Si se preguntan ¿porque los cambios? Bueno es que vi muchos errores ortográficos por ende decidí arreglarlo para que fuera una mejor historia y les encantara más n_n
-o-o-o-o-o-o-o-
InuYasha's POV
Han pasado 10 años desde que me trajeron a este horrible lugar, otro día se observa cuando el sol se clavó en mi desgastada piel como si fuera un cuchillo, mi malnutrido cuerpo se podía observar sin dificultad. Realmente aquella "prisión" bueno quizá la palabra prisión era extremadamente suave. Aquello que me privaba de mi libertad podría ser llamado un campo de exterminación de gente como yo, en ese momento la sed llego a mi garganta pidiéndome desesperadamente un poco de agua pero sabía perfectamente que aunque les ruegue a esos sacerdotes jamásme darían agua, así que tendría que aguantar pero mis fuerzas están desvanecidas ya que la aldea está hecha de un campo poderoso de energía donde perdemos nuestros poderes convirtiéndonos en una presa fácil, sin poderes para mí era como vivir en una luna nueva sin fin…mis manos estaban raspadas y ensangrentadas de tanto "trabajar"
Salí de mi habitación como pude ya que mis piernas no dan para más, mi respiración era entrecortada, mire la valla llena de campo de energía que me separaba de mi libertad observe como los pájaros revoloteaban en aquel bosque, libres de toda opresión y sentí envidia ya que sabía perfectamente de que me perdía, de todas las cosas hermosas del mundo en especial de las risas y comida deliciosa de mi hermosa madre, mis compañeros de celda eran unos youkais y como yo era un hanyou se la pasaban discriminándome y tratándome mal, haciéndome bromas pesadas…como aquella vez cuando me bañaba escondieron mis ropas y tuve que salir desnudo al aire libre y aguantarme las burlas de los demás youkais ya que a los sacerdotes no les importaba absolutamente nada de lo que me llegara a pasar, solo les importaba mantenerme encerrado. Pude recuperar mis ropas después un largo rato y no pregunten como lo hice, por favor.
-¡¿Por qué nos hacen esto?! ¡¿Qué les hemos hecho?! ¡Quiero ser libre!- Grite con todo el aire que quedaba en mis pulmones, ante mi grito aquellos pájaros que se encontraban volando se fueron despavoridos hacia el peligroso bosque asustados, sabía que debía ser fuerte y resistir, no dejaría que unos simples humanos me vieran hundido no suplicaría por nada, ni por agua ni por comida ya que aquí la comida, bueno realmente ni comida se podría llamar nos daban. Los daiyoukai eran encerrados en sellos ya que ellos eran los más fuertes entre ellos se encontraba mi hermanastro sesshoumaru, cuando llegue aquí me entere de su existencia.
-¡Hey! ¡Tú! – exclamó un sacerdote haciendo que volviera a la realidad. Con rabia, dirigí mi mirada hacia aquel molesto hombre y lo mire con odio.
-¿Qué? – pregunte altanero. Nadie en la aldea tenía el valor suficiente para hablarles así a los sacerdotes, ya que muchos que lo hacían terminaban completamente muertos por "atacarlos como bestias que somos". Pero yo era completamente diferente ya me daba igual si me asesinaban porque así acabarían con este sufrimiento que viva día tras día en este horrible lugar.
-¡Muestra más respeto engendro repugnante!-me pego una bofetada con un pergamino en mi rostro haciendo que saliera un aura poderosa por lo que perdí el equilibrio y caí al suelo soltando un gemido de dolor por causa de los poderes de ese sacerdote. Pero yo ya estaba acostumbrado a este tipo de trato –Ve con los demás al centro de la aldea, es hora de trabajar- me ordeno para luego dejarme solo por lo que me dirigí al centro de la aldea a "trabajar" ya que si no lo hacia mi castigo seria completamente inhumano.
Al llegar, observe a los youkais trabajando como burros, después de todo los sacerdotes nos decían que nosotros no nos cansábamos por ser criaturas sobre naturales pero no entienden que al tener este campo de energía rodeando el lugar nuestros poderes se desvanece como el polvo en el aire, cuando llegue a mi lugar de trabajo empecé a trabajar con mis garras ya que no nos daban nada para hacer el trabajo, mis garras enseguida se mancharon de sangre, me ardían y dolían pero aun así seguía trabajando sin importar nada.
-¡InuYasha! Iba a ir a buscarte – dijo un chico bastante pequeño acercándose a mí - ¿Qué sucedió? ¿Te hicieron algo? –Me preguntó preocupado observando el moretón que tenía en mi pálida cara.
-¡Keh! No es nada, estoy bien –dije en tono altanero – No me hicieron nada que no hagan todos los días.
-Es cierto, aquí nos tratan como si no sintiéramos –dijo mi pequeño acompañante con un semblante lleno de tristeza-
-¿Qué sucedió? – dije angustiado al ver esa cara triste muy raramente el mostraba tristeza en sus ojos.
-InuYasha –dijo en un suspiro- tengo algo importante que decirte…
-Habla de una buena vez Shippo! –Le exigí como odiaba que siempre tardara en decir las cosas-
-Hoy…Se llevaron a Kagura – me explico mirando hacia el azul cielo- y no ha vuelto, realmente….lo siento InuYasha, ya no volverás a ver a Kagura.
-¡No! –exclame horrorizado- ¡No puede ser! ¡Shippo dime que no es verdad! –estaba sorprendido no cabía en mi mente, mi mejor amiga se había ido, la habían matado esos desgraciados, ella era importante para mí en esta aldea de horrores, apreté mis puños sintiendo aquella impotencia de no poder hacer nada, a cada minuto que pasaba me quedaba cada vez mas solo primero fue Shouri y ahora Kagura ¿quién seguirá después…?
-Lo siento, realmente lo siento –decía Shippo llorando- cada vez que esos sacerdotes se llevan a los youkais a ese cuarto de exorcismo no regresan jamás
-¡Cálmate! –dije con mi flequillo cubriéndome la cara – sé que ella no querría que estuviéramos tristes, tenemos que ser fuertes.
-¡Bueno ya cállense!- dijo uno de los sacerdotes empujando a Shippo quedando a mis pies- aquí se viene a trabajar no a andar hablando seres asquerosos.
-¿Estas bien? –le pregunte a mi amigo ayudándolo a levantarse.
-Si estoy bien, esos idiotas no sé porque hacen esto nosotros no le hacemos daño a nadie –decía Shippo con muchas lágrimas en sus ojos, limpiando su rostro con su mano.
-Así son los humanos, simplemente nos desprecian sin importarles nada –dije en tono indiferente, como odiaba a esos tipos.
En eso apareció un hombre alto con cabello negro y ojos marrones interrumpiendo nuestra conversación y haciendo que muchos dejaran su trabajo para observarlo el cual tenía un semblante de odio profundo y una crueldad que el que lo viera podía apreciar al mismo demonio en persona. Cargaba un traje de sacerdote pero no como uno cualquiera parecía como si fuera uno de más alto rango, el cual se volteo a verme con una cara realmente fría haciéndome tragar grueso pero aun así le respondí con una mirada retadora.
-Verán… - comenzó a hablar aquel hombre – Yo soy el gran y poderoso sacerdote Miyamoto, el nuevo líder de esta aldea y me encargaré como se debe de ustedes engendros– una sonrisa escalofriante adornó su rostro – Como sabrán, el antiguo sacerdote fue tan inútil y no supo cómo lidiar con basuras como lo son ustedes, pero alégrense porque yo soy diferente – con cada palabra que salía de su horrible boca lo iba odiando, cada vez mas; si llegue a pensar que el sacerdote anterior era malo, este hombre lo superaba por trillones ya que se notaba a simple vista que no tenía corazón –así que pequeñas ratas no se preocupen, conmigo están en muy buenas manos- bromeo y comenzó a reírse al igual que los demás sacerdotes y exterminadores de youkais que se encontraban en el lugar- ahora, ¡A trabajar! ¡Muévanse! –nos gritó haciendo que todos los youkais y hanyous se dispersaran por toda la aldea para hacer su trabajo.
-InuYasha…ese tipo está completamente loco y da miedo – me dijo Shippo temblando de miedo.
-¡Keh! No me importa – dije restándole importancia no dejare que un simple humano me intimide, no señor, esos seres podrían quitarme todo pero no mi dignidad.
-Sabes, me impresiona como puedes sostenerte y ser de carácter fuerte –me dijo ya más calmado.
-Tengo que ser fuerte si quiero sobrevivir.
-Tienes razón, yo no quiero morir aquí.
-Tranquilo no vas a morir, no pienso permitir que te toquen ni un solo cabello te protegeré aunque me cueste la vida ya que no quiero perder a otro amigo más -dije intentando darle ánimos a mi amigo- lo juro.
-¡Si! Tienes razón hay que seguir adelante-dijo con una sonrisa –oye sabes había escuchado algo interesante sobre nuestro nuevo líder-dijo haciéndome verlo con cara de curiosidad.
-¿Así? Y ¿Qué es eso tan interesante? –Dije con poco interés intentando ocultar mi curiosidad.
-Bueno escuche que tenía una hija-soltó por fin aquella información, mientras escarbaba la tierra.
-¿Una hija? –dije en modo desinteresado- así que ese idiota tiene una hija...pobre tipa de seguro será igual de amargada que el-pero al decir eso sentí una roca pegarse contra mi cabeza haciéndome voltear para ver de donde era dirigida.
-¡Cállate engendro! Escuchar tu asquerosa voz nos dan nauseas –dijo un youkais al otro lado de nosotros, solo me limite a ignorarlo después de todo iba a callarme puesto que mi sed aumentaba y tenía que ahorrar saliva si quería mantener mi boca húmeda.
Así pasó el día, entre gritos, golpes y abusos por parte de los sacerdotes y también heridas y caídas por parte de los prisioneros que nos encontrábamos en ese lugar, si era muy difícil sobrevivir. Por la noche entre a mi cabaña donde apenas habían camas y cabían los youkais los cuales empezaron a molestarme pero solo los ignore y me senté con Shippo en un rincón realmente nada había cambiado desde que este nuevo sacerdote entro al mando, seguían los mismos maltratos y sufrimientos bueno a quien quiero engañar las cosas sí que cambiaron ahora los tratos hacia nosotros eran más violentos y más sanguinarios. No entiendo porque los humanos tienen que ser así no les importa nada ni nadie, les da igual si todo lo que toca se destruye no aprecian nada de lo que la vida les llego a dar alguna vez.
-Mañana nos espera un largo día lleno de un cruel destino para nosotros –susurre mientras mis fuerzas se iban desvaneciendo- sin comida y sin agua –fue lo último que dije antes de caer dormido.
Continuará….
