Es un poco más corto pero no tengo tiempo para más, espero que guste. Gracias por leer y comentar me animáis a seguir.

Disfrutad!

Domingo en la mansión Mills.

-Emma, ¿Vienes a la cama?- Preguntó Regina que ya estaba metida entre las sábanas.

-Sí, un segundo.- Emma terminó de cepillarse los dientes y se lanzó a la cama.

-¿Podemos hablar?- Preguntó Regina algo nerviosa por la conversación que debía tener con su mujer.

-Claro, imagino que te refieres a la oferta de trabajo.- Dijo Emma viendo que Regina asentía con la cabeza.- No quiero separarme de vosotros, soy feliz siendo sheriff y me da el tiempo y la tranquilidad que necesito.- Aseguró Emma que se había girado para mirar a los ojos de su mujer. – Quiero poder verte todos los días, poder disfrutar de ver a nuestros hijos.- Emma besó suavemente los labios de su mujer.- Cuando Sophia nazca necesitara todo de nosotras y yo quiero dárselo. Sabes que crecen muy rápido, mira a Henry.- Dijo con una gran sonrisa en sus labios, Regina sólo asentía no quería interrumpir a la rubia.- No quiero perderme sus primeros pasos, su primera palabra, no quiero que me vea cada fin de semana. Necesito teneros cerca, esa satisfacción y plenitud no podrá dármela ninguna trabajo por muy bueno que sea.- Aseguró abrazando a Regina y apoyando su cabeza en su hombro.

-Yo…- Regina estaba procesando las palabras de la rubia, las lágrimas estaban a punto de brotar.- Puedo irme contigo, a Boston.- Dijo Regina sin estar muy segura, pero sabiendo que quería ver a Emma realizada.

-Regina Mills, eres la alcaldesa de Storybrooke y me siento orgullosa por todo lo que has conseguido. Un puesto en la policía no va a hacer que dejemos nuestra vida aquí. Henry tiene a sus amigos, tú tienes a tu vida aquí y yo os tengo a vosotros.- Dijo Emma mirándola intensamente a los ojos.- En Boston viví momentos difíciles, no voy a volver a ellos. Soy feliz aquí y no me iré a ningún sitio.- Dijo segura.

-Pero Emma, no quiero que cortes tus alas. Quiero que te sientas realizada como lo soy yo.- Dijo Regina pasando sus dedos por los brazos desnudos de la rubia.

-Regina… nunca pensé tener una familia, siempre he huido de esto que hoy hemos conseguido formar. Me siento realizada y feliz a tu lado, con Henry con Sophia.- Emma beso su barriga antes de continuar.- soy la sheriff de Storybrooke y con eso me basta.

-Te quiero.- Susurró Regina mirando los ojos de Emma.

-Yo te quiero más, me has dado todo lo que siempre soñé y nunca pensé que podría conseguir. Al infierno con el trabajo, te quiero a ti.- Soltó haciendo que Regina soltase una gran carcajada.

-Vocabulario, Swan.- Le regañó una vez que paró de reír.- Henry aprende todo lo que dices y no está bien.- Aseguró después al ver los morritos que Emma ponía con el regaño.

-Es cierto, prometo intentar comportarme.- Aseguró Emma.

-No lo intentes, hazlo.- Regina seguía acariciando lentamente los brazos de la rubia.

-¿Quieres jugar un poco?- Emma preguntó pues sabía que las hormonas de Regina estaba a flor de piel y las últimas noches la había rechazado sin motivo ninguno haciendo que tuviese que acabar dándose una ducha fría.

-Yo siempre quiero jugar, Swan.- Soltó Regina haciendo que Emma sonriera.

Emma se colocó sobre ella con cuidado para no dejar su peso sobre el abultado vientre de la morena, Regina acariciaba los hombros de Emma bajando por su espalda hasta llegar al borde de su camiseta para quitársela con un rápido movimiento. Emma gimió cuando sintió los labios de su mujer sobre sus pechos, estaba totalmente excitada y casi ni la había tocado. Regina continuo sus movimientos sin dejar que Emma hiciese nada, bajo su mano y la coló por los pantalones del pijama de Emma notando que estaba totalmente húmeda, una sonrisa nació en sus labios.

-Emma Swan, me encanta verte así.- Aseguró acariciando su clítoris para provocar que Emma arqueara su espalda.

Aprovechando el momento de debilidad de la rubia se giró rápidamente para quedar encima, comenzó a mover rápidamente al ver que Emma respondió gimiendo ante cualquier contacto. La rubia estaba totalmente embriagada por su contacto, a pesar de los años seguí sintiendo lo mismo que el primer día. Cuando su cuerpo parecía no aguantar más Regina intensificó sus movimientos, Emma colocó sus manos sobre la barriga desnuda de la morena y se dejo ir soltando un fuerte gemido.

Regina dejo un beso en sus labios y se acostó a su lado con una gran sonrisa de satisfacción dibujada en su cara.

-No puedo contigo, se suponía que era yo la que debía consentirte.- Dijo Emma recuperando su pulso normal.

-Demasiado lenta, Swan.- Soltó Regina que sabía que provocar desembocaba en la mejor noche de sexo que podía soñar.

-¿Segura?- Pregunto Emma.- Ahora vas a saber lo que es lentitud.

Emma comenzó a acariciar todo el cuerpo de Regina, deshaciéndose poco a poco de todas las prendas que se interponían a su paso. Regina gemía y se arqueaba bajo el tacto de la rubia pero no iba a ceder ante sus contactos, Emma deseaba que Regina le pidiese que avanzase pero esta no tenía intención de hacerlo a pesar de que la estaba volviendo loca con sus caricias.

Emma paso sus labios por el cuello de la morena haciendo que su vello se erizase con su contacto. Sus labios recorrieron cada centímetro de su cuerpo pero sin llegar a tocar la zona que Regina tanto deseaba. La tortura cada vez se hacía más insoportable, Regina suspiraba y se movía incitando a Emma a que continuase pero esta no daría su brazo a torcer a pesar de estar deseando hacerlo. Sus labios se encontraban consintiendo la barriga de Regina, sabía que eso hacía que la morena se excitase, y que no soportase la tortura y no se equivoco.

-Emma…- Gimió Regina al ver que esta no continuaba a pesar de saber que la morena la necesitaba.

-Umm- Masculló esta sin levantar sus labios de donde los tenía.

-Sabes que te arrepentirás de hacer esto, ¿Verdad?- Preguntó Regina intentado que sonase como una amenaza pero sin conseguirlo.

-Sabes que deseo hacerte lo que me pidas, ¿Verdad?- Jugó Emma sabiendo que Regina no podría aguantar mucho más. Pasó su lengua por unos de los pezones totalmente excitados de la morena y su gemido fue desgarrador.

-Continua.- Dijo Regina que había decidido rendirse por esa noche pero se tomaría la venganza en su momento.

Emma no estaba conforme con las palabras de la morena por lo que decidió que seguía torturándola un poco más. Regina metió sus dedos entre el pelo de la rubia y la obligó a colocarse a su lado para que la mirase a los ojos.

-Emma Swan, acaba lo que has empezado.- Casi gritó Regina que no aguantaba más.

-Será un placer, señora alcaldesa.- Dijo Emma sabiendo como ponía a Regina que la llamase por su cargo.

Emma comenzó a besar su cuerpo llegando a los muslos de la morena, se alejó un poco y pudo ver lo excitada que su mujer estaba, hacía mucho tiempo que no la veía así. Introdujo dos dedos en su interior, sin prisa haciendo que la tortura fuese aún mayor. Regina se arqueaba buscando más contacto aunque le estaba resultado casi imposible aguantar a pesar de la lentitud con la que Emma se movía.

-Me encanta verte así- Susurró Emma subiendo a los labios de la morena.- Nunca me cansaré de tenerte entre mis brazos.- Esas palabras provocaron que el cuerpo de la morena no aguantase más y explotase en un fuerte y agradable orgasmo, lo había deseado tanto que Emma casi no tuvo que hacer nada.

Regina estaba totalmente exhausta, la tortura a la que la había sometido su mujer había provocado que una ligera capa de sudor rodease su cuerpo. Emma beso sus labios y se tumbó a su lado.

-Te arrepentirás de esto.- Amenazó Regina acomodándose sobre su espalda.

-Lo sé, pero será mañana.- Dijo Emma que se había acomodado boca abajo agotada por ese día.

-No lo olvides.- Sentenció Regina que había colocado su cabeza sobre la espalda desnuda de Emma y su brazo acariciando su cuello.

-No lo haré- Emma bostezó que quedó dormida mientras que Regina sonreía.

A las tres de la mañana la puerta de la habitación de las mujeres sonó, fue Regina la que se despertó primero. Notó que se escuchaba de nuevo su puerta sonar.

-Emma, Henry quiere entrar.- Dijo Regina besando el cuello de la rubia para que se despertase.

-Que pase…- Soltó Emma girándose sobre sí misma.

-Estamos desnudas.- Dijo Regina.

-¿Qué más da? Nos ve desnudas todo el tiempo.- Aseguró Emma que deseaba dormir.

-Hazlo.- Sentenció Regina en tono autoritario.

-Vale.- Emma se levantó con los ojos cerrados y se marchó al baño, Regina ya se había puesto el pijama.

Abrió la puerta y vio a Henry mirando la puerta con lágrimas en sus ojos, hacía mucho tiempo que Henry no reclamaba su presencia por la noche pero verlo así le provoco un vuelco en el corazón. Regina se arrodilló e invitó a su hijo a que se acercase a ella, Henry respondió y la abrazó fuertemente. Emma salía en ese momento del baño y vio la escena, se preocupó y corrió para ponerse a la altura de ambos.

-¿Estás bien?- Preguntó Emma asustada al ver las lágrimas de Henry.

-No quiero que te vayas.- Soltó llorando aún más fuerte. Regina se despegó un poco de él y lo cogió de la mano para guiarlo a la cama.

-¿Por qué dices eso?- Preguntó Regina sentándose sobre la cama con Henry en frente y la rubia a su lado.

-Escuché a mama hablar por teléfono.- Susurró mirando a Regina que parecía no entender nada.

-¿Con quién?- Esta vez fue Emma la que preguntó abrazando a su hijo para que dejase de llorar.

-No lo sé, pero decías que te tenías que ir a Boston.- Dijo preocupado y volviendo a llorar.- No quiero que te vayas.- Susurró abrazando a la rubia que soltó una lágrima al ver a su hijo preocupado por eso.

-No me voy a ningún sitio, cariño.- Aseguró Emma seprandose del niño y mirándolo a los ojos.- ¿Por qué no has venido antes?- Preguntó mirándolo.

-Son cosas de mayores, mami me dijo que no estaba bien escuchar conversaciones de otros pero he tenido una sueño malo.- Dijo Henry mirando avergonzado a la morena.

-Henry, no está bien escucharlas pero si algo te preocupa tienes que hablar con nosotras, no quiero que estés mal.- Dijo Regina acariciando el pelo de su hijo.- Mama no se va a ir a ningún sitio, se quedará contigo y con Sophia.- Aseguró mirándolo.

-Y contigo.- Añadió Henry mirándolas alternativamente.

-Por supuesto. Os amo mucho y no me iré a ningún sitio sin vosotros.- Dijo Emma abrazando a su hijo y lanzándose sobre él sin dejar mucho peso pero haciéndole cosquillas.

-No, mama, no.- Reía Henry sin parar.- Mami, ayúdame.- Le gritó provocando una carcajada en la morena.

-Emma, suéltalo vamos a dormir.- Dijo Regina mirándolo a ambos, pero vio que Henry entristecía ante sus palabras.- ¿Quieres dormir con nosotras?- Preguntó viendo como sus ojos volvía a brillar.

-De eso nada.- Dijo Emma haciéndole cosquillas de nuevo.- No pienso compartir a mami contigo, pequeño renacuajo.- Soltó pero sin parar de reír.

-Mami es mía.- Aseguró Henry contraatacando haciendo que Emma también riese por las cosquillas.

-De eso nada.- Dijo Emma. Regina observaba la escena, nunca se acostumbraría a eso, ver a Emma compenetrarse también con su hijo era algo que la llenaba de satisfacción y felicidad. La rubia tenía la misma edad metal que su hijo y lo demostraba constantemente.

-Mami es mía y de Sophia.- Gritó Henry que se había escurrido de Emma y abrazaba a Regina acariciando su barriga.

Emma miró sorprendida a Regina que sonrió contenta. A pesar de que Henry no se había tomado la noticia de que era una niña demasiado bien ahora parecía encantado con ser el hombre de la casa. Regina acarició el cabello del niño y lo abrazó fuerte invitando a Emma a unirse a ella. Los tres se abrazaron.

-Hora de dormir, es tarde.- Dijo Emma bostezando y contagiando a Henry.

-Sois tan parecidos.- Sentenció Regina tumbándose en su lado y dejando a Henry dormir en el centro.

-Pequeño renacuajo ten cuidado con tu hermanita, no le des patadas.- Dijo Emma tapándolos a todos.

-Claro que no.- Sentenció Henry girándose para Regina y abrazándola.

El resto de la noche pasó tranquila, Henry abrazado a Regina y Emma durmiendo estirada tranquilamente. Fue Regina la que se despertó primero y se quedó varios minutos disfrutando de la vista. Sus dos demonios dormían exactamente en la misma postura, los dos dormían boca abajo y con los brazos debajo de la almohada.

Su sonrisa se esfumó cuando escucho sus tripas crujir, esa pequeña princesa que crecía dentro de ella hacía que comiese el doble de lo habitual, se levantó despacio para no despertarlos y bajo a la cocina para prepararse algo de desayunar. Normalmente los sábados iba a Grannys a tomar algo pero hoy parecía que Emma y Henry no tenían intención de madrugar por lo que ella comenzó a comer antes.

-Hola- Dijo Henry dos horas después apareciendo en el despacho de su madre restregándose los ojos y bostezando.

-Hola, cariño.- Contestó Regina levantando la cabeza de unos documentos que estaba revisando.- ¿Cómo has dormido?

-Muy bien, mama sigue roncando.- Soltó provocando que Regina se riese.

-Abajo tienes un sándwich.- Dijo Regina al ver que Henry no se movía de la puerta.

-¿No vamos a desayunar?- Preguntó desilusionado.

-Ya es muy tarde, iremos a comer.- Aseguró Regina haciendo que Henry se alegrase.

-Vale.

Henry desapareció y Regina volvió a su trabajo con el embarazo casi no iba a la alcaldía y se encargaba de todo desde casa, Emma había sido la impulsora de la idea aunque a Regina no le hacía ninguna gracia.

-Me encantan esas gafas.- Aseguró Emma apoyada en el umbral de la puerta.

-Hasta que te levantas.- Dijo Regina sin hacerle caso a sus palabras.

-Necesitaba descansar. Vamos a comer a Grannys, Henry parecía emocionado, ¿Le dejaras comer hamburguesa?- Preguntó levantando una ceja.

-Sois incorregibles.- Aseguró Regina con voz cansada.