Capítulo 76: Volver a nacer
Maxi sentía que iba a morir.
Estaba realizando el viaje de vuelta por el desierto en el que se encontraban las ruinas del templo de Kunpaetku, pero esta vez lo estaba haciendo en solitario y con menos provisiones.
La única ventaja que tenía el estar solo era que podía desplazarse a mayor velocidad.
Habían pasado unos días cuando logró llegar al final del desierto, donde empezaban a aparecer viviendas y edificios.
Una vez hubo entrado en la civilización, sabedor de que sus fuerzas se agotaban y de que seguramente habría alguien por allí cerca, se dejó caer al suelo y quedó inconsciente.
...
Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue el oscuro cielo de la noche salpicado de estrellas.
No sabía cuánto tiempo llevaba sin conocimiento ni dónde estaba, pero seguro que alguien lo había movido, porque estaba mirando hacia arriba y cuando se desplomó lo hizo boca abajo.
Oyó unos murmullos cerca de él e hizo un esfuerzo por tratar de oír lo que decían.
- ¿Qué crees que le habrá pasado? – preguntó una voz femenina.
- Diría que viene de caminar por el desierto. Lo encontramos justo en la salida de la ciudad, deshidratado y con el cuerpo extremadamente caliente... - respondió un hombre joven. - ¿Cuándo le diste agua por última vez?
- Hace una hora. – contestó ella. - ¿Le doy más?
- Sí, será mejor. – afirmó el otro.
Maxi escuchó pasos que se acercaban hacia él, y pronto apareció ante su vista el rostro de una chica joven y guapa, que llevaba con ella una cantimplora llena de agua. Iba a darle a beber de ella cuando se percató de que estaba despierto.
- ¡Está despierto! – exclamó al darse cuenta. - ¡Ha abierto los ojos!
Un joven más o menos de la edad de ella se acercó a donde se encontraban.
- ¿Puedes oírnos? – preguntó a Maxi.
Maxi trató de decir algo, pero no tenía fuerzas.
- ¿Puedes hablar? – insistió el muchacho.
Maxi emitió un suspiro.
- Dale de beber. – ordenó a la chica.
Ella obedeció inmediatamente y el trago le sentó a Maxi como si fuera agua sacada del paraíso.
- Gracias... – acertó a susurrar.
- No hay de qué. – dijo ella sonriendo.
- ¿Cómo te llamas? – volvió a preguntar su acompañante.
- Ma...Maxi. – respondió, pero en un tono demasiado bajo como para que lo oyeran.
- ¿Qué?
- Déjalo ya, Kilik. – reprendió la chica. – Debe estar agotado. Cuando se recupere podrás preguntarle todo lo que quieras.
El tal Kilik suspiró resignado y asintió.
- Yo soy Xianghua, por cierto. – se presentó. – Estamos aquí para todo lo que necesites, ¿vale?
Maxi no tenía fuerzas para responder, pero sí logró sonreír. En los últimos días había evitado a la Muerte en más de una ocasión, y ahora por fin volvía a sentirse seguro. Sabía que no duraría mucho pero, aún así, sentía que acababa de volver a nacer.
