Capítulo 93: Reunión
- Y esa es mi historia. – finalizó Yunsung, que acababa de contarles a Kilik, Maxi y Xianghua todas sus peripecias desde que abandonó el dojo hasta que Kilik lo encontró. - ¿Me llevareis ahora de vuelta al pueblo?
- Sí, claro. – aceptó Kilik. – Pero nosotros también buscamos destruir Soul Edge y, a decir verdad, no tenemos muy claro adónde ir.
- Quizá podríamos ir contigo y los tuyos. – sugirió Xianghua.
- Bueno, no veo por qué no. – dijo Yunsung. – Pero habrá que ver qué opinan Mi-na y Olcadan.
- ¿Qué opinamos sobre qué? – preguntó una voz femenina a sus espaldas.
Precisamente en ese momento, Mi-na y el posadero llegaban al lugar donde se encontraban.
Nada más verla, Yunsung se levantó sobresaltado.
Mi-na y él se miraron a los ojos durante milésimas de segundo y poco después corrieron el uno hacia el otro para abrazarse.
- ¿Qué ha pasado, Yunsung? – sollozó Mi-na, que estaba a medio camino entre la sonrisa y el llanto. – Me tenías muy preocupada.
- ¿De verdad? – se sorprendió él.
- Pues claro.
- Verás, Hwang me alcanzó y...
- Sí, sí, eso ya lo sé. ¿Cómo te libraste de sus hombres?
- Luchando. – resumió él.
Mi-na suspiró.
- Nunca cambiarás, ¿eh?
- Bueno, siento interrumpir tan mágico momento, pero creo que deberíamos ponernos en marcha. – opinó Maxi. – Siempre y cuando esteis de acuerdo en seguir el viaje juntos, claro.
- Sí. Sí, estoy de acuerdo. – dijo Mi-na.
- Bien, entonces volvamos al pueblo. – sugirió el posadero. – Espero que vuestro amigo esté siendo capaz de defenderse a cargo de la posada.
...
- No eres capaz de defenderte ni siquiera de mí. – dijo Olcadan a Hwang. - ¿Cómo piensas defenderte cuando estés ante Soul Edge?
Efectivamente, Hwang había vuelto esa noche a la posada, momento que Olcadan había aprovechado para llevarlo a la fuerza a una habitación vacía para mantener una conversación con él.
- ¿Por qué habría de defenderme de una espada? – preguntó Hwang.
- Esa espada no es una cualquiera, muchacho. – explicó Olcadan. – Y es una imprudencia salir en su busca sin saber nada de ella.
- Sí sé algo de ella. Sé que es la espada más poderosa que existe.
- Bueno, eso no es del todo cierto. Hay otra capaz de plantarle cara, pero esa no es la cuestión. No voy a permitir que sigas tu búsqueda. – declaró el hombre-búho. – Y créeme, lo hago por tu propio bien.
- ¿Por qué se preocupa por mí? – quiso saber Hwang.
- Ya cargo con el peso de muchas muertes en mi conciencia. No quiero ni una más. – respondió Olcadan.
- ¿Y qué piensa hacer si yo sigo buscando la espada?
- Si es decisión tuya, no puedo hacer nada. Pero piénsalo muy bien, porque te aseguro que te va la vida en ello.
Los dos callaron y, en ese momento, la puerta de la habitación se abrió, y por ella entraron el posadero, Mi-na, Yunsung, Kilik, Maxi y Xianghua.
- Creí que te había dejado a cargo de la posada. – protestó el dueño del establecimiento.
- Lo siento, tenía algo más importante que hacer. – se excusó Olcadan.
- Bueno, agradece que a estas horas ya no haya mucha actividad por aquí. – dijo el posadero.
Olcadan echó una ojeada y vio a Yunsung.
- Me alegro de verte de nuevo, chico.
- Igualmente, Olcadan.
Fue entonces cuando Hwang se percató de que Yunsung estaba allí.
- ¡Estás vivo! – exclamó.
- Por desgracia para ti, sí. – respondió el otro.
Yunsung trató de abalanzarse sobre Hwang, pero Kilik y Maxi lo sujetaron.
Mi-na miraba a Hwang con desdén, aunque en lo más profundo de su ser seguía amándolo.
- Será mejor que sigamos nuestro viaje cuanto antes. – aconsejó Olcadan.
- ¡Es cierto! – exclamó Mi-na. - ¿Te dijo el médico cómo llegar hasta el templo Ling-Sheng Su?
- ¿El templo Ling-Sheng Su? – saltó Kilik de repente. - ¡Yo vengo de allí!
- ¿En serio? – preguntó Mi-na.
- Sí, pero ya no hay nada útil allí.
- ¿Qué quieres decir con eso? – inquirió Yunsung.
- El templo está destruido. – respondió Olcadan por él. – Un conocido mío me lo dijo cuando estaba de camino a casa del médico.
- ¿Un conocido tuyo? – se extrañó Kilik.
- También me dijo hacia dónde debemos ir. – prosiguió Olcadan ignorando la pregunta del otro. – A la Catedral Perdida, en la India.
- Eso no está muy lejos. – observó Mi-na.
- ¿Que no está muy lejos? – exclamó sorprendido el posadero, que no tenía ni idea de lo que estaban hablando.
- Bueno, está lejos, pero comparado con lo que ya hemos viajado no es nada. – aclaró la chica.
- Esta noche descansaremos, pero mañana mismo nos ponemos en marcha. – dijo Olcadan.
- ¿Y qué hay de mí? – preguntó Hwang.
Haz lo que quieras. Pero si quieres un consejo...vuelve a casa.
