Capítulo 69: Cruzando la frontera

Tras varias noches cabalgando y varios días caminando (a excepción de Olcadan, que volaba);

Mi-na, Yunsung y el hombre-búho alcanzaron por fin la frontera entre China y Corea.

Pero allí había algo desagradable esperándolos.

Había una especie de lo que en la actualidad se llamaría control policial. Varios hombres armados y con uniforme, montados también a caballo, vigilaban el paso.

En el momento en que llegaron era de día, por lo que Mi-na y Yunsung iban a pie sujetando los tres caballos y Olcadan volaba transformado en búho.

Mi-na parecía sorprendida por encontrar a esos hombres, mientras que Yunsung los miraba receloso.

Uno de ellos se acercó a los chicos y preguntó:

- ¿Quiénes son ustedes?

- Somos... – empezó Mi-na.

- ¡No! – cortó Yunsung. - ¿Por qué tenemos que identificarnos?

- Son órdenes del emperador de Ming. – respondió el soldado. – Nadie entrará ni saldrá del país sin ser identificado.

- ¿Qué? – se sorprendió Yunsung. - ¿Desde cuándo?

- Desde hace diez días.

- ¿Y a qué se debe? – inquirió Mi-na.

- Estamos buscando algo de vital importancia. Cualquier persona que pueda ayudarnos, deberá hacerlo.

Los chicos se quedaron callados, sorprendidos por la situación.

- ¿Sus nombres, por favor?

Yunsung suspiró y contestó.

- Yo me llamo Hong Yunsung. Ella es Seong Mi-na.

- ¿Por qué motivo visitan China?

- No creo que eso sea de su incumbencia. – replicó Yunsung insolente.

- Si no me lo dice, no podrán pasar.

- En realidad vamos a Nepal, pero tenemos que pasar por China para llegar. – declaró el joven.

- ¿Y para qué van a Nepal?

- Buscamos un lugar. – contestó Yunsung mosqueado. – Antes de que preguntes, es un templo.

Mi-na dirigió una mirada de reproche a Yunsung, advirtiéndole de que se estaba yendo de la lengua.

- ¿Un templo? – se sorprendió el interrogador. - ¿Uno de esos en los que se aprende a luchar?

- No. – dijo rápidamente Mi-na. – Es un templo religioso. Estamos peregrinando allí para rendir culto a nuestro dios.

El soldado se fijó en los caballos.

- ¿Por qué tienen tres caballos?

Mi-na no sabía qué responder pero, por suerte, Yunsung se le adelantó.

- Un amigo que viajaba con nosotros murió hace unos días. No podíamos abandonar su caballo. – dijo mirando a Mi-na, sabiendo cómo se preocupaba por los animales.

Ella sonrió.

El soldado los miró poco convencido, pero finalmente cedió.

- Está bien, pasad. Cuando vayais a cruzar la frontera con Nepal os encontrareis otro control, así que decid mi nombre para que os dejen pasar.

- ¿Cómo se llama? – preguntó Yunsung.

- Li Long.

Mi-na asintió y Li Long hizo una seña a sus compañeros para que les dejaran pasar.

Mi-na, Yunsung, los tres caballos y, por encima de sus cabezas, Olcadan, atravesaron la frontera y entraron en China.

Cuando se hubieron alejado, otro de los soldados se acercó a Li Long.

- ¿Crees que sabían algo de Soul Edge? – preguntó.

Li Long dudó unos segundos y finalmente contestó:

- No. No lo creo.