ADVERTENCIA: Lemon (Sexo gráfico), lenguaje vulgar, violencia, muerte, Universo Alterno, Humanizado.
DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Esta historia no tiene fines de lucro.
AVISO: Meteré también personajes de Madagascar, obviamente humanizados XD.
PD: Decidí dejar los nombres en inglés. Ya modifiqué el fic. Esto no ha alterado la historia, no se preocupen.
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Capítulo 4: La valentía condenó a la nutria.
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— Se te enfrió el café.
— Lo siento. — Marlene salió de su habitación completamente vestida con el cabello húmedo. — Pero quería bañarme.
— Da igual. Hierve más agua.
La castaña rodó de ojos y prendió el hervidor. Miró de reojo al pelinegro, quien seguía bebiendo en un aire ausente su humeante taza.
—… ¿Skipper?
— ¿Qué ocurre, cara de muñeca?
—… De hecho eso mismo quería preguntarte. ¿Por qué siempre me llamas así?
Los ojos azules del joven la miraron con curiosidad.
— ¿A qué viene esa pregunta tan repentina? ¿Te molesta que lo haga?
— N-No…— Dijo rápidamente. — Es solo que… No lo sé, tengo curiosidad.
— Veo que tratas de despejar tu mente para apaciguar el dolor de la desaparición de tus amigas. — Se levantó para reposar su taza en la repisa. — Bien, hagamos eso. Porque no me gusta verte triste, preciosa. — Caminó hacia ella con una sonrisa.
Marlene hizo una mueca.
¿Era tan obvia?
— Te llamo así porque… Siento que el apodo te queda. — Se encogió de hombros sin dejar de sonreír. Alzó una de sus manos para acariciar el rostro de su amiga. — Tan solo mírate, Marlene. Si no fuera porque hablaras o te movieras, te confundiría fácilmente por una muñeca.
La castaña se rio con ganas ante la explicación del agente. Le era increíble que se expresara así de ella.
— ¿Es tu forma de ligar, Skipper?
— Claro que no. Cuando quiero hacerlo, soy directo.
— Claro…— Se cruzó de brazos mientras sonreía con coquetería, confundiendo un poco al pelinegro. — Como cuando quisiste pasar una noche con "Arlene".
El rostro de Skipper se tiñó de rojo, tanto de vergüenza como de ira. ¡Detestaba recordar eso!
— No hablemos de eso. — siseó entre dientes al apartarse de ella. ¡Vaya manera de arruinar el momento!
Marlene rodó de ojos. Cuando se vino a vivir en los departamentos, en un principio, no se llevaba muy bien con sus primas. Stacy y Becky le habían tirado una de las peores bromas, la cual fue echarle una porquería a su shampoo, dejando su cabello rubio.
No se le veía tan mal como ellas esperaron, de hecho, se volvió popular apenas puso un pie fuera de su departamento. Skipper casi la arrastró a su cama.
Lástima que después sus amigos creyeron que "Arlene" le había hecho algo malo a Marlene, quien ya harta de todo esto, decidió explicarles de una buena vez lo que había ocurrido.
Su amigo no le quiso hablar por una semana entera. Estaba demasiado apenado por la forma en que se había comportado con ella que trató de ignorarla para recobrar el poco honor que le había quedado.
— Vamos, Skipper. Está en el pasado. Al menos tengo el consuelo de que me consideras atractiva. — Bromeó.
— Creo que eso había quedado claro en…
—…
Ambos se quedaron callados, recordando lo ocurrido en el baño de hombres meses atrás.
—… Volveré a mi departamento.
Marlene no lo detuvo, no quería que viera su rostro enrojecido.
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Apenas pasaron los trescientos segundos, el teléfono de Marlene sonó.
— ¿Hola?
— Prepárate para salir, preciosa. Un auto te espera abajo.
— ¿Qué pasó, Skipper? — Preguntó mientras se colocaba una chaqueta. Después se acomodó las zapatillas.
— Temo que definitivamente nos están invadiendo terreno peligroso, Marlene. — Tras una pausa, él prosiguió. — Es Blowhole.
— ¿Creí que se habían encargado de él…?
— ¡Así fue! ¡Maldición, así fue, pero…!... ¿Marlene?
La nombrada no contestó. Había abierto la puerta, pero quedó helada al encontrarse con un sujeto parado en la entrada de su hogar. Parecía ser un poco mayor a su propia edad. Le era familiar.
Tenía el cabello negro y los ojos oscurísimos, casi negros. Vestía un terno negro, pero con una corbata muy estrafalaria. Tenía rayas naranjas, rojas y violetas.
—…
— ¿Marlene…?... ¡¿Marlene?!
El hombre le sonrió con amabilidad a la castaña y le extendió la mano, dándole a entender que le diera el teléfono. Marlene obedeció mientras endurecía la mirada y apretaba los puños.
— Cuánto tiempo sin charlar, ¿no te parece, Skipper? — Habló casualmente al acercar el aparato a su oído mientras que con su otra mano apuntaba con un revolver a la joven.
— ¡¿HANS?! ¡¿Qué crees que…?!
— Vamos, amigo… No te pongas así…— Paseó la punta del arma en el cuerpo de Marlene, quien se tensó. — Veo que sigues estando con tu querida amiga. Se ha vuelto más preciosa que la última vez que la vi. ¿Te imaginas cómo le iría cuando forme parte de nuestros negocios ahora?
— ¡COMO TE ATREVAS A HACERLE ALGO, HANS…! ¡TE VOY A MATAR!
— Relaja las plumas, pingüino. — Se rio con humor. — Podrás comprarla cuando encuentres el agujero en el que estará metida…-¡AGH!
Marlene había aprovechado la distracción de Hans al ver que había apartado un poco la pistola. Avanzó y le dio un rodillazo en la entrepierna. El hombre retrocedió y se arrodilló, adolorido mientras soltaba el teléfono. La castaña cogió el objeto y salió corriendo, dirigiéndose a las escaleras. El ascensor no la salvaría.
— ¿Marlene?
— Estoy bajando las escaleras. — Habló fuerte. Tenía su teléfono en su mano, pero había oído perfectamente la voz de Skipper. — Hay un auto esperándome abajo, ¿no?
— Sí.
— Bien…-¡Ah! — Algo duro golpeó su tobillo, provocando que se tambaleara y cayera de las escaleras.
Marlene soltó un gruñido de dolor al sentir una espantosa punzada en su nuca. Se había golpeado en la cabeza. Ignoró los llamados del agente al otro lado de la línea. Sus ojos miraron a Hans quien bajaba tranquilamente las escaleras.
— Veo que Skipper te ha enseñado algo.
La castaña se incorporó y se llevó una mano a la parte de atrás de su cabeza. Su cabello estaba húmedo. Miró su mano.
Estaba sangrando.
— ¿No crees que sería más fácil venir conmigo? Así no te haré daño.
Marlene frunció el ceño y se levantó.
— ¿Dónde están Gia y Gloria? — Bajo la sonrisa perversa de Hans, Marlene se enfureció. — ¡CONTESTA! ¡¿Dónde están mis amigas?!
— No te preocupes, ya les harás compañía.
La castaña retrocedió torpemente y abrió la puerta de la salida de emergencias. Salió y notó que estaba en el estacionamiento. Vio de reojo la máquina de sodas, pues sabía que detrás de esta se encontraba el cuartel secreto de sus amigos. No podía dejar que Hans se acercara allí. El aludido salió del cuarto y siguió caminando hacia ella.
Sintió su teléfono vibrar bajo su mano. No supo en que momento la llamada se había cortado, pero debía hacer algo, y pronto.
— ¡Ah! — Gimió cuando Hans se acercó hábilmente hacia ella y tiró de su cabello de su nuca.
Marlene cerró los ojos con fuerza. El sector sangraba, y el hecho de que Hans jalara de la zona herida le causaba más dolor. Se retorció, forcejeando para aligerar el agarre, pero el hombre solo se rio de su fallido intento.
— Vamos, Marlene. Mientras menos pelees, seré más amable.
El teléfono cayó al suelo, aún vibrando por las constantes llamadas.
¡Maldición, esto no podía acabar así! ¡No podía hacerle esto a Skipper! Ella tenía que ser fuerte, por él, por Kowalski, Private y Rico. ¡Por sus todas las que desaparecieron! ¡Por todos!
— ¡Suelta…-!
Un gran golpe en la cabeza de Hans provocó que ambos quedaran estáticos. Hans puso los ojos en blanco y cayó desmayado encima de la castaña.
Marlene alzó la vista y sus ojos avellana se posaron en unos verdes.
— ¿Se encuentra bien, señorita?
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Skipper caminaba de un lado a otro alrededor de sus compañeros. Marlene no contestaba su teléfono.
— Lo mataré. — Musitó. Miró a todos. — ¡¿Qué demonios estamos esperando?!
— Los refuerzos de North Wind ya vienen. — Anunció Eva con una seria expresión. — Nosotros nos quedaremos aquí. Ahora es seguro que vayan.
Los cuatro no necesitaron más explicación. Rico saltó hacia el asiento del conductor de su adorado deportivo negro. Skipper se sentó a su lado, mientras que Private y Kowalski se sentaban atrás, colocándose rápidamente los cinturones. El líder ni se molestó en colocárselo.
Rico era quien manejaba con más velocidad, así llegarían antes.
Skipper conectó su teléfono al sistema que tenía el automóvil. Presionó unos cuantos botones en la pantalla que se situaba en la parte superior. Marcó el número de Marlene nuevamente y esperó.
Los pitidos sonaron en todo el auto, así todos calmarían un poco sus alocados latidos, sin embargo les era casi imposible.
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— ¿Quién eres tú? — Preguntó Marlene al caminar al lado del joven. Era un poco más alto que ella. Tenía el cabello castaño oscuro y unos hipnotizantes ojos verdes.
— Soy Antonio, nuevo en la agencia. Skipper me pidió que la recogiera, señorita.
La castaña asintió. Miró de reojo el cuerpo inconsciente de Hans en el suelo.
— No se preocupe. — Ella volvió a mirarle. Antonio le sonreía cálidamente. — La policía ya viene. Pero debo llevarla al punto de encuentro.
— Ah, es cierto. Skipper y los otros estaban en el zoológico.
— Pues allí iremos. — Alcanzaron un taxi.
Marlene sonrió, Skipper siempre enviaba autos sutiles para no llamar la atención.
Bien pensado.
Antonio le abrió la puerta de la parte de atrás. Marlene le regaló una última sonrisa antes de ingresar al vehículo. Se acomodó y se revolvió el cabello todo enmarañado. Aún sangraba, por lo que comenzó a sentirse un poco mal. El castaño se sentó ante el volante y ajustó el espejo para mirarla.
— ¿Todo bien, señorita?
— Sí, claro.
El joven la miró unos cuantos segundos, para finalmente echar a andar el auto. Marlene llevó sus manos a los bolsillos, sintiendo su celular vibrando. Sacó el aparato y comenzó a escribir un mensaje.
Estaba segura que Skipper la agarraría a griteríos por teléfono, no estaba dispuesta a oírle, así que decidió simplemente escribirle.
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"Estoy bien. Ya vinieron por mí."
-Marlene-
Private soltó un sonoro suspiro de alivio al leer la pantalla. Kowalski se relajó. Rico aún tenía su vista al frente, pero no desaceleró. Skipper, por otro lado, hizo una mueca.
— ¿Cómo podemos estar tan seguros de que lo está?
— Skipper… Nos acaba de enviar un mensa…-
— Pudo escribirlo cualquiera. — Gruñó para marcar nuevamente el número.
— De hecho, Private…— Comenzó Kowalski, preocupado nuevamente. — Detesto admitir esto, pero es probable que la paranoia de Skipper tenga razón esta vez.
El aludido le dirigió una mirada asesina a su compañero.
— ¿Qué quieres decir con paranoia? ¡Es instinto!
— ¿A qué te refieres, Kowalski? — Preguntó rápidamente el menor para evitar una pelea.
— Cualquiera puede escribir un mensaje. No podemos asegurar que Marlene esté bien con eso. Hay un ochenta por ciento de que aún esté en peligro.
Skipper presionó nuevamente la pantalla para llamar a la castaña.
Las palabras de Kowalski lo estaban desesperando.
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Marlene rodó de ojos. Ya era la octava vez que Skipper llamaba.
—… ¿Antonio?
— ¿Sí, señorita? — La castaña se estremeció al ver los profundos ojos verdes de él posados en ella a través del espejo.
—… Umm… ¿Te molesta que atienda una llamada?
— Por supuesto que no, adelante. — Le sonrió.
Marlene le devolvió el gesto, para después contestar.
— ¿Ho…-?
— ¡TRUCHAS Y SALMONES, MARLENE! ¡¿Por qué demonios no contestabas?!
La castaña apartó un poco el teléfono de su oído, adolorida por el grito.
— Por esa misma razón no quise, Skipper. — Le gruñó.
Sin que ella se diera cuenta, Antonio giró a la dirección contraria del destino que ella deseaba ir. Sus ojos verdes se entrecerraron para escuchar atentamente la conversación de la castaña.
— ¿Qué significa eso? — Le devolvió el gruñido.
— Skipper…— Inhaló y exhaló para calmarse. — Sabía que me gritarías. Por eso no quise contestarte.
— Tiene razón, Skipper…— Escuchó la voz de Private, para luego ser cortada por una sonora cachetada.
— ¿Tenías que golpearlo?
— No estaba autorizado para hablar.
— Escucha…-
— Marlene, ¿estás bien? — Decidió intervenir Kowalski. No estaba para peleas de esos dos.
— ¿Eh?
— ¡Mahlene! — Llamó animado Rico.
La joven no pudo evitar curvar sus labios.
Debió haberlos preocupado mucho…
— Estoy bien, chicos…— Se llevó una mano a la nuca. Hizo una mueca. — Creo que ya dejé de sangrar…-
— ¿Sangrar? — Le cortó Skipper con la voz dura.
—… Umm… Hans hizo que me cayera de las escaleras, pero ya pasó. Estoy bien.
— ¿Dónde te lastimaste?
— En la cabeza.
— ¿Te duele?
—…— Suspiró. No sacaría nada con mentirles. — Sí.
— Kowalksi.
— Sugiero que la llevemos al hospital. ¿Estás de acuerdo, Marlene?
—…— Se relajó un poco. Al menos Kowalksi siempre acudía a consultarle primero. —… Está bien. — Musitó, rendida. — Me duele mucho, así que… Está bien.
— Nos reuniremos en el Hospital Lower Manhattan.
— De acuerdo, le diré a…— Calló al leer la calle que habían pasado.
*Sunset Park*
—… Ummm…— Bajó un poco el teléfono y frunció el ceño. — ¿Antonio?
— ¿Sí, señorita?
—… Uh… Acabamos de pasar… Sunset Park…— Musitó.
— Así es.
—…
— ¿Antonio?
Marlene ignoró la voz de Skipper, estaba muy ocupada viendo los fríos ojos de Antonio, quien la miraba de vuelta. No supo en qué momento el auto se detuvo.
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—… ¿Antonio? ¿Quién demonios es…? — Miró a Kowalski, quien estaba tan preocupado como él al oír la voz de Marlene.
El más alto comenzó a teclear en su laptop rápidamente para buscar información.
Palideció.
— Creí que le habías pedido a Alex que fuera por Marlene, Skipper…— Susurró Private, pero Skipper no le miró.
Su mirada se llenó de horror y miró con pánico a Kowalski, quien le devolvió la mirada.
— ¡DA LA VUELTA, RICO! ¡A SUNSET PARK!
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La castaña abrió rápidamente la puerta, pero dos hombres la agarraron de los brazos. Forcejeó con violencia. No supo quién, pero uno de ellos torció su muñeca para que su celular cayera al suelo.
— ¡MARLENE!
— ¡SUÉLTENME! — Pataleó desesperadamente.
Se soltó de un brazo, para después propinarle un codazo al otro sujeto.
Quiso correr, pero no pudo.
Quedó inmóvil al ver el lugar en el que se encontraba.
Pareció perder el aliento.
—… Dios mío…— Jadeó.
— ¡MARLENE!
La castaña se giró, para ver a Antonio recoger tranquilamente su teléfono, ignorando los gritos de sus amigos desde la otra línea. Prendió un cigarro y se lo llevó a los labios.
—… Tú me engañaste. — Le acusó con la voz temblorosa.
— ¡MARLENE!
— ¿Qué es este lugar…?— Musitó, comenzando a temblar. El lugar le resultaba repulsivo. — ¿Adónde me trajiste?
— Será mejor que actúes por las buenas, Marlene…— Susurró para tomar una mecha de sus cabellos y olisquearla con una lasciva sonrisa.
Marlene retrocedió y optó por darle un rodillazo en sus partes nobles, aunque grande fue su sorpresa cuando el joven detuvo su rodilla. Con su otra mano cogió su muñeca, hizo que su cuerpo girara bruscamente. Antonio la lanzó al suelo.
— ¡Agh!
— ¡ACELERA, RICO!
Presionó con fuerza la rodilla contra la espalda, sin soltar su mano de su muñeca.
— Me pregunto a qué precio te pondrá el jefe.
— Uno alto, eso te lo aseguro.
Marlene alzó un poco la cabeza y miró con horror a Hans, quien no parecía ni un poco aturdido.
— ¿Te gustó nuestra actuación? ¿Fuimos convincentes?
—…
— ¿Por qué es tan alto el precio de esta muñeca, Hans?
— ¿No lo sabes? — Presionó la punta del pie contra la mejilla de Marlene, quien le gruñó con desprecio. — Esta niña es virgen.
La castaña palideció.
No.
— ¡NO! — La voz de Skipper a través del teléfono confirmó sus sospechas.
— ¡Déjenme! — Se removió, su voz quebrándose en el proceso.
Estaba aterrada.
Antonio rodó de ojos, ya hastiado por el comportamiento de la joven. Se sacó el cigarro de la boca y lo presionó con fuerza en el brazo de la castaña.
El efecto fue inmediato.
— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH! — Chilló de dolor al sentir el potente ardor.
— He dicho que te comportaras o comenzaríamos mal…
Hans le quitó el teléfono a Antonio.
— Gracias por el regalo, Skip. Te aseguro que la trataremos muy bien. — Se rio.
— ¡DÉJALA IR, HANS!
— ¡SKIPPER! — Suplicó la castaña al comenzar a llorar.
— Me encantaría seguir conversando y recordar viejos tiempos, pero tenemos un negocio que dirigir.
— ¡NO! ¡NO, MARLENE!
El pelinegro cortó la llamada y se giró para ver cómo Antonio cargaba a una ahora inconsciente Marlene en sus brazos.
Hans no pudo evitar sonreír.
Honestamente, lo que le habían hecho a la castaña, no era nada comparado con lo que le harían después.
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EL PRÓXIMO CAPÍTULO CONTENDRÁ ESCENAS DE ALTO CONTENIDO. Ustedes me dicen si le subo el rating o no.
