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Kikyou's POV

Habían pasado varios días desde que Miroku se ofreció ayudarme, la verdad estaba muy contenta porque así podría ver a mi amado todos los días. Me había olvidado completamente de mi enfermedad, estaba acomodando un poco mi alcoba cuando sentí unos golpes a mi puerta y dije un leve "pase" y la joven Sango apareció frente a mis ojos.

-Señorita Kikyou, ¿Cómo se encuentra hoy? –dijo Sango entrando tranquilamente al cuarto.

-Hola Sango-chan, bien gracias por preguntar –dije amablemente, en realidad le agarre mucho cariño a la exterminadora y terminamos siendo muy buenas amigas.

-Me alegro mucho –dijo Sango sonriendo- Kikyou tengo algo que contarte.

-¿Así? Y ¿Qué es? –pregunte algo desconcertada sentándome en la cama junto con Sango.

-¡Estoy embarazada! –me dijo emocionada dándome la noticia que me dejo en shock.

-¡¿Q…QUE?! –grite aun en shock, realmente no podía creerlo, ¿mi gran amiga Sango estaba embarazada?

-Sí, el padre es Miroku como ya sabrás en realidad estoy casada con el pero por cosas del trabajo a veces aparentamos que no somos nada –dijo feliz y triste a la vez.

-Claro, lo entiendo Sango-chan pero me alegra, que tengas un hijo de ese monje –dije sonriendo amablemente.

-Gracias amiga –me abrazo cariñosamente y yo respondí su abrazo- ¿Iras a ver a InuYasha hoy? –me pregunto con una sonrisa.

-Claro que sí, quiero verlo Sango no sabes cuánto lo quiero –digo un poco sonrojada.

-Bueno, ve a vestirte tengo un plan para despistar a tu padre- me dijo guiñándome el ojo.

-¿Cuál plan? –digo desconcertada.

-Ya lo veras, primero cámbiate –dijo para luego salir de mi habitación.

Me quede asimilando sus palabras unos segundos ¿Qué se le habrá ocurrido? Aunque ya tenía una idea de lo que podría estar planeando pero preferí esperar a ver, me cambie y me puse esta vez un hermoso kimono rosa con flores de campanillas estampado, busque mis cosas para escribirle cartas a mi amado InuYasha. No lo había notado pero desde que me veo con InuYasha empecé a vestirme un poco más femenina y deje a un lado mi hiote de sacerdotisa pero es que cuando estoy con InuYasha soy una mujer normal y no una sacerdotisa, guarde mis cosas y vi el maquillaje que me había regalado, lo tome y lo guarde entre mis cosas para por fin salir de mi cuarto.

-Te ves muy hermosa señorita Kikyou – dijo son una sonrisa Sango.

-Muchas gracias Sango-chan –dije algo sonrojada por el cumplido.

-¿Para dónde vas tan arreglada Kikyou? Te dije claramente que no saldrías del templo–dijo mi papa detrás de nosotras mientras salía de su habitación.

- Buenas tardes señor Miyamoto –dijo Sango haciendo una reverencia- le dije que se arreglara porque hoy tiene cita con el médico.

-¿Hoy? Se suponía que sería dentro de tres días –dijo completamente serio mi padre.

-Si pero le surgió un compromiso y por eso quería que la llevara hoy – dijo tranquilamente Sango.

-De acuerdo, pueden ir –sin más que decir mi padre se perdió en el jardín para tratar con los demás monjes que se encontraban esperándolo.

-Vaya, muchas gracias Sango-chan –dije con una gran sonrisa.

-De nada, vámonos –dijo mientras me agarraba de la mano y salíamos en su carroza para encaminarnos al bosque- hable realmente con el médico y le conté la historia, obviamente omití que te veías con un hanyou pero el entendió, por eso acepto ayudarnos en dado caso que tu padre sospechara algo estaba dispuesto a cubrirte –empezó a explicarme Sango.

-¿Estas segura que es una buena idea? –Dije un poco alarmada- ¿Cómo estar segura que el doctor no me traicionara?

-Tranquila señorita Kikyou, estoy segura que todo saldrá bien –dijo tranquilizándome- además el medico es un gran amigo mío por lo tanto podemos confiar en él.

-Me dejas un poco más tranquila – dije suspirando- tengo que ser cuidadosa con esto, un movimiento en falso y puedo ponerme la soga al cuello pero el más perjudicado seria InuYasha

- Eres realmente muy astuta, pero tranquila puedes contar siempre con nosotros –dijo frenando la carroza cerca de la valla- bueno mejor bájate en este punto estas más cerca, así nadie sospecha vendré acá en una hora.

-Muchas gracias Sango-chan –dije bajándome- te lo agradezco y no te preocupes estaré aquí en una hora.

Me adentre en el bosque y camine un poco realmente estaba muy cerca la valla se veía a corta distancia, antes de llegar me detuve, recordé el hermoso pinta labios que InuYasha me había regalado, lo saque y me pinte los labios para él. Sentía que mi corazón latía muy fuerte al pensar en lo que diría el al verme con los labios rojos, sin más continúe mi camino y llegue por fin, lo vi sentado en la tierra como de costumbre con la cabeza baja.

-Buenos días InuYasha –dije sacándolo de sus pensamientos con una sonrisa.

-H…Hola –dijo algo nervioso al verme, parecía sorprendido cuando me vio- te..te ves muy hermosa.

-Gra...Gracias –me sonroje por el cumplido y me acerque un poco a la valla.

-Usas el maquillaje de mi mama –dijo asombrado- realmente te queda muy bien.

-¿Enserio?, me encanta quise pintarme así para que me vieras –dije arrugando un poco la tela de mi kimono con mis manos algo nerviosa- ¿te gusta?

-No –dijo serio asustándome un poco pero luego sonrió – no me gusta, me encanta.

-Me alegra mucho –dije aliviada pero cuando vi su rostro detalladamente vi unos moretones en su cara y como su labio inferior estaba partido- ¡Dios mio, InuYasha! ¿Qué te paso? –comente preocupada pasando mis manos por la valla tocando su labio mallugado.

-¡Keh! No es nada –dijo volteando la cara- solo unos youkais me agredieron, ya estoy acostumbrado –se encogió de hombros.

No dije nada simplemente acaricie su rostro con mis manos para decirle que todo estaba bien y que yo siempre estaría con el pasara lo que pasara, al parecer me entendió y es que las miradas y los gestos dicen más que mil palabras.

-Pero ¿sabes algo? Tal vez todos acá tengan razón, un hibrido como yo no merece seguir viviendo –dijo con la mirada realmente apagada.

-¡Eso no es cierto!

-¡Claro que si lo es! Nadie me quiere, los demonios me odian, los humanos me maltratan acá, toda mi vida la he pasado aguantando humillaciones y desprecios. No soy humano ni tampoco un youkai soy solo un maldito fenómeno sin un lugar en este mundo –me grito exaltado y en sus ojos pude observar que eso le dolía en lo más profundo de su alma.

-Si es verdad –dije seria- no eres humano ni youkai pero yo no pienso que debas avergonzarte de tu origen, al contrario InuYasha debes estar orgulloso, eres la prueba existente de que podemos vivir en paz y en armonía –sonrei- eres igual a mi InuYasha tu físico no dice nada pero lo que esta acá –señalo mi corazón- es lo que te hace un humano o un demonio, te conozco muy bien y puedo sentir que tu corazón es humano.

-¿Lo dices en serio? –me pregunto sorprendido como si no pudiera creer lo que le decía.

-Por supuesto.

El no dijo nada simplemente se limitó a besar la palma de mi mano como un agradecimiento a mis palabras pude sentir que eso era lo que él siempre había querido escuchar, ser aceptado por alguien y que ya no lo discriminaran por su aspecto a pesar de su actitud muy en el fondo deseaba ser aceptado.

-Oye... –me llamo algo nervioso cuando lo voltee a ver pude observar su sonrojo- hay algo que siempre quise decirte…

-¿Qué cosa es InuYasha? – le pregunte viéndolo a los ojos aun con mi mano entrelazada con la suya.

-Te amo…- dijo realmente nervioso, temía que lo rechazara ya que al momento de decirlo bajo su cabeza junto a sus orejas caninas soltando mi mano, mi corazón empezó a latir aún más fuerte y realmente estaba más sonrojada.

-Yo, Yo también te amo –le dije con una sonrisa y apenas audible pero sus orejas caninas pudieron escuchar ya que observe como se movían de arriba abajo y el subía su mirada yo solo le dedique una sonrisa- yo también te amo InuYasha..

-No sabes lo feliz que me haces escuchar eso –dijo sonriendo- pero… ¿realmente quieres salir con un hanyou?

-Claro que si InuYasha –dije acariciando sus mejillas- no me importa que seas un hibrido, te quiero por lo que eres InuYasha.

-Yo también, quisiera besarte pero… Maldita valla –dijo molesto, haciéndome reír él era como un niño encerrado en el cuerpo de un hombre pero me encantaba que fuera así, era tan inocente y eso me llenaba de ternura más que enfadarme.

-Pronto, te prometí que te sacaría de acá y voy a cumplirlo –dije decidida- buscare la manera InuYasha te lo prometo.

-Estar contigo me hace muy feliz y ahora que eres mi novia oficial soy completamente feliz –dijo acariciando mis palmas con sus manos.

-Yo también soy feliz, pronto estaremos juntos te lo prometo –luego recordé que se me había hecho tarde por lo que me separe de el de golpe- perdóname InuYasha, se me hace tarde y tengo que irme, te amo adiós.

Sin esperar una respuesta me separe de él, empecé a correr para llegar junto a Sango-chan que me esperaba. Estar con InuYasha era lo mejor que me podía haber pasado en la vida, ambos estábamos solos e incomprendidos pero nunca más volveríamos a estarlo, buscare la manera de sacarlo de ahí porque no aguantaba las ganas de estar a su lado. Cuando llegue al lugar vi que Sango ya estaba ahí.

-Señorita Kikyou, tardo demasiado ya me estaba preocupando –dijo un poco alterada Sango.

-Lo lamento mucho pero cuando estoy con él, no existe el tiempo –digo algo embelesada mientras me montaba en la carroza para irnos de regreso al templo.

Paso un mes. Yo me seguía viendo a escondidas con InuYasha gracias a la ayuda ofrecida de Sango y Miroku, todo marchaba a la perfección no podía ser más feliz pero había un pequeño detalle ese hombre llamado Onigumo no dejaba de observarme, lo hacía de una manera que me daba asco, muchas veces le reclame con voz seria y firme que dejara de observarme que no me gustaba pero al parecer no me hacía caso por lo que intente ignorarlo y por las noches cerrar completamente mi habitación. Fuera de eso me sentía la mujer más feliz, InuYasha se encargaba de demostrarme lo mucho que me quería ¿Quién diría que detrás de ese pésimo carácter se encontraba un hombre completamente romántico? Ni yo me lo creía. Todo parecía ir normal, hasta mi doctor había dicho que estaba cada día mejor, eso me ponía más feliz, InuYasha no sabía que estaba enferma sinceramente no planeaba decirle nunca y ahora que iba en mejoría no tenía caso decírselo. Pero como todo momento feliz tiene sus días trágicos, llego el día que realmente temía que llegara.

Me encontraba llegando a casa con mi padre, habíamos ido a hacer unos exámenes para verificar si aún podía seguir siendo sacerdotisa y de las mejores, estaba segura que iba a salir bien cosa que emociono porque pronto podría sustituir a mi padre y poder sacar a InuYasha sin que nadie me lo impidiera pero por otro lado me sentía triste porque nuestro amor no podría ser expresado en público ya que las sacerdotisas no podemos casarnos solo estar encerradas en templos orando pero yo era muy sabia ya sabría cómo arreglármelas para salir adelante junto con mi amado.

La relación que tenía con mi padre desde que hecho de la casa a Kaede y Kagome era realmente fría y distante que daba miedo pero él se buscó mi odio, por lo tanto entre sin decirle ni una sola palabra y me dirigí hacia mi habitación, en ese momento veo a Onigumo acercarse a nosotros deteniendo mi caminata hacia mi habitación.

-Sacerdote Miyamoto –dijo pasando por mi lado ignorándome por primera vez- Necesito hablar con usted.

-Tendrás que esperar, estoy ocupado solo vine por unas cosas –dijo mi padre indiferente como siempre.

-Es de suma importancia mi señor, por lo que no se podrá esperar- contesto, yo solo lo mire extrañada ¿Qué tanto necesitaba hablar con mi padre?

-De acuerdo, vamos a mi salón – dijo mi padre para marcharse con ese hombre.

-Miroku, ¿ocurrió algo malo? –le pregunte al joven monje que venía junto con su mujer hacia donde estaba.

-¿Porque la pregunta señorita Kikyou? -me observo con evidente desconcierto.

-Onigumo está en el estudio hablando de algo "urgente" con mi padre –dije algo preocupada sentía que algo malo estaba a punto de pasar.

-No lo sé... – me contesto Miroku realmente preocupado- pero le digo señorita que él no se presentó en todo el día.

-¿Qué? –preguntamos Sango y yo al mismo tiempo sorprendida.

-Así es, y realmente me parece muy extraño que no se haya aparecido pensé que estaba con usted señorita Kikyou pero al parecer no era así –dijo Miroku con la mano en su barbilla en forma pensante.

La sensación extraña que sentía se intensifico, mi corazón bombeaba sangre desenfrenadamente, mis manos comenzaron a sudarme realmente algo iba mal. Comencé a correr hacia mi habitación ignorando los llamados de Miroku y Sango que me siguieron al notar mi extraña actitud. Entre a mi cuarto, todo parecía estar en orden no había nada sospechoso pero aun así me dirigí a mi mesita de noche con sumo nerviosismo la abrí, en ese momento entraron Sango y Miroku a mi habitación.

-¿Ocurre algo malo señorita Kikyou? –me pregunto Miroku al notarme realmente pálida, más de lo normal.

-No están…-dije completamente ida y apenas audible pero Miroku pudo escucharme perfectamente.

¿Qué cosa? –pregunto sin entender.

-Mi diario y sobre todo las cartas que InuYasha me había dado en todos estos meses – dije sin salir de mi asombro- ¡Se lo llevaron! –dije exaltada viendo a Miroku y a Sango. Ahora todo encajaba, Onigumo había encontrado mis cosas y ahora mi padre se estaba enterando de todo- Miroku, Sango prepárense mi padre ya sabe todo.

-¿Estas segura de lo que dices Kikyou? –comento nerviosa Sango.

-Si –respondí fríamente.

-Voy a hablar con ellos, tu tranquila Kikyou –me dijo Miroku palmándome los hombros para luego encaminarse a la salida de mi habitación Sango y yo lo seguimos. Cuando estuvimos a mitad de camino para entrar a la habitación de mi padre, una voz nos detuvo.

-Miroku –llamo mi padre con un tono realmente sombrío. Haciéndonos parar de golpe, nos quedamos de piedra al ver aquel semblante oscuro que desprendía mi padre – Estas arrestado-ordeno.

-Señor Sacerdote –musito Miroku aun asombrado, en seguida lo rodearon aquellos sacerdotes que habían sido sus camaradas durante años. Mi padre se giro para no vernos a la cara.

-Serás decapitado por traición- dijo con un tono cruel que jamás había escuchado en mi vida- a Sango la exiliare de la aldea, por estar embarazada tendré compasión con ella.

Onigumo sonrió satisfecho, mientras observaba todo, Sango comenzó a llorar y a implorar que le perdonaran la vida a Miroku pero mi padre la ignoraba, comenzaron a llevarse a Miroku cuando reaccione.

-¡NO! –Dije fríamente- no se lo lleven, acá la culpable soy yo porque lo involucre en mis asuntos, no permitiré que se lo llev- pero no pude terminar de hablar, el sonido de un golpe se escuchó en todo el pasillo. Mi padre me había abofeteado con su puño cerrado, tirándome al suelo por el impacto del golpe, acaricie mi mejilla lastimada y enrojecida mirándolo con una mirada fría, no iba a llorar jamás le demostraría debilidad a mi padre a ese ser sin sentimientos que tenía enfrente.

-No te atrevas a dirigirme la palabra –dijo más frio y sombrío- te salvas porque eres mi hija, porque de lo contrario a ti también te hubiera mando a matar.

Aquellas palabras me dejaron helada, ¿mi propio padre había dicho que era capaz de mandarme a matar? No me lo creía tenía que ser una broma, aquel hombre que debía protegerme me daba la espalda. Me quede en shock con mi mano en mi mejilla mientras se llevaban a Miroku arrastras y Sango era empujada para que saliera de la aldea, ahora comenzaba a temer pero no por mi si no por...

-InuYasha…

Continuara …

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Este capitulo lo hice algo largo, para compensarlos n.n juro que no dejare el fanfic botado solo que la inspiración no me viene D: pero prometo terminarlo no lo dejare asi , porfavor pido paciencia