Capítulo 87: Lo que le pasó a Yunsung

Cuando le quitaron la venda de los ojos (que le habían puesto para desorientarlo), Yunsung vio que los hombres de Hwang lo habían llevado al interior de un bosque, para poder matarlo sin riesgo a ser vistos. Además, también le habían atado las manos a la espalda.

Hwang no les había seguido. Probablemente había ido al pueblo para encontrar a Mi-na.

Lo cierto era que Yunsung no sabía que sería peor: Que Mi-na se hubiera marchado sin él o que lo estuviese esperando y Hwang la alcanzara.

De todos modos, no le servía de mucho ninguna de las dos opciones, pues estaba a punto de ser ejecutado.

Uno de los soldados de Hwang agarró a Yunsung por el cuello.

- ¿Últimas palabras, chaval?

Yunsung respondió escupiéndole a la cara.

Furioso, el soldado desenvainó su sable y se dispuso a cortarle el cuello al joven, pero el otro lo agarró del brazo para evitarlo.

- ¡Espera, espera! ¿No crees que esto es demasiado?

- ¿Demasiado? ¿El qué es demasiado?

- ¿De verdad quieres matar a este chico? Hace unos meses era un alumno más del dojo.

- Sí, hace unos meses. Ahora es un desertor que se ha escapado con la hija del maestro.

- ¿Y ése es motivo para matarlo?

- Lo sea o no, son órdenes del maestro. No podemos desobedecerlas.

- ¿Estás seguro de eso?

- ¿Qué?

- ¿Quién te dice que no se lo ha inventado Hwang? Él odia al chico.

- Hwang no es así. – sentenció el otro, aunque no parecía muy seguro de lo que decía. – Y ahora, si no quieres matarlo, lo haré yo solo.

- No lo hagas. – pidió su compañero. – No somos unos asesinos. Nuestro trabajo es proteger el dojo, no matar alumnos.

- Matándolo protegemos a la hija del maestro, que es mucho más importante que el dojo.

- ¿Protegerla? – protestó Yunsung. – Ella está bien conmigo. De hecho, por si Hwang no ha tenido la ocurrencia de contároslo, si yo estoy con ella es porque no quería dejarla viajar sola. Vine con ella para protegerla.

- ¡Calla o te corto la lengua! – ordenó el soldado que quería matarlo.

- ¿Por qué no le abandonamos simplemente? – sugirió el que quería salvarle la vida. – Está desorientado, no sabe volver al pueblo. Hwang llegará hasta Mi-na mucho antes que él.

El otro se lo pensó unos segundos, pero enseguida sentenció:

- Eso no es lo que nos han ordenado.

Y, dicho eso, se dirigió a Yunsung con su sable en alto para acabar con él.

Yunsung cerró los ojos para no ver el golpe que acabaría con su vida, pero en ese momento escuchó un grito de guerra y, cuando volvió a abrirlos, vio a los dos soldados enzarzados en una pelea.

Probablemente, el que quería dejarlo vivir se había abalanzado sobre el otro antes de que llegara a matarlo.

El sable del soldado que quería ejecutarlo había caido cerca de Yunsung, y los dos hombres peleaban por el arma del que no quería asesinarlo.

Yunsung se apresuró a acercarse caminando con las rodillas hacia el sable que estaba en el suelo.

Al llegar junto a él, se dio la vuelta y, utilizando el borde afilado del arma, logró zafarse de sus ataduras.

Sin preocuparse de los otros dos, recogió el sable (el suyo se lo había llevado Hwang) y salió corriendo lo más rápido que pudo.

No mucho después, notó que era perseguido, por lo que imaginó (con acierto) que el soldado que quería matarlo se había impuesto en la pelea y había matado al otro.

Por desgracia, Yunsung estaba corriendo por el interior del bosque, por lo que no tardó en tropezarse con la raíz de un árbol.

Perdió el sable que llevaba en la caída, y fue mientras iba a recogerlo cuando su perseguidor llegó hasta él.

- Aquí estás.

Yunsung agarró el sable y se giró hacia el soldado. Había decidido que huir no le serviría para nada.

- Así que vas a luchar, ¿eh? – observó el hombre de Hwang. - ¿De verdad crees que un mocoso como tú tiene algo que hacer contra un hombre entrenado durante años?

- Tendremos que comprobarlo. – replicó Yunsung.

El soldado no medió más palabra y se abalanzó hacia él con un grito desgarrador.

Yunsung reaccionó apartándose, por lo que el otro golpeó al aire.

Durante los minutos siguientes, estuvieron intercambiándose golpes que no lograron hacerle más de un rasguño a su contrincante.

Hasta que, en un movimiento que sorprendió a Yunsung, su rival le propinó una patada en el brazo que hizo que su sable se perdiera entre los árboles.

- Ahora no hay nadie aquí para salvarte. – recordó el soldado.

Yunsung empezó a caminar hacia atrás para alejarse de él sin perderlo de vista, hasta que su espalda chocó contra un árbol.

El soldado le siguió y, cuando llegaron al árbol, rápidamente asestó un golpe con el sable a Yunsung.

Sin embargo, el joven logró apartarse y el sable quedó encajado en el tronco del árbol.

El soldado trató de sacarlo sin éxito, momento que Yunsung aprovechó para darle un puñetazo que acabó con él en el suelo.

Los dos, ya desarmados, forcejearon en el suelo, desplazándose durante la pelea.

Finalmente, los contrincantes llegaron hasta el sable que había perdido Yunsung en primer lugar.

El primero en percatarse de ello fue el soldado, que lo cogió e intentó clavárselo al joven, pero éste logró sujetarle los brazos para impedirlo.

En un determinado momento de la pelea, Yunsung dio un golpe al brazo del otro que provocó que el

sable volviera a alejarse de ellos.

El chico, en lugar de seguir forcejeando, se zafó de su rival y corrió a por el arma.

El otro salió tras él, pero ya había perdido el combate.

Cuando alcanzó a Yunsung, éste ya había recogido el sable y, pillándolo por sorpresa, lo utilizó para cortarle el cuello.

El soldado cayó sin vida al suelo, y parte de su sangre quedó sobre la hoja del arma y el brazo de Yunsung.

El joven, horrorizado al darse cuenta de que había matado a un hombre, soltó el sable homicida y salió corriendo a toda velocidad.

Ese día y parte del siguiente vagó por el bosque, utilizando su camiseta para recoger fruta, hasta que Kilik lo encontró.