Lamento si eh tardado mucho D:! esque aveces las ideas no llegan y bueno tener pocos reviews hacen sentir que no me esta quedando muy bien x-x pero bueno aun asi intentare seguirlo :3 y muchas gracias por los que me dejan comentarios (:

-o-o-o-o-o-o-o-

Kikyou's POV

La mañana estaba muy calurosa, los rayos del sol atravesaban las ventanas de aquella oscura habitación. Me levante con pesadez, observe mi nuevo cuarto realmente era mucho más pequeño y sombrío, si, ya habían llegado a ese nuevo templo que desde el momento en el que lo vi odio ese lugar por completo era tan triste me sentía como un pájaro enjaulado, lo único hermoso que tenía ese templo de horrores era el hermoso jardín donde se podría apreciar las frondosas flores y la fresca brisa que meneaba las plantas. Pero claro para mi estaba "prohibido" estar en ese lugar. Me dirigí a mi armario para vestirme y salir un rato a caminar por los pasillos, luego intentaría conseguir un material para ponerme a pintar y poder pasar el tiempo. Tenía que buscar una forma de distraerme ya no era la entrenadora de Kagome debido a que según mi padre ella no es apta para ser sacerdotisa y solo está aquí en el templo para hacerme compañía.

Me vistió con mi típico kimono de sacerdotisa y amarre mi largo cabello con una cinta blanca. Salió de mi cuarto para comer algo pero cuando estaba por llegar a la cocina se empezaron a escuchar gritos que provenían de la habitación de mi padre , al parecer Kagome discutía algo con ese hombre, esto me dio curiosidad por ende me acerque intentando escuchar que decían con sumo cuidado.

-¿Qué hace señorita? – Pregunto un joven alto de cabello negro atado a una pequeña coleta con vestiduras como la de un monje, haciéndome sobresaltar del susto, no me había percatado de su presencia al estar concentrada en la discusión.

-Nada – conteste rápidamente– solo quería darle el buenos días a mi padre es todo.

-El sacerdote Miyamoto se encuentra ocupado – explico aquel hombre- creo que lo más conveniente es que vengas más tarde .

-Eso haré muchas gracias – conteste con ganas de ir a la cocina cuando aquel joven me detuvo.

-Puedo acompañarla hermosa señorita- dijo amablemente el joven peli negro- me supongo que debes ser hija del sacerdote, ¿oh me equivoco?

-Si, soy su hija –conteste indiferente i, realmente me quería deshacer de el - me llamo Kikyou pero discul…

-Un gusto hermosa señorita, soy el monje Miroku – dijo con una hermosa sonrisa interrumpiéndome mientras besaba la palma de mi mano.

-El gusto es mio Miroku-sama… pero tengo que ir a comer algo nos vemos –hice una reverencia para intentar irme del lugar.

-¡Oh! Está bien dulce jovencita, pero –agarro mis manos y con una hermosa sonrisa dijo- ¿le gustaría tener un hijo conmigo?

-¿Q-Que? – exprece atónita y es putrefacta mientras me sonrojaba, pero al parecer un boomerang golpeo la cabeza de aquel joven haciendo que soltara mia manos, subi la mirada para ver de dónde prevenía, observe a una hermosa joven de pelo negro con rayos marrones, de mirada asesina con un hermoso traje de exterminadora color negro con rosado.

-Usted monje pervertido – dijo aquella joven tomando su boomerang de vuelta- no debería ir por ahí pidiéndole esas cosas a todas las jóvenes hermosas que vea.

-L-lo siento Sango-chan es solo que no pude resistirme – se excusó aquel monje llamado Miroku.

-Idiota- dijo sango ignorándolo mientras dirigía su vista hacia mí- lamento si mi tonto compañero te asusto, es un completo idiota –suspiro- me llamo Sango y soy exterminadora es un gusto conocerte hija del sacerdote – extendió su mano para que la estrechara-

-El gusto es mío – dije estrechando aquella mano extendida- y por favor llámame Kikyou.

-Está bien Señorita Kikyou espero que su estadía por aquí sea de su agrado- expreso aquella exterminadora con una sonrisa amplia en sus rosados labios.

-Gracias – dije amablemente – ahora si me disculpan debo ir a la cocina por mi desayuno.

-Te acompaño, una hermosa dama como tú no debería ir sola – sugirió el monje con una sonrisa obteniendo una cara de fastidio con un deje de frialdad por parte mía y una asesina por parte de Sango.

-No es necesario, se cuidarme sola, además no quiero molestarte – dije algo fríamente mientras una fingida sonrisa se posaba en mi rostro.

-Pero si no es ninguna molestia – insistió este- vamos te acompaño.

-Si es así yo iré también, me asegurare que no haga tonterías monje pervertido – interrumpió Sango la invitación de este. Iba a aceptar la invitación de aquel joven junto con esa exterminadora cuando se holló la puerta deslizarse-

-¡Sango! ¡Miroku! – dijo sorprendido aquel hombre – Querida, ¿desde cuándo estas aquí? – esto último fue dirigido hacia mí.

-No mucho, el monje Miroku me había dicho que estabas ocupado y decidí no molestarte – le explique a mi padre- Me preguntaba si ya desayunaste. Quisiera que me acompañaras esta mañana.

-Perdóname hija, pero no creo que pueda ser en este momento – miro a Sango y a Miroku- tenemos que irnos parece que surgió algo importante – se dirigió a la salida del templo junto aquel monje y la exterminadora- prometo almorzar contigo – con esto último se dirigió fuera del lugar para desaparecer.

-Nos vemos luego Kikyou-sama fue un gusto conocerla – dijo aquella exterminadora mientras arrastraba consigo a Miroku que no dejaba de verme con una mirada pervertida.

-Siempre es lo mismo con el – suspire amargamente, estaba cansada de que mi padre nunca me tomara en cuenta.

-Ese joven se veía muy apuesto, ¿no lo crees? - pregunto Kagome saliendo de la habitación de mi padre.

-¡Kagome! – exclame- me asustaste…si es apuesto pero no me llaman la atención los pervertidos – dije aquello ultimo con frialdad.

-Siempre tan fría con estos temas Kikyou – comento burlonamente Kagome, haciendo que solo le dirigiera una mirada fría- vamos Kikyou, cambia esa cara es un día muy hermoso.

-Si un hermoso día... Para ti – dije fríamente dándole la espalda y empezando a caminar.

-Vamos sé que no te gusta este lugar pero al menos dale una oportunidad – dijo Kagome intentando animarme.

-¡Nunca le daré una oportunidad! –exprese con molestia- me siento aprisionada como si fuera una criminal, en fin ¿Dónde está Kaede?

-Fue al pueblo a comprar cosas para el almuerzo de hoy, por eso dijo que no la esperaras para el desayuno- me explico la ex aprendiz de sacerdotisa.

-Entiendo…oye Kagome – pronuncie su nombre con algo de interés - ¿puedo salir al jardín?- pregunte con una sonrisa en sus labios –

-¿Al jardín? – dijo Kagome algo preocupada guardando silencio por un momento.

-¡Vamos Kagome! Me prometiste que me dejarías ir por favor –dije jalándola del brazo mientras la miraba suplicante, Kagome estaba realmente nerviosa sabía que me lo había prometido pero si la llegaban a descubrir se armaría un gran alboroto en todo el templo pero al ver mi cara llena de tristeza, la conmovió un poco haciendo que aceptara que fuera al jardín y si mi padre llegaba a aparecer ella la cubriría fingiendo ser yo, puesto que el parecido entre ambas era sorprendente. Pero con una condición la cual consistía en que tendría que regresar antes del almuerzo para que el sacerdote Miyamoto no se diera cuenta de la pequeña aventura que estaría a punto de hacer.

Desayune lo más rápido que pude para luego ir a buscar mis materiales de pintura. En la biblioteca del templo conseguí pergaminos sin usar, tinta y algunas plumas suficiente material para salir a dibujar un rato el hermoso jardín que se encontraba en el templo. Salí sigilosa intentando no ser descubierta por nadie en el templo que pudiera decirle a mi padre que había salido sin su permiso. empecé a caminar entre aquellas flores, observando los arboles crecer tan alto. Amaba sentir la brisa fresca en mi cara y el rose de las plantas en mis tobillos sintiéndome libre por primera vez en un largo periodo de tiempo.

Me detenía a pintar algún pajarito que se posaba en las ramas y las flores en especial aquella flor que llevaba mi nombre, puesto que era mi flor favorita. Me sentía en otro mundo, todo era tan mágico y hermoso. Aquel templo podría ser lo peor pero el jardín era tan mágico que me hacía olvidar todas sus penas y en especial mi enfermedad. Llevaba ya algún tiempo caminando cuando me topé con el inicio de un fuerte.

-¿Eh? ¿Ya llegué al final? – Mire de nuevo hacia atrás y note que el templo se veía un poco lejos- Tal vez…Sí, ¡aun me queda tiempo para explorar un poco más! – exclame algo entusiasmada recorriendo aquel fuerte cubierto por una enredadera.

Camine observando cada detalle de la enredadera: tenía pequeños capullos de rosas en sus ramas, y se extendía a lo largo de todo el fuerte. Pero, note algo extraño. Algo que se veía diferente en una parte de aquel extraño fuerte. A diferencia del resto del fuerte que estaba hecho de madera, ese pequeño pedazo era de una textura diferente y apenas se podía notar la diferencia.

-Tal vez… - dije sospechando lo que era. Comencé a quitar la enredadera que se atravesaba, y después de unos minutos, descubrí lo que era - ¡Una puerta! – Exclame emocionada recordando lo que me habían mencionado Kagome y Kaede sobre un bosque que se encontraba cerca de aquel templo, mi curiosidad de conocer aquel misterioso bosque me gano haciendo que abriera esa pequeña puerta que se encontraba en el fuerte realmente no fue difícil ya una vez afuera me dedique a conocerlo.

Iba animada, saltando charquitos, esquivando ramas y raíces, y observando el ecosistema del lugar. Estar ahí me hacía sentir muy dichosa y recuerdos de mi infancia feliz recorrían mi mente llenándome de tranquilidad, siempre pensé que caminar al aire libre respirar el aire puro me ayudaría enormemente a mejorar mi enfermedad, pero mi padre nunca me escucho, a veces pensaba que él no me entendía, realmente no le importaba que mi padre se enterara que había salido no quería volver por ahora.

Camine por ese extenso bosque por un rato más, cuando empecé a sentirme cansada. Decidí que era hora de regresar cuando el sonido de un pequeño rio llamo mi atención. Me deje llevar por mi instinto aventurero, por lo que comencé a seguir el sonido de aquella agua. Luego de unos minutos había llegado a un pequeño riachuelo, decidí quitarme las zapatillas y mis medias para sumergir así mis pies en la cristalina agua que se encontraba fría.

-¡Ah! ¡Pero qué bien se siente! – suspire relajada, y abrí los ojos, para encontrarme con algo de lo que no me había percatado. Más allá del riachuelo, unos cuantos metros de distancia de donde me encontraba. Había como una valla rodeada de campo de energía, era tan larga y estrecha que no podía verse el fin de aquella valla, me dio curiosidad por saber que era, supuse que era donde se encontraban encerrados aquellos youkais que según mi padre los tenían en ese lugar para así darles más comodidad a ellos y a mantener tranquilo a los humanos, salí del agua colocándome las medias y zapatillas para cruzar de un salto ese riachuelo y camine hasta el inicio de aquella valla. Cuando por fin llege todo parecía tan triste, desolado, no había vegetación alguna. Era la viva imagen de una aldea fantasma.

Con la mirada, trate de buscar a alguna persona. Camine un poco cerca de la valla hasta que vi a un joven parecía descansar cerca de la valla recostado en una pared que se encontraba cerca. Estaba mal. Completamente herido, sus ropas estaban sucias y rotas realmente parecía cansado.

-¡Hola! ¿Te encuentras bien? –quise entablar una conversación con aquel joven, en especial porque me preocupaba su aspecto. El joven movió sus orejas de arriba abajo haciendo que abriera sus ojos y me observara detenidamente. Pero al ver que yo era una sacerdotisa se asustó por completo por lo que intento pararse rápidamente para irse del lugar.

-¡No! Oye… espera no te are nada malo – dije para intentar calmar a aquel chico que al parecer se había asustado.

-¿Eres una sacerdotisa?- me pregunto ese joven acercándose un poco a la valla con campo de energía.

-Sí, soy una gran sacerdotisa, de hecho hasta entrenaba a una alumna pero no te preocupes no te are daño –sonreí para calmar los nervios del joven.

-Ya...veo – dijo mirándome con algo de desconfianza pero al parecer le intrigaba mi presencia en ese lugar y me veía con un brillo especial en los ojos, como si se hubiera enamorado de mi a primera vista, pero eso era imposible yo no me podía enamorar...- ¿No vas a reportarme?

-¿Reportarte? – pregunte sin entender.

-Si...

-Pero no entiendo ¿Por qué tengo que hacerlo? – Pregunte confundida ante aquella pregunta.

-No es obvio… ¡Soy un prisionero! una bestia que esta fuera de su lugar de trabajo para ir a descansar – expreso con tanta obviedad y frialdad en sus palabras.

-¿Un prisionero? – Pregunte más sorprendida aun - pero si mi papa me ha hablado de este lugar, la verdad me parecen geniales ya que los youkais tengan un buen lugar para estar– exclame, teniendo como respuesta una mirada con el sueño fundido.

-¿Un buen lugar para estar? – Repitió estupefacto - ¡¿Un buen lugar para estar?! ¡¿De qué hablas?! ¡Estos lugares son lo peor del mundo! ¡Asesinan a los youkais! ¡No les importa nada! ¡Si eres hanyou te separan de tu familia! – Gritó asombrado haciendo que lo mirara anonadada - ¡Todos los sacerdotes maltratan a los prisioneros! ¡Aquí no hay alimentos! ¡Y apenas hay camas! ¡¿Te parece un buen lugar?!

-Eso es imposible –dije sin salir de mi asombro- no puedo creer que maltraten a los youkais y hanyous en ese lugar porque quieren –cubrí mi rostro con mi fleco- es inhumano.

-Así son todos los humanos –me dijo aquel chico apretando los puños pero al hacerlo un quejido de dolor salió de sus labios y al abrir sus puños pudo observar que estas sangraban.

-¿Estas bien? Tengo que curártelas o se infectaran – realmente me había preocupado por ese chico, siempre fui de alma caritativa y ayudaba a todos los desconocidos y no me importaba que el fuera un hanyou aun así quería ayudarlo.

-No puedes…si entras nunca sales- me dijo aquel chico con melancolía- ya te dije aquí pasan cosas horribles. Pero gracias por preocuparte por mí-por primera vez ese muchacho esbozo una hermosa sonrisa en sus labios.

-Entiendo…- realmente estaba anonada no podía creer lo que mis ojos veían ni lo que ese joven me estaba diciendo ¿Por qué nunca me había dado cuenta de nada? Mi padre…Mi propio padre era un completo asesino…mis ojos comenzaron a ensombrecerse y a ponerse cristalinos mientras se asomaban las primeras lágrimas de impotencia por no poder hacer nada para ayudarlo.

-Supongo que jamás oíste la verdadera versión, ¿cierto? – me miró – ¿Estás bien? – me preguntó al verme caer de rodillas en el pasto – Oye…

-Mi padre… ¡Mi padre es un asesino! – Exclame horrorizada observando aquel hombre bestia con odio e impotencia- ¿Por qué? … ¿Por qué me tubo que mentir todo este tiempo? ¿Por qué mi propio padre tiene que comandar a esos sacerdotes?

-Espera… ¿Quién es tu padre? – el chico se arrodilló a mi altura con gran dificultad estaba completamente débil parecía que sus heridas le ardían y dolían.

-Mi padre es el comandante de este lugar… - me acerque más a la valla para estar más cerca de el - ¿Lo has visto? …

- ¿El comandante Miyamoto?- yo solo asentí – Sí… Vino ayer en la tarde, y hace rato estaba vigilando el lugar…

-Entiendo…- siendo prácticamente una desconocida, pase mis manos por los agujeros de aquella valla puesto que al ser humana el campo de energía no me hacía ningún daño, tome la mano del muchacho y la sostuve entra las mias – ¿Podrías perdonar… perdonar a mi padre? – Trague con fuerza mientras seguía llorando por la impotencia– Él… no es tan malo como parece… Es un buen padre… Sobreprotector tal vez… pero bueno… - lo mire con dulzura, y el chico se sonrojó – Perdónalo…

-Está bien… - aquel hombre sostuvo mis manos y las acaricio, mi piel era realmente suave pude notar que quería posar sus manos en mis mejillas pero aquel campo de energía impidió tal acción, por su actitud puede notar en sus ojos que él veía en mí una sacerdotisa diferente, una que era dulce y amable con él. Una chica que se acercaba a él sin temor ni desprecio por su condición de hanyou-Pero no llores más – dijo por fin- una hermosa mujer como tú no debería adornar su rostro con lágrimas, ya que las lágrimas de una mujer son como perlas preciosas que no deben ser vistas a simple vista – no pude evitar sonrojarme por aquel cumplido y sonreír al ver la dulce mirada que aquel hombre me dedicaba haciendo que mi corazón latiera rápidamente.

-G…gra…Gracias –exprese aun sonrojada soltando las manos del muchacho, al hacer esto pude notar que mis manos se habían llenado de sangre.

-Te he manchado de sangre – expreso avergonzado- lo lamento.

-Tranquilo está bien, me las limpiare luego – dicho esto se formó un silencio no era incomodo en realidad al decir verdad estaba completamente sonrojada y de mi corazón sentía que la sangre bombeaba tan rapidamente haciendo que mi pulso se acelerara y mi respiración se hiciera agitada, pude notar que a él le pasaba lo mismo - y…-exprese intentado romper aquel silencio formado- ¿Cómo te llamas?

-Me llamo InuYasha –dijo su nombre con aquella extrañeza, como si fuera la única humana que ensamblaba una conversación amena con el sin insultarlo o humillarlo como pude notar en su mirada que los demás lo hacían.

-InuYasha... – repetí como si se tratase de algo sagrado- es un lindo nombre

-G…gr…gracias – agradeció sonrojado el joven hanyou – ¿y tú?

-Mi nombre es….- pero fui interrumpida por los gritos de unos sacerdotes que buscaban al joven que al parecer no se encontraba donde debía estar, esto hizo que me asustara y me alejara de ese lugar ocultándome entre los arbustos para no ser descubierta ni mucho menos meter en problemas a aquel joven pero a escondidas pude observar como lo lastimaban por haber desobedecido las reglas haciendo que gritara del dolor que le provocaban aquellos que se hacían llamar sacerdotes.

Luego de estar un rato parada detrás de aquel árbol decidi regresar de nuevo por donde había venido pero al parecer mis mejillas estaban encendidas por un ligero rojo carmesí y mi corazón no dejaba de latir tan fuerte aquel joven prisionero me había parecido tan apuesto y amable, por lo que la idea de que estuviera enamorada de él me parecía absurda era una sacerdotisa no podía estar cerca de un hombre conocía perfectamente las reglas y sus consecuencias. Yo no podía enamorarme eso no estaba permitido para mí, además no lo conocía perfectamente como para pensar en esa posibilidad tan absurda. Pero de algo si estaba segura y era que quería conocer más a ese joven llamado InuYasha aun en contra de las reglas de ser una sacerdotisa.

Cuando llegue por fin al jardín que daba al templo me di cuenta que estaba completamente sucia y aun tenia sangre en mis manos comencé a correr rápido y entrar a la casa tan sigilosa como cuando sali para no ser descubierta, entrando a mi habitación. El reloj marcaba las 12 del mediodía. Mi papa estaba en camino, escondí mi kimono sucio dentro de mi closet entre mi ropa sucia. Me dirigí al baño y mee limpie para quitar todo rastro de que había salido para luego colocarme un kimono negro con flores.

Salí de mi cuarto ya mucho más calmada y cuando me di cuenta Kagome me observaba aliviada de que por fin regresara estaba cubriéndome toda la mañana y tubo que decirle a Kaede donde estaba para así poder cubrirme un poco más. De repente observe a mi padre entrar al templo junto con Miroku y otro joven al parecer Sango no se encontraba con ellos esta vez.

-¡Padre! – Exclame corriendo a abrazarlo - ¡Qué bueno que ya hayas regresado! ¿Almorzaremos juntos? – pregunte.

-¡Claro! Podrás almorzar conmigo, el monje Miroku y el joven Onigumo– respondió sonriendo.

-¿Eh? ¿Miroku...? ¿Onigumo…? – mi rostro se cubrió de decepción y frialdad – Pensé que almorzaríamos en familia…

-¿Pero de qué hablas? ¡El monje Miroku y Onigumo son como de la familia! – dijo animado - ¿Verdad?.

-Así es – contestaron al unísono los dos hombres.

Estaba completamente disgustada por lo que decidí guardar silencio mientras miraba con frialdad a mi padre, pensaba que podría tener un minuto de padre-hija por primera vez en la vida pero al parecer me había equivocado.

-Kikyou, Kagome y yo almorzaremos en la terraza –intervino Kaede- será una tarde de chicas.

-¿Eh? – mi papá miro a la joven sonriendo – Bueno, como quieran… Kikyou, en la tarde iremos a ver al doctor…. Alístate.

-Ok – conteste para luego retirarme del lugar junto con Kaede y Kagome –

Después de que nos sirvieran la comida en la terraza. Nos dedicamos a comer tranquilamente de nuestro almuerzo.

-Dime Kikyou ¿has encontrado algo interesante en el jardín?-me pregunto Kagome mientras bebía un poco de té.

-Bueno realmente solo encontré hermosas flores y me he puesto a pintar algunas es todo –dije intentando omitir que había salido al bosque.

-¿Enserio? Habías tardado mucho y me tenías preocupada pensé que nos iban a descubrir y tuve que decirle a Kaede para que nos cubriera más –dijo Kagome no creyéndolo del todo- Kikyou tienes que ser más precavida recuerda que eres una sacerdotisa y las sacerdotisas no pueden salir de los templos recuerda que tu deber es estar aquí orando, no sé porque accedí a cubrirte en tu capricho.

-Chicas no empiecen, si Kikyou quiso tardarse un poco más tal vez porque quería sentirse unida con la naturaleza un poco más de tiempo ¿no es así? –dijo Kaede intentando tranquilizar la atmosfera que según ella podría colocarse tensa.

-Así mismo fue…..es que todo fue tan…divertido y Kagome se perfectamente cuáles son mis deberes como sacerdotisa pero eso no quiere decir que no tenga una escapadita de vez en cuando – me defendí guiñándole el ojo, realmente cualquiera que lo viera de otro punto de vista pensaría que soy una estúpida rebelde por desobedecer las órdenes del templo y sobre todo mis reglas como sacerdotisa pero no podía evitar querer ser como una chica normal de mi edad. En ese momento recordé aquel lugar donde se encontraba encerrado aquel joven llamado InuYasha - etto…Kaede, Kagome…

-¿Si? – respondieron al unisonó las ya mencionadas.

-¿Qué hacen en aquel lugar donde hay una valla rodeada de campo de energía donde se supone que tienen encerrados a los youkais? – mi tono se volvió serio haciendo que las chicas me vieran seriamente- lo que me comento mi padre a cerca de ese lugar ¿son mentiras, verdad? –cuestione

-Querida… esos no son temas de conversación en la mesa – dijo Kaede pero al ver que en mi mirada había determinación, realmente quería saber la verdad sobre ese lugar no iba a permitir que me siguieran viendo la cara de estúpida, no me iba a detener hasta obtener una respuesta - así es…tienes razón...todo lo que te contaron es mentira…

-Pero...lamentablemente no podemos hacer nada, son ordenes de nuestros superiores, por más injusto que nos parezca lo único que podemos hacer es obedecer – dijo Kagome con la mirada baja, puesto que ella siempre decía que no era justo como aran tratados aquellos seres. No todos los youkais eran malos.

-Entiendo… - caí en cuenta de que InuYasha era un prisionero, así que él también estaba condenado a morir en ese lugar. Pensar en eso me dejó helada – Y… ¿no hay alguna manera de sacar a los youkais de ahí? – Pregunte disimulando mi preocupación.

-¿Eh? – Kagome me miró extrañada - ¿Por qué tanto interés tan repentinamente?

-No es por nada… Solo curiosidad – sonreí y seguimos almorzando.

-Escucha Kikyou por mas que queramos ellos no pueden salir de ese lugar, no todos los youkais son buenos pueden ser una amenaza para los humanos, duro lo sé pero es la triste realidad – dijo Kaede con algo de preocupación para luego terminar el almuerzo.

En la tarde, fui al doctor junto con Kagome puesto que Kaede no podía ir esta vez con nosotras, pues tenía que hacer unas cosas importantes y mi papa como siempre tenía asuntos importantes que atender. El doctor dio un buen diagnóstico al parecer aquella enfermedad que poseía no había avanzado mucho. Me quede dormida cuando regresábamos al templo y soñé con mi nuevo amigo. Al llegar a nuestro destino, Kagome me despertó para que bajara de una vez de la carroza.

-Kikyou…- me llamó cuando estuvo segura de que mi padre se había alejado lo suficiente - ¿Qué soñaste?

¿Eh? – Recordé mi sueño y un color carmesí adornó mi rostro - ¿Por qué lo preguntas?

-Porque venías sonriendo en la carroza y te veías muy feliz… Entonces, ¿me contarás lo que soñaste? –me pregunto una muy interesada Kagome.

De tan solo pensar en mi sueño, me sonrojaba. No es que hubiera sido nada malo, ni nada, lo que pasa es que era sobre él, y la verdad no entendia que me pasaba se suponía que no podía enamorarme. Tenía que quitarme de la mente a ese joven y sobre todo porque apenas y lo conozco, yo no creía posible enamorarme ni mucho menos que alguien se enamorara de una sacerdotisa eso era prácticamente imposible. Pero es que realmente InuYasha se me hacia apuesto, quería verlo de nuevo y si tenía que tener mi amistad con él en secreto ante todo el mundo para evitar problemas lo haría porque sinceramente ese joven me habia caído muy bien y quería conocerlo más.

-¿Kikyou? ¡Kikyou! – Kagome me zarandeo para que regresara por fin al planeta tierra.

-¿Qué sucede Kagome? – pregunte bajando de las nubes pero aún estaba algo ida.

-¡No estás prestando atención a lo que te estoy diciendo! –decía Kagome algo molesta odiaba que la ignoraran.

- Lo siento Kagome…me he perdido un poco en mi mundo por un momento – dije con una mirada inocente.

-Está bien –suspiro mi acompañante antes de que terminara gritándome.

-Oye creo que será mejor entrar al parecer se avecinara una tormenta-dije observando el cielo oscurecerse, haciendo que Kagome asintiera y entrara a al templo junto a mi.

Entramos al templo mientras Kagome se dirigía a hacer unos deberes en la cocina yo entre a mi cuarto buscando mis materiales de pintura para ponerme a dibujar para pasar el tiempo mientras no dejaba de pensar en aquel prisionero.

Continuara

Bueno aquí la continuación de mi fanfic espero que les guste y sean amables conmigo responderé a los reviews

Dany: me hace muy feliz que te guste mi fanfic (: intentare subir los cap un poco mas seguidos espero que este halla sido de tu agrado n_n

Serenity Fullmoon: poner un Sesshoumaru x Rin? O:! realmente no creo que pueda x_x porque no se como ponerla en la historia :x pero si habrá un Sango x Miroku