Capítulo 59: El diario

Aproximadamente una hora antes de que el barco de Cervantes atracara en el puerto valenciano; Rock y su nuevo aliado, Alan, hablaban en el camarote que compartían.

- A ver, repasemos el plan. – sugirió Alan.

- Cuando Cervantes salga del barco, yo me meto en su camarote. Tú le sigues y si intenta volver lo distraes. – recitó Rock de memoria. – En el camarote, busco su diario y todo aquello que pueda ser de interés lo copio en un papel que llevaré conmigo.

- Bien. Intentaré que no te pille, pero si lo hace yo no he tenido nada que ver. Ha sido idea tuya, así que toda la responsabilidad será tuya también.

- De acuerdo.

- Espero que tengas razón y haya información en ese diario.

Cuando por fin llegaron a tierra, los tripulantes empezaron a desembarcar.

Vieron a una mujer que se aproximaba a curiosear, así que uno de ellos le preguntó a Cervantes:

- ¿Qué hacemos con esa mujer, capitán?

- Dejadla. – ordenó él. – Yo me encargaré personalmente de ella.

Sus hombres obedecieron y salieron del barco, dejando a Cervantes solo en cubierta.

Pero uno de ellos, Alan, se acercó a él.

- Capitán... – dijo.

- ¿Qué quieres?

- ¿No...no sale hoy del barco, capitán? – preguntó Alan extrañado.

- Tenemos visita. – contestó Cervantes señalando a la que se acercaba.

- Bueno, verá...creo que tenemos un problema en la bodega. – mintió Alan.

- ¿Un problema? – gritó el otro.

- Sí...uno de los barriles de pólvora ha sido agujereado. Supongo que habrá sido cosa de las ratas.

- Ahora no tengo tiempo para encargarme de eso. – elevó la voz Cervantes. – Hazlo tú. No dejes ni una sola de esas alimañas con vida.

- Pero yo...

- ¡Ahora! – ordenó el capitán.

Alan no tuvo más remedio que retirarse a la bodega, aunque sabía que no había ratas en ella.

Por su parte, Cervantes decidió esperar a ver qué hacía la mujer que estaba entrando en su barco.

Ella inspeccionó el navío a fondo, con Cervantes todo el rato a su lado. Él se había hecho invisible, pero era probable que ella estuviera notándolo. Por la expresión que ponía, estaba claro que sabía que algo en aquel lugar no era normal, aparte del hecho obvio de que el barco hubiese llegado a tierra sin tripulantes a bordo.

Al final, la mujer se dirigió hacia el camarote del propio Cervantes, donde él decidió que la encararía.

Pero allí se encontraba aún Rock, copiando la información del diario del capitán.

Había varias cosas de interés en el diario.

La más interesante, probablemente, era la afirmación de que Soul Calibur estaba camuflada para parecer un arma normal. Según el diario, Cervantes lo había descubierto al interrogar a un poderoso guerrero llamado Olcadan. Sin embargo, no pudo matarlo después de sacarle la información.

Uno de los objetivos de Cervantes era encontrar Soul Calibur y destruirla, para así hacer invencible a Soul Edge. El otro, encontrar esta última para hacerse con su enorme poder.

Otro dato interesante decía que un hombre que se decía inmortal buscaba ambas espadas para encontrar la muerte con su poder. En la esquina superior derecha de la página en la que Rock leyó esta información, había una pequeña anotación que decía: "¿Soul Edge?"

Rock supuso que Cervantes creía que quizá aquel hombre ya tuviera Soul Edge en su poder.

Estaba aún buscando información en el libro cuando oyó algo a sus espaldas. Vio que una mujer humana se acercaba hacia él, así que decidió soltar el diario apresuradamente sobre la cama y guardarse el papel en el que había copiado la información.

Iba a salir del camarote, pasando por al lado de ella, cuando vio que alguien más se aproximaba: ni más ni menos que Cervantes.

La mujer no podía verlo, pero el pirata sí, así que se ocultó detrás de la puerta antes de que Cervantes lo viera.

La chica entró y cogió el diario, pero aún no lo había abierto cuando Cervantes llegó y cerró la puerta del camarote de golpe, asustando a la mujer.

Afortunadamente, Rock estaba detrás de Cervantes, por lo que el capitán no lo veía. La otra sí que estaba mirando directamente hacia Rock, pero tampoco lo veía porque estaba hecho invisible.

Tampoco parecía que la mujer viera a Cervantes.

De repente, Cervantes dijo:

- ¿Quién eres y qué haces en mi barco?

Por la expresión de desconcierto de la chica, quedó claro que Cervantes también estaba oculto.

Tras unos segundos, ella respondió:

- Me llamo Isabella Valentine. ¿Y quién eres tú?

Cervantes se presentó e Isabella dio un respingo, lo que hizo creer a Rock que Cervantes ya se había mostrado ante ella.

El pirata apuntó a la chica a la cabeza con su pistola, y empezaron a dialogar.

Rock estaba horrorizado ante la idea de que su capitán lo descubriese si se daba la vuelta, pero tampoco podía salir del camarote sin hacer ruido, así que se quedó escuchando.

Lo que dijeron era bastante interesante. A partir de un portabebés con el nombre de Cervantes que Isabella traía consigo, acabaron por descubrir que era hija del pirata.

Cuando por fin finalizaron la conversación, Cervantes dijo que no podía permitir que nadie supiera que seguía vivo en forma de zombi, y que a pesar de no haber tenido nunca mujeres en su tripulación, aceptaría a Isabella en ella.

La volvió a apuntar a la cabeza dispuesto a matarla para convertirla en una de los suyos.

En ese momento, Rock supo que tenía que hacer algo.

Sin pensar en las consecuencias, se abalanzó sobre Cervantes.

Lo empujó en el preciso momento en que el capitán apretaba el gatillo, por lo que su disparo se desvió e impactó en el techo del camarote.

Isabella no se lo pensó y, sin preocuparse de qué o quién la había salvado, salió tan deprisa como pudo del barco.

Mientras tanto, Rock y Cervantes se enzarzaban en un combate cuerpo a cuerpo, ya que la pistola de este último había caído lejos de su alcance.

Rock era claramente superior en fuerzas a su capitán, ahora que ambos eran zombis, así que no le costó inmovilizarlo.

Poco después, Alan llegó también al camarote, alertado por el disparo que había escuchado desde la bodega.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó asombrado al ver el panorama.

Que tenemos nuevo capitán. – contestó Rock con una sonrisa en la cara, sin soltar a Cervantes.