Capítulo 49: El último portador

Raphael había tenido la espada delante de sus narices y no había sido capaz ni siquiera de tocarla.

¿Cómo iba a ser capaz de destruirla?

Además, ahora no tenía ninguna pista que seguir.

Por si acaso, decidió seguir registrando el castillo.

No encontró nada más de valor.

Pero estaba ya saliendo del lugar cuando escuchó una voz a su espalda:

- ¿Pretendías usar la espada...o destruirla?

Raphael se giró para ver quién le hablaba.

Era un hombre alto y rubio, con una cicatriz en un ojo. Era el hombre que salía en el cuadro del castillo.

Raphael se quedó mudo. Por alguna razón, la presencia de aquel hombre le sobrecogía.

- Bueno, no importa. – prosiguió él al ver que Raphael no respondía. – Por lo que parece no eres lo suficientemente fuerte para ninguna de las dos cosas.

- ¿Quién eres tú? – acertó a decir el francés.

- Me llamo Siegfried Schtauffen. El castillo del que acabas de salir, Ostrheinsburg, era mi casa hasta que...

Siegfried se detuvo. Parecía que le costaba hablar de ello.

- ¿Hasta que qué?

- Hasta que llegó Nightmare. – concluyó el alemán.

- ¿Nightmare?

- Será mejor que abandones. – sugirió Siegfried ignorando la pregunta. – Esa espada te matará antes de que puedas siquiera rozarla.

- Pero...debe ser destruida. – dijo Raphael.

- A eso me dispongo. – afirmó Siegfried con una sonrisa. – Primero he de encontrar Soul Calibur, y después acabaré con Soul Edge.

- ¿Qué tienes tú que ver con las espadas?

- Soul Edge fue utilizada para asesinar a mi padre. – contó Siegfried.

- ¿Y quién lo hizo?

Siegfried bajó la mirada y tardó un poco en contestar.

- Yo. – confesó finalmente.

A Raphael se le paralizaron los músculos.

- Vuelve a casa. – ordenó el guerrero alemán.

Y sin decir nada más, empezó a alejarse a paso ligero.

- ¡Eh! – gritó Raphael. - ¡Espera!

Pero Siegfried lo ignoró y continuó su camino.