ADVERTENCIA: Lemon (Sexo gráfico), lenguaje vulgar, violencia, muerte, Universo Alterno, Humanizado.

DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Esta historia no tiene fines de lucro.

AVISO: Meteré también personajes de Madagascar, obviamente humanizados XD.

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Capítulo 2: Confirmado.

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Se removió, sintiendo su cuello adolorido. Ugh, había dormido chueca, que horror, pensó.

Abrió con pereza sus ojos, para darse cuenta que no había dejado el cuarto secreto de sus amigos. Private y Rico dormían en el suelo, abrazándose. Kowalski se había desplomado en su escritorio, de seguro se había desvelado.

Movió su cabeza, para darse cuenta que se estaba apoyando en la espalda de alguien.

— ¿Skipper?

— Son las quinientas, Marlene. Sigue durmiendo.

— Pero si sigo durmiendo…— Se sentó mejor al estirarse y soltar un bostezo. — Me dará tortícolis.

— Como quieras.

—… Será mejor que vuelva a mi departamento. — Se iba a incorporar, pero la mano del joven envolviendo su muñeca se lo impidió.

— No saldrás sin una escolta, cara de muñeca. — Se levantó primero y estiró los brazos. — Aprovecharé de pasar por mi departamento también.

La castaña lo miró mal, pero no tenía energías ni ganas de pelear con él. En el departamento de al lado, estaba el departamento de sus cuatro mejores amigos, mientras que en el estacionamiento estaba escondida su base secreta.

— ¿Dónde está Alex?

— El hippie se fue cuando te quedaste dormida. — Se quitó el saco negro y la abrigó con él. — Andando.

Salieron silenciosamente del cuarto, para subir las escaleras aún sin decir palabra alguna. Marlene acarició la tela de la prenda que Skipper le había dado con incomodidad.

— Pareces apagada, preciosa. — Se detuvo al oír su voz, pero el pelinegro siguió caminando. — Estos casos son los peores, por eso no me gusta que te metas donde no te llaman.

—… Sé cuidarme, Skipper. — Insistió al fruncir el ceño. — ¿Qué podría pasar?

El líder se giró abruptamente para dirigirle una mirada severa a la de ojos avellana. Los irises azules del joven parecían aguas tormentosas.

—… ¿Skipper?

— ¿De verdad estás preguntando eso? — Gruñó para sacar una llave e introducirla en la puerta que pertenecía a la de Marlene.

—… ¿Por qué tienes una copia de…?

— Por precaución.

— En verdad eres paranoico…-

— Manfredi y Johnson lamentaron la falta de una copia de llave. — Le sonrió con burla. Marlene puso los ojos en blanco.

— Ajá, sí, como digas…— Ambos entraron al departamento.

Y como esperaba la castaña, estaba hecho un jodido desastre. Había unos cuantos de sus compañeros de clase tirados, quizás por la borrachera. Buscó con la mirada a Marty, pero no lo encontró.

— El psicópata debió contarle a nuestro amigo monocromático lo que sucede. — Comentó Skipper al encender el hervidor. — ¿Café?

— Sí, claro… ¿No que ibas a tu…?

— Prefiero hacerme el café aquí. — Bufó mientras sacaba dos tazas. — ¿Dos cucharadas?

— Dos y media. Quiero algo dulce. — Se revolvió el cabello y miró con tristeza el alrededor.

Pensar que si nada de eso hubiese sucedido, Gloria y Gia estarían allí, con ella, celebrando, o quizás durmiendo con ella en el suelo.

— ¿Marlene?

La aludida lo ignoró, mientras respiraba fuerte. No debía descontrolarse, ella tenía carácter. Debía mantenerse al margen y ayudar a sus amigos a encontrar a sus compañeras antes de que ocurriera una tragedia.

— ¡Hey! — Un chasquido de dedos en frente de ella la espantó, haciéndola retroceder. Alzó un poco la vista y vio el rostro malhumorado de su mejor amigo. — Deja de andar en las nubes.

— No estaba en las nubes. — Le reprochó con una mueca.

— ¿Entonces?

Los labios de Marlene borraron el gesto torcido para luego morderse la lengua.

Skipper suspiró.

— Escucha, muñeca. — La agarró de los hombros. — ¿Confías en el equipo? — La castaña parpadeó. — ¿Confías en nosotros? ¿Confías en mí?

— Claro que sí. — Contestó con seguridad, aunque un poco confundida por las repentinas preguntas.

— Entonces, ¿para qué te preocupas? — La regañó al pellizcar una de sus mejillas. — Las vamos a encontrar, vivas.

— ¡Aawwhh, eho ueleee…!— Trató de hablar, pero el jalón de su moflete le complicó la tarea. — ¡Skippehh…!— El nombrado soltó la enrojecida zona. — ¡Eso dolió!

— ¿Confiarás en el equipo? — Se cruzó de brazos.

— ¡Por Dios, confío mi dinero y mi vida en ustedes! — Imitó su acción con los brazos. — ¿Qué más quieres?

Skipper suavizó su mirada.

A veces le sorprendía lo segura se mostraba Marlene. Confiar ciegamente en ellos de esa manera…

Cierto, nunca le habían fallado.

Pero nada era perfecto.

Presentía que si metía más a Marlene en el caso, algo muy malo ocurriría.

—… Mi prioridad en este caso, además de buscar a las desaparecidas, es mantenerte a salvo, Marlene.

La castaña entreabrió la boca, asombrada por la seriedad de sus palabras.

Sabía que los monjas, como ella a veces los llamaba para burlarse, se preocupaban mucho por ella porque era la persona más cercana que tenían. Kowalski y Rico la veían como su hermanita, contándole secretos que jamás saldrían de la base, como el loco enamoramiento del joven más alto por una joven llamada Doris. Lástima que fue trasladada de instituto. Tuvo que limpiar las lágrimas del pobre muchas noches. Claro, hasta que se toparon con sus amigos-rivales, la North Wind. Esta era un grupo de agentes con solo un miembro femenino, Eva. Una hermano joven de ojos azules y cabello rubio casi albino. Parecía un ángel, según decía el más brillante del equipo.

Rico era su compañero de aventuras. Cuando estaba aburrida, el joven de la cicatriz en el rostro la sacaba a pasear en la noche en una motocicleta. Iban de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, desde las alcantarillas hasta la luna. Aunque su sentido protector era increíble, siempre se encargaba de mantenerla a salvo cada vez que se organizaban para hacer algún plan.

Private, por alguna razón, la veía como su figura materna. Bueno, no por nada había conocido a los tres mayores cuando el soldadito era apenas un niño. Le contaba todo, incluso las misiones que supuestamente el líder le prohibía hablar, pero no podía evitarlo. Marlene para él, era como la madre que él siempre deseó tener. Le daba consejos y lo consentía muchísimo. Pero claro, debían ser sutiles, a menos de que quisieran recibir un golpe de la mano pesada del mandamás del grupo.

En cuanto al idiota que tenía en frente…

Miró los ojos azules del líder.

Skipper era orgulloso, machista y represivo cuando la situación lo demandaba. Gracias a su actitud, muchas veces discutía con Marlene, pero no cambiaba el hecho de lo mucho que se apreciaban el uno al otro. El líder le había enseñado que no siempre debía confiarse de la gente, mientras que la castaña le había enseñado que las mujeres no eran tan indefensas como él parloteaba.

Tenían sus diferencias, pero por eso mismo eran tan unidos.

Muy a su pesar, Skipper admitía que necesitaba la dulzura de Marlene en su vida. Y ella, aunque se jurara tan independiente y fuerte, requería de la protección del joven algunas veces.

Reaccionó cuando notó el rostro del chico a escasos centímetros del suyo. Marlene parpadeó. Era consciente de que su relación iba más allá que una simple amistad. Ambos lo sabían, pero nunca se atrevían a decirlo en voz alta.

La castaña se apartó sutilmente de él.

— Tomaré un baño. — Susurró para desaparecer tras la puerta del baño.

Skipper la siguió con la mirada, para después mirar las dos tazas humeantes de café que habían quedado olvidadas en la mesita.

Uno se iba a enfriar.

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Marlene salió del instituto mientras guardaba los libros en su bolso. Skipper y el equipo habían faltado a clases, como la mayoría de las veces, por su trabajo. Buscó con la mirada a dos individuos cerca de la entrada del sector, hasta notarlos sentados en una banca, cabizbajos. Corrió hacia ellos.

— ¡Alex! ¡Marty!

Ambos alzaron la vista.

— Marlene…

— Hola, preciosa. — Forzó una sonrisa el de ojos cafés.

La castaña miró con tristeza a ambos. Marty había perdido por completo el brillo de alegría de sus ojos. Después fijó sus orbes avellana en Alex. Dios, él estaba hecho un desastre. Las ojeras en sus ojos eran visibles a metros de distancia.

— ¿Qué hacen aquí?

— Skipper nos pidió que viniéramos por ti.

Marlene hizo una mueca.

— Chicos, agradezco esto, pero…-

— Por favor, Marlene. — Habló finalmente Alex. — Solo queremos asegurarnos de que estés bien. — Murmuró casi como una súplica mientras se ponía de pie y caminaba a su auto, esperando que su mejor amigo y la joven lo siguieran.

Marlene negó con la cabeza.

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— Esto es ridículo.

Skipper bajó el periódico que sostenía al escuchar su voz cuando entró a la base secreta. Kowalski dejó de teclear en la laptop para verla. Private y Rico soltaron los documentos.

— Explícate. — Pidió el líder para volver a leer el papel.

— ¡No puedo creer que me pidas niñeras, Skipper!

— Marlene. — Intervino Private, evitando una discusión. — Por favor entiende, los casos han estado aumentando, solo pensamos en tu seguridad.

— ¿Qué hay de las demás? ¿Stacy, Becky? — Se cruzó de brazos. Private se estremeció. Les tenía un pánico tremendo a esas dos.

— Los secuestradores se fijan en las mujeres que andan solas. Tus primas no se sueltan ni siquiera para ir al baño. — Skipper rodó de ojos.

— ¿Entonces por qué agarraron a Gloria cuando estuvo con Melman?

— De acuerdo al caso…— Habló en voz alta Kowalski. — Gloria se había dirigido al baño antes de partir el vuelo, y allí trataron de secuestrarla, sin embargo, Melman llegó en medio del forcejeo y… Ya sabes lo demás. — Miró al líder. — Skipper, hay algo que me ha llamado la atención. ¿Permiso para dar una idea algo descabellada?

— Concedido. — Alzó una ceja con interés al mirarlo. — ¿Qué es?

— Pues… Hay dos puntos, de hecho…— Rico se acercó y le entregó los documentos. El más alto los ojeó. — El primero es que… Sin duda, siempre son mujeres las que terminan desapareciendo…-

— Eso no es novedad. — Le cortó con molestia.

— No, claro que no, señor. Pero eso solo confirma mis sospechas. Utilizan a las mujeres para…— Miró a Marlene, quien frunció el ceño. Skipper entendió lo que quería decir.

— Prostitución. — Murmuró, pero la castaña le oyó.

Private palideció, sintiendo unas horribles náuseas. Rico apartó la mirada.

— ¡¿Cómo?! — Exclamó, horrorizada. Le quitó rápidamente el periódico al pelinegro y lo sacudió de los brazos. — ¡¿Están insinuando que están prostituyendo a mujeres inocentes y a MIS AMIGAS?!

— No insinuamos, Marlene. — Le contestó con calma, pero estaba realmente tenso. — Es la verdad. Solo necesitábamos confirmarlo.

Marlene lo soltó lentamente y se llevó ambas manos al cabello, angustiada.

Sus amigas, sus casi hermanas…

— ¿Cuál es tu otra teoría, Kowalski?

— Lo otro es que, curiosamente, están tocando directamente nuestros nervios, Skipper. — Bajo la mirada de confusión de la mayoría, Kowalski carraspeó. — En un principio, eran solo mujeres que desaparecieron. Pero de un mes a otro, comenzando con Gloria, comenzaron a raptar y herir personas que nosotros conocemos y por personas a las que… Desgraciadamente, les tenemos afecto.

Todos los chicos, excepto Skipper, miraron a Marlene, quien entendió por completo el significado de esas palabras.

—…— Miró al líder. — Tú lo sabías. Por eso estás más paranoico que de costumbre conmigo. — Le acusó.

— No estaba del todo seguro. — Se encogió de hombros.

—… Entonces… ¿Marlene es un objetivo? — Preguntó con temor Private.

Skipper se acercó al menor y posó una mano en su hombro, confortándolo.

— Así es, soldado. Sin embargo, no le pondrán ni un dedo encima. — Miró directamente a Marlene. — No lo vamos a permitir.

Los demás asintieron, dándole la razón a su líder. La castaña estaba temblando.

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