ADVERTENCIA: Lemon (Sexo gráfico), lenguaje vulgar, violencia, muerte, Universo Alterno, Humanizado.

DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Esta historia no tiene fines de lucro.

AVISO: Meteré también personajes de Madagascar, obviamente humanizados XD.

ADVERTENCIA 2: Abuso, violación, tortura. Si no te gusta, no leas.

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Capítulo 7: El escape.

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—… ¡AAGHHH! ¡AAAAAAAAAHHHH! ¡GGHH..! ¡AAAAAAAHH!

Skipper jugaba con los cuchillos de Rico entre sus dedos, mirando detenidamente las expresiones de agonía de Hans, memoraba cada mueca, cada grito, todo. Decidió prender una vela y quitó la energía, provocando que la lámpara se apagara automáticamente.

Kowalksi estaba de brazos cruzados, contemplando como Rico seguía rebanándole la piel de su brazo izquierdo como si se tratase de mantequilla. Ya se había hecho un gran charco de sangre en el suelo, acompañados por los trozos de carne arrancados del hombre.

Private mantenía los ojos cerrados con fuerza. Él no iba a intervenir, dejaría que sus camaradas hicieran lo que quisiesen con ese hombre, pero eso tampoco significaba que lo que sucedía era realmente brutal.

Rico gruñó, frustrado de que siguiese sin hablar a pesar de que la punta del cuchillo haya alcanzado el hueso. Hasta le había roto el otro brazo y le había roto las piernas para que no huyera. Chasqueó la lengua, girándose para ver a Skipper. Él asintió.

— Muy bien, Hans. Basta de juegos.

El hombre respiraba agitado. Tosió un par de veces, sintiendo la garganta seca de tanto grito.

—… Je… ¿Eso fue un juego?

— Claro. — Le sonrió con fingida gentileza. — Así que… Comenzarás a hablar…— Borró la curva de sus labios. — ¿O no?

—…— Le sonrió con morbo. — Es una lástima que no hayas podido follarte a tu amiga.

— Rico.

El de la cicatriz asintió y sacó unas delgadas varillas de metal. Debían medir unos veinte centímetros. Se las entregó al líder. Skipper le agradeció con la mirada, para volver a ver al hombre atado.

—… ¿Dónde está Marlene? — Su voz sonó más gruesa y tétrica.

— En una habitación gozando con un anciano. — Se carcajeó.

Skipper entrecerró los ojos.

Private se cubrió los ojos.

Kowalski fue a buscar unos cables.

Rico sonrió.

El capitán, ya harto de la actitud del sujeto, enterró las varillas en cada pierna de Hans, más arriba de la rodilla. La reacción fue inmediata. El hombre se echó hacia atrás, soltando un aullido de dolor.

— ¡UAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGHHH!

— Kowalski.

— Sí, Skipper. — El más alto se acercó y conectó las vías eléctricas contra las varillas.

— ¡¿Qu-Qué haces…?!— Preguntó.

— Estoy siendo creativo. — Se paseó alrededor del prisionero. — Planeaba usar este método con Blowhole, sin embargo… Creo que tú te lo mereces más.

Hans iba a preguntar, pero Skipper lo agarró por el cabello de la nuca con rudeza y lo acercó a su rostro. Los ojos azules de Skipper un fuego frío. Quemaban ante su frialdad de verlo sufrir sin una pizca de tacto. Había una tormenta en esos orbes.

— ¿Dónde…? — Había conservado el cuchillo de Rico y lo enterró con suavidad en su estómago.

— ¡AAGHH!

— ¿Está…?— Entrecerró los ojos.

— ¡UGH!

— ¿Marlene?

— ¡AAAGHH!

— Habla. — Exigió.

— Kgghh…— Escupió sangre. Skipper retiró el cuchillo y lo sacudió, apartando un poco la sangre. — ¿Por qué simplemente no me matas, Skipper?... — Se rio, cansado. — Tú mejor que nadie me conoce… yo jamás hablaré. Incluso si lo hiciera, no saldría vivo de aquí.

— Tienes razón. — Se inclinó para ver sus ojos oscuros. — Pero pudiste haberlo hecho mucho más fácil. Pudiste haberte ido con una bala en la cabeza. Pero no lo quisiste así.

Hans escupió a un lado, pero siguió sonriendo.

Kowalski tragó saliva, notando las manos de su líder temblar.

Debían lograr que Hans hablase, de lo contrario, Skipper terminaría matando a Hans.

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— Si quieres estar con ella, paga por ella. — Doris miró asesinamente a Antonio, quien sonrió y se encogió de hombros. — ¿Me oíste?

— Sí, cariñito. Te oí fuerte y claro…

El castaño se retiró con una sonrisa, aunque estaba un poco frustrado después de que Doris lo hubiese descubierto con Marlene en su quinto encuentro.

Chasqueó la lengua.

Odiaba admitirlo, pero no se cansaba de abusar de la pobre muchacha.

Marlene era todo lo que él pudo pedir en una mujer. Era hermosa, tenía una belleza natural, única. Se complementaba con las curvas de su cuerpo y el tono de su piel.

Era perfecta para él.

Conseguiría el dinero para pagar por ella.

Esa joven era su adicción. Su droga.

Prefería morir de esa excitante dosis que seguir anhelándola cuando la tenía tan cerca, pero tan lejos a la vez.

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Marlene contempló con horror que habían agarrado a otra víctima. Eso no fue lo peor, sino que habían descubierto que esta era la chica más joven que habían agarrado. Debía tener unos quince años.

— Despiértenla, arréglenla y la llevan al cuarto de Francis. — Ordenó Doris para retirarse rápidamente de allí.

La castaña miró con rencor a la pelinegra. Después miró a la niña. Su cabello era rubio y su piel estaba bronceada. Estaba inconsciente. Llevaba un vestido veraniego de color verde.

—… Hey. Todas.

Marlene y todas las mujeres prestaron atención a Gloria y a Gia. Ambas se veían realmente serias.

— Hoy es lunes.

Mary alzó una ceja.

— ¿Y?

— Todos los primeros lunes del mes, Blowhole se va de aquí. — Aclaró Gia.

Marlene abrió más los ojos.

¿Cuánto…?

¿Durante cuánto tiempo llevaba encerrada en aquel infierno?

Las jóvenes se miraron entre ellas, sorprendidas por haber dejado escapar ese mínimo detalle.

— De seguro van a mover el dinero. — Comentó Gloria, cruzada de brazos. — Y se lleva unos cuantos guardias. Regresan muy tarde en la noche.

— Lo que significa… que hay menos vigilancia. — Terminó Gia.

Gloria, Gia y Marlene intercambiaron miradas, estaba más que claro que querían escapar. La castaña lo lamentaba de verdad, pero no podía seguir esperando a Skipper. De seguro él ya creía que estaba muerta o vendida en el peor de los casos.

— Deja de hablar estupideces. — Mary negó con la cabeza, lanzándole una mirada mordaz al trío.

— No son estupideces. — Gia levantó el mentón, desafiante.

— ¿Ustedes qué quieren? — Se rio cruelmente la pelirroja. — ¿Que nos maten o qué?

— ¡Pero si ya estamos muertas, Mary! — Espetó Nazli.

Mary iba a decir algo, pero fue incapaz.

Era la puta verdad.

Apretó los puños.

— Las que no quieran escaparse, se quedan calladas. — Ordenó Gloria. — ¿Entendido?

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— ¡GGGGHHHH!

— Más potencia, Kowalski.

— ¡Pero lo terminaremos matando, Skipper! — Exclamó horrorizado Private.

El menor se paralizó cuando su líder le dirigió una mirada de hielo. Kowalski obedeció sin decir nada. Lo sentía por Private, pero necesitaban respuestas.

Rico le había metido un pañuelo en la boca a Hans, un poco harto de sus gritos. Skipper contemplaba cómo Hans recibía fuertes descargas eléctricas gracias a las conexiones de las varillas y los cables.

— Detente.

El más alto obedeció, cortando la energía con el interruptor.

Skipper le quitó el pañuelo de la boca.

— No tengo todo el tiempo del mundo, Hans. — Dijo entre dientes. El hombre apenas lo miraba, respiraba jadeante, ya harto de tanta tortura. — Dime dónde está Marlene.

— Vete a la mierda.

— ¿Dónde está Marlene?

—…— Sus ojos oscuros se encontraron con los azules de él. Sonrió lascivamente. — ¿Sabes…?— Comenzó con la voz ronca. — Antes de que me trajeras aquí… Tenía planeado follarme a tu carita de muñeca.

— ¿Dónde está Marlene?

Hans se siguió riendo.

Skipper soltó todo el aire contenido.

Ya…

No…

Más…

De un ágil movimiento, empuñó con fuerza el cuchillo que tenía y lo enterró con fuerza en el abdomen del hombre, aunque este no tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió que Skipper seguía moviendo el cuchillo en su interior, abriendo entre tejidos y órganos.

El líder apartó el cuchillo con brusquedad. Hizo una mueca cuando un poco del líquido carmín salpicó en su rostro. Dejó caer el arma blanca al suelo para agarrar violentamente del cuello de la camisa a Hans.

— ¡HANS!

— ¡Skipper…!— Kowalski quería detenerlo, su capitán estaba fuera de sí. Avanzó hacia él, pero Rico lo detuvo. —… ¿Qué haces?

—… Mahwlene.

Private cerró los ojos.

No podía juzgar a Skipper. Él estaba exigiendo respuestas, sin encontrar salida alguna. Noches sin dormir sacaban lo peor del líder. Porque aunque Kowalski le insistió que durmiera. El pelinegro era incapaz de cerrar los ojos. De eso fue testigo Private.

Marlene era más importante de lo que ella misma creía.

Sus primas lloraban todos los días al no saber nada de ella.

Alex y Marty estaban tan angustiados…

¡Joder, hasta Julien lo estaba!

Pero, ellos, especialmente, eran los preocupados.

Amaban a Marlene como parte de la familia.

Se habían atrevido a tocar un hilo sensible del comando.

No se los iban a perdonar.

Lo tenían claro.

— ¡ME TIENES HARTO CON TU ACTITUD DE MIERDA! — Lo sacudió con violencia. Una de sus manos se metió en la herida del torso, provocando que se adentrara en sus magulladas paredes interiores. Hans gruñó y se retorció. — ¡HABLA! — Exigió cuando su mano estrujó con violencia uno de sus órganos.

— ¡GHAAAGH!

— ¡HANS! — Alzó más la voz cuando tiró con fuerza de sus interiores, provocando que ciertos fluidos cayeras de la herida, acompañados de sus miembros.

— ¡AAAAAAAAAAAAGGHH!

Private se llevó una mano a la boca, sintiendo unas horribles náuseas. Kowalski apartó la mirada.

Rico observó en silencio. Honestamente, él hubiese hecho lo mismo.

Los tres camaradas pegaron un brinco cuando Skipper lo soltó bruscamente. El líder respiraba agitado.

—… Activa la energía, Rico.

El de la cicatriz entrecerró los ojos y asintió. Prendió el interruptor, provocando que las descargas llegaran nuevamente a lo que quedaba del cuerpo de Hans.

— ¡GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGHHH! — Bramó de dolor.

Además de los agonizantes gritos, la alarma de un teléfono llamó la atención de todos.

Kowalski vio su teléfono. Era una llamada de Eva.

Rico apagó el interruptor para que su compañero escuchase con más claridad. Además, dudaba mucho que Skipper deseara que alguien más supiera del cautiverio de Hans.

— ¿Hola? ¿Eva? — Frunció el ceño. — ¿Qué? — Abrió enormemente los ojos. — ¡¿Qué?!... ¡Vamos enseguida! — Colgó y miró a sus compañeros. — ¡Hubo movimiento en Sunset Park! Han visto a unas muchachas en los burdeles que coinciden con alguna de las desaparecidas…— Miró a Skipper directamente a los ojos. — ¡Incluyendo a Marlene!

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Por primera vez en muchos días, un brillo de esperanza nació en los ojos azules del líder.

—… Marlene…

— ¡¿Marlene?! — Private no pudo evitar sonreír un poco entre lágrimas. — ¡Pues vamos! ¿Qué estamos esperan…-?

Una ronca risotada calló al menor. Los cuatro miraron a lo que quedaba del miserable de Hans.

—… Vaya… Eso no… Debió haber pasado…— Musitó más para él que para ellos.

Skipper entrecerró los ojos.

—… Vámonos. — Miró a su equipo.

Kowalski le sonrió un poco, aliviado de notar que sus facciones se habían suavizado. Skipper no le sonrió de vuelta, solo asintió, ya más tranquilo.

— Váyanse ustedes primero. Los alcanzo en unos segundos. — Ordenó. Los tres no objetaron y se fueron.

El pelinegro miró fijamente la puerta donde se fueron sus camaradas. Después se giró lentamente para ver a Hans.

—… ¿Acabarás conmigo?

—…— Le sonrió. — ¿Tú crees?

—…— Se encogió de hombros, o al menos, intentó.

Skipper borró la curva de sus labios, cogió el pañuelo que yacía en el suelo. Hans frunció el ceño.

—… ¿Qué…? ¡¿GGHH?! — Exclamó cuando el líder se acercó rápidamente a él y lo cayó al meter de lleno el trozo de tela en su boca. — ¡¿BBGGGHH?!

El pelinegro contempló los ojos oscuros y furiosos de Hans una última vez, antes de sonreírle con malicia y prender nuevamente la energía eléctrica para que circulara por sus venas.

— ¡GGGGGGGGGGGGGGGGHHHHHHH! — Exclamó, o al menos intentó al retorcerse.

Skipper dejó el cuarto oscuro, sin mirar atrás.

Hans jamás terminaría de pagar lo que hizo.

Y por esa misma razón, dejaría que abandonara su último aliento en gran agonía.

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Marlene, Gia, Gloria y Nazli corrían a todo lo que podían. Agradecían que las sombras de la noche lograran camuflarlas de vez en cuando.

Todo estaba claro.

Ahora entendían por qué nadie pudo encontrarlas en un principio, pero eso ya había acabado.

— ¡DETÉNGANLAS!

Gloria se giró sutilmente y jadeó de horror.

— ¡Nos persiguen perros! ¡Y son de los malos!

— ¡No podemos rendirnos!

—…— Marlene notó que Nazli se estaba cansando. —… ¡Chicas, separémonos!

— ¡¿Qué?!

— Así los que nos persiguen… ¡Se confundirán! — Respiró agitada. — ¡Ganaremos tiempo! ¡Nos juntaremos al final de la calle del norte. ¿Entendido?

—… Pero, Marlene…

— Si no nos vemos en cinco minutos… No nos esperemos la una a la otra. — Indicó la castaña. — Con que una escape y diga donde estamos, será más que suficiente.

Las cuatro se miraron, aun corriendo.

—… ¡Bien! Apenas nos separemos, pidan ayuda. ¿Entendido?

Las cuatro asintieron y se separaron.

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— ¡Vamos, Rico!

— ¡Shí!

El joven de la cicatriz aceleró aún más. Private estaba agarrado de Kowalski, quien también le correspondió el gesto. El más alto estaba sorprendido de ver al Líder en perfecto estado sin importarle el hecho de que Rico podría matarlo en un simple frenazo.

— Skipper…

— ¿Qué? — Preguntó sin mirarle.

—… Umm… Nada.

Rico se detuvo abruptamente, provocando que Private y Kowalski se golpearan contra los asientos delanteros. Skipper fue más rápido y evitó algún golpe.

Los cuatro se bajaron al oír unos perros acercarse, junto con unos cuantos hombres que corrían por las oscuras calles.

— ¡Se fueron por allá!

— No, ¡se fueron hacia acá!

Los agentes se miraron entre ellos. Y sin necesidad de palabras, asintieron.

Cada uno siguió a un grupo.

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Marlene se ocultó en un callejón cuando escuchó unos pasos apresurados hacia ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Minutos atrás, había escuchado un desgarrador grito de Nazli. Solo rezaba a Dios que solo la haya dejado inconsciente. Se tapó la boca con ambas manos, evitando que su respiración fuese audible. Había aprendido de Skipper que no podía confiarse ni de su propio aliento.

Escuchó una voz muy cerca de ella.

Cerró los ojos con fuerza.

— "Dios, protégeme… Te lo suplico…"

— No hay señales, Kowalski.

El corazón de Marlene dio un vuelco.

Esa voz.

— "¡Skipper!"

La castaña quitó lentamente sus manos de su boca. Caminó con lentitud hacia la entrada del callejón y lo vio.

Al otro lado de la calle, se encontraba un joven pelinegro hablando en su comunicador que residía en su muñeca. Notó con cierto pesar que estaba más pálido que la última vez que lo vio. Tenía unas notorias ojeras bajo sus opacos ojos. Se veía tan…

¿Estuvo preocupado por ella?

Marlene salió por completo de su escondite cuando lo vio alejarse. Quiso correr hacia él, pero una mano ajena tapó su boca.

— ¡MMNN!

— Causaste muchos problemas, Marlene…

La voz de Antonio contra su cuello le provocó pánico.

— "¡SKIPPER!"

Forcejeó con todo su esfuerzo, pero el otro brazo de Antonio se encargaba de rodearla por completo, incluyendo sus brazos. Terminó por abrir la boca y mordió con fuerza la mano del hombre.

— ¡AGH!

Marlene aprovechó de tomar una gran bocanada de aire, viendo el sector donde había desaparecido su mejor amigo. Tal vez no la veía, pero tenía otra estrategia.

Su propia voz.

Se aprovechó de zafar de Antonio y comenzó a correr.

— ¡SKIPPEEEEEER! — Gritó a todo pulmón.

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Apenas los cuatro se habían reunido, se paralizaron al oír una voz femenina a lo lejos. Los agentes intercambiaron miradas, preocupación, esperanza.

Miedo.

Sin esperar más, los cuatros dieron la vuelta y comenzaron a correr hacia el origen de esa voz.

— "¡Marlene!"

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— ¡CÁLLATE!

Marlene cerró los ojos al sentir otro golpe en el rostro. Lo empujó para zafarse, pero Antonio la jaló del cabello.

— ¡AAAAHHH!

— ¿Qué parte de "cállate"…? — Tiró con fuerza de ella. Marlene sollozó al sentir que el hombre había logrado arrancar un poco de su cabello. — ¡¿NO ENTIENDES?! — La sacudió con violencia.

La castaña le miró con desprecio y le escupió en la cara. Antonio frunció el ceño y le dio una cachetada.

— Eres más…— Se rio. — Fiera de lo que creí.

— ¡SKIPPER! — Gritó nuevamente. Antonio la agarró de las muñecas. — ¡SUÉLTAME! — Los ojos avellanas de Marlene ardían de odio y de ira.

—… ¿Por qué debería? — La estampó contra la pared. — Sabes que podemos desaparecer en tan solo segundos… Y ellos nunca lo sabrían.

Marlene respiraba fuerte.

— ¿Y quién es ese tal Skipper? ¿No me digas que es tu novio? — Chasqueó la lengua.

— Eso no te importa.

— Claro que me importa. — Se rio con malicia para comenzar a acariciar sus muslos. Marlene palideció. — Todo de ti, me importa.

—… Eres un enfermo…— Susurró, espantada.

— No… Soy adicto a ti. — Le corrigió. Contempló la camisa simple y los jeans que llevaba. — Eres una tentación demasiado grande para mí.

— No te atrevas a tocarme. — Le advirtió. — Porque si lo haces, yo…-

— ¿Tú qué? — La cortó al comenzar a rasgar su blusa con un cuchillo. Marlene jadeó de horror cuando su piel se vio expuesta y solo su sujetador quedó. — Esto ya ha pasado antes entre tú y yo…— Rasgó la piel blanquecina de la castaña, quien se tensó de dolor. Antonio realizó unos cuantos cortes en su clavícula, después en su estómago y en su brazo. Limpió la sangre con la blusa desgarrada. — A ese tal Skipper… Dejémosle un recuerdo tuyo. — Dijo al dejar caer la prenda de la castaña al suelo. Antonio se quitó su chaqueta para cubrir a la castaña. — Nos vamos.

— ¡MARLENE!

La aludida se giró abruptamente al oír esa voz tan varonil a lo lejos.

— Ohh, qué lástima… no logrará alcanzarnos. — Se mofó con fingida pena el castaño al volver a agarrarla con fuerza de los brazos.

— ¡NO! ¡NOO! ¡SKIPPER! ¡NO, SUÉLTAMEE!

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Gia se detuvo en frente de una farmacia. Apoyó sus manos en sus rodillas, exhausta. Revolvió su cabello dorado con angustia. Llevaba más de veinte minutos esperando a las muchachas, pero al parecer ninguna llegó.

Sabía que tenía que huir… Pero se sentía tan miserable de dejar a las demás atrás…

Cerró los ojos con fuerza, para después abrirlos con determinación.

No iba a dejar que sus sacrificios hayan sido en vano.

Sabía que Skipper y el resto del equipo estaba cerca, había oído perfectamente el grito de Marlene.

Sin emabrgo, no podía evitar pensar que ocurrieron dos cosas.

Una, que Skipper había logrado encontrar a la castaña.

O dos… Pudo haber ocurrido lo peor.

Escuchó al otro lado de la calle como un auto frenaba rápidamente. Se acercó para ver que se trataba de un deportivo blanco. Los que salieron del automóvil la sorprendieron.

—… ¡North Wind!

Los aludidos se giraron al ser llamados. Eva abrió grandemente los ojos al reconocerla.

—… Tú eres…

La de cabellos dorados corrió hacia ellos, sintiendo cómo su corazón volvía a latir con normalidad.

La pesadilla había acabado.

Pero solo para ella.

Los del equipo del norte contemplaron el estado de la rubia. Su cabello estaba desordenado. Su piel estaba pálida, tenía marcas horribles al inicio de su cuello. Los ojos de Gia se llenaron de lágrimas y se dejó caer sentada al suelo, comenzando a llorar frenéticamente.

La rubia albina se acercó rápidamente a consolarla. Cuando apenas la rozó, notó la tensión de su cuerpo. Eva entrecerró los ojos.

—… Llamen al equipo del Sur. — Pidió suavemente, refiriéndose al grupo de Skipper. — Díganle que encontramos a una de las desaparecidas. Y que… tiene mucha información.

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Alex corrió por los pasillos del hospital, sintiendo su corazón en la garganta. Marty lo seguía a la par. Se detuvieron al ver que en la sala de espera estaban el grupo de Skipper y de Classified. El castaño desaceleró sus pasos.

Notó Eva y Kowalski no estaban allí.

—… Skipper.

El líder lo miró con una vacía expresión. Ambos pares de ojos azules se miraron fijamente. La confusión cruzó en el rostro de Alex. Skipper apartó sus ojos de él. El castaño logró apreciar una prenda ensangrentada en su mano.

—… ¿Eso es…?

— De Marlene.

Marty palideció y Alex contuvo el aliento.

—… ¿Qué?

— Encontramos a tu novia, hippie. — Apartó rápidamente el tema.

—… Lo-lo sé…— Tartamudeó, sintiendo sus ojos humedecerse. — Private me lo dijo…

Skipper asintió y siguió mirando la puerta, donde Kowalski y Eva revisaban a la joven de cabellos dorados, aunque no tuvieron que esperar mucho cuando ambos salieron.

Todos los miraron, expectantes.

Eva estaba más pálida de lo usual. Se le veía perturbada, por lo que decidió quedarse callada y dejarle el testimonio a su pareja.

—… Le hicimos todas las pruebas a Gia. — Comenzó quedamente el más alto. — Sin duda…— Su voz se entrecortó. — Fue abusada por… Muchos hombres. — Alex dejó escapar todo el aire contenido mientras las lágrimas caían de sus ojos. — Ella misma nos lo dijo. — Miró con gran tristeza al castaño, quien tenía los ojos fuertemente cerrados. Marty posó una mano en su hombro. —… También… Nos aseguramos que no contrajo ninguna enfermedad durante su… Cautiverio. Aunque… Lo que sufrió fue realmente traumático, lo está tomando con mucha madurez. — Comentó. — Solo esperemos que supere esto lo más pronto posible.

Alex perdió el equilibrio, aún aturdido por la noticia. Marty lo ayudó a sentarse.

—… Skipper. — El líder miró a su compañero. — Gia desea hablar contigo.

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Marlene sentía su cuerpo temblar de horror. Constantes lágrimas caían de su rostro y se estrellaban contra el suelo. Gloria tenía su rostro oculto entre sus manos.

Los perros habían agarrado a Nazli.

Ambas contemplaron con horror el cadáver de la pobre chica. Sufrió incontables mordidas, dejando su ropa teñida del líquido carmesí.

— Esto… Le pudo pasar a una de ustedes. — Comenzó Doris con frialdad.

Ambas castañas la miraron con desprecio.

— Me deben la vida. — Los ojos azules de la pelinegra eran un muro de hielo. — Porque si hubiese sido por Francis, ustedes ya estarían muertas. — Se cruzó de brazos. — Ahora váyanse. Deben prepararse. Que por querer escaparse, no significa que no tengan que trabajar.

—…

— ¡ANDANDO!

Ambas obedecieron, pero antes de que Marlene saliera, le dirigió una oscura mirada a la mujer que llamó alguna vez amiga.

—… ¿Sabes? Me alegro que Kowalski se haya olvidado de ti. — Comenzó con voz suave. — Hubiese sufrido mucho por tu culpa. Me alegro que haya encontrado a la mujer adecuada para él. — Le dijo entre dientes.

Dicho esto, la castaña se retiró, sin notar que había dejado el rostro de Doris empapado de lágrimas.

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— "No puedo soportarlo."

Marlene parecía una muñeca. Yacía en la cama con un extraño que se encargaba de acariciar sus muslos mientras la embestía con frenesí, pero ella no se movía.

— "Tienes que soportarlo."

No pudo evitar gemir de dolor cuando el hombre la obligó a ponerse de cuatro patas en la cama.

— "¿De qué sirve? Ya nadie…"

Sus piernas perdieron fuerza y se dejó caer, exhausta.

— "Ya nadie puede salvarme."

Los ojos de Marlene Otter se veían tan muertos como los de una bella muñeca.

—… ¿No crees lo mismo, Skipper…?— Susurró suavemente una vez que el sujeto se había saciado y había abandonado la habitación.

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Continuará…

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