Me estuve arrepintiendo de publicar esta cosa ahjahja x'D en qué estaba pensando? Bueh, como sea uvu ya había dicho que es mi medio de escape a mis deberes, así que como mi stress es enorme, este capítulo se agrandó más de la cuenta, en todo sentido haha perdonen que Giotto sea tan bitch, pero eso me entretiene xD
Recuerden que si no les gusta el porno duro y gay mejor no lean xDU me gusta traumar gente pero no así hahahah
Ah, lo otro, cuando G y Giotto le hablan a Tsuna se refieren a él como "decimo" en italiano, por eso no lleva tilde ovo
Ahora sí, que venga la cochinadita xD
KHR no es mío y blablá.
Capítulo 2
Temiendo que las cosas se pusieran demasiado serias y complicadas, Primo quiso adelantarse antes de que su sucesor se tirara al suelo a pedir disculpas.
-Gokudera Hayato, ven a reunirte con nosotros, tienes una casa muy bonita.-G no pudo hacer más que golpearse la cara con la palma de su mano, su pareja de verdad estaba con un tornillo perdido.-con mi querido novio estamos experimentando, comprenderás que llevar todos estos años juntos nos hizo caer en la rutina.
-¡Gokudera-kun, él va a…!-Tsuna intentó correr hacia él, pero su pequeño cuerpo fue atrapado, nuevamente, por las grandes manos del primer guardián de la tormenta, sentándolo en sus piernas. No podría decir que era la primera vez que estaba así.
-Lo siento, pero por más descabellada que sea la situación, no puedo dejar que interfieras con los ideales de Primo.-Su determinación fue tal que ni la mirada de cachorro del castaño pudo debilitarlo. Él era el hombre de confianza de Giotto, su deber era mayor que su razón.
-Pueden tomar esto como parte de la herencia Vongola, ciertamente el buen desempeño sexual es otra de las grandes proezas de nuestra familia.-Continuó hablando, a pesar de que la mirada de Gokudera estaba en blanco, no entendía ni media palabra y mucho menos el contexto de todo esto.-Oh, bien, te explicaré desde el principio, pero a solas.
Esta última oración fue interpretada como una orden por la tormenta mayor, levantándose con el décimo bajo el brazo como si fuese una manta enrollada.
-Lo llevaré a casa, no correrá ningún peligro.-Sin dejar que los jóvenes se dieran más que una angustiosa mirada, salió del lugar con el muchacho del que era responsable ahora. Cabe destacar que lo llevo en esa posición todo el trayecto.
-Bien, ya estamos solos, ven.-Tomó al jovencito italiano del brazo, arrastrándolo a su propia habitación.-No tienes porqué tomarte a mal esto, y menos el que G haya tenido relaciones con el decimo.
-¡¿Qué ese bastardo hizo qué?!-La revelación hizo que regresara a la vida, menos mal que no lo mencionó cuando el otro guardián estaba presente o hubiese dinamitado todo el departamento.
-Por eso te digo que te quedes tranquilo, nosotros hemos venido con la misión de enseñarles, para compartir los conocimientos no hay mejor forma que vivir la experiencia ¿no te parece?-Hablaba en un tono tan casual, tan seguro que la calma regresó de algún modo al cuerpo del más bajo, o tal vez volvió a su estado de shock al observar como las ropas ajenas iban quedándose en el piso una tras otra.-No culpes al decimo por esto, nosotros tomamos la iniciativa y es por un bien común, nosotros revivimos el fuego y ustedes aprenden como satisfacerse al nivel de los adultos, porque los he observado y ese sexo de niños que tienen es la punta del iceberg.
-¿En qué momento…?-Su cara adornada con diferentes tonos de rojo cautivó al primer Vongola, ese muchacho de mal carácter además de parecerse montones a su amado G, tenía un encanto propio que estaba ansioso por descubrir.
-Tienes la piel muy blanca y los ojos de un color verde que nunca antes había visto.-Se quedó frente a él, usando nada más su camisa y pantalones.-Y ese cabello plateado te hace alguien tan exótico, apenas y puedo con mis ganas de…-No lo resistió, esa confusión mezclada con vergüenza, tanta rudeza y pureza en un solo ser. Quiso verlo a fondo, conocer todos sus misterios en una sola mirada, en un solo toque que se materializó en un dulce beso.
La tensión de sus hombros fue bajando sin que él mismo se diera cuenta, la seguridad que desprendía el adulto presente lo envolvió, sus labios eran cálidos, tanto que se entretuvo más de la cuenta en ellos antes de involucrar a su lengua. Fue Primo quien dio ese paso, descubriendo la humedad de su víctima, invitándolo a bajar su barrera por completo y aceptarlo.
El contacto de sus bocas alcanzó un nivel tal que ambos cayeron a la cama, las piernas se les llenaban de temblores y las lenguas no se despegaban, estaban marcando su territorio por dentro y por fuera, pasando por labios, dientes, paladares y mejillas. Cuando los labios de Giotto sangraron por una mordida, su mano se hundió entre los hilos de plata del culpable, atrayéndolo con ganas de no cortar nunca más ese lazo, el salvajismo de ese muchacho le hacía perder lo que le quedaba de razón.
-Quiero ver todo de ti, Gokkun.-Sacando fuego por los ojos, despojó a su acompañante de la ropa, dejándole únicamente los colgantes y anillos que siempre llevaba. Increíblemente, fue imitado y quedaron ambos en las mismas condiciones.
No es que haya asumido su forzada condición de infiel, pero hace un buen rato ya que su cuerpo tenía voluntad propia, como era de esperarse en una situación así. Se arrimó al primer Vongola, descubriendo el calor abrasante de toda su piel, junto a una necesitada erección. Sus caderas se frotaron y los suspiros de alivio pronto se convirtieron en gemidos, gritos y frases que no llegaban a completarse.
La blancura del pecho del chico de la tormenta fue irrumpida, cada segundo significaba una nueva marca roja o incluso morada, ya que Primo lo pellizcaba hasta que le arrancaba un grito de su gusto, uno que mezclara pasión y desesperación. Mordiendo y lamiendo hasta su cuello, a ratos sus hombros, recibiendo el premio mayor cuando alcanzaba sus duros pezones, queriendo arrancárselos.
-¡P-Primo…me estoy vinien…do!-Con lágrimas escapando de sus ojos, el más bajo deslizó una mano a sus erecciones, frotándolas con ímpetu hasta conseguir que se liberaran. La gloriosa sensación de venirse con dolor, bañarse con ambas corridas y recibir un nuevo acalorado beso terminó por abrirle las puertas del cielo, o quizás el infierno. Su deseo desatado le hizo posicionarse entre las piernas del mayor, buscando penetrarlo como un animal en celo.
-Hey, no…-Sujetándolo de las caderas, el rubio le puso un alto a las acciones ajenas.-Tranquilo, esto es sólo una lección, no habrá de eso esta noche.-No recibió ni un gesto de desaprobación o enojo, así que fue libre de seguir con su tarea.-Acuéstate, Gokkun.
Inmediatamente obedeció, quedándose con la mirada en el techo y aprovechando de normalizar su respiración. No tuvo mucho tiempo, a los pocos segundos se encontró con el cuerpo del otro sobre él, pero esta vez del otro lado.
Nunca antes había participado en un 69, por algo esta experiencia era para aprender, pensó para sí mismo, pero era difícil concentrarse y actuar cuando ese adulto engullía su pene, casi con elegancia, pero con una fuerza que le levantaba la pelvis de la cama. Lo tomó con sus temblorosas manos, lamiendo toda su extensión entre una pausa y otra, ser devorado por Primo era una experiencia única, como adrenalina viajando a mil por hora por sus venas, se estaba retorciendo y su vista se hacía borrosa, de pronto le daba la impresión de que todo el mundo se volvía blanco y sólo quedaba ese hombre allí, dándole sexo oral hasta hacerlo gruñir de goce.
De un momento a otro decidió que no se quedaría atrás, llenando su boca con la intimidad de su nuevo acompañante, logrando desconcentrarlo y que tambaleara, más cuando trazó un desvergonzado camino con su lengua, partiendo en la punta hasta llegar a su entrada.
-¡Gokkun!-Aprisionando su miembro entre las manos, sus caderas volvieron a cobrar vida, dejándole la tarea más fácil, él mismo se hundía en la boca ajena. Regresó a su propia labor, saboreando su sexo, usando la lengua para terminar de sacarlo de su escondite.
Las experimentadas manos le hacían masajes en los muslos, tragando su zona sensible hasta los testículos, dándole vibraciones a niveles que desconocía, lo cual le daba ánimos suficientes como para pasarle toda la longitud de su lengua por cada rincón de la erección, amasando su trasero con ambas manos, a ratos colando sus dedos por la dilatada entrada. Cada célula estaba siendo ocupada para dar o recibir placer, el nuevo final los golpeó como un balazo, tan intenso que ambos se quedaron jadeando sin poder nada más que eso y disfrutar la eyaculación, la propia y la ajena.
-N…no saques… ¡Nhm!-Mordiéndose el labio con furia, el primer Vongola llevó su mano a donde estaba la del menor, obligándolo a que lo invadiera con sus dedos unos momentos más-¡Gokkun! ¡Gokkun, cuando entras…Ahhh!-No supo explicarlo con palabras, pero el contraste entre la mano tibia del chico y sus fríos anillos de plata eran el conjunto perfecto para hacerlo acabar de nuevo, sumado a la directa estimulación de su próstata.
Se volteó, enloquecido por el cuerpo de ese jovencito que resultó ser una reliquia invaluable, un delicioso manjar que degustaría no sólo una vez, su resto de lógica huyó por la ventana para no volver. Lo tomó entre sus brazos, besándolo hasta conseguir una obscena mezcla entre ambas corridas que todavía no desaparecían de sus labios. Era tan inmoral, tan transgresor y tan malditamente rico sentir las pálidas y pequeñas manos rasguñarle la piel, notar los felinos movimientos de su anatomía. Estaban justo en la posición perfecta, hizo falta que se acomodara un par de centímetros nada más para sentarse en el miembro ajeno. Satisfacción inmediata.
-Nghahh…dijiste que no íbamos a…-Fue silenciado por Giotto al instante, no perdería ni un segundo dando explicaciones, su punto sensible gritaba por más, le exigía darle toda la atención del mundo. Ambas zonas estaban tan mojadas que la penetración tomo buen ritmo desde el inicio, enloqueciendo a los participantes. El guardián no se esperaba esa estrechez en su cuerpo, menos que pudiese aumentarla a voluntad, dándole apretones que le provocaban espasmos y relamerse repetidas veces.
El cuerpo entero de arriba abajo, a veces hacia los lados, en círculos o dando pequeños y rápidos saltos que llenaban la habitación de unos fuertes "mierda, coño, carajo" entre otras exclamaciones. Primo era bueno para llevar el control, pero su goce llegó a otro nivel cuando su seme lo sostuvo, clavándole su erección hasta la base, tan dura y firme incluso a su edad. Lo dejó acostado de lado, con una pierna arriba y se abrió paso en su cuerpo, gimiendo sin timidez alguna a todo volumen.
El orgasmo fue poderoso, no creerían que algo mejor que los dos anteriores pudiera llegarles pero lo hizo, volvieron a mancharse y llenarse el uno del otro. Al instante el rubio se encontró en cuatro sobre las mojadas sábanas, su entrada fue gobernada por la tormenta sin preguntarle siquiera, eso le encantaba.
-¡Gokkun, dame así!-Agitado, con la vista nublada, los cabellos más desordenados de lo normal y la lengua afuera como la de un perro, la imagen de Primo era digna de cualquier película para mayores, sus zonas sensibles estaban enrojecidas y el que lo dominaba no tenía ni la más mínima intención de dejarlo en paz por lo que les quedara de tiempo.
A riesgo de quedar como precoces, los dos se dieron un gusto más sabiendo que eso les traería el climax que tanto ansiaban. Gokudera se dedicó a masturbarlo y darle fuertes nalgadas, mientras que su uke se las arregló para llevar su mano hacia atrás, usando sus dedos para curiosear en la entrada ajena. No pasaron ni diez minutos y volvieron a deshacerse al mismo tiempo.
-¡Ooh, Primo!-Un suspiro que le salió del alma, ese hombre no lo dejaba respirar, cuando se dio cuenta ya lo tenía sobre él, lamiéndole la lengua y frotando su gran erección contra su abdomen, claramente buscando también el ángulo perfecto para que lo encajara por tercera vez.
Los intentos de Dame-Tsuna por hacerle un simple té a G habían fallado de tantas formas, desde no poner azúcar o poner kilos de ella, hasta ir con el brebaje en mano y dejar caer la taza, su mente era el desastre más enorme al que se hubiese enfrentado.
-Giotto se está tardando.-Realmente no era un hombre muy celoso a esas alturas, en vida sí que lo fue, pero le preocupaba todo lo que tuviese relación con su jefe.- ¿Por qué no va a dormir, decimo?
-No creo que pueda conciliar el sueño.-Por un lado estaba la preocupación por lo que le estuviese pasando a su guardián, por el otro la culpa, ambas le estaban taladrando la cabeza.-Pero tengo clases y Reborn no me dejará escapar de ellas.-Intentó reír, pero la falsedad era muy notoria.-Buenas noches, G.
-Buenas noches, decimo.-Se puso de pie para despedirlo, besándolo en la boca hasta que la sorpresa del pequeño se desvaneció, convirtiéndose en una tímida pero en el fondo deseosa respuesta, por más que no quisiera admitirlo, ese pelirrojo era una deliciosa tentación.-Una relación libre no es tan mala idea, piénselo.
En el concurso de agregar nuevas causas de insomnio, G sacó el primer lugar. Los ojos del décimo Vongola no pudieron cerrarse y vio claramente cada detalle de la salida del sol, la ansiedad se lo comía vivo, junto a la indecisión y el miedo.
El mismo amanecer hizo brillar los cabellos de Primo, quien repartía besos sobre la piel de su nuevo amante, quien lucía como un ángel dormido.
-Gokkun, amor…dame una ronda más antes de irte a la escuela.-Bromeó contra su oído, mas sus erecciones matutinas le daban la razón.
-Nhmm…Juudaime.-Como siempre, la primera palabra que nacía de sus labios era esa. Sonrió para encontrarse con su novio, el susto que se llevó al ver otro rostro quedó marcado por varios segundos en él.
-Buenos días, cariño.-Dándole una cascada de besos en las mejillas, se levantó para preparar las cosas del menor.-Sé que no dormimos mucho pero la escuela es necesaria, ¿dónde guardas los uniformes?-Con total confianza se dio a la tarea de buscar su ropa, sin que nadie se lo pidiera.
-¡Oye, espera…! Yo…nosotros…amm…-Las imágenes de esa candente noche lo acosaban sin parar, le costaba creerlo y a la vez no podía ver con malos ojos algo que se había sentido como alcanzar el nirvana.
-Hey, Gokkun.-Lo quedó mirando con la ilusión plasmada en una sonrisa de niño.- ¿Qué tal si tenemos una cita mañana?
Continuará~
