Capítulo 83: Visita al emperador de Ming

Todo el mundo dormía en el palacio imperial de Ming.

Incluido el emperador que, una noche más, se había acostado sin recibir noticias acerca del paradero de Soul Edge, la espada que llevaba meses buscando.

El emperador Ming era un hombre muy viejo. Llevaba décadas en el poder.

Antes era un hombre sabio y justo, respetado tanto dentro como fuera de su imperio.

Pero poco a poco, el poder fue corrompiéndolo, y ahora era un hombre despiadado y sin escrúpulos que haría cualquier cosa por conseguir más poder o riqueza.

Ya había hecho ejecutar a varios de sus soldados por su incompetencia. Hacía poco había descubierto que había un traidor entre sus filas, y cuando descubrió que se trataba de Chai Zhang, ordenó su asesinato sin importarle los años que llevaba a su servicio ni que dejara una hija huérfana.

Esa noche, sería especial para él.

Estaba durmiendo solo en su amplia cama (nunca se había casado) cuando notó como alguien le tapaba la boca.

Eso le hizo despertar y, aunque intentó gritar, la mano que le cubría la boca se lo impedía.

- No grite. – ordenó una siniestra voz con calma. – Sólo he venido a ayudarle.

El emperador emitió un sonido de protesta.

- Si me promete que no gritará le soltaré. ¿Lo promete?

El emperador asintió con nerviosismo.

Su agresor lo soltó y por fin pudo girarse para mirarlo, aunque fuera en la oscuridad.

Sin embargo, aunque hubieran estado en un desierto a pleno día, no habría podido verle la cara: Iba encapuchado.

- ¿Quién es usted? ¿Cómo se atreve…?

- Eso no importa. Lo que importa es que sé que está buscando Soul Edge, y puedo ayudarle.

- ¿Qué? ¿Cómo podría? ¿Sabe dónde está Soul Edge?

- No, pero tengo una pista. Alguien la dejó para mí, pero no sé interpretarla. Seguro que usted o alguno de sus soldados sabe.

- ¿Y qué pista es esa?

El encapuchado sacó de sus ropas una pequeña caja cerrada.

- Está aquí.

El emperador miró la caja con recelo.

- ¿Cómo ha conseguido evitar a mis guardias? – preguntó cambiando de tema, desconfiado.

El encapuchado sonrió, aunque su interlocutor no pudo verlo.

- De la misma forma que lo haré al salir de aquí.

- ¿Cómo? – insistió el otro.

- Por allí. – indicó el encapuchado señalando a la pared detrás de la cama del emperador.

El emperador giró la cabeza para mirar, pero no había nada raro.

- Allí no hay... – pero se detuvo, pues cuando volvió la cabeza para responder, el encapuchado había desaparecido.

El emperador echó un vistazo por toda la habitación, pero no vio nada.

Rápidamente, se levantó y abrió la puerta para hablar a los guardias que custodiaban el cuarto.

- ¡Guardias! ¡No sé cómo, pero un hombre encapuchado se ha colado en mi alcoba y ha escapado!

Los dos soldados que allí se encontraban se miraron confusos.

- ¡Encontradlo!

- ¿Y qué hacemos con él?

- ¿Vosotros qué creeis? – preguntó con ironía el emperador, dando a entender que debían matarlo.

- A la orden.

Los guardias se marcharon con rapidez.

El emperador cerró la puerta y volvió a su cama, donde aún estaba la cajita que había dejado el encapuchado.

La miró por fuera durante unos segundos, y como no vio nada destacable, decidió abrirla.

Nada más abrirla, un extraño polvo blanco salió humeando de su interior.

A la mañana siguiente, los guardias encontraron el cuerpo inerte del emperador tirado en el suelo y, a su lado, una cajita vacía.

Sin embargo, cuando registraron la caja más a fondo, lograron encontrar un mensaje dentro, escrito en su fondo, que decía lo siguiente:

"Aquel que siga tras la pista de Soul Edge, pronto hará compañía al emperador"