Capítulo 55: La trampa

Maxi, Yoshimitsu y sus cerca de 30 hombres se adentraron en las ruinas del templo de Kunpaetku, la mayoría de ellos asustados, pero todos decididos.

Con sus armas en alto (la mayoría espadas y sables, Yoshimitsu su katana y Maxi su nunchaku) descendieron hacia su interior, que se encontraba en el subsuelo.

Allí abajo la oscuridad era casi total. El suelo estaba encharcado, y la luz del exterior se reflejaba tenuemente en el agua.

- ¿Qué estamos buscando exactamente? – preguntó Maxi a Yoshimitsu.

- Al ser que provocó las muertes de mi padre y tu hermano.

- ¿Astaroth? ¿Qué te hace pensar que está aquí?

- ¿Recuerdas que te dije que tiene inteligencia humana?

Maxi asintió.

- No la de un humano lo suficientemente inteligente como para saber cuándo lo están engañando.

- ¿A qué te refieres? – preguntó Maxi, sospechando algo.

- ¿Hasta qué punto quieres vengarte, Maxi?

El tono de Yoshimitsu no le gustó nada al pirata.

- ¿Qué...?

- Encontré a Astaroth. – confesó Yoshimitsu, sorprendiendo a todos los presentes. – Lo encontré antes de conocernos en Ryukyu.

Maxi estaba paralizado. No sabía qué estaba ocurriendo.

- ¿Y...qué ocurrió? – dijo con un hilo de voz.

- Astaroth se divierte matando gente, Maxi. Matar y torturar es su razón de existir. Pero sólo gusta de matar multitudes. Y a poder ser, multitudes que sepan defenderse.

La tripulación estaba empezando a asustarse.

- Le dije que a cambio de una determinada cantidad de dinero, conseguiría reunir una pequeña multitud de luchadores y atraerla hasta su guarida...Las ruinas del templo en el que fue creado.

Maxi tragó saliva, empezando a comprender.

- Pero no es dinero lo que yo en realidad quería a cambio. Sólo venganza. – afirmó Yoshimitsu. – Cuando me lo encontré estaba yo solo, me hubiera sido imposible matarlo.

- Quieres decir que...nos has traído aquí para que te ayudemos a matarlo.

- Para él sois una multitud que destruir. Vosotros sólo defendeos. Si conseguís acabar con él, perfecto. Si no...cuando esté distraído acabando con vosotros...surgiré por sorpresa y lo mataré.

Maxi cambió su expresión de la sorpresa a la rabia.

- ¡Nos has engañado! – gritó. - ¡Nos vas a usar como cebo!

- Veo que lo comprendes. – admitió Yoshimitsu.

Maxi, enojado, agarró a Yoshimitsu por el cuello.

- ¿Qué nos impide matarte ahora mismo? – le dijo al oído.

- Adelante, hazlo. Mata a tu aliado más fuerte.

Maxi se dio cuenta de que tenía razón. Sin la ayuda de Yoshimitsu le sería imposible enfrentarse a Astaroth.

- ¡Mátalo! – pedían a gritos algunos de sus tripulantes.

- ¡Salgamos de aquí! – sugerían otros asustados.

Pero en mitad de todo el barullo, un ruido estruendoso que provocó que todo temblara los hizo callarse a todos.

Poco después hubo otro igual.

Sonidos similares se sucedían cada pocos segundos.

Pronto Maxi supo lo que eran.

Eran pasos...pasos de alguien realmente grande.

Tras varios minutos, vieron una pierna enorme asomarse desde el exterior.

Alguien gigante descendió a ritmo lento por el mismo lugar por el que habían bajado ellos.

Poco después, tenían ante sí al colosal Astaroth.

Su parecido con un ser humano era impresionante. Sólo había tres detalles que denotaban que no pertenecía a la raza humana. El primero, y menos significativo, era su tremendo tamaño.

El segundo, ya más claro, era que su piel tenía un tono excesivamente rojo, impropio de la piel de una persona.

Y el tercero, el más obvio y el más terrorífico: Su corazón no se encontraba en el interior de su cuerpo. En lugar de eso, latía con fuerza en mitad de su pecho, a la vista de todos.

Astaroth miró con satisfacción la multitud que pensaba destruir, que a su vez lo miraban a él aterrorizados.

- ¡Cómo vamos a divertirnos! – dijo con un vozarrón que hizo retumbar las ruinas.