Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.
Notita: Bueno, creo que esta vez no tarde tanto. (^-^)
~sin más a leer~
« Nada de ti es típico, nada de ti es predecible, me tienes toda inquieta y confundida (es todo nuevo). Hasta ahora pensaba que conocía el amor, nada que perder y ahora está dañado porque, las cosas habituales caerán igual de rápido que yo (pero ahora...). Las naves se están quemando, ahora estoy aprendiendo una nueva forma de pensar, puedo ver que nada será igual a como lo fue, ¿eso se debe a qué...?
Eres tan inusual ¿nadie te dijo que se supone debes romperme el corazón?, supongo que sí, así que... ¿Por qué no lo has hecho?
Quizás ni siquiera seas humano porque solo un demonio podría ser tan inusual, dulce sorpresa, podría acostumbrarme al... tú inusual »
Chapter:23
Un Momento de Rebeldía.
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Un poco más de dos meses habían transcurrido desde aquel incendio que arruinó el calculado operativo policial, del cual, no se obtuvo ni uno solo de los beneficios esperados. Pensaba en eso cada día, y siempre la rabia terminaba sobrepasándolo. ¡Maldición!... pudo ser tan sencillo.
Se había dado una fría ducha esa temprana mañana, el frío no le importó, necesitaba despejar la impotencia que lo invadía hace unos días, irritándolo internamente. Las cosas se le habían complicado de una manera considerable. ¿Qué haría ahora estando lejos de sus labores?
Maldijo para toda la vida al maldito cobarde de su superior.
Se sentó a desayunar en el pequeño comedor en medio del solitario departamento, ahora le parecía tan amplio. Inevitablemente la rabia aumentó. Sus ojos apreciaron las grandes letras en la primera plana del periódico; una pequeña reseña de una entrevista al comisario a cargo del caso se anunciaba en dicha portada. La impotencia lo invadió, presionó ambas manos contra el papel, arrugándolo furiosamente y por su mente no pudo evitar cruzarse aquella tensa conversación con Naraku… Causa de su ahora suspensión.
…
—¿Por qué siento que estás vigilándome? —preguntó altaneramente al toparse con Miroku en uno de los estrechos corredores de la brigada.
—¿Debería temer de algo? —preguntó con una segura sonrisa, como si hubiese deseado que algo así le preguntara —"comisario" —Naraku sintió que cierto tono estaba empleado con algo muy parecido a la sorna.
—Mejora ese tono Moushin, no olvides que soy tu comisario… —desafió molesto —Eres inferior a mí, por ende, me debes respeto.
Miroku frunció el ceño, ¿acaso pretendía humillarlo?
—No respetaré lo que me es despreciable. —espetó cortante y con voz seria.
—Alto ahí oficial… —ordenó Naraku al verlo con intenciones de dar media vuelta —¿O quieres que te saque del caso? —amenazó, sonriendo maliciosamente al ver al joven detener sus pasos.
Miroku empuñó ambas manos, esforzándose en contener toda aquella molestia que amenazaba con desbordar de él.
—¿Crees que te tengo miedo? —preguntó el joven ojiazul.
—¿"Crees"? —repitió Naraku, alzando ambas cejas. Mientras esperaba la corrección y una disculpa de oficial frente a él.
—Sí —confirmó firmemente—. No pienso seguir fingiendo respeto hacia ti. —añadió y una vez más intentó retomar su camino.
—¿Crees que no sé lo de Sango? —cuestionó al detener bruscamente el brazo de Miroku, quien abrió los ojos con sorpresa —Sé muy bien que es tu maldita soplona. Sé que es ella la que te contó de mi alianza con Bankotsu… —la sorpresa aumentó en el rostro del ojiazul —Y sé también que se está hospedando en tu mugroso departamento.
Miroku jaló bruscamente su brazo, deshaciendo el agarre inmediatamente. ¿Cómo se enteró? ¿Lo estaba vigilando?
—Maldito —bufó Miroku al intentar dar por finalizada la conversación, debía calmarse, pensar bien las cosas.
—Ten cuidado… —prosiguió Naraku —no vaya hacer que algo le termine sucediendo a tu testigo más invaluable. Sango podría tener un accidente en cualquier momento —mencionó, y eso bastó para que aquella rabia que tanto trabajaba Miroku en enfriar terminara por desbordarse.
—¡Cobarde! —gritó al lanzarse sobre el que hace varios años consideró su superior, un hombre correcto e intachable. Se equivocó, y no lo había visto hasta ese momento.
Naraku presionó los ojos al caer rudamente contra el piso, el golpe fue duro debido a lo inesperado del mismo, y casi pudo sentir a viva piel como si los pulmones se le hubiesen sacudido en el interior. Soltó la respiración pesadamente, y al abrir los ojos pudo observar el enrabiado rostro de su compañero sobre él.
Miroku se había lanzado contra Naraku con todas sus fuerzas, la rabia que lo invadía era incontrolable y casi podía sentir su rostro arder. El solo imaginar que el muy cobarde le tocara un cabello a Sango lo molestaba de sobre manera, empuñó sus manos.
—¡Ni lo pienses! —gritó al presionar las manos sobre el debidamente planchado cuello de la camisa de su superior, éste solo sonrió.
Miroku presionó los dientes, estaba muy molesto y la sonrisa de Naraku solo lo enfurecía aún más de lo que ya había estado momentos atrás. El estar posado sobre Naraku le dio la facilidad para propinar golpe tras golpe directo en su rostro, deseando borrarle la maldita sonrisa para siempre. En ningún momento se percató que éste no hacía esfuerzo alguno por defenderse.
Había conseguido su objetivo, sacar el lado más arrebatado de aquel pasivo y meticuloso oficial. Sabía que una agresión contra alguien como un superior sería considerada una considerable falta... Era lo que deseaba.
Varios oficiales se apresuraron a auxiliar al que parecía ser la víctima de aquella riña.
…
Arrugó el periódico completamente al dar un fuerte grito lleno de impotencia y frustración, lanzándolo con fastidio. Le molestaba estar lejos de su trabajo, el solo pensar las cosas que Naraku pudiese manipular lo sacaba de quicio. Pero la ausencia de Sango pesaba cada vez más desde que abandonó su departamento hace ya cinco días atrás.
—Un mes… un mes… un mes… —repitió tratando de calmarse a sí mismo al recordar la sanción dictaminadas por el fiscal.
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No había vuelto a ver a InuYasha desde la última vez que discutieron. Estaba enterada de que se comunicaba con sus padres para saber sobre su estado, y la verdad, estaba mejor así, tenerlo lejos por un tiempo era lo más sano; sano para ambos.
—Kagome… —oyó el doble y delicado toque contra la puerta de su habitación —¿estás despierta?
La azabache frunció el ceño, moría de sueño. Intentó abrir los ojos pero podía sentir como si tuviese una espesa mezcla de cemento pegado sobre los parpados, posó ambas manos sobre los mismos, sobándolos para poder abrirlos.
—¿Kagome…? —preguntó nuevamente Naomi al abrir lentamente la puerta del cuarto de la joven.
—Mamá… —susurró lentamente al alzar levemente la cabeza.
—Kagome, debes despertar hija… —pidió con su suave y maternal tono de voz —debemos ir al psicólogo, se hace tarde y podríamos perder la hora. —informó, desconcertando por completo a la, hasta ese momento, adormilada joven. Kagome se sentó correctamente, eso definitivamente la había tomado por sorpresa.
—¿Qué psicólogo? —preguntó, pues no entendía por qué razón ahora la querían llevar a uno. Todos querían que recuperara su vida, ¿qué acaso no lo estaba haciendo? Quizás, no de la forma en la que a todos les gustaría, pero era un avance después de todo.
—Dijimos que iríamos a uno, ¿recuerdas? —le recordó Naomi al sentarse junto a los pies de la joven.
—Lo conversamos, sí, pero no llegamos a un acuerdo. —corrigió con el rostro serio al sentarse correctamente.
—Lo sé, pero creo que es lo mejor… —deseó decir Naomi.
—¿Para mí? —interrumpió molesta y en cierto tono irónico. Últimamente todos creían saber lo que era mejor o no para ella. Ella no era un títere, tenía el derecho a decidir ¿por qué no lo notaban?
—Kagome, hija, debes hacer un intento por recuperar tu vida… —dijo con el rostro pasivo.
—¿Recuperar? —preguntó como si eso hubiese sido una ofensa, recargándose confianzudamente sobre el respaldo de madera de la cama —Es lo que estoy haciendo.
—Pero Kagome… —intentó proseguir pero una vez más fue interrumpida.
—No mamá —se atrevió a discutirle, y sin notarlo, alzó levemente la voz, sintiéndose realmente mal por eso, pero debía hacerlo si quería ser escuchada—. Si todos ustedes quieren que vuelva hacer la misma de antes, dejen de insistir, por el momento ésta soy yo, no puedo volver a ser la misma que era hace más de medio año atrás, no es tan sencillo… casi imposible. —determinó al ponerse de pie de mala gana y salir de la habitación para dirigirse al baño, molesta. Cerró la puerta tras ella, dejando a una preocupada Naomi sola en la pequeña habitación.
Naomi apoyó ambas manos sobre su regazo, suspirando ampliamente, orando porque la paciencia no la abandonara. Intentaba en lo posible entender a su hija, pero jamás aceptaría las palabras que alguna vez dijo, para Naomi Kagome aun estaba desorientada y perdida entre lo que era real o no.
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Se encorvó levemente al posar las manos sobre sus rodillas, apoyada sobre la puerta del reducido baño familiar. Se paró correctamente al dar un profundo suspiro… « ¿La de antes…? » Negó en silencio, como ya lo había dicho, eso era casi imposible. No podía retomar su vida así como así, menos desde el punto en el que la había dejado, sin mencionar todos los acontecimientos que con eso vinieron. Las cosas habían cambiado pero al parecer nadie se molestaba en notarlo.
Avanzó los pocos pasos hasta el lavabo, apoyando ambas manos sobre los bordes de loza de este, observando fijamente su semblante contra el espejo.
—Es imposible… —se convenció en un bajo susurro, observando con lástima su decaído reflejo.
Se dejó caer pesadamente al suelo, ¿cómo se suponía que volviera a ser la de antes? Se preguntó mentalmente al enredar sus finos dedos entre sus desordenados cabellos azabaches, presionando fuertemente los dedos de sus pies contra el frío piso cerámico del reducido cuarto de baño.
—¿Cómo pudiste hacerme esto? —preguntó al aire, presionando con todas sus fuerzas los molares de su boca, ahogando así el grito de impotencia que hace un tiempo llevaba conteniendo.
Inevitablemente odió a Bankotsu por ello. Por su abandono, por las mentiras en sus palabras… por todo lo que pensaba le había hecho sentir… y creer. Luego se corrigió de la misma manera mental, no, la tonta había sido ella, por ilusionarse con alguien muy diferente a ella. Eran de mundos completamente diferentes y eso debió pensarlo antes de involucrarse con él.
—Fuiste una tonta Kagome —se dijo al meditar las cosas vividas. Bankotsu era un delincuente, un infame, mentiroso y la crueldad al parecer era parte de su esencia… y eso dolía. ¿Por qué demonios pensaba en eso ahora?
Deseaba borrar cada rastro de él pero la terquedad de sus sentimientos se lo impedía, nunca en la vida se había sentido más vulnerable que en esos dos meses. Todos se empeñaban en hacerla ver lo equivocada que estaba, que las cosas que sucedieron jamás pasaron, pero nadie se había tomado el tiempo para detenerse y darle un apoyo con un simple: "¿Qué sientes? Hablemos…" Rodó los ojos con fastidio, nunca había sentido tanta rabia y tristeza mezclada al mismo tiempo, y sí, era un muy complicado sentimiento que quizás nadie comprendería, y temía, que ni ella misma fuese capaz de hacerlo.
Lo quería por haberla protegido tantas veces, y lo odiaba por haberla dejado sin explicación aparente, en momentos como ese, la rabia era la clara gran victoriosa. Sabía que debía olvidarlo, que era lo mejor, lo más sano para ella y para todos… Pero cuando se encontraba sola, tumbada sobre su cama y rodeada por la silenciosa y espesa obscuridad, se daba cuenta que no quería dejar ir el recuerdo de esa arrogante sonrisa y segura mirada azulina.
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Estacionó el sencillo vehículo lo suficientemente alejado de la dirección en la que se hospedaba. ¿Cuándo en su vida había conducido algo tan feo como ese Ford? Bufó molestó al darle una rápida mirada, para luego meter ambas manos dentro de los bolsillos de su azul y obscuro jeans. Si no quería llamar la atención debía dejar los lujos a un lado por un tiempo.
Luego de varios metros de caminata se metió al edifico donde se estaba quedando junto a su fiel compañero, presionó el botón del ascensor impaciente, no quería que nadie lo reconociera. No en esa zona.
Lanzó rudamente las llaves contra la rectangular y pequeña mesa de madera junto al par de sofás que se ubicaban en la entrada, estaba molesto. Se quitó de mala gana la negra chaqueta de cuero que lo abrigaba minutos atrás, quedando solo con una ajustada playera color blanca. Se dejó caer con confianza sobre uno de los sofás de la pequeña sala/comedor.
Detalló analíticamente el pequeño departamento, de manera despreciativa, y se recargó aún más en aquel acogedor mueble. Después de vivir años en amplias mansiones y casas, todas las demás construcciones las veía pequeñas e insignificantes. Rodó el lugar con sus azulinos ojos, todo le parecía patético. Una pequeña lámpara en medio de dos sofás y un comedor de madera frente a la sala. Dos dormitorios y cada uno con su baño individual, el lugar parecía escogido por una cuidadosa persona, resopló al recordar las palabras de Jakotsu. « No es a lo que estás acostumbrado, pero supongo que este lugar nos servirá para estar un poco más a gusto… » El lugar era pequeño, sí, pero por lo menos tenían donde dormir. Se encogió de hombros, suponiendo que quizás debía agradecerle, después de todo, era el único realmente leal como para seguir acompañándolo sin siquiera habérselo pedido. Se sentía un poco menos angustiado al ver retirado varias de sus cuentas de ahorro meses atrás. Tenía suficiente dinero para largarse del país y volver a comenzar desde cero, entonces… ¿qué lo retenía…?
—¿En qué piensas tanto? —posó la mirada en la afeminada voz que salía al abrir la puerta de una de las habitaciones —no me digas… ¿vienes de mal genio? —siguió con vivos ánimos de molestar al moreno.
—No jodas Jakotsu. —cortó con cansancio y cierto fastidio.
—Ay pero que genio —volvió a insistir al mismo tiempo que se sentaba en uno de los sofás frente al ojiazul.
Bankotsu botó pesadamente la respiración.
—¿Te pudiste contactar con Kagura? —preguntó suponiendo el malhumorado estado del que consideraba un buen amigo, a pesar de las cosas vividas.
—Sí —respondió al encorvarse, posando los codos sobre sus rodillas—. Naraku está completamente a cargo del caso de las joyas —sonrió sarcásticamente—, ¿puedes creer lo estúpido que eso suena?
—¡Maldito! —chilló Jakotsu al empuñar ambas manos a la altura de su rostro —se salió con la suya —se quejó indignado.
—De verdad creí que ese detective —aclaró al ver el confundido rostro de Jakotsu puesto en él—; ese que estaba tan empeñado en atraparme... —recalcó y una triunfadora sonrisa adornó su rostro al pensar lo absurdo que fue su intento —supuse que usaría a Sango de carnada.
—No estoy entendiendo bien Banky —dijo aun desentendido el muchacho de alborotados cabellos chocolates.
—A que la caída de la "juguetería" y el rescate de Sango eran más que obvios… —su rostro se tornó serio —Todos sabían que ese local caería tarde o temprano, los imbéciles que dejé a cargo resultaron ser unos incompetentes. Aunque lo bastantes astutos como para salir ilesos —recordó al rascar la barbilla que comenzaba a crecerle.
—¿Planeaste el escape de Sango? —preguntó aun intentando entender lo que el moreno quería decir.
—No —respondió y cuestionó—. ¿Pero jamás te causó cuidado que no la buscara? Ya sabes… para callarla —Jakotsu asintió en silencio para luego animarse a hablar.
—En realidad sí… un poco pero… —dijo un tanto pensativo.
—Pues esperaba que Sango delatara todo lo que estaba sucediendo, que Naraku era el cobarde más grande al jugar en ambos bandos —contó molesto—. Desde un principio supe que Naraku no era un tipo de fiar pero… —dudó en continuar al botar la respiración.
—La lealtad que demostraba hacia ti debido a sus propios actos te hizo sentir un poco de deuda hacia él, ¿no? —completó Jakotsu, suponiendo los pensamientos del ojiazul. Éste resopló frustrado, había estado convenciéndose a sí mismo de confiar en las personas equivocadas. Un grave error.
—Creí que ese oficial encerraría al cobarde de Naraku después de la evidente confesión de Sango… —mencionó pensativo al alzar inconsciente una de sus cejas.
Desde hace un tiempo tenía planeado largarse de Tokio, sin antes dejar a Naraku tras las rejas, pues sabía muy bien lo interesado que éste podría llegar a ser si de dinero se trataba, quizás, lo acusaría por las cientos de atrocidades que Bankotsu había estado causando durante años, pero el moreno estaría a millas de lejanías. Ninguno podría acusarse directamente, ya que si caía uno, el otro también lo haría. Sabía muy bien que Sango era la única de las joyas con el suficiente coraje para acusar a quién sea, nunca lo dudó. Además, había creado una especie de afecto fraternal hacia la valiente muchacha, no la dañaría, a ella no, extrañamente, le agradaba. Luego apareció Kagome a su vida, y después de eso, todo pareció complicarse, y a tomar otro rumbo. « "Eres importante" » Frunció los labios al recordar lo patético que se pudo haber considerado como una confesión, luego la palabra que durante años ha mantenido alejada de sí mismo se cruzó… "Amor".
« Estupideces… » Se convenció interna, y esperaba, perpetuamente.
Entonces, si eso era lo que de verdad quería y pensaba… ¿qué demonios esperaba ahí?
—Quizás gusta de ella y no desea ponerla en aprietos —la voz de Jakotsu lo trajo de vuelta a la conversación.
—Esas son estupideces… —cortó al recordar sus pensamientos anteriores, pero Jakotsu tuvo el valor de interrumpirlo.
—¿Acaso tú no hiciste lo mismo con Kagome? —preguntó con una pequeña sonrisa en el rostro.
—No es lo mismo. —corrigió tajante al intuir que si profundizaba en ese tema correría el riesgo de decir cosas que no quería, las cuales intentaba resguardar solo para él y sus pensamientos.
—Claro que lo es —debatió—, la sacaste de la mansión antes de que llegaran los oficiales, está más que claro que nunca fue tu verdadera intención llevarla contigo… —mencionó al recordar la falta de sorpresa en el rostro del moreno al verlo salir solo de aquel pequeño ascensor en la mansión —y míranos ahora… en Sendai… esperando… —dijo al posar la obscura y cafecina mirada en el área verde a través de la amplia ventana —Aunque aún no sé muy bien qué... —mencionó al rascar su cabeza.
Bankotsu volvió tensos los músculos de la cara, era cierto, él jamás pensó llevarse a Kagome con él pero si era así entonces… ¿Qué diablos hacía en Sendai? ¡Maldición! ¿Qué se suponía que estaba haciendo?
« Déjala en paz Bankotsu… pareces un maldito enfermo obsesionado por esa mocosa » Ahora fueron las palabras de Kagura las que se le hicieron presente al recordar aquella reciente conversación telefónica que habían tenido.
—Tú gustas de Kagome, hermano —finalizó con una socarrona sonrisa al estirar los brazos para relajar los músculos de su cuerpo —¿a dónde vas? —preguntó al dar varios desconcertados pestañeos y fijar la mirada en el moreno al verlo ponerse de pie, pescar la chaqueta junto a él, las llaves del auto y cerrar de golpe la puerta sin decir palabra alguna.
Jakotsu observó desconcertado aquella blanca puerta de madera cerrada tras él… ¿Había dicho algo malo?
—Y ahora tendré que almorzar solo, otra vez… —se quejó al dirigirse a la cocina —No sé por qué me molesto en cocinar para ambos si nunca almuerzas conmigo Bankotsu. —parloteó solitariamente al buscar algo con que encender la cocina a gas para calentar el alimento que comería.
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Durante aquellas semanas memorizó cada una de sus diarias costumbres, no fue difícil, ella siempre fue muy transparente, quizás sin intención de serlo pero era su esencia, parte de ella. Se escabulló lo suficiente para no ser notado, y la ubicó, como cada día, la observó de manera analizadora con sus azulinos y serios ojos, intentando descifrar las diarias expresiones de ella… de Kagome.
Nuevamente estaba ahí.
—Retoma tu estúpida vida… —susurró al verla encorvarse levemente al sentarse en una banca de madera bajo uno de los arboles fuera de su casa. Empuñó sus manos con impotencia al sentirse el único culpable de aquel agotado semblante.
El rostro de Kagome lucia ido, como si aún no se adaptara a la realidad. Su cuerpo denotaba cansancio, pocas ganas de moverse. Su mirada se apreciaba opaca, ya no había rastro de ese sincero brillo en aquellos grandes ojos color chocolate. ¿Por qué estaría así? ¿Por él? ¿Su declaración aquella problemática noche fue realmente honesta?
Había estado vigilándola durante días, inclusive las frías noches en las que salía. Si de algo se podía sacar en común entre Bankotsu e InuYasha, era que ambos desaprobaban la nueva amistad de Kagome con esas dos alocadas chiquillas; Tsubaki y Hitomiko, más de una que la otra.
Frunció los labios al recordar dos noches atrás, en la cual Kagome animada por sus amigas se decidió a bailar con un joven; uno de la edad de ella. Sonrió de medio lado al sentir revivir la rabia en su interior al cruzarse por su cabeza el recuerdo de las manos de aquel bastardo acariciando la cintura de Kagome. Más aun al notar el semblante de incomodidad de ella. Si el maldito sujeto hubiese acortado aún más la distancia… No quiso imaginar lo que pudo haber pasado.
« Obsesión…» Una vez más aquella horrible palabra salida de los labios de su leal compañero se cruzó por su mente.
—Maldito seas Jakotsu… —musitó entre dientes.
Frunció el ceño al ver a Kagome sentarse correctamente al dar un profundo suspiro, para luego frotar con cierta insistencia las manos contra su rostro. Lucía molesta, frustrada quizás.
La vio ponerse de pie y murmurar palabras que no pudo descifrar de sus carnosos labios, y luego desaparecer al entrar a su casa.
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Cerró la puerta de su habitación cansada, recargando la cabeza sobre la puerta de madera, al mismo tiempo que intentaba calmar su pesada respiración.
Miles de palabras comenzaron a resonar en modo de eco por su pequeña habitación, atormentándola. Se dejó deslizar lentamente por la puerta de madera hasta detenerse ya hincada en el suelo, presionando los parpados, intentando disipar aquellos pedidos que se acentuaban prácticamente en una entonación de súplica.
« Di que quieres volver a estar a mí lado… » « Debes retomar tu vida… » « Debes despertar de la antigua pesadilla… » « Debes adaptarte a la realidad nuevamente… » « Intenta ser la misma de antes… » « Vamos a ir al psicólogo… » « Solo así empezarás de cero… » « Olvida lo que pasó… » « ¿Crees que no he notado todo lo que me evitas?... » « ¿Tanto te gustaba encamarte con él?... » « Él es un mal sujeto… » « Un delincuente buscado por las atrocidades que ha cometido, recuérdalo » « Él no es para ti, Kagome »
« Kagome… » « Kagome… » «Kagome… » «Kagome… »
Presionó fuertemente las manos contra su cabeza, presionando con brusquedad sus oídos, podía sentir como si las palabras calaran de manera profunda en ellos, recordándole cada sufrido pedido de las personas que eran importantes para ella y que tanto quería.
«No. » Se dijo al balancearse levemente hacia atrás y adelante gracias a la ayuda de sus piernas. Se sentía sola. Incomprendida.
Todos esperaban algo de ella. Todos esperaban que volviera a la normalidad. Todos querían que volviera a ser la misma de antes… pero ella ya no podía. Sin darse cuenta la estaban presionando a retomar su vida como si nada hubiese pasado.
—¡Dios! —alzó la voz con desespero al sentirse tan confundida.
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—¿Qué se supone que haremos hoy? —preguntó en voz alta al dar un gran bostezo, aún seguía con su sexy pijamas de seda de dos piezas.
—Ay no sé Tsubaki… —respondió Hitomiko al estirar ambos delgados brazos —tengo mucho sueño aun. —se quejó y volvió acomodarse bajo las sabanas.
—Deberíamos ir al clandestino —propuso pensativa al posar su dedo índice bajo su labio inferior.
—¿Al clandestino? —repitió al bajar las sabanas con las que había cubierto su cabeza segundos atrás.
—Sí —asintió la otra—. ¿Te has dado cuenta que Kagome no la pasa muy bien cuando salimos?
—Sí… —respondió Hitomiko rascándose la cabeza al tratar de poner su atención en su amiga —creo que todo esto de volver a adaptarse le ha costado mucho trabajo.
—Tienes razón, ya no es la misma niña sonriente que era antes. Además que nadie sabe lo que realmente le pudo haber pasado en ese horrible lugar —dedujo Tsubaki al sentarse correctamente sobre su amplia cama.
—Pero creo que eso de llevarla al clandestino sería una muy buena idea, al menos, para que se distraiga un poco. —aceptó Hitomiko.
—Entonces será mejor darse un fresco baño para comer algo y prepararse para esta animada noche —se motivó Tsubaki felizmente al ponerse de pie.
—¡Ay¡… espérame que también tengo hambre —dijo la delgada joven al ponerse de pie e irse tras su fiel amiga.
—¿La llamamos ahora? —preguntó Tsubaki al bajar por las escaleras hasta la planta baja.
—Primero almorcemos algo que tengo hambre, ya que hiciste que se me cortara el sueño. —se quejó una vez más.
Ambas amigas terminarían su almuerzo, eran cerca de las cinco de la tarde y se daban el gusto de dormir hasta esas horas. Más tarde se juntarían con Kagome y la llevarían a ese famoso lugar que tanto les gustaba y hace tiempo no asistían.
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—¿Cómo estás? —preguntó al albino al oír la familiar voz contestar tras la línea de llamada. Seguía preocupado por el estado de ánimo de su amigo.
—Aún suspendido —respondió forzando una sonrisa como si InuYasha estuviera viéndolo. Esa situación lo tenía cabizbajo hace ya una semana.
—¿Y has logrado comunicarte con tu fiscal? —preguntó compartiendo la impotencia del suspendido oficial.
—No mucho —dijo en un tono tranquilo—. Pero ya regresaré —intentó apaciguar la interna angustia.
—¿Y has hablado con Sango? —volvió a cuestionar el peliplata y Miroku soltó un pesado suspiro.
—Ella me ha llamado pero he evitado sus llamadas —contó—, no quiero que por la preocupación que siente hacia mí le termine pasando algo —meditó respecto a las advertencias de Naraku—. Pero basta de hablar de mí, mejor cuéntame de ti… —pidió al cambiar de tema —¿Cómo van las cosas con Kagome?
InuYasha tomó una gran bocanada de aire, como si intentara darse ánimos para tomar el rumbo de esa conversación. Hace ya varios días que no hablaba con ella.
—Bien… —fingió al responder.
—Ese "bien" no me lo esperaba, en realidad deseaba oír un "muy bien"… —habló en tono de sorna para luego cambiar a uno más comprensivo —¿Qué sucede?
—Eso es exactamente lo mismo que a mí me gustaría saber… —habló mientras bajaba la pantalla del computador portátil en el cual había estado trabajando —no tengo idea de lo que sucede.
—Solo debes darle algo más de tiempo —aconsejó calmadamente.
—Si como no… —dijo al rodar los ojos.
—InuYasha… —nombró el ojiazul —he sabido de chicas que se demoran meses, tal vez, años en retomar sus vidas… y… —intentó decir pero pensó que lo mejor sería callar.
—¿Y? —insistió el peliplata y Miroku habló, omitiendo cierta parte para no alterar a su amigo.
—Hay algunas jovencitas que sencillamente no lo hacen —contó con desgano al arrastrar su cabello—, así que terminan refugiándose en cosas inimaginables. No la presionen. —aconsejó y pidió al pensar y omitir el más escalofriante detalle: "suicidio" al considerarse a sí mismas inadaptadas para la humanidad.
—Nadie la presiona Miroku —discutió InuYasha.
—Eso solo lo sabe ella —replicó el oficial.
—He tratado de darle el tiempo suficiente pero creo que mi paciencia no será eterna. —determinó pensando en los dos meses en los cuales no veía avance alguno.
—Tranquilo mi joven amigo —animó Miroku al imaginarse la difícil situación para el ambarino.
—Eso es lo que trato —habló al dar un pesado suspiro.
—Bueno, llámame si me necesitas o si Kagome dice algo —pidió.
—Claro, sabes que lo que más deseo es ver a ese maldito bastardo eternamente tras las rejas. —apoyó antes de finalizar la llamada. Pues no había cosa más grande que pudiese desear en esos momentos.
No podía evitar pensar la última vez en que le gritó a Kagome todo lo que pensaba, acusaciones las cuales ella no fue capaz de desmentir. Eso lo enfureció todavía más. Las noches ya no eran lo mismo, no podía acostarse sin que una imagen de Kagome siendo recorrida por las asquerosas manos de ese descarado tipo se le cruzaran por la cabeza. Esos mismos pensamientos eran los que lo habían estado alejando de ella. No quería volver a dañarla, pensaba.
Se puso de pie molesto y dejó por un momento el trabajo que había estado haciendo antes de llamar a Miroku. Necesitaba un descanso. Encendió el televisor y sintonizó alguna película de humor para disipar el mal genio. Posó la mirada sobre el reloj colgado en la pared, once y media.
¿Qué estaría haciendo Kagome?
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—¿Piensas salir nuevamente? —preguntó Sohin molesto al verla bajar por las cortas escaleras hasta la planta baja. Iba arreglada. Otra vez se iría de fiesta con ese par de amigas que ya no toleraba, pues consideraba que no eran beneficio alguno para su hija.
—Necesito distraerme. —respondió al verlo fugazmente y pasar de largo al cuarto de baño para cepillarse los dientes.
Llevaba varias noches, aunque no muy seguidas saliendo con el par de viejas amigas con las que se había reencontrado después de su regreso a su ciudad. La llegada de esas chiquillas a la vida de la azabache en ese complicado momento, logró ser muy bien recibida por sus padres días atrás, pero ahora, ambos deseaban jamás haberles abierto la puerta de su humilde casa. Pues, parecía que ambas la mal influenciaban; eso era lo que ellos creían.
Cuando Tsubaki y Hitomiko la fueron a visitar apenas se enteraron de la desgracia que había vivido Kagome, decidieron ser de compañía para la joven, invitándola a salir, a tomar aire y beber unos tragos… a distraerla. Ahora Sohin y Naomi se cuestionaban lo mala idea que fue haberles aceptado la ayuda para su hija, puesto que, con el pasar de los días, Kagome comenzó a llegar a altas horas de la madrugada, un poco embriagada, ya que oían sus torpes pasos para subir a su habitación. Ambos sabían muy bien que ella no acostumbraba a beber.
Las chicas con las que salía se daban el tiempo de ayudarla a subir los largos peldaños hasta la puerta de su casa, pero no cruzaban el umbral de la puerta. Ambas habían notado que no eran bien recibidas.
Los padres de Kagome le comenzaban a reclamar lo irresponsable que se estaba comportando, pero ella hacia caso omiso de aquellas palabras. Kagome se sentía sola, mal, confundida y los retos de sus padres no ayudaban en nada en el avance de: "recuperar su vida", o al menos, parte de ella.
Cada vez que Kagome salía bebía, hasta donde su organismo le permitiese, intentando bloquear así un poco la existencia del vago recuerdo de Bankotsu en su vida. Cuando bebía se podía dar la libertad de gritar, llorar y maldecir cuantas veces le dieran las ganas, ya que en casa no podía llorar sin que le preguntaran la razón de sus lágrimas. Ella nunca respondía con la verdad si se atrevía a llorar, y fue así, como Kagome poco a poco fue reprimiendo su interna agonía sentimental. Naomi trataba de entenderla, pero no de la forma en que la joven azabache deseaba. Ella guardaba silencio, ya no había caso seguir hablando. Para los padres de Kagome, Bankotsu era el mal parido que había jodido la vida de su preciada hija.
—¿Por qué estas molesto? —preguntó Naomi al bajar de su habitación y encontrarse con el fruncido rostro de su esposo.
—Kagome volverá a salir —contó al cruzarse de brazos.
—¿De nuevo? —preguntó sorprendida. Apenas ayer lo había hecho.
—Se acabó… —dijo Sohin al ponerse de pie —hablaré seriamente con ella. —sentenció y Naomi se preocupó por el molesto tono de voz que empleó su esposo.
—No… —pidió al detenerlo, posando ambas manos en el pecho de Sohin —yo hablaré con ella —dijo al dirigirse al baño. Lo que menos quería era que las cosas se salieran de control.
Kagome se encrespaba las largas pestañas que tenía, y aplicaba un poco de rímel para que sus ojos lucieran un poco más vivos, ya que la presión la carcomía cada vez más por dentro, sin que nadie la pudiera entender u oír como ella quería.
Era consciente de que el rumbo que estaba tomando al salir a muchos bares o pubs no era el mejor, pero tampoco eso significaba que fuera a convertirse en una alcohólica o drogadicta. Solo el amargo sabor del alcohol u otros tipos de tragos fuertes la ayudaban a apaciguar la pena que la invadía al acordarse de él. Sólo eso… por el mínimo de tiempo que eso fuera.
—¿Kagome…? —preguntó Naomi al tocar débilmente la puerta.
—Enseguida salgo —dijo al guardar la pintura en su pequeña cajita de maquillaje. Acomodó su vestido y abrió la puerta.
—¿Saldrás de nuevo? ¿Y con este frío? —preguntó apenas la vio de pies a cabeza.
Kagome llevaba puesto un ajustado vestido azul eléctrico, enseñando gran parte de sus hermosas piernas, el ajustado vestido llevaba mangas que llegaban sobre sus codos, combinándolo con altos tacones de plataforma negros que eran amarrados por una delgada correa alrededor de su fino tobillo, su cabello lucia levemente ondulado y había vuelto a recortar su flequillo, ya que había crecido bastante.
—Necesito salir… —pidió al ver que su madre no se quitaba del umbral de la puerta del pequeño cuarto de baño.
—¿InuYasha sabe de esto? —Naomi preguntó al fruncir ligeramente su ceño.
—Él no tiene por qué enterarse de todo lo que yo haga o deje de hacer con mi vida —informó con su voz cansada—. No es mi marido.
—Pero es tu prometido y aunque estén distanciados le debes respeto hija —resaltó la mujer mayor. La idea de que todo cambiara por culpa de ese corrupto hombre la alteraban.
—Por favor —bufó Kagome al rodar los ojos—, Mamá, por si no lo has notado, déjame recordarte que estamos en el siglo veintiuno. La época del machismo dejó de reinar hace mucho tiempo. —corrigió la joven con un poco de impaciencia en su tono de voz. Naomi frunció el ceño, esas palabras claramente no eran propias de ella. De seguro esas chicas le metían cosas raras en la cabeza.
—Esas niñas se están volviendo en una pésima influencia para ti Kagome. —acusó Naomi un poco molesta ante el tono de voz que usó la joven.
—No bromees —la azabache habló desinteresada al desviar su mirada hacia la muralla. Si a ellos no les importaban sus sentimientos, por qué a ella debería de importarle lo de los demás. Sí. Quizás se estaba volviendo fría, pero con lo vivido con el moreno había entendido las distintas realidades que trae la vida, y más, como todo puede cambiar considerablemente de un momento a otro.
—No saldrás de casa —informó seriamente Naomi ya que comenzaba a cansarse del nuevo comportamiento de su primogénita.
—No puedes obligarme a estar encerrada —Kagome también comenzaba a cansarse de la situación. Pescó sus cosas decidida a salir de ese lugar.
—Que no saldrás… —insistió nuevamente Naomi al tratar de quitar la cartera que Kagome había cargado sobre su delgado hombro.
—Déjame en paz… —dijo molesta la azabache al jalonear con su madre —no hacen más que hacerme la vida más difícil —mencionó presionando sus dientes, se sentía frustrada.
—El maldito que te mantuvo tanto tiempo encerrada es el único que te complicó la vida —Naomi le recordó a su manera; estaba muy molesta. Pensaba que su hija debía reaccionar de una buena vez de esa mentira en la que estaba viviendo. Ella solía ser muy pasiva y comprensiva pero todo estaba cambiando, y eso dolía. Solo había un responsable de todas las calamidades que parecían adentrarse cada vez más a la vida de su familia, y ese sujeto tenía un nombre, pero Kagome parecía no querer verlo.
—¡Que él no me ha hecho nada que yo no quiera! —discutió la joven, alzando sorpresivamente la voz, estaba harta que hablaran pestes de él sin siquiera conocerlo.
Naomi frunció los labios y por primera vez experimentó la sensación de la palma de su mano arder.
Lo primero fue su cabello moverse involuntariamente debido al golpe, y luego un leve adormecimiento en su mejilla, el cual poco a poco comenzó a transformarse en calor, en un calor que ardió. Su madre por primera vez en toda su corta vida se había atrevido a darle una cachetada, nunca lo imaginó. La joven posó ambas manos en la mejilla que ardía y miró a su progenitora con resentimiento.
—Kagome… hija —Naomi trató de disculparse pero la joven ni siquiera se molestó en oírla, pescó su cartera y salió rápidamente de la casa.
Sohin vio a Kagome prácticamente correr hacia la puerta y a Naomi intentar seguirla, se puso de pie inmediatamente al verla girar derrotada hacia la sala. Algo fuerte debía haber pasado entre ellas; fue lo único que pensó. Nunca las había visto actuar así.
Dio un fuerte portazo al salir casi arrancando de la casa que ahora consideraba una cárcel, gruesas lágrimas se deslizaron de sus achocolatados ojos al bajar por las largas escaleras que la llevaban a la amplia avenida. Ya no podía más, se sentía completamente colapsada con toda la intensa situación que estaba viviendo últimamente, sin saber que pasó realmente en Tokio, y por sobre todas las cosas… qué había pasado con Bankotsu. No podía entender por qué él desapareció tan abruptamente de su vida. Además, todo parecía estarse multiplicando por la presión en la cual se sentía sometida. Era mucho para ella…
Se abrazó firmemente a su cuerpo, intentando abrigarse a sí misma, hacía frío. Mordió su labio inferior sintiéndose tonta al haber sido sincera con el moreno respecto a sus sentimientos, creyó que él podía haber sentido algo más por ella, a su manera, pero algo… aunque nunca se lo hubiese dicho abiertamente « eres importante…» para ella, eso había generado solo confusión si se detenía a analizarlo, ¿por qué le diría algo como eso? Se preguntó pensativa al sentir como la fría brisa nocturna ondeaba sus largos cabellos.
La observó de pies a cabeza y una molestia lo invadió al verla vestida tan provocativamente. Luchó contra el deseo de acercarse por la espalda y abrazarse a esa pequeña cintura de la que ella era dueña, a pesar de todo, lucia hermosa. Se desorientó por un momento al notar que lloraba, y no pudo contra sus ganas, dio un paso hacia el costado, dejándose ser iluminado por los altos postes de esa concurrida avenida. No le importó el riesgo de que lo vieran, quería ir y saber que le estaba sucediendo.
« Hey Kagome… » Bankotsu volteó rápidamente hacia atrás al oír una voz femenina voz llamarla.
Kagome salió de manera abrupta de sus pensamientos, pues su atención había sido llamada por el sencillo vehículo que le tocaba la bocina insistentemente al detenerse aproximadamente un metro delante de ella, eran sus nuevas amigas; las que sus padres tanto detestaban pero las únicas con las que podía actuar como ella quisiese.
—Sube Kagome… —invitó Hitomiko, quién estaba sentada en el asiento del copiloto. Kagome sonrió y subió rápidamente.
—Gracias chicas —agradeció la azabache al sentarse en el asiento trasero.
—¡Que guapo! ¿Viste al sujeto que estaba atrás? —habló Tsubaki al retomar la marcha.
—¿Cuál? —preguntó Kagome al girar su mirada hacia el vidrio trasero del vehículo.
—Ah… parece que se fue —respondió Tsubaki y se encogió de hombros al notar por el retrovisor interior que ya no estaba.
—Parece —repitió Kagome sin darle mayor interés.
—Quizás era un fantasma siguiendo tus pasos Kagome —habló entre risas Hitomiko. Kagome sonrió, e involuntariamente volvió a girar su mirada pero no vio nada, ya se habían alejado bastante.
—¡Esta noche la pasaras genial, Kag! —animó extremadamente sonriente Tsubaki. Se encontraba más animada que de costumbre.
—Eso espero —dijo un poco nerviosa, el entusiasmo de Tsubaki la asustaba un poco.
—Iremos al "clandestino" —contó Hitomiko al hacerle comillas.
—¿Clandestino? —preguntó Kagome un poco confundida, nunca había oído el nombre de ese local.
—Sí… —respondió Hitomiko —hace mucho que no vamos —dijo al posar su mirada en Tsubaki, recordando lo mal que a veces se ponían las cosas al ser un local no autorizado.
—Es un recinto donde todos podemos ser libres… —explicó Tsubaki al verla por el espejo delantero —y podemos hacer lo que se nos pegue la regalada gana. —habló dando pequeños brincos en el asiento del conductor. Estaba realmente entusiasmada.
—Tsubaki, tranquila… —interfirió Hitomiko preocupada al sentirla cambiarse abruptamente de pista —vas conduciendo.
La conversación en el poco cómodo automóvil fue muy activa ya que las chicas solían ser muy liberales; Tsubaki más que Hitomiko. Kagome con ellas se podía transportar a otro mundo, mundo que la ayudaba a escapar de la obscuridad en la que se encontraba penosamente sumergida.
Al llegar vieron varios autos estacionados en el improvisado estacionamiento de tierra. Había varios grupos de personas bebiendo, dispersados por el espacioso y poco iluminado terreno. También había un humo muy blanco y espeso, del cual se desprendía un nuevo olor para el olfato de la joven azabache, extrañamente, no le molestó.
Tomaron posición en la larga fila que formaban todos los jóvenes para poder entrar al amplio local ya que este se ubicaba a las afueras de la ciudad de Sendai. Una vez las entradas pagadas les timbraron el dorso de las muñecas con un trasparente signo que solo era visto con las pequeñas linternas ultravioletas que cargaban los guardias de seguridad. El timbre acreditaba su estadía en el recinto.
Al entrar a Kagome le costó un poco de trabajo acostumbrar las pupilas al poco iluminado local, ya que las luces que habían eran parpadeantes y de varios colores. Por un momento se sintió desorientada. Hitomiko tomó la mano de la confundida joven al ubicar una pequeña mesa circular con cuatro sillas. Esta estaba desocupada en una de las partes más obscuras del animado recinto, se apresuraron a ocuparla.
—¿Qué es lo que te tiene tan distraída? —preguntó cariñosamente Hitomiko al ver el rostro de su vieja amiga de infancia.
—¿Uhm...? Nada —respondió Kagome, ocultando sus verdaderos sentimientos tras una esforzada sonrisa.
Las dos chicas siguieron conversando mientras la tercera de ellas se encontraba hablando con un sujeto. Supuestamente Tsubaki iría a retirar los tragos con el ticket que les dieron al pagar las entradas; tenían derecho a un vaso de trago gratis a elección.
Había trascurrido más de treinta minutos y Tsubaki aún no aparecía con los tragos.
—¿Qué tanto habla Tsubaki con aquel muchacho? —preguntó Kagome al ubicarla con cierta dificultad por el montón de personas. Se extrañó al verla conversar cercanamente con un desconocido joven.
El recinto comenzaba a llenarse cada vez más de gente.
—Debe de estar comprando algo que la distraiga de todo y la haga feliz un rato. —respondió Hitomiko al sonreír de manera cómplice. Kagome no entendió.
Hablaban prácticamente pegada al oído de la otra ya que la música era muy fuerte y movida. Los fuertes parlantes resonaban por todo el amplio local, acalorando de esa manera el jovial ambiente.
—¿Y los tragos? —preguntó Hitomiko al ver a Tsubaki tomar asiento. Había vuelto solo con su trago.
—Los traerá un amigo. —respondió sonriente.
—¿Por qué estás tan feliz? —preguntó Kagome al ver que su rostro ni esa sonrisa lucia del todo normal. Tsubaki solo se echó a reír más fuerte de lo normal.
—¿Compraste drogas? —interrumpió Hitomiko al fruncir el ceño.
—No fastidies, Hitomiko… —respondió Tsubaki al verla con con el ceño ligeramente fruncido —quizás ella quiera probar, ¿qué dices? —pregunto mirando fijamente a la azabache.
—No cuentes conmigo para eso Tsubaki —rechazó segura la joven aludida.
—Amiga… —insistió Tsubaki al toma asiento y recargar su brazo sobre el hombro de Kagome a modo de abrazo —yo sé que tienes tantos o más problemas que yo, y esto… —dijo al enseñarle una pequeña e inocente pastilla dentro de un plástico —te ayudará a olvidarte de absolutamente todo. —aseguró.
Kagome vio con cierta desconfianza el rostro de Tsubaki, se apreciaba feliz a simple vista pero también se notaba que tras aquella sencilla mascarilla había una profunda tristeza. Hitomiko negó al observar a Kagome para que no la recibiera.
—Quizás en otro momento, Tsubaki. —se decidió al rechazar nuevamente.
—Pero que mujeres más hermosas tenemos aquí —dijo un sujeto de obscuros cabellos castaños al llegar con los tragos de las dos muchachas. Kagome y Hitomiko lo observaron con cierta desconfianza, seguramente, él le había dado las drogas a su confiada amiga.
—Kagome… —habló Tsubaki —él es Maru —lo presentó ya que era la única que no lo conocía.
Hitomiko rodó los ojos al reconocerlo, se había cortado considerablemente su cabello; antes lo tenía por debajo de los hombros. Ahora se veía un poco más guapo, admitió internamente.
Maru era el sujeto que le vendía drogas a Tsubaki cada vez que visitaban ese encendido local, como si la preparara, para luego, llevársela con él y cogérsela cuantas veces quisiera y por donde quisiera durante toda la noche. Hitomiko lo consideraba un maldito oportunista, repugnante y degenerado.
—Y esta preciosura… —mencionó Maru al tomar asiento en la cuarta silla desocupada —¿Tiene nombre?
—No seas estúpido… —atacó molesta Hitomiko al cruzarse de brazos y verlo de manera molesta —por supuesto que lo tiene.
—Kagome —interrumpió la azabache al ver la poca empatía que ambos compartían.
—Muy lindo nombre —dijo Maru al sonreírle.
Poco a poco con el pasar de las horas el local se comenzaba a llenar con personas de distintas clases sociales; se notaba por el modo en el que vestían y se comportaban. Kagome se veía sorprendida al observar como las distintas chicas se encontraban completamente borrachas y los hombres se drogaban abiertamente, siendo que aún no eran ni las dos de la madrugada. « Bueno… por algo le dicen el clandestino » se dijo de manera pensativa.
Ella solo había visitado en esas últimas dos semanas distintos locales los cuales quedaban medianamente cerca de su casa, si bien reconocía que había llegado ebria varias veces, también admitía que le había hecho de mucha ayuda el poder borrarse de esa manera. ¿Pero consumir drogas? ¿Lo reconsideraría?
La pista de baile se animaba cada vez más con distintas parejas y grupos de personas que disfrutaban el ambiente a punta de calientes bailes, saltos e insistentes aplausos. Los chicos que la acompañaban la animaron a bailar para que no se quedara sola. Kagome bailó con Hitomiko mientras que Tsubaki bailaba con Maru; quién la manoseaba descaradamente. Las horas pasaron y con ella los tragos fueron aumentando y los verdaderos sentimientos floreciendo.
Hitomiko y Kagome volvieron a tomar asiento en la mesa que habían estado sentadas anteriormente. Estaban agotadas y se refrescaron con dos nuevos vasos de tragos. El ambiente era sofocante.
—¿Pero por qué estás tan triste? —preguntó Hitomiko al tomar las manos de su compañera de colegio en primaria.
—Porque lo extraño, porque me enamoré de él y creo que lo amo con todas mis fuerzas —reconoció en medio de dolorosos sollozos. Ya estaba más que un poco ebria.
—Pero si InuYasha también te ama —consoló Hitomiko al darle un fuerte abrazo, según tenía entendido, ellos estaban juntos—. Dale una nueva oportunidad y verás que todo saldrá bien.
—Pero si yo no estoy enamorada de InuYasha —replicó Kagome al deshacer el contacto y mirar a los ojos a la chica que tenía en frente.
—¿Y entonces de quién? —preguntó, aunque no muy interesada, pues Hitomiko sabía muy bien que muchas veces la gente borracha hablaba incoherencias. Tsubaki era la prueba viviente de ellas.
—Él confía en mí… —Kagome sonrió orgullosa de eso —no me lo dijo directamente pero sé que lo hace… y yo prometí que jamás lo traicionaría. —dijo al apoyar su cabeza sobre el antebrazo que había recargado sobre la pequeña mesa.
—Debe ser un buen hombre —habló Hitomi al acariciar el flequillo de Kagome.
—Lo es, aunque digan que no. —asintió la azabache al recordar el moreno y arrogante rostro.
Los cuerpos de las parejas en las pistas se apegaban cada vez más, los ánimos estaban cada vez más fogosos y los roces físicos cada vez más intensos y agresivos. Kagome observaba fijamente como varias personas hacían distintas cosas; algunos drogándose, otros bebiendo y tocándose, y otros pocos, teniendo sexo en las esquinas más obscuras de aquel amplio recinto. Negó en silencio y un poco avergonzada de a donde se había ido a meter.
El ánimo de la azabache comenzaba a decaer debido al fuerte alcohol que había estado bebiendo, volvió a sentarse en la mesa que había estado compartido con sus amigas, parecía agotada. Desvió la mirada hacia la pista y sus ojos se posaron en el sonriente rostro de Hitomiko, quien ahora bailaba con un guapo chico de corto cabello.
—Te ves triste —habló Tsubaki haciendo un puchero al llegar a su lado, lucía un poco menos drogada. Pues su rostro casi parecía normal.
—Solo estoy un poco mareada —corrigió Kagome al tomar su frente.
—Esto podría aliviarte —ofreció Maru, quien no se había separado en lo más mínimo de su presa: Tsubaki.
Kagome observó con cierta desconfianza la particular pastilla que le enseñaba. ¿De verdad esa cosa tan pequeña te podía dar tanta felicidad como todos decían?
—De verdad que te ayudará Kagome. Te despejarás, ya verás. —aconsejó Tsubaki al tomar su mano.
—¿Y en qué podría beneficiarme? —preguntó mirando fijamente la píldora entre los masculinos dedos del compañero de su amiga.
—Hará que te relajes, que te aliviaras de toda la presión que tengas acumulada… y muchas cosas más. —explicó Maru al sonreír.
—Pero solo será un momento, ¿no? —preguntó Kagome, esta vez, mirando de manera detallada el rostro del joven.
—Sí. —respondió al hacer un gesto con su rostro.
—Pero un momento que de verdad valdrá la pena. —añadió Tsubaki al alzar su dedo pulgar en señal de aprobación.
Todas las presiones y pensamientos de ese día la tenían psicológicamente agotada. Desde hace días iba reprimiendo sentimientos, palabras y lágrimas… ¿Sería ese el mejor momento para deshacerse de aquellas sensaciones?
Kagome observó una vez más la inocente píldora, pensando que, tal vez, efectivamente, la alejaría un momento de toda la carga emocional que la atormentaba diariamente. Tomó la pastilla entre sus finos dedos y con un vaso lleno de vodka ruso… la dejó deslizarse lentamente por su garganta.
¿Borrarse por un momento?
Tsubaki y Maru la observaron sonrientes y un poco desconcertados, pues no creían que la chica tendría el verdadero valor de hacerlo. Kagome no debió mezclar cierta sustancia con licor, eso solo provocaría cierta inestabilidad en su joven organismo.
Las horas pasaban y Kagome podía sentir como si no tuviese completo control de su cuerpo. Sentía los parpados pesados y el cuerpo acelerado. Veía con cierta dificultad como si todo se moviera en cámara lenta, Hitomiko a un lado de ella, bailando con el mismo joven con el que había estado hace más de una hora atrás, se alegró por ella. Giró su vista y vio a Tsubaki, una vez más, ser manoseada nuevamente de manera descarada por el sujeto que le había dado la droga, negó con la cabeza. Agachó lentamente su mirada al sentir una presencia apegarse completamente a su cuerpo, abrazándola por la espalda y mordiendo sutilmente el lóbulo de su oreja, pudo haber reclamado pero se sentía tan relajada e ida que no se molestó.
Había bailado aproximadamente cinco temas musicales con el incógnito muchacho y sintió haberlo olvidado. El joven le dijo que iría al baño, pero no volvió a aparecer de vuelta a ella.
Se dirigió un poco mareada hasta la barra del local, ganándose lascivas miradas de distintos hombres. En cualquier tipo de locales donde hubiese una presa fácil, cualquier chico excitado estaría dispuesto a atacar, y Kagome, sin darse cuenta, estaba teniendo a varias bestias hambrientas acechándola.
La moderna música electrónica en el recinto comenzaba a sonar cada vez más fuerte, o eso era lo que ella sentía. El grupo que se había formado espontáneamente estaba completamente animado, saltando y cantando los distintos temas musicales que ponía el Dj. Kagome movía su ondeado cabello por todas partes al bailar animadamente con un nuevo muchacho. Tsubaki tenia razón, sentía felicidad.
Caminó con problemas entre todo el montón de gente en medio de la pista de baile, chocando con varias chicas que la miraban molesta y algunos hombres que la observaban como una exquisita presa sencilla de cazar. Llegó a la barra y pidió un nuevo vaso más de vodka ruso y esta vez, lo bebió al seco. Sentía como si en plena garganta se ubicara un desierto. Pagó el tragó bebido y luego pidió una botella de cerveza individual al retirarse. Caminó de la misma manera hacia su grupo de amigos, sus parpados pesaban y sentía que su cuerpo se ponía cada vez más acelerado. Observó los distintos rostros pero ninguno se le hacía familiar, se había desviado.
Le restó importancia y se puso a bailar en medio de la pista al oír una canción que le encantaba, sentía como otro joven se le apegaba nuevamente a su cuerpo; desde la espalda, ella solo sonreía al cerrar sus ojos y ladear levemente la cabeza. No estaba viviendo la realidad en esos momentos. Estaba perdida y no tenía las intenciones de volver… no todavía.
Reía y se sentía completamente feliz; una artificial felicidad que se sentía agradable. Bailaba confiadamente al tomar su cabello con sus manos y cantar los populares temas musicales que eran impuestos por el Dj. Ladeó su rostro y notó que nuevamente se encontraba sola, rodeada por desconocidos.
Caminó una vez más a la barra y le pidió otra botella de cerveza individual al barman, quien se la entregó con cierta desconfianza al ver su deplorable estado, sus ojos lucían completamente desorbitados, y los gestos de su rostro también. Le restó importancia y se la entregó, después de todo, era su trabajo entregar tragos una vez pagados. La azabache le dio una amplia sonrisa al joven, recibiéndole gustosa su botella de cerveza. Por un momento alucinó que era Suikotsu quien le entregaba el trago, se retiró tontamente feliz por eso.
Kagome volvió a la pista y se puso a bailar nuevamente, sus parpados pasaban pero su sonrisa no disminuía, su nariz estaba completamente roja y un poco reseca, y sus mejillas demasiado ruborizadas. Bebió de su amarga botella de cerveza, y ahora otro chico era con el que bailaba. Ella pescó todo su cabello al ritmo de la música, despejando inconscientemente la blanca y tersa piel de su cuello. Sintió la agradable sensación de la respiración del chico chocar lentamente la piel despejada, sonrió ante la agradable sensación y nuevamente cerró sus ojos, dejándose llevar.
El sujeto luego de una fracción de segundos desapareció sin siquiera notarlo, al igual que todos los demás con los que bailó.
No le tomó importancia y a duras penas, se encaminó al baño con menos de la mitad de la botella de cerveza. Trató de hacer su mayor esfuerzo en abrir sus ojos, y al lograr hacerlo, se sorprendió al ver a Tsubaki acorralada en la pared con Maru entre sus piernas, negó en silencio y siguió su camino al baño. Entró dando varios tropiezos al amplio cuarto del sanitario femenino del local. Pudo notar que en algún momento fue decorado por claras cerámicas de distintos tonos en las paredes; cerámicas ocultas bajo distintos tipos de rayones y garabatos de múltiples colores. En el fondo tenía pegado un amplio espejo de cuerpo entero; también rayado. A un costado se ubicaban los lavabos, y al otro, varios sanitarios que eran separados individualmente por paredes delgadas de concreto, apenas vio desocuparse uno, entró rápidamente.
Se sentó en la taza del baño y sintió una enorme pena comenzar a invadirla… lloró, lloró amarga y dolorosamente por un largo momento, se agachó a tomar la botella que había dejado en el suelo y volvió a beber una vez más lo que le quedaba de licor en la cristalina botella.
Una vez retomada lo poco que tenía de compostura, salió con su mayor esfuerzo del baño, ya que a esas alturas le dificultaba mantener el equilibrio. Se sorprendió un poco al ver el nada lindo lugar vació, seguramente, el ambiente estaba muy movido afuera; pensó al posar una de sus manos en su frente.
Oía la voz resonar por un micrófono a través de los varios parlantes, seguramente, un show estaba llamando la atención de todos, excepto la de ella.
Abrió la llave del lavabo para mojarse el rostro y lavarse las manos pero de esta no salió agua; por eso no estaba autorizado. « Al ser tan alejado de la ciudad el alcantarillado no llegaba », recordó las palabras de Hitomiko durante el trayecto. Los encargados procuraban mantener varias botellas con agua, para que con esas los clientes se pudieran lavar las manos o refrescarse, ahora todas estaban vacías y gran cantidad de las mismas esparcidas por el cerámico piso. Negó al dar un amplio suspiro.
Apoyó ambas manos a los costados del lavabo e involuntariamente comenzó a sentir incontrolables deseos de vomitar, inhaló y exhaló en repetidas ocasiones, intentando calmar su organismo. Sentía toda su garganta arder debido a las fuertes combinaciones de licor que hizo durante la noche. Perdió el equilibrio debido a los altos tacones, cayendo fuertemente al suelo. Sonrió al observar su tobillo, era torpe con tacones, no soportó más y se echó a llorar, presionando sus dientes, estaba penosa por lo estúpida que se sentía. Apoyó la cabeza contra la rayada muralla aun sentada en el mojado piso cerámico. Sobó su tobillo al sentir cierto dolor punzante, sentía pena y rabia de estar pasando todas esas emociones juntas. Sus sollozos se hicieron más audibles por el eco del desolado lugar.
—¿Pero qué mierda estás haciendo con tu vida, Kagome? —preguntó en un tono serio al acortar la distancia e hincarse frente a ella.
Las pupilas de Kagome se dilataron por completo y sintió como si todo su estómago se contrajera. Quiso levantar la mirada pero sentía que su respiración comenzaba a entrecortarse y a volverse cada vez más pesada. « Esa voz… »
La observó de manera detallada y notó su esfuerzo por intentar respirar, la vio posar con dificultad una mano en su pecho, entonces entendió que algo muy malo le pasaba.
—¿Qué te pasa? —preguntó preocupado al tomar su fino rostro entre sus manos. Ella permanecía con los ojos entrecerrados y su ceño ligeramente fruncido.
—N-no… —intentó decir.
—¿No? ¡¿No qué?! —preguntó con cierto desespero en su tono de voz.
—N-no puedo… —habló al fruncir con más fuerza su ceño y parte de sus ojos —no puedo…
—¡¿Qué cosa?! —insistió al jalonearla débilmente de los hombros para que reaccionara.
—Res-respirar… —logró decir con su mayor esfuerzo al sentir su corazón presionarse fuertemente contra la protección frontal de sus costillas.
La jaló rápidamente al tomarla en sus brazos para sacarla de ahí, la cargo de manera nupcial, observando con lástima el demacrado estado en el que ella se estaba. La sintió relajarse entre sus brazos, parecía desvanecerse.
—¡Maldición! —dijo entre sientes —Abre los ojos Kagome… —pidió al sacarla del baño para luego atravesar por toda la cantidad de gente que se le cruzaba en el camino, maldiciéndolos e insultándolos por estorbarles.
Por primera vez en su vida experimentó la desesperación e impotencia al mismo tiempo, esas eran emociones totalmente desconocidas para él. Y ahora lo albergaban al sentir la delgadez del cuerpo de la joven.
Por primera vez sintió el miedo, y no por él, sino que otro tipo de miedo, uno angustioso… era el miedo de perderla.
…
Notita: Este capítulo fue una mezcla entre la canción de tove lo: "Habits" (Stay High) y en cierta parte una escena de la película tengo ganas de ti xD (sí, muy raras inspiraciones y combinaciones) ¬¬ pero ahí estuvo jajajaja es lo que salió.
Bueno, en la próxima actu estará el reencuentro face to face de Bankotsu y Kagome xD, ambos se dirán todo lo que tienen guardado, en especial Kagome, ella sacará el mal genio que tiene y dirá cosas... cosas que siente y piensa.
Los ánimos se ponen cada vez más calientes contra Kag, ya que ella no está funcionando como todos esperan que lo haga, nadie dijo que sería sencillo, ¿no? Recordemos que esto es FANFICTION.
Kagome se siente demasiado presionada, lleva un gran cumulo de cosas y no se siente entendida ni comprendida por nadie, después de todo uno no manda al Kokoro :') por otro lado está InuYasha que poco a poco irá perdiendo los estribos con todo lo que está sucediendo, y aun más complicado: Bankotsu, que no quiere admitir ni una sola de las cosas que siente. Los padres de Kagome tratan de consentirla pero... creo que nadie tiene una paciencia eterna, más cuando se está desesperado.
Las estrofas que están en cursiva al comienzo son de una canción llamada: "Unusual You" ^.^
Y bueno, espero no tardar tanto en la próxima actu, aunque ahora ando media pilladita :/ Mi hijo ha tenido una caída y ha fracturado su tobillo, me quita demaaasiado tiempo porque tiene reposo absoluto y hay que hacerle todo. -.-' Y lo otro es que hace como dos semanas me puse a ver las películas de: "los juegos del hambre" (estoy ansiosa porque salga la última xD) Y creo haber perdido una gran parte de mi vida imaginaria xD o sí, me he vuelto a enamorar de un personaje ficticio (¡I Love Peeta!) ^-^ Ahora leo los libros y me fascinan. así que a penas tenga tiempo libre actualizaré.
Mis agradecimientos esta vez son para:
Pao59 ¡Bienvenida lectora nueva! woou, de verdad que leer de un tirón debe ser cansador, wtf! o.O ¿seis de la mañana? jajaja te comprendo amiga, el otro día me leí el último libro de "los juegos del hambre" y me quedé hasta las seis veinte para terminarlo xD Ahora recién me estoy leyendo todo desde el comienzo, la desesperación por saber que me espera en la película fue más grande xD... Saludos nueva hermana.
Ale Hi hermana, sí, suponía que eso pasaría :/ ya me lo habían dicho anteriormente :( Pero aquí estamos de vuelta, intentando hacerlo más seguido ;)
Ljubica- Sama My Ljubi ¿un personaje? xD Yapo... ¿cuál? jajaja Ay Ljubica, me encantan tus rws, son los que más me hacen sonreír, siento que en ellos describes cada una de las sensaciones que sientes. Gracias nena por hacerte siempre presente en cada una de las actualizaciones de mi fic, te lo agradezco un montón hermana.
Angel obscuro Mi Aide bela-bela, ya solucioné eso que te inquietaba, lo reedité ;) . Después de que me lo dijeras lo pensé mejor, aunque me refería a pedofilia por el hecho de que Kagome es menor de edad, que Miroku solo le decía eso para engatusarla xD Oye, quise poner varias cosas de las que habíamos hablado pero iba a quedar muy recargado -.- En la próxima actu ya seguiré esas cosillas que hablamos.
Luimma Agradezco que te hayas venido altiro a leer, y más aun que hayas comentado la historia, eso es una de las cosas que más se valora al notar quién está presente y al pendiente ;) Mjum, nadie la entiende, no como ella quiere y eso la está haciendo perderse entre mares de confusiones.
Linithamonre77 ¡Hola Karen! habersh... no quiero que esto suele mal ni mucho menos pero no recuerdo haber regañado a las chicas por no actualizar, en realidad me quejaba por el poco apoyo que tenían los fics nuevos respecto a rws, ya sabes, es la batería de cada ficker al seguir escribiendo (aunque no me gusta pedir rws personalmente para mi xD no sé como que me da cosita :3 Quizás debería hacerlo pero cuando lo pienso, dudo y me avergüenzo jajajaja) Aun no pueden ser felices porque si lo fueran se terminaría el fic jajajaja pero, tal vez, ya lo serán. Saludos hermana.
Nina Shichinintai Mi hermosa compatriota, sí nena, ya estoy mejor, pero salgo de una y ya me meto a otra, cachai los niños y todo eso... (aunque creo que el mio tiene exceso de inquietud) Yo también espero no desaparecer tanto ;) Nos estamos leyendo, abrazos.
Luz ¡Pequeña Luz! ¿Cómo estás? espero que bien, no te preocupes mi niño, yo desde mi cuenta personal también tuve que abandonar el grupo cuando en el inicio de Facebook me apareció una imagen fuerte Hentai y mi hijo estaba a mi lado o.0 ¡Wtf! inocentemente se hizo el tonto, ya está más grande entonces evito que vea esas cosas. Me alegra que te siga gustando la historia, gracias por aparecerte. Oye, y por la falta ortográfica ni lo menciones, que yo aun trabajo en ello. Beshiitos linda.
Ssunaka Doki Te juro nena que hago lo posible por no perderme tanto pero no sé, el tiempo se me va volando durante el día, espero que haya gustado el capítulo, saludos hermana.
Agradezco infinitamente los comentarios, sin ustedes este fanfic no sería absolutamente nada. Cada rw me saca una sonrisa, ya saben, nuestro sueldo. Se les agradece a todas :) Muito-Muito xD
...
Ok, ya como que vamos llegando al límite poco a poco, no le doy más de cinco a siete actus para finalizar el fanfic, espero de todo corazón que hayan disfrutado de lo que va de historia, saludos a cada una de las que leen y más aun, a las que se dan el tiempo de comentar, dándole así a entender a la ficker como va su trabajo.
Espero que el capítulo les haya gustado :) Abrazos peligrosamente mercenarios para todas :D
¡CIRCULO MERCENARIO!
