Chapter 4
Edward volvió a casa, se ducho y se cambió la incómoda ropa de oficina por otra igual de incomoda. Camisa blanca, corbata azul y traje gris. Relajado pero al mismo tiempo formal. Hora lo único que le faltaba hacer era respirar hondo, rogar al cielo que todo saliera bien y calmarse todo lo que pueda.
El hotel estaba entre la Quince y Madison y él vivía en la Quinta Avenida, a solo un par de manzanas de ahí no llevaría el coche ya que resultaría ridículo además de que como lo sabía cualquier neoyorquino, caminando era la forma más rápida de cubrir cualquier distancia.
Además ir caminando le daría la oportunidad de tener más tiempo para pensar y para calmar su furia. Estaba que se lo llevaba el demonio, pero aun así el solo era responsable de todo lo que le estaba sucediendo. Había cometido el enorme error de no darse cuenta de que Heidi estaba haciendo todo lo posible para que su aventura fuera más haya.
El lujoso y elegante hotel estaba abarrotado. Edward encontró un lugar relativamente despejado que le ofrecía una buena vista a la entrada y luego consulto su reloj. Eran las siete cuarenta y cinco. Por si a Tania Denaly se la había ocurrido llegar antes miro a su alrededor en busca de una mujer de unos veinte y pocos años, alta de cabello rubio tan como la había descrito Erick Yorkie.
-su cuerpo no se le pasara inadvertido- le había dicho por teléfono hacia una hora cuando lo llamo para darle una descripción.- es una auténtica muñeca y esta como si hubiera estado hecha para la acción. Usted me entiendo.
Edward apretó los labios. No le gustaba el tono cada vez más zalamero de Yorkie y además de todo no le interesaba que tipo de relación llevara con ella que a decir verdad parecía muy íntimo. No le interesaba siempre y cuando tuviera un aspecto adecuado y que se hiciera pasar por su pareja además de que hablara ruso, de ahí se sentiría satisfecho.
Al ver alrededor se dio cuenta de que había muchas mujeres en el vestíbulo y que la mitad de ellas calzaban con la descripción que le habían dado, pero no estaban solas. Edward volvió a fruncir el ceño al volver a consultar su reloj y darse cuenta de que eran las ocho menos cinco minutos, sintió como se le tensaba la mandíbula. Una cosa era que los Newton dijeran que iban a llegar tarde y otra muy distinta el consentir que ella llegara tarde.
De pronto una mujer entro al vestíbulo. Estaba sola. Edward sintió una llama de esperanza hasta que se dio cuenta de que no podía ser la mujer que esperaba, esa mujer era todo lo contrario a como la habían descrito. Tenía el cabello castaño claro hasta la cintura y unos ojos que desde su posición podría decir que eran oscuros y no los azul profundo que le habían dicho.
Ella era simplemente perfecta, era un poco pequeña, no debía medir más de un metro setenta pero aun así seguía siéndolo.
Edward torció el gesto. Estaba ahí para cerrar un importante acuerdo millonario. Además pasaría mucho tiempo para que reconsiderase volver a salir con alguna otra mujer. El asunto de Heidi le había dejado un muy mal sabor de boca.
Alzo de nuevo la vista hacia esa impresionante mujer a pesar de sus pensamientos, solo para encontrarse con que ella también lo miraba fijamente. Sus miradas solo se cruzaron un instante pero Edward sintió algo parecido a un nudo en el estómago para nada desagradable. Edward dio un paso adelante pero ella aparto la vista.
Edward se pasó la mano por su cobrizo cabello y volvió a mirar la hora. Era la hora en punto. Su mente rápidamente maquino. Podía llamar a la suite de los Newton, fingir una enfermedad repentina. Rápidamente deshecho esa idea. Ese era el camino fácil, además que él quería dejar las cosas arregladas aquella noche.
Lo que iba a hacer era ir a cenar con los Newton solo, dejar que Jessica Newton hiciera de traductora e ignorar su mano en su regazo y…
-disculpe, señor…
-¿sí?- gruño Edward dándose la vuelta para ver a quien le había tocado el hombro.
Entonces, en ese instante se arrepintió del tono de voz que había empleado. La hermosa e impresionante castaña con los ojos, que ahora podía ver eran de un hermoso color chocolate, estaba frente a él.
De cerca era aún más adorable de lo que le pareció de lejos.
Era una mujer al acecho. Había muchas en Nueva York, pero no estaba interesado. Nunca había pagado por tener relaciones sexuales y nunca lo haría, aunque eso significase no tener a ese manjar de mujer que tenía delante.
-yo… me preguntaba… si usted…si usted…
-no.
Ella dio un respingo y palideció. Edward sintió una punzada de culpabilidad y de algo más que no identifico. Pero lo ignoro.
-mire, usted es muy guapa-"impresionante diría yo" pensó ara sus adentros- me halaga que quiera tomar una copa conmigo, o cenar, o lo que sea…
-no-le interrumpió ella.- no es eso lo que…
-he quedado con alguien. ¿De acuerdo? Es un asunto de negocios. Así que su tiempo ha terminado. Buenas noches.
Aquellos bonitos ojos achocolatados lo miraron con frialdad.
-tienen usted un muy interesante concepto de usted mismo ¿verdad?
Edward alzo las cejas.
-eh, yo no soy quien…
-yo no estoy interesada en ninguna copa, ni una cena- la mujer se puso recta- de hecho preferiría tomar algo con Bob Esponja antes de con un ególatra y majadero como usted.
Edward parpadeo sorprendido y rio a pesar suyo.
-tiene mucha razón. Mis más sinceras disculpas. Estoy de mal humor pero no tengo por qué cargarlo con usted. ¿Tregua?- pregunto levantando la mano.
Ella vacilo. Pero después sus apetecibles labios se curvaron en una muy bonita sonrisa. Le estrecho la mano y Edward sintió como una corriente eléctrica.
-tregua.
Edward sonrió.
-bien, mire de verdad este es un mal momento. ¿Por qué no le dejo mi numero? Me llama mañana. – Lo pensó mejor y una gran sonrisa se instaló en su rostro- o mejor aún deme su número telefónico…
La castaña retiro la mano.
-no me está escuchando.- su voz volvía a ser fría.- no estoy ligando con usted. También estoy aquí por un asunto de negocios. Tengo que encontrarme con un hombre. Igual que usted.
-¿qué aspecto tiene ese hombre?
-ese es el problema, no lo sé. Supongo que mediana edad. Debe ser feo y gordo y…. ¿Por qué me mira así?
-¿Cómo se llama ese tipo?
-no creo que sea asunto suyo- dijo levantando la barbilla.
-¿será por pura casualidad… solo por casualidad Edward Cullen?
Ella abrió lo boca.
-oh por Dios… oh por Dios…
Edward sonrió divertido.
-no me diga… usted es ¿Tania Denaly?
-usted tiene razón.- dijo recuperando la compostura- no puedo serlo pero lo soy.
¿Él era Edward? ¿Ese tipo alto y de cabello cobrizo totalmente espectacular? Se había fijado en el desde que había entrado al hotel. Y no había sido la única que reparaba en él.
Todas las mujeres del vestíbulo tenían un ojo pegado a él. Unas discretas y otras descaradas pero al fin y al cabo miradas. Pero quien no, era el hombre más guapo de ahí y lo mejor era que estaba solo mirando a la puerta. Esperando a alguien.
Isabella se dio cuenta de que aquel hombre tenía la vista clavada en ella. El corazón le dio un vuelco y sintió una oleada de calor en el vientre. Así se había sentido desde que había salido de su departamento. El tener que vestirse y asumir la identidad de otra mujer y hacerse pasar por novia de un hombre…
-tendrías que haber estado aquí desde hace veinte minutos- espeto el un tanto molesto.
-lo sé. Y lo siento, pero el trafico…
-hubiera preferido tener un poco más de tiempo para que pudiéramos conocernos mejor y tener una estrategia…
A decir verdad Isabella ya le conocía un poco. No era rico, era inmensamente rico. No era guapo, sino impresionantemente guapísimo. Encantador cuando lo quería y frío cuando lo necesitaba.
Y era el tipo de hombre que le gusta a su madre. Aunque no tan ricos.
Pero si con demasiado dinero, demasiado poder y demasiada… arrogancia.
Bella nunca lo había entendido. Reneé su madre, era muy lógica e inteligente en todo. Tenía que serlo para poder criar a una hija sola sin dinero. Pero se enamoraba una y otra vez del mismo tipo de hombre. Lo único bueno que había salido de aquellas relaciones era que ella había aprendido de los errores. Evitaba a los chicos iguales en el colegio.
Entonces ¿qué hacía ahí? No podía seguir adelante con eso. No podía fingir que era la novia de Edward Cullen, ni de nadie más en un ambiente como aquel.
-señor Cullen- lo llamo rápidamente.- creo que he cometido un error.
-estoy de acuerdo. Pero las personas con las que he quedado aun no aparecen por lo que creo que tenemos tiempo…
-no debería estar aquí. No soy… no lo voy a hacer bien.
-lo harás estupendamente.
Tenía un tono desesperado. ¿Cómo podía un hombre así estar desesperado? Solo faltaba que tronara los dedos para que todas las mujeres de ahí hicieran lo que quisiera. Vale, tenía que traducir. Eso sí podía hacerlo, pero no podía hacerse pasar por su novia.
-puedo traducir esta noche. Pero lo demás…
-lo demás es la parte más importante de esto.
Isabella frunció el ceño.
-¿Por qué es más importante, que me haga pasar por su novia?
-no solo eso- el apretó los labios-. Mi amante. Tenemos que dar un sentimiento de intimidad, Tania. ¿Lo entiendes?
Isabella parpadeo. De acuerdo, su nombre aquella noche era Tania.
-pero ¿Por qué?- insistió ella.- esto es una cena de negocios…
Para su sorpresa, las mejillas de Edward se tiñeron rojo.
-bueno, el hombre con el que tengo que cerrara el negocio tiene una esposa. Esa mujer es por decirlo así… muy segura de sí mima. Agresiva, digamos. Cundo quiere algo, va por ello. – su sonrojo se hizo más profundo.
-¿v por usted?
-se podría decir que si- reconoció.-por eso cuento con tu presencia para evitarlo.
Ella trago saliva.
-señor Cullen…
-Edward.
-Edward no puedo… no hay forma de que yo…
-¡diablos!- miro por encima de ella, quiso voltearse pero la mano de Edward en su hombro lo evito.
-¿qué ocurre?
-no. Sigue mirándome. Son los Newton, la pareja con la que hemos quedado. Vienen hacia aquí.
-esto no está bien, señor Cullen.
-por todos los cielos, llámame Edward. ¡Edward! Los amantes no se tratan de usted.
-pero yo no soy tu amante, y no quiero que nadie piense que…
-¡Edward!
Una mano regordeta le dio una palmada en el hombro a Edward. El dueño de la mano también era regordete, pensó Isabella. Tenía los ojos pequeños, la nariz grande y una sonrisa de oreja a oreja.
-Mike.-le saludo Edward-. Me alegro de volver a verte.
Mike Newton dirigió la vista hacia Isabella.
-ah, esta es tu mujer.
-no.-contesto Isabella-. Yo soy…
-sí.-la atajo Edward con una risotada que no tenía ninguna presión de sus dedos sobre su piel cuando la atrajo hacia él, agarrándola de la cintura.-pero es una de esas mujeres liberadas, Mike, ya sabes. Le enfada cundo la llaman "mi mujer". –Miro a Isabella-. ¿No es así, cariño?
¿Había una nota de desesperación en la voz de Edward? ¿Un brillo de agobio en sus ojos verdes? Bien, él solito se había metido en esto.
-¡Edward!
Una mujer salió por detrás de la abultada figura de Mike. Basto solo una mirada para que Isabela se diera cuenta de todo. Jessica Newton era espectacular. Claro espectacularmente quirúrgica. Pero sin lugar a dudas era una leona rondando a Edward.
-Edward cariño, que alegría volver a verte.
-Jessica- Edward apretó con ms fuerza a Isabella contra él.- me gustaría presentarte a mi…
-¿Cómo estás?- interrumpió la gata sin apartar los ojos de él.
Sonriendo y batiendo las pestañas, se hacer a él. Rozando sus senos contra Edward.
-un beso cariño. Ya sabes que así es como los rusos saludamos a los viejos amigos.- sonriendo se puso de pintillas y rodeo el cuerpo de Edward con los brazos.
Edward protesto sutilmente, pero dio lo mismo. No iba a detenerse ante nada. O si, pensó Isabella antes de clavarle el tacón de lleno en el pie a Jessica.
La rusa grito y dio un paso atrás. Isabella le dirigió una mirada de perversa inocencia.
-Dios mío, ¿te pise? ¡Cuánto lo lamento!- Isabella ocupo el lugar que Jessica dejo libre y la miro.
Deseo haber llevado una cámara, la expresión de la "gata", valía oro. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reír.
-Edward, cielo; estoy encantada de conocer a tus amigos, pero ¿qué hay de la cena?- sin dejar de sonreír, se acercó todavía más a Edward.- estoy muerta de hambre, amor.
Isabella observo como una gama de emociones le inundaron la mirada a Edward cuando la sorpresa dio paso a la alegría… y luego a algo más oscuro y mucho más peligroso. Edward la estrecho entre sus brazos. Ella le puso los brazos sobre el pecho, sintiendo los latidos del corazón de Edward.
-Sí-. Susurro él.- yo también tengo hambre.
No estaba hablando de comida, eso era más que claro. Isabella sintió que su corazón le daba un vuelco. ¿En qué omento Edward había vuelto a tener el control del juego?
-señor Cullen- dijo ella.- quiero decir Edward…
Ella se sonrojo ante su metida de pata.
-Aquí no cariño, sabes que solo jugamos a los roles cuando estamos solos…- le murmuro el lo suficientemente alto para que sus acompañantes lo escucharan.
-lo siento.- dijo ella.
Él se rio, inclino la cabeza y de un momento a otro tomo posesión de sus labios bien formados entre los suyos…
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Anel17bedwa
