Capítulo 82: Una herida poco dolorosa

Una vez Maxi estuvo completamente recuperado, les contó su historia a Kilik y Xianghua, y ellos le contaron a él la suya.

No tardaron en descubrir que su objetivo era el mismo, así que prosiguieron juntos su viaje. Y tampoco tardaron en darse cuenta de que no tenían ni idea de adónde ir.

Kilik y Maxi se llevaban estupendamente. Tenían muchas cosas en común, como que eran muy orgullosos con otros hombres y muy respetuosos con las mujeres.

Raro era el día que no luchaban entre sí para entrenar, mientras Xianghua los observaba entretenida.

Ya que no tenían rumbo fijo, iban a paso relajado, y no avanzaban más de diez kilómetros al día.

Por primera vez desde la muerte del Edge Master, Kilik y Xianghua habían conseguido olvidar sus penurias y volver a ser más o menos felices. Algo similar ocurría con Maxi, que recientemente había perdido a su hermano y toda su tripulación.

Sin embargo, no todo podía ser bueno.

Había algo "malo" en que Maxi se hubiera unido a la pareja. Y es que otro de los rasgos que tenía en común con Kilik era su buen gusto respecto al sexo femenino, y no tardó en fijarse en la belleza de Xianghua.

Por suerte, decidió disimularlo y no intentar nada, pues veía a los otros dos muy felices y no se veía con derecho a romper esa felicidad. Aunque claro, ella era tan guapa...pero era mejor alejar ese pensamiento de su cabeza.

Lo cierto es que Maxi también era apuesto, y probablemente Xianghua se hubiera fijado en él de no ser porque ya tenía a su novio con ella.

Todo iba con normalidad hasta que, cierto día, ocurrió un accidente.

...

Una tarde, mientras Kilik y Maxi combatían y Xianghua los observaba, como de costumbre, el nepalí midió mal un golpe y le hizo al pirata una herida profunda en un costado.

Maxi cayó al suelo dolorido, sangrando, y Kilik enseguida soltó su vara y se agachó a ayudarlo.

- ¡Lo siento! – se excusó enseguida. - ¡No pretendía hacerte daño!

- ¡Aagh! – se quejó el japonés. – Lo sé, no importa.

- ¿Dónde te he dado?

- Debajo de las costillas. Creo que estoy sangrando. – contestó el otro haciendo una mueca de dolor, pero intentando no protestar.

- Xianghua, ayúdame a quitarle la camiseta.

Entre los dos lograron despojar a Maxi de su camiseta, dejando a la vista su musculoso torso, lleno de cicatrices y con una herida profunda en el punto en el que Kilik lo había golpeado.

- Tiene mal aspecto. – opinó Kilik evaluando la herida, arrodillado.

- Te aseguro que desde aquí tiene aún peor pinta. – comentó el herido.

- Xianghua... – llamó Kilik. - ¿Sabrías volver hasta el pueblo sola?

- Eh... – dudó ella. – No...no sé.

Kilik suspiró resignado.

- Está bien, iré yo. Cuida de él. – ordenó.

- Claro. – accedió Xianghua.

Kilik se levantó para marcharse.

- ¡Kilik! – llamó Xianghua.

- ¿Sí?

- No tardes, por favor. – pidió la chica.

- Tranquila. Correré lo más rápido que pueda. No podemos arriesgarnos a perder tiempo, quizá la herida sea más grave de lo que pensamos.

Xianghua bajó la cabeza, pues Kilik no había entendido el porqué de su petición.

- Espero estar aquí en dos horas, más o menos. – calculó Kilik. – Hasta ahora.

Y sin más dilación, salió corriendo por el camino por donde habían venido.

Xianghua miró a Kilik correr hasta que se perdió de vista. Maxi gruñó de dolor.

La chica se agachó para atenderle.

- ¿Te duele mucho? – preguntó.

Maxi sonrió.

- Bastante, sí. – aseguró. – Pero créeme, he tenido heridas peores.

- ¿Cómo cuál? – se interesó la china.

- En un combate naval, recibí una puñalada en una pierna. – relató Maxi. – Por suerte, teníamos un buen médico a bordo, o habría muerto.

- ¿Tan grave fue?

- No, me refiero a que ÉL habría muerto. Me hubiera levantado y lo hubiera tirado por la borda por incompetente.

Ambos rieron, aunque Xianghua tenía las tripas algo revueltas.

- Oye, creo que deberías limpiarme la herida. – sugirió Maxi. – Estando aquí al aire libre podría infectarse.

- Tienes razón. – reconoció la chica.

Xianghua se levantó y se dirigió a las provisiones, de donde sacó la cantimplora que usó con Maxi.

Se acercó a Maxi de nuevo.

- ¿Con qué aplico el agua?

- ¿No tenemos nada que esté hecho con un tejido suave?

- No. – se lamentó ella. – Lo único que está hecho de tejido son las bolsas, y son muy ásperas.

- Vaya...

- Espera, tengo una idea. – exclamó.

- ¿Cuál?

Xianghua agarró su camiseta por el borde inferior e hizo amago de quitársela, pero Maxi se apresuró a indicarle con la mano que parara.

- ¡Ey, ey! No es necesario.

- ¿Qué pasa? Es de tejido fino, y no tenemos otra cosa. – explicó. – Además, no hace mucho frío.

- Pero...¿qué diría Kilik?

- Diría que tendrías que hacerte heridas más a menudo. – respondió ella con tono burlón.

Los dos rieron otra vez.

- ¡Lo digo en serio! – aclaró la chica. - ¡Venga, no me importa!

- Si insistes...

La chica se quitó la prenda, quedando la parte superior de su cuerpo cubierta únicamente por la ropa interior.

Maxi hizo lo humanamente posible por no mirar, pero en cuanto notó la mojada camiseta de Xianghua esparciendo agua por su herida, no pudo evitar desviar la vista hacia ella.

- Puedes mirar, tranquilo. Yo a ti también te estoy viendo.

- Pero...no es lo mismo.

- ¿Por qué? – quiso saber la chica, que lo miró a los ojos con curiosidad.

En ese momento, mientras se miraban a los ojos, Maxi se planteó confesarle lo que sentía por ella. Esa era la razón por la que no era lo mismo, ya que ella no se sentía atraída por él, pero sí ocurría a la inversa.

Sin embargo, la cordura se impuso en la cabeza de Maxi y él sólo respondió:

- Déjalo.

La chica no insistió y continuó limpiándole la herida. Al acabar, dejó la camiseta secándose unos minutos y después volvió a ponérsela.

Tres horas más tarde (para la desesperación de Maxi y Xianghua), Kilik regresó acompañado de un médico, que a su vez llevaba una bolsa con medicinas.

El doctor estuvo tratando la herida de Maxi varios minutos. Finalmente, decretó que si guardaba reposo unas horas estaría como nuevo.

El médico emprendió el camino de regreso al pueblo y los tres amigos pasaron la noche allí.

Al día siguiente se pusieron en marcha sin más inconvenientes.