Capítulo 67: La matanza de Astaroth
Maxi había visto guerreros temibles en su vida, pero ninguno como aquel.
Por los gritos y caras de terror de su tripulación, los demás debían de pensar lo mismo.
Entonces, se dio cuenta de algo. Yoshimitsu había desaparecido.
- Maxi, tenemos que salir de aquí. – exclamó uno de sus hombres.
- Luchar será inútil. – opinó otro.
Maxi miró hacia la salida. Era imposible que llegaran hasta allí sin que Astaroth los atrapara.
- No, no lograremos salir. Hay que luchar. – ordenó Maxi.
Pero sus hombres estaban demasiado asustados como para seguir sus órdenes.
Un par de ellos se dirigieron hacia la salida, corriendo desesperados.
- ¡No! ¡No lo hagais! – gritó Maxi en vano.
Como era de esperar, Astaroth les cortó el paso.
- ¿Vais a alguna parte? – preguntó el gigante entre risas.
En ese momento, levantó la pierna y los pateó como si fueran un par de muñecos.
Los dos hombres salieron volando a toda velocidad, hasta que se estamparon contra la pared que estaba en el lado opuesto de las ruinas.
El sonido que hicieron al impactar contra la roca fue tan desagradable que ni siquiera Maxi se atrevió a mirar.
Dos menos. La matanza sólo acababa de comenzar.
Astaroth empezó a acercarse a ellos, lentamente. La tripulación se agazapaba aterrorizada, mientras que Maxi se mantenía al frente.
- No me das miedo, monstruo.
- ¿No? – contestó Astaroth con tono burlón.
Le dio un fuerte puñetazo a la pared, haciendo que se desprendieran unas cuantas rocas.
Cogió la más grande, del tamaño de un niño humano, y la lanzó contra sus víctimas.
Maxi fue de los que consiguió agacharse y esquivar el lanzamiento, pero la roca se llevó por delante cerca de diez hombres. Ninguno de ellos sobrevivió al impacto.
Maxi maldijo a Yoshimitsu entre dientes, con los ojos empapados de furia y lágrimas, mientras veía como el gigante acababa poco a poco con su tripulación.
Durante unos minutos, no pudo hacer nada más que cerrar los ojos esperando su muerte, para evitar ver la sangre y los huesos de las personas que Astaroth despedazaba.
Los gritos de terror le atormentaban, pero sabía que no podía hacer nada.
De repente, oyó que alguien le gritaba:
- ¡Maxi! ¡La salida! ¡La tienes libre! ¡Corre, sálvate!
Maxi abrió los ojos. El que le gritaba era uno de sus súbditos más antiguos, hacia el que iba Astaroth. Efectivamente, la salida ahora era fácilmente alcanzable, ya que aquel hombre había conseguido apartar a Astaroth de ella lo suficiente. Teniendo en cuenta que el gigante no era precisamente de movimientos rápidos, no sería difícil escapar.
Maxi empezó a correr hacia allí, pero cuando estaba a punto de llegar, algo lo detuvo.
Un gemido tremendamente angustioso que provenía del lugar desde el que hacía un momento le había gritado su compañero.
Maxi miró hacia allí de nuevo y lo que vio le dio ganas de vomitar. El tripulante que le había aconsejado que escapara seguía allí, pero estaba tirado en el suelo, con los ojos en blanco y las tripas desgarradas.
Astaroth rió con crueldad.
Entonces Maxi se dio cuenta de algo. Era el único, aparte de Astaroth, que seguía con vida allí dentro.
El resto de sus hombres ya habían sido cruelmente asesinados por el gigante.
Durante un segundo, Maxi dudó si huir para salvar su vida o sacrificarse para intentar acabar con el asesino directo de su tripulación e indirecto de su hermano.
Pero ese segundo fue suficiente para Astaroth.
El monstruo cogió un pedazo pequeño de roca, del tamaño de un libro, y lo lanzó contra Maxi.
El pirata consiguió esquivarlo, pero impactó contra la pared que se hallaba detrás de él.
El golpe provocó que el muro empezara a desmoronarse, y varias rocas cayeron sobre las extremidades y el tronco de Maxi, inmovilizándolo.
Maxi sintió como se le cortaba la respiración. Intentó como pudo desembarazarse de las rocas.
Poco a poco lo iba consiguiendo, pero estaba dando tiempo a que Astaroth se acercara.
Cuando ya estaba prácticamente libre, el gigante llegó hasta él.
- Bueno, pequeña rata, es una lástima tener que acabar ya con esto...pero creo que merecerá la pena. – dijo sonriendo con maldad.
Levantó una pierna dispuesto a aplastarlo, pero en ese momento algo ocurrió.
Yoshimitsu apareció de un salto por detrás del gigante, como una exhalación, con su katana en alto.
El ninja consiguió llegar hasta la cabeza de Astaroth y le clavó su arma en la nuca, perforándole todo el cuello de atrás a adelante.
Pero no había calculado bien el momento de matar al gigante.
Como Astaroth tenía un pie en alto, perdió el equilibrio.
En lugar de caer hacia delante, como hubiera sido lógico teniendo en cuenta que lo habían atacado por la espalda, cayó hacia atrás.
La rapidez de Yoshimitsu no le fue suficiente para escapar a tiempo.
El enorme cuerpo del gigante cayó sobre el del ninja, aplastándolo.
Maxi cerró los ojos en el momento de la caída.
Tras unos segundos, en los que por fin pudo respirar tranquilo, acabó de quitarse las pocas rocas que quedaban encima de él y se levantó.
Por una parte, lo ocurrido allí había sido horrible. Por otra, debía sentirse afortunado: De todas las personas y seres que habían presenciado la matanza (Maxi, su tripulación, Yoshimitsu y Astaroth), sólo una había vivido para contarlo.
Maxi, el pirata de Ryukyu.
