Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.
Notita: Nuevamente lamento la tardanza. (TT-TT)
~sin más a leer~
Bueno, éste capítulo está inspirado en una canción que me ha gustado mucho, casi siempre escribo escuchando música y éste tema me ha inspirado demasiado xD
La canción se llama: "Neptune" y canta: "Sleeping at last" la busqué subtitulada al español y me salió un vídeo en una carretera -lugar que me inspiró a que sucediera el encuentro Bank Kag-. El tema es muy lindo, les recomendaría que lo oyeran con el capítulo, si gustan, claro está.
Chapter:24
INGENUIDADES.
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Aún seguía con los ojos cerrados, pero consciente de que su cuerpo era mecido levemente por repentinos y suaves movimientos, permaneciendo levemente recostada. Podía oír el ruido de un motor quejándose, el bajo sonido de la música y sus parpados ser iluminados y luego obscurecidos por los distintos postes que chocaban contra el parabrisas del cual, ahora aseguraba, era un vehículo, asustándose al no saber qué estaba haciendo ahí.
Se esforzó por abrir los ojos, lográndolo luego de unos cuantos segundos, rodeó con una rápida y desconcertada mirada aquel reducido lugar, pausándosele la respiración de manera abrupta por un momento, para luego retomarla suavemente al sentir su corazón dar lentos pero bruscos azotes en su interior… era él, estaba ahí, a su lado, en el mismo auto que ella. Experimentó vivamente como toda la piel de su cuerpo se empeñaba en erizarse, sin siquiera ser del todo consciente de ello, pues tenía los sentidos detenidamente en aquel joven junto a ella.
El ceño de él iba ligeramente fruncido, notó cómo presionaba ambas manos con insistencia contra el volante del auto, al igual que sus labios, parecía molesto. Sus ojos se entrecerraron con cierta desconfianza al oírlo soltar pesadamente la respiración… ¿y si estaba enfadado? ¿y si quería dañarla? Meditó por un momento descartando rápidamente el último cuestionamiento « No. » Se aseguró. La había cuidado muchas veces como para querer hacerle algo ahora. « ¿De verdad está aquí? » Se preguntó, al mismo tiempo que deslizaba sus pupilas por cada milímetro del perfil del moreno, comprendiendo lo mucho que lo necesitaba, y sin quererlo, sus músculos se tensaron, asustándose por lo que pudiese pasar. Por algo estaba ahí después de todo ¿no?
Se detuvo abruptamente en plena carretera antes de entrar a la ciudad, estacionándose entre dos postes eléctricos, donde la luz no les llegara directamente; ambos postes se encontraban a considerables distancias. Lo último que quería era ser visto por alguien. Había estado tan sumido en sus propios pensamientos que ni siquiera se percató de la profunda mirada con la que ella lo detallaba. Apagó el motor del auto con fastidio, frotando ambas manos contra su rostro de la misma manera. Soltó una vez más la pesada respiración al posar su azulina mirada sobre la limpia luna llena que reinaba en el obscuro cielo, notando que en un par de horas amanecería. Bufó malhumorado al rodar los ojos, posándolos en el tablero de ese viejo auto.
No podía olvidar lo mucho que se frustró al verla bailar con los diferentes sujetos con los que se habían atrevido a ponerle una mano encima, detestándola por lo mismo, más aún al verla sonreír coqueta y abiertamente. Se había prometido dejarla por un tiempo, solucionar los problemas que se le estaban haciendo cada vez más difícil, pero se abstuvo de hacerlo al verla salir mal de su casa, preocupándose estúpidamente.
Clavó la mirada en la cremosidad de las piernas de Kagome, y lentamente, comenzó a alzar la mirada, delineando detenidamente el bien formado cuerpo de ella. Se detuvo por un breve momento en la perfecta redondez de los senos que varias veces succionó, y frunció los labios, maldiciéndose internamente al pensar cosas obscenas con ellos. Subió un poco más la mirada, sorprendiéndose internamente, al mismo tiempo que su mente le daba una fuerte bofetada mental recordándole lo débil que era al estar cerca de ella. Debía reaccionar y volver a ser el frío e inescrupuloso hombre que durante años había diseñado.
Después de mucho tiempo ambas pupilas lograron chocar como tantas veces lo habían hecho antes, cada uno se fijó profundamente en la mirada del otro, intentando decirse tantas cosas, reprimiéndose separar los labios; Había tantas cosas que decir. Tantas cosas que explicar. Tantas cosas que pedir… pero en ese preciso momento ninguno de los dos encontraba las palabras exactas para decirlas. La calma pareció romperse al comenzar a cristalizarse los ojos de Kagome, los cuales solo eran iluminados por la baja luz del tablero del auto. Mientras que los obscuros pozos azules de Bankotsu demostrar un vivo deje de remordimiento por lo que apreciaba en los de ella. Era como si con aquella sencilla mirada ambos pudieran descifrar las emociones más ocultas en el interior de la otra silenciosa alma.
El moreno fue el primero en desviar el rostro, intentando meditar bien las cosas antes de abrir la boca, por primera vez debía ser cuidadoso, no quería dañarla, ella ya había tenido suficiente, lo aceptó al recordarla hace momentos atrás toda perdida y desorientada buscando alguna manera de desaparecer todo lo que la estaba deprimiendo. Un patético intento al meter en su cuerpo basura, de la que estaba más que seguro, ella no acostumbraba, sin mencionar a todos los sucios animales en celos de los cuales tuvo que deshacerse sigilosamente para que nadie lo notara. Rodó los ojos con fastidio al recordarlo una vez más.
—¿Puedes sentarte? —preguntó fríamente, con la mirada fija en aquella luna que los iluminaba tenuemente.
Kagome se tensó de manera abrupta, no se esperaba aquel tono tan duro con el que él se dirigió a ella, haciéndola sentir tonta pero… ¿qué esperaba, que todo fuese igual que antes? No le respondió, no tuvo el valor de hacerlo. Solo asintió al aire; pues él ni siquiera había girado su cabeza a verla para que ella le diera una respuesta.
Se sintió un maldito canalla al hablarle de esa manera tan cortante, quizás cuánto tiempo ella pudo haber estado esperando ese reencuentro, y tal vez, muy en el fondo, él también lo hacía, pero estaba decidido y no podía dar marcha atrás… debía alejarla de él para que estuviera bien y no hubiesen más complicaciones en su vida. Quería que fuera una chiquilla normal, y en ese preciso momento en el cual se sumergía en sus impenetrables pensamientos, notó lo importante que era el bienestar de Kagome para él, y lo mucho que la quería al verse intentando darle lo que creía mejor para ella: Una vida, por el momento, sin él.
Kagome pescó la pequeña y delgada manilla junto al costado de su asiento, alzándola para enderezar el asiento con cierta vergüenza al sentirse ignorada. Tomó sus propias manos al sentarse correctamente, presionándolas mientras el sudor debido a los nervios desprendía de aquellas finas extremidades. Lo observó de soslayo y bajó la mirada hacia sus manos una vez más al no saber qué decir, había pensado tantas veces en recriminarle todo lo que hizo que ahora meditaba si tenía el derecho de hacerlo. Botó la respiración, intentado de esa manera calmar sus nervios.
Bankotsu posó su seria mirada en aquella encorvada chiquilla, sonrió a sus adentros; Kagome parecía un asustado polluelo asustado de ser cazado por su despiadado cazador, y sin darse cuenta, soltó un suave suspiro, percatándose de ello al mismo tiempo que lo botaba completamente ¡Diablos! ¿Cuándo en su vida había dado suspiros? Parecía un maldito mocoso enamoradizo, ni siquiera en la adolescencia lo había hecho tanto.
Kagome aún permanecía con la mirada en su regazo y se encogió levemente al verlo girarse hacia el asiento trasero del auto. Lo observó mover algunas cosas y el ruido de unas bolsas llegó a sus oídos, para luego verlo sentarse correctamente en su asiento.
—Toma —Kagome levantó la mirada al oír cierto rudo tono sonar un poco más relajado. Le estaba dando una botella con agua mineral y agradeció por ello. Ella asintió al tomarla, sintiendo una especie de adormecimiento en la punta de sus dedos al hacer un vago contacto con los de él. Posó sus secos labios sobre la circular boca de la botella, humedeciéndolos gratamente con el fresco contenido.
—G-Gracias —¡Dios! Estaba tan avergonzada que se sentía como una niña tonta y tímida, aunque, pensándolo bien, ¿por qué debería de ser ella la avergonzada?
El silencio volvió a reinar en aquel pequeño lugar, haciendo la cercana distancia que los separaba cada vez más lejana. Bankotsu parecía no molestarse por el silencio, en realidad, se encontraba conforme con saberla ahí, junto a él. Mientras que Kagome se sentía ahogar cada vez más en el inmenso mar de la indiferencia que le costaba tanto cruzar para llegar a él. Inhaló profundamente en un intento por darse valor a sí misma, no quería que los minutos avanzaran como si nada, debía ser ella la que tomara la iniciativa, y lo haría, y empezaría con la pregunta universal que todos utilizaban para obtener la respuesta a cualquier tipo de cuestionamiento:
—¿Por qué…? —susurró débilmente con la mirada fija en la calmada agua de aquella botella de plástico entre sus manos; mismas que habían vuelto a descansar sobre su regazo. No había necesidad alguna para completar aquella pregunta, él sabría muy bien cómo interpretarla.
—Kagome… —soltó e hizo una pausa. No tenía claro cómo iba a reaccionar ella ante las palabras que le diría.
La joven levantó la mirada, observando la amplia y limpia luna llena que los veía pasivamente, la única testigo que oiría cada una de las palabras proferidas esa helada noche.
—¿Por qué lo hiciste Bankotsu? —continuó la joven al posar en él la achocolatada mirada que poco a poco comenzaba a cristalizarse —¿Por qué te fuiste sin decir nada? —volvió a cuestionar al tragar la saliva que dolorosamente se había detenido en su garganta, para luego fruncir el ceño, no quería llorar, no debía hacerlo.
Bankotsu la observó directo al rostro, analizando cada gesto de su rostro, parecía molesta, de hecho, cómo no estarlo.
—Porque era lo mejor. —respondió sin expresión alguna.
—¿Lo mejor? —repitió, comenzaba a indignarse ante sus cortantes palabras.
—Creí que estarías conforme —dijo al encogerse de brazos —, después de todo, una vez intentaste escapar ¿lo recuerdas? Estaba seguro que saltarías de felicidad por tu libertad —dijo y a Kagome ese acento la pareció ser acompañado con algo muy parecido a la ironía… ¿se estaba burlando de ella?
—Sabes perfectamente que no es lo que quise decir —cortó tajante al dejar de mala manera la botella sobre el tablero del viejo auto. Estaba cansada de ser ignorada por todos, y ahora él también estaba haciéndolo.
Bankotsu bufó pesadamente como si de un furioso animal se tratara, la paciencia jamás había sido una virtud que resaltara en su persona, y mucho menos, el de dar explicaciones. Se acomodó mejor en el duro asiento de ese desgastado vehículo, intentando todo lo posible por no sonar agresivo.
—¿Qué quieres saber? —preguntó, y ni siquiera se molestó en girar a verle el rostro. Kagome entristeció internamente pero no se lo demostraría, estaba harta de todo y el aparente desinterés de él comenzaba poco a poco a irritarla.
—¿Qué pasa contigo? —interrogó duramente, atrayendo así la atención del moreno. El rostro de Kagome comenzaba a transformarse y su ceño a fruncirse duramente, estaba completamente indignada, y esta vez no se callaría… no con él —¿Tienes idea de todo lo que se vino después de tu maldita desaparición? —presionó sus dientes logrando ahogar el sollozo que tanto trabajaba en aguantar. No lloraría, no quería verse débil… no otra vez.
Bankotsu guardó silencio, girando su vista hacia la polarizada ventana junto a él, intentando ignorar aquel cuestionamiento en ese obscuro y desolado desierto que los ocultaba de todo y de todos. ¿Qué si sabía todo lo que había venido después? « Hmph…», reclamó internamente, por supuesto que lo sabía, y si se detenía a analizar todo lo sucedido, llegaba a la conclusión que se había comportado como un completo cobarde.
—Perdí un hijo… —prosiguió Kagome —Pero supongo que eso tampoco te interesa —dijo, y de igual manera desvió su mirada hacia la ventana que la separaba del exterior, distrayéndose en el desértico y obscuro terreno que los rodeaba.
El moreno empuñó ambas manos al oír el frío acento con el que Kagome le habló, definitivamente, ese duro tono no era propio de ella; sonaba como si fuese otra persona y eso a Bankotsu no le gustaba para nada. Por un momento se le cruzó por su cabeza ser el único culpable de tal modificado cambio, y no lo esperaba, no quería que desapareciera aquella característica esencia propia de ella, cosas tan sencillas y que pasarían desapercibidas para cualquier persona, menos para él.
—¿Quién ha dicho que no me interesa? —la piel de Kagome se erizó completamente al oír la fastidiada voz de él. Volteó a verlo y su corazón nuevamente golpeteó duramente contra la esquelética protección que lo protegía. La estaba mirando, mirando fijamente.
—¿Cómo fue que?… —intentó preguntar cómo era que se había enterado pero calló de manera abrupta al ver los labios del ojiazul abrirse nuevamente, anhelando oír cada palabra que salieran de esos bien formados labios.
—Koga me contó todo —cortó al interrumpirla, apoyando una mano sobre el volante y dejando caer la otra despreocupadamente sobre una de sus piernas—. Me costó trabajo entenderlo pero… —se detuvo al encogerse de hombros, pensando bien lo que iba a decir —ya era tarde de todas formas.
La joven de cabellos azabaches esperaba expectante por oír sus palabras, y notó como se interrumpió mentalmente a sí mismo, cortando lo que quizás, de verdad quería decir.
—¿Eso es todo lo que dirás? —su mente estaba tan llena de ilusiones que se decepcionó al oír la vaga respuesta que él le dio.
—¿Qué más quieres que te diga Kagome? —habló con un tono y mirada llena de fastidio e irritación.
—¿Por qué te fuiste? ¿Por qué aquella maldita noche desapareciste sin decir nada? ¿Qué quisiste decir con eso de "eres importante"? —ya comenzaba a desesperarse y Bankotsu no ayudaba para nada en calmar esas alteraciones.
—¿Y qué esperabas, que te llevara conmigo? —cuestionó frunciendo el ceño, adoptando un tono duro para dirigirse a ella, haciendo que a la joven le doliera con tan solo oírlo.
Kagome presionó fuertemente sus molares después de oír lo que consideraba un cruel y desinteresado cuestionamiento de parte de Bankotsu, ella había estado esperando por él día a día, preocupándose si estaba bien o no, teniendo diferencias con su familia y alejándose de todos los que les importaba por él… y al parecer, solo había estado perdiendo el tiempo al notar la indiferencia con la que la estaba tratando. Sintió que solo estaba haciendo el papel de una completa idiota, y sin dudarlo, lo golpeó, dando una fuerte bofetada en una de las mejillas del desprevenido moreno.
Endureció sus facciones faciales al sentir el leve ardor en su mejilla, estaba intentando con mucho esfuerzo ser paciente ante las acusaciones que ella le arrojaba, pero eso comenzaba a terminar, y la paciencia se despidió rápidamente de él al ver a Kagome bajarse del vehículo. ¿Qué creía que hacia? Si pensaba irse así como así después de hacer lo que había hecho estaba muy equivocada.
Abrió la puerta completamente enfurecida, cerrándola de la misma manera, causando que el pobre auto se moviera levemente debido al fuerte azote que le dio. Ya estaba harta de todo, hubiese deseado seguir como estaba... desconcertada, perdida y confundida. La frialdad con la que Bankotsu se dirigía a ella era como sentir su abandono multiplicado diez mil más fuertes que la vez anterior, entonces por su cabeza no pudo evitar cruzarse que: quizás todos tenían razón, y él era el verdadero malo de toda la historia.
Se alejó prácticamente cinco metros debido a sus torpes pero rápidos pasos, le dolía el tobillo y el dolor de cabeza comenzaba a hacerse presente y a intensificarse debido a la rabia. Intentó ignorarlo, aguantárselo para seguir avanzando, alejándose de él… ya había tenido más que suficiente. Sus pasos se detuvieron abruptamente al sentir el fuerte agarre en su muñeca, no pudo evitar sentir todos los músculos de su cuerpo tensarse, estaba segura quien la estaba deteniendo así que volteó rápidamente hacia la persona, regalándole una desafiante mirada... No se intimidaría.
—¿Crees que es muy valiente de tu parte golpearme y luego huir? —cuestionó, presionando con mayor agresividad aquella delgada y sensible extremidad de ella, alzándola hacia su propio rostro al acortar un poco la distancia.
—Suéltame, me estas lastimando —exigió e intentó liberarse del agarre pero Bankotsu hizo mayor presión en la muñeca que Kagome tanto reclamaba.
—¡Me importa una mierda! —gritó, y aquella molesta voz resonó por todo el solitario lugar que los rodeaba. Sabía que presionaba fuerte contra la sensible piel de Kagome pero estaba enfurecido, más aun al verla con serias intensiones de alejarse de él, dejándolo solo a pesar de todo lo que él estaba arriesgando.
—¡Suéltame! —volvió a exigir e intentó golpearlo una vez más con la mano que tenía libre.
Bankotsu fue más rápido logrando esquivar el femenino golpe que ella había lanzado, adueñándose de la otra muñeca de ella. Debía ser honesto y reconocer que para ser tan menudita, sus golpes, más aun cuando eran inesperados, solían ser bastantes duros si te pillaban descuidado.
—¡Basta Kagome! —volvió a alzar la voz, al zarandearla de las muñecas.
—¡Déjame! —exclamó completamente enrabiada —¡Te denunciaré a la maldita policía!
Bankotsu sonrió de medio lado ante tal poco creíble comentario, estaba seguro de que ella jamás lo haría, pues si esas hubiesen sido sus verdaderas intenciones debió haberlo hecho hace mucho tiempo, incluso, pudo haber delatado muchas de las cosas que vio en la mansión: los registros de dineros, los tratos a las joyas, los clientes y muchas cosas más, pero no lo hizo; a ella nunca la amenazó como lo hizo con las demás, ella no debía temer.
—¡Quiero irme! —decía Kagome mientras jaloneaba inútilmente contra las fuertes manos de Bankotsu.
—¡¿Crees que dejaré que te vayas… así?! —habló y deslizó rápidamente su mirada por el provocativo atuendo que lucía; el cual resaltaba su pequeña cintura y anchas caderas, ¡maldición! ¿Qué pensaba conseguir al salir vestida de esa manera?
—¡Eso a ti no te importa! —el orgullo comenzaba a hablar por ella. Se molestaba al ver que Bankotsu parecía tomarse todo a la ligera.
—¡Claro que me importa! —admitió al acercarla a él, sin deshacer el contacto de sus manos en las delgadas muñecas de ella.
La molesta joven jaloneó insistentemente hasta que sus delgados brazos cesaron debido al cansancio. Bankotsu botó pesadamente la respiración al sentirla tranquilizarse, después de todo era un intento inútil, él no la soltaría, no dejaría que se fuera sola.
Kagome bajó la mirada, calmando lentamente lo exigida de su respiración debido al forcejeo, aspirando lenta y profundamente el familiar perfume que emanaba del pecho del moreno. Mordió su labio inferior al cerrar los ojos, para luego volver a hablar, o más bien, acusarlo.
—Mentiroso… —susurró en voz baja desconcertando por completo al ojiazul, quien había bajado su mirada debido a la diferencia de estaturas —¡eres un maldito mentiroso! —acusó, esta vez, logrando alejarlo de ella al deshacer el agarre al sentirlo aflojar las manos.
Bankotsu retrocedió un par de pasos debido al débil empuje que ella dio contra su pecho. Se detuvo a ver pausadamente el fruncido rostro de ella, nunca antes la había visto tan enojada, ni siquiera cuando estuvo en la mansión.
—¡Mentiroso, mentiroso, no eres más que un maldito y sucio mentiroso! —gritó al alejarse unos cuantos pasos de él.
—¡Basta Kagome! —avanzó la misma cantidad que ella había dado.
—¡¿A dónde quedó eso de: "todo va a estar bien"?! —repitió al rodar los ojos con frustración.
Bankotsu la observó atentamente, impresionado ante tal enfurecimiento.
—¡¿Qué acaso no era importante para ti?! —dijo al señalarlo de manera despreciativa.
El moreno empuñó sus manos, quería decirle que sí, que ella seguía siendo tan importante como aquella amarga noche, pero no podía, ni siquiera sabía cómo; jamás le había importado tanto una mujer como la que tenía frente a él, jamás había sentido esa necesidad de tener a una mujer a su lado… él no sabía cómo amar… ¿qué mierda estaba haciendo? Las cosas parecían escapársele de las manos.
—Kagome —la nombró en un tono amenazante pero ella parecía sumida en su ira, en bombardear con todo lo que seguramente había estado acumulando.
—¡Debería olvidarme de una vez por todas de ti y quedarme con InuYasha! —gritó al verlo directamente a los ojos y con el ceño bruscamente fruncido debido a la rabia con la que se dirigía a él, más aun al no ver demostración alguna de sentimiento... deseaba herirlo de alguna manera.
La oía seguir lanzando duras acusaciones pero sus sentidos lograron atajar aquella aparente amenaza que gritó « ¡Debería olvidarme de ti y quedarme con InuYasha! » Bankotsu frunció los labios tanto como el ceño, jamás se lo permitiría. Se acercó a ella sosteniendo nuevamente sus muñecas; mismas con las que ella nuevamente intentó forcejear.
—¡Que me sueltes! —volvió a gritar, mirándolo directo a los ojos, estaba decidida a no bajarle la mirada, esta vez no se dejaría intimidar; ella también tenía su mal genio y la misma valentía para defenderse.
Ambos estaban enfurecidos y sin darse cuenta se estaban hiriendo sin pensarlo.
Kagome se movía inquietamente tanto como su cuerpo se lo permitía, no lo quería cerca y con la rabia e impotencia adueñándose de ella encajaba las uñas tanto como podía sobre parte de las manos del ojiazul. Bankotsu ignoró el leve ardor que ella quería que sintiera al dañarle parte de las manos y brazos, pero aun así no deshizo el agarre.
—Te arrepentirás de lo que acabas de decir. —reprendió molesto, con el tono de voz sumamente duro.
Soltó rápida y hábilmente ambas muñecas de Kagome, presionándola con sus antebrazos al posar una mano sobre la espalda y la otra en la cabeza de ella, apegándola bruscamente a su cuerpo.
Las partes superiores de los brazos de Kagome quedaron inmóviles al ser presionados por los fuertes del moreno, eso la irritó aún más. Intentó forcejar al posar ambas manos sobre la parte superior del cinturón del pantalón de Bankotsu, fracasando en el inútil intento por apartarlo de ella, recibiendo solo sorpresa después de eso.
Al sentirla forcejear de esa manera tan agresiva lo único que pudo hacer fue acercar sus labios a los de ella, intentando calmarla con ese beso; beso que ocultamente él también necesitaba.
Ambas respiraciones se exigieron debido al sobreesfuerzo que ambos intentaban hacer en contra del otro, Bankotsu posó bruscamente sus labios sobre los de Kagome, estaba realmente molesto por sus anteriores palabras, y más aún al notar que ella no le estaba correspondiendo como él esperaba. Ella permanecía con sus labios presionados al igual que sus ojos, no podía ceder después de todo lo que había pasado, del desinterés que él le había demostrado. Abrió la boca en un intento por morder los labios del ojiazul y alejarlo de una vez por todas de ella, pero esa inútil intención bastó para que el moreno pudiera meter su inquieta lengua en la boca de ella, manipulando la cabeza de la joven para que no se alejara de él.
El beso era agresivo y Kagome parecía no querer ceder, la desesperación comenzaba a apoderarse de Bankotsu al notar su rechazo, quien en un intentó posesivo apegó a Kagome aún más a su cuerpo, prácticamente sintiendo el calor emanar de su suave piel. Invadió la pequeña boca de Kagome con su gran y húmeda lengua, buscando la de ella, esperando su respuesta.
La joven cerraba fuertemente los ojos, no podía creer que Bankotsu se atreviera a besarla después de la forma en la que se había estado dirigiendo a ella. Podía sentir sus formados labios casi succionar los de ella en un intento desesperado por una respuesta, luego sintió su lengua rozar contra la de ella, intentado esquivarla, el abrazo con la que la tenía rodeada la había dejado completamente inmóvil, haciéndola quedar a su entera merced.
La respiración de ambos se volvió pesada y el calor de la misma era cada vez más cálida, atrayendo con ella cierta atmósfera sexual debido al apego entre los cuerpo, la lengua de Bankotsu seguía removiéndose de manera salvaje contra la quieta de Kagome, quien luego de unos eternos segundos pareció despertar, arrancando un incontrolable jadeo de la boca del moreno. Bankotsu poco a poco comenzó a aflojar el agarre de los brazos de Kagome, ladeando el rostro para besar mejor aún los labios de la chica.
Dudó varias veces en posar sus manos sobre la espalda de Bankotsu, suavizó poco a poco lo arrugado de sus parpados al apretarlos, dejándose vencer por el insistente beso que él estaba demandando. Posó sus pequeñas palmas sobre la espalda del ojiazul, y por ese breve momento, quiso disfrutar de su cercanía, pausando lo que había estado pasando minutos atrás.
Bankotsu la abrazó con necesidad al mismo tiempo que abría aún más su boca para adueñarse completamente de la de ella, sorprendiéndose a si mismo por el sutil abrazo que Kagome le daba, transmitiéndole el acogedor calor de su cuerpo en ese simple tacto. Suavizó el beso, acariciando con delicadeza la lengua de ella, compartiendo los húmedos fluidos de su boca al frotar su lengua a la de ella. Posó ambas manos sobre las mejillas de Kagome en modo de caricia, permaneciendo levemente encorvado gracias a la diferencia de estaturas que había en ambos. Poco a poco dejó sus labios debido a la falta de aire, se alejó lentamente, observando aun el rostro de ella con los ojos cerrados, era hermosa.
Kagome sintió como la lengua de Bankotsu abandonaba su boca, para luego dejar también sus labios, no quería abrir los ojos y encontrarse con la realidad, con su frialdad y la indiferencia que ahora parecía ser parte de él, o quizás siempre lo fue, y ella fue la que nunca lo notó. Sus ojos se abrieron con desmesura al sentir los brazos del moreno rodear su cuerpo, esta vez, de manera protectora, haciéndola sentir deseos de llorar. Observó de soslayo la cabeza de él hundirse en su cuello, aspirando su olor, cerró los ojos y se abrazó fuertemente a la ancha espalda del moreno, permitiendo que ese pequeño momento dominara.
Tenía tantas ganas de decirle lo mucho que lo sentía, pero la palabra "perdón" era tan desconocida como la de "amor"… no sabía cómo usarlas, por más que sintiera la extraña necesidad de hacerlo.
—Esto no debió ser así… —fue lo único que pudo susurrar al mismo tiempo que dejaba un suave beso en el cuello de Kagome. Tenía tantos deseos de pescarla en ese preciso momento y llevarla junto a él que se frustraba con él mismo al tener complicaciones para hacerlo, jamás había pensado antes de actuar pero ahora personas importantes para él habían entrado al juego, y se culpaba por ello —Vamos, hace frío —habló al abandonar el pequeño y cálido hueco entre el hombro y parte de la mandíbula de ella que había utilizado como refugio.
Kagome asintió al verlo directo a los ojos, ¿por qué se veía tan confundido? Siguió lenta y dudosamente los pasos del moreno al ser guiada por él en un simple abrazo, deteniéndose de manera desprevenida.
—¿Por qué todo tiene que ser así Bankotsu? —preguntó al mismo tiempo que un nudo se formaba en su garganta al alzar levemente el rostro para verlo. Temía que al entrar a ese vehículo todo acabara.
El moreno demoró en responder, y luego de un par de segundos en los que frunció ligeramente el ceño, dijo:
—Sabíamos muy bien que esto no duraría —respondió desconcertando a la joven quien sonrió tristemente.
—Si es así, entonces… ¿por qué estás aquí, conmigo, en Sendai? —inquirió al fruncir el ceño parecido a él.
—Porque quería saber cómo estabas —confesó al mirarla a los ojos.
—Y-Yo estaré bien si estás conmigo —intentó persuadir en un torpe desespero por tenerlo a su lado.
—Hmph… —fue lo único que soltaron sus labios al sonreír de medio lado.
Ambos retomaron la corta caminata hacia el auto que los esperaba para abrigarlos del frío, pero los pasos del moreno se detuvieron al ser los de Kagome pausados.
—¿Estás bien?
—S-Solo estoy un poco mareada… —dijo al posar una de sus manos en su frente.
—¿Estás segura? —preguntó al posar una de sus manos sobre la mejilla de ella.
La joven sintió como su labio inferior tembló involuntariamente al sentir deseos de llorar, cerró suavemente los ojos, conteniéndose, solo quería sentir la calidez de la mano del moreno sobre su mejilla.
No pudo contener las ganas por acariciar su piel, se había prometido dejarla ir y que retomara su vida… pero el egoísta deseo de tenerla para él reclamaba cada vez más fuerte dentro de su ser.
—Bankotsu… —nombró Kagome al sentir los fuertes brazos del moreno enredarse nuevamente en su cuerpo. Nunca antes había necesitado tanto tal común contacto.
—Kagome —nombró él de igual manera al hundir su rostro en el cuello de la joven entre sus brazos, aspirando hasta lo más profundo de su olor.
Los segundos pasaron lentamente y ni uno de los deshacía el cálido contacto; ambos se sentían cómodos junto al otro.
—Debemos irnos Kagome —habló el moreno luego de un par de minutos.
—No quiero.
—Tus padres se molestarán contigo… —insistió al posar su mano sobre la espalda de la joven para obligarla a caminar —de nuevo.
Kagome pasó por alto aquel último comentario, quería quedarse a lado del moreno pero él parecía empeñado en todo lo contrario.
—Eres un mentiroso —acusó al alejarse de su lado con cierta torpeza.
—Y vamos con lo mismo —soltó en un pesado suspiro.
La joven empuñó ambas manos llena de impotencia y sin poder entender qué demonios pasaba con él. El doloroso nudo en su garganta parecía apretarse cada vez más contra aquellas sensibles paredes de delicada piel interna, sintiendo ganas de llorar, gritar y enfurecerse todo al mismo tiempo, estaba agotada, y lo peor de todo, era que él no pretendía escucharla; o al menos eso era lo que ella creía.
—¡Me has roto el corazón! —gritó con dolor al zafarse del agarre que Bankotsu había posado sobre su brazo.
El moreno frunció el ceño, estaban a unos pocos pasos del asiento del copiloto y ella se rehusaba de todas las maneras posibles en llegar. Se paró frente a ella y posó ambas manos sobre el cofre del auto, acorralándola. Sonrió internamente al ver el sorpresivo rostro de Kagome ante tal posición, pero no podía fijarse en eso ahora, solo debía tenerla alejada de él por un tiempo, hasta solucionar ciertas situaciones que lo complicaban.
—Hmph… te lo has roto tú misma… —mencionó con indiferencia al observarla sin expresión alguna —por esperar algo que sabías muy bien que no te podía dar. —e internamente algo de eso le supo a verdad.
Los ojos de Kagome se cristalizaron y sintió el frío calarse en sus huesos cuando Bankotsu se alejó de ella; la cercanía de ese moreno siempre la atrapó, debía reconocerlo. Su expresión de desconcierto siguió dibujada en ella al ver al moreno alejarse a buscar algo en el asiento trasero del auto, nuevamente buscaba algo entre las bolsas plásticas donde había sacado la botella de agua. Su cuerpo experimentó una extraña sensación recorrerle todo el cuerpo al ver un desconocido semblante en Bankotsu, ¿por qué la observaba de esa manera? Cruzó sus brazos recobrando la anterior compostura molesta cuando él se acercó a ella.
« Lo siento… » Abrió los ojos inmensamente al sentir la amplia mano del moreno posarse con firmeza en su rostro, obstruyendo sus dos vías respiratorias con algo parecido a una suave tela.
Se maldijo al usar tan cobarde método con ella, recordando sus primeros comienzos al conseguir mujeres para su sucio trabajo, supuso que al reencontrarse con Kagome sería un caos de sentimientos y sensaciones que debía controlar, pero jamás consideró la persistencia que ella demostraría al negarse alejar de su lado. Sintió como poco a poco el cuerpo de la joven en sus brazos se ponía pesado, perdiendo todo equilibrio al permanecer aun de pie. Cambió de posición hábilmente con la chiquilla, recargándose sobre el auto, quitó el obscuro y pequeño paño del rostro de la joven, observando lo pasivo y tranquilo de éste. Se deslizó lenta y cuidadosamente por el viejo auto, hasta llegar al suelo con Kagome aun en sus brazos. Sacó un móvil diferente de su bolsillo, presionando varios números para realizar una llamada.
« Estoy a unos pocos kilómetros fuera de la ciudad por el sector norte, ven por mí, necesito que me ayudes con algo. » Indicó apenas su llamada fue atendida del otro lado, finalizando la misma sin esperar respuesta alguna del confundido joven.
Bajó la mirada hacía el demacrado rostro de Kagome, detallando cada parte de las finas facciones de ella, y sin evitarlo, la culpa golpeó fuertemente en él. La estaba dañando, lo sabía muy bien pero era por su bien. La abrazó con mayor insistiendo a su cuerpo, deseando ocultamente e inaceptablemente absorberla con el de él, llevándosela lejos, solo para él.
Sonrió de medio lado al verse en la situación en la que estaba, una clara muestra del sentimiento egoísmo de obsesión que ella despertaba en él. Negó en silencio al reconocer sólo para él y la luna:
—No tienes idea cuánto te amo —dijo al abrazar fuertemente el delgado cuerpo de ella al de él, sintiendo el cálido y acogedor calor que desprendía el cuerpo de Kagome.
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Salió de la cama con su celeste pijama de dos piezas hecho de suave tela de seda; una de sus pertenencias más preciadas que logró rescatar antes de que el demente de su hermano, como orgullosamente lo consideraba, quemara el lugar que por tantos años consideró su hogar. Se puso un largo y abrigado chaquetón para el frío que sintió apenas salió de su cama.
Presionó con insistencia los viejos y desgastados botones del elevador, el sueño se le había espantado a penas Bankotsu le dio órdenes, lo que menos quería era defraudar a su compañero. Bankotsu era lo más parecido que tenía a una familia.
« Pero que descuidados » Reclamó al cruzarse de brazos al ver la fecha de la última vez que revisaron ese ascensor, los encargados dejaban bastante que desear ante el cuidado de tal fundamental transportes para la gente que se hospedaba en los pisos más altos. Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto al pensar que habría cambios de planes al recordar el pedido que el moreno le había dicho.
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Los minutos pasaban y varios vehículos habían transitado por esa poco concurrida carretera; todos los autos se dirigían de vuelta a la ciudad, seguramente salían del local donde Kagome estuvo metida horas atrás. Abrazó nuevamente el cuerpo de la joven, echando vapor de su boca contra las manos de ella para mantenerlas abrigadas, maldijo a Jakotsu ante su demora. Observó pequeñas piedrillas enterradas superficialmente bajo las desnudas piernas de Kagome al estar sentada en el suelo, frustrándose al olvidar su chaqueta en el asiento trasero, de lo contrario hubiese protegido la delicada piel de ella.
El amplio jeep obscuro y polarizado se estacionó un par de metros al auto de Bankotsu; el moreno lo reconoció rápidamente.
—¡Dios Banky! —pareció respirar con alivio —Gracias al cielo estás bien, creí que… —se silenció abruptamente al ver con quien estaba —¿Qué fue lo que le hiciste? —preguntó Jakotsu al ver el aturdido cuerpo de Kagome.
—Abre la puerta del jeep y reclina el asiento —pidió al ponerse de pie con cierta dificultar; apenas podía sentir sus piernas ya que las utilizó lo que más que pudo para protegerla a ella de la tierra y el frío. Jakotsu obedeció y se hizo a un lado al ver que el moreno necesitaba más espacio para acomodarla.
—Banky, ¿por qué Kagome luce así? —insistió en saber.
—La cedé con un poco de somnífero. —explicó al quitar el flequillo de la frente de la joven en un disimulado modo de caricia, el cual no pasó desapercibido por los ojos de Jakotsu quien se ponía de puntitas para poder mirar hacia el interior.
—¿Y por qué hiciste eso? —continuó cuestionando sin entender del todo el actuar de su hermano.
—Era lo mejor. —dijo al rebuscar algo en los bolsillos de su, ahora, sucio y polvoreado pantalón.
—¿Lo mejor para ella?
—Por el momento sí. —Jakotsu suspiró ampliamente al oír el seco justificativo que el moreno le dio.
—¿No crees que éste tipo de daño es más de lo que ella pueda soportar? —preguntó algo preocupado por el bienestar de la dormida chiquilla. Bankotsu se paró correctamente al dar con lo que buscaba.
—Herirla es la única manera de mantenerla alejada completamente de mí, aunque sea por un tiempo —añadió y algo de eso a Jakotsu le pareció sonar a despedida. Sus ojos cafés fueron atraídos por el fino objeto dorado que el moreno mantenía entre sus dedos.
—¿Estás seguro? —preguntó con duda.
—Entenderá la indirecta —dijo y sin esperar más puso el sencillo anillo que Kagome había portado meses atrás.
Una fuerte corriente de celos recorrió su interior, esfumándola rápidamente de él, no podía acostumbrarse a esas inútiles y nada aceptadas sensaciones.
—Iré a Tokio —informó desconcertando a su joven amigo—, tengo unos asuntos pendientes. —él no era de contar sus planes pero Jakotsu profesaba cierta confianza que indudablemente nadie más había sido capaz de ganarse.
—¿Está bien que vayas solo? —preguntó en un audible rostro de preocupación.
—Tú ya tienes tu tarea —cortó al extender su mano en señal de trato, complicidad y confianza, refiriéndose a la dormida joven en el jeep. Sabía que podía confiar en Jakotsu, él le había demostrado su lealtad en incontables ocasiones, respetando incluso las decisiones que tomaba y él no compartía, sin objetar palabra alguna y ahora recién era que lo notaba. Jakotsu era su hermano.
—La cuidaré bien, déjala en mis manos —asintió agradecido ante la confianza que Bankotsu le estaba demostrando.
—Estaremos en contacto —se despidió el moreno al caminar los pocos pasos hasta el viejo auto. Jakotsu negó en silencio con una vaga sonrisa, cerró la puerta del asiento donde yacía Kagome, y se encaminó a abrir la puerta del piloto, deteniéndose antes de subir.
—Oye Banky… —Bankotsu detuvo sus pasos sin voltear a verlo —¿qué pasará si ella vuelve con su ex novio? ¿debo hacer algo para detenerlo? —Bankotsu empuñó ambas manos, solo imaginarse a Kagome feliz junto al peliplata lograba que su sangre hirviera, pero debía ir a Tokio, así ella estaría a salvo, y los otros también.
—Hmph… eso no pasará. —habló con confianza al subir al auto, haciendo que Jakotsu hiciera lo mismo.
« Ella no se librará de mí jamás… » Completó a sus adentros, así era como lo consideraba, ella lo había aceptado meses atrás y su anterior comportamiento daba fe de ello.
Bankotsu encendió el ruidoso motor de aquel viejo auto, acercándose al alto jeep que conducía Jakotsu, ambos se hicieron una seña con la cabeza en señal de despedida, Bankotsu dio media vuelta, y se alejó por el camino contrario al que tomaría su único hombre de confianza.
Jakotsu dio un suave suspiro deseando con todas sus fuerzas que las cosas salieran a favor del moreno, posó su mirada sobre la jovencita a su lado; quien estaba completamente ajena a todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. Jakotsu sonrió, cuestionándose: ¿por qué era tan difícil estar con alguien a quien se le quería tanto? Negó en silencio, observando por el retrovisor las traseras luces rojas del auto del moreno que poco a poco desaparecían de su vista.
« De verdad espero que las cosas salgan como las tienes planeadas hermano… » Pensó internamente, deseando que el moreno no fuese víctima de su extrema confianza.
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Empuñó ambas manos contra el volante al ya no ver más las luces del jeep de Jakotsu junto a Kagome, la rabia se apoderó de él al recordar la tensa conversación que había tenido con el bastardo de Naraku esa misma tarde; después de haber hablado con Kagura y le contara que él estaba a cargo del caso, sin tener a nadie que se pusiera en su camino.
…
—Quería darte mis felicitaciones.
—¿Quién habla…? Ah déjame adivinar, ¿Bankotsu? —preguntó a modo de sorna
—Veo que estás de un magnífico humor, Naraku —empuñó sus manos contra el aparato pero sin dejar de usar el tono arrogante que tanto lo caracterizaba.
—Claro que lo estoy, después de todo, todo está saliendo según lo planeado —se burló nuevamente ante la mala suerte que había estado acompañando al moreno.
—No me digas, ¿y qué fue lo que planeaste? ¿Meterme a la cárcel? Porque si aún no lo has notado, sigo libre —el tono irónico se hizo más notable, no se dejaría intimidar por aquellas patéticas palabras del que había considerado un buen aliado.
—No por mucho Bankotsu, recuerda que hay gente que aún es importante para ti aquí en Tokio —amenazó.
—Ni siquiera lo pienses.
—¿Qué te parece si empiezo con tu querido hermano? ¿O por la fiel perra que te mantiene informado?
—No eres más que un cobarde —escupió con asco el frustrado moreno, no había tomado en cuenta en lo más mínimo a aquellas personas, aceptando hasta qué grado, de cierta manera, enfermizo, había llevado su interés por la joven de cabellos azabaches, mandando al olvido a todos los que alguna vez lo apoyaron.
—¿En serio? Y puedo hacerlo aún mejor… ¿qué te parece que deje a la zorra que te coges para el final? —propuso con claras intenciones de enfurecerlo. Sabía muy bien que esa "mocosa", como él la catalogaba, era importante de alguna manera para el ojiazul.
Bankotsu presionó sus dientes, analizando bien la situación.
—O deja que sea yo quien me la coja mientras tu observas, ¿recuerdas lo mucho que te gustaba hacer eso? Ver a todas esas mujeres sufrir, llorar y suplicar hasta que sus cuerpos ya no daban más y sus estúpidos corazones dejaban de latir por las drogas que les dábamos, ¿lo recuerdas? En ese entonces eras sólo un niño, uno muy inescrupuloso. ¿Se lo has contado? ¿le has contado a ella la clase de bestia que eras, y muy en el fondo, sigues siendo? —preguntó con el vivo afán de hacerlo dudar, necesitaba corromper aquella seguridad que el moreno siempre demostraba, y admitía, siempre lo fastidió.
¿Qué si se lo había contado? Pensó internamente, hmph, jamás le contaría esa clase de cosas a Kagome. Por un momento pareció arrepentirse de ciertas atrocidades donde caía como completo responsable, claramente, algo había cambiado en el maldito transcurso en el que ella puso un pie en su infernal vida.
—Después de que termine con las dos personas que tienes acá en Tokio, ella será la próxima, así que tienes dos sencillas opciones: te vas para siempre del país y no vuelves nunca más… o te despides de las estúpidas personas que aprecian tu patética existencia. —sentenció al finalizar la llamada.
Bankotsu lanzó aquel aparato contra el duro pavimento haciéndolo añicos de un solo golpe; el cual fue acompañado por un amargo grito de frustración e impotencia. Ni él era tan estúpido como para hacer un acuerdo con Naraku, no otra vez.
…
Debía solucionar las cosas, encontrar una opción y lo único que se le vino a la cabeza fue dejar a Kagome en las manos de su fiel hermano Jakotsu. Confiaba en él, él la cuidaría bien, se convenció de ello.
—Juro que me la pagarás. —se prometió al acelerar el viejo vehículo que conducía para no llamar la atención.
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—Espero que estés seguro de lo que haces hermano —dijo en voz baja al manejar por las desoladas calles de la ciudad.
Observó el rostro de Kagome pensando en la promesa que le había hecho a su fiel amigo, él sería su nueva sombra y la protegería con su propia vida de ser necesario.
Una vaga sonrisa se dibujó en su rostro al pensar como habían cambiado las cosas, y más aún, como había cambiado Bankotsu de ser un frío, inescrupuloso y calculador hombre a uno que pensaba en las personas que le importaba, por más que lo ocultara, y había una sola persona responsable de tal cambio: "Kagome".
Estacionó el obscuro jeep frente a las largas escaleras de la casa de la jovencita, dudando por un momento qué era lo que debía hacer en esas circunstancias. Se desabrochó el cinturón de seguridad al dar media vuelta hacía el lugar de la chica, la tomó entre sus brazos, sorprendiéndose lo delgada que estaba, o quizás, él se estaba volviendo más fuerte, pensó sonriendo como si de una gran victoria se tratara. La cargó por las largas escaleras hacía la parte alta de su casa, moviendo sus ojos sin saber dónde dejarla.
—Bueno, creo que tendré que dejarte por aquí —musitó en voz baja al sentarla sobre un pequeño perímetro de césped creciente bajó un árbol, recargándola sobre el tronco del amplio árbol frente a la puerta de entrada—. No imaginas lo importante que eres para mi hermano, Kagome. —se quitó su ancho y abrigado chaquetón para cubrirla, alejándose rápidamente de esa residencia. El sol ya comenzaba a salir, pronto la ubicarían.
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Los achocolatados ojos de Kagome se posaron sobre el despejado cielo de ese día, suspiro agotada al verse una vez más en una habitación hospitalaria hace ya un par de días.
Las cosas habían sido muy agobiantes ese mes, mes en el que no había vuelto a saber de Bankotsu desde aquella extraña noche; de la cual tenía recuerdos muy vagos. Las emociones que vinieron después de aquel confuso encuentro arrastraron varias consecuencias, entre ellas, el rechazo de su padre, quien después de encontrarla la madrugada que ése día no había vuelto a dirigirle la palabra, negó en silencio, sintiéndose culpable al recordar lo sucedido:
…
—¿De quién es éste chaquetón? —preguntó por enésima vez, obteniendo la misma e inservible respuesta de la joven de cabellos azabaches.
Kagome solo se limitaba a negar en silencio al no tener la certeza del propietario de aquella prenda sostenida por su padre. ¿Podría ser de Bankotsu…? Y aunque de ser así, no lo diría, no sabía quién era el dueño de ese amplio chaquetón, que mirándolo bien, era enorme para ser del moreno.
—No sé papá, no tengo idea de quién es —respondió con un oculto tono de fastidio en su voz pero que era notable en su rostro.
—Si claro… —continuó Sohin al enarcar una ceja —como tampoco recuerdas cómo llegaste a casa.
Kagome bajó la mirada, se sentía avergonzada ante el comportamiento que había estado adoptando. Ahora caía en cuenta de ello, ahora que su padre le hablaba como nunca antes lo había hecho.
—Porque tampoco recuerdas como llegaste, ¿no? —la mirada de Sohin era acusadora, definitivamente ya no confiaba en su primogénita, y eso le dolía.
—Papá… —intentó decir pero las duras palabras de su padre la silenciaron al verse interrumpida, él parecía frustrado.
—Te estás comportando como una cualquiera… —acusó. La mirada de Kagome se obscureció al imaginar el calificativo que quiso darle pero no lo hizo, con esa palabra bastaba para descifrar sus pensamientos.
—Usted no sabe por todo lo que yo… —deseó decir pero volvió a caer en el silencio al oír nuevamente la autoritaria voz de su padre.
—Lo último que podría pasar es que llegaras embarazada, sin saber la paternidad de esa criatura. —dijo sin siquiera pensar lo duro que eso sonaba, él también estaba herido, más aún al verla visto prácticamente tirada sobre el césped de la calle… como una borraba, drogadicta… una cualquiera.
Kagome ya no quiso decir más, si seguía intentando aclarar lo sucedido, probablemente, terminaría lastimándose a sí misma ante las palabras que él con dolor diría. Lo observó lanzar el enorme chaquetón al sofá, de su rostro se podía ver el asco hacia esa costosa prenda. Lo vio subir derrotado las escaleras hacia su cuarto, sin saber que las últimas palabras articuladas serían las últimas que dirigiría a ella.
…
Su labio inferior tembló al tener deseos de sollozar al recordar que desde ese día, su padre no le había vuelto a dirigir la palabra. Su cabeza volvió a doler, al igual que su estómago, negó en silencio al fruncir el ceño, seguramente, el lavado al que la sometieron debió ser muy rudo porque oía perfectamente el casi agónico sonido de sus entrañas reclamando por algún tipo de calmante y, nuevamente, un recuerdo inundo su cabeza, recordando el por qué estaba ahí:
…
« Padece el síndrome de Estocolmo. » Diagnosticó la psicóloga que había estado tratándola, una mujer vieja, enormes ojos y prominente mentón llamada: Urasue, después de un mes de terapia.
Esa frase se caló en la cabeza de la joven, ella entendía qué era eso, se lo habían comentado y no creía, más bien, estaba segura de que no lo padecía, puesto que, era consciente de todo lo que hacía y decía; tanto el tiempo en el que vivió en la mansión como ahora en la actualidad.
Optó por no replicar, era lo mejor, creyó.
Tomó cada uno de los medicamentos y antidepresivos recetados de manera responsable, para ya cerrar el ciclo vivido y así poner todo de su parte para recuperar su familia, su vida.
Esa temprana mañana –dos días atrás– empezó con fuertes dolores de cabeza y una extraña falta de aire, su cuerpo estaba pesado al igual que sus parpados, todo daba vuelta y de pronto… todo se fue a negro.
El dolor de cabeza aún se hacía presente pero no era tan latente como horas, supuso, anteriores. Pues podía notar como el atardecer teñía de un suave color anaranjado las pálidas paredes de la reducida habitación en la que permanecía recostada.
Observó como la puerta del cuarto se abría dejando así ver a un hombre viejo y regordete de bata blanca; era el profesional que la había atendido. Saludó como correspondía para luego proceder a informarle lo que había sucedido con su organismo: una intoxicación.
—¿Pero cómo…? —su rostro reflejaba confusión.
—Las dosis que te fueron recetadas eran muy fuertes para ti —comentó al leer la pequeña tablilla que llevaba en las manos con los antecedentes de la joven—. Estarás aquí por un par de días, sólo para tenerte en observación y estar seguros que ya estás bien. —añadió.
…
Botó pesadamente la respiración, estaba agotada, justo cuando había decidido dejar todo atrás y retomar su vida… sucedía esto.
Las horas pasaron y los padres de la chiquilla se hicieron presentes, ese mañana sería dada de alta. Naomi la abrazó al entrar a la pequeña habitación mientras que Sohin solo se limitó a observarlas en silencio, sin decir ni una sola palabra.
Al cabo de unos minutos el doctor también se presentó, debía firmar el alta de la joven y dar las nuevas indicaciones a seguir.
—Ésta mujer es una excelente psicóloga… —informó al darle un blanquecino papel de recomendación a Naomi —es un poco mayor y no suele utilizar el conducto que ocupan los otros especialistas pero sigue siendo muy buena, muy profesional —recomendó—. Tiene una magnífica experiencia, espero le sirva y pueda tratar con mayor cuidado a su hija.
—Muchas gracias doctor Jinenji, agradezco su interés hacía mi hija. —dijo al hacer una leve reverencia en señal de agradecimiento.
—No tiene nada qué agradecer.
Naomi sonrió cálidamente, de verdad se sentía en deuda, más aún, al haber sido ella quien llevó a Kagome hacia esa nada eficiente ojuda mujer llamada: Urasue.
—Bien, creo que eso es todo… —dijo y le tendió la mano a los progenitores de la azabache —tengo que ver a más pacientes.
—Gracias a usted doctor. —habló por fin Sohin al darle un suave apretón en la mano.
—De nada.
El profesional volteó a verlos antes de salir, había olvidado por completo el pequeño detalle de su colega.
—La señora Ikeda suele tener una agenda muy copada pero, tal vez, si dicen que van de mi parte, pueda hacerles un espacio —aconsejó antes de salir.
Kagome se puso de pie e inconscientemente su mirada chocó con la de su papá, el cortó la distancia entre ambos y sin pensarlo dos veces la jaló hacia él, abrazándola de manera protectora.
—Dejaremos todo atrás hija —susurró en el oído de la joven mientras ella ocultaba su rostro en los brazos de su progenitor.
—Sí… —aceptó al asentir, ignorando por completo el nudo que se había formado en su garganta. Había olvidado lo mucho que necesitaba ese cálido contacto, como era sentirse protegida en los brazos del hombre que jamás le haría daño.
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—Entonces ya está en su casa —dijo aliviado al posar uno de sus brazos en la baranda del balcón de ese departamento.
Jakotsu tal cual lo había prometido lo había mantenido informado de todo lo relacionado a Kagome.
—Bien, llámame cualquier cosa le suceda. —indicó nuevamente antes de finalizar la llamada.
—Quién hubiese pensado que el temido Bankotsu iba a estar tan preocupado por el bienestar de una mujer, que por lo demás, antes fue una joya —habló con notable sarcasmo y el moreno solo rodó los ojos con fastidio.
—¿Quién habla esta vez… —cuestionó Bankotsu con intenciones de fastidiarla a ella —tu resentimiento, tu despecho o tu ego herido?
—A veces puedes llegar a ser realmente despreciable, ¿sabes? —comentó al darle un vaso de jugo natural de piña con unos cuantos hielos molidos.
—¿Esto es en serio, Kagura? —preguntó al ver el contenido del vaso y sonreír de medio lado —¿No me digas que te has rehabilitado y ya no bebes? —Kagura negó en silencio y se paró a lado del ojiazul.
—Jamás he sido una alcohólica —se defendió fingiendo indignación, sonriendo segundos después—. Solo que al ignorarme me hacías sentir mal, frustrada.
—¿Me estás culpando? —frunció el ceño sin dejar de sonreír.
—Sabes muy bien que jamás te culparía de algo —confesó al sonreírle de manera amistosa. Bankotsu también sonrió, sabía perfectamente que lo que Kagura decía era cierto.
Al cabo de unos minutos Kagura invitó a Bankotsu al interior del departamento, lo que ella menos deseaba era arriesgar la libertad del moreno.
—Naraku no ha hecho mayores investigaciones respecto al caso, sabe muy bien que atrapándote a ti él también puede caer —dijo Kagura.
—¿Qué hay del oficial que estaba suspendido?
—Ya regresó. —contó.
Bankotsu dejó el vaso sobre la pequeña mesa de centro frente a él. Kagura frunció el ceño.
—¿Por qué te interesa saber de él?
—Porque tengo algo pensado. —no dio mayor detalles. Al ponerse de pie se dirigió al pequeño mueble junto a la puerta y sacó de ahí su abrigo.
—Ten mucho cuidado —pidió al observarlo.
—Hmph… estaré bien —dijo al acercarse a ella y brindarle un sutil roce en una de sus pálidas mejillas.
La piel de la fría mujer de ojos carmín se erizó al instante, Bankotsu jamás había tenido ese sencillo gesto hacia ella ni hacia ninguna joya, aunque sabía bien ya había una excepción. Rápidamente abrió los brazos, aferrándose fuertemente al cuerpo de Bankotsu, añorando tanto que él le correspondiera.
—Kagura… —nombró intentando alejarla.
—Por favor —rogó porque los brazos de él la rodearan, sin embargo, Bankotsu ganó al retirarse.
—Olvídate de una vez por todas de esto Kagura —habló fríamente. Ella negó.
—No puedo, no lo haré —aseguró al sonreír tristemente.
—Pierdes tu tiempo.
—No me importa.
—Tal vez… —meditó por primera vez por la integridad de Kagura —debas alejarte de todo esto.
—No puedes excluirme después de todos estos años —el rostro de la mujer reflejó indignación al creerse ahora innecesaria, equivocándose totalmente a lo que el moreno se refería: tenerla sana y salva.
Bankotsu resopló molesto, no iba a decirle que la quería lejos para protegerla porque estaba seguro que eso solo terminaría por confundirla, él no la amaba y eso ella lo sabía perfectamente, debía aceptarlo, pero tampoco sería tan canalla como para volver a restregárselo a la cara después de todo lo que había hecho ella, no, no lo haría de nuevo.
—Solo no te metas en mis asuntos —dijo al pescar el pomo de la puerta.
—Sabes que eso no sucederá —se cruzó de brazos al soltar un suave suspiro.
—Entonces haz lo que quieras. —finalizó al marcharse sin siquiera voltear a verla. Kagura bajó la mirada al abrazarse con fuerzas a ella misma, negó lentamente… ¿por qué Bankotsu no la veía como veía a esa niña? Suspiró pesadamente, jamás lo entendería.
Se puso la pequeña capucha que traía el obscuro abrigo y se dirigió a las escaleras de emergencia, ya había pasado un mes y no había tenido mayor avance. Naraku no se mostraba y eso lo enfermaba, sabía muy bien lo cobarde que era pero jamás imaginó que llegara al límite de estar escondiéndose. Suspiró y observó el departamento de su fiel ayudante al estar ya fuera del edificio, quién iba a pensar que Kagura le sería de tanta ayuda, solo lamentaba que ella hubiese confundido las cosas, porque de lo contrario, hubiesen sido muy buenos aliados, y porque no, amigos.
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Abrió el pequeño cajón del mueble junto a su cama, sacando una pequeña caja de madera, y de ahí, la pequeña argolla de oro que reapareció en su dedo anular aquella confusa mañana, frunció el ceño al comprender, entonces… ¿esto significa que todo queda atrás?
—Creo que esa fue la despedida —susurró sólo para ella al cerrar los ojos. Aún no podía creer que todo fuera tan sencillo para él, ¿cómo pudo abandonarla? Supuso que entonces sí se creó ella misma toda esa historia.
Bajó la mirada nuevamente al pequeño objeto entre sus dedos y la volvió a levantar al ver la puerta abrirse después de dar dos suaves toques. Sus ojos se abrieron con desmesura al ver quien era.
—Inu- Yasha —dijo casi en un susurro, debía admitir, muy en el fondo, que no verlo cerca la extraño demasiado, pero ahora estaba ahí, de pie a escasos metros de ella.
El peliplata acortó lentamente la distancia entre ambos, pidió permiso con la mirada para sentarse en la cama junto a la joven, recibiendo una débil sonrisa en señal de aprobación y su atención no pudo evitar ser atraída por el anillo entre los dedos de Kagome.
—¿Cómo estás? —preguntó intentando ignorar las manos de ella.
—Estoy bien —dijo al mirarlo a los ojos—. Mucho mejor ahora.
Los segunderos del reloj colgado en una de las paredes de la habitación de la chica parecían resonar fuertemente, sin darse cuenta ambos se habían quedado en silencio. Por la cabeza de InuYasha se cruzaban mil interrogantes del anillo que Kagome tenía entre sus dedos, y Kagome parecía estar sumergida en sus propios pensamientos.
—Has desaparecido —comentó la joven, atrayendo el interés del albino.
—Creí que querías tiempo —dijo al voltear su vista al frente.
Kagome también desvió la mirada, sabía bien que eso era verdad.
—Quizás ya no lo necesito.
La mirada de InuYasha se posó rápidamente sobre el rostro de la joven al creer haber oído mal.
—¿Hablas en serio?
Kagome frunció ligeramente el ceño al mover solo sus pupilas, pensando. ¿Sería capaz de retomar su relación con el ambarino? Definitivamente sí. Estaba segura que InuYasha sería capaz de atravesar por los desiertos más áridos en busca de ella. Hundirse en las obscuras profundidades y abismos que yacen en el mar. Y también, sería capaz de aventurarse por las infinidades del espacio… Estaba segura que él haría eso y mucho más por ella.
Por su cabeza no pudo evitar cruzársele que, quizás, con InuYasha era con quien ella debiera estar, y no por estar enamorada, sino que por ser quien al parecer… mejor la cuidaría.
Las miradas de ambos chocaron y lenta e involuntariamente comenzaron a cortar la distancia, sus labios estaban a escasos centímetros, sus respiraciones chocaban. InuYasha cargó cuidadosamente su frente contra la de Kagome, sin dejar de mirarla, no quería dudas ni equivocaciones.
—¿Estás segura?
—L-Lo estoy.
…
…
Notita: Okey, ya falta cada vez más poquis, quizás me adelanté al decirle lo de los capís xD y tal vez sean menos ;) No sé muy bien, estoy viendo que ondi porque creo que le tendré que ser infiel a mi idea original si no quiero ser acechada por ahí por las que me leen xD jajajajaja
Mis gradecimientos esta vez son para:
Nina Shichinintai ¿subirás capítulos de tu fic? Okey si lo haces avísame porfi! por el wsp ya que no ando mucho en FF. Inspirate bien nomas compatriota mía que ese fic tiene una idea muy buena.
Pao 59 Tranqui nena que no falta mucho, yo tenía listo el final para éste fic apenas lo cree en mi cabeza loca pero ahora no sé, no estoy muy convencida.
Angel Obscuro Ashh mi Aide bella, no pues no se la llevo xD y no podía hacer esas cosas tan pervert! jajajaja También mucha inspiración para ti amiga!
Luimma Ajá! a veces uno se refugia en estupideces -no me ha pasado- pero a gente conocida sí, y es bien feo porque solo se les culpan por ser débiles sin saber con todo lo que se carga detrás.
Ljubi-sama Mi Linda Ljubica, pues gracias por presentarte aquí con tu apoyo, eso se agradece mucho hermana.
Rogue85 No te preocupes Pao! a veces las obligaciones nos quitan las tentaciones xD Lo bueno es que aparezcas, de lo demás no tienes por qué disculparte :)
Luz Jajajajaja ya sabes, hay que darle un poquito de tensión a esto, me alegro que andes al pendiente de todas formas, aunque hayas salido del grupo :D
Sasunaka Nada grave nena ;)
Yuli Jajajaja hermana ¿congestión alcohólica? Yo solo he llegado al grado de beber hasta que ya no pueda caminar y me tiemblen las piernas xD ¡Viva el bacardi de manzana con Sprite! lo amo 3 quizás lo lea después de que termine todo lo que tengo antes, ahora ando con una historia de wattpad y la odio, jamás creí odiar tanto a una prota ¬¬ Sludos hermana!
BlueSky26 Hi nueva lectora, que bueno que te haya gustado el fic ;)
Agradezco infinitamente los comentarios, sin ustedes este fanfic no sería absolutamente nada. Cada rw me saca una sonrisa, ya saben, nuestro sueldo. Se les agradece a todas :) Muito-Muito xD
...
Ok, si el final de este capítulo las dejó algo así como: W T F! O.o el otro las dejará peor, ya tengo algo adelantando ;D
Espero que el capítulo les haya gustado :) Abrazos peligrosamente mercenarios para todas :D
¡CIRCULO MERCENARIO!
