Capítulo 64: En la posada

El viaje de Raphael estaba resultando largo y poco interesante, pero cuando estaba en tierras actualmente ucranianas ocurrió algo digno de ser contado.

Se había detenido a descansar en una posada (algo inusual, ya que gracias al poder de la Semilla Maligna apenas necesitaba descanso) cuando un hombre que estaba cerca de él en la barra le llamó la atención.

- Ese brillo en los ojos... – dijo con voz ronca el extraño. – Eres de los míos, ¿verdad?

Raphael miró a aquel hombre.

Era bastante viejo, sin llegar a ser un anciano. Tenía una cicatriz escalofriante en la mejilla y un parche en un ojo. En el otro, un brillo característico que demostraba que estaba poseído también por la Semilla Maligna.

- ¿De dónde eres, muchacho?

- De Rouen. – contestó Raphael. – En Francia.

- ¿Francia? – se sorprendió el hombre. – Eso no está precisamente cerca.

- Voy deprisa y no necesito descansar mucho.

- Lo sé, lo sé. – afirmó el hombre. – Pero aún así, ¿qué te ha traído hasta aquí?

- Instinto. – respondió el francés con una sonrisa.

- ¿Instinto? – preguntó el otro.

Hubo unos segundos de silencio, en los que tan sólo se escuchaba el ruido que hacía el camarero al limpiar una jarra.

- Ah, con que estás buscando la espada, ¿no? – comprendió el extraño.

- Eso no te incumbe. – espetó Raphael bebiendo de la cerveza que había pedido.

- Eso hacen todos los primeros meses de estar poseídos. Creen que tienen alguna manera de escapar del poder de la Semilla. Pero es inútil, chaval. Vuelve a casa. – aconsejó.

Raphael siguió bebiendo, ignorándolo.

- Yo también lo intenté y... – se señaló el parche en el ojo y la cicatriz de la cara. – No me fue bien.

- Yo no lo hago por mí. – aclaró Raphael.

- ¿No? – el extraño parecía sorprendido. - ¿Entonces?

Raphael esperó unos segundos antes de contestar:

- Se llama Amy.