-o-o-o-o-o-o-o-
InuYasha's POV
Me levante temprano, abrí pesadamente mis ojos, tenía un dolor horrible en la espalda, por causa de unos latigazos que me propiciaron el día anterior, otra vez la sed llego a mí, estaba realmente adolorido y quería levantarme de la cama pero los gritos de los sacerdotes diciendo que era otro día de arduo trabajo me hizo que mis planes por descansar se fueran por la borda.
Desperté a Shippo para salir a hacer nuestra labor, cuando salimos de aquella cabaña nos encontramos con el sacerdote Miyamoto que nos esperaba con una cruel y fría mirada, yo seguí con mi mirada altanera no iba a permitir que ese hombre me intimidara, aun no podía creer como un ser tan despreciable como él tuviera una dulce y hermosa hija.
- Muy bien, montón de basuras –nos gritó con una voz realmente fuerte, esta acción hizo que todos en el lugar se detuvieran – Son unas ratas asquerosas, pronto nos desharemos de ustedes - se acercó a mí, viéndome con asco para luego darme una fuerte patada en el estómago que me dejo sin aire y caí al suelo – Tsk… Deberían morase de una vez, me dan asco.
- InuYasha…- dijo mi amigo Shippo acercándose a mí - ¿E…Estás bien?
- Si... – intente recuperar el aliento y con ayuda de mi amigo me levante.
- Parece que hoy está muy furioso, más de lo habitual – dijo mi amigo preocupado mientras yo me sobaba el estómago, pero antes de que pudiéramos seguir hablando ese sacerdote hablo.
- ¿Qué esperan? ¡A trabajar! ¡Ahora! – nos ordenó haciendo una señal para que comenzáramos a trabajar, los demás youkais acataron la orden inmediatamente.
- ¡Ese maldito! –Exclame enojado- ¡Mira que pegarme sin razón…! Tsk
-Tranquilo InuYasha… Ellos son así, no van a cambiar nunca
- ¡¿Por qué los defiendes?! ¡Vamos Shippo!, ellos nos tratan como si no sintiéramos –replique enojado, pero solo recibí una mirada tierna por parte de mi amigo- supongo que esa es tu personalidad y si cambiaras no serias tu
-Ay InuYasha deja de decir tonterías y vamos a trabajar –me regaño con burla- no querrás que te vuelvan a pegar ¿oh si?
- Esta bien – solo suspire molesto pero luego sonreí- tu sí que sabes verle el lado positivo a este horrendo lugar
- Bueno InuYasha la esperanza es lo último que se pierde – dijo comenzando a trabajar al igual que yo – además no soy el único que tiene la esperanza de salir de aquí.
-¿De qué hablas? –dije indiferente apartando la mirada.
- De cierta sacerdotisa que siempre viene por ti –dijo muy animado mi amigo, en ese instante me asuste y le tape la boca.
-¡Cállate! ¡Nadie debe saber de ella! –Le grite en susurro en la oreja- le pueden hacer algo.
- Ya, ya tranquilo amigo –dijo sobándose la oreja y hablándome en voz baja- pero cuéntame, ¿Cómo vas con ella? Digo porque se te ve muy animado, hasta comes la comida de carbón que nos dan con gusto y no es típico en ti.
-Bueno –dije sonrojándome y apartando la mirada para que no me viera- me va bien, esa chica es dulce y amable, nada que ver con estos desgraciados, si tan solo supiera su nombre…
-¿Aun no sabes su nombre? –me pregunto sorprendido, para luego verme con cara de desaprobación- InuYasha… ¿cuándo te vas a designar a preguntarle su nombre?
- Esta misma tarde cuando la vea –dije animado y seguí mi trabajo, es verdad, desde que esa chica apareció en mi vida todo cambio, me siento más animado y vivo que nunca tal vez sea mentira de que algún día salga de esta prisión pero ella me da esperanza de vivir.
-¡Ustedes! –Nos gritó un sacerdote, acercándose a nosotros- ¿Por qué no están trabajando? ¡Aquí no hay tiempo para descansos!
- ¿Qué no ve que mis manos…? - intente responderle a ese maldito sacerdote de la peor forma posible, pero mi amigo me interrumpió.
-Lo siento mucho, le juro que no volverá a pasar – dijo Shippo volviendo a trabajar yo solo bufe enojado y aquel sacerdote se alejó.
- Shippo a veces no entiendo porque haces todo lo que ellos dicen –dije molesto mientras trabajaba y mis garras se manchaban de sangre realmente me ardían mucho.
- Porque si no lo hago, me mataran y la verdad InuYasha yo tengo fe en que algún día saldré de aquí –dijo mientras bajaba la mirada.
- Ya veo – dije un poco indiferente pero luego caí en cuenta de algo- oye Shippo ¿Qué hora es?
- ¿Te verás con tu sacerdotisa misteriosa? –me dijo burlonamente yo solo me sonroje y desvié la mirada avergonzado- tranquilo ve yo te cubro, después de todo lo he hecho durante estos últimos meses –dijo echándose a reír por mi forma de reaccionar.
-¡Gracias! – sonreí corriendo hacia el mismo lugar donde siempre nos encontramos. Cuando llegue me escondí entre unos arbustos para que ningún estúpido sacerdote notara que había abandonado mis deberes.
Contarle a Shippo sobre mi querida sacerdotisa fue lo mejor que pude hacer, él siempre me ayudaba a esconder las cartas de ella debajo de unas tablas sueltas de madera en la choza, que se encontraba junto en el lugar donde dormíamos para que nadie las encontrara, pero sobre todo debo agradecerle su discreción con este asunto.
Me senté en el mismo lugar de siempre, limpie mis garras ensangrentadas con mi ahori y de los bolsillos de este saque una pequeña concha beish, era el único recuerdo que tenía de mi hermosa madre. Sentí algo de nostalgia tenía años que no la veía, la extrañaba tanto pero no era momento de sacar debilidades, pronto vendría mi amada sacerdotisa y no quería preocuparla por tonterías. Cuando la vea le daré este maquillaje seguro se vería hermosa con él.
Observe el cielo que estaba oscureciendo, tal vez no vendría por esto. La tarde anterior cayo una fuerte tormenta, estaba muy preocupado por ella espero que haya llegado bien a su templo y que no la hayan descubierto pero sobre todo espero que nada le haya pasado en su trayecto, que este bien en ese templo. El tiempo paso y empecé a cerrar los ojos lentamente realmente estaba muy cansado y sin mucha energía.
Un fuerte estruendo causado por un relámpago hizo que me despertara sobresaltado. Dirigí mi mirada al cielo y observe como una tormenta eléctrica estaba a punto de comenzar, me di cuenta que me había quedado dormido esperándola eso hizo que me parara de golpe del lugar haciendo que mi espalda doliera a causa de los latigazos pero no me importo, no podía creerlo me quede dormido, observe el lugar pero ella no estaba. Sentí las primeras gotas de lluvia en mi rostro por lo que decidí regresar a la choza, antes de que la tormenta empeorara.
Llegue rápido a la choza, aunque haya perdido mis poderes de youkai aun poseía mi gran velocidad al correr, vi a Shippo recostado en una de las paredes con los ojos cerrados. Me senté a su lado y abrace mis piernas para soportar el frio que sentía por causa de la tormenta.
- ¿Cómo te fue? – Me preguntó en un susurro mi acompañante – Tardaste mucho.
- No vino – respondí hundiendo mi cabeza sobre mis rodillas y bajando mis orejas de perro – Me dormí donde siempre nos encontramos… Más, un trueno me despertó
-¿No vino? –Me pregunto sorprendido mi amigo volteándome a ver- no te preocupes seguro le habrá pasado alguna emergencia y por eso no pudo venir y cuando se disponía a venir la tormenta la detuvo.
-¿Tú crees? – le pregunte algo dudoso.
-Claro que si, además por lo que me cuentas seguro te quiere y no te defraudaría –con esto dicho se recostó en mi hombro y antes de cerrar los ojos me dijo – no te preocupes estará bien, ella vendrá ya lo veras por ahora solo duerme.
Pasaron los días rápidamente hasta llegar a cumplirse un mes. Siempre la esperaba en el mismo lugar pero ella nunca llego. Yo tenía esperanza de verla y que me dijera que todo estaba bien que no había venido por sus deberes como sacerdotisa. Pero no fue así, no la volví a ver en estos dos largos meses que pasaron, los sacerdotes eran cada vez más crueles con nosotros. No tenía fuerzas para nada, aunque suene increíble yo caí en depresión, solo pensaba en mi amada sacerdotisa, ¿Por qué no venía? ¿Acaso se aburrió de mí? ¿Le doy tanto asco por ser un hanyou? ¿Habrá conseguido una mejor compañía que un asqueroso hibrido como lo soy yo? Esas y muchas preguntas sucumbían en mi cabeza, yo realmente la quería, ella era mi razón de sobrevivir pero ahora todas mis esperanzas y fortalezas se había ido con ella. Ahora entendía el dicho "el amor te hace débil".
- InuYasha, despierta – mi amigo Shippo intento despertarme pero sinceramente no quería despertarme- esto, no puede ser… ¡InuYasha! ¡Despierta! –me grito tan fuerte en mi oreja que me levante de golpe, odiaba que hiciera eso ¿Qué no entendía que tenía un oído sensible?
-¡¿Qué quieres?! –Me senté en el suelo mirándolo con un gran enojo por el grito.
-¡Dios mío! ¡Solo mírate InuYasha! –Me dijo preocupado- estas pálido, casi no comes. Me tienes preocupado –dijo ayudándome a levantarme- ¡Tienes que superar esto!
- No tengo ganas de…
-¡InuYasha! – Me interrumpió- no quiero escusas tontas de "no puedo" "no creo" y cosas así ¡eres un hombre! Tienes que levantarte y si esa estúpida sacerdotisa ya no viene, ¡Que importa! Es una tonta que no te merece, no te dejes caer por esa embaucadora que no merece nada de ti, ¡¿Crees que me gusta verte medio muerto?! ¡¿No eres tú el que se queja siempre de darles el gusto a los sacerdotes?! ¡Pues entonces! ¡Llévale la contraria a esos estúpidos, como siempre lo sueles hacer! ¡Mantente vivo! ¡Podías vivir tranquilamente antes de que llegara esa esa despreciable sin sentimiento por ti, puedes hacerlo ahora!
- Shippo…- en cierto modo me animo su comentario y asentí caminando hacia la puerta- hare lo que pueda...
- ¡Perfecto! ¡Ya es momento de que dejes de ser la victima!-me dijo corriendo hacia mí, realmente Shippo era un gran amigo, siempre estaba ahí para mi aunque el fuera de cuerpo más débil que yo, tenía una sonrisa y un ánimo que lo caracterizaban. Realmente agradecía a todo ser por tener un gran amigos como él. Pero aun así estaba intranquilo…sentía una extraño presentimiento.
Salimos de la cabaña, y encontramos un gran alboroto, se estaban llevando a muchos youkais. Shippo veía en silencio y angustia a todos aquellos que fueron apresados a la fuerza. Cuando nos acercamos a ver qué pasaba uno de los sacerdotes me agarro.
- ¿Qué está haciendo? ¡Suélteme! –grite mientras intentaba zafarme pero vinieron más sacerdotes para apresarme y uno de ellos me dio un golpe en la espalda haciendo que me callera
-¡Levántate! ¡Deprisa! –Me grito uno de esos sacerdotes mientras me jalaban- te llego la hora asqueroso hanyou.
-¿Q…que? –No daba crédito a lo que acababa de oír- no…no por favor suélteme –intente zafarme pero solo me agarraban más fuerte y empezaban a golpearme con todas sus fuerzas, no quería morir, al menos no sin antes verla.
-¡Suéltenlo! –grito mi amigo Shippo mientras se acercaba hacia nosotros, hablo con uno de los sacerdotes por un par de minutos, luego vi como ellos me soltaban y lo apresaban a él. Yo quedé atónito no sabía que decir o hacer.
-InuYasha… te voy a decir una cosa –alcanzo a decirme Shippo con una gran sonrisa- siempre fuiste mi mejor amigo y te quiero mucho.
-¿Shippo? ¿Qué significa esto? – le pregunte con algo de temor pero el solo me ignoro y camino junto con esos sacerdotes desapareciendo de mi vista pero cuando vi hacia donde lo llevaban me quede pálido, mi garganta se secó, lo estaban llevando a la sala de exorcismo. En ese momento entendí todo mi mejor amigo se había sacrificado por mí, intente correr para detenerlo pero muchos youkais que pasaban por ahí me impedían el paso. Intentaba acercarme pero unos sacerdotes me empujaron al suelo para que no siguiera caminando y nos ordenó a muchos que volviéramos a trabajar. Ese día perdí a mi mejor amigo.
-¡SHIPPO! –grite con todas mis fuerzas hacia el cielo, me sentía impotente primero perdí a mi amada sacerdotisa y ahora a mi mejor amigo. Me sentí realmente solo, sin nadie que me ayudara, después de todo él era el único que no le importaba que fuera un hanyou.
Continuará…
