-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Kikyou's POV

Han pasado 3 meses desde que mi padre me mantenía encerrada en este templo completamente sola, aún estoy muy enojada con mi padre por lo que intentaba evitarlo y sobre todo no le hablaba, me mantenía encerrada en mi habitación solo me limitaba a salir para comer y hacer mis oraciones como es mi deber.

Permanecía la mayor parte del tiempo acostada en mi cama o dentro orando por las personas como era mí deber, no dejaba de pensar en InuYasha ya habían pasado 3 meses que no sabía absolutamente nada de él y eso me entristecía haciendo que mi cuerpo se volviera más débil y mi misteriosa enfermedad avanzara.

Quería salir pero sabía que no podía los sacerdotes y algunos exterminadores mantenían bien vigilado el lugar, por lo que se me aria muy difícil salir. Había ideado un plan perfecto, siempre fui una mujer muy astuta por lo que use mi audacia para estudiar sus movimientos y hoy pondría en marcha mi plan.

-¡Debe funcionar! –dije para mí misma sonriendo- a ver, repasemos –empecé a enumerar mentalmente mi plan- primero debo esperar que sea el medio día ya que todos se encuentran almorzando de 12:00 a 1:00 pm y el jardín estará despejado, bajare cuidadosamente por la ventana y me escurriré hasta la puerta del bosque –sonreí triunfal- es perfecto, nada puede fallar.

Me dirigí hacia el armario donde estaba un hermoso kimono color rosa con azul, me lo puse sonrojada quería que InuYasha me viera distinta sin mi traje de sacerdotisa deseaba verme linda para él, aquel hombre mitad bestia había cautivado mi corazón sin darme cuenta. Sé que estaba mal, era una sacerdotisa y él era un hanyou no podíamos estar juntos, si alguien nos veía podrían matarme por traidora pero no puedo evitar este gran amor que siento por él ya es muy tarde para dejarme llevar por la razón. Para despistar a los demás sacerdotes busque entre mi armario cosas que me pudieran ayudar.

-¡Perfecto! –Dije sonriendo al encontrar un baúl con muchas cosas que los sacerdotes usaban para despistar a los demonios en batallas, me dirigí a la cama y coloque cuidadosamente las almohadas y la peluca negra – esto los despistara un buen rato.

-Señorita Kikyou –escuche la voz de Sango al otro lado de mi habitación haciéndome sobresaltar un poco- su padre saldrá un rato al parecer surgió un imprevisto y pregunta si necesita algo.

-No necesito nada –conteste fríamente.

-Está bien – dijo aquella exterminadora para luego marcharse del lugar, bien mi plan comenzaba ahora.

Abrí la puerta de mi cuarto para cerciorarme de que no hubiera nadie en el lugar. Luego me dirigí a mi cuarto de nuevo hacia mi armario donde saque muchas mantas y empecé a atarlas. El reloj sonó dando las 12 en punto, me asome por la ventana y vi que todo estaba despejado por lo que no pude evitar sonreír. Ate las mantas a la cama y luego la deje caer por la ventana.

-Bueno es hora de ver a mi amado InuYasha –dije al momento que sujetaba la "cuerda" que había creado con las sabanas para ver si la había atado bien, arrime la cama hacia la ventana para que nadie notara la cuerda. Empecé a bajar con cuidado no quería caerme ni mucho menos rasgar aquel hermoso kimono que llevaba puesto. Realmente me sentía emocionada nunca había hecho algo como esto pero eso no quitaba que me emocionara.

-Bien, pude bajar tranquilamente- manifesté alegre, empecé a ver por ambos lados- no hay moros en la costa.

Camine sutilmente agachada por el jardín y finalmente pude salir al bosque. Respire profundamente sintiendo la libertad después de estar encerrada como esclava durante 3 largos meses. Comencé a correr para llegar más rápido a donde estaba mi querido InuYasha, después de unos minutos llegue a la valla rodeada de un fuerte campo de energía y en el centro pude observar a InuYasha con la mirada baja jugando con la tierra.

-¡InuYasha! –exclame feliz al verlo, pero al parecer lo asuste haciendo que se levantara rápidamente pero al verme sus ojos opacos y sin brillo cobraron vida.

-¡Pensé que nunca volvería a verte! –me dijo con una hermosa sonrisa en su rostro mallugado.

-Me han pasado muchas cosas InuYasha –dije algo triste pero luego sonreí- tengo muchas cosas que contarte, yo lamento mucho mi ausencia.

-N...no te preocupes –dijo algo triste y me observo sorprendido- que hermoso kimono traes.

-¿En serio te gusta? –dije sonrojada tomando la tela con mis manos.

-Te ves muy linda así…me gusta más que tu traje de sacerdotisa.

-A mí también –dije sonriendo y sentándome en la tierra- te extrañe tanto mi querido InuYasha –dije pasando mis manos por la valla acariciando su rostro.

-Y yo a ti, no sabes cuánto –me dijo melancólicamente juntando sus mano con la mía atrapándola entre su mejilla y su mano.

- ¿Te pasa algo? –pregunte algo preocupada.

-¿Te acuerdas de Shippo? –empezó a decir comenzando a preocuparme, solo asentí- lo…lo llevaron- dijo con un nudo en la garganta bajando la mirada cubriendo su rostro con su fleco- se sacrificó por mi…

-¡¿Qué?! –Exclame sorprendida- lo…lo siento InuYasha, lo siento mucho pero ¿Qué fue lo que paso?

-Desde que te fuiste los sacerdotes no dejaban de humillarme, perseguirme o maltratarme –dijo en un suspiro- un día vino un sacerdote a querer mandarme a la cabina de exterminación pero Shippo lo impidió.

-Lo lamento –volví a decir triste por mi querido hanyou.

-No te preocupes –dijo mirándome firmemente – dime ¿Qué paso entre tú y tu padre?

– Bueno es una larga historia –respondí con un poco de amargura. InuYasha solo me sonrió y entendí perfectamente su mensaje. Había llegado el momento de usar los aviones de papel.

Le escribí detalladamente todo lo que había pasado en estos meses: mi padre lastimándome, Kagome y Kaede interponiéndose ganándose que las echarán del templo dejándome a merced de él. Le comente que me mantuvo encerrada bajo la vigilancia de sus demás sacerdotes, los planes que había hecho y como logre escaparme de esa odiosa prisión.

Luego de leer mi carta con una cara de sorpresa él se limito a responderme. Me conto lo que había pasado con Shippo, que me esperaba todos los días con esperanza de que volviera a verme aunque las últimas semanas lo había hecho desbastado pensando que jamás volvería a verme, me conto que muchos sacerdotes lo molestaban diciendo que lo matarían pronto, no paraban de golpearlo y sus compañeros de habitación eran completamente crueles con el ya que por ser un hanyou nadie lo quería en ese lugar.

Me sorprendí al leerlo todo y me preguntaba cómo alguien tan bueno y puro como mi querido InuYasha tenía que soportar maltratos tanto físicos como psicológicos en ese horrible lugar. Al leer que me esperaba siempre me conmoví y le pedí perdón por haberlo abandonado todo este tiempo. Él no me guardo rencor alguno; no había nada que perdonarme por lo que me sentí muy feliz.

-InuYasha…-dije captando su atención- voy a sacarte de aquí pronto, te lo prometo.

-Por favor, no prometas cosas en vano –dijo con una sonrisa de medio lado.

-Lo digo en serio –dije seria – soy una sacerdotisa muy buena, seré pronto la sucesora de mi padre y cuando tenga ese poder, te sacare de aquí.

-Gra...Gracias –dijo con una sonrisa en los labios para luego colocar sus manos dentro de sus ropajes- por cierto estaba guardando algo para ti –dijo mostrándome lo que tenía en sus manos- es…es para ti...-dijo apenado y sonrojado.

-¿Para mí? –dije con una sonrisa tomando el objeto y observándolo, al parecer era una conchita de mar beish con un maquillaje rojo en su interior- gracias…

-De…de nada...-dijo aun rojo volteando su mirada- era de mi madre, es el único recuerdo que tengo de ella.

-Entonces...-dije sorprendida- no...No puedo aceptar un regalo tan valioso como este- dije algo apenada.

-No seas tonta, claro que puedes quedártelo –dijo sonriéndome- a mí no me sirve de nada.

-Gracias –dije conmovida guardando el regalo de mi amor dentro de mis ropajes- bueno tengo que irme.

-¿Tan pronto? –dijo algo triste bajando sus orejas de perro.

-Si…-dije algo triste también- si me descubren no podré venir a verte de nuevo, no sabes cuánto te extrañe mi querido InuYasha.

-Y yo a ti mi hermosa sacerdotisa –dijo con una cara comprensiva- espero volver a verte.

-Claro que sí, jamás voy a dejarte solo –dije sonriendo- por favor no dejes que te maten, si te pasa algo yo me muero –dije bajando mi mirada.

-Te prometo que no me pasara nada –dijo sonriéndome para alentarme- no voy a morir, ¿está bien? Por ti soportare hasta el peor de los castigos.

- Esta bien –dije algo calmada- bueno debo irme –comencé a caminar, te quiero mucho InuYasha, hasta pronto.

-Hasta pronto… ¡Oye! ¡Aún no se tu nombre!

Escuche como si me hubiera dicho algo pero realmente se me estaba haciendo muy tarde, debía regresar si no quería tener problemas ya vería otra ocasión para que me dijera. Entre de nuevo al patio de aquel "templo", me agache como pude y me arrastre por los arbusto, no me importaba que mi kimono se ensuciara ya InuYasha me lo había visto y es lo que me importaba. Llegue hasta donde estaba la cuerda, observe que nadie estuviera vigilando los alrededores y subí por aquella cuerda que había creado con mis mantas para por fin entrar a mi cuarto. Todo estaba en orden tal y como lo había dejado antes de partir.

Me acosté en mi cama encima de aquella cosa que había creado para que fingiera ser yo. Estaba agotada pero eso no quitaba mi felicidad, observe aquel maquillaje que me había dado InuYasha me lo colocaría esta noche.

-Voy a ver si la señorita Kikyou se encuentra bien –escuche la voz de Onigumo cerca de mi habitación sacándome de mis pensamientos- No ha comido nada en todo el día.

-¡Vamos Onigumo! ¡Espera por favor! La señorita Kikyou debe estar dormida –reprocho aquel monje llamado Miroku acercándose también- ¡No debes molestarla!

Al escucharlos palidecí, quite la peluca y almohadas lo más rápido que pude tirándola debajo de la cama. Me dirigí al armario y me quite el kimono rápido para colocarme de nuevo mi hábito de sacerdotisa, agarre el maquillaje que me había regalado mi amor y lo escondí en uno de los cajones de mi mesa de noche. Corrí rápidamente a acostarme en la cama cubriendo mi cuerpo con las sabanas. Espere pacientemente a que entraran a mi habitación.

-Permiso –dijo Onigumo entrando a mi habitación, seguido por Miroku.

-¡Te lo dije! –Exclamo tratando de recuperar el aire que había perdido debido a la carrera que había dado- ¡Vámonos de aquí Onigumo! ¡Déjala dormir! – dijo Miroku jalando del manga de su compañero.

- Necesito verla, aunque sean unos segundos –dijo Onigumo zafándose de su agarre.

-¡NO!- dijo volviendo a tomar su brazo y sacándolo fuera de mi habitación – si el gran sacerdote te ve en la habitación de su hija te meterás en graves problemas

- De acuerdo me voy –dijo molesto el pelinegro saliendo de mi habitación perdiéndose por el pasillo.

-Qué bueno que regresaste –susurro Miroku a mi oído- si Onigumo se hubiera enterado de que no estabas, te ibas a meter en un grave problema- luego acaricio mis cabellos- duerme bien pequeña traviesa –concluyo para salir de mi habitación con el más mínimo cuidado.

Me levante sorprendida segundos después de que Miroku cerrara la puerta de mi habitación, mi mente estaba completamente en blanco, no entendía nada de lo que había sucedido.

-Imposible…-balbucee tragando con fuerza- ¿Me descubrió? ¿Pero cómo? Si fui tan cuidadosa –miles de preguntas se apoderaban en mi cabeza y ninguna tenía una respuesta lógica. Me deje caer de nuevo en la cama y tape mi rostro con mis manos. Después de pensarlo un poco decidí que mañana encararía a ese monje y obtendría mis respuestas.

En la noche cuando todos estaban dormidos, encendí una vela y saque un pequeño espejo de mano junto con el labial que me había regalado mi amado InuYasha me lo coloque y observe mi reflejo…realmente me veía hermosa con los labios rojos.

Continuará…