —dijo al posar sus labios sobre los de ella —esta tarde me pediste que te lo hiciera —le recordó al verla fijamente y penetrarla con los dos dedos posados en su intimidad.
El rostro de Kagome se ruborizó completamente al recordar sus propias palabras, y no pudo pensar más, su espalda se arqueó involuntariamente al sentir los gruesos dedos de Bankotsu hundirse en su interior. Tenía miedo de estar con él, tenía pena de cómo se estaba comportando… y se sentía mal al estar deseando a otro hombre que no fuera InuYasha. Sí, tontamente deseaba a ese imponente hombre sobre ella. Sintió los labios de Bankotsu adueñarse completamente de su boca, y su lengua golpear apasionadamente contra la suya… enfrascándose en una nueva batalla, donde la lengua del ojiazul tenía completo control de la situación. Cerró sus ojos y correspondió al beso que él impuso, gimiendo sutilmente dentro de su boca al sentir los dedos de Bankotsu entrar y salir cada vez más brusco de su interior. No comprendió si era porque ella aún era joven y no tenía un completo control de su cuerpo e, inesperadamente, este comenzó a ceder ante sus atrevidas caricias. Sintió como si una oleada de calor la golpeara internamente, probablemente, producto de sus ya revoloteadas hormonas.
Movió los dedos cada vez con más rapidez al oír su casi inaudible gemido morir en su boca. Sonrió internamente al sentir a Kagome corresponder a su beso, de a poco comenzaba a aprender como estremecerla, y hacerla caer en su juego; juego que sin darse cuenta, se terminaría convirtiendo en la pieza más importante para él.
El ritmo que Bankotsu comenzaba a imponer sobre la boca de Kagome era cada vez más demandante pues, ella podía sentir como si él casi le quitara hasta el mismísimo aire que trabajaba en sus pulmones. Respondió a cada beso que él le dio, y se dejó llevar por cada una de las caricias que él le brindó.
De manera rápida y astuta quitó su ajustado bóxer; quedando completamente desnudo, al igual que ella. Lentamente se acomodó entre sus piernas, rozándose sutilmente contra los húmedos pliegues de la azabache, impregnándose, de los fluidos que desprendían incontrolablemente de su femineidad. Ya estaba lista para ser uno con él.
El moreno había dejado de esposar las muñecas de Kagome con la mano de él, ahora las manos de la azabache estaban posadas: una en la negra cabellera de Bankotsu, y otra, sobre su aperlada espalda, definitivamente, había algo muy mal con ella, estaba disfrutando de las caricias de su enemigo, sus besos, sus miradas y fugaces conversaciones se le estaban volviendo costumbre. Lo estaba deseando… y tenía miedo de ello.
Bankotsu abrió un poco más sus propias piernas, abriendo de esa manera las de Kagome también. Se rozó un poco más demandante contra ella y la sintió aferrarse con ambas manos a su espalda. Su propia respiración comenzó a exigirse al volver el movimiento del roce más intenso, la hinchada punta de su erecto miembro comenzó a despedir su inconfundible fluido, los cuales rápidamente se mezclaron con los de la excitada azabache; quién esperaba casi agónica la llegada de Bankotsu en su interior. Enredó sus brazos por los delgados hombros de Kagome, y lentamente comenzó a hacerse pasó en su interior. El interior de ella era completamente estrecho, ya que presionaba deliciosamente su erecta masculinidad. Bankotsu sabía muy bien que ella no era virgen, pero su interior hacía parecer todo lo contrario pues, podía sentir vívidamente como su hinchada masculinidad se adentraba con cierta dificultad en ella. La intimidad de Kagome apretaba deliciosamente su hinchada hombría, logrando hacerlo temblar de excitación.
—Ahh… —fue lo que salió de los labios de la joven al sentir a Bankotsu entrar en ella. Mordió suavemente el grueso hombro del moreno para no dejar escapar un gran gemido que amenazaba con arrancar de su interior pues, podía sentir como si el miembro de Bankotsu estuviera rompiéndola por dentro, quizás, el tamaño de su masculinidad era más grande que el de InuYasha, ya que podía sentir como su intimidad dificultosamente le daba paso.
Besó sus labios al sentirla tensarse, no quería detenerse, Kagome era de verdad deliciosa, su interior era sencillamente exquisito y, quizás, podía volver a estar con ella un par de veces más. Era la primera mujer que lo hacía desear tanto estar en su interior y la maldecía por lo mismo. Aceptaba que la muchacha le atraía, y su cuerpo siempre le fascinó, ahora entendía el por qué… quizás, muy en su interior, había algo más.
—Ahh… —gimió nuevamente Kagome sobre los labios de Bankotsu al sentirlo entrar completamente en ella.
El moreno metió una vez más su lengua en la boca de la ex-colegiala, para que se dejara llevar por el momento y nada la distrajera, besándola esta vez de manera delicada, masajeando suavemente su lengua contra la de ella, ocasionando que ambas salivas se mezclaran deliberadamente. Bankotsu comenzó a entrar en su interior con un poco más de agresión, los pechos de Kagome eran movidos armoniosamente por el vaivén que él imponía. Se enterró en su femineidad tanto como su cuerpo se lo permitió, no quería dejar huella que no fuera de él dentro de ella.
—Ahh… —Kagome volvió a gemir al sentirlo adentrarse profundamente, sencillamente, ya la había hecho perder todo control que tenía sobre sí misma. Sintió como toda su intimidad estaba totalmente húmeda, podía sentir como sus muslos estaban completamente bañados de sus propios fluidos, se avergonzó internamente de su poco autocontrol.
Los jadeos de Bankotsu se hacían cada vez más gruesos al salir lentamente del interior de Kagome, para luego volver a entrar de manera brusca, el movimiento de sus enormes senos al revotar le quitaban el aliento, y su angelical rostro bañado en excitación lo estaban volviendo loco. Había logrado corromperla totalmente.
—Bank… —lo nombró al sentir como el ojiazul levantaba una de sus piernas para posarla en su cadera, haciendo la penetración más profunda de lo que anteriormente había sido.
—Aguanta un poco… más —pidió jadeante y con la respiración completamente entrecortada, sin detener el movimiento. Al levantar la pierna de Kagome logró entrar aún más en ella, haciéndola compartir el mismo placer que él.
Ella ya no podía más, el grosor del miembro de Bankotsu la estremecía por completo, sentía su cuerpo delirar por todo el placer que el moreno le estaba compartiendo, la penetración era cada vez más ruda gracias a los fluidos de ambos, haciendo que el vaivén fuera mucho más satisfactorio.
Bankotsu mordió delicadamente el duro y rosado pezón de Kagome, jamás detuvo los movimientos, quería darle placer, no supo muy bien el por qué pero quería que ambos disfrutaran el momento. La penetró nuevamente, golpeando esta vez, el pequeño botoncito rosa que estaba seguro la llevaría al límite de la locura.
La azabache comenzó a sentir una pequeña corriente eléctrica comenzar a recorrerle todo el cuerpo, la cual se intensificó por las rudas embestidas que Bankotsu daba, ahora, contra su zona más sensible.
—¡Bankotsu…! —gritó al nombrarlo y aferrarse completamente a su sudorosa espalda. Fue abrazada por un largo orgasmo que le recorrió todo el cuerpo, hasta la punta de sus finos dedos.
Él incrementó el número de embestidas, penetrándola cada vez con más velocidad y agresividad, podía ver cierto dolor en el rostro de ella, quizás, porque ya había llegado a su orgasmo y su zona íntima estaba demasiado sensible. La embistió profundamente un par de veces más, derramando así, toda su blanca y espesa esperma en su interior… tal vez, sin pensar ni medir consecuencias. Besó la parte superior de uno de los senos de Kagome, dejándose caer delicadamente sobre los mismos, y se abrazó a su pequeña cintura de manera posesiva.
Kagome intentaba regularizar con cierta dificultad su respiración, mientras miles de preguntas rondaban su mente: "¿Cómo se pudo haber acostado con él? ¿Qué pasaría ahora? ¿Cómo la trataría? ¿Había sido muy fácil? ¡Oh por Dios! ¿Se había equivocado?" se interrogaba internamente, pero todas estas preguntas fueron disipadas al sentir los cálidos labios de Bankotsu besar la parte superior de su seno, para luego recostarse con cierto cuidado sobre los mismos, y terminar abrazándose de manera necesitada a ella.
Ninguno dijo ni una sola palabra, puesto que estaban completamente agotados. Al primero en vencerlo el sueño fue al ojiazul, quién se durmió sobre Kagome, sin molestarse siquiera en salir de su interior; Kagome no demoró en alcanzarlo.
Ambos cuerpos levemente aperlados, iluminados tenuemente por la luz lunar que se colaba por la delgada cortina semi-transparente de la habitación de la azabache, y cubiertos solamente por la suave sabana de seda… lograron pasar, extrañamente, su primera noche juntos, como un solo ser.
Muy temprano en la ciudad de Sendai un peliplata estaba ya de pie en su casa, arreglando su equipaje para partir a Tokio, tenía su vuelo a las seis de la mañana, no quería… o más bien, no podía esperar más.
—¿Y piensas mandar todo a la basura? —cuestionó dolida Izayoi al verlo echar gran cantidad de ropa en una amplia maleta, como si fuera un viaje muy largo.
—No mandaré todo a la basura, mamá —corrigió cansado.
—¿Entonces qué pasará con tus estudios? —volvió a cuestionar, esta vez, un poco molesta.
—Hablé con algunos maestros, ellos conocen mi situación, si bien entienden, me dijeron que no debo atrasarme demasiado en los exámenes —explicó para que su madre no se preocupara más de la cuenta —No pretendo irme para siempre y dejar todo tirado —la observó fijamente —dije que saldría adelante para darte una mejor vida… y es lo que haré —dijo al abrazar a su delgada madre, quién espontáneamente correspondió su abrazo.
—Ay, Inuyasha… —suspiró tranquilamente al abrazarlo de manera protectora —por favor cuídate mucho —deseó resignada a la idea de su hijo.
—Siempre lo hago —dijo al verla a los ojos —Tengo la intuición de que Miroku sabe algo, y que con eso Kagome aparecerá pronto.
—No seas tan insistente con tu amigo —pidió al acariciar su mejilla—, recuerda que el que no te dé mucha información es parte de su trabajo.
—Lo sé, pero me es imposible no preocuparme de manera exagerada por Kagome —dijo al darle una pequeña sonrisa.
—Bien —también le sonrió.
Izayoi ayudó a InuYasha con las maletas que llevaba al taxi, y con un cálido abrazo se despidió de él.
—Bendiciones en tu camino, InuYasha —deseó al tomarle las manos y cerrar sus ojos.
—Gracias, madre —agradeció él al darle un cálido beso en la mejilla y subir al taxi que lo esperaba en la puerta de su casa. Llegaría muy pronto a Tokio, y lo primero que haría al llegar, sería: hablar con Miroku y obligarlo a contarle qué diablos era todo eso de la casa de "tratas" caída.
Abrió sus azules ojos e instintivamente se posaron sobre el reloj colgado sobre la marulla de la cama en la que había dormido toda la noche; el reloj indicaba las siete de la mañana. Sonrió de medio lado al ver el rostro de la azabache tan tranquilo, sus ojos completamente cerrados y sus largas pestañas los hacían lucir hermosos, su boca semi-abierta al dormir de manera relajada la hacían ver sencillamente bella pero… «Es solo una niña…» sin razón alguna las palabras de Kagura habían golpeado su mente. Bankotsu sonrió de medio lado «que equivocada estabas» se dijo internamente al recordar la anterior noche vivida con la pequeña y delgada azabache bajo él, entonces recordó: la lengua de Kagome danzar suavemente con la de él, su cuerpo estremecerse ante sus atrevidas caricias y su fino gemido al nombrarlo cuando llegó al éxtasis lo hicieron excitarse, su miembro comenzó a despertar aun en el interior de la dormida azabache. Posó ambas manos a los costados de la almohada donde dormía Kagome, levantó suavemente su torso sobre los senos de ella, y comenzó a moverse delicadamente para no despertarla, la penetraba lenta y cuidadosamente al mismo tiempo que se deleitaba al ver como sus desnudos senos se movían despacio al compás del movimiento que él empleaba.
Kagome frunció el ceño al sentir su intimidad un poco adolorida, acompañado de un curioso pero conocido movimiento, abrió los ojos y su corazón se aceleró al ver a Bankotsu sobre ella, embistiéndola suavemente.
—Bankotsu, no… —dijo desconcertada al ser despertada de esa manera, posando ambas manos sobre su torso.
—No te muevas —ordenó sin detener los sutiles movimientos.
—Pero… —dijo al verlo.
—Kagome —la nombró en un tono casi suplicante—, no te me niegues.
Esas insignificantes palabras causaron que ella se estremeciera por completo, aceptando lo que vendría… nuevamente.
Se sentó correctamente sobre la cama y, hábilmente, atrajo a Kagome consigo, sentándola con sus piernas abiertas sobre él, rodeando su cuerpo, volviendo así la penetración más profunda y satisfactoria.
La delgada joven no podría aguantar mucho, ya que los movimientos que Bankotsu hacía al hundirse en ella amenazaban con llevarla pronto al éxtasis.
Las grandes manos de Bankotsu se posaron en ambos y redondos glúteos de Kagome, moviéndola con más rapidez sobre él. Sencillamente esa maldita niña lo hacía desear cada vez más.
Nuevamente Bankotsu la hizo suya esa mañana, y la hizo llegar al orgasmo en dos oportunidades, y nuevamente, derramó completamente toda su blanca esencia en su interior.
Ambos cuerpos agotados mirando al cielo blanco de la habitación, descansaron hasta regularizar completamente sus respiraciones. Kagome no había querido hablar, y Bankotsu no se había molestado por ello. Volteó a verla en cuanto la sintió incorporarse de la cama.
—¿A dónde crees que vas? —cuestionó frunciendo el ceño al detenerla de la muñeca. Nunca ninguna mujer se había atrevido a levantarse de la cama antes que él.
—A darme una ducha… —respondió de manera cortante —O ¿Acaso me obligaras a quedarme acostada a tu lado todo el día?
Bankotsu la observó desconcertado, ¿por qué ahora actuaba de esa manera si hace un par de minutos atrás la oyó y la vio disfrutar todo lo que le hizo? Se molestó por ello.
—¿Qué demonios pasa contigo? —preguntó al jalarla de la muñeca, obligándola a volver a la cama.
— ¿Cómo que qué pasa conmigo? —cuestionó indignada al tratar de jalonear el agarre.
—Pues, dímelo tú —habló serio.
—Acabo de acostarme contigo —recordó dolida. Bankotsu la observó molesto, ¿acaso se arrepentía?
—No parecías quejarte mientras gemías —escupió fastidiado al soltar de manera brusca el agarre. Kagome lo miró con rabia.
—Quizás fingí —dijo al tragar duró. Estaba segura que esas palabras serían un golpe bajo para su ego.
—Nadie finge con el gran Bankotsu Enao —se alabó a si mismo al sonreír con soberbia.
—Pues, entonces eso me convierte en la primera —dijo apretando sus dientes —. Nadie me ha hecho llegar al verdadero placer más que InuYasha —mencionó con intenciones de bajarles los aires de grandeza. Se sentía tan mal por lo que había hecho, que estaba diciendo cosas que no venían al caso, la verdad era que sí lo había disfrutado, y se sentía muy mal, por lo mismo actuaba a la defensiva.
Otra vez ese maldito nombre, no entendía por qué se molestaba tanto al escuchar ese nombre salido precisamente de los labios de ella, ni siquiera conocía al tipo y ya lo odiaba, lo peor es que no quería trabajar en descifrar el por qué.
—Retráctate —ordenó amenazante.
—Jamás. —dijo con seguridad en sus palabras.
—Kagome… —la nombró al señalarla con su dedo índice.
—No lo haré —dijo al mismo tiempo que cubría mejor su desnudez con la sabana de cama.
Bankotsu no toleró su actitud y rápidamente la obligó a recostarse involuntariamente al subirse sobre ella.
—Quítate —pidió molesta al ser tomada desprevenida.
—No me faltes el respeto… o te podrías arrepentir —dijo sonriendo de manera arrogante, para él, eso no era más que un simple juego.
—¿De qué me podría arrepentir? —cuestionó al verlo con su ceño fruncido —Si lo que hubiese podido considerar el peor error de mi vida lo acabo de hacer —se respondió a si misma al observar la desordenada cama.
« El peor error de mi vida…» Bankotsu tensó su mandíbula, ni ella misma se creía esa estupidez, estaba seguro.
—Hmph… tú no lo amas —habló al verla de manera seria.
—¿Qué podría saber un sujeto como tú? —cuestionó frustrada.
—Porque si lo amaras, no te habrías acostado conmigo, ni me hubieses correspondido como lo acabas de hacer —explicó su anterior actitud al entregarse nuevamente a él. Una vez podía ser considerada un error… o descuido, pero equivocarse dos veces, claramente, era por elección, al menos de esa manera lo veía él.
—Tú no sabes nada —le debatió sin un real interés.
—Quizás no mucho —estuvo de acuerdo—, pero sé que si te toco… —rozó la punta de sus dedos por la parte superior de su desnudo busto —tu cuerpo se erizará por completo gracias a mi tacto.
Kagome frunció el ceño, su piel se comenzaba a erizar tal cual él lo había dicho.
—Sé que si te susurro al oído… —se acercó a su oreja —tú respiración se agitara —el nerviosismo de Kagome comenzó a aumentar al ver que lo que Bankotsu decía era cierto —Y que si te penetro, aunque sea con mis dedos —quitó de un brusco movimiento la suave sabana de seda, y así, entró en ella —perderás toda racionalidad que hay en ti —dijo al comenzar a entrar y a salir de manera lenta y placenteramente de su interior.
Kagome perdió toda cordura que había en sí misma, ese idiota sencillamente era una amenaza para su cuerpo. Sus ojos comenzaron a volverse cristalinos y un par gruesas lágrimas descendieron de estos. El moreno frunció el ceño al no entender lo que ahora le ocurría.
— ¿Qué te pasa? —preguntó al detener el movimiento de sus dedos.
—Nada. —dijo con voz temblorosa al cubrir su rostro.
—¿Y entonces por qué lloras? —cuestionó al rodar los ojos, aún seguía recargado sobre ella.
—Porque tengo miedo —respondió cuándo Bankotsu quitó sus manos de su rostro.
—¿Miedo de qué? —preguntó impaciente, definitivamente, él no era del tipo de personas que servía para consolar, y ella, era un poco incomprensible con sus emociones. Kagome secó sus lágrimas al tragar duro para responder.
—De todo lo que pueda pasar —dijo con un doloroso nudo en la garganta.
—¿A qué te refieres con eso? —cuestionó al mismo tiempo que fruncía el ceño, definitivamente, no sabía cómo entender a las mujeres.
—Yo no sé qué es lo que tú quieres de mi —respondió al verlo a los ojos. Esa respuesta tomó por sorpresa a Bankotsu —¿Qué es lo que quieres? —volvió a insistir ahora, en modo de pregunta —Porque si solo era sexo… ya lo hicimos —se encogió de hombros—, ahora puedes irte de mi habitación y hacer como si nada hubiese pasado, pero por favor… no me vuelvas a tocar.
Bankotsu se quedó callado ¿qué si era solo sexo? Por supuesto que si ¿Qué más? Eso estaba más que claro… ¿Por qué ahora dudaba?
—Debo irme, se me hace tarde —habló cortante al ponerse de pies y pescar su bóxer, sin responder la pregunta de la confundida azabache.
Kagome lo vio ponerse su jeans y salir con su torso completamente desnudo de la habitación, se sintió tan mal por lo que había hecho que ahora no sabía cómo actuar ¿Por qué se puso a llorar? ¿Por qué le hizo esa pregunta? Se creyó ridícula al actuar como una niña. Se abrazó a sí misma y sus lágrimas se volvieron amargas al ver la camisa de Bankotsu en el suelo, se agachó, la sostuvo en sus manos y sin entenderlo… la olió. ¡Por Dios! Ese sujeto se le estaba metiendo en la cabeza más de lo que ella se permitía… ¿y si se estaba confundiendo? Ya que era imposible para ella haber hecho el amor, o más bien, sexo, sin sentir algo por la persona que permitió tocarla. Dejaría de pensar cosas por un momento y se daría una fría ducha para recobrar la compostura, al menos, la poca que le estaba quedando.
—El auto ya está esperando —dijo Suikotsu al verlo bajar las escaleras.
—¿Y Onigumo? —cuestionó al ponerse la parte superior de su traje, tenía que lucir bien. Suikotsu le hizo una seña con los ojos, señalándole hacia la sala.
—Joven Bankotsu… —dijo al ponerse de pie —Buenos días.
—Hmph… creí que tu cobardía sería mucho más grande que tu sentido común —habló de manera burlona al bajar los dos peldaños que lo llevaban a la sala.
—No lo dejaría solo en estos momentos… —dijo al hacer un asentimiento.
—Si claro, porque te conviene —interrumpió de manera irónica—. Ahora vamos que se hace tarde —ordenó al ver su reloj de muñeca.
—¡Buena suerte Banky! —deseó la voz chillona de Jakotsu.
Bankotsu rodó los ojos con aburrimiento, e hizo una pequeña seña acompañada de una sínica sonrisa a su animado compañero, y salió por las amplias puertas blancas de la mansión.
Kagome ya estaba más tranquila, esa fría ducha le había sido de mucha ayuda, se asomó por una de las ventanas que daba a la parte trasera del estacionamiento, y vio a Bankotsu salir junto a un formal sujeto, su rostro ardió por completo al encontrarse con la fría mirada del moreno, quién, había mirado hacía la ventana. Kagome cerró rápidamente la cortina y se escondió tras la muralla junto a la ventana.
"Estas cosas solo te pueden pasar a ti, Kagome…" Se dijo avergonzada al recargar su espalda completamente contra la pared, y de esa manera, dejarse caer hasta el piso cerámico, abrazándose a sus piernas.
—Te estás enamorando del hombre equivocado —oyó la fría voz de la pálida pelinegra.
—K-Kikyō… —dijo sorprendida al verla parada en el marco de la puerta.
—Él no traerá absolutamente nada bueno para ti —prosiguió al entrar a la habitación. Kagome la veía sin entender, ¿Por qué le decía eso?
—Yo no estoy enamorada de él —corrigió aún sentada en el frío suelo cerámico.
—No es lo que parece… —debatió según lo que ella veía —He observado cómo le miras, cómo le hablas, y sobre todo cómo te pones cada vez que él se acerca a ti.
Los ojos de Kagome se abrieron con sorpresa, entonces, ¿era más que una simple confusión? Ahora temía saber la respuesta.
—Yo estoy completamente enamorada de mi prometido —trató de mantenerse firme.
—¿Anoche estuviste con Bankotsu? —cuestionó al tomar asiento en la cama —Porque si es así, no entiendo cómo puedes amar a una persona y acostarte con otra… —dijo al observarla fijamente —o… ¿él te forzó?
Kagome desvió la mirada avergonzada, ¿tan exagerados fueron anoche? Cuando Bankotsu salió de la habitación de la azabache, por casualidad, chocó con Kikyō, quién iba subiendo las escaleras con un vaso de jugo. Ninguno se dijo nada.
—Aún eres una niña, Kagome —habló nuevamente la pálida —tienes derecho a equivocarte miles de veces, pero… —corrigió sus propias palabras —también eres responsable de saber cuántas veces hacerlo, y sobre todo… —hizo un gesto con su mano —con quién errar.
Kagome bajó la mirada, ella tenía razón, ya se había equivocado con Bankotsu… no podía volver a caer en lo mismo.
El elegante auto se detuvo frente a la brigada a la cual lo habían citado, ya llevaba más de quince minutos de retraso, y aun así, no le dio mayor importancia. El abogado de Bankotsu se acercó a unas personas para avisar de su llegada, luego de un par de minutos, ambos entraron a una oscura oficina, la cual solo era iluminada por una pequeña ampolleta de baja potencia.
—Buenos días… —saludó el joven oficial al entrar a la oficina —Soy el oficial Miroku Moushin —se presentó al tenderle la mano a el abogado, y luego a Bankotsu, quién solo se limitó a observar su mano para luego desviar la mirada.
—Onigumo… —saludó cortésmente —Onigumo Saske —Miroku giró los ojos hacia el serio ojiazul que guardaba silencio, Onigumo lo notó—. Representante de Bankotsu...
—Bankotsu Enao. —completó Miroku.
Los serios ojos azules de Bankotsu se posaron fijamente en el joven rostro del oficial que los interrogaría, seguía sentado, no se había molestado en hablar, mucho menos, en tenderle la mano para saludarlo.
—Como ya deben de estar enterados… —comenzó a hablar Miroku al tomar asiento frente a ellos —hay una casa que se dedicaba a prostíbulo, o más bien… —sus ojos se posaron sobre el moreno que lo oía y veía sin interés alguno —a traficar mujeres, ¿hay algo que quiera decir al respecto?
—Mi cliente no tiene nada que ver con esa casa —interfirió Onigumo—, es más, nosotros, o más bien yo… —se corrigió —he compartido toda la información que teníamos con ustedes debido que mi cliente es una persona muy ocupada —dijo amablemente—. Si bien, esa casa es propiedad de Bankotsu Enao, eso no quiere decir que él esté ligado a ellos, ya que mi cliente tiene esa propiedad arrendaba hace un par de años —explicó entregando el documento que lo certificaba.
Miroku frunció el ceño, el certificado de arriendo estaba a nombre de un tal "Renkotsu Hiba" ¿Quién demonios era ese sujeto? Bankotsu había sido muy poco cauteloso con el tratado de las propiedades, sabía muy bien que no podía tener todos sus prostíbulos a su nombre, ya que sería muy sospechoso, y tarde o temprano pasaría una situación como en la que estaba, pero nunca lo arregló pues, a veces solía ser extremadamente confiado. Tuvo que amenazar a unos cuantos notarios por los documentos que certificaran su mentira.
—¿Renkotsu Hiba? —cuestionó Miroku un poco confundido.
—Renkotsu Hiba es la persona a la cual yo le arrendaba la propiedad en la que encontraron a todas esas muchachas —habló por fin Bankotsu—. No he sabido absolutamente nada de él desde a principios de este año, si bien los pagos han sido muy correctos y a la fecha, información personal de él no he sabido —mintió descaradamente al recargar ambos codos en la pequeña mesa, entrelazando sus dedos.
—Creo que deberían apuntar su investigación hacia otro lado, ya que mi cliente tiene sus propios negocios… —habló Onigumo, amparando lo que el moreno decía —y no necesita de esas asquerosidades para vivir.
—"Asquerosidades" —repitió Miroku al leer rápidamente los documentos que el abogado del sospechoso le entregaba.
—Sí, asquerosidades —dijo en un tono serio Bankotsu—. Y creo que si vuelven a fastidiarme, me obligarán a querellarme contra la institución… y contra usted —mencionó fingiendo indignación al alzar una de sus cejas.
Entregaron todos los documentos que necesitaban para respaldar la mentira, habían amenazado y chantajeado a unos cuantos contadores y notarios, la mayoría de los cuales visitaban recurrentemente la mansión. Miroku observó los documentos un poco confundido, ¿en qué momento todo se puso tan confuso? Se preguntaba internamente al ver el duplicado de pagos por el supuesto arriendo. Al cabo de unos cuantos minutos, se despidieron de manera cortés, al parecer, ya no había nada más de qué hablar.
—Eso los mantendrá ocupados por un tiempo —mencionó Onigumo al subir al auto.
—Solo es una distracción —corrigió Bankotsu—, en cualquier momento se darán cuenta de toda la farsa —habló, ocultando la extraña preocupación que lo invadía internamente.
Dejaron a Onigumo en su oficina en un central edificio, y de ahí se fueron directo a la mansión.
—¿Cómo te fue Banky? —preguntó interesado Jakotsu al verlo entrar, estaba sentado en la sala de la mansión.
—No tan bien como yo esperaba —respondió al respirar hondo y dejarse caer pesadamente sobre el sofá.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Suikotsu al llegar a lado de sus compañeros.
—Porque el maldito oficial no se tragó del todo nuestra patética historia —mencionó al revolver su flequillo con fastidio. Si hubiesen tenido más tiempo, hubiesen creado una mentira mejor pero la carta llegó en un mal momento.
—¿Qué haremos si algo pasa? —preguntó un poco afligido Jakotsu.
—Lo solucionaré… —habló de manera segura el moreno —de alguna u otra forma.
Jakotsu y Suikotsu solo se limitaron a observarlo caminar hacia las escaleras, al mismo tiempo que Hakudoshi bajaba de las mismas.
—Hola, Bankotsu ¿Cómo te fue? —preguntó al saludarlo. Bankotsu pasó por su lado, sin dirigirle ni una sola palabra.
Lo quedó mirando desconcertado, bajó los pocos escalones de la escalera y se dirigió a la sala, donde estaban sus otros dos compañeros.
—¿Qué pasó? —preguntó nuevamente, deseando esta vez, sí obtener respuesta.
—No le fue tan bien como esperaba —respondió Jakotsu al encogerse de brazos.
Hakudoshi arqueó sus labios, definitivamente, todo terminaría mal, era una clara cuenta regresiva.
InuYasha se bajaba cansado del taxi que había rentado en el centro comercial de Tokio. Había llamado a Miroku horas atrás avisándole que ya había llegado a la capital, pero éste le dijo estar demasiado ocupado en la brigada como para atenderlo en esos precisos momentos, lo invitó amablemente a ir por las llaves de su departamento, pedido el cual, InuYasha se negó rotundamente pues, estar solo en el departamento de Miroku solo causaría que su curiosidad aumentara. Pasó la tarde dando vueltas por el grandioso centro de la ciudad, y alrededor de las siete de la tarde, decidió tomar un taxi que lo llevara al hogar de su amigo. Pagó lo que el taxímetro marcaba, y con entusiasmo toco la puerta del pequeño departamento donde ya lo esperaban.
—¿Por qué tardaste tanto? —preguntó Miroku al ver el rojizo atardecer por su ventanal.
—No sabía a qué hora te ibas a desocupar —respondió al entrar. Miroku lo ayudó con una de las maletas.
—¿Vas a comer? —preguntó al dejar las maletas en la pequeña sala y dirigirse a la cocina —Me imagino que debes de tener hambre.
—Gracias —dijo al acercarse a la cocina donde su amigo terminaba la cena—. La verdad es que muero de hambre.
—Ya está listo —dijo Miroku al apagar el pequeño interruptor de la cocina.
Ambos amigos se sentaron en el comedor junto a la sala, cenaron viendo las noticias, y luego de terminar con los alimentos, InuYasha se atrevió a hablar.
—Ahora que estamos frente a frente, me podrías explicar qué diablos está pasando —pidió saber extremadamente intrigado. Miroku bebió un poco de su bebida antes de hablar.
—¿Qué es lo que realmente quieres saber? —preguntó un poco incómodo. InuYasha era su amigo, como un hermano, pero la investigación en la que trabajaba era su verdadera pasión.
—Todo… —respondió firme —todo lo que tenga que ver con la casa caída.
—No puedo repasar los límites… —explicó con su rostro serio —pues, hay ciertas cosas que no te puedo decir, y una de esas, es la de la casa caída. —InuYasha frunció el ceño molesto.
—Sé que Kagome tiene algo que ver con todo eso —dijo al señalar la televisión ya que las noticias seguían siendo transmitidas. La corazonada que tenía lo estaba angustiando cada vez más.
—No te puedo responder nada esta vez InuYasha, hay mucha gente detrás de todo esto —dijo al ponerse de pies y recoger los trastes sucios sobre la mesa—. Ahora deberías de ponerte a descansar.
InuYasha lo vio molesto, ¿Qué diablos le pasaba a Miroku? Respiró hondo, desistiría por esta vez, ya que se sentía muy cansado y un poco malhumorado y, quizás, si seguía insistiendo, terminarían discutiendo.
En la mansión ya todos habían terminado de cenar y descansaban en sus habitaciones. Bankotsu no había salido durante todo el día de su habitación, así que Jakotsu le llevó la bandeja con el almuerzo, y más tarde, la cena cocinada por Kagome. La azabache lavaba las ollas con las que había cocinado, estaba psicológicamente agotada, durante todo el día las palabras de Kikyō estuvieron rondando su cabeza una y otra vez. Guardó las ollas en el closet de la cocina, secó sus manos una vez todo limpio y finalizado, se encontraba cansada y lo único que deseaba era dormir tranquilamente, pero este deseó se disipó fugazmente al ver la presencia dueña de sus inquietudes recargada sobre el marco de la puerta, observándola fijamente. Bajó la mirada nerviosa y quiso pasar por su lado, ignorándolo.
—¿A dónde crees que vas? —cuestionó con su voz seria al sentirse ignorado.
—A dormir, estoy cansada —respondió cortante con la intención de seguir su camino. Bankotsu pescó su mano antes de que ella cruzara el umbral.
—No he autorizado tu descanso —habló tensando su mandíbula. Ella frunció el ceño.
—Pero ya terminé de hacer todo —dijo molesta al lograr librarse del agarre.
—No todo… —mencionó en voz baja al apresar su pequeño cuerpo con sus fuertes brazos, apegándola completamente a él. Se acercó lentamente a sus labios, con la intención de besarlos.
—No… —pronunció en voz baja al desviar su rostro, se sentía avergonzada por toda lo que había sucedido la noche anterior… y parte de la mañana.
Bankotsu la obligó a retroceder unos pocos pasos hasta la larga mesa americana, Kagome abrió desmesuradamente sus ojos al sentir las fuertes manos de él posarse con cierta confianza en su pequeña cintura, y de la misma manera, alzarla, sentándola delicadamente sobre esta.
—Te necesito —reconoció con dificultad, aun, contra su propia dignidad de casanova.
La piel de Kagome se erizó inesperadamente al oír su, lo que parecía, una sincera confesión. Tragó duro, y los consejos de Kikyō se calaron fuertemente contra su cabeza.
—No puedo… —dijo tratando de apaciguar su nerviosa respiración.
—¿Qué te detiene? —preguntó Bankotsu, realmente interesado en su respuesta.
—Porque debo aprender de mis equivocaciones —respondió nerviosa. Bankotsu empuñó disimuladamente su mano, ¿acaso era por ese tal… InuYasha?
—Puedo intentar comprender que lo amas… —reconoció con un poco de molestia en su interior —pero no tanto como crees —corrigió.
—Quizás, cuando estuve contigo solo fue por lo sola que me sentía —habló con un nudo en la garganta, sin entender el por qué le dolía—. Cuando salga de acá las cosas se solucionarán y volveré con InuYa… —detuvo su oración al ver el ensombrecido rostro en enfado de Bankotsu.
—¡Entiende que jamás saldrás de este lugar! —le dejó en claro al alzar un poco la voz y sostener sus brazos —Yo…
Los ojos de Kagome se abrieron con sorpresa, mientras un agradable temblor invadía su estómago, ¿acaso él…? Bankotsu notó su confusión, la corregiría rápidamente.
—Yo decidiré cuando todas las putas de este lugar, incluyéndote, serán liberadas —dijo sobre sus labios, presionando un poco sus dientes. No entendió porque sintió la necesidad de herirla, tal vez, porque estaba seguro que en cualquier momento todo se iría al mismísimo infierno y, ella rearmaría su vida.
Kagome tragó duro la saliva contenida «Putas…» No debía olvidar jamás lo que ella era considerada para él. Una ola de ira acompañada con impotencia recorrió todo su interior hasta llegar a la pequeña palma de su mano, cayó en cuenta de lo que había hecho solo cuando la sintió arder.
La arrogante sonrisa de Bankotsu fue borrada abruptamente al sentir su rostro ser girado inesperada e involuntariamente. Le había dado una firme cachetada.
—Si no me equivoco… —dijo en voz baja al posar su gran mano en su levemente sonrojada mejilla —esta es la segunda vez te atreves a golpearme —habló al sonreír de medio lado —admiro tu valor.
Kagome lo vio desentendida, ¿no estaba molesto? Su cuerpo se erizó por completo al sentir las posesivas manos de Bankotsu abrazarse a ella, y de manera desesperada besar sus labios. Trató de forcejear y revolverse entre los fuertes brazos de él, los cuales la apresaban cada vez más fuerte, apretó sus dientes impidiendo así que Bankotsu metiera su lengua en su boca. Comenzaba a rozarla de manera salvaje al posarse entre sus piernas, sentía como su intimidad comenzaba a humedecerse aún contra su propia voluntad, estaba asustada, y temía ceder nuevamente a él. Su respiración se detuvo y pausó todo forcejeo al oír el débil susurro salir de los labios de Bankotsu.
«Mientras él no esté aquí, tu eres mía…»
…
Ok, ese "lemmon" entre comillas porque creo que aún estoy muy lejos de llamarlo así :P me costó muchísimo trabajo ya que me encanta leer lemmons pero me cuesta narrarlos :/ bueno, sea como sea, espero que el capítulo allá sido de sus agrados.
En un rato más veo si logro subirles otro nuevo capítulo, lo tengo listo pero veré las faltas ort. las acentuaciones y varias comas mal ubicadas que de repente se me confunden :D
¡CIRCULO MERCENARIO!
Saludos y bendiciones a todas X'D en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.
