Capítulo 89: En busca de Yunsung

Mi-na estuvo esperando a Yunsung en la plaza largo rato.

Sin embargo, cuando Olcadan regresó, el joven aún no había aparecido.

- ¿Aún sigues allí? – se sorprendió el hombre-búho al ver que Mi-na seguía donde la había dejado.

- Yunsung no aparece. – dijo ella. – Estoy segura de que le ha pasado algo malo.

- Si te tranquiliza, saldré a buscarlo. – se ofreció Olcadan. – Y si no lo encuentro, cuando amanezca puedo sobrevolar la zona.

Mi-na sonrió ante el ofrecimiento.

- Pero tú tienes que descansar. Seguro que en este pueblo hay alguna posada.

- No sé si podré pegar ojo con esta preocupación en el cuerpo.

- Debes estar agotada. Trata de poner la mente en blanco y el cansancio hará el resto. – aconsejó el hombre-búho.

- Lo intentaré. – respondió ella poco convencida.

- Venga, ve a descansar. – pidió de nuevo Olcadan, que en ese momento hubiera sonreído si tuviera boca y no pico.

- En cuanto encuentres algo búscame, ¿de acuerdo?

Olcadan asintió y la chica se marchó a buscar un sitio donde dormir.

El hombre-búho iba a ponerse en marcha cuando oyó que alguien lo llamaba.

- ¡Eh, tú!

Olcadan vio que se trataba de un hombre de unos 30 años.

- ¿Qué quieres?

- ¿Qué sabes de Soul Edge? – preguntó acercándose a él.

Al verlo de cerca, Olcadan le reconoció: era el hombre al que dejó inconsciente la noche que conoció a Mi-na y Yunsung.

- Nada que vaya a decirte a ti. – respondió.

- ¿Ah, no? – replicó Hwang desenfundando un sable.

- ¿Acaso crees que puedes vencerme por llevar un mísero...?

Se detuvo porque se percató de algo: Ese sable era el que llevaba Yunsung.

- ¿De dónde has sacado ese sable?

- De ningún sitio que vaya a decirte a ti. – se burló Hwang.

La reacción de Olcadan fue rápida e imprevista: se abalanzó sobre Hwang, lo tumbó, le arrebató el arma y puso la hoja de ésta sobre su cuello.

- ¿De dónde lo has sacado? – repitió.

Hwang tragó saliva.

- Se lo quité a un hombre. – respondió al fin.

- ¿Hong Yunsung? ¿Ese hombre?

- Sí.

- ¿Qué ha sido de él? – quiso saber Olcadan, que hizo un poco de presión con el sable en el cuello del otro.

Hwang no respondió.

- ¡Contesta! – gritó el hombre-búho.

- Ordené que lo mataran. – reconoció Hwang, desesperado. – Ordené que lo mataran.

La cara de Olcadan estaba cubierta con una capucha para que no se viera su aspecto de búho. Pero si no lo hubiera estado, Hwang hubiera podido ver la ira que desprendían sus ojos.

- ¿Dónde está?

- No lo sé.

- ¿DÓNDE ESTÁ? – bramó Olcadan.

- Se lo llevaron al bosque. – respondió Hwang, que parecía a punto de llorar.

Olcadan dejó levantarse a Hwang y tiró su sable al suelo.

- Agradece que no soy un asesino.

Y, tras decir eso, corrió a toda velocidad hacia el bosque.

Sin embargo, como Yunsung estaba en continuo movimiento, no logró encontrarlo y decidió volver al pueblo y buscar a Mi-na. Estaba muy furioso por no haber logrado encontrar al joven.

Preguntando, logró llegar hasta la única posada del pueblo, donde supuso que estaría pasando la noche la chica.

Lo primero que vio al entrar no mejoró su humor: Hwang también estaba allí, bebiéndose una cerveza en el bar de la posada. Por suerte para ambos, pues ninguno quería volver a tener que ver con el otro, Hwang no se percató de que había entrado.

Olcadan preguntó al posadero por Mi-na, y éste le dijo que estaba durmiendo y le dio el número de la habitación.

Subió hasta ella y llamó a la puerta suavemente con los nudillos.

No obtuvo respuesta.

- ¡Mi-na! – llamó en voz baja.

Como seguía sin conseguir nada, decidió que lo mejor sería dejarla descansar y contarle las novedades al día siguiente.

Por la mañana volvería a ser un búho, así que le pidió al posadero que le dijera a Mi-na en que despertara que se quedara en su habitación.

Él mismo se pidió una habitación en la posada, aunque apenas logró pegar ojo (además de por la preocupación por Yunsung, porque hacía mucho tiempo que no dormía en una cama).

...

Cuando despertó (o quiso levantarse, pues despertó varias veces a lo largo de la noche) salió volando por la ventana de su habitación y sobrevoló la zona tal y como le había dicho a Mi-na que haría.

Sin embargo, el bosque era más espeso de lo que creía y no logró vislumbrar nada.

Así que tuvo que esperar de nuevo, esta vez a que anocheciera, para al recuperar su forma humana poder hablar con Mi-na.

Antes de la transformación volvió a entrar en la posada por la ventana, pues el posadero no le había visto salir, por lo que si le veía entrar igual sospechaba que algo raro ocurría.

En el preciso instante en el que los primeros rayos de luna atravesaron los cristales de la ventana por la que había entrado y le dieron aspecto humano (o semi-humano) se dirigió a la habitación de la chica.

Esta vez obtuvo respuesta mucho más fácilmente, ya que al ser aún las primeras horas de la noche Mi-na no estaba durmiendo.

En cuanto Mi-na cerró la puerta de su habitación con los dos dentro, la chica agarró a Olcadan por un brazo y empezó a gritar:

- ¡Olcadan! ¡Me tenías preocupadísima! ¿Dónde has estado? ¿Sabes algo de Yunsung?

- Sí...y no. – respondió el otro con gesto triste, aunque por su cara de búho Mi-na no pudo apreciarlo.

- ¿Cómo que sí y no?

- No lo he encontrado. Pero sé lo que le ha pasado.

- ¡Habla!

- Verás...anoche me encontré con ese hombre que estaba con vosotros la noche que os conocí.

- ¿Hwang? – se sorprendió Mi-na. - ¿Hwang está aquí?

- Mucho más cerca de lo que te imaginas. Está en esta misma posada.

- Bueno, eso no importa. – mintió Mi-na, pues la verdad era que por un lado deseaba verlo y por otro no quería que la encontrara. - ¿Qué tiene que ver él con Yunsung?

- Tenía su sable. – contó Olcadan. – Le pregunté cómo había llegado hasta él y...

- ¿Y qué? ¡Dímelo, Olcadan! – suplicó Mi-na desesperada.

- Me dijo que se lo había quitado, antes de ordenar que lo mataran.

Mi-na palideció.

Sin dar tiempo a que Olcadan reaccionara, salió corriendo de la habitación y bajó a la recepción, donde encaró al posadero.

- ¡Eh! ¿Cuál es la habitación de Hwang Seong-Gyeong?

- ¿Qué?

- ¿EN QUÉ HABITACIÓN ESTÁ?

- En...en ninguna. – respondió el posadero. – Estuvo aquí anoche, pero ya se ha marchado.

En ese momento Olcadan alcanzó a la chica.

- Mi-na, ¿qué haces?

- Se ha ido. ¡Hwang se ha ido! – chilló ella.

- Tranquila. No creo que esté muy lejos. Él sólo busca dos cosas: A Soul Edge y a ti. Y para encontrar ambas cosas, el modo más fácil es no alejarse mucho de aquí.

- Tienes razón. ¡Pero hay que encontrar a Yunsung ya!

- No podemos hacer nada por él. – admitió Olcadan. – Si está vivo, estoy seguro de que estará buscando el pueblo. Y si no...

- ¡Podría estar herido! Hay que avisar a las autoridades de que lo busquen.

- Si por autoridades te refieres a los cuatro patanes de la comisaría, no creo que sirvan de mucha ayuda. – apuntó el posadero.

- ¿Qué vamos a hacer? – se desesperó Mi-na.

- No os apuréis. Llevo en este pueblo toda mi vida. Conozco el bosque. Puedo ayudaros a buscarlo. – se ofreció.

- Sí, eso sería genial. – dijo Mi-na.

- Pero necesito alguien que se quede en la posada.

- Yo lo haré. – aceptó Olcadan.

- Bien. Mejor será que salgamos ya.

Mi-na y el posadero se marcharon rápidamente, y Olcadan se quedó vigilando la posada.

Pero no se había ofrecido sólo por caridad: Estaba seguro de que Hwang no tardaría en volver.