Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.
Aclaración: Lo que esta en cursiva serán los pensamientos o recuerdos de los personajes.
Lamento tanto la tardanza y solo espero que disfruten de la actualización. Nos leemos más abajito, hay algo importante.
Quiero darle las gracias a mi querida Joss por ayudarme un poquito en el escrito. Sabes que te remega adoro.
~sin más, a leer~
Chapter:21
LA CAÍDA DE LA MANSIÓN
Horas previas al incendio…
Sus cuerpos estaban completamente sudados debido a los rudos movimientos que Bankotsu empleaba contra el delgado cuerpo de Kagome, quería sentirla una vez más junto a él, y obligarla a ella a recordarlo de esa manera.
La joven azabache gemía sonoramente por las deliciosas y rudas embestidas que Bankotsu le propinaba. La mantenía boca abajo para hacer la penetración más profunda y a la vez más placentera. Posó ambas manos sobre las anchas caderas de ella y así, se permitió hundir cada vez más con mayor fuerza en su interior; con mayor fuerza, mayor deseo y mayor satisfacción… para ambos.
Las manos de la Kagome se aferraban fuertemente a las oscuras sábanas de la alborotada cama. El sol a esa hora pegaba fuerte y el calor que sentía era sofocante, tanto que sentía amenazaba con asfixiarla.
—N-no… no puedo más… —dijo con la voz entre cortada.
—Aguanta un poco más Kagome —pidió al alzarla de los brazos y pararla sobre sus rodillas, al igual que él.
La azabache echó su cabeza hacia atrás, recargándola sobre el hombro de Bankotsu al sentir una de las desvergonzadas manos del moreno comenzar a frotar sus rosados pezones con sus dedos, y la otra, contra su pequeño botón rosa, excitándola de sobre manera.
—Eres mía Kagome —susurró en un jadeo al presionar sus pezones con más insistencia —solo mía —se acercó a su oído—. Dilo.
Ella se quedó en silencio por un momento, ¿era de él?, pues, dijo amarlo. Las embestidas de Bankosu se hicieron más rudas al no oírla responder. Ella era de él, le gustara a quién le gustara y eso no cambiaría, aunque Kagome retomara su vida Bankotsu había marcado un antes y un después en ella.
—Kagome… —la nombró en un jadeo al succionar parte de la tersa piel de su cuello. Sin dejar de entrar y salir de su ajustada femineidad.
—S-solo t-tuya —reconoció con su respiración agitada al sentir los labios de Bankotsu adueñarse de su cuello.
El moreno levantó su rostro para besarla, volviendo el beso cada vez más demandante, invadiendo la boca de su joven amante con la juguetona lengua de él, frotándose de manera agresiva contra la de ella, sin detener los movimientos de penetración. Si pudiera quitarle el aire en ese beso y llevársela lejos con él, sin duda lo hubiese hecho.
Para Kagome eso era más de lo que podía aguantar. Bankotsu presionaba sus pezones y delirante botoncito con pasión, estremeciéndola completamente. La besaba de manera demandante y las embestidas eran cada vez más rudas y profundas. Ya no podía más.
Sintió una enorme corriente eléctrica comenzar a intensificarse por su cuerpo, soltando un agudo gemido « ¡Oh Bank!» gritó sin poder contenerse, y Bankotsu la acompañó al mismo tiempo al posar una mano en el plano vientre de su apasionada amante y la otra en su pequeña cintura. Haciendo presión en ambos sexos. Dejando por tercera vez todo su espesa y cálida esperma en su interior.
Kagome abrazaba con una de sus manos el cuello de Bankotsu, podía sentir las palpitaciones del fuerte corazón del moreno tras su espalda. Deseaba quedarse así por mucho tiempo.
La ex-colegiala gimió suavemente al sentir el miembro de Bankotsu salir de su interior. Se recostaron de manera fetal; el ojiazul abrazándose a ella, trabajando en calmar las sensaciones de sus agotados cuerpos.
Luego de dormir una necesitada siesta, los serios ojos azules fueron los primeros en abrirse.
Se sentó correctamente sobre el blando colchón de su cama, y no pudo contra las ganas de observar de manera detallada el desnudo cuerpo de Kagome y su angelical rostro dormir. Rascó su cabeza con fastidio al ver por el enorme ventanal de su habitación, el atardecer amenazaba con caer y debía actuar rápido. Acarició inconscientemente la rosada mejilla de ella antes de ponerse de pie e irse directo al baño, necesitaba una refrescante ducha para esparcir su rabia.
La llamada de Kagura lo había alertado a tiempo y eso extrañamente se lo agradecía. Tuvo sus dudas al comienzo en cuanto a las palabra de ella, pero también comprendía que no toleraba a Naraku y su cobardía.
El agua escurrió lentamente por su desnudo y trabajado cuerpo, tenía que pensar fríamente; ya no había marcha atrás y no podía perder más tiempo, definitivamente, se encontraba acorralado y odiaba sentirse de esa débil manera. Se giró abruptamente al oír las puertas corredizas de la ducha abrirse, y una sonrisa de medio lado se dibujó en su rostro al ver a Kagome con una pequeña bata parada frente a él.
—¿Pretendes bañarte conmigo? —preguntó con su típica sonrisa de medio lado, logrando que la azabache se ruborizara tenuemente.
—¿T-te sucede algo? —preguntó con intriga, pues sentía que algo muy extraño estaba pasando con él.
Después de la llamada que recibió de parte de Kagura entró de forma tranquila a la cocina, observó de manera detallada a la joven chiquilla que lo miraba como si estuviese hipnotizada en él. Se acercó a Kagome y la besó de manera demandante, sin darle tiempo de reaccionar. La llevó directo a su habitación en medio de besos y apasionadas caricias. Ni siquiera se preocupó por el almuerzo que ella había estado preparando, solo quería tocarla y adueñarse de su cuerpo cuantas veces fueran las necesarias.
—Ven —dijo al jalarla dentro de la ducha—, báñate conmigo. —habló al mismo tiempo que quitaba la bata de su cuerpo. Enseñando nuevamente su perfecta desnudez.
Kagome se sorprendió de que actuara así, definitivamente no se lo esperaba, a veces él podía llegar a sorprenderla o ruborizarla completamente con cosas tan pequeñas. Sintió los brazos de Bankotsu aferrarse a su plano vientre, mientras él aspiraba el aroma del sudor natural de la tersa piel de su cuello. Kagome entrelazó los dedos de ella con los del moreno al estar él abrazándola desde la espalda. Deseó confesarle sus sentimientos una vez más, decirle lo mucho que lo quería, más bien, que lo amaba, que sentía estar enamorada de él pero temía su reacción.
—Todo va a estar bien. —oyó el débil susurro masculino junto a su oído. Lo mencionó sin darse cuenta de las vagas interrogantes que despertaría en ella.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó al girar su cuerpo para observarlo. Frunció débilmente su ceño al no comprender a qué se refería con esas palabras.
—Tú… —se interrumpió a si mismo al negar con la cabeza —no te preocupes. —dijo en un tono tranquilo al darle un fugaz beso en la frente para luego salir de la ducha. Kagome lo observó desconcertada; sabía que no lo conocía perfectamente pero podía apostar que ese no era el comportamiento de Bankotsu. Algo andaba muy mal.
Salió de la habitación una vez vestido y se dirigió a su despacho. Llevaba un tiempo pensando en la opción de mandar todo a la basura pues, era lo bastante astuto y realista como para imaginarse salir libre de la grave acusación a la que lo tenían ligado.
Cuando salió de Tokio se fue con la intención de avisar a sus demás compañeros del peligro que corría el negocio, y de la misma manera alertar en cualquier momento el cierre sigiloso del trabajo. Lo que había pasado con Kagome era uno de los factores más importantes que tomó en consideración... y la llamada de Kagura terminó por concretar todo.
—Vengan. —ordenó fríamente.
Mientras todos permanecían dentro de la mansión y completamente ajenos a sus planes, Bankotsu guiaba a las pocas joyas que tenía en la mansión hasta el pequeño cuarto escondido bajo el césped del patio trasero.
Ninguna de las confundidas chicas se atrevía a hablar, mucho menos a preguntarle qué era lo que estaba pasando. Lo único que vieron fue al que consideraban un frío mercenario abandonarlas en la espesa oscuridad del espantoso cuarto antes de cerrar la puerta.
—¿Por qué nos habrá encerrado? —preguntó una de ellas.
—Quizás… otro allanamiento —respondió otra. Se quedaron murmurando en voz baja lo que podía estar pasando en el exterior, sin tener verdadera certeza de lo que en verdad estaba por suceder.
El moreno volvió a encerrarse en su despacho, esta vez, con Jakotsu. Había informado brevemente a sus otros compañeros del allanamiento al que serían sometidos, ordenándole seguir las mismas órdenes que la vez pasada.
—Siempre supe que Naraku nos traicionaría —habló con indignación el afeminado amigo del moreno. El único en el que verdaderamente Bankotsu se arriesgaba en confiar.
—Lo sé —dijo al sentarse correctamente—, pero él también caerá Jakotsu; tarde o temprano lo hará. —mencionó al sonreír de medio lado.
—¿Sacaste las cintas? —preguntó con curiosidad.
—Están muy bien guardadas —respondió con un desinteresado semblante.
—¿Las de todos? —preguntó sonriendo torcidamente. Bankotsu asintió.
—En el preciso momento en el que yo caiga —contó al señalarse a sí mismo —Naraku y sus malditos colaboradores caen conmigo.
—¿Están dónde siempre? —preguntó con intriga.
—Sí. —respondió rápidamente.
—¿Qué pasará con Kag? —Jakotsu preguntó con interés en saber qué era lo que Bankotsu planeaba para ella.
—De eso te quería hablar —dijo el moreno —cuando te dé la señal, entenderás.
—¿Qué es lo que debo entender? —preguntó Jakotsu al rascar su sien un poco confundido.
—La sacaras de acá —completó con fastidio al arrastrar su oscuro flequillo—. ¿Estás seguro que puedes hacer eso? —mencionó un tanto vacilante, confiaba en Jakotsu pero a veces éste solía ser un poco despistado o confiarse más de la cuenta.
—Claro que puedo hacerlo. —dijo al cruzarse de brazos. Confiaba en sus habilidades después de todo.
. .. … .. . .. … .. .
El sol ya casi se ocultaba y Kagome seguía en la habitación de Bankotsu respirando profundamente el fresco aroma que despedía el ya oscuro atardecer. Se encontraba apoyada en la gruesa barandilla de mármol viendo hacía el verdoso exterior. Observó la lisa y limpia huella de pavimento que unía el camino con varias mansiones más, a larga distancia, y en ese silencioso momento un vago recuerdo se cruzó fugazmente al mantener su vista fija en la calle; el estúpido intento de escape en el cual Naraku la atrapó, ocasionando que cayera abruptamente al duro suelo. Negó en silencio. Muchas veces deseó que Bankotsu y sus aliados pagaran por todo el daño que habían ocasionado, y ahora temía, temía que algo malo pasara con él. Se quedó observando la luna, la cual se había posado ya en el centro del cielo. Suspiró hondo y resopló.
—¿Qué haces aquí afuera? —el corazón de Kagome golpeó fuertemente contra su pecho al oír la varonil voz. ¿En qué momento llegó ahí?
—B-Bankotsu… —lo nombró al girarse a verlo y le sonrió al empuñar su mano a la altura de su pecho —Me asustaste.
—Quizás qué cosas pensabas —habló en un tono tranquilo al darle una arrogante sonrisa—. No me digas que pensabas en saltar nuevamente. —bromeó al recordar la vez pasada en que la vio sola de pie junto a la baranda.
—No, no, no —Kagome se justificó rápidamente al negar con su cabeza y manos.
—¿Entonces…? —invitó a que prosiguiera, mirándola al encaminarse y posar ambos codos en la baranda junto a ella.
—Solo que… —sonrió un poco avergonzada —estar aquí no ha sido tan malo después de todo.
—¿Y eso a qué viene? —habló al observar la luna que era cubierta tenuemente por las espesas nubes grises que se cruzaban sobre ella.
—Bankotsu… —habló Kagome para acaparar su atención. Él la observó de medio lado y alzó una ceja —y-yo… yo siento que… —las palabras no lograban salir del todo debido al nerviosismo que se adueñaba de ella al estar a solas con él.
—Si hablas de esa manera tan tonta no puedo entender lo que quieres decir. —dijo serio, ya que odiaba cuando ella se expresaba prácticamente en balbuceo.
—Bien… —respiró hondo —creo… —ladeó su rostro al posar su dedo índice en sus formados labios —más bien… —dijo corrigiéndose a sí misma —estoy segura… muy segura de lo que siento por ti.
Los ojos de Kagome se abrieron con sorpresa al sentir las fuertes manos del moreno alzarla fácilmente y sentarla sobre la gruesa baranda de donde se estuvo apoyado unos segundos atrás. Bankotsu se había acomodado confianzudamente entre las delgadas piernas femeninas.
—Bien —dijo al sonreír de medio lado—, ¿y qué es? —la azabache hizo caso a su impulso y se abrazó a su fuerte espalda, avergonzada de verlo directo al rostro.
—Amor… —respondió pasivamente —Yo… yo te amo Bankotsu. —reconoció sin remordimiento alguno. Sentía la necesidad de confesarse nuevamente esa noche.
Los ojos del moreno se abrieron con cierta sorpresa al oírla confesar otra vez lo mismo que mencionó unos días atrás. Lo amaba, ella decía… ¿y él lo hacía?
El silencio se volvió incómodo al cabo de un par de minutos y parecía gobernar, puesto que ninguno de los dos se esforzaba por decir algo. El contacto no se había desecho de parte de ninguno de ellos. Seguían abrazados.
—Parece que me adelanté demasiado —susurró Kagome en el oído del moreno. Él la apretó más a su cuerpo, aspirando el olor natural que emanaba de toda su piel. Le encantaba olerla.
—En la vida no hay por qué tener todo calculado —habló serio Bankotsu—, a veces, el impulso es la mejor opción a todas las situaciones. Nunca olvides lo que te estoy diciendo, Kagome. —dijo acariciando su semi ondulado cabello.
La azabache se aferró con más fuerza aún al trabajado cuerpo del ojiazul.
—Entremos, se pone helado —mencionó al tomarla atrevidamente del trasero. Kagome enredó ruborizada sus piernas en la cintura de Bankotsu. Una vez dentro del dormitorio, la bajó—. ¿Puedes hacerme un favor? —preguntó al guiarla hasta la cama y de los hombros la obligó a sentarse.
—Claro, dime qué es. —respondió sentada sobre el blando colchón.
—No salgas de la habitación hasta que yo te lo ordene —dijo al besar sus labios y pararse correctamente. Había estado inclinado para verle el rostro. Ella asintió con preocupación al observarlo fijamente. ¿Por qué le pedía algo tan extraño?
—Bankotsu… —lo llamó antes de que éste saliera de la habitación. El moreno se giró a verla con su mano posada en el pomo de la puerta.
—¿Qué? —preguntó al observarla directamente a los ojos.
—¿Y-yo… —quiso preguntar, pero sus manos sudaban debido al nerviosismo —significo algo para ti? —completó avergonzada de que él se burlara de ella… pero no fue así. Bankotsu sonrió de medio lado al bajar la cabeza y negar en silencio, elevó la misma para observarla una vez más y sin molestarse… asintió, haciendo que la joven se estremeciera.
—Eres importante, Kagome. —respondió al devolverse hacia ella.
La azabache se puso de pie al verlo acercarse y se abrazó fuertemente contra su pecho, lo amaba. Sin dudarlo posó una de sus manos en su cuello, y poniendo sus pies en puntas logró alcanzar sus labios, inclinando un poco la cabeza de él. Bankotsu presionó con sutileza las caderas de ella al meter su lengua en la cálida cavidad bucal de la joven. Ambas lenguas se masajearon delicadamente mientras sus salivas se mezclaban de manera involuntaria. El ojiazul abría cada vez más la boca, succionando por completo los carnosos labios de ella. El beso se volvía cada vez más demandante por lo desesperado que era. Se detuvieron gracias a la escases natural de aire, de lo contrario Bankotsu de vuelta a la cama se la hubiese llevado.
El seguro moreno la atrajo en un posesivo abrazo, presionándola levemente contra su cuerpo.
—¿Es suficiente para ti? —preguntó con su mejilla recargada sobre la negra cabellera de ella. Kagome asintió con su cabeza apoyada en el fuerte pecho del moreno, deseaba grabar los fuertes latidos de su corazón para siempre en su memoria.
¿Qué si era suficiente para ella? se preguntó la azabache de manera interna. Sango le había comentado que Bankotsu era incapaz de expresar sentimientos hacia alguien, pero tener la certeza de que en algo lo importaba… era un comienzo.
—Lo es Bankotsu. —respondió en voz baja al subir su mirada y encontrarse con los hermosos ojos azules que la miraban con algo de… ¿aprecio?.
—Ahora… —habló él al alejarla delicadamente de su cuerpo —no salgas. —volvió a ordenar.
Ella asintió una vez más y de esa manera lo vio salir. Sin terminar de entender la extraña preocupación que inquietaba su ser.
. .. … .. . .. … .. .
Sus compañeros quienes habían permanecido en la lujosa y blanquecina sala de la mansión, se pusieron de pie al verlo bajar. Los guardias y choferes que trabajaban para él se habían marchado temprano, única orden dada por el moreno.
—¿Qué haremos Bankotsu? —preguntó preocupado Suikotsu —La policía ya debe estar por llegar.
—Que lleguen. —retó el moreno al pasarlos de largo.
Hakudoshi a duras penas lo siguió, pues la punzada que le había dado el día anterior aún dolía. Lo vio entrar con varios barriles que ellos mantenían con gasolina; tanto para las chimeneas de la sala y habitaciones como para los distintos vehículos.
—¿Qué harás con eso? —preguntó con sus ojos lilas fijos en lo que el moreno hacía.
—Quemaré la mansión. —contó sin interés en mirarlo. Comenzó a esparcir el contenido en distintas áreas de ésta. Derramó gasolina por diferentes partes de la planta baja, la cocina, las habitaciones en las cuales las joyas atendían a sus clientes. Ordenó a Jakotsu esparcir cierto contenido por las paredes de las escaleras al verlo subir.
Bankotsu salió de la mansión esparciendo la misma por los alrededores.
—¿Qué pasa contigo… —se atrevió a preguntar Kikyō lo que todos querían saber, pero nadie decía —piensas quemarnos vivos a nosotros también?
—Hmph… ¿Qué estupidez dices? —bufó el ojiazul con su respiración exigida y un poco de fastidio en el tono del habla.
—No entendemos qué es lo que estás planeando Bankotsu —interfirió Suikotsu quién tampoco entendía muy bien.
—Quemaré la mansión, ¿no me oyeron decírselo a Hakudoshi? —respondió al seguir esparciendo el combustible.
—Claro que te oímos —respondió Kikyō—. Pero no entendemos por qué lo haces.
—¡Porque todo se fue al demonio. Porque Naraku nos traicionó, y él está detrás de todo esto! —se alteró al lanzar con una patada uno de los pequeños barriles del peligroso contenido al suelo.
—Ese maldito —murmuró Hakudoshi al empuñar ambas manos a la altura de su rostro.
—¿Qué hacemos nosotros? —preguntó Suikotsu, aún, sin comprender muy bien los planes a seguir.
—Se largaran, y cada uno salvará su maldito trasero como mejor les plazca —respondió poniendo ambas manos en su cintura al pararse correctamente y respirar hondo—. Después de todo… eso les ofreció Naraku, o me equivoco —mencionó arrogantemente al alzar un de sus cejas.
Las tres presencias frente al moreno se quedaron sin habla, ¿irse? ¿de verdad Bankotsu los consideraba unos completos cobardes?
—Bankotsu, aquí encontré lo que me pediste —interrumpió Jakotsu al salir afuera de la mansión, donde ahora estaban los demás.
—Aquí están sus oportunidades de escape —les enseñó unos pasaportes y unas visas—, lárguense y hagan lo que quieran. —dijo al lanzarle los documentos a cada uno.
—¿Y a dónde pretendes que nos vayamos? —preguntó con cierto desentendido Kikyō.
—Si la policía nos busca no podremos entrar tan fácilmente a otro país. —mencionó Hakudoshi.
—Hmph… si eso es lo que tanto les preocupa… —Bankotsu se encogió de hombros —olvídenlo. Aún tengo mis contactos en aduanas. —informó al continuar lo que a cada cinco minutos interrumpían.
—Pero Bankotsu… —deseó hablar Suikotsu, pero fue abruptamente interrumpido por el moreno.
—¡Basta! —habló alterado —¡Váyanse a un país donde no haya extradición, que sé yo! —dijo observándolos fijamente—. Si la policía sabe de la existencia de ustedes no los dejaran en paz, así que deben irse ahora.
Todos se miraron los unos a los otros, estaban preocupados y también lo estaban por él púes, sabían lo impulsivo y soberbio que éste podía llegar a ser.
Se estaba arriesgando en salvarles el maldito pellejo a cada uno de sus compañeros, personas que ahora estaban frente al seguro ojiazul. Ahora comprendían y valoraban lo fiel y leal que Bankotsu podía llegar a ser a sus compañeros pese a sus defectos. Podía ser una maldita bestia, pero por los suyos era capaz de mancharse las manos de sangre con cualquier inocente.
—¿Qué pasará con la gente de la juguetería? —preguntó Suikotsu.
—Ellos se largaron hace mucho tiempo. —contó al encogerse de hombros.
—¿Qué harás tú? —preguntó la única fémina presente.
—Me las arreglaré de alguna forma. —respondió en seco.
—Bien, entonces es mejor que nos vayamos ahora —propuso Suikotsu.
—Sí. —dijo Hakudoshi.
Apenas ordenaron un poco de cosas y cuando bajaron a la primera planta todo desprendía el embriagante olor a gasolina. Se despidieron rápidamente del que fue su jefe por tantos años, no asumían como habían terminado las cosas de esa manera, pero ya no había marcha atrás. Salieron decididamente de la mansión, ya no podían seguir esperando.
—¿Cómo nos mantendremos en contacto? —preguntó Suikotsu antes de subir al polarizado y oscuro jeep.
—No me localices, cualquier cosa, yo te ubicaré. —informó al ver a su compañero subirse al alto vehículo. Con un gesto de cabeza se despidió del alto hombre que presionó a fondo el acelerador para salir del recinto.
Bankotsu entró cansado y frunció el ceño al ver a Jakotsu observarlo fijamente.
—¿Qué tanto me ves? —preguntó molesto.
—Que siempre quedamos los dos Banky —dijo sonriente—. Hemos pasado tantas cosas, que me enorgullece que cuentes conmigo hasta lo último. —el molesto semblante de Bankotsu cambió a uno más conciliador.
—Porque eres el único en el que puedo confiar —reconoció al darle unas pequeñas palmaditas en el hombro y reír de la misma manera que su fiel compañero.
—¿Ahora? —preguntó al ver el nostálgico rostro del moreno. Bankotsu asintió.
Jakotsu subió corriendo las escaleras en busca de la azabache a quién tanto apreciaba su leal amigo, sí, eso era lo que Bankotsu era para él, un muy buen y fiel amigo.
Bankotsu observó a su raro amigo desaparecer por las largas escaleras alfombradas. Sonrió de medio lado y sacó de su bolsillo el metálico encendedor que cargaba desde que planeó rápidamente todo. Lo abrió y la pequeña llama se hizo presente frente a sus azulados y serios ojos, no dudaría en hacerlo. Las rojizas llamas se dejaron ver rápidamente al seguir todo rastro de gasolina que se colaba por la gran y lujosa mansión.
El semblante de Bankotsu se obscureció, ahora su vida marcaría un antes y un después con todo esto. Presionó fuertemente sus manos, y se encaminó ágilmente hacia su encuentro.
. .. … .. . .. … .. .
El retumbante sonido del silencio comenzaba a impacientarla, salió de la habitación y bajó de manera acelerada las escaleras al no entender qué era lo que estaba pasando realmente en la primera planta. Llevaba más de una hora sin saber de Bankotsu y eso comenzaba a inquietarla, más aún cuando éste le ordenó no salir del cuarto.
Al asomarse a las escaleras de la segunda planta vio a Jakotsu correr apresurado hacia ella, algo muy malo intuyó su corazón, y el mismo se aceleró golpeando fuertemente contra su pecho al oír al afeminado sujeto.
—Tenemos que irnos —dijo agitado al tomar su mano—, la mansión se está incendiando. —informó al desear jalarla para sacarla del, ahora, peligroso lugar.
Los ojos de Kagome se abrieron de manera desmesurada y aterrada, si la mansión se estaba incendiando, entonces Bankotsu…
—¿Dónde está? —exigió saber. Jakotsu aún la mantenía agarrada de la mano.
—Él estará bien. —respondió para jalarla nuevamente hacia el tercer piso.
—¡Eso es mentira! —dijo con su tono de voz alterado.
—Yo no miento Kagome —dijo Jakotsu al detener sus pasos.
—Necesito buscarlo. —replicó al jalonearse.
—No —discutió con una voz tan firme que logró causar cierta impresión en la azabache—. Él me pidió que te sacara de aquí. Y es lo que haré.
—No te atrevas… —dijo Kagome con su voz amenazadora al señalarlo.
Jakotsu había aprendido a conocer en cierto punto a la azabache, y sabía que cuando ella deseaba algo, era capaz de arriesgar estúpidamente su propia vida por empeñarse en lograrlo. Sin pensarlo dos veces el afeminado muchacho la cargo sobre su hombro, aún contra las débiles groserías y golpes que la chica le propinaba.
Kagome punzó de casualidad uno de los ojos de Jakotsu al estar revolviéndose desesperada para que la soltara. Éste cayó hincado al suelo, soltando a la azabache.
—¡Dios! Kagome… —reclamó hincado en el suelo del tercer piso —creo que me has dejado tuerto. —mencionó entre dientes al posar ambas manos en su adolorido ojo, presionándolo para calmar el ardor.
—Lo siento mucho Jakotsu —se disculpó la joven, para luego bajar corriendo las largas escaleras. Deseaba estar con él.
—¡Kagome! —gritó con sorpresa en su rostro al atreverse a bajar.
. .. ... .. . .. … .. .
El sigiloso operativo comenzaba a tomar su curso. Varios automóviles blindados se acercaban a la costosa mansión que les permitiría acabar con todo, pero la sorpresa de ellos fue más grande al encontrarse con cierta iluminación que desprendía demasiado en el exclusivo territorio.
—¿Qué demonios está pasando? —se preguntó en voz baja Naraku.
Miroku observaba decepcionado desde otro de los vehículos, iba acompañado por unos cuatro oficiales, entre ellos Houyō y Kagura. La última sonrió y suspiró de manera aliviada, no era lo que se imaginaba pero bastaba con saberlo a salvo.
—¡Por la mierda! —reclamó Miroku al golpear el volante del oscuro y, también, blindado jeep.
Se bajaron de manera apresurada y comenzaron a rodear el recinto. Las gruesas rejas que resguardaban la mansión estaban sin seguro, « estaban alertados… ». Fue lo primero que se cruzó por la cabeza del empeñoso oficial. Observó de manera fugaz el rostro de su superior, el cual desprendía tanta molestia como la de él. En esos momentos ignoró todo resentimiento contra la brigada y sus sucios compañeros, solo se concentraría en hacer su trabajo lo más profesional posible.
Miōga se ponía rápidamente en contacto con los cuarteles de las patrullas de bomberos, tanto como las de las ambulancias, por si aparecía algún herido.
Varios oficiales comenzaron a invadir la extensa zona, mientras otro pequeño escuadrón de alrededor de sietes oficiales se atrevían a entrar a la mansión. Las llamas eran cada vez más intensas y el humo que se adueñaba del lugar se volvía espeso.
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Jakotsu corrió hacia la ventana del despacho del moreno para asomarse, logrando ver a varias patrullas policiales que rodeaban el lugar, se maldijo y maldijo a Kagome por atreverse a golpearlo. Se encaminó rápidamente a una de las esquinas del oscuro corredor, quitando los enormes maseteros de plantas naturales, y de la pared sacó una pequeña tabla mecánica la cual contenía varios números. Digitó los correctos y estos permitieron el acceso a un pequeño ascensor. Subió y tragó duro para que Bankotsu perdonara su anterior ineptitud.
—¿Dónde está? —fue lo primero que oyó apenas se abrieron las pequeñas puertas. No se sorprendió para nada al ver a su fiel compañero bajar solo. Sólo deseaba saber si ella estaba bien.
—No me obedeció. —informó un poco inseguro.
Bankotsu los había estado esperando en un pequeño subterráneo que los guiaría hacia la salida de uno de los desagües de la zona, no era muy lejano pero tenía la suficiente distancia como para despistar a los oficiales. Las alcantarillas despedían un desagradable olor pero era la única salida en esos momentos.
—¿Y dónde demonios está? —preguntó al posar sus dedos en el puente de su nariz.
—En estos momentos ya debe estar con la policía. —mencionó con la voz entristecida de entender lo que eso significaría para el moreno. El semblante de Bankotsu ni siquiera se inmutó.
—Seguiremos las cosas tal cual estaban planeadas. —informó al girarse para disponerse a caminar.
—¿Qué pasará con Kagome? —Jakotsu preguntó preocupado.
—Ella estará bien. —respondió sin detener sus pasos. « Es lo mejor…». Sabía muy bien que ella no bajaría con Jakotsu porque sería incapaz de abandonarlo, desde el comienzo, ese fue su verdadero plan. La policía la rescataría y ella sería libre de una buena vez. Si todo salía según lo esperado Kagome llegaría al hospital donde trabaja su hermano, y se enteraría que ella estaba sana y salva, definitivamente, en esos momentos eso era lo mejor para ella.
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Bajó apresurada las escaleras y tosió forzada al aspirar el espeso y oscuro humo que invadía toda la mansión. Sus ojos se abrieron de manera desmesurada al ver que todo ardía en llamas. « ¿Dónde estás Bankotsu?» se preguntó con sus ojos completamente cristalinos, y un agudo dolor en su garganta al mover rápidamente sus ojos a los alrededores del lugar, buscándolo. Tratando de encontrar alguna señal de vida del moreno.
La barra en la que muchas veces Suikotsu había permanecido estaba completamente incendiada, y los tragos ayudaban a avivar las feroces llamas. Se quedó de pie por un momento y sus ojos comenzaron a arder debido al humo. No quería moverse, tenía miedo de lo que pudiese pasar y que Bankotsu ya no estaría para protegerla.
Sus rojizos ojos se entrecerraron al ver varías siluetas oscuras botar la amplia puerta doble del recinto. Una leve molestia sentía al ser iluminada directamente con sus linternas de alta intensidad iluminaria.
—¡Alto ahí! —gritó uno de los oficiales.
—¡No se mueva! —ordenó otro de ellos.
Kagome hizo caso omiso a lo que le ordenaban, y se atrevió a subir nuevamente hasta el descanso de la segunda planta. Tosió. Intentó subir hasta el piso de Bankotsu, pero un grave mareo la hizo detener sus pasos y apoyarse en una de las calientes murallas.
—¡Señorita no siga corriendo o me obligará a dispararle! —amenazó desde el primer piso uno de los oficiales que la seguía con insistencia. Apuntando su revolver directo hacia ella.
Sintió como sus piernas comenzaron a temblar y su respiración a agitarse. Tenía miedo y no entendía qué era lo que en realidad pasaba, ¿Bankotsu se había ido y la había olvidado? Observó a los desconocidos hombres con intenciones de acercarse a ella debido a las ardientes llamas del primer piso, las siluetas de las personas se distorsionaban gracias al mareo y la espesura del humo. Y ya no pudo más, cayó rodando de manera brusca por las largas escaleras. Golpeando gran parte de la zona baja de su cuerpo.
El par de oficiales se acercaron rápidamente a ella, y de la misma manera la sacaron del espantoso lugar.
Otro de los escuadrones analizaron cautelosamente todo el verdoso y amplio patio de la mansión. Lo rodearon de manera muy detallada y así, lograron dar con algo.
—¡Fiscal! —gritó Houyō al ver una extraña tabla de madera cubierta suavemente por césped.
Liberaron alrededor de cinco chiquillas que habían sido encerradas esa misma tarde. Las joyas estaban impresionadas de lo que estaba pasando, no podían creerlo, y mucho menos ver la mansión arder. Salieron con cierto recelo al exterior, y la misma duda se cruzaba por la cabeza de cada una de ellas, «¿Acaso el mercenario sabía que esto pasaría?» se preguntaban internamente al mismo tiempo que eran guiadas por los oficiales que las habían liberado.
Naraku observó molesto a las joyas que traían sus compañeros, « Maldito bastardo» se dijo al entender que Bankotsu tenía todo planeado. Sus ojos se posaron en Kagura, estaba seguro que ella tenía algo que ver, que ella lo había alertado. La muy perra se las pagaría, nunca debió confiar en ella, era una maldita traidora.
—¡Oficial Moushin! —gritó uno de sus compañeros quién cargaba a una aturdida jovencita.
Miroku se acercó rápidamente a su compañero y un extraño estremecimiento se adueñó por completo de sí mismo. « Es Kagome», reconoció con cierto alivio al posar dos de sus dedos en su cuello para sentirle el pulso.
«¡Paramédico!» gritó al tomarla entre sus brazos.
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El procedimiento duró aproximadamente tres horas, esa noche la mansión se consumió poco a poco por las agresivas llamas que se hacían notar por las elegantes ventanas con marcos de madera. Seguirían revisando el lugar cuando el humo apagado por los bomberos se disipara por completo. Aunque se complicaría un poco recabar pruebas certeras entre las cenizas.
—¿Seguiremos mañana? —preguntó Miroku a su fiscal.
— Volveremos mañana temprano —asintió—. Hoy se quedarán cinco oficiales resguardando el lugar. —informó al subir a su vehículo particular.
—¿Quiénes se quedarán? —preguntó con cierta desconfianza. El viejo y cansado fiscal se los nombró con paciencia.
—… y Houyo —completó al nombrar al último. Miroku suspiró con cierto alivio al oír el nombre de su joven compañero.
Miōga salió del estacionamiento de la mansión. Naraku se marchó unos diez minutos después. Y Kagura se mantenía al margen del procedimiento en detalle. Las joyas serían enviadas a la brigada para ser identificadas, y si les iba bien… se atreverían a declarar.
Miroku se acercó a Houyō y le pidió mantenerlo al tanto de todo. Éste le asintió, en verdad admiraba la manera en que Miroku solía tomarse su trabajo.
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Sus ojos se abrieron con cansancio al oír el timbre de su móvil, eran más de las tres de la madrugada y moría de sueño. Los mismos se entrecerraron al ver la luminosidad de la pantalla del aparato, se sentó correctamente sobre el blando colchón al ver el nombre de Miroku.
—¿Tienes idea de la hora que es? —preguntó al rascar sus ojos, fingiendo molestia.
—Deja ese sentido de humor para otra ocasión. —dijo en un tono tan serio que llamó extrañamente la atención del peliplata.
—¿Qué sucede? —preguntó al dar un incontrolable bostezo.
—Kagome… —dijo, y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro mientras conducía —en este momento va directo al hospital. —informó orgulloso.
Las palabras de InuYasha no lograron salir de sus labios, en realidad, no tenía palabras para describir cómo se sentía. Sus manos comenzaron a sudar abruptamente, y podía sentir los fuertes latidos de su corazón resonar por toda la habitación.
—Ella está bien, no te preocupes. —continuó Miroku para que su amigo se mantuviera tranquilo.
—¿Y dónde estás tú? —preguntó al comenzar a tirar toda su ropa para encontrar algo con qué vestirse.
—Voy conduciendo tras la ambulancia. —respondió tranquilamente.
—Bien, nos vemos en el hospital —dijo rápidamente el peliplata para finalizar la llamada. Se quedó petrificado por un momento, no podía creerlo, después de casi siete meses… volvería a ver a su Kagome.
Salió de la habitación y se sorprendió de ver a Sango sentada en el sofá de la sala viendo televisión. La castaña no había podido dormir al no ver llegar a Miroku, ¿se arrepentía de haber hablado?
—¿A dónde vas? —preguntó curiosa la castaña al verlo caminar directo hacia la puerta.
—Kagome… —logró articular.
—¿Qué pasa con ella? —preguntó Sango al ponerse de pie un poco preocupada.
—Ella… ella va al hospital en estos momentos. —explicó al sacar su chaqueta del pequeño perchero atornillado tras la puerta de salida.
—¿Sabes qué pasó? —preguntó un poco angustiada, lo que menos deseaba Sango era perjudicar al moreno.
—No, no lo sé pero necesito ir al hospital ahora mismo. —informó InuYasha con ganas de salir rápido de ahí.
—Espérame, voy contigo. —pidió la castaña al ponerse de pie y también cargar una chaqueta con ella.
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Las puertas dobles del hospital público se abrieron bruscamente al entrar con la delgada azabache sobre una camilla. El doctor de turno se acercó de manera apresurada y una angustia lo invadió por completo al reconocer el maltratado rostro de la chiquilla.
—Doctor, sacaron a esta paciente de un gran incendio —explicó el paramédico; quién llevaba la camilla—. Creo que se desmayó debido a que sus pulmones se obstruyeron con el contaminado aire —supuso—. El oficial que la rescató dijo que al desmayarse rodó bruscamente por las escaleras. Se ha estado quejando e inconscientemente presiona su vientre —informó al llegar a la sala de atención.
—Muy bien, déjela en mis manos. —dijo amablemente el joven doctor.
—Gracias. —finalizó el paramédico para luego salir de la sala.
El profesional a cargo comenzó a quitar de manera apresurada la sucia blusa de la inconsciente jovencita. Sus ojos se abrieron con cierta sorpresa al ver sus enormes senos, jamás se imaginó que tras ese delgado cuerpo y aniñado rostro existiera semejante similitud a la perfección femenina. Supuso que la soltería le estaba jugando en contra. Negó en silencio, en qué diablos estaba pensando, debía actuar profesionalmente pero… si ella estaba ahí, ¿dónde demonios estaba su hermano?
—¿Qué fue lo que pasó Kagome? —musitó en voz baja mientras la examinaba junto a una colega quién notó su rostro preocupado.
Luego de revisarla completa y profesionalmente, la envió a una sala de recuperación; ella estaría bien… eso era lo mejor. Jamás creyó encontrarse con lo que más lo sorprendió.
Kagome había despertado demasiado alterada, gritando y llorando y por su propio bienestar, el médico se atrevió a sedarla al oírla hablar ciertas "incoherencias".
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—¿Dónde está? ¿Cómo está? —preguntó exaltado el joven peliplata al llegar al hospital, y ubicar rápidamente a Miroku.
—La está examinando el médico en estos momentos. —respondió Miroku.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó la castaña al llegar junto al joven de ojos ámbar.
—Incendiaron la mansión y todos escaparon. —respondió en voz baja Miroku, al ver que el médico se acercaba.
—Buenas noches —saludó con su rostro amigable—. Soy el doctor Koga Kino. —se presentó al extender la mano a cada uno de los presentes.
—¿Cómo se encuentra Kagome? —preguntó el peliplata.
—Ahora se encuentra en una habitación de reposo, está bien. Despertó algo alterada, así que me tomé la libertad de sedarla y administrarle unos calmantes —explicó detalladamente el procedimiento que había tomado—. Las lesiones que tiene no son para nada graves, en estos momentos le tenemos inyectado un suero hidratante directamente a la vena. Sus pulmones no corren ningún tipo de riesgo, así que pueden estar tranquilos. —informó con calma.
—¿Puedo ir a verla? —InuYasha pidió realmente angustiado. Necesitaba verla con sus propios ojos para asegurarse de que en verdad ella estaba bien.
—Creo que no es conveniente, después de todo debemos dejarla descansar. —respondió amablemente el joven doctor.
—Nosotros esperaremos a que nos avise para poder verla. —dijo Sango al ladear una incómoda sonrisa en su rostro. Koga asintió y se alejó a atender a sus demás pacientes.
—Espero que actúe profesionalmente —habló de la nada Miroku.
—¿Perdón…? —cuestionó Koga al detener sus pasos.
—Usted sabe muy bien de dónde viene esa chiquilla. —dijo Miroku. Koga se quedó en silencio, por supuesto que lo sabía.
—Miroku… —pidió Sango al tomar su brazo —no hagas un escándalo acá, él solo está haciendo su trabajo.
—Mañana volveré con una orden —le hizo saber al seguir con su mirada fija en el joven doctor—. Por protocolo, usted no puede atender a mi testigo, sabe muy bien a qué me refiero. —manifestó al cruzarse de brazos.
—Entonces esperaré la orden, pero hasta el momento seguiré a cargo de la paciente. Después de todo fui yo quien la recibió. —dijo Koga para luego alejarse del desconfiado oficial.
—¿Por qué hiciste eso Miroku? —cuestionó un desentendido peliplata.
—Él es el hermano menor de Bankotsu. —contó en voz baja Miroku. Sango asintió.
—¿Y dejas que ese maldito perro se haga cargo de Kagome? —reclamó con indignación el peliplata.
—Él no es nada parecido a Bankotsu. —interrumpió la castaña en voz baja.
—Pero quizás le haga algo… —discutió InuYasha —cualquier cosa.
—Ella estará bien —aseguró Miroku—. Te puedo dar mi palabra de eso, he investigado a éste sujeto durante semanas, y no hay nada ilegal con él como para inculparlo o sospechar. —dijo al recordar las largas semanas en que lo estuvo siguiendo para ver si se encontraba con el corrupto de su hermano. O hacia algo indebido.
—¿Entonces, por qué le hablaste de esa manera? —preguntó una curiosa Sango.
—Porque prefiero evitar… —respondió con un tranquilo semblante —como dije, no lo quiero cerca de mi testigo.
InuYasha respiró frustrado, no podía armar un escándalo en esos momentos, Kagome estaba a salvo, a unos cuando metros de él y eso era lo único que le bastaba para apaciguar un poco su angustia.
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Sus ojos permanecían cerrados, pero, podía oír perfectamente el ruido de los segunderos del reloj. Sintió el calor de una mano sobre la suya y eso la alteró, tal vez… ese era Bankotsu. Trató de calmar todo el nerviosismo y entusiasmo que sentía, para con paciencia, comenzar a abrir de manera lenta y un poco tortuosa sus ojos. Su vista estaba un tanto nublada pero luego de unos cuantos segundos, en los que pestañeó en varias ocasiones, logró recuperar la claridad de los mismos. Estos se expandieron con sorpresa, y sintió como si su corazón se hubiese detenido por una mínima fracción de segundo al reconocer a la persona frente a ella. Era InuYasha quién la había estado acariciando, y la observaba detalladamente.
—Tranquila Kagome. —dijo con el debido cuidado de no presionar más de la cuenta su débil mano.
Eran cerca de las siete de la mañana y Kagome por fin abría los ojos. Había logrado convencer al doctor a cargo de la azabache para verla, necesitaba asegurarse que ella estuviera bien. Permaneció sentado en una acolchada silla junto a la camilla en la que ella dormía, y sus ojos se abrieron impacientes al verla desear despertar.
—Toda esa pesadilla acabó, ahora estás a salvo. —volvió a hablar al ponerse de pie para acercarse a ella. No pudo contra el deseo que sentía de unir nuevamente sus labios a los de ella, necesitaba sentir que de verdad ella estaba ahí, y sin previo aviso… la besó.
Los ojos de Kagome se abrieron de manera desmesurada, InuYasha, era InuYasha a quién tenía frente a ella, besándola. Lo sintió desear intentar meter su lengua en ella, parecía desesperado pero ella apartó su rostro.
El peliplata frunció el ceño al no comprender muy bien qué pasaba con ella, no esperaba esa actitud de parte de su prometida. Porque eso era, ella era de él.
—¿Qué pasa Kagome? —preguntó al tomar comprensivamente sus mejillas. Ella solo negó en silencio y sin poder evitarlo, las lágrimas se derramaron gruesamente de sus achocolatados ojos.
InuYasha suspiró preocupado de verla así, no podía comprender muy bien por qué ella estaba actuando de esa manera ya que esperaba un abrazo, besos apasionados y varias frases confesándole lo mucho que lo extrañó y lo horrible que fue estar alejada tanto tiempo de él, sí, tal vez era egoísta pero la había extrañado. Pero no. Se encontró con una Kagome realmente diferente. "Debe ser producto de la anestesia" se dijo internamente… o más bien un trauma, sí, eso era lo más probable, se convenció de ello al abrazarla protectoramente contra su pecho.
—Todo va a estar bien. —habló con seguridad al acariciar su azabache cabello.
Las lágrimas de Kagome se hicieron más gruesas al caer de sus nerviosos ojos sin poder contenerlas « Todo va a estar bien. » esas mismas palabras fueron las que le dijo Bankotsu cuando estuvieron en la ducha. ¿Por qué diablos la abandonó? ¿Acaso no era importante para él?
Cerró con dolor sus cristalinos ojos chocolates.
…
Notita: Bueno la mansión cayó y con eso cambiará todo, pues ahora marcamos una nueva etapa en el fanfic. Chicas lamentó mucho pero mucho la enorme demora pero como dije en el capítulo pasado, esta actu estaba lista hace rato y por problemas personales no pude actualizar.
Saben que Bankotsu es mi personaje favorito, por ende, trataré de mantenerlo a salvo hasta donde más pueda XD
Ahora lo importante... no tengo nada formado para la siguiente actualización, agradecería muchísimo si me regalaran algunas ideas C: Ya que tengo algunas pero no las podré narrar y cargar el capítulo así como así, ya que quedaría demasiado cortito.
...
Mis agradecimientos esta vez son para:
Yuli: Jjajaja no :/ no se han tomado nada. Han sido realmente irresponsable. No se pueden ir porque el fic terminaría muy pronto y aun se deben sanjar ciertas cosas con InuYasha. Gracias nena por estar al pendiente de la historia.
Rogue85: Kagura solo se dejó llevar por los sentimientos que tiene hacia él, sin importar los riesgos que ella misma pudiese correr. Kagome se enamoró de él y Bank, Bank la quiere pero a su manera. Gracias Pao, de verdad agradezco un montón tu apoyo.
Ljubi-sama: Yo re mega contra amo tus rw, me dan tanta risa, me causan una enorme emoción el leerlos. Pues Bankotsu si es bien malote, no teme mancharse las manos con sangre con alguien. Gracias Ljubica, y no quiero verte bajoneada, tú sabes ;)
Nina Shichinintai: jajajaja Si Nina wn, cagaron todos XD nuestro chilenismo siempre termina saliendo a flote jajajaja. Saludos nena.
Linithamonre77: Exacto querida hermana, escribir es hermoso pero a veces los bloqueos mentales sean por X dramas, nos joden XD Pero lo bueno es aprender a salir de ellos, la inspiración siempre vuelve... aunque demore. Saludos hermana.
Sweet . Ale 13: jajaja en serio XD solo me salía el "13" por eso lo tuve que poner todo por separado. Oye no sabes las ganas que tenia de actualizar jajaja espero que te haya gustado.
Aidee GV: Si no me dices que eras la "guest" no te reconozco jajajaja. Oye me falta mucho para pulirme en los lemmons mi querida hermana pervert. Ahora nuestra hermosa Kagome ya se reencontró con InuYasha XD Creo que necesitaré cierta ayuda para el próximo capítulo porque ahora si que estoy trabada. -.-
Joss Hernandez: ¡Ay! pero es que me muero de verte aquí jajajaja Mi tan preciada, amada y adorada Joss :) Yo sé que siempre te tengo a mi lado amiga. Y te agradezco por eso. No hay mucho que decir ya que siempre nos mantenemos en contacto, te re adoro. :) Ok. Y te perdono por abandonarme :P jajajaja.
Luimma: Ay! pero que gusto me da que te guste el fanfic, no sabes lo bien que me haces sentir ya que puedo notar que la historia poco a poco se ha ganado el aprecio de ustedes como lectoras. Es un BankKag mi niña, aunque aun dudo mucho con el final que tenía planeado para este fic :/ Solo espero no decepcionarlas. Espero seguirte leyendo Luimma, saludos desde Chile.
Sery 7Seven: jajajaja te entiendo, a mí también me pasa y juro que en ese momento odio a la autora XD (cof cof... en serio). Que bien que la trama te guste, al principio dude un poquito sobre escribir de esto pero me gusto. Saludos!
Miko Kaoru-sama: En estos momentos yo también odio a Naraku, pues es un cobarde de lo peor. Claro hermana, la idea era propia de él, así era más fácil "deshacerse" de todo por así decirlo. ¿Qué si atrapan a Bank? recemos porque a la autora no se le ocurra semejante atrocidad XD Pero como dije, haré lo posible por mantenerlo a salvo jajajaja. Saludos hermana!
Sasunaka doki: ¿Su plan? mmm... XD Espero que te haya gustado :)
guest: Querida amiga "guest", olvidaste poner tu nombre XD de verdad que siento mucho la demora. Espero que el capítulo haya valido de algo de mi retraso.
...
No se imaginan como me gusta ver que le van tomando el gusto a la historia. Sus comentarios buena onda y sus críticas constructivas y por sobre todo con respeto son como un sueldo que las ficker nos hacemos. Se los agradezco de corazón a cada una de ustedes.
*Un saludos pero súper especial a todas esas lectoras fantasmas que poco a poco se han ido animando a comentar. Gracias.
Espero que el capítulo les haya gustado :) Abrazos peligrosamente mercenarios para todas :D
¡CIRCULO MERCENARIO!
PD: Antes de que se me olvide... muchísimas gracias a las chicas que leyeron mi nuevo fanfic, y bueno, más aun a las que se tomaron la molestia de comentarlo. Re contra mega gracias ;) Muack besitos. Y otra vez... ¡SIENTO MUCHO LA DEMORA!
