Capítulo 99: El despertar de Soul Edge

- ¡Siegfried! – exclamó Zasalamel, que pareció alegrarse de verle. - ¡Te estábamos esperando!

- ¡Tú! – rugió el alemán con fiereza en cuanto vio al otro. - ¡Tú me metiste en esto!

- Vaya, creí que nunca te darías cuenta. – se burló el africano.

- Pero ahora ya no soy un idiota como en mi más tierna juventud. ¡No volverás a utilizarme nunca más!

- Soul Edge necesita un cuerpo y te quiere a ti. – confesó Zasalamel. – Te sugiero que no intentes oponerte.

La expresión de Siegfried denotaba que aquello no le pillaba por sorpresa. Todos los presentes en la Catedral escuchaban atentos la conversación entre el nigeriano y el alemán, habiendo abandonado sus respectivas peleas.

- Está bien. – dijo Siegfried.

- Una inteligente decisión. – elogió un sonriente Zasalamel, que desde luego no esperaba tan poca resistencia del germánico.

- Pero no cantes victoria. Voy a dejar que Soul Edge entre en mi cuerpo, no que se apodere de mi alma.

Zasalamel estalló en carcajadas.

- ¿Crees que vas a poder impedírselo? No seas ingenuo…

- Esta vez sí. Ya conozco Soul Edge a la perfección, y estoy preparado para enfrentarme a ella. – Siegfried estaba muy seguro de sí mismo.

- Está bien… - concedió Zasalamel sin borrar la sonrisa de su cara. – Veamos si es verdad. Acércate.

Siegfried se acercó a paso decidido al altar donde reposaba Soul Edge, y junto al que estaban Zasalamel, Sophitia y el cadáver de Cassandra.

- Creo que ya sabes cómo funciona. – murmuró el siervo de la espada cuando el alemán llegó a su lado.

Siegfried se puso frente a la espada maligna y habló en voz alta:

- Nightmare, ¿me oyes?

No obtuvo respuesta.

- Aquí acaba tu historia de terror. Cuando te tenga dentro de mí, voy a permitir que nos destruyan a ambos. Y de una vez por todas, la pesadilla habrá terminado.

Esta vez, sí se escuchó una réplica: una malévola risa que parecía retumbar por todas las paredes de la Catedral.

Sin más dilación, Siegfried extendió su brazo y agarró el mango de Soul Edge.

En cuanto lo hizo, todo empezó a temblar.

- Por fin. – exclamó un radiante Zasalamel.

...

Los presentes pudieron fijarse en cómo el cuerpo de Siegfried iba mutando a partir de la mano con la que empuñaba Soul Edge.

Su piel se oscurecía, su dorado pelo se enrojecía y sus ojos se iluminaban con el destello de la maldad.

De pronto, la risa que todavía resonaba por todos los rincones se fue apagando, y fue la boca de Siegfried la que empezó a emitir el sonido.

Fue en ese momento cuando el techo de la Catedral pareció ser arrancado por una fuerza desconocida y sus pedazos salieron volando al infinito cielo…un cielo que se había teñido de color rojo, con nubes negras.

El temblor provocó también que el suelo empezara a resquebrajarse y que el altar donde había estado Soul Edge se rompiera.

Los pedazos de armadura de Nightmare, de repente, fueron fuertemente atraídos hacia el cuerpo de Siegfried y se adhirieron a él. Pronto toda su figura estuvo envuelta por la siniestra armadura, confiriéndole un aspecto similar al de Nightmare, con la diferencia de que la armadura contenía un cuerpo en su interior, por lo que parecía todavía más temible.

Siegfried, o Nightmare, o quien fuera que estuviera dentro, levantó Soul Edge con gesto de victoria.

Inmediatamente, Zasalamel se arrodilló ante él.

Las grietas del suelo se hicieron más profundas, y pronto empezó a haber desniveles entre unas porciones y otras.

En la más elevada de todas, el africano seguía arrodillado ante Nightmare y Soul Edge. Junto a ellos, Sophitia seguía abrazada al cuerpo de su hermana.

En otra se encontraban Rock, Ivy, Cervantes, Raphael y Alan; en una tercera Kilik, Maxi, Xianghua, Taki y Heishiro; y en la última Yunsung, Mi-na y Hwang, mientras que los hombres de éste y la tripulación zombi estaban repartidos por estas tres últimas.

Nightmare miró hacia su alrededor y, con una voz todavía más tenebrosa que de costumbre, habló.

- ¿Por qué demonios no estais luchando? ¡Matadlos a todos! – ordenó a los piratas, dejando a las claras que el alma de Siegfried no había resistido tanto como él esperaba.

- ¿A todos? ¿También a los posibles portadores de Soul Calibur? – inquirió uno de los zombis.

- ¡Por supuesto!

A partir de ese momento, la pelea volvió a desatarse por toda la Catedral.

- Esperad un momento, señor. – pidió Zasalamel, y entonces se dirigió también a Sophitia. – Tú, recoge Soul Calibur. Utilizad ambas espadas para acabar por fin con mi vida.

- ¿Y arriesgarme a que Soul Edge sufra algún daño? – rugió el caballero oscuro, y empezó a reir otra vez.

Zasalamel lo miró, incrédulo. Su rostro era de auténtica desesperación. Sophitia, a su espalda, agarró Soul Calibur del cadáver de su hermana y se levantó a duras penas sin saber qué hacer.

En ese momento, Nightmare agarró a Zasalamel de la pechera y lo apartó a un lado, haciéndolo caer a una de las porciones inferiores, quedando cara a cara con una aterrorizada Sophitia.

- Llegó tu fin, ¡Soul Calibur! – bramó, mientras se disponía a atravesar a la griega y su espada con el filo de Soul Edge.

Pero antes de que asestara el golpe mortal, algo ocurrió.

Algo se interpuso entre ambos y recibió la estocada.

Se trataba de Zasalamel, que se había teletransportado desde donde había caído.

Soul Edge había perforado su pecho y rasgado parte de su abdomen, provocando que profiriera un terrible grito de dolor, pero se mantuvo en pie.

- ¡Huye! – le dijo Zasalamel a la griega. – Yo me ocupo de él. ¡Protege Soul Calibur!

La griega le hizo caso y, como pudo, saltó a una de las porciones inferiores, alejándose de Nightmare y Soul Edge. Éste intentaba perseguirla, pero Zasalamel se interponía en su camino.

Sophitia había tenido la mala suerte de caer en la misma porción de terreno donde se encontraba Cervantes, que en su afán de destruir Soul Calibur y proteger Soul Edge, la apuntó con su pistola.

- ¡Quieta ahí, preciosa! – vociferó el pirata con su característica sonrisa maligna.

Kilik, Maxi, Xianghua, Heishiro y Taki trabajaban juntos para deshacerse de los piratas que tenían ante ellos. También Yunsung, Mi-na y Hwang; y por su lado, Ivy, Raphael, Rock y Alan.

Cervantes iba a apretar el gatillo cuando Rock se abalanzó sobre él, y ambos empezaron a forcejear para hacerse con la pistola del pirata.

Pero aquello dejó en una terrible inferioridad numérica a Ivy, Raphael y Alan, que por circunstancias del combate, se habían quedado solos y rodeados por hasta 10 piratas zombis.

Mientras, Zasalamel y Nightmare seguían peleando, el primero solo con su maltrecho cuerpo, y el segundo con Soul Edge.

- Ríndete ya. – gruñó el portador de la espada maligna. – Sabes que no puedes conmigo.

- ¡Y tú sabes que no puedo morir! – replicó Zasalamel.

En ese momento, el caballero oscuro apoyó la punta de su espada en la nuez del africano.

- ¿Sabes? Tu querido amigo Olcadan me dio una gran idea antes de morir.

Y antes de que Zasalamel pudiera siquiera cambiar el gesto, un rápido movimiento de Soul Edge cercenó su cuello, provocando que su cuerpo cayera inerte a los pies de Nightmare, y que su cabeza, todavía viva, saliera rodando.

Tras decapitar a su siervo, Nightmare volvió a fijar su mira en Sophitia y Soul Calibur, y salió a toda velocidad tras ella.

Taki se dio cuenta de esto y rápidamente llamó a Heishiro.

- ¡Mitsurugi! – gritó ella, utilizando el apellido, que era como ella solía llamarlo salvo en situaciones muy concretas.

Cuando él se giró para mirarla, ella le indicó con el dedo la persecución que Nightmare estaba ejerciendo sobre Sophitia.

En ese momento la griega se dirigió corriendo hacia donde ellos estaban, que era la porción de Catedral más cercana a la salida.

- ¡Ayúdala a salir de aquí! – ordenó Heishiro a Taki. – Yo me encargo de ese monstruo.

Taki no quería que él asumiera ese riesgo solo, pero sabía que discutirle solo empeoraría las cosas.

En cuanto Sophitia pasó junto a ellos, seguida de cerca por Nightmare, Heishiro se cruzó ante ellos y extendió el brazo hacia la chica, que entendió el mensaje y le cedió Soul Calibur, antes de salir corriendo junto a la ninja.

E instantes después, ambas escucharon como las dos poderosas espadas entrechocaban, en manos de Heishiro y Nightmare.

- ¡Ja! Por fin un rival digno. – sentenció Heishiro, con una sonrisa de oreja a oreja, mientras se enfrentaba al poderoso caballero.

...

Mientras tanto, las situaciones de inferioridad numérica de nuestros protagonistas aumentaban. Ya no solo se habían quedado en una situación delicada Ivy, Raphael y Alan, sino también Kilik, Maxi y Xianghua tras que Heishiro y Taki asumieran otros quehaceres.

- ¡No vamos a poder! – dijeron simultáneamente Raphael y Maxi, cada uno por su lado.

Ivy y el francés ya sentían demasiado cerca el aliento de la muerte. Fue entonces cuando la inglesa sacó su as en la manga.

- Voy a hacer algo que puede ser peligroso. – avisó la mujer. – Pero es nuestra única opción.

- ¡Adelante! – pidió Raphael, que se defendía como podía de los piratas.

Fue entonces cuando la inglesa apretó un botón en el mango de su espada, la hoja de ésta se dividió en varios pedazos formando una especie de cadena, y el arma pareció cobrar vida propia.

Con un tremendo grito de guerra, Ivy blandió su espada y su mágica hoja se extendió por todas partes. Trozos de metal volaban a alta velocidad alrededor de la inglesa, y pronto todos los piratas que los rodeaban vieron sus miembros amputados por tan imprevisible filo.

Pero, cuando ya todos los enemigos habían sido inutilizados, y Ivy se dispuso a recoger su espada, uno de sus pedazos se tornó traicionero y, antes de que pudiera ser visto, atravesó de abajo arriba uno de los muslos de su dueña, que con un grito de dolor se dejó caer al suelo, llevando las manos a su sangrante herida.

- ¡Ivy! – exclamó Alan al ver caer a su amiga.

- ¡Agh! – se quejó ella. – No, me estoy mareando… Creo que me muero.

Raphael se arrodilló junto a ella.

- Déjame ver, tengo conocimientos médicos… - pidió el francés, que nunca pensó que le fuera a servir de algo la insistencia de su padre en dedicar una parte de su tiempo a la medicina.

Echó un vistazo rápido a la pierna de Ivy.

- Has tenido mucha suerte. Creo que la arteria y la vena femoral no se han roto.

- ¿Eso qué significa? – preguntó la inglesa, que ya había cerrado los ojos y estaba a punto de desmayarse.

- Significa que tienes alguna opción de vivir. Pero hay que parar la hemorragia. Necesito algo que pueda utilizar como torniquete.

- ¿Algo como qué? – quiso saber Alan.

- Un tejido pequeño y elástico con el que pueda hacer un nudo.

- ¿Esto te sirve? – preguntó Ivy.

La mujer buscó en el interior de sus ropas y sacó un trozo de tela que parecía arrancado de un traje, pero que había sido deformado hasta tal punto que tenía aspecto de bolsa.

Raphael lo tomó y lo examinó. En él estaba bordado con hilo dorado el nombre "Cervantes de León".

- Puedo intentarlo. – dictaminó, y se puso manos a la obra.

...

Por su parte; Kilik, Maxi y Xianghua estaban en una situación igual de comprometida.

Los tres estaban arrinconados po piratas, que ya habían acabado con todos los hombres de Hwang de la zona.

- ¡Salid de aquí! – pidió de repente Maxi.

- ¿Qué? – respondieron los otros dos al unísono.

- ¡Que os vayais! Yo me encargaré de estos mientras vosotros escapais.

- Pero… ¡te matarán! – chilló Xianghua.

- Lo sé. – reconoció el pirata pacífico. – Pero si os quedais nos matarán a los tres. Y vosotros teneis un futuro juntos. Yo ya he cumplido mi deseo tras la muerte de Astaroth. Ahora podré reunirme con mi tripulación…y con mi hermano.

- Maxi… - suspiró Kilik, que sabía que sería inútil tratar de disuadir a su amigo.

- Sabeis que tengo razón. Vosotros os quereis. Sé que a mí también, pero de una forma muy distinta. Salid de aquí…por vosotros y por mí.

Mientras los tres hablaban y pensaban sobre todo esto, tenían que estar pendientes también de defenderse de las acometidas de los zombis.

- La salida está cerca. – insistió Maxi. – Si correis, llegareis antes de que me maten. Y yo podré distraerlos durante ese tiempo.

Kilik y Xianghua miraron a la referida salida y luego se miraron entre sí. Como tantas veces, hablaron con sus ojos: ninguno de los dos quería abandonar a Maxi, pero ambos sabían que era lo mejor.

- Si alguna vez tengo un hijo llevará tu nombre. – dijo finalmente Kilik conteniendo las lágrimas. – Te quiero, amigo.

- Yo también a ti, camarada. – correspondió el japonés, que también se volvió hacia Xianghua. – Os quiero a los dos.

- Eres un héroe, Maxi. – afirmó la chica, regalándole a su amigo una sonrisa de esas suyas, que reconfortaban el alma en la peor de las situaciones.

Y Maxi fue feliz en el momento que vio a sus dos amigos salir corriendo, agarrados de la mano, hacia la puerta de la Catedral.

Uno, dos…

Los nunchakus de Maxi se desplegaron con fiereza ante la media docena de piratas que lo acosaban. Una puñalada en un costado casi lo hace derrumbarse, pero tenía que seguir.

Tres, cuatro…

Cuando el acero rebanó su espalda supo que su vida se acababa. Cayó de rodillas al suelo y levantó la vista a tiempo de ver a Kilik y Xianghua abandonar la Catedral.

Y con su último esfuerzo, blandió sus nunchakus para inutilizar al quinto y al sexto zombi.

Esa fue la última heroicidad del pirata de Ryukyu.

...

- Por favor, matadme… - pedía una siniestra voz que Kilik y Xianghua escucharon poco antes de abandonar la Catedral.

Confuso, Kilik miró a su alrededor sin ver a nadie, hasta que se percató de la presencia de la cabeza sin cuerpo de Zasalamel en el suelo, cerca de ellos.

- Matadme, como sea, matadme… - pedía la desesperada cabeza, nunca tan lejos de su capucha.

Kilik comprobó que nadie los seguía a él y a Xianghua, por lo que se tomó el tiempo de acercarse a la cabeza.

- Tú mataste al maestro, ¿verdad? – gritó el nepalí con furia.

Ante esa pregunta, la reacción de Zasalamel fue tan sorprendente como aclaratoria: empezó a llorar.

- Lo siento… Lo siento mucho…

- Yo también lo siento… - musitó Kilik. – Pero mereces un destino más cruel que el suyo.

Y, ante la atónita mirada de Xianghua, pateó la cabeza haciendo que cayera por una de las grietas abiertas en el suelo. El grito fue desgarrador.

- Kilik… - exclamó una sorprendida Xianghua. – Le has condenado a una tortura eterna…

- No… - corrigió él. – No había forma de matarlo sin destruir el mundo tal y como lo conocemos. No podíamos hacer nada por él… Él se condenó a sí mismo.

Y los dos novios abandonaron la Catedral, abrazados para consolar sus pesares.

...

Todavía dentro de la Catedral; Yunsung, Mi-na y Hwang habían tenido más suerte que el resto, pues quedaron en superioridad numérica respecto a los zombis y acabaron logrando inutilizarlos a todos.

Pero no pudieron cantar victoria, ya que en ese momento las maltrechas paredes y columnas de la Catedral empezaron a venirse abajo, poco a poco.

De pronto, un escombro cayó y golpeó a Mi-na en la cabeza, dejándola inconsciente.

- ¡Mi-na! – gritaron los dos hombres, apresurándose a ayudarla.

Estaban los dos corriendo hacia ella cuando, sin previo aviso, el suelo se sacudió de una forma más violenta que nunca, lo que unido a la ligera pendiente que formaba la porción de suelo sobre la que se encontraban, provocó que Hwang perdiera el equilibrio y cayera hacia atrás.

Estaba a punto de caer por una grieta pero consiguió agarrarse por los pelos, aunque como el suelo siguiera temblando pronto iba a caer al abismo que había bajo sus pies.

Efectivamente, un nuevo temblor hizo que los brazos de Hwang resbalaran, pero cuando ya estaba cayendo, sintió como alguien lo sujetaba e impedía que cayera al vacío. Yunsung lo había agarrado por el brazo.

- ¿Me estás ayudando? – preguntó un sorprendido Hwang.

- No soy la clase de hombre que deja morir a un compañero. – replicó Yunsung, que a pesar de su gesto con Hwang, dejaba claro con su tono que seguía sin soportarlo.

Fue entonces cuando Hwang se dio cuenta de que Yunsung valía mucho más de lo que él había pensado. Estaba a punto de decirle algo al respecto cuando un nuevo temblor provocó que el trozo de suelo sobre el que estaba Yunsung también empezara a agrietarse, poniendo también en peligro el equilibrio del joven.

- ¡Yunsung! ¿Cómo está Mi-na? – preguntó Hwang, que seguía fuertemente aferrado por su interlocutor.

- Está bien, respira. – respondió él. – No creo que el golpe le deje secuelas.

- Tienes que ir a ayudarla. – pidió Hwang. – Esto se está viniendo abajo.

- Eso será en cuanto te saque de allí. – dijo Yunsung con escaso aliento, luchando por arrastrar a Hwang fuera de la grieta.

- ¡No! Tienes que soltarme. – indicó el otro. – O caeremos los dos.

Yunsung pensó sobre ello. Por un lado, sabía que estaba arriesgando su propia vida, y que desde luego Hwang no lo merecía. Por otro, ya cargaba con la muerte de un hombre a sus espaldas y, desde aquello, no podía dormir tranquilo por las noches. Había sido en defensa propia, pero él se sentía un asesino y quería redimirse.

- No te voy a soltar, Hwang. – sentenció Yunsung. – Además, Mi-na no me lo perdonaría.

- Estás muy equivocado. – replicó el otro. – Si hay alguien a quien Mi-na jamás perdonaría, es a mí. Me he portado fatal con los dos. Y tú siempre la has ayudado.

Otro temblor. Yunsung empezó a resbalar. Estaba a punto de caer él también.

- Tómate esto como mi forma de pedir disculpas. – finalizó el mayor de los dos.

Y antes de que el joven pudiera preguntarse siquiera a qué se refería, Hwang desenvainó su sable con la mano que tenía libre y, en un rápido movimiento, lo utilizó para cortar su otro brazo, aquel que sujetaba Yunsung.

Horrorizado, el chico contempló como Hwang caía al vacío, y en un acto reflejo soltó los restos de su brazo, que cayeron con él. Pero no tuvo mucho más tiempo para permanecer en shock, pues un nuevo temblor lo obligó a moverse para no seguir el mismo camino que el otro.

Consiguió escapar del desmoronamiento a sus pies y, una vez a salvo, cogió a Mi-na en brazos y se dirigió hacia la salida de la Catedral.

...

Cuando Yunsung y Mi-na llegaron al exterior de la Catedral, ahí ya se encontraban Taki, Sophitia, Kilik, Xianghua, Alan, Raphael e Ivy (que finalmente había salvado su vida gracias a los conocimientos médicos del francés). Por lo tanto, dentro de la Catedral solo permanecían Nightmare, Heishiro, Rock y Cervantes.

- ¿Qué le ha pasado? – preguntó Xianghua a Yunsung cuando vio a Mi-na en sus brazos.

- Le cayó un escombro en la cabeza. Creo que no es grave, pero no estoy seguro.

- Déjame ver… - pidió Raphael.

El coreano dejó a la chica a los pies del francés, que tras observarla dictaminó que su vida no corría peligro, aunque era imposible saber si le podría quedar alguna secuela.

- ¿Y Maxi? ¿Dónde está? – quiso saber ahora Yunsung.

Los gestos apesadumbrados de Kilik y Xianghua respondieron a su pregunta, por lo que en un gesto de consuelo se acercó a ellos y los abrazó.

- Alejaos de aquí. Todos. – dijo alguien de repente. Se trataba de Taki. – Ya habeis perdido demasiado aquí dentro.

- ¿Y tú qué vas a hacer? – inquirió Raphael.

- Yo…voy a intentar no perder demasiado también. – respondió la ninja. – Voy a entrar a ayudar a Heishiro a acabar con ese maldito monstruo.

- Entonces nosotros te ayudaremos. – se ofreció Yunsung.

- ¡No! – se negó la japonesa. – Vosotros teneis razones de peso para salir cuanto antes de aquí… Sophitia tiene a su familia. Kilik y Xianghua se tienen el uno al otro, al igual que Mi-na y Yunsung. Raphael tiene a su hija Amy…

- Yo tampoco tengo a nadie. – señaló Ivy. – Es más, la única persona que me importa algo ahora mismo, también está ahí dentro. Así que yo entraré contigo.

- Ivy… - dijo Alan de repente. – Lamento comunicarte que Rock, así como yo, no tiene salvación posible.

- ¿C-cómo?

- Así es. La única forma en la que podríamos seguir existiendo es que Soul Edge también lo haga, y si eso ocurre, será horrible para todos.

- Pero…él me contó…tú le dijiste que…si Soul Calibur…

- Me lo inventé. – confesó Alan. – Yo sé y he sabido siempre que en cuanto Soul Edge desaparezca, yo lo haré con ella. Y nunca me ha importado. Sé lo que es correcto, y sé que debo sacrificarme por el bien común. Le dije eso a Rock para darle esperanzas para luchar, y que no se desviase del camino correcto. Pero lo cierto es que está tan acabado como yo… Lo lamento mucho.

Ivy quedó estupefacta tras las afirmaciones de Alan.

- Yo sé que él querría que tú estuvieses a salvo. Y me voy a encargar de que así sea. Así que, hasta que esa maldita espada sea destruida, voy a permanecer a tu lado y garantizar que no te pones en peligro. ¿Estamos?

Ivy dudó por unos segundos.

- Está bien. – respondió mientras una débil lágrima asomaba por uno de sus ojos.

- Así me gusta. – dijo Taki. – Y ahora, por favor, marcháos de aquí. Dejadlo todo en nuestras manos.

A regañadientes, todos se convencieron de que Taki tenía razón, y se fueron alejando de la Catedral Perdida, intentando olvidar lo ocurrido para poder regresar a sus vidas, y confiar en que Taki y Heishiro supieran resolverlo todo.

Taki esperó a perder al resto de vista para disponerse a entrar de nuevo en la Catedral. E iba a hacerlo cuando escuchó una voz femenina a su espalda.

- Perdone… ¿puedo encontrar aquí a Heishiro Mitsurugi?

Taki se dio la vuelta para ver quién le hablaba, y se quedó bastante sorprendida con lo que vio.

Frente a ella había dos mujeres: una de rasgos europeos pero con una vestimenta japonesa, y la otra una joven que no debía llegar a la edad adulta con rasgos del sudeste asiático y una extraña indumentaria.

...

Mientras tanto, en el interior de la Catedral, se seguían desarrollando las dos luchas: Heishiro contra Nightmare y Rock contra Cervantes.

La Catedral seguía derrumbándose poco a poco, y en un determinado momento una de las columnas se desmoronó y cayó sobre Cervantes, inmovilizándolo.

Aprovechando el momento, Rock se dispuso a ayudar a Heishiro a acabar con Nightmare.

Poco a poco, entre los dos iban doblegando el poder del caballero oscuro, que tenía que vérselas con un zombi inmortal y con, sin duda, el guerrero más poderoso que quedaba en el mundo (sin contar al propio Nightmare).

Fue en esos instantes de inferioridad de Nightmare, cuando se escuchó un disparo que volvería a cambiar la inclinación de la balanza.

Cervantes había conseguido librarse de alguno de los escombros que lo inmovilizaban, había alcanzado su pistola y disparado a Heishiro, al que la bala había alcanzado en una pierna. El japonés no pudo mantenerse en pie y cayó al suelo, perdiendo Soul Calibur en la caída.

El pirata se dispuso a rematar la faena disparando un segundo proyectil que acabara con el samurai, pero Rock reaccionó rápidamente para impedirlo.

Mientras tanto, Nightmare aprovechó la situación y golpeó a Heishiro con una poderosa patada que lo alejó unos metros de Soul Calibur.

Sin embargo, en lugar de intentar rematar al guerrero, Nightmare se preocupó antes de acabar de una vez por todas con la única espada que podía hacerle frente.

Heishiro fue sufrido testigo de cómo el malvado ser levantaba Soul Edge y, con todas sus fuerzas, atravesaba la Espada Sagrada con su hoja.

Soul Calibur, que había estado brillando durante toda su batalla con Soul Edge, se rompió en mil pedazos y su brillo se apagó.

Nightmare, satisfecho, rió con más fuerza que nunca. Estaba disfrutando tanto del momento que no se preocupó de un Heishiro que, desesperanzado, utilizó las fuerzas que le quedaban en abandonar la Catedral antes de que se desmoronara.

Habían pasado pocos segundos desde que el samurai puso un pie fuera de la Catedral Perdida, cuando ésta acabó de desmoronarse por completo.

No importaba: Los tres seres que quedaban dentro; Nightmare, Cervantes y Rock, eran demasiado poderosos o invulnerables como para perecer en el derrumbamiento. Soul Edge había vencido.

Y Soul Calibur…ya no existía.