Capítulo 73: Historias al lado de una hoguera

Kilik y Xianghua enterraron el cadáver del maestro cerca de donde había muerto, y con él, un capítulo de sus vidas

Cada palada que daban era como una puñalada, sobre todo para Kilik.

Pero sabían que debían hacerlo. Se lo debían.

Xianghua tuvo la idea de extraerle el tridente, limpiarlo y enterrarlo al lado de su dueño. Kilik aceptó.

Cuando el cuerpo ya descansaba en paz, y estaba por anochecer, Kilik y Xianghua se dispusieron a reunir leña para hacer una hoguera y acampar allí esa noche.

Sin Edge Master, tardaron bastante más que de costumbre en reunir las ramas necesarias.

Cuando al fin lograron apilar un montón suficiente, tuvieron que estar otro buen rato tratando de hacer fuego.

La hoguera estuvo lista cuando la noche ya era cerrada.

Los dos jóvenes se sentaron frente a ella, el uno al lado del otro, cogidos de la mano, y empezaron a hablar.

- ¿Estás bien? – preguntó la chica.

- Estoy contigo. – respondió él. – Ahora es todo lo que puedo pedir.

Xianghua sonrió y le dio un tierno beso en la mejilla.

- ¿Sabes? Estaba pensando que llevamos semanas caminando juntos y apenas sabemos nada sobre el pasado del otro. – puntualizó Xianghua. – Por ejemplo, ¿cómo llegaste al templo Ling-Sheng Su?

Kilik puso expresión seria y respondió:

- Ocurrió cuando murieron mis padres.

Xianghua inmediatamente se arrepintió y trató de cambiar de tema disculpándose.

Sin embargo, a Kilik no le molestaba hablar de ello.

- Tranquila. Apenas tendría 5 años. Tengo una vaga imagen de ellos en mi memoria, pero no mucho más.

- ¿Qué les pasó? – se atrevió a preguntar Xianghua.

- No lo recuerdo, pero el maestro me lo contó: Estaban de excursión por el monte en el que se encuentra el templo. Pero no contaban con que allí vivían animales salvajes y...uno de ellos los encontró. – contó Kilik con el semblante triste. – Por suerte, el maestro me encontró y salvó antes de que los depredadores también acabasen conmigo.

- ¿Te salvó la vida? – se sorprendió la otra.

- Sí. Y yo no he podido salvársela a él. – gruñó Kilik arrojando con furia un pedazo de una rama al fuego.

Xianghua no supo qué decir.

- Bueno, en realidad una vez sí lo hice. – prosiguió él. – Aunque ahora que está muerto igualmente, me pregunto si debería haberlo hecho.

- ¿Qué? ¿Por qué dices eso?

- Porque para salvarle la vida la otra vez...tuve que matar a la persona que más me importaba en este mundo. – dijo con un hilo de voz, mientras sus ojos empezaban a inundarse de lágrimas.

- ¿Qué pasó? – quiso saber Xianghua.

Kilik no respondió.

- Kilik, puedes contármelo. – afirmó ella poniendo una mano sobre su hombro. – Si quieres, claro.

- Fue Soul Edge...poseyó a todos los alumnos del templo...excepto a mí.

- ¿Por qué a ti no?

- Según el maestro, tengo una fuerza interior superior a la del resto. – rió a desgana, con ironía. – Qué suerte, ¿eh?

- Bueno, yo también perdí a mi madre cuando era pequeña. Estaba enferma, y yo tenía 7 años cuando murió. Y mi padre ya sabes cómo murió. – contó ella en compensación.

- ¿Nunca te ha pasado que, pensando, te has preguntado por qué siempre...?

- ¿Por qué siempre le pasan cosas malas a los que me rodean y no a mí? – terminó la pregunta la chica, adivinando los pensamientos de su novio. – Continuamente.

Kilik suspiró con melancolía, aunque sonrió, esta vez sinceramente, al ver que la forma de pensar de Xianghua era similar a la suya.

- ¿Pero sabes qué? – dijo ella con tono alegre. – Ahora estoy tranquila.

- ¿Sí? ¿Y eso por qué?

- Porque tú eres como yo...y de momento eres el único que me rodea. – contestó Xianghua sonriendo. – Y la verdad, no me importaría que siguiera siendo así durante mucho tiempo.

Kilik la miró a los ojos, sorprendido por la confesión de ella.

- Estoy segura... – afirmó Xianghua. - ...de que en que destruyamos esa espada, todo se acabará. Y podremos vivir felices...y juntos.

Kilik volvió a sonreír.

- Ojalá tengas razón.

Y la besó. La besó como lo que era: Lo único realmente importante que le quedaba.

La chica correspondió el beso y estuvieron hablando y dándose cariño hasta que cayeron en los brazos de Morfeo.