Capítulo 71: Esperanza
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Kilik a Xianghua mientras ambos se levantaban.
- No...no tengo ni idea. – respondió ella confusa, mirando la espada que hacía unos momentos, sin que ellos lo supieran, había sido Soul Calibur.
La recogió y Kilik cogió a su vez su vara.
Miraron alrededor, esperando ver cualquier rastro del encapuchado. No lo encontraron.
Estaban agotados. Tristes. Desanimados.
Pero sabían que debían continuar.
Se sentaron en el lugar en el que se encontraban para comer algo de fruta que recogieron y hablar de su siguiente paso. Habían perdido a su guía, así que no tenían ni idea de adónde ir.
- ¿Qué hacemos ahora? – dijo ella después de un largo silencio mientras comían. El chico parecía haber estado evitando hablar sobre todo lo que les había pasado, pero ya no podía hacerlo más.
- No lo sé. – contestó. – Creo que...lo primero que deberíamos hacer es...despedirnos del maestro.
La miró a los ojos como tantas otras veces, y ella supo a lo que se refería.
En que acabaron de comer, volvieron a ponerse en pie y, con paso lento pero firme, volvieron sobre sus pasos hacia el punto en el que habían dejado al maestro.
Cuando por fin llegaron junto al cadáver, ambos sintieron la misma sensación, mezcla de tristeza, rabia y ganas de vomitar.
Edge Master, que había sido para ellos como un padre las últimas semanas; yacía en el suelo boca arriba, con la piel ya blanca como la nieve, la mirada perdida y su propio tridente incrustado en el pecho.
El peso de los acontecimientos, más la imagen de su maestro muerto, pudo con Kilik.
El muchacho se acercó apesadumbrado al cuerpo y se dejó caer de rodillas a su lado.
Y entonces, lloró. Lloró con tanta angustia como sólo una vez antes había hecho: cuando se vio obligado a asesinar a Xianglian.
Y con sus lágrimas, cayeron sus esperanzas.
- ¡Es inútil! – gritó entre sollozos. - ¡Podemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para acabar con esa espada, pero siempre nos vencerá! ¿Para qué seguir luchando?
Su compañera de viaje se sintió muy desanimada al oír esas palabras de boca de Kilik, pero en lugar de venirse también abajo, decidió que era más sensato intentar animarlo.
Se acercó a él y posó una mano en uno de sus hombros.
- Lo siento mucho, Kilik. – dijo con voz muy dulce. - ¡Pero no podemos rendirnos! No ahora.
- ¿Ahora? Ahora es el momento idóneo para retirarse. No tenemos nada. No sabemos adónde ir. Sólo tenemos una espada minúscula y una vara inútil. – gruñó él resignado.
Ella se agachó para poner su cabeza a la altura de la de él y le rodeó el cuello con los brazos.
- Eso es mentira. – le susurró al oído. – Tenemos algo más.
- ¿Sí? – Kilik giró la cara para mirarla, con expresión de incredulidad. - ¿El qué?
- Yo te tengo a ti... – Xianghua se acercó al rostro de Kilik. Ya podía ver con claridad las lágrimas que resbalaban por su mejilla. - ...y tú me tienes a mí.
En ese momento, sus labios se encontraron.
Unos pocos segundos después, aunque a ellos les pareció una eternidad, se separaron.
Se miraron a los ojos de nuevo, pero esta vez no era como ninguna de las anteriores.
Acababan de aprender a decir "Te amo" con la mirada.
Kilik sonrió, y ella le devolvió la sonrisa.
Pero no durarían mucho sonriendo, ya que sus bocas pronto volverían a estar besándose.
De todos modos, lo importante, el objetivo de Xianghua, se había conseguido.
Kilik volvía a tener esperanza.
