Gracias por leer y comentar. Siento cualquier fallo de antemano porque no estoy teniendo tiempo para leer y corregir como me gustaría. Deciros que si tarde en actualizar es porque estoy intentado terminar la otra historia y así centrarme un poco más en la otra.
Disfrutad.
Viernes en la Mansión Mills.
Regina hacía cedido su puesto en la cocina a Emma lo que le provocó un ataque de nervios al ver a Emma descolocándolo todo y haciendo un desastre en sus ordenados armarios.
-¡Emma!- Gritó Regina que seguía sentada sobre el taburete.
-¡Sí!- Dijo Emma cansada- Tengo cuidado, tranquila.- Aseguró sacando la carne de la nevera.
-No puedo más.- Regina se levantó y miró a la rubia.- Yo me encargo. ¡Fuera!- Espetó Regina empujando un poco a Emma.
-Pero… Regina… no debes hacer esfuerzos.- Soltó Emma molesta.
-Me da igual, no considero que cocinar sea hacer esfuerzos así que relájate y ve a jugar con Henry.- Regina la empujó de nuevo echándola de la cocina.
Emma subió las escaleras buscando a Henry que estaba terminando de hacer las tareas para poder disfrutar del fin de semana. Emma entró en la habitación y Henry sonrió, sabía que su madre debía cocinar.
-¿Te ha echado?- Preguntó Henry que a pesar de sólo tener 5 años era un niño muy inteligente.
-Así es. ¿has terminado los deberes?- Preguntó Emma acercándose a la mesa.
-Casi, sólo me queda colorear ese dibujo para la clase de dibujo.- Aseguró el niño sonriendo.
-Te espero y echamos unas carreras.- Dijo Emma sentándose en la cama observado a su hijo.
-Seguro que te gano, he practicado.- Soltó mientras seguía coloreando.
-Eso lo veremos, renacuajo.- Emma se tumbó sobre la cama y empezó a leer el cuento que Regina había empezado a leerle al niño.
Henry seguía concentrado en su tarea mientras que Emma seguía distrayéndose con su libro, pasó más de media hora en la que ninguno de los dos habló concentrados en sus tareas. Fue Henry el que al terminar de realizar el dibujo se giro y se encontró a Emma dormitando sobre su cama.
-¡Mama!- Gritó tirándose encima de ella para despertarla.
-¡Qué susto!- Gritó esta también cogiendo la almohada para golpearlo en la cara.
-¡Guerra!- Espetó Henry cogiendo un cojín del suelo y empezó a golpear también a su madre.
Los dos empezaron una guerra de almohadas, se golpeaban el uno al otro entre risas y cosquillas, la batalla se hizo más intensa cuando Henry se armó con dos cojines e hizo un emparedado con Emma. La rubia dolida en su orgullo por el buen golpe dado por su hijo se giro y cogió la almohada para golpearlo por detrás y sorprenderlo pero el niño esquivó el golpe y una lámpara cayó al suelo rompiéndose en pedazos.
-¡Mierda!- Dijeron los dos a la vez.
-Henry, esa lengua.- Le regañó Emma a pesar de que ella también lo había dicho.
-Pero… si tú también lo dices.- Se enfadó el niño por el regaño.
-Da igual… yo soy mayor.- Emma miraba hacia la puerta rezando para que Regina no hubiese escuchado el golpe.- Tenemos que esconder esto.- Soltó Emma rápidamente.
-Es verdad, si mami se da cuenta nos mata.- Soltó Henry levantándose rápidamente.
-Ponte los zapatos, no quiero que te cortes.- Dijo Emma levantándose y cogiendo algunos cristales más grandes del suelo.
-¿Qué está pasando aquí?- Dijo Regina abriendo abruptamente la puerta haciendo que los dos se asustara.
Henry corrió al lado de Emma y ambos la miraron a los ojos, las hormonas estaban haciendo su efecto y provocaban que los cambios de humor de Regina fuesen una bomba que podía explotar en cualquier momento. Regina miró detrás de la rubia y vio la lámpara sobre el suelo hecha pedazos, colocó sus manos sobre las caderas haciendo que los dos temieran lo peor, ese gesto sólo mostraba el gran enfado que la morena tenía.
-¡Pillados!- Dijo Henry en voz tan baja que sólo Emma lo escuchó provocando que casi se riera.
-He hecho una pregunta.- Insistió Regina en un tono duro.- ¿Qué ha pasado aquí?
-Esto…. Nosotros… estábamos…- Henry no podía evitar estar tartamudeando debido al miedo que su madre le daba cuando se colocaba en esa postura, últimamente todo era un gran drama para su madre y eso pasaba por cualquier tontería que hiciese.
-Regina, cálmate. No es bueno para Sophia que te alteres.- Dijo Emma intentado jugar su mejor baza.
-Sophia está muy tranquila.- Soltó Regina pasando su mano por la barriga.
-¿Qué le ha pasado a la lámpara?- Volvió a preguntar perdiendo la paciencia.
-Estábamos jugando y la golpee.- Dijo Emma mirado a Henry con cara de pena.
-¡Emma!- Gritó Regina frustrada por la actitud infantil de su mujer.- Eres peor que un niño.- Le regaño.
-Lo sé, pero me adoras.- Soltó jugando con fuego.
-No juegues conmigo. Estáis los dos castigados.- Dijo Regina girándose para salir de la habitación.- Recoged eso.- Soltó antes de salir.
-¿Cómo castigados? –Dijo Henry entrelazando los brazos por el enfado.
-Castigados, los dos.- Soltó Regina girándose para mirarlo a los dos.
-Pero si ha sido mama.- Dijo Henry enfadado por el castigo.
-¡Eh!- Gritó Emma dándole un golpe en el brazo al niño por delatarla tan fácilmente.
-Los dos.- Sentenció Regina que estaba a punto de marcharse.
-Y se puede saber…. ¿cómo nos vas a castigar?- Dijo Emma poniendo tono pícaro que Henry no entendió pero que Regina captó enseguida.
-Esta noche nada de postre.- Soltó saliendo de una vez de allí para que no rechistasen más
-¡Mama!- Dijo Henry sentándose en la cama con los brazos cruzados.
-¿Qué?- Emma preguntó recogiendo todos los pedazos de cristal y limpiando el desajuste.
-Mami nos ha castigado por tu culpa.- Soltó con algo de rencor.
-Por culpa de los dos, tú también jugabas. Además luego la convencemos para que nos quite el castigo.- Emma le guiñó un ojo y Henry casi sonrió.
-Como no pueda tomar postre ya verás.- La amenazó Henry dándole un manotazo en el culo de broma.
-¿Pero qué…?- Dijo Emma cogiendo a Henry en brazos como pudo y haciéndolo caer sobre la cama.- Ve y tráeme la escoba para limpiar esto.
-Voy.- Henry salió corriendo escaleras abajo a coger lo que su madre le había dicho.
Al entrar a la cocina se encontró con Regina metida entre los fogones, del interior salía un olor exquisito y nada más entrar se dio cuenta de que había preparado una de sus tartas de manzana lo que le hizo sentirse mal por el castigo.
-Mami.- Murmuró una vez dentro de la cocina al ver que su madre no lo había escuchado.
-Dime.- Dijo Regina que parecía mucho menos enfadada que antes.
-Mama necesita la escoba, me la das.- Siguió con su tono inocente.
-Henry, eres muy listo pero estas castigado así que no intentes convencerme.- Regina entró en la despensa y saco lo que necesitaba.
-Es que hay tarta de manzana, sabes que es mi favorita.- Soltó Henry dulcemente.
-Lo sé.- Dijo Regina que se resistía a dar su brazo a torcer.- Toma… lo quiero todo limpio.
Henry desapareció con una sonrisa en su cara, sabía que su madre le dejaría comer una porción de tarta esa noche, lo había visto en sus ojos al hablarle tan dulcemente.
Emma había terminado de recoger los trozos más grandes y los había tirado cuando vio aparecer a su hijo con esa gran sonrisa en la cara que le hizo sospechar que no tramaba nada bueno.
-¿Qué te pasa? –Preguntó Emma mirando a Henry que le daba la escoba.
-Mami seguro que me deja comer pastel.- Soltó con voz triunfante.
-Eso habrá que verlo.- Dijo Emma para picarlo un poco.- Listo. Vamos a jugar un rato donde no podamos romper nada.-
Los dos bajaron al sótano y se pusieron a jugar tranquilamente mientras que Regina disfrutaba metida en la cocina haciendo sus manjares para la cena de esa noche.
-Buenas noches, Mary Margaret.- Dijo Regina abriendo aún más la puerta.- David.- Dijo también al ver al hombre entrar.
-Hola.- Dijeron los dos a la vez dándole dos besos a Regina la pasar. - ¿Somos los primeros?- Preguntó David.
-Así es. Los demás tienen que estar a punto de llegar.- Dijo Regina dirigiéndolos al salón para tomar una copa antes de cenar.
-¡Abuelos!- Gritó el niño lanzándose a los brazos de David.
-Hola, campeón.- Dijo el hombre levantándolo en peso.- Ya casi no puedo contigo.
-Lo sé, es que como mucho.- Soltó provocando las risas de los allí presentes. – Hola abuela.- Dijo dándole un beso también a Mary Margaret.
-¿Dónde está Emma?- Preguntó Mary mirando a su alrededor sin verla.
-Estará a punto de bajar.- Dijo Regina que tampoco sabía dónde se encontraba la rubia. - ¿Vino?-
-Claro, gracias.
Los cuatro se sentaron en el sofá a esperar la llegada de Ruby, Dorothy, Kate, Bella, Will y Killian. Emma estaba metida en su habitación, acababa de recibir una llamada que no esperaba y le había trastocado todos sus planes.
Tras más de media hora en la que los cuatro charlaron tranquilamente el timbre sonó, fue Henry el encargado de abrir pues sabía que era Kate la única que tocaba así.
-¡Hola!- Gritó la niña abrazando a Henry que correspondió al gesto aunque sin mucha gracia. – Vamos a jugar.- Dijo cogiendo al niño del brazo para irse juntos.
-Buenas noches, familia.- Dijo Ruby nada más entrar.-
-Hola.- Dijeron los allí presentes levantándose para saludarse.
-Bella y Will vienen ahí detrás.- Dijo Dorothy evitando que Regina cerrase la puerta.
-Perfecto, sólo falta Killian para poder empezar a cenar.- Soltó Regina con una sonrisa.
-¿Y Emma?- Preguntó Ruby curiosa de no ver a su amiga.
-Perdonad, voy a buscarla.- Dijo Regina que no había caído en la falta de su mujer y se preocupo.
Regina fue directamente a su dormitorio pues fue allí donde había dejado a la rubia cuando bajo a abrir la puerta. Entró y se la encontró pensativa sentada en una de los sofás, tenía las piernas cruzadas y la cabeza reclinada contra el cabecero lo que hizo preocuparse a la morena que se acercó rápidamente.
-¿Estás bien?- Preguntó Regina posando su mano en la frente de la rubia.
-Perdona, me he quedado adormilada.- Dijo Emma que no quería preocupar a su mujer.
-¿Qué pasa, cariño?- Preguntó Regina que conocía muy bien a Emma y sabía que algo le sucedía.
-Nada, sólo que estoy un poco cansada.- Soltó intentando levantarse pero Regina la empujó hacia atrás sentándose en sus piernas.
-Emma… te conozco, te ha sucedido algo y no me quieres contar.- Regina beso dulcemente los labios de la rubia.- Sí no me cuentas voy a estar preocupada toda la noche y va a ser peor.- Dijo cogiendo la mano de Emma y colocándola sobre su vientre.
-Me ha ofrecido un puesto en la policía de Boston.- Dijo Emma sin pensarlo demasiado pero sintiéndose culpable una vez que lo había dicho.- Perdón.- Emma abrazó a Regina.- No he tenido nada de tacto al decirlo, lo siento.
-¿En serio? – Preguntó Regina que estaba sumamente sorprendida.
-Sí, me han llamado hace un rato.- Dijo Emma aún sorprendida por la pregunta.
-Esa es una gran noticia.- Regina estaba contenta por el progreso de su mujer.
-Regina, tendría que irme a Boston.- Dijo Emma con voz entristecida. Regina la miró, no había caído en eso. Ir y venir todos los días sería demasiado pesado para ella.
-¡Oh!- Dijo Regina sin saber que más añadir, no quería cortarle las alas a su mujer pero realmente no la quería lejos.
-He dicho que no pero me han dado unos días para pensarlo.- Contestó Emma acariciando el vientre de su mujer.
-Emma… yo no quiero que te sientas obligada a perder una oportunidad así.- Dijo Regina aunque realmente quisiera decirle que no la quería una sola noche lejos de ella.- Sí tu quieres aceptar, veríamos la forma de arreglarlo.
-Mi vida, no te quiero lejos.- Dijo Emma dándole un beso.- No puedo pasar dos días sin verte, imagínate una semana. No podría vivir sin Henry, sin ti, sin Sophia.- Confesó acariciando el vientre abultado.
-Sé que puede ser una gran oportunidad para ti y no quiero que luego te arrepientas.- Dijo Regina abrazandola.
-Soy feliz siendo sheriff de Storybrooke, no me arrepentiré de elegir a mi familia.- Dijo Emma que ahora estaba más segura que nunca de su decisión.
-Piénsatelo este fin de semana, el domingo lo hablamos de nuevo y tomas una decisión.- Reflexiono Regina que no quería que Emma tomase una decisión así a la ligera.
-Tomaremos una decisión.- Corrigió la rubia.- Somos una familia, lo decidiremos juntos.
Emma se levantó cogiendo a Regina de la mano bajando las escaleras para reunirse con sus amigos. Esas cenas se estaban haciendo habituales entre ellos, se divertía, charlaban, bebían y sobre todo reían, todos estaban en perfecta armonía y eso hacía que se lo pasasen genial juntos.
-Antes de tomar el postre.- Dijo Emma levantándose para verlos a todos.- Tenemos que deciros que sabemos el sexo del bebe.- Emma sonrió al verlos a todo expectantes a sus palabras.
-¡Demonios, Emma, dilo ya!- Soltó David provocando que todos a su alrededor se riese.
-¿Mama, no se lo has dicho?- Dijo Emma agachándose para preguntarle al oído. Mary Margaret negó con la cabeza.
-Es una niña.- Soltó Henry emocionado haciendo que Emma lo mirase con un poco de odio pero provocando después las carcajadas de toda la mesa por la emoción que se vio en sus palabras. – Yo he elegido el nombre.- Añadió él muy orgulloso.
-¿Cómo se llamará?- Preguntó Kate que estaba a su lado.
-Sophia.- Dijo Emma que se adelantó al niño sacándole la lengua.
-¡Me encanta!- Gritó Ruby y miró a Bella que parecía también encantada con el nombre.
-¡Nos encanta!- Dijo Bella para verificar las palabras de Ruby.
-Una niña.- David había comenzado a llorar al saberlo.
-¡Papa!- Gritó Emma acercándose a su lado para darle un abrazo.- Eres un blando.- le susurró al oído.
-¡Paga!- Le dijo Ruby a Killian.
-¿Cómo que pague? –Preguntó Regina que había estado al margen disfrutando de todo.
-Apostamos por el sexo del bebe, he ganado.- Dijo Ruby tendiéndole la mano al hombre que miraba a Regina con cara de disculpa.
Toda la mesa comenzó a reír ante la cara de enfado que Regina parecía tener, fue Emma la que se acercó a ella y consiguió que se relajase y no matase a sus amigos.
-Mami… ¿Puedo?- Preguntó Henry señalando la tarta que Mary Margaret estaba cortado.
-Eso mami… ¿Podemos?- Dijo Emma poniendo los mismo ojitos que Henry para enternecer a Regina y que los dejase tomar postre.
-¿Qué os pasa?- Preguntó Mary Margaret.
-Mami nos ha castigado sin postre por romper una lámpara jugando.- Contó Henry provocnado que Emma se enrojeciese por las palabras del niño.
-¿En serio, Emma?- Preguntó su madre negando con la cabeza.- Eres como un crío.
-Dímelo a mí.- Soltó Regina con resignación.
-Por favor…- Dijo Henry mirando de nuevo a su madre.
-Está bien, sólo un trazo.- Soltó ella rindiéndose ante su hijo.
-Por favor…- Repitió el gesto Emma provocando una carcajada en la mesa.- Prometo recompensarte.- Murmuró Emma cerca del oído de Regina.
-Esa es tu obligación.- Sentenció Regina.
-¿Segura?- Preguntó Emma que seguía con el juego.
-Totalmente, no creo que quieras el divorcio tan pronto.- Dijo Regina provocando que Emma abriese la boca dolida por sus palabras.
-¿Sólo me quieres por el sexo?- Preguntó fingiendo estar molesta.
-Totalmente.- Volvió a decir Regina.- Así que aplícate porque últimamente me estas descuidado.
Emma enrojeció y miró al resto de sus amigos que parecía estar totalmente ajenos a la conversación en susurros que ellas dos estaban teniendo. Regina sonrió con satisfacción al ver la cara dolida de Emma y no pudo evitar mirarla de arriba abajo.
Justo cuando iba a hablar notó que su vestido se subía y que la mano de Emma llegaba a su muslo, enrojeció pero agradeció la reacción de la rubia.
-¿Te estoy descuidad?- Preguntó Emma.- Vamos a la cocina un momento a por el té.- Dijo Emma cogiendo la mano de Regina para salir de allí.
Regina sonreía ante el orgullo herido de la rubia, realmente sólo lo decía de broma pero le estaba gustando las reacciones que Emma estaba teniendo ante sus palabras, y no podía negar que le excitaba enormemente ese juego.
-¿Para qué quieres té?- Preguntó Regina como si no supiese que hacían allí.
-¿Cómo que te descuido?- Preguntó Emma ignorando a la morena.
-Claro.- Dijo Regina apoyando la espalda en la encimera.
-¿Y lo que hicimos anoche?- Preguntó Emma mirando a los ojos de la morena que fingió no recordar nada.
-¡Ah!- Dijo fingiendo sorpresa.- Eso sólo fue un calentamiento, querida.- Soltó Regina que vio molestarse un poco a la rubia.
-¿En serio? ¿Calentamiento?- Emma había caído completamente al juego de la morena y no se había dado cuenta.
-Así es. Últimamente no tienes ningún aguante cariño.- Regina se mordió el labio.
-Muy bonito. Ahora sí que vas a saber lo que es no tener sexo en una temporada.- Dijo Emma dirigiéndose a la puerta de la cocina.
-¿En serio?- Preguntó Regina soltado una carcajada.
-¿Qué?- Preguntó Emma desconcertada por la actitud de la morena.
-Emma, estoy de broma.- Dijo Regina cogiendo la mano de Emma y llevándosela a su muslo.
-No me parece una buena broma.- Dijo Emma dolida.
-Venga, cariño. Sabes que me encanto lo de anoche, pero me gustaría repetirlo esta también.- Le guiñó un ojo y dirigió sus manos la trasero de la rubia que se sobresalto.
-No lo sé, lo tengo que pensar.- Dijo Emma dejándole un beso en los labios y desapareciendo de la cocina.
-Esta noche te vas a enterar.- Soltó Regina para sí misma.
Os explico que el nombre de Sophia (Sofía, en castellano), no tiene ningún trasfondo, simplemente es un nombre que me encanta y que me parece perfecto para una niña, quizás si alguna vez tengo alguna le pondré ese nombre. Me alegro de que os haya gustado y os parezca apropiado para la historia.
