Capítulo 1

Edward se paseaba por su oficina furioso.

El día había sido un desastre. Aunque claro eso no era nada. Había sido un verdadero caos. Y ahora se estaba convirtiendo en el apocalipsis.

Primero por la mañana había comenzado por una taza de café quemado, ni siquiera sabía que algo así pudiera ser posible hasta que su asistente provisional le dio algo negro, aliente y aceitoso.

La había dado un pequeño sorbo y casi lo escupe sobre sus papeles de trabajo. Había revisado su teléfono para ver si tenía llamadas o mensajes importantes y se encontró con que el mismo periodista idiota que lo había estado molestando había consiguió su nuevo número de teléfono. ¡Era privado como el resto de su vida!

Edward valoraba mucho su intimidad. Tanto que evitaba a toda costa salir en público. Vamos hasta viajaba en avión privado. A su muy lujoso apartamento en la quinta avenida solo se podía acceder en ascensor privado. Su casa en el mar. En los Hamptons, estaba vallada y tenía un gran letrero que decía "no pasar".

"Edward Cullen el rey del misterio" se leían en los titulares publicitarios. Era multimillonario y eso parecía ser suficiente para estar detrás de el con cámaras.

Aunque también era un hombre que había llegado a lo más alto de una profesión en la que tener "palancas" significaba el éxito o de lo contrario el fracaso.

Y él no tenía nada de eso.

O sí, pero él no era del tipo que se llevaba en Wall Street. Ni tampoco quería hablar de eso. Lo único que respondía en las entrevistas era lo que se refería a la cara publica de la financiera Cullen, de como con mucho esfuerzo había llegado a convertirse en una empresa tan poderosa y como Edward había alcanzado tanto éxito a la edad de treinta y tres años.

Estaba realmente cansado de que le preguntaran eso que al final opto por dar una respuesta en su última entrevista:

-El éxito- dijo mirando a la conductora y hablando con seguridad y firmeza- es cuando la preparación se encuentra con la oportunidad.

La presentadora confundida había preguntado "¿eso es todo?" y él había contestado lo mismo con firmeza.

-esos es todo- antes de levantarse y pasar por delante de la cámara ante la mirada atónita de los presentes.

Aunque claro no había añadido que para lograr lo que él hizo no tenía que dejar que nada absolutamente nada se interpusiera en su camino.

Edward frunció el ceño y aparto la silla silla de cuero del enorme y lujoso escritorio do madera para dirigirse hasta el ventanal detrás de esta y sin ver en realidad nada se quedó ahí frente al enorme ventanal que daba al centro de Manhattan.

Volvió la vista a la cuidad y con ello al presente y de nueva a pensar en cómo demonios iba a mantener en firme eso primicia.

Debía de encontrar la manera de hacerlo.

Había aprendido la importancia de no permitir que nada se interpusiera entre un hombre y su objetivo años atrás, cuando apenas era un niño de siete años un menino da rua sucio y hambriento que vivía en las calles de rio de janeiro.

Recordaba el cómo robaba cartera a los transeúntes, de cuando buscaba y comía de los deshechos de los restaurantes, el cómo solía dormir en los callejones en las bancas de los parques. Aunque uno en realidad no puede dormir ya que estaba siempre alerta a cualquier sonido fuera de lugar.

Pero no toda su vida había sido así de pequeño. Antes de eso él tenía a su madre Elizabeth que era lo único que tenía.

Pero para su mala suerte una noche, su madre había llevado a un hombre a su alcoba y este al parecer no le pareció ya que lo miro con desprecio que tratada de hacerse invisible o como mínimo esconderse muy bien de la mirada de ese hombre, después de haberlo intentado y de que no diera resultado la mirada penetrante de ese hombre lo dejo en paz y se dirigió a su madre y le dijo que no pesaba tener sexo con una prostituta con su hijo mirando.

Después de eso su madre lo había tomado del brazo y lo había sacado cerrando la puerta detrás de él, dejándolo fuera de la casa.

Él había corrido hasta una de las casas que habían estado abandonadas y ahí se refugió de la tormenta que había empezado a azotar al peligroso vecindario.

Al día siguiente al regresar a casa su madre lo había tomado y lo llevo a las sucias calles de Copacabana alegando que quería que dieran un paseo por haber sido buen niño el día anterior, llegando a un parque lo sentó en una de las bancas y le dijo que fuera buen niño y lo dejo ahí.

No volvió a verla nunca más.

Edward había aprendido a sobrevivir en la peligrosa selva de cemento. A moverse continuamente y a correr cuando veía que aparecía la policía. Hasta que una noche el no pudo correr ya que estaba enfermo, casi delirante de temperatura y deshidratado tras haber vomitado todo lo que tenía en el estómago.

Y estaba atrapado y condenado.

Pero en realidad no era así.

Aquella noche su vida cambio para siempre.

Aquel día iba con la policía una trabajadora social la que en verdad le gustaba su trabajo llamada Esme Plantt. Se lo llevo a una sede que albergaba a una pequeña fundación donde pensaban en los niños de la calle como verdaderos seres humanos y no como otras que los trataban pero que a animales.

Allí le llenaron de antibióticos y con zumo de frutas y para cuando se sentía mejor y fue capaz de comer le dieron más alimentos de lo que le habían dado en toda su vida. Le bañaron, cortaron su cabello y lo vistieron con ropa que le quedaba grande pero que aun así lo mantenía caliente por las noches.

Edward no era tonto. Era mucho más inteligente de que el mismo había creído. Por el mismo había aprendido a leer y a escribir y aún más sorprendente se enseñó a hacer cuentas.

Devoraba los libros que le dejaban, ponía mucha atención en cómo se comportaban los demás y lo puso en práctica comportándose civilizadamente. Aprendió a hablar correctamente y recordaba que debía lavarse las manos y los dientes. A dar las gracias y a pedir las cosas por favor.

Y más aún aprendió a sonreír.

Y fue lo que más le costó trabajo. Sonreír no formaba parte de su personalidad ni de su pasado pero aun así lo logro y ahora era parte de su presente y su futuro.

Y así pasaron días meses hasta que una pareja norteamericana se pasó por ahí, hablaron con él un rato y lo adoptaron. Ahora tenía una familia.

Pero debió suponer que aquello no duraría.

Sus nuevos padres pensaban que los niños debían obedecer a sus padres sin rechistar y su padre adoptivo trato de enseñárselo a golpes y su madre adoptiva decía que era un poseído por el demonio y le exigía que pidiera misericordia de rodillas. Sin duda unos fanáticos religiosos.

Hasta que finalmente dijeron que nunca lograrían nada con él, rindiéndose de hacerlo a su gusto. Cuando cumplió diez años le llevaron a un enorme edifico gris y lo entregaron a servicios sociales.

Edward se la paso los siguientes ocho años yendo de una casa a otra.

Dos o tres estuvieron bien pero el resto… incluso ahora cerraba los puños con rabia al recordar todo lo que tuvo que pasar en aquellos lugares soportando todo junto con otros chicos que estaban en su misma situación.

El último lugar en el que estuvo fue tan horrible que la misma noche en que cumplió la mayoría de edad tomo las pocas cosas que tenía, las metió en una mochil vieja que tenía, se las hecho al hombro y se escapó de ahí.

Pero había aprendido la que sería la lección más grande de su vida.

Sabía que era lo que exactamente quería. Respeto. Solo eso. Pero lo significaba todo en una palabra. Pero también sabía que el respeto que se ganaba un hombre con poder y dinero y él quería las dos cosas.

Y para ello trabajo duramente, incluso recogió cosechas de Nueva Jersey durante el verano y realizo todo tipo de trabajos manuales que pudo durante el invierno. Consiguió el diploma de graduado escolar porque nunca había dejado de leer y la lectura llevaba al conocimiento.

Entro a una universidad pública, asistió a clase cuando estaba estaba casi muerto de cansancio y si se le añadían unos modales intachables, la ropa que cubría el cuerpo musculoso y esbelto en que se había convertido. El camino a la cima de pronto se hizo posible.

Más que posible. Era factible.

Y se hizo a la edad de treinta y tres años Edward Cullen lo tenía todo.

O casi pensó con ironía ya que aquel día resultaba ser aun peor y no podía culpar a nadie más que a sí mismo.

Se llenó de ira y volvió a recorrer la oficina. Era una mala señal. Él había aprendido contener sus emociones porque era necesario para el éxito. Pero no tan malo como no captar el hecho de que su actual amante estaba viendo de forma realística lo que ella llamaba "la relación"

Para Edward no había sido más que una aventura.

Aunque fuera lo que fuera ahora era un gran desastre. Iba a perder la oportunidad de comprar la empresa de Mike Newton, valorada en veinte mil millones de dólares. Todo el mundo quería comprar los activos de Newton, pero Edward más que nadie. Agregarlos a su inmenso imperio haría que todo su trabajo diera resultados.

Semanas atrás Newton había anunciado que iba a vender sus acciones y que iba a ir a New York. No le envió cartas de propuesta. No lo llamo por teléfono. Mas lo único que hizo fue mandarle una caja de puros habanos. Por qué el ruso salía en cada foto con un puro en las manos, y una tarjeta de visita donde solo había escrito: cena en el hotel Palace de New York el próximo sábado las ocho.

Newton había mordido el anzuelo.

Habían disfrutado de una agradable cena en un reservado.

Más no hablaron de negocios. Edward sabía que Newton le estaba poniendo a prueba. Comía y bebía abundantemente mientras que el comía con calma casi lentitud y las copas le duraban mucho. Al final de la velada el ruso palmeo el hombro de Edward y le invito a Moscú.

Ahora tras interminables viajes de ida y regreso y arduas negociaciones a través de traductores ya que el ruso apenas y hablaba inglés, Newton estaba de vuelta en New York.

-comeremos juntos de nuevo, con una botella de vodka y después te hare el hombre más feliz.

Solo había un muy grande problema. Newton llevaría a su esposa. Jessica Newton se había unido ellos la última vez que había estado en Moscú. Tenía un rostro bello aunque en gran parte por que estaba alterado quirúrgicamente. Se arreglaba más de la cuenta y sobre todo hablaba inglés con fluidez. Y aquella noche había suido traductora de su marido.

Y también le había puesto una mano en el regazo debajo del dobladillo del mantel de mesa. Además le había sonreído con coquetería cuando lo hizo.

Edward no supo como pero se quitos las manos de encima de esa mujer y sobrevivió a la velada. Y el traductor que él había contratado para esa noche no se dio cuenta de nada y Newton tampoco.

Y ahora el ruso iba a volver a llevar a su mujer aquella noche.

El único escape que tenía ahora era llevar a su amante en turno…

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Primer capítulo de la historia chicas, dedicado muy especialmente a rumpelsinki que fue la primera que envió review ¡espero que te guste!

También gradezco a todas las demás que pusieron esta historia entre sus alertas y favoritos. Muchas gracias.

¡Y FELIZ DIA DE LAS MADRES!

Nos vemos en el próximo capítulo.

17bedwa

Xoxo