Capítulo 88: La lengua de Cervantes

Muchos zombis que pueden hacerse invisibles y una mujer no necesitan muchos recursos, y por lo tanto, son bastante rápidos viajando.

Por eso, a la semana de comenzar su viaje por tierra ya estaban en París, tres días más tarde en Berlín, y semana y media después en Moscú.

Rock e Ivy dirigían la marcha, él por ser el capitán y ella por ser la que mejor entendía el dibujo con la ruta.

Junto a ellos, Alan arrastraba a Cervantes, atado con cadenas.

Y detrás de ellos marchaba el resto de la tripulación zombi.

Cervantes hacía continuamente comentarios insidiosos, del tipo "No teneis ni idea de adónde vais" o "Sabeis tan bien como yo las posibilidades que hay de que todo esto sea una trampa".

Rock llegó a pensar en cortarle la lengua, pero Ivy lo detuvo argumentando que quizá Cervantes aún guardara algo de información.

Aunque lo cierto es que durante el viaje, lo más útil que dijo Cervantes fue un "te recomiendo que te abrigues" que le dijo a su hija cuando estaban adentrándose en Rusia.

Estaban ya en Asia cuando la enésima frase provocadora de Cervantes acabó con la paciencia de Rock, que ordenó a Alan que le cortara la lengua.

- Espera... – pidió Ivy.

- Hazlo, Alan. – ordenó el capitán.

- ¿Está seguro, capitán? – quiso saber Alan, que lo miró dejando claro que no quería hacerlo.

- Completamente. Ahora mismo sólo puede hacernos daño de una forma: Hablando. Así que hay que evitarlo.

- Podrías ponerme una mordaza. – sugirió Cervantes, que a pesar de su tono burlón lo decía en serio.

Rock sonrió irónicamente, e hizo a Alan una señal con el brazo para que procediera.

Alan suspiró y desenfundó un cuchillo.

- Una pregunta, William... – soltó de repente Cervantes.

- ¿Qué pasa ahora? – gruñó el inglés.

- Tú estabas en el barco en el que maté a tus padres, ¿verdad?

Rock se quedó perplejo, pues no entendía el porqué de la pregunta.

- Sí. – soltó al final.

- Debí matarte cuando pude. – reconoció Cervantes. - ¿Pero sabes lo que lo evitó? ¿Sabes por qué mis hombres no te encontraron?

- Porque no me buscaban, supongo. – replicó Rock.

- Bueno, eso es en parte cierto. – admitió el pirata. – Pero tu padre casi mete la pata antes de morir.

- ¿A qué te refieres? – quiso saber Rock mirándolo con furia.

- En la última conversación que tuvo con tu madre, pude oír como decía: "¿Qué será de William?". – contó. – Eso me reveló tu existencia.

Rock escuchaba con atención.

- Pero tu madre fue mucho más inteligente. – continuó. – Y fue lo suficientemente astuta como para responder: "Menos mal que lo dejamos en casa".

Los ojos de Rock empezaban a abnegarse en lágrimas.

- Tu madre te salvó la vida. De no ser por esa frase...por esa mentira...mi tripulación te habría buscado. Te habría encontrado. Y, claro, te habría matado.

- ¿Por qué me cuentas esto? – preguntó Rock, que ya estaba llorando.

- Sólo quería que vieras que mi lengua no sólo sirve para hacer daño.

Rock suspiró y se secó las lágrimas con el brazo.

- Amordázalo. – sentenció finalmente.

Cervantes sonrió, justo antes de que Alan le pusiera un trapo como mordaza en la boca.

Y la tripulación continuó su viaje...