Aquí traigo el final del fic, en serio me sirvió mucho para reírme, jugar y botar tensiones xD hay gente a la que le molesta mucho el ooc, pero a ratos puede ser entretenido, al menos para mí :3 espero el final deje satisfechos a quienes se atrevieron a leer esto x3

KHR es de su mangaka y blablá.

Capítulo 5

El exterior estaba helado, congelado a decir verdad, y las lágrimas que le mojaban la cara empeoraban todavía más el asunto. No le importó realmente, siguió caminando sin rumbo hasta que lo tomaron del brazo, jalándolo para que se enfrentara por fin a sus miedos.

-Juudaime…-Ambos tuvieron la sensación de no haberse visto en mucho tiempo, estaban ahí físicamente pero sus mentes parecían haber estado en un sueño u otro universo.

-Gokudera…-kun.-Se secó rápidamente con la manga de su ropa, lo que menos quería hacer era una escena dramática de novela.-Estoy bien, sólo vine a tomar aire.

-¡Juudaime, tenemos que hablar seriamente! Esto…esto de la relación libre…-Comenzó atropelladamente, era mejor eso que nada, no podrían decir que no lo estaba intentando.

-Lo sé, Primo se ha enamorado de ti, pude escucharlo.-Su guardián se congeló nuevamente, con el sonrojo que ya parecía permanente en sus mejillas, producto del constante estímulo del rubio.-Creo que te convendría mucho tener una relación libre, conmigo o con quien sea.-Le dedicó una sonrisa que por más difícil de creer que fuese, era auténtica.-Tienes a un montón de gente detrás de ti, y quienes no lo están les bastará con conocerte un poco para estarlo. Primo tiene razón, eres una persona hermosa y yo tal vez no he sabido hacértelo ver, por mis problemas, mi poco tiempo y mi timidez.

-Juudaime, no…-Trató de explicarse pero su castaño estaba decidido a hablarle de todo lo que había pensado durante esos días.

-Te ves tan feliz en brazos de Primo, él es un adulto y sabe cuidarte, hacerte sentir bien…en todo sentido.-Se le escapó una furtiva mirada al marcado cuello del italiano.-Yo también me siento bien con G, no lo negaré, pero sabes que si somos "libres" no tendría a nadie más que a él, en cambio para ti se abre el mundo entero. Lo mejor para ti sería una relación libre.

Se formó un silencio que hizo juego con las ráfagas de viento que les llegaban, no era fácil decidir cuál de los dos era más frío.

-Eso…eso no…-Cuando se decidió a hablar, fue interrumpido.

-Me encantaría poder decirte esto de todo corazón, seguramente es lo correcto, pero no lo haré, no te dejaré ir.-Los ojos verdes de su pareja se abrieron de golpe, observándolo con la confusión pintada en ellos.-Gokudera-kun, puede que Primo te ame y probablemente tú también lo hagas pero no me rendiré tan fácilmente.

-¡Juudaime, cómo va a pensar que…!-Y una vez más no le dejaron negar o afirmar nada.

-¡No le dejaré el camino libre a Primo, Gokudera Hayato es mi novio!-Habló tan fuerte que el par de adultos casi se tapa los oídos, mas no detuvieron su camino hacia los jóvenes.

-Cuánta pasión, decimo, me alegro muchísimo.-El rubio recibió una desafiante mirada de parte del jefe menor, como si fuesen a pelear a golpes ahí mismo.-Tranquilo, malinterpretaste todo.-Los dos muchachos voltearon a verlo, luego a G, entre ellos y de nuevo a Primo.- ¿Escuchaste lo que le dije a Gokkun? Pues claro que lo amo, yo adoro a toda mi familia Vongola.

Se había aguantado demasiado tiempo, esa gota rebasó el vaso y por fin G se tomó la libertad de tirarle la oreja a Giotto, recibiendo quejas y regaños por supuesto.

-Entonces…Gokudera-kun…-No estaba todo resuelto, el hermético silencio que había mantenido la joven tormenta debía acabar allí mismo.

-Juudaime, siento que haya llorado por mi culpa, no sé si ha estado angustiado o algo parecido, pero…-Lo miró con su usual determinación, saliendo por fin del hechizo.-También tengo consciencia de la buena pareja que forma con G, pero no se la dejaré tan fácil…yo…quiero a Juudaime cerca otra vez.

En menos de un segundo el más bajo se dejó caer en brazos del italiano, de su querido guardián de la tormenta y todo el tabaco que aspiró en esos instantes le pareció lo más agradable y sanador del mundo. El otro dueto no pudo hacer más que sonreír, conmovido por la ternura expuesta.

Quedaba una última sorpresa en todo ese teatro montado, el gran final se dio en la habitación de un lujoso motel, la cual fue preparada por Primo para el reencuentro de la joven pareja.

Pasaron más tiempo del usual besándose, fue un reaprendizaje de los labios y lengua de cada uno, a ratos lento, luego más salvaje, acariciándose bajo la poca ropa que les iba quedando. No importaba la poca experiencia, el "sexo de niños" del que los habían acusado, era el que más disfrutaban.

-Nhm…Tsuna, cariño…-Decir su nombre a cada instante le llenaba el alma, finalmente era él, su décimo otra vez en sus manos, escuchar sus suspiros y sonreír con los tiernos espasmos que lo dominaban cuando alcanzaba una de sus zonas erógenas le calmaba el alma.

-Hayato…-Deslizó la última prenda de su chico, el encuentro de su piel con la ajena no podía esperar. Gimieron de pleno goce cuando se frotaron, sin separar sus miradas profundas y enamoradas. Querían hacer el amor de nuevo, sólo lo podían llamar así cuando eran ellos los participantes.-Te extrañé mucho, Hayato-kun.

La pálida piel de la tormenta se erizó, estaba escuchando su nombre en la voz de su ser amado, pegado a él por su sudor y palpando con claridad su erección. Ese era su lugar, al lado de Tsuna, detrás de Tsuna, incluso entre las piernas de Tsuna.

Dejaron que sus miembros se reencontraran también, preocupándose de repartir más besos, acariciar los rincones que más habían extrañado y decirse al oído lo mucho que se amaban. No había más dudas sobre ese sentimiento, después de estar tan cerca de personas aparentemente ideales para ellos, y de todos modos volver a reunirse, es algo que no todos hacen.

El castaño dejó a un lado su timidez, estaba feliz y todo daba igual. Se agachó y sujetando del trasero a su chico, se fue tragando la hombría de éste, haciéndolo gritar deliciosamente. Su voz entrecortada, escuchar su nombre y cuanto lo disfrutaba eran incentivos suficientes para comerse a la bestia ansiosa que se retorcía entre sus mejillas, la había extrañado más de lo que imaginaba.

-¡Ahh…Tsuna! ¡La boca de Juudaime es caliente…y pequeña! ¡Nhm, quiero correrme allí!-Dicho esto, se movió frenéticamente contra su uke, el cual aceptó gustosamente saborearlo hasta hacerlo terminar. Ese orgasmo lo dejó en la luna, una donde su persona más amada le hacía cosquillas en la punta para prolongarle el disfrute.

-Hayato-kun es una persona sucia.-Encaramándose en él, le entregó una vista completa de su cuerpo salpicado de su semilla.-Ya que manchaste mi boca, tendrás que hacer el trabajo completo.-Era sorpresivo ver a su dulce novio siendo tan directo, mas no le desagradaba, obviamente, menos cuando inició la penetración de golpe, dándole choques eléctricos por el certero movimiento de su pelvis.

-¡Ooh…Tsuna…Tsuna!-Apoyando las manos en la cabecera de la cama, dejó que el décimo Vongola tomara el control, saltando y dando giros con las caderas. Finalmente estaba dentro de él, eran uno sólo, seguían con la sensación de que se habían separado por meses, eso les provocaba tener una enorme hambre y deseo.

-¡H-Hayato-kun está muy duro!-Miró a su chico desde la altura, era tan glorioso cuando el placer lo invadía al punto de no poder disimular sus gestos y gemidos. Esa piel blanca se le antojaba como nunca, se inclinó sólo para degustarla, morderla y arrancarla pedazo por pedazo, enloquecido de éxtasis.- ¡T-te amo tant…nhgh! ¡Te amo Hayato-kun!

-¡Juudai…nhhh…te amo Tsuna!-Quedaron ambos con las cabezas fuera de la cama cuando el más alto se abalanzó contra su uke, embistiéndolo con todo lo que tenía. El castaño apoyó una mano en el piso para intentar equilibrarse pero era inútil, sus cuerpos ya no respondían a la lógica, sólo querían tenerse, sentirse y gozarse.

La intimidad del décimo estaba chocando con el abdomen de la tormenta, el mancharlo con su presemen le daba un depravado placer que recién estaba descubriendo, quería marcarlo como un animal. Repitiendo el nombre de cada uno mil veces, alcanzaron un orgasmo que los hizo gruñir y posteriormente caer de la cama, ni eso logró que se detuviesen.

Giotto y G quisieron asegurarse de que todo marchaba bien, y si la definición de bien era la escena de Gokudera metiendo su lengua en la entrada de Tsuna, que por cierto seguía llena de su corrida, entonces si lo estaban.

-¡Hayato-kun…! ¡Si entras un poco más vas a alcanzar mi… próstata! ¡Nhhgg, te extrañé tanto, cariño!-De inmediato recibió una húmeda visita en su punto sensible, tan certeramente que se vino, estaba tan caliente que con todo alcanzaba la cima. Su novio aprovechó lo dilatado que se encontraba y volvió a invadirlo, relamiendo y mordiendo sus labios.

-¡Tsuna está tan mojado! ¡Mnh…extrañé tu aroma y sabor!-Cual perro en celo, se sujetó de sus caderas y le dio con toda libertad, recibiendo únicamente sonidos de aprobación. Allí en el suelo, su querido uke se llevaba gran parte de la alfombra entre sus dedos, tratando de aguantar las oleadas de intenso placer que le proporcionaba ese glande chocando en su interior.

-Se ven tan lindos.-No pudo evitar conmoverse de una forma algo retorcida, Giotto podía ver claramente cómo se amaban, lo mucho que se habían extrañado, estaba a punto de decirlo cuando la dura erección de G acarició su trasero.

-¿No quieres verte así de lindo también?-No esperó respuesta, pues era obvia, sus labios fueron reclamados por el rubio y la ropa muy pronto se quedó abandonada por ahí. Después de tanto jugar, estaban listos para volver a unirse como tantos años llevaban haciendo.

Nadie tuvo ánimos ni tiempo de explicar nada, no importaba, daba igual en ese momento que ambas parejas estuviesen teniendo sexo en la misma cama, mirándose el uno al otro.

-¡G, amore mio!-No bajaba la voz por nada del mundo, sólo se preocupaba de mantener los pies en los hombros de su seme, quien con cigarro en la boca y todo lo estaba partiendo con una brutal fuerza.

-Hey.-G estiró la mano para entregarle otro cigarro encendido a la joven tormenta, quien dudó un poco pero dada la extraña situación, que más daba. Estaba fumando y enterrándose en el décimo, por alguna razón era delicioso y mientras se iba consumiendo el pequeño tubo, los dos guardianes parecían estar más calientes. Después de llevar tanto tiempo de relación, el olor a tabaco era afrodisiaco para ambos jefes, casi desearon masoquistamente que los quemaran con el dichoso objeto.

-¡Hayato-kun, me corro!-Muy tarde, al decirlo ya estaba escurriéndose sobre su propia piel, y el escuchar a Giotto alcanzar su clímax aumentó su placer. Sin motivo, los dos hombres del cielo se miraron un segundo antes de fundirse en un húmedo beso, sumergidos todavía en la magia del orgasmo. No hubo de que preocuparse, no habría malentendidos, apenas sintieron sus cuerpos llenos de la esencia de sus hombres, los miraron para deleitarse con la sensual imagen de ellos compartiendo el humo de sus cigarrillos a través de un beso.

Por varios minutos sólo se escuchaban los labios chocando unos con otros, los susurros de amor y deseo, las manos resbalando por la piel mojada y uno que otro grito cargado de satisfacción. Se amaban, se adoraban con una fuerza que ni ellos mismos sabían. El amor ingenuo y alocado de los jóvenes y el amor sincero que había atravesado el tiempo y el espacio, ambos igual de verdaderos.

Se habían conocido completamente en esa locura que duró sólo unos días, mas la confianza se palpaba, del mismo modo que lo hacían sus cuatro miembros, tan juntos que cuando todos alzaban las caderas no quedaba zona sin ser estimulada. Era una locura, esa exquisita locura mezclada con desvergüenza les dio una corrida con sabor a morbo y perversión, tanto que sus lenguas también se unieron en un festival de salivas y alientos que duró hasta que el orgasmo se dignó a dejarlos descansar.

El cielo comenzó a aclararse, el décimo estaba a pocos segundos de caer dormido, pero insistía en sujetar la mano de G. Se sonrieron, se besaron y el pelirrojo volvió al anillo donde por fin podría descansar. En el balcón, la otra pareja intentaba hacer lo mismo, pero algo estaba fallando.

-Giotto…nh.-No entendía bien el motivo de sus nervios, acababan de darlo todo entre los cuatro y ni pizca de vergüenza les dio.-Gracias…la pasé muy bien cerca de ti.-Si se trataba del jefe de los Vongola no era momento de ser tsundere, lo había tratado tan cariñosamente que desde el inicio tuvo ganas de darle las gracias.

-Por nada, Gokkun, lo hice con mucho placer.-Se dio el gusto de besarlo con lentitud, no como todas las veces anteriores donde la pasión era la indiscutible protagonista. Sus labios se saborearon, Primo era un deleite difícil de soltar.-Voy a echarte de menos, amore, sei un dolcissimo amante.-Ambos rieron juntos, se sentía todo tan natural.-Eres una persona preciosa, no tienes porqué mirarte en menos, posees un montón de cualidades únicas y debes dejarlas brillar.-Su sonrisa era tan hermosa que no había forma de contradecirlo.

-Am…Giotto, es muy extraño que yo pregunte esto, p-pero…-Las escenas de horas atrás llegaron a su mente. No tuvo tiempo de reaccionar ya que cuando vio a Tsuna correr del bar se apresuró a alcanzarlo, pero no pudo olvidar la profunda mirada que le entregó el primer Vongola cuando pronunció ese leve susurro con su declaración.-Fuiste sincero con Juudaime ¿no? T-tú…dijiste eso porque a-amas a toda la familia… ¿verdad? ¿cierto?

-¿Importa tanto eso? Dime que crees tú, Gokkun.-Cuando reía así era muy difícil saber que tan en serio había que tomarse sus palabras, parecía un juego, pero los ojos brillantes y llenos de un puro sentimiento que logró ver no podían mentir.- Al cuore non si comanda…

-¿Eh?-Esa débil frase no lo alcanzó, o no estaba seguro de haber oído bien. No preguntó, más bien no pudo, un nuevo beso le selló los labios y la calidez de ese rubio lo dominó.

-Cuida y ama con todo tu corazón al decimo ¿está bien? Que sean muy felices juntos.-Antes de que el chico tormenta dijera o preguntara cualquier cosa, su cuerpo volvió a ser la flama que se esconde en el anillo del cielo, dando por finalizada la aventura.

Gokudera permaneció allí unos minutos más, observando la salida del sol, abrazándose a sí mismo para disfrutar los últimos momentos antes de que el aroma de Giotto se fuera para siempre de su ser.

Fin

Sei un dolcissimo amante: Eres un dulcísimo amante

Al cuore non si comanda: El corazón no se manda

Gracias por dar fav, follow y reviews en este bizarro fic :3 la pasé muy bien escribiendo y manejando a Primo como si fuese una chiquilla de shoujo con ninfomanía (? Hahaha

Es difícil escribir sobre la primera familia Vongola, la poca la información que se da de ellos y el casi nulo desarrollo impide conocer a fondo sus personalidades, todos sabemos eso. En base a estas cosillas, pensé que G y Giotto serían personas que tienen la calma que sólo se puede alcanzar luego de la muerte, ya no tienes nada que perder, sólo queda pasarla bien y hacer lo que se te da la gana, aunque Primo ya hacía eso en vida hahah pero es más o menos por eso que ninguno de los dos se enoja o estresa demasiado, tienen una relación tan firme que ni se inmutan por los jueguitos que tienen con los niños y todo lo sucedido.

Quizás algún día escriba más sobre este universo, me quedé tan prendada del ship entre Giotto y Gokudera que incluso los he estado dibujando xD si alguien quiere ver eso puede pasar al link que está en mi bio y echar un ojo 8) nuevamente gracias por leer y ojalá tener más tiempo para escribir cosillas y ponerlas acá :D