Capítulo 68: La pesadilla definitiva
Talim estaba en un lugar oscuro y siniestro. Parecía encontrarse bajo tierra.
Estaba rodeada por varios hombres, aproximadamente unos treinta, que parecían tan confusos como ella.
De repente, todo retumbó. Hubo unos segundos de calma y ocurrió otra vez.
Se repitió varias veces lo mismo, hasta que finalmente algo ocurrió.
Un ser con apariencia humana, pero extremadamente grande y con la piel rojiza, descendió desde el exterior.
Talim se fijó, horrorizada, en que el corazón del gigante latía en el centro del pecho de éste y a la vista, no en el interior.
Iba a gritar cuando vio que el gigante llevaba una roca enorme en la mano. El monstruo rió y la lanzó hacia el lugar en el que se encontraba Talim.
Gracias a su pequeño tamaño y agilidad, consiguió esquivar el golpe, pero la enorme piedra se llevó por delante a muchos de los hombres que estaban con ella.
Fue horrible ver como la roca los aplastaba.
Volvió a mirar al gigante y entonces algo le llamó la atención. Un hombre enmascarado estaba montado sobre su cuello, con una katana en las manos.
El monstruo se acercó a ella. Talim permaneció inmóvil y, cuando el coloso ya estaba prácticamente delante de ella, el personaje que estaba encima de él le clavó la katana en el cuello.
El enorme ser dio un grito de dolor y se desplomó, hacia Talim.
La chica chilló con todas sus fuerzas mientras el cuerpo del gigante se abalanzaba sobre ella, y en ese momento despertó sudorosa en el molino en que vivía.
Una vez más había sido una pesadilla. Y una vez más había parecido tremendamente real.
Y lo peor era que esta vez no había presenciado una muerte o dos. Había visto morir a casi treinta personas.
Si estas pesadillas tenían una base real, no podía permitir que siguieran cumpliéndose.
Siendo sacerdotisa, era probable que tuviera poderes que aún desconocía, como el de soñar cosas que ocurrían en la realidad.
Decidió que era hora de hacer algo al respecto. Le dijo al mayor de los niños que cuidaba, que era sólo un par de años menor que ella, que se encargara de proteger a los demás en su ausencia.
El chico aceptó y ella le prometió que volvería con ellos.
Y finalmente, aunque aún sin rumbo definido, Talim abandonó el molino.
