Capítulo 97: Todos juntos
- Tarda mucho. ¿Creeis que puede haberle pasado algo malo?
- Sabe cuidarse solo, Mi-na. – opinó Yunsung.
- Iba desarmado. – apuntó Xianghua. – Eso nunca es bueno.
- El maestro no solía necesitar armas para defenderse. – señaló Kilik.
- Y ahora está muerto. – replicó ella con acierto.
- Ya... – reconoció Kilik. – Tienes razón.
- Quizá deberíamos ir a buscarle. – opinó Maxi.
- Nos ordenó tajantemente que nos quedáramos aquí hasta que regresara. – recordó Mi-na.
- Sí, pero no dijo nada sobre qué hacer si no volvía. – matizó el japonés.
- Hagamos una cosa. – sugirió Yunsung. - ¿Qué os parece si algunos avanzamos y otros nos quedamos esperando?
- No sé...podría ser peligroso. – dijo Mi-na.
- Yo creo que deberíamos permanecer juntos. – afirmó Kilik. – Es como más seguros estaremos.
- Pero...
Antes de que Maxi pudiera continuar la frase, un sonido de pasos los interrumpió.
Todos miraron hacia el lugar del que provenían.
Allí vieron algo que no esperaban: Una mujer se acercaba hacia ellos.
Cuando estaba lo suficientemente cerca, Yunsung gritó:
- ¿Quién eres?
- Yo soy Ivy. ¿Y vosotros? – contrarrestó ella. - ¿Qué estais haciendo aquí?
- No estoy muy seguro sobre ello. – señaló el coreano. - ¿Tú?
- Venimos en busca de Soul Edge. Para destruirla. – respondió la mujer.
- ¿Venimos? – se extrañó Maxi. - ¿Quién más viene contigo?
En ese momento, casi una veintena de zombis empezaron a aparecerse ante ellos, dejándolos petrificados y provocando el grito de Xianghua.
- ¿Qué demonios está pasando? – gritó asustado Kilik.
- Tranquilos. No van a haceros daño. – informó Ivy. – Aunque yo no perdería de vista a ése.
Señaló al que más viejo parecía de todos los zombis, que llevaba un traje de capitán pirata.
- Bueno, ¿continuamos o nos vamos a quedar de cháchara? – apuró el zombi al resto.
Pero no fue Ivy, ni ninguno de los otros zombis, quien le respondió.
Un hombre que estaba donde hacía unos segundos no había nadie lo hizo por ellos, sobresaltando a todos los presentes:
- Tranquilo, Cervantes. Ya estais cerca.
- ¿Quién eres tú? – exclamó sorprendido el pirata.
- Me llamo Zasalamel. Y tengo lo que buscais, a un par de kilómetros de aquí. Pero, Cervantes, dime...¿por qué los has traído hasta aquí? ¿Acaso no es la espada lo único que te importa en el mundo? ¿Por qué has guiado a estas personas que buscan destruirla?
- No es destruir Soul Edge lo que busco. Mi único objetivo es y ha sido siempre volver a encontrar la espada. Pero la única forma que tenía de llegar hasta ella ahora que sé dónde está era guiando al resto.
- Me alegra oír eso. La profecía que Nightmare te hizo pronunciar funcionó, sin duda. Ah, y el mapa que dejé en el puerto español, claro.
- ¿Profecía? – preguntó confuso Cervantes.
- Si ellos saben que Soul Edge está en la Catedral Perdida es porque tú se lo dijiste.
- ¿Yo? Yo nunca he dicho eso. ¡Ni siquiera sabía dónde buscar la espada!
- Claro que no lo sabías. Pero eres un zombi y, lo quieras o no, eso te convierte en instrumento de Soul Edge y Nightmare. La profecía que salió de tu boca en realidad estaba siendo pronunciada por él a través de tu cuerpo.
- Te dije que esto era una trampa, Ivy. – señaló uno de los zombis con aspecto más fuerte, que parecía ser el que los dirigía.
- Sí, es cierto, Rock, era una trampa. – corroboró Zasalamel. – Pero aún así vais a llegar adonde queríais: Hasta Soul Edge.
Kilik, Maxi, Xianghua, Mi-na y Yunsung parecían no enterarse de la mitad de lo que pasaba.
Rock e Ivy prestaban mucha atención, y el resto de la tripulación escuchaba, la mayoría tratando de decidir a cuál de todas esas personas debían obedecer.
- ¡Escuchadme, zombis! – gritó Zasalamel. – Vuestra supervivencia depende de que Soul Edge esté en buenas o malas condiciones. Si ella desaparece, vosotros desapareceis. Cuanto más fuerte esté la espada, más fuertes estareis vosotros. ¿De verdad quereis ayudar a destruirla?
Esas palabras hicieron meditar a los zombis que eran más partidarios de Rock, y despejaron las dudas de los que se inclinaban más hacia Cervantes.
Al final, Alan e Ivy fueron los únicos apoyos que le quedaban a Rock.
La situación se había ido de las manos.
Cervantes ahora era mucho más dueño de la situación que Rock, pues contaba con la ayuda de Zasalamel y el apoyo de la mayoría de la tripulación.
Por otra parte, Rock contaba con el apoyo de Ivy, Alan y del resto (Kilik, Maxi, Xianghua, Yunsung y Mi-na), que no entendían casi nada de lo que pasaba pero sabían que las intenciones de Rock eran más nobles.
- Bien. – dijo Zasalamel. – Ahora os guiaré a todos hasta la Catedral Perdida. Allí tenemos mucho que hacer.
Zasalamel comenzó a caminar, y Cervantes y los zombis le siguieron sin dudarlo.
Rock miró a Ivy buscando una respuesta.
Ella sólo dijo:
- No veo otra opción.
Así que siguieron al resto, junto a Alan.
- Creo que nosotros también deberíamos ir. – opinó Maxi.
- Sí. – coincidió Yunsung.
Finalmente, el grupo entero caminó los dos kilómetros que les separaban de la Catedral Perdida.
