Capítulo 84: Tres historias

Mi-na, Yunsung y Olcadan llegaron a un pequeño pueblo nepalí, donde esperaban encontrar información sobre el templo Ling-Sheng Su, hacia donde se dirigían.

Preguntaron a prácticamente todo el que encontraron, pero nadie sabía nada.

Sin embargo, un transeúnte pudo decirles algo de valor:

- Yo que ustedes iría a buscar al médico del pueblo. Es un hombre culto, seguro que sabe algo sobre el templo ése. – aconsejó.

- ¿Dónde podríamos encontrarlo? – quiso saber Yunsung.

- Vive en una casa a las afueras del pueblo. Recibe allí mismo a sus pacientes, y no le gusta que le interrumpan en su trabajo, así que es preferible que no vayan a esta hora, porque seguramente estará atendiendo a alguien.

Siguiendo el consejo del ciudadano; Mi-na, Yunsung y Olcadan decidieron esperar a que empezara a oscurecer, hora a la que probablemente el doctor tendría menos visitas.

Mientras esperaban, se separaron para curiosear por el pueblo, acordando en reunirse en la plaza central al anochecer.

Mi-na entró en una costurería para mirar vestidos (llevaba meses usando solo tres mudas de ropa diferentes), pero por desgracia no tenía dinero para comprar nada.

Olcadan, como era de día, estaba transformado en búho, así que decidió sobrevolar la zona por si encontraba algo de interés. Lo cierto es que no tuvo suerte, pues lo más interesante que vio fue un rebaño de ovejas pastando.

Y Yunsung decidió que era un buen momento para volver a entrenarse, algo que llevaba bastante tiempo sin hacer.

...

Así que salió del pueblo por donde habían entrado y se metió en el bosque que bordeaba el camino para no molestar a nadie.

A él sí que le ocurriría algo interesante, aunque seguro que hubiera preferido que no le pasara.

Llevaba unos cuarenta y cinco minutos entrenando cuando escuchó que alguien se movía entre los árboles que lo rodeaban. Al darse cuenta, se detuvo y aguzó el oído.

Desconfiado, levantó su sable para defenderse de cualquier amenaza.

- ¿Quién anda ahí? – gritó.

No obtuvo respuesta.

- Seas quien seas, te juro que si intentas algo te cortaré el cuello con mi sable.

- ¿Te refieres a MI sable? – preguntó una voz detrás de él.

Cuando Yunsung se dio la vuelta, recibió un golpe en la cara que lo hizo caer al suelo, perdiendo el sable en la caída.

Su agresor recogió el arma y se la enfundó.

- No lo he echado mucho de menos, tranquilo. – dijo el desconocido con tono burlón.

Pero pronto dejó de ser un desconocido para Yunsung, pues enseguida reconoció la voz prepotente de Hwang.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – inquirió el joven desde el suelo.

- ¿Acaso creías que iba a desistir? ¿Que iba a dejar de seguiros?

Yunsung se levantó rápidamente y encaró a Hwang.

- ¿De verdad has recorrido tantos kilómetros sólo para llevar a Mi-na de vuelta? – preguntó Yunsung incrédulo.

Hwang lo miró con desprecio, sin responder a su pregunta.

- Un momento... – se percató Yunsung. – No has venido hasta aquí por Mi-na, ¿verdad? Nos estás siguiendo para llegar hasta Soul Edge.

- Vaya, eres más listo de lo que creía. – reconoció Hwang sin abandonar el tono jocoso. – Es una pena que te haya servido de tan poco.

Hizo una señal con la mano y de entre los árboles salieron los dos secuaces de Hwang, que agarraron a Yunsung por los brazos, inmovilizándolo, y lo obligaron a ponerse de rodillas.

Hwang volvió a desenvainar el sable y apoyó la punta de su hoja en la barbilla de Yunsung.

- Vas a alejarte de Mi-na. No vas a volver a verla. Te vas a marchar por donde has venido y no vas a despedirte. – ordenó el mejor alumno del dojo.

- ¿O qué? – contestó Yunsung con descaro.

- ¿Tú qué crees?

Yunsung miró a Hwang como si fuera el ser más detestable del planeta.

- Entiéndeme, Yunsung. – pidió Hwang. – Estoy siguiendo órdenes directas del maestro.

- ¿El maestro te ordenó que me mataras?

- Sí, si te negabas a dejar a Mi-na en paz.

- Ella está mucho mejor conmigo de lo que ha estado en su vida. – replicó Yunsung. – No voy a separarme de ella.

- ¿Estás seguro de eso, chico?

- Completamente. – aseguró el joven mirándolo con odio.

Hwang suspiró.

- Parece que no vas a dejar que arreglemos esto por las buenas, ¿eh?

Yunsung no respondió, sino que bajó la cabeza para mirar al suelo.

- Está bien. Créeme cuando te digo que no quería llegar a esto. – declaró Hwang, ahora con una expresión más seria.

Miró hacia los árboles que los rodeaban y, cuando vio que no había nadie cerca, finalmente sentenció:

- Matadlo.

...

Al anochecer, Mi-na y Olcadan volvieron a la plaza tal y como habían acordado, pero empezaron a preocuparse al ver la tardanza de Yunsung.

- Ese cabeza-hueca seguro que ha perdido la noción del tiempo peleándose contra un árbol. – opinó Olcadan, que ya había adoptado su forma humana con cabeza de búho. – Deberíamos irnos sin él, ya nos alcanzará.

- No sé, Olcadan. ¿Y si le ha pasado algo?

- ¿Qué podría haberle pasado? ¿Algún árbol que se haya querido tomar la revancha? ¿O una oveja cabreada? Este pueblo es inofensivo, Mi-na.

- Ya, bueno, pero no estoy tranquila.

- Está bien, ¿qué te parece si yo voy yendo mientras tú lo esperas?

- Me parece bien. Pero ten cuidado.

- Tranquila. Sé cuidarme por mí mismo.

Con esa frase como despedida, el hombre-búho salió andando a paso ligero hacia la casa del médico.

Mi-na esperó. Diez minutos, media hora, una hora. Yunsung seguía sin aparecer.

Cuando llevaba hora y media esperando (aunque a ella le parecieron tres), algo ocurrió.

Un chico llegó al pueblo corriendo a toda velocidad.

Nada más ver a Mi-na se detuvo.

- ¡Ey! ¿Dónde vive el médico?

- ¿Qué? – se sorprendió Mi-na, que por la impresión no había podido reaccionar.

- ¡El médico! – chilló el otro. – Estaba entrenando en el bosque con un amigo y le golpeé sin querer. Está herido, y no sé si es grave.

- ¿Y le has dejado solo?

- No, no. Mi novia está con él. – aclaró el chico – Eh, ¿sabes dónde vive el médico?

- Eh, sí. – acertó a responder Mi-na. – Vive a las afueras del pueblo, siguiendo este camino.

Señaló el sendero por donde se había marchado Olcadan.

- Gracias, gracias. – respondió él, y salió corriendo apresurado por el camino.

- ¡Me llamo Mi-na, por cierto! – exclamó ella.

- ¡Y yo Kilik! – gritó él antes de perderse de vista.

...

Mientras, Olcadan caminaba a paso firme hacia la casa del doctor.

La vivienda estaba ya a la vista cuando algo lo detuvo.

- ¡Olcadan! – gritó alguien.

El hombre-búho se dio la vuelta, y ante él vio al hombre encapuchado.

- ¡Tú otra vez! ¿Qué estás haciendo aquí?

- Tengo información sobre Soul Edge. – afirmó el encapuchado.

- ¿Qué? – se sorprendió Olcadan.

- Recuerdas la Catedral Perdida, ¿verdad?

- ¿Eh? Sí, claro que sí.

- Está bien. Debes olvidar el templo Ling-Sheng Su. Allí ya no hay nada.

- ¿Cómo que ya no hay nada? ¿Edge Master te dijo donde está?

- No me dijo más que a ti.

- Entonces...¿cómo lo sabes?

- Porque el Edge Master está muerto.

- ¿Qué?

Aquella revelación dejó a Olcadan estupefacto. Pocas cosas le sorprendían, pero esa le había pillado completamente desprevenido.

- Encontré su cadáver en uno de mis viajes buscando Soul Edge. – relató el encapuchado. – Pero también encontré algo útil. Al parecer, se dirigía a la Catedral Perdida. Seguro que allí hay algo.

- ¿Por qué no vas tú mismo a averiguarlo, Zasalamel?

- Porque no me atrevo a manipular Soul Edge sin alguien cerca que pueda hacer algo si se descontrolaran las cosas.

Olcadan dudó unos segundos.

- Está bien. Iré.

- Me alegra oirlo. – declaró el encapuchado. – Nos veremos pronto. En la Catedral Perdida.

Y, sin decir nada más, el encapuchado se desvaneció delante de sus propios ojos, aunque Olcadan no pareció sorprenderse.

Durante su camino de vuelta al centro del pueblo, Olcadan se cruzó con un chico que también buscaba al médico, y le indicó el camino.

No tenía ni idea de que ese chico venía desde el mismísimo templo Ling-Sheng Su, y había sido el mejor alumno del Edge Master.